GK 2018-07-16T17:11:43+00:00

Lo que Marcelo nos dejó

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Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir por una tristeza que me llega hasta los huesos. Ha muerto Marcelo Alvarado, un niño de siete años atrapado en el cuerpo de un hombre de 64. Un cuencano sobreviviente de una violación sexual sistemática por parte del cura César Cordero. El sacerdote, hoy acusado por seis de sus víctimas, compraba su silencio con becas educativas —en las decenas de instituciones que fundó en Cuenca— y otros chantajes. Marcelo era un pequeño que soñaba con ser futbolista pero llegaba a casa con su pantalón manchado de sangre y se acostaba con la ropa puesta para tratar de olvidar el dolor, la vergüenza, el terror, la impotencia y la desesperanza a la que su violador lo condenaba.

Lo conocí hace apenas ocho días y contrario a lo que pensaba de mi resistencia a escuchar testimonios de violencia sexual de cientos de víctimas en Ecuador, el suyo me partió algo dentro, con el mismo cuchillo que atravesó su corazón cansado de repetir y repetir su historia. La noche que lo escuché describir su primera violación, Marcelo casi no podía respirar, arañaba fuerzas a ese pecho cansado de sentir tristeza; yo me llené de odio, ira e impotencia. Marcelo fue abusado desde primero hasta sexto grado de escuela. ¿Quién puede hacerle eso a un niño?, me repetía mientras hundía el rostro entre mis manos.

Escucharlo hablar de su vida destrozada como consecuencia de los actos monstruosos a los que fue sometido, fue como abrir un manual sobre las secuelas que experimentamos las víctimas. Marcelo nos contó cómo después de ser violado por primera vez, sintió que había muerto. Desde aquel momento se convirtió en un fantasma que se daba de golpes con la vida. En su adolescencia se refugió en las drogas y el alcohol para anestesiar tanto dolor. Hablaba de una ira extrema que destruyó su matrimonio. “Yo adoro a mis hijos”, dijo esa vez. Fue el único instante en que su voz se despojó de aquella intensa angustia. Sin embargo, el peso del trauma y la incapacidad de relacionarse con otros lo condenó a perder a su propia familia. Por ello, dedicó sus últimos años a orientar y ayudar a muchos jóvenes para dejar las adicciones.

muere víctima del cura Cordero

Marcelo Alvarado marchó en la protesta en contra del abuso sexual dentro de la iglesia en Cuenca. Fotografía de cortesía de Abusos de Fe.

Nunca habló de su oscura etapa con nadie hasta que escuchó a Jorge Palacios contar su propia historia de violación y tortura. Eso lo llenó de valor para confesar lo inconfesable. Pero su fragilidad era mayor, su quiebre muy grande. Marcelo sufrió un infarto mientras concedía una entrevista sobre lo que había vivido, el mediodía del jueves 12 de julio. Marcelo tenía 64 años y se convirtió en una prueba más de que el trauma del abuso sexual puede matar. Un estudio publicado en The Journal Child Abuse & Neglect, realizado por Investigadores de la Universidad de Toronto, reveló  que los hombres que han sido víctimas de abuso sexual en su infancia tienen tres veces más probabilidades de sufrir un ataque al corazón. Esto, debido a que el abuso sexual es un evento traumático que involucra un miedo intenso, una sensación de falta de ayuda y de horror. La víctima vuelve a experimentar o a sentir la misma experiencia que le produjo el trauma, esto se llama síndrome de estrés postraumático. Las consecuencias del abuso sexual son innumerables e insoportables. Cuando las víctimas de abuso sexual llegan a su edad adulta, las llamamos sobrevivientes porque a pesar de este horror están hoy aquí vivos, con la fuerza de aquellos que experimentaron una catástrofe, una tortura, una guerra, y resistieron. Pero no todos pueden sobrevivir. Depende de nosotros —como sociedad— permitirles confiar, hablar y sanar.

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Mi esposo y yo rompimos el silencio públicamente hace un año diez meses y desde que dijimos “Fuimos abusados sexualmente por familiares en nuestra infancia”, decenas de mujeres y hombres empezaron a confesarnos sus historias diariamente: con llamadas, por WhatsApp, por las redes sociales, al vernos en las calles o al abrazarnos en un centro comercial sin previo aviso. Vestir la camiseta de nuestra organización que dice “Ecuador Dice No Más Abuso Sexual se ha convertido en un calvario. Nos miran, leen las palabras gigantes, agachan la mirada y con los hombros encorvados tratan de disfrazar su vergüenza y su dolor. Pero para nosotros es demasiado tarde porque ya lo sabemos: también han sido víctimas. Sin hablar, nuestras miradas se cruzan y sus secretos se desnudan. Al dar la cara, como sobrevivientes, nos volvimos sin remedio depositarios de verdades impronunciables. Una historia tras otra. Es un transitar en los caminos del abuso, tortura y dolor que nunca para. Al mes de haber empezado la campaña nos vimos moralmente obligados a crear grupos de apoyo para sobrevivientes de abuso sexual. Habíamos dicho en televisión que teníamos este proyecto y las víctimas nos pedían ayuda. Fue una luz de esperanza. Por ello, desde el primero de octubre del 2016 empezamos terapias grupales y cientos de historias han sido escuchadas.

muere víctima del cura Cordero

Los grupos de apoyo de la organización Ecuador Dice No Más son esenciales para el proceso de sanación de las víctimas de violencia sexual. Fotografía de Ecuador Dice No Más

Es demasiado para nosotros. Insoportable. Desgarrador. Agotador. Y hemos pagado un alto peaje en nuestras vidas y las de nuestros hijos. Sin embargo, hemos visto el empoderamiento y paz que traen los grupos de apoyo a la vida de las y los sobrevivientes. La importancia de darles herramientas para soportar un día más. Hemos visto a muchos atravesar el infierno con sus historias y a través de la terapia, encontrar un camino a la esperanza. Todas han dejado huella. Todos necesitan apoyo. Todos pueden y tienen derecho a sanar. El estado debe desarrollar un sistema de salud mental que asegure la recuperación completa de las víctimas de abuso sexual. Eso no existe. Y lo exigimos quienes hemos tenido que luchar para no morirnos de depresión y pánico, para no suicidarnos o anestesiarnos en el alcohol o las drogas. Son males sociales que son indicadores del precio que pagamos todos al no prevenir o intervenir apropiadamente ante la pandemia de la violencia sexual.

Con la intervención apropiada, los sobrevivientes podrán sanar. Es nuestro deber como autoridades, políticos, periodistas, organismos internacionales, sociedad civil y como otros sobrevivientes reconocer el derecho que tiene la víctima a ser protegido tras confesar su historia de abuso sexual. La necesidad de recibir apoyo psicológico inmediato o acudir a una terapia grupal apropiada. Es un derecho prioritario. No es opcional y menos importante que cambiar las leyes o marchar: es de vida o muerte para la supervivencia de la víctima, sea que tenga 7 años o 64. Esta intervención es un reto en un país en el que el profesional de psicología no estudia sobre abuso sexual durante su carrera. Hemos hablado de esta gran paradoja desde el día uno y a casi nadie parece importarle. Lo minimizan o lo ven como algo opcional. No lo es. La intervención psicológica y el acompañamiento terapéutico apropiado es cuestión de vida o muerte para quien ha sido torturado sexualmente.

La muerte de Marcelo no puede quedar en la nada. Debe enseñarnos a cuestionar nuestras prioridades. Necesitamos apoyo y nos faltan manos capacitadas. Nos ha tocado a los sobrevivientes especializarnos y empezar a impartir cursos para formar adultos protectores: psicólogos, maestros, orientadores, tutores, fiscales, peritos, abogados que sean capaces de intervenir efectivamente para ayudar a las víctimas.

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Hoy Marcelo marca un hito. Él salió a marchar en Cuenca junto a Jorge Palacios, su hermana María y otros valientes. Él se atrevió a describir la tortura. Le puso un rostro al dolor. Dio la cara y le entregó la vergüenza a su abusador. Era un compañero más que empezaba la batalla. Nos llenaba de esperanza.

Un día antes de conocerlo, habíamos tenido un grupo de apoyo con las víctimas del padre Luis Fernando Intriago. El tercero desde que rompieron su silencio y contaron sus historias para acabar con la sórdida oscuridad del anonimato que permite a los abusadores seguir abusando. Un día antes de conocer a Marcelo también habíamos hablado en el grupo de apoyo sobre la importancia de protegernos, de no revictimizarnos. De evitar leer historias parecidas a las nuestras o de repetir una y otra vez cómo fuimos abusados. Mi esposo y yo buscábamos darles las herramientas que nosotros no tuvimos al abrir nuestra propia caja de pandora. Enseñarles a poner límites. Oxigenarse. Poner una gruesa barrera entre la causa y la casa. Aprender a no dejarlo todo en esta lucha. Para evitar que, como a Marcelo, un valiente sobreviviente cuencano, el cuerpo les diga basta.

Mientras Marcelo hablaba de su vida rota, yo sentía el dolor de todos en la pequeña habitación. Era la primera reunión de sobrevivientes de tres ciudades de Ecuador. La primera vez que todos los que habíamos dado la cara en Guayaquil, Cuenca y Quito nos reuníamos para construir un frente de sobrevivientes que nos permitiera lograr la imprescriptibilidad retroactiva de las penas de los delitos sexuales en contra de niños, niñas y adolescentes.

Al final del relato de Marcelo estábamos petrificados. Luego su testimonio se puso peor: nos contó que recientemente el obispo lo había mandado con una psicóloga en Guayaquil, quien lejos de darle la vital atención que necesitaba, le exigió que pida perdón al sacerdote que lo violó brutal y sistemáticamente durante su infancia. Eso me mostró que Marcelo Alvarado, Jorge Palacios, Juan Bayas y quienes se atreven a señalar a un violador con sotana además del horror de su propio dolor deben enfrentar la embestida brutal de una sociedad que no les perdona manchar la santidad de su Iglesia. Esa noche del grupo de sobrevivientes leí los mensajes llenos de odio que estas víctimas reciben en sus cuentas de redes sociales: se los llama satánicos o poco hombres porque a los “verdaderos hombres” no les pasa. ¡Cuánta ignorancia! Se los acusa de tener un plan para desprestigiar a la iglesia. Se los ofende. Se los ataca. Se los cuestiona una y otra vez. Es ahora el sistema y parte de la sociedad la que vuelve a traicionarlos y con su crueldad, a violarlos. Impensable. Reprochable. Insoportable.

Y qué hay de todos las niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres que diariamente deben someterse al peor escrutinio y recorrer el sistema mendigando justicia, reviviendo su historia, una y otra vez, igual que Marcelo. Narrando el horror de su dolor hasta quedar desnudos y sin esperanza. Siendo traicionados por un Estado que debe velar por su seguridad y sus derechos y una sociedad que, en lugar de cuestionarlos o desacreditarlos, debería escucharlos para aprender cómo proteger a sus propios hijos.

Marcelo nos dejó una lección: las víctimas de abuso sexual sufren un daño irreparable a su integridad física, psíquica y moral. Pierden la confianza en las personas, en sí mismos y en la vida. Cargan a cuestas un trauma tan grande que puede arrancarles la vida misma. Las víctimas necesitan ser escuchadas, creidas, protegidas y apoyadas.

Cuántas víctimas más debemos perder para aceptar que esto es una emergencia nacional. ¿Cuántas?

Impaqto Quito

Más allá del XX y XY

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Cuando la atleta sudafricana Caster Semenya obtuvo la mejor marca en los 800 metros femeninos del Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín del 2009, sus contrincantes la acusaron de ser hombre: batió su propio récord por 8 segundos, algo impresionante, aún para los estándares del deporte de  élite. Ante las acusaciones, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) le pidió un examen de verificación de sexo. Los resultados revelaron que Semenya tenía niveles de testosterona tres veces más altos que los de sus adversarias, no tenía ovarios ni utero y tenía testículos internos. La IAAF le permitió conservar su medalla y el premio, pero entró en discusión si es que mujeres como Semenya deberían competir en la categoría femenina.

24 años antes, durante los World University Games en Japón  en 1985, la vallista española María José Martínez fue acusada de ser un hombre que se hacía pasar por mujer para competir en la categoría femenina. Le hicieron un examen cromosómico y se descubrió que tenía cromosomas XY —o sea, los de un hombre—, aunque ella tenía senos, ovarios y vagina. El equipo olímpico español la expulsó, le retiraron todos sus títulos, su novio la dejó, y le quitaron su beca de deportes. Tres años después, volvió a competir cuando probó que su cuerpo no usaba la testosterona que producía.

Si la biología, como repiten incesantemente ciertos grupos provida del mundo, define a través de la configuración cromosomática si somos hombres o mujeres —sin dar espacio a ninguna otra posibilidad—, ¿cómo se explicarían los casos de Martínez y Semenya? Ambas, de apariencia totalmente femenina, ¿eran hombres en realidad? La respuesta es mucho más compleja porque contempla la existencia —científicamente demostrada— de un espectro que define la configuración del género que excede las explicaciones simplistas.

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El argumento de que la biología y la ciencia determina qué es un hombre y qué es una mujer ha sido utilizado con frecuencia por los grupos provida y profamilia o quienes rechazan la llamada ‘ideología de género’.

El experto en neuromarketing ecuatoriano Eduardo Reinoso —recomendado por la fundación profamilia y provida  Familia y Futuro como fuente— lo ve así. Justifica su postura citando a la anatomía. Según los estudios que dice haber hecho, existe un cerebro masculino y otro femenino que dan características puntuales a cada sexo como que la mujer “tiene mucha más habilidad verbal. Un hombre promedio habla entre 5 mil y 10 mil palabras al día. Una mujer termina hablando entre 15 mil y 21 mil palabras. Mucho más que el hombre porque su fluidez verbal así lo permite”. Dice, además, que las mujeres son más detallistas, que los hombres solo se pueden enfocar en una cosa y no son polifuncionales porque en un principio eran cazadores.

Al darle ejemplos de cómo este no es el caso —como que yo soy una mujer muy callada y que mi novio habla mucho—, dijo que el entorno en el que nos crían también afectan como somos pero que  “ningún condicionamiento puede irse en contra de la naturaleza porque cuando se va en contra del flujo de la naturaleza lo único que puede ocurrir es que salgas herido”. Según explica, la cultura debería llevarnos a expresar nuestra naturaleza que serían, afirma Reinoso, solo dos: ser hombre o mujer.

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Pero la biología es más complicada que esa simple binariedad.

Existen dos momentos cruciales al momento de definir el sexo biológico de una persona: la determinación y la diferenciación. El primero se refiere al momento de la concepción, cuando el espermatozoide carga el cromosoma Y o X y se encuentra con el cromosoma X del óvulo. Lo más común es que si es XY sea masculino, y si es que es XX sea femenino.

Pero la determinación no termina ahí. Si el  gen región de determinación sexual —el que define el desarrollo de las características sexuales— del cromosoma Y (SRY, por sus siglas en inglés) es positivo, entonces continúa siendo masculino pero si es negativo es femenino. El gen SRY es  el que ordena a las proto gónadas del cigoto que desarrolle testículos para producir testosterona y que los genitales masculinos se desarrollen.

“Si todo te sale bien, y eres XY o XX serás hombre o mujer respectivamente”, explica César Paz y Miño, genetista de la Universidad Tecnológica Equinoccial. A lo que se refiere con bien es que todo salga de la forma común o típica en que se determina el sexo de una persona. O sea, si eres XY el gen SRY es positivo y se produce testosterona para tener genitales masculinos.

Pero el proceso es mucho más complejo que eso. Según Paz y Miño, hay varios pasos biológicos genéticos entre la determinación —la concepción— y la diferenciación sexual —ser masculino o femenino. “La ciencia está tan confundida porque tiene tantos pasos que no se sabe de dónde vienen”, explica Paz y Miño. “Entonces podría decirse que sí existe un vacío biológico para el tema de manejar hombre o mujer”.  Es aquí cuando la ciencia también se sale de la binariedad de sexos tan marcada.

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El sexo es determinado por cinco factores biológicos: cromosomas, genes, hormonas, el desarrollo de los órganos sexuales externos e internos y las características secundarias del sexo —como los senos o el vello facial.

Cada uno puede intervenir de distintas maneras en esa diferenciación. Por ejemplo, una persona puede ser XY, tener el gen SRY positivo pero no tener receptores de información hormonal. Al no producir testosterona ni recibirla, vuelve a lo que el doctor Paz y Miño define como el plan primario de la naturaleza: el cromosoma X o sea, ser mujer.

Este es el caso de la atleta María José Martínez Patiño quien tiene cromosomas XY pero sus células no asimilan los andrógenos —las hormonas responsables de desarrollar las características masculinas— y por eso su cuerpo desarrolló todas las características femeninas. Es por estos factores que fijarse  solo en los cromosomas XX y XY o la apariencia física de una persona para determinar su sexo no es suficiente. Aunque muchos digan lo contrario.

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En septiembre del 2017 la revista Scientific American publicó un especial que muestra cómo lo que nos determina como hombres o mujeres va más allá de dos cromosomas. Según la publicación, determinar el sexo biológico de una persona es complejo porque involucra la anatomía y una danza de cromosomas y genes que se desarrollan con el tiempo.

La publicación explica que definirnos ‘niño’ y ‘niña’ cuando nacemos es  difícil porque la realidad puede ser más ambigua —como la de las personas intersexuales, que nacen con  una combinación de características masculinas y femeninas cromosómicas o anatómicas. Es una complejidad de tal magnitud que resulta compleja de ilustrar.

género ciencia

Infografía publicada en Scientific American. Crédito de Pitch Interactive y Amanda Montañez, investigación por Amanda Hobbs, revisión de experto por Amy Wisniewski del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma

El gráfico de Amanda Montañez muestra a la izquierda los factores que determinan el sexo —los cromosomas, genes, hormonas, órganos sexuales internos y externos, y las características sexuales secundarias— y a la derecha qué puede ocurrir en ese proceso de diferenciación sexual. Por ejemplo, ilustra el camino de alguien con cromosomas XX —de mujer— pero con gen SRY positivo —o sea que desarrollará órganos sexuales masculinos. Esta persona  puede tener un desorden de desarrollo sexual, teniendo testículos pequeños y, por lo tanto, bajos niveles de testosterona e infertilidad. Y así, con distintas formas en que puede variar el camino hacia la diferenciación sexual.

La edición de Scientific American también habla sobre el cerebro femenino al que aludía el doctor Reinoso, y cuenta el intensa debate que existe sobre su existencia. Cita las investigaciones lideradas por Daphna Joel, una neurocientífica de la Universidad de Tel Aviv, que revelarían que, de hecho, el cerebro humano tiene un mosaico de características femeninas y masculinas. En su estudio realizado en 2015  a 1.400 cerberos, encontró que solo el 2.4% tiene características completamente masculinas y completamente femeninas. El resto tenía una mezcla.

Al mencionarle este dato a Reinoso, dijo que él ha estudiado los cerebros humanos por más de 20 años y que  se le es “raro que alguien que es científico no logre encontrar 126 artículos que demuestran las diferencias” entre el cerebro masculino y femenino. Citó una publicación de la Universidad de Cambridge que habla de estas diferencias. Uno de los autores del estudio, John Suckling dijo: “es importante notar que solo investigamos las diferencias de sexo en la estructura del cerebro, por lo que no podemos inferir nada que sobre cómo esto se relaciona al comportamiento o al funcionamiento del cerebro”.

En cuanto al resto de la investigación de Joel, sobre la que habla el reportaje de Scientific American, dijo que le parecía dudosa, y que hay que saber discernir cuáles son los estudios que valen la pena: “Cuando ya ve uno que el artículo científico no lo logra sustentar, y no podemos replicar lo encontrado entonces estamos hablando de teorías y de ideologías, no de ciencia”.

Pero Scientific American está muy lejos de ser poco seria o dudosa. Su primera edición fue publicada en 1845 por el inventor Rufus M. Porter, y es la publicación mensual más antigua de los Estados Unidos.

Científicos como Albert Einstein, la nobel Rita Levi-Montalcini, el biólogo molecular Francis Crick , y más de 150 premios Nobel han contribuido con artículos para la revista. Además, Scientific American ha ganado múltiples premios entre los que están el premio nacional a la excelencia y el reconocimiento a sus publicaciones por ser la mejor escritura en ciencia y naturaleza de Estados Unidos.

Los artículos que salen en la revista son textos que ya se han publicado previamente en journals u otras bibliografías técnicas y que han sido revisada por pares. Tal es la rigurosidad de la publicación, que no deja de mencionar las críticas que ha recibido el trabajo de Joel. “Su trabajo es ideología disfrazada de ciencia”, dijo el neurobiólogo Larry Cahill, de la Universidad de California Irvine, llegando a decir que los métodos estadísticos de Joel estaban amañados para favorecer su hipótesis. Margaret M. McCarthy, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, fue más cauta en su crítica: “Hay una variación dentro de los individuos, como ella demuestra hermosamente, pero eso no significa que no hay regiones del cerebro que, en promedio, van a ser diferentes en hombres que en mujeres”.

Citada por Scientifica American, Joel concuerda que la genética, las hormonas y el ambiente crean diferencias de sexo en el cerebro. Incluso, concuerda que, con la información suficientes sobre características de un cerebro se pueda decir, con un alto nivel de certeza, si un cerebro pertenece a un hombre o una mujer. Pero lo que no se puede hacer, dice, es ver a un hombre y una mujer y predecir “la topografía y panorama molecular del cerebro de ese individuo, o su personalidad, solo porque uno sabe el sexo de la persona”.

La bióloga Anne Fausto-Sterling, profesora emérita de biología y desarrollo de género en la Universidad de Brown, le dijo a Scientific American que hablar de diferencias promedio —que marcarían un cerebro masculino y otro feminino— es engañoso. “El cerebro no es una entidad uniforme que se comporta como algo masculino o algo femenino, y no se comporta de la misma manera en todos los contextos. Daphna [Joel] está tratando de llegar a las complejidades de qué hacen los cerebros y cómo funcionan”.

La discusión sobre la naturaleza del cerebro humano, y la potencial existencia o no de un cerebro masculino o femenino, y cómo ello podría condicionarnos, está en pleno apogeo. Los múltiples y más recientes estudios tienden a favorecer la teoría del mosaico, aunque hay investigadores que lo matizan, pero la sola existencia de esta contraposición entre científicos demuestra que las diferenciaciones simplistas y los argumentos reduccionistas no deberían tener lugar ya en el debate público.

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Aunque lo más frecuente en nuestra especie es que haya hombres y mujeres identificados con el género masculino y femenino, hay múltiples formas en que puede variar. Una mujer que descubre a los 40 años que tiene cromosomas XY no deja de ser mujer.

Cómo definimos qué significa ser mujer u hombre  no es un camino biológico con solo dos vías. Los casos de Semenya y Martínez lo demuestran. Le pasó, también, a un hombre que, cuando tenía 44 años, fue a ver a un médico porque le dolía el estómago y tenía sangre en la orina. Le descubrieron útero y ovarios, la sangre era su menstruación. A una mujer de 94 años se le encontraron células XY y un grupo de cirujanos descubrió que un hombre de 70 años, padre de 4 hijos, tenía un útero.

¿Podría alguien negar a estos hombres que son, en efecto, hombres? ¿Quién podría decirle a la señora que vivió casi un siglo como mujer que, en realidad, no lo es?

Asignar calificaciones binarias a la compleja construcción de la identidad de género  es ignorar que hay un abanico amplísimo de posibilidades que van más allá de la genitalia, o los cromosomas. La ciencia ha ido revelando que es una cuestión mucho más compleja, mostrando que intentar parear dos cromosomas con una identidad de género sujeta a múltiples posibilidades es querer, por convicciones que nada tienen que ver con la ciencia, que el sexo sea muy sencillo: X+X es femenino, X+Y es masculino.

“Venus o Marte, rosa o celeste. A medida que la ciencia ve más cerca, sin embargo, queda claro que un par de cromosomas no siempre es suficiente para distinguir niño o niño —no desde el punto de vista del sexo (rasgos biológicos) o de género (la identidad social)”. Los argumentos sobre las diferencias biológicas innatas entre los sexos han vivido demasiado tiempo, según los editores de Scientific American: “Han persistido mucho más allá del momento en que debieron ser sepultados”.

José Valencia: “El Estado colombiano tiene que evitar que la violencia en su territorio afecte a sus vecinos”

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José Valencia es un hombre muy amable. Está impecablemente vestido con un traje oscuro, camisa celeste y una corbata vino tinto. Mide sus palabras como las miden los diplomáticos de carrera: entre los de su especie, la delicadeza es un ejercicio ensayado para dar pesos políticos específicos. Evita la confrontación y hace pausas, como quien piensa detenidamente lo que va a decir.

entrevista a José Valencia

Valencia dice que la prioridad diplomática del Ecuador irá más allá de las ideologías. Fotografía de José María León para GK.

Luego de once años de tener una gestión de personajes más bien políticos como cancilleres, ¿cuál es el cambio que podemos esperar al tener a un funcionario de carrera?

El mandato del Presidente con mi designación va encaminado en el sentido de fortalecer la institucionalidad del servicio exterior, de la cancillería ecuatoriana. Es una institucionalidad que se debe al Estado, por supuesto, es una redundancia decirlo, pero creo que es bueno entenderlo: eso marca lo que esperamos hacer bajo la dirección del señor Presidente en la gestión internacional del país.

Una acción diplomática centrada en la carrera diplomática, profesional, que busque avanzar los intereses del Ecuador sin ninguna consideración que no sea esa: la defensa de los intereses del Ecuador. Temas de orden ideológico o político o de cualquier otra índole pasan a un segundo plano. La acción internacional del Ecuador estará encaminada a abarcar a la globalidad de intereses a la sociedad ecuatoriana, no a los de un pequeño grupo.

En ese sentido, ¿el abanico de relaciones se fortalece? Hemos visto un cambio, por ejemplo, en la forma de relacionarse con Estados Unidos. Bajo ese contexto, ¿cuáles se vuelven las prioridades del país con respecto a los países con los que debe tener relaciones más fuertes?

El enfoque que le comento tiene, precisamente, esa orientación y esa ventaja. El Ecuador no se relaciona con un país o con un grupo de países de una manera determinada sino que tiene una proyección internacional hacia todos los actores de las relaciones internacionales y hacia todos los países. Priorizar tal o cual país, en base a consideraciones que no sean estrictamente las del interés nacional, no es una fórmula o un modus operandi que yo voy a seguir. Sí relacionarnos con todas aquellas naciones con las que el Ecuador puede —y debe— desarrollar una agenda en función de sus intereses. Estoy pensando en Estados Unidos, China, Rusia, los distintos países de la Unión Europea; en fin, una visión global del mundo que parte de una atención especial a nuestra región,  América Latina.

¿Cuáles serían las prioridades para el Ecuador?

La prioridad histórica del Ecuador este momento es reforzar su camino hacia el desarrollo económico y social. Con cada país hay una distinta relación sobre esa base. Con algunos países los temas que se refieren a comercio, a inversiones, son más importantes por la propia dinámica económica del Ecuador, por su economía dolarizada, por el desarrollo de su comercio exterior; con otras naciones las relaciones tiene otros componentes. Con Perú, con Colombia tenemos una agenda de vinculación directa con nuestra frontera. En el caso de Colombia hay componentes específicos de crimen organizado, narcotráfico, cultivos de coca.

La frontera ha tomado mayor relevancia con lo que ha ocurrido desde enero. Su predecesora fue criticada por cómo manejó  las relaciones con Colombia, especialmente en el tema del secuestro y asesinato de periodistas y civiles. El Presidente electo de Colombia ha dicho que reconsiderará el tratado de paz con las FARC. ¿Cuál es la postura del Ecuador con respecto a ese conflicto?

Nosotros respetamos, por supuesto, las decisiones que adopte el nuevo gobierno colombiano. Seguimos con interés esta etapa de transición entre el presidente Santos y la nueva administración que asumirá el 7 de agosto. Sus decisiones competen al ámbito interno colombiano y Ecuador no tiene comentarios qué hacer.

Obviamente sí nos interesa ver cómo eso repercutirá en las relaciones de ambos países y, muy especialmente, en lo que se refiere a la frontera norte. Lo que le puedo anticipar es que el presidente Moreno llamó al presidente Duque el día que fue electo, y le manifestó la disposición del Ecuador a colaborar y trabajar con Colombia en la agenda bilateral que nos une, en la que tenemos que estar permanentemente en contacto.

Colombia siempre será nuestro vecino, y que le vaya bien en los asuntos que quiere llevar adelante es algo que a Ecuador le conviene. En los problemas que tenemos, especialmente en temas de seguridad, el hecho de trabajar juntos significará que a ambos países les irá bien.

En lo que le compete al Ecuador, el propósito es tener en nuestra frontera norte una paz, una cohesión social, una seguridad para todos los habitantes que sea constante y que sea permanente, que los problemas que se generan por acción del crimen organizado en el sur de Colombia sean adecuadamente contrarrestado por las autoridades colombianas.

Evidentemente, nosotros no podemos actuar en territorio colombiano, pero en el nuestro la política del gobierno es desplegar en la frontera una estructura de seguridad pública adecuada sumada a planes de desarrollo social que se están articulando en este momento. Creo que son, de nuestra parte, una buena respuesta frente a cualquier eventualidad del futuro.

¿Hay una postura del gobierno ecuatoriano de decirle a Colombia que maneje un problema que es colombiano? O, ¿cuál es la postura del Ecuador con respecto a estos temas que se dan del lado colombiano pero que traspasan la frontera?

Es una política de Estado la que se refiere a nuestra relación con Colombia. Y digo de Estado porque hace décadas los gobiernos ecuatoriano y colombiano venimos trabajando para el propósito que usted menciona: que los problemas y los efectos de la criminalidad en Colombia no traspasen nuestra frontera, que sean contrarrestados por la acción del gobierno colombiano que tiene una responsabilidad evidente al efecto. Esa es una posición permanente nuestra que vamos a mantener.

El Estado ecuatoriano hace su parte, y estamos seguros de que la administración colombiana está en la misma línea: el Estado colombiano tiene que hacer su trabajo para evitar que los efectos negativos de la situación de violencia o criminalidad que se produzca en su territorio afecten a sus vecinos.

La frontera es un foco de atención, pero, ¿qué otros retos enfrenta la Cancillería?

Los retos van un poco sobre lo que decía al inicio: fortalecer la institución para que pueda manejar de una manera ordenada, sistemática, coordenada, pensando hacia futuro la acción internacional del Ecuador.

Eso significa establecer prioridades que dejen de lado consideraciones del pasado: por ejemplo, abrir sedes diplomáticas sin una real proyección del Ecuador con respecto a determinado país o región.

En este momento no quiero dar nombres de países en concreto pero, en general, la acción internacional del país tiene que ser dictada por el interés nacional, aunque suene redundante, y ese interés nacional también se ajusta con el tiempo.

Puede ser que el Ecuador tenga unos planteamientos y prioridades en un momento y que después tenga otros; entonces, una institución ordenada se adapta a esas necesidades y busca sacar el mayor beneficio posible para el país.

Sobre lo que menciona: las sedes diplomáticas. Allí también hubo cuestionamientos en cuanto al manejo de esas sedes. Se decía que se utilizaban en beneficio del expresidente Correa o de su movimiento político. ¿Va a haber un cambio en el manejo de las sedes? ¿Se va a cambiar los diplomáticos?

Las designaciones diplomáticas son de dos tipos: por una parte funcionarios de carrera del servicio exterior y luego, una cota de designaciones políticas, 20% aproximadamente del total de funcionarios en el exterior, que de acuerdo a la Ley corresponde efectuar al gobierno de turno.

Tenemos un servicio exterior que está claro con respecto a los propósitos del gobierno nacional. Parte de una institución profesional es actuar con disciplina, seguir las instrucciones. Recordemos que quien dirige la política exterior, de acuerdo a la Constitución, es el Presidente de la República y actuar de acuerdo a esa institucionalidad no es un mero capricho, sino que obedece a la necesidad de que la acción de el país sea coherente, tenga prioridades, siga las directrices centrales de la Cancillería en Quito.

Yo diría que en este momento sí hay un cuerpo diplomático que está trabajando en esa función. Si es que eventualmente un funcionario no cumple las instrucciones, en la propia Ley hay mecanismos para tomar medidas al respecto. Recordemos que la función pública es eso: servicio público, al Estado. Mi objetivo es que la Cancillería sea una eficiente institución para que el servicio que le da al país sea positivo.

¿Entonces las sedes se van a mantener como están?

Va a haber algunos cambios. Sobre todo, tenemos que ser mucho más eficientes, tenemos que ahorrar recursos, ser más cuidadosos en el gasto público. Por ejemplo, ciertas misiones diplomáticas tendremos que cerrar para entrar en función de esa lógica, en otras será necesario reducir el personal.

Yo veo a la Cancillería como una institución cuya eficiencia pasa no solo por cumplir las disposiciones que el gobierno nacional y el Ministro de Relaciones Exteriores da para lograr objetivos determinados, sino también en materia de gasto y aprovechamiento de los recursos del país. El país tiene necesidades importantes en recursos entonces los que recibimos nosotros como institución pública tienen que ser aprovechados al máximo.

relación Ecuador Estados Unidos

José Valencia dice que se reactivará la relación con los Estados Unidos. Fotografía de José María León para GK.

En el tema Assange, otro de los manejos polémicos en cuanto a relaciones exteriores. ¿Va a cambiar la decisión de otorgarle asilo político a Julian Assange?

La decisión de otorgarle asilo al señor Assange es una decisión que fue adoptada años atrás. El Ecuador en base a normas legales locales e internacionales que sobre el tema del asilo, atendió este pedido.

Ecuador no solamente tiene una visión jurídica al respecto sino también humana. Es una persona que está reducida ya seis años en un espacio pequeño, que no tiene las condiciones para que la gente viva ahí, es un edificio de oficinas. Tenemos también esa consideración.

Por ese motivo, lo que el Ecuador buscaría y así lo ha manifestado públicamente,  es que haya una solución pronta a esta situación, no una decisión unilateral que decida el Ecuador, el señor Assange y sus abogados o el gobierno inglés, sino que sea una decisión que concierte los planteamientos de cada uno de estos tres actores. De esta manera aspiramos a que haya una solución positiva.

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Hay casi absoluto silencio en la oficina del canciller. Solo estamos él y yo. No hay asesores ni fotógrafos. Al fondo de la oficina, en el lado derecho hay una puerta que conecta con otra habitación, más pequeña, en la que están sus colaboradores más inmediatos. Ninguno lo acompaña en la entrevista.

¿Qué plantea el Ecuador en esa búsqueda de acuerdos?

Ecuador ha sido tremendamente proactivo. No solamente estoy hablando de mi gestión sino de gestiones anteriores. Hemos hecho muchos esfuerzos como Estado para buscar una solución, a través de conversaciones con el gobierno inglés y los representantes legales del señor Assange.

Esos esfuerzos han sido reales y a todos nos constan. Lo que no me parece que sea adecuado es creer que el Ecuador es el que tiene la solución a este tema. No es un tema exclusivamente del Estado ecuatoriano, hay otras dos partes que se encuentran involucradas. Desde ese punto de vista, creo que no nos corresponde, ni podríamos dar, una solución unilateral.

¿Pero propuestas sobre las soluciones que podría haber?

Propuestas creo que hemos hecho muchísimas.

Algunas que no han sido exitosas como conocemos, no quisiera comentar sobre ese tema pero esperaríamos también que haya propuestas de la otra parte, del Reino Unido, del señor Assange.

Sobre todo, y quiero recalcar eso, no creo que se tiene que demandar del Estado ecuatoriano más de lo que puede dar.

Las otras partes no nos pueden pedir la solución, no es factible. Un solo actor no puede determinar el resultado, el resultado tiene que surgir del consenso. En eso Ecuador es claro.

Va a honrar las condiciones de asilo del señor Assange conforme a la ley internacional, a las leyes del país, eso está fuera de duda. Además es un asunto humanitario, pero tampoco al Ecuador se le puede demandar para que dé una solución, si nosotros pudiéramos ofrecer una solución, ya la habríamos dado y se habría concretado.

De momento, ¿la situación está en stand by?

Sí, efectivamente, el señor [Assange] sigue en la sede diplomática de la embajada del Ecuador en Londres, y nosotros damos seguimiento a través de los canales diplomáticos que nos competen.

Hablando un poco sobre relaciones con otros países. Vino recientemente el Vicepresidente de Estados Unidos al país. ¿Qué significa eso para el Ecuador?

Yo creo que es un hito único, importantísimo en la acción internacional del Ecuador, en la relación con Estados Unidos.

Para nadie es un secreto que la relación con Estados Unidos había sufrido importantes bajones en los últimos diez años, que había habido momentos muy críticos de retiro de embajadores, que además estos momentos críticos no se habían limitado a lo político o diplomático sino que habíamos presenciado un continuo declinar en las relaciones comerciales, de inversiones con Estados Unidos.

Aún así, Estados Unidos se mantiene como el principal socio económico del Ecuador. Por lo tanto, la venida del Vicepresidente Pence, luego de que hacía 30 años no venía una alta autoridad de los Estados Unidos, creemos que marca un hito importante para el desarrollo de esa relación.

Es una relación multifacética, de la que esperamos resultados positivos para el país, para inversiones, generación de empleo, incremento de exportaciones, ingreso de dólares, representación del Estado ecuatoriano para atender a nuestros migrantes que son casi 2 millones de personas —entre los que llegaron más recientemente y quienes ya están instalados hace décadas.

Ahora que habido denuncias incluso de irrespeto a los derechos humanos con niños encerrados y separados de sus padres, ¿hay migrantes ecuatorianos involucrados en estos procesos de deportación ante los cuales el Estado ecuatoriano tenga que intervenir?

La relación en materia migratoria tiene una serie de aristas. Desde el bienestar de nuestros migrantes que tienen sus documentos en regla, son residentes e incluso ya tienen la nacionalidad, los ecuatorianos que están en Estados Unidos pero no están con sus documentos en regla, la situación de casos específicos que usted menciona, como resultado de las medidas de la administración Trump muy dura contra migrantes que no tienen la documentación en regla.

Afortunadamente, en el caso de los niños ya ha habido un decreto del mismo presidente Trump y nosotros lo felicitamos por eso, emitimos un comunicado en ese sentido. El hecho de rever un decreto que causaba mucho dolor a niños inocentes es un asunto positivo.

También está la atención que brindamos hacia nuestros ecuatorianos migrantes a través de una decena de consulados repartidos en Estados Unidos.

Hay otras cuestiones como la trata de personas, la explotación que ecuatorianos muy pobres que quieren ir hacia Estados Unidos sufren de verdaderas mafias que hacen mucho dinero y ponen en riesgo la vida de estas personas.

Es un trabajo grande el que tenemos que llevar adelante con Estados Unidos.

Por eso, uno de los hechos concretos y positivos de la visita del vicepresidente Pence es que los países vamos a convocar, y ya están en marcha los trabajos preliminares, a una mesa bilateral sobre temas de movilidad humana.

Ya hizo una visita al país una subsecretaria de Estados Unidos que trabaja en temas migratorios. Nuestra idea es, en esta mesa, tener reuniones periódicas entre ambos países, que permitan a las autoridades de los dos países, al más alto nivel, manejar temas de movilidad humana. Para el Ecuador esa agenda es sumamente importante.

¿Hay fecha de inicio para una primera reunión de esta mesa?

No hay una fecha fijada pero la idea es que esta mesa se reúna en los próximos dos meses.

Como le cuento ya hubo una delegación de una subsecretaria para temas migratorios de Estados Unidos, mantuvimos las conversaciones iniciales.

En la conversación que tuvo el presidente Moreno con el vicepresidente Pence, ambos países acordamos seguir adelante con la convocatoria de esta mesa. Estados Unidos es un país, como le decía hace un momento, donde probablemente viven más de dos millones de ecuatorianos.

Una responsable acción del Ecuador es justamente aproximarse a este país para encontrar soluciones a problemas que tienen nuestros migrantes y que vamos a plantear de manera muy firme buscando resultados mutuamente acordados, resultados que ambos países puedan impulsar.

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Justo al inicio de la siguiente pregunta, entra una funcionaria que trabaja con el canciller para averiguar, sin decirlo, si el fotógrafo puede entrar. El canciller me deja responder y cuando le explico que es mejor que se hagan las fotos en medio de la conversación, él sonríe y se acomoda en su sillón. Arregla su corbata, y yergue su espalda.

Valencia canciller

El canciller José Valencia es el primer diplomático de carrera en ocupar el puesto en once años. Fotografía de José María León para GK.

¿Las reuniones serían periódicas?

Usualmente se reúnen dos veces al año y eso vale para esta mesa de movilidad humana pero también para la mesa central de debate de las relaciones entre Estados Unidos y Ecuador que se denomina Diálogo Amplio Bilateral.

Es una mesa que se reúne entre Washington y Quito y que abordará de manera sistemática los temas de la relación bilateral: económicos, comerciales, de inversión, los impases que existen entre nuestros dos países en temas fundamentalmente económicos, en temas de migración, temas de cooperación para la seguridad, temas referentes al intercambio cultural, tenemos muchos becarios en Estados Unidos. En fin, todo ese ámbito será tratado en esta mesa de amplio diàlogo.

Pero este mecanismo sí existía, ¿no?

Existía pero no se había convocado. Ahora justamente la estamos reactivando.

¿Al cuánto tiempo se reactiva?

Creo que diez años.

¿Ninguna había funcionado en los últimos años?

No, por eso le comento que creo que este es un relanzamiento efectivo de la relación entre Estados Unidos y Ecuador.

Hay una tercera mesa que es clave: el Consejo para Comercio e Inversión, que igualmente no se había reunido. Aunque el Diálogo Amplio Bilateral se convocará antes de fin de año, el Consejo de Comercio esperamos que se pueda convocar máximo el primer trimestre del próximo, aún se debe concertar algunos entendimientos con miras a la convocatoria. Creemos que va a ser clave porque es el ámbito específico en el que vamos a tratar temas comerciales, de inversiones, de turismo. Es una agenda extremadamente compleja que para el Ecuador representa una parte muy importante en la relación con Estados Unidos.

Sobre los acuerdos comerciales, ¿cuál es la política del Ecuador no solamente con Estados Unidos sino quizás también con la Unión Europea?

En ese sentido la relación con Estados Unidos ha estado marcada por el requerimiento permanente del Ecuador a fin de que preferencias arancelarias sean incorporadas en el Sistema General de Preferencias de Estados Unidos. Son trámites y requerimientos que cada dos años deben renovarse. No solamente es demandante para el país, sino un tanto frustrante, porque tenemos que seguir repitiendo los argumentos todo el tiempo, sino sobre todo porque no da una seguridad, una previsidad al sector exportador ecuatoriano y también al sector americano que conduce negocios con el Ecuador.

Lo que nosotros queremos es buscar con Estados Unidos un entendimiento que sea eso, previsible, seguro, constante, que facilite el intercambio comercial entre Ecuador y Estados Unidos, incrementar nuestra balanza comercial.

¿Un acuerdo para saber a qué atenerse?

Sí, para saber a qué atenerse. Cuando dos contrapartes económicas tienen reglas claras, fluidas que les permiten prever a futuro, casi naturalmente el intercambio comercial empieza a crecer e incrementarse.

Es la experiencia de Ecuador con países vecinos, con Colombia, Perú —cuando adoptamos entendimientos comerciales con ellos, el comercio empezó a subir de manera constante y positiva para nuestro país. Los primero resultados de los acuerdos con la Unión Europea van en ese sentido. Pensamos que esos entendimientos con los Estados Unidos serán también positivos. Sabemos que el asunto no es de soplar y hacer botellas, conocemos la orientación en temas comerciales del gobierno del presidente Trump, sabemos sus reservas sobre los entendimientos comerciales con otros bloques de naciones. Pero aún tomando en consideración esas circunstancias, buscamos hacer planteamientos con Estados Unidos para buscar este sendero para forjar este marco de entendimientos globales que faciliten la conexión económica entre nuestros dos países.

Sobre las relaciones con la región,  en las últimas semanas hemos visto las terminales, incluso en Quito, llenas de personas que vienen desde Venezuela y que están en condiciones poco humanas. ¿Cuál es la acción del gobierno ecuatoriano con respecto a esta situación que cada vez es más grave?

Una acción de mucha preocupación, mucha preocupación obviamente. En esto creo que estamos en la misma línea de otros países de la región: Colombia, Brasil, Chile.Hay venezolanos en toda Sudamérica, también el Caribe.

Nuestra preocupación va a atender un asunto que es eminentemente humanitario; ¿cómo facilitamos la vida de esas personas que se encuentran en estrés, en vulnerabilidad?

Ecuador ha regularizado a muchos venezolanos, tienen visado, en este momento están viviendo con documentos en regla en el Ecuador, otros no lo están pero están siendo atendidos por el país.

Estamos tratando de atender incidentes que se han dado, incidentes extremadamente censurables de xenofobia, que el gobierno nacional rechaza. Tenemos que buscar una solución.

Hemos hablado con otras carteras de Estado que también tienen que ver con el asunto, hemos hablado con la Defensora del Pueblo, que estuvo aquí ayer, creo que su labor es encomiable porque está atendiendo la vigencia de derechos de personas que no son ecuatorianos pero que están en territorio nacional, por lo tanto deben ser protegidos.

También debemos dar una respuesta regional que involucre un diálogo con los países vecinos con quienes debemos dar respuesta a este fenómeno de migración masiva de venezolanos. Hemos conversado con la Organización Internacional de las Migraciones, con el Acnur, para buscar una coordinación entre los países que estamos viviendo este tema.

Con el propio gobierno venezolano, ¿hay algún diálogo sobre la situación de sus ciudadanos en Ecuador?

Hemos mantenido contacto con la embajada de Venezuela en Quito. Hemos hablado con ellos sobre asuntos de la documentación de ciudadanos venezolanos, muchos de ellos salen del país sin documentación, no los traen o ya han caducado esos documentos. O cuando tienen que realizar trámites específicos se les pide el récord policial y conseguirlo no es tan sencillo.

Es una serie de temas para los que hemos estado en contacto con la Embajada venezolana aquí en Ecuador.

Según publicó el New York Times, Ecuador planteó una resolución pero reculó ante la amenaza de Estados Unidos de retirar financiamiento o cooperación militar. ¿Cuál es la respuesta de Ecuador?

Hay una interpretación de un diario de gestiones diplomáticas que hizo hecho Estados Unidos con muchos países, pero en absoluto hubo un condicionamiento de que no les damos asistencia en la frontera si usted no vota por esta resolución.

Le digo con toda claridad y sinceridad, jamás aceptaríamos ese tipo de condicionamiento.

En las relaciones internacionales, los Estados hacen planteamientos a otros Estados y está en los otros Estados aceptarlo o no.

Por ejemplo Estados Unidos, y no estoy diciendo ningún secreto, ha sido un evidente propulsor de adoptar una política internacional más dura en contra de Venezuela. Ecuador ha mantenido una política que se ha manifestado por ejemplo, en la última votación en la OEA, de mantener su voto de abstención porque creemos que es lo que corresponde de acuerdo a los principios que tiene el Estado ecuatoriano con respecto a la situación crítica de Venezuela.

Lo que ocurrió en la reunión de la Organización Mundial de la Salud, yo no estaba todavía como Canciller pero quiero decir con toda claridad que sí hubo lobby norteamericano, que no es solamente con Ecuador sino con otros países, pero fue un lobby que fracasó porque la propia Organización Mundial de la Salud adoptó la resolución sobre lactancia materna que fue aprobada por consenso.

A propósito de esto quiero manifestarle que Ecuador en sus planteamientos de política exterior, no puede ni debe jamás aceptar presiones de ningún tipo.

La cooperación se debe producir siempre sobre la base de sus propios méritos pero no sobre la base de estas negociaciones. Sacamos un comunicado con la Ministra de Salud sobre que las políticas ecuatorianas sobre lactancia materna, los planes de promoción de la lactancia materna, se mantienen.

Entonces, ¿no es cierto que Ecuador reculó en el planteamiento de esta resolución?

No. La prueba es que la resolución fue adoptada. No hubo en Ecuador ninguna resolución de sus políticas ni ningún planteamiento para disminuir el peso de la resolución que fue adoptada por la OMS.

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Antes de terminar la entrevista, retomamos el tema de Venezuela y el canciller hace énfasis en un planteamiento que había hecho el presidente Moreno ante la Organización de Estados Americanos, OEA, en junio pasado y que difundió a través de su cuenta de Twitter. Allí planteaba una “salida democrática” a la crisis venezolana y proponía una consulta popular en la que “se decida si se deben refrendar los resultados del proceso electoral del 20 de mayo”, pues varios organismos internacionales las cuestionaron por “falta de transparencia”.

Una precisión sobre el tema de Venezuela. ¿Ecuador no va a condenar ni a censurar lo que está ocurriendo a nivel interno de ese país por no inmiscuirse en política interna o cuál es la postura ecuatoriana?

Ecuador ha observado con preocupación la situación de los derechos humanos en Venezuela, ha habido declaraciones del propio Presidente de la República en ese sentido, ha habido una serie de preocupaciones que las transmitimos públicamente, no es ningún secreto, en virtud de que Ecuador es un firme convencido de que las observaciones en materia de derechos humanos a otros países, no solo a Venezuela sino a cualquier país, no constituye un acto de injerencia en los asuntos internos de los estados. En esto, Ecuador es heredero y reconoce la vigencia de la llamada doctrina Roldós que fue adoptada en 1980 en el marco de la región andina.

Dicho esto, la resolución de los asuntos internos de los venezolanos, de la crisis que vive el país, de las difíciles circunstancias que rodean la relación entre gobierno y oposición, eso sí creemos que tiene que resolverse exclusivamente entre los venezolanos.

No cabe otra opción, fíjese, otros países dictando a Venezuela un menú de lo que tiene que hacer, no es así. Venezuela, los venezolanos tienen que encontrar ese entendimiento como ha ocurrido con otros países de nuestra América en el pasado cuando han tenido que vivir crisis y situaciones extrema, incluso de violencia armada que finalmente, sectores totalmente opuestos de gobierno e incluso grupos subversivos llegaron a entendimientos en un afán de restablecer la paz y construir un país democrático en esas naciones.

canciller Valencia Ecuador

Valencia dice que habrá reducción de personal y reducción de sedes diplomáticas. Fotografía de José María León para GK.

¿Lo mismo con Nicaragua?

Exactamente. Nosotros hemos manifestado nuestra condena a losa actos de violencia en que violan los derechos humanos, hemos respaldado la acción de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, hemos llamado a que cese esa violencia, siguiendo exactamente los mismos lineamientos de la Comisión Interamericana.

¿Esto constituye una injerencia en Nicaragua? Bajo ningún punto de vista.

Una vez más, el hablar de derechos humanos no significa intervenir en temas internos de ningún Estado porque son valores que trascienden lo político. En particular lo que decía de Venezuela, la propuesta de la consulta popular que hizo el Presidente, ¿es esa una intervención en los asuntos internos de Venezuela? No, porque nace de la buena fe del Estado ecuatoriano, es un planteamiento, no es un dictado, no es una exigencia ni mucho menos, es una idea que se pone sobre la mesa tomando en cuenta la propia experiencia ecuatoriana de una consulta popular que sirvió para reestablecer una serie de distorsiones a la institucionalidad democrática, por ejemplo la reelección indefinida que había en nuestro país.

Es un aporte que los venezolanos tendrán, entre ellos que decidir, si es un aporte que vale o no vale recoger o en qué condiciones o en qué momento. Eso ya es un asunto del que Ecuador no tiene control, ni debe tener control. Lo nuestro es una sugerencia de un país hermano a otro. Ese es nuestro enfoque. Si es que hay las condiciones legales, eso les compete a los venezolanos. Cuando hay inexistencia de determinadas disposiciones legales, los actores se ponen de acuerdo y los obstáculos se pueden superar.

Cambiar para ganar

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Rusia 2018 fue un Mundial distinto: predominaron los goles de pelota parada, ninguno de los semifinalistas fue Alemania, Brasil, Argentina o Italia, lo determinante fue la efectividad y no la posesión del balón y, sin duda, el VAR transformó (para mejor) las decisiones arbitrales. Su campeón es, también, distinto: Francia no jugó el juego vistoso y ofensivo que les Bleus han ofrecido en las últimas cuatro décadas, sino que aplicó una lección aprendida de su derrota en la final de Alemania 2006: tuvieron una versión francesa de Italia.

La emergencia de Francia como potencia empezó en los ochentas. Si bien en Suecia 1958 alcanzaron el tercer lugar de la mano de los 13 goles de Jules Fontaine —el máximo artillero histórico en una sola cita mundialista—, la historia francesa en las Copas del Mundo era chata, reservada para un plano secundario. Alemania, Italia e Inglaterra eran las potencias europeas dominantes.

En España 82, eso cambió. El cuarto puesto en 1982, el tercero en 1986, el campeonato de 1998 y el vicecampeonato de 2006 son la evidencia de que Francia lleva cuatro décadas en la élite del fútbol global.

La receta francesa para el éxito ha sido un juego elegante y al ataque, guiado siempre por un mediocampista estrella: Michel Platini en 1978, 1982 y 1986, Zinedine Zidane en 1998, 2002 y 2006. Cuando ese diez faltaba, el fútbol francés no florecía. Forjado en la tradición de las victorias napoleónicas, Francia siempre precisó de un mariscal de campo.

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Fue un ejercicio en progresión que alcanzó su máxima expresión con el Mundial que jugó en casa. No obstante, los resultados mundialistas —a los que sumaron las Eurocopas de 1984 y 2000— no fueron suficientes para cambiar la narrativa que se instaló en el imaginario global: los franceses pueden ser los mejores, pero tienen lagunas mentales que los llevan a perder la cabeza y los juegos.

Ocurrió en el Mundial de 2002, cuando se convirtieron en el primer campeón vigente en quedar eliminado en la primera ronda del mundial siguiente. O, literalmente, cuando en 2006 un insulto del defensa italiano Materazzi hizo que Zinedine Zidane borrara de un cabezazo toda la magia que regaló en el Mundial alemán.

Otra leyenda futbolística que golpeaba a los franceses era su deficiencia defensiva: las derrotas frente a Alemania en las semifinales de 1982 y 1986, y la final perdida en 2006,  mostraron cómo Francia perdía cuando chocaba con equipos mejor organizados defensivamente.

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Solo en las selecciones de 1998 y 2000, Francia logró congeniar buenos esquemas defensivos con presión en toda la cancha y la artillería pesada de atacantes veloces, alimentados por el genio de Zidane. Pero desde que Zizou se retiró —tras la derrota en 2006—, si bien los franceses tuvieron muy buenos jugadores —referentes en varias de las mejores ligas europeas—, la historia que los acompañaba mostraba una tras otra su fragilidad como equipo: se quedó en la fase de grupo en Sudáfrica 2010. A eso había que sumarle el peso de la generalmente aceptada falta de fortaleza mental francesa.

La historia comenzó a cambiar desde la llegada de Didier Deschamps en 2012. Campeón del mundo en 1998 como jugador, la prioridad defensiva de Deschamps —mediocampista de contención en su época dentro de la cancha— se convirtió en el parámetro para moldear al equipo desde el principio, modificando la tendencia histórica a un juego más vistoso y ofensivo. Si bien Francia perdió ante la solidez alemana en cuartos de final de Brasil 2014, la base del equipo y el concepto de juego prendió en un grupo joven, que encontraba en Deschamps a la experiencia de un campeón. Las condiciones estaban dadas, pero parecía como si faltara un giro de timón definitivo.

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Ese golpe sucedió en 2015, cuando el delantero del Real Madrid Karim Benzema fue vinculado al chantaje sexual que sufrió otro futbolista francés, Mathieu Valbuena. Deschamps decidió no volver a convocar a Benzema mientras estuviera al mando del equipo francés. “Hice un análisis no sobre un individuo, sino sobre un grupo. El colectivo siempre ha estado por encima. Luego elegí únicamente en función de lo que creo que es bueno para la selección francesa. Siempre he actuado así. Decidí y asumo mi decisión”.

El mensaje de cero tolerancia con los desmadres dentro y fuera de la cancha, caló en un equipo joven y con enorme potencial, pero que padecía una tendencia al individualismo. Jugadores clave como Paul Pogba —que encarna a la perfección esa peligrosa mezcla entre calidad y divismo— sabían que con Deschamps tenían que estar alineados con un plan de juego que privilegia el juego colectivo, la marcación y la entrega total. De hecho, el Pogba de la selección francesa, que se ha destacado en el Mundial ruso por la marca y la concentración durante los 90 minutos, es uno muy diferente al Pogba del Manchester United, que en la última temporada ha sido duramente criticado por sus inconsistencias deportivas y emocionales.

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La victoria francesa de 2018 es un triunfo aplazado: perdió la final de la Euro 2016 ante Portugal, en un resultado más bien extraño. En ese torneo, el juego francés ya mostraba la evolución en la que privilegia mayor fortaleza en el ámbito defensivo, al punto que parece la versión a nivel de selecciones del Atlético de Madrid de Diego Simeone: dándole posesión de pelota al rival, cerrando espacios, pero atacándolo en transiciones fulminantes, sumamente efectivas. En el Atlético, el ‘cholo’ Simeone ha modernizado el juego italiano, adaptándolo a las exigencias físicas del siglo XXI: todos, incluidos delanteros, tienen que defender y cerrar espacios.

En ese sentido, Deschamps fue el más cholista de los técnicos en Rusia 2018. Sobre todo porque cuenta con una base defensiva que probablemente sea la mejor a nivel global, a la que se suman delanteros eximios para contragolpear en velocidad. Al excelente Hugo Lloris, portero del Tottenham inglés, lo acompañan los dos centrales de los mejores equipos del orbe: Samuel Umtiti del Barcelona y Raphaël Varane del Real Madrid.

Francia tiene a uno de los laterales del Atlético de Madrid, Lucas Hernández, que cubre el carril izquierdo con ferocidad y técnica. N’Golo Kanté, del Chelsea, es probablemente el mejor volante de contención del planeta. Con solo un metro sesenta y ocho centímetros de estatura, Kanté es una muralla contra la que los rivales rebotan, facilitando la recuperación de la pelota. A ello se suma la excelente labor de defensa del tándem Paul Pogba-Blaise Matuidi que muta a un ataque preciso y rápido cuando el balón regresa a su posesión. De ello se aprovecha, en ataque, el otro tándem: Kylian Mbappé —la estrella del París Saint Germain y mejor jugador joven del Mundial ruso— y Antoine Griezmann, el temible delantero del Atlético. Griezmann es, probablemente, la mejor representación del alma de la Francia de Deschamps: marca, toca con criterio, acierta en los tiros libres y de esquina con precisión de cirujano.

De los botines de Griezmann se gestaron —o lograron— más de la mitad de los goles franceses en el Mundial. Quedó claro en la final contra Croacia. En el primer tiempo, Francia tuvo solo dos ocasiones de gol, y las dos se concretaron: centro de Griezmann para el autogol de Mandzukic; penal ejecutado por el francés. En todo el partido, Francia anotó 4 de 7 tiros.

Cuando Croacia intentó empatar, al principio del segundo tiempo, las transiciones generaron oportunidades que, como contra Argentina, cambiaron el juego en un parpadear. La dinámica de transición que se vio hasta el error de Lloris que provocó el segundo gol croata, mutó al juego de defensa a ultranza que le cerró todos los espacios a los croatas. Deschamps mostró que el cholismo es una escuela que, bien interpretada, logra alegrías mundiales.

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El cambio de Francia fue efectivo, pero no exento de crítica. Al final de su partido de semifinales, los belgas Eden Hazard y Thibaut Courtois acusaron a los franceses de jugar un fútbol feo y amarrete.

Al poco tiempo Griezmann les recordó a los dos, que han jugado en equipos que siguen (o han seguido) esquemas similares a los franceses: Hazard y Courtois son jugadores del Chelsea y Courtois tapó para Simeone en el Atlético de Madrid.

Puede que el fútbol que practica Francia no deleite a los puristas, pero ha servido para ganar una segunda Copa Mundial. La receta ha sido  consistencia y juego de conjunto aplicado.

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La Copa del Mundo llegará a Francia en en un momento particularmente difícil para el país. Ha sufrido el crecimiento de la extrema derecha del Frente Nacional, la crisis de los refugiados y los ataques terroristas.

Deschamps supo que el triunfo de 1998 fue un bálsamo que unió al país tras su selección y significó un momento de encuentro único, que valoró como ninguna otra ocasión la diversidad de origen que hace a Francia lo que es hoy. La selección francesa de 2018 es el epítome de ese valor con la predominancia de 15 jugadores de origen africano, más otros con ascendencia española, portuguesa, caribeña y filipina.

Lo que mostró la Francia campeona de 2018 fue un mensaje trascendente: los cambios de esquema de juego —y de la sociedad— pueden ser increíblemente efectivos y aglutinantes, si van de la mano con un propósito común. La selección francesa encontró ese propósito. Ojalá el país, a partir de este triunfo, también encuentre el suyo.

El valor del hombre que cuida tu puerta

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El Mundial de fútbol ya tiene a sus cuatro semifinalistas: todos europeos, todos disciplinados, todos capaces, y todos con grandes porteros: Bélgica tiene a Courtois, Francia a Lloris, Croacia a Subašić e Inglaterra a Pickford. Los cuatro han sido determinantes para que sus equipos estén donde están.

Este Mundial ha reivindicado la importancia del guardavallas, el único jugador al que le es permitido tocar el balón con las manos. Esa ventaja sobre sus compañeros lo ha cargado de una responsabilidad muchas veces demasiado grande. Juan Villoro escribió en el perfil de Robert Enke, el portero de la selección alemana que se suicidó: “Morir a plazos es la especialidad de los porteros.” Ser portero ha sido siempre un rol tan pesado que ha sido asociado a las partes menos felices del juego: es el que mata las alegrías ajenas con sus aciertos, y las propias con sus errores.

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No hay empleo más duro en el fútbol. Lo vimos cuando De Gea dejó que se le escurra un remate inocuo de Cristiano Ronaldo en la fase de grupos. Muslera y Caballero se equivocaron, también, y le costaron a sus equipos dolorosas derrotas. Un mes y medio antes,  el alemán Loris Karius cometió un error infantil en la final de la Champions League europea y reveló que cuando los arqueros ganan partidos son una nota al margen, pero cuando los pierden, pasan muy rápido de las secundarias sombras del anonimato a la villanía.

Quizás Moacir Barbosa, el arquero de la selección brasileña de 1950, sea el ejemplo más elocuente de la infamia con la que tienen que cargar los porteros. Barbosa fue cinco veces campeón estadual con Vasco da Gama, donde fue figura.

Brasil había goleado 7 a 1 a Suecia y 6 a 1 a España en lo que parecía un camino ineludible al título Mundial en su tierra. Pero en el partido final, los Uruguay hizo lo impensado: le ganaron la Copa del Mundo a Brasil en el mismísimo Maracaná. El maracanazo fue una tragedia nacional que encontró su chivo expiatorio en Barbosa, único portero negro del Brasil hasta la llegada de Dida casi medio siglo después.

La vida de Barbosa después del maracanazo no fue vida. Murió por los golpes de la ignominia colectiva, que nunca olvidó esos desgraciados 30 minutos en que los uruguayos labraron su hazaña. La muerte lenta que vivió Barbosa perduró dolorosamente: en 1994 le impidieron saludar a la selección brasileña, para evitar que los “mufara”. Juan Villoro escribió sobre él, cuando falleció en el 2000: “El primer arquero negro de la historia de la selección brasileña murió pobre, humillado y condenado. La prensa casi no registró su muerte. Barbosa no se habría sorprendido. La segunda muerte de Barbosa será la definitiva”.

Con excepción de Lev Yashin, la memorable araña negra soviética que se alzó con el Balón de Oro en 1963, ningún guardameta ha recibido el reconocimiento como el mejor jugador a nivel planetario. Y en los Mundiales, solo una vez un portero recibió el premio a mejor jugador del torneo: el alemán Oliver Kahn, en 2002.

En la percepción global, siempre ha primado la idea de que quienes meten más goles o quienes generan más oportunidades de gol, se merecen nuestra admiración. Tiene algo de sentido: después de todo, el gol es —según Eduardo Galeano— el orgasmo del fútbol.

Por eso, la misión de los arqueros es mal vista. Son el equivalente futbolístico a una anorgasmia: la disfunción sexual que impide que hombres y mujeres alcancen el clímax. Todos el mundo quiere decir cuán bien lo pasa en la cama, pero nadie se atreve a hablar públicamente de sus disfunciones. En el fútbol pasa igual: ser arquero es disfrutar de lo que el resto padece.

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Pero Rusia ha sido un Mundial tan inesperado, que ha servido para celebrar el arte de privar a los otros de su clímax futbolístico. En los cuartos de final, los semifinalistas compartieron un hecho sin precedentes: casi no se fabricaron oportunidades reales de gol (ningún equipo tuvo más de tres tiros directos al arco), concretando las pocas que tuvieron con una efectividad impresionante.

Las selecciones de Francia e Inglaterra anotaron las dos oportunidades que tuvieron cada una, Bélgica anotó dos de tres (uno fue autogol) tiros directos al arco, al igual que Croacia. Sumados, los semifinalistas tuvieron 10 tiros que iban al arco, de esas, 8 subieron al marcador. Sus rivales, en cambio, en conjunto tuvieron un total de 21 tiros, con solo 3 goles.

Si bien los cuatro semifinalistas pudieron destacarse por efectivos, los cuartos de final se definieron por los arqueros vencedores. La anorgasmia dio el pase a las semifinales de Rusia 2018. Y todos parecemos contentos.

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El ejemplo más elocuente fue el de Thibaut Courtois, determinante para la victoria belga sobre Brasil. El metro noventa y nueve del golero del Chelsea inglés fue casi inexpugnable: una tras otra, ahogó las alegrías de la que es, quizás, la más temida delantera del planeta.  Neymar, Coutinho, Paulinho, Douglas Costa y Firmino intentaron, sin éxito, vulnerar a un Courtois, que vestido todo de negro parecía la reencarnación de Yashin. Lás cámaras omnipresentes mostraron a Tite, director técnico brasileño, abandonando los piques celebratorios de los goles que Courtois le negaba a su equipo. En la rueda de prensa, Tite llamó a la actuación del gigante belga ‘iluminada’.

La calificación, más que merecida, puede extenderse a otros porteros: Hugo Lloris y Jordan Pickford fueron clave para que sus selecciones mantuvieran el arco en cero en sus partidos de cuartos de final. Aunque los dos tienen trayectorias distintas —un experimentado Lloris es el ancla defensiva del Tottenham y Pickford recién lleva una temporada como arquero del Everton—, los dos mostraron su habilidad contra suecos y uruguayos.  Aunque menos espectacular, la actuación del croata Danijel Subašić ha sido decisiva para que los croatas avancen en las tandas de penales en que derrotaron a daneses en octavos y a rusos en cuartos. Juan Villoro, en el perfil de Enke, dice que Albert Camus fue portero ejemplar. “Acostumbrado a ser fusilado en los penaltis, escribió un encendido ensayo contra la pena de muerte. Su primer aprendizaje moral ocurrió jugando al fútbol.”

Si esto es cierto, de Subašić no deberían extrañarnos futuras y sesudas reflexiones sobre el nacionalismo, el pasado y el conflicto civil. Su equipo que ha ido de más a menos en el torneo, heredero de los grandes futbolistas de la disuelta Yugoslavia, ha sido empujado —como Goycochea empujó a la Argentina en Italia 90— a través de las tandas de los doce pasos por su último hombre.

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Del equipo que quede campeón el próximo domingo, es muy probable que salga el ganador del Balón de Oro del Mundial.

Y, por el encanto de los sonrientes goleadores, de los esquivos mediocampistas,  o por simple repetición histórica, es muy probable que sea un jugador del medio del campo en adelante.

Pero estos cuartos de final se convirtieron en una excelente oportunidad para recordar el valor del arquero. Y de cómo su anorgásmica tarea, puede poner a sus equipos muy cerca de la gloria —y el gran, verdadero y supremo orgasmo— del triunfo final.

Muertos los dos reyes

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Primer día de octavos de final y último del Mundial para Portugal y Argentina. O, lo que es lo mismo, el último partido para Lionel Messi y Cristiano Ronaldo en esta Copa del Mundo. Podría ser el último en un mundial para los dos jugadores que han dominado el fútbol en la última década.

El camino paralelo de Messi y Ronaldo empezó en Alemania 2006. Hoy, parece a punto de llegar a su fin tras la eliminación de dos estrellas sin equipo: decir Portugal o Argentina es como decir Ronaldo y Messi porque dependen demasiado de ambos cracks. Las selecciones a las que se enfrentaron —y con las que perdieron— este sábado 30 de junio no tienen ese problema. Francia y Uruguay juegan con esquemas de mucho sacrificio y efectividad colectivos. El concepto del juego como deporte de conjunto se impuso a la patria futbolera que depende del ultratalentoso caudillo.

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Las Ronaldo-y-Messi-dependencias han puesto un peso aún mayor sobre las espaldas de ambos jugadores desde que se convirtieron en íconos globales. Los dos han alcanzado todos los reconocimientos individuales en términos de premios y torneos: cinco Balones de Oro cada uno, 5 Champions Leagues Ronaldo, 4 Messi; de ese torneo son, además, los máximos anotadores de su historia. Y aunque su edad (33 el portugués, 31 el argentino) podría sugerir que la jubilación está cerca, en la temporada 2017-2018, Ronaldo y Messi demostraron que están tan vigentes como siempre: nadie hizo más goles en sus clubes —el Real Madrid, campeón de la Champions, y del Barcelona, campeón de la Copa del Rey y la Liga española.

Con esos antecedentes suponía el mundo  que su grandeza futbolística marcaría Rusia 2018. En la etapa de grupos, Ronaldo respondió a las expectativas: triplete contra España y el gol contra Marruecos que les dio a los portugueses el pase a octavos. La ruta de Messi fue más traumática: pasó del viacrucis contra Islandia y Croacia a la resurrección: el cadáver que era Argentina volvió a la vida gracias a un golazo suyo; otro de Rojo lo sacó del sepulcro.

Ya en octavos de final, su genialidad no fue suficiente.

Messi y Cristiano Ronaldo

Lionel Messi en un mural callejero en Barcelona, donde ha ganado todo, a diferencia de su selección nacional (cuya camiseta lleva en la imagen). Fotografía de Depositphotos/Toniflap.

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Si bien Ronaldo ganó la Eurocopa 2016 y Messi fue vicecampeón en el Mundial brasileño, de la Copa América 2015 y la Copa América Centenario 2016, Rusia  aparecía como la última oportunidad para cumplir con el sueño propio y de sus seguidores: consagrarlos como superiores a sus némesis. Era como si en Rusia se iba a decidir, de una vez por todas, cuál de ellos era el mejor. Pero no será. Para entenderlo hay que entender que Francia y Uruguay son tierras de talento pero sin caudillos, donde el peso del equipo está distribuido entre todos. Lo que, física básica, hace más llevadera la carga.

Las selecciones uruguaya de Washington Tabárez y francesa de Didier Deschamps tienen un patrón común: empiezan por una muy buena defensa y  pasan a transiciones rápidas, con delanteros capaces de perforar a las paredes rivales más sólidas.

Los franceses iban perdiendo por un 2 a 1 que parecía ilógico por el trámite de un partido en que penetraron la retaguardia argentina con mucha facilidad en el primer tiempo. Hasta que una genialidad de Di María empató y el azar quiso que Mercado desvíe un tiro de Messi poniendo a los argentinos a ganar al comienzo del segundo tiempo.

Fue cuando la velocidad de Kylian Mbappé, junto a Olivier Giroud y Antoine Griezmann, pusieron las cosas en orden muy pronto. El descuento de Agüero al final del segundo tiempo fue el broche con el que se selló el epílogo de la generación que acompañó a Lionel Messi en esta década.

También fue el punto final de una agonía demasiado larga: el canibalismo, la bronca y el enredo en que vive la sociedad argentina —expresada con saña en ese quilombo que es la conflictiva relación de la dirigencia, cuerpo técnico y los jugadores de su selección— hacía que muy pocos creyesen que un final feliz era posible.

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En el segundo partido de la jornada, en cambio, la historia regresó a su origen. La tradición uruguaya de férrea defensa, solidaridad en toda la cancha y de goleadores de raza apareció en su expresión más pura.

La base del equipo (Muslera, Godín, Suárez y Cavani) le ha dado un cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Copa América de Argentina 2011. La conducción de Tabárez (un maestro que usa un bastón para moverse en el borde de la cancha, como si no exudase ya suficiente sabiduría) le ha dado estabilidad y continuidad al proyecto y la filosofía de juego. Los nuevos talentos, pulmones y calidad. Juntos esperaron a Portugal copando los espacios y maximizando las oportunidades que entre Suárez y Cavani se crearon.

Los uruguayos les recordaron a Ronaldo y compañía que la garra charrúa no es un eslogan. Es una manera de vivir el fútbol. Al mundo le enseñaron que respetar los procesos, la disciplina y la alegría de jugar al fútbol sin exitismos ni tremendismos (como los de sus vecinos) dan frutos.

Fue una postal de salida y de esperanza: mientras las dos estrellas treintañeras empezaban a empacar maletas, nos quedamos con la imagen del delantero francés Kylian Mbappé: anotó un doblete, que pudieron ser muchos más goles,  y tiene solo 19 años. Por velocidad, potencia y calidad en la definición, el jugador del Paris Saint Germain es la personificación de las grandes estrellas por venir —lo vemos como durante años vimos a Messi y Ronaldo. Bien podría ser que Mbappé haya reclamado la sucesión de los reyes caídos y devueltos a casa, en una jornada de transición, en la que los regentes de ayer capitulan ante la fuerza y vigor de las nuevas estrellas. Y, quién sabe, quizá Mbappé logre, en su primera oportunidad, el sueño siempre esquivo para Messi y Ronaldo.

Víctima de su propio sistema

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Sobre Rafael Correa pende la orden de prisión preventiva más polémica que se ha dictado en la historia reciente del Ecuador. Ordenada por la jueza de la Corte Nacional de Justicia, Daniella Camacho, el martes 3 de julio de 2018, es la consecuencia de que Correa no se presentara —como lo había ordenado Camacho quince días antes— ante la Corte, como medida cautelar dentro del proceso penal por el intento de secuestro que habría sufrido el ex asambleísta Fernando Balda en Colombia.

Correa no acató la orden judicial y decidió presentarse en el consulado de Ecuador en Bélgica. Allí entregó una carta, en la que aseguró cumplir con las exigencias procesales a pesar de “ser evidente la persecución política y judicial”. Para algunos expertos legales, la orden de la jueza Camacho era desproporcionada, para otros, una vez dictada, era de obligatorio cumplimiento. Correa, alguna vez el hombre más poderoso del Ecuador, está en medio de las interpretaciones legales de especialistas, simpatizantes y detractores. Pero más allá del choque entre amantes y odiadores del expresidente, su caso pone al Ecuador a discutir cómo se ha aplicado la prisión preventiva en el país, y cuán urgente es revisar la forma en que se aplica.

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En la audiencia de revisión de medidas cautelares que se instaló el martes 3 de julio de 2018 —al día siguiente de que Correa no se presentara en la Corte Nacional de Justicia— su abogado, Caupolicán Ochoa, insistió en que su cliente había cumplido el pedido inicial de la Fiscalía: presentarse en el Consulado del Ecuador en Bruselas. Camacho no aceptó esa medida, sino que ordenó que Correa viajara cada quince días al Ecuador a presentar ante ella.

No era potestad de Correa —ni de Ochoa— decidir qué medida acatar: Correa, aunque considerase ilegítima la orden en su contra, debía obedecerla. “Él está dentro de un proceso, debía cumplir una orden. Eso no está en debate, él actuó de forma arbitraria, como a él le dio la gana”, dice Rafael Lugo, doctor en jurisprudencia. “Si un Juez te da una orden, tú le puedes pedir, puedes argumentar para que la cambie pero no puedes hacer lo que te da la gana y esperar que el juez legitime tu desacato.”

Ramiro García, Presidente del Colegio de Abogados de Pichincha discrepa con Lugo. Cree que a pesar de que Correa no acató la orden de la jueza Camacho, ella pudo evitar dictar la orden de prisión: “Si bien existe un incumplimiento imperfecto de la disposición original, esto no alcanza para dictar una prisión preventiva bajo criterios de excepcionalidad. El juez tiene que reaccionar como juez, esto no es un problema personal”. La postura de García no es reciente: no se debe abusar de la prisión preventiva. En 2013, le dijo a Plan V:  “se ha presionado a los jueces penales para que constituyan la prisión preventiva en la práctica general, al punto que se ha encarcelado a algunos (jueces) por ordenar libertades”

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó en 2013 el informe sobre el uso de la prisión preventiva en América. En él se hacía recomendaciones para reducir el uso de la prisión preventiva. La prisión preventiva es una medida cautelar diseñada para evitar que un acusado evada presentarse al juicio. Es, en estricto sentido, una vulneración al principio de inocencia, porque nadie es culpable hasta que una sentencia condenatoria en firme así lo declare. Que alguien vaya a la cárcel antes de que esa resolución exista, va en contra de esa presunción de inocencia. Por eso, se supone, la prisión preventiva debe aplicarse como excepción.

El Informe de la CIDH insiste en la aplicación de medidas alternativas a la prisión, que permiten que la persona imputada siga en libertad mientras se tramita el proceso penal. Sin embargo, cuatro años después, en septiembre de 2017, el mismo organismo aún detectaba que “la aplicación arbitraria e ilegal de la prisión preventiva es un problema crónico en la región” y presentaba su informe de las medidas para reducir la prisión preventiva. En el Ecuador, muchos entienden a la prisión preventiva como una forma de condena anticipada. Si para algo debería servir el caso del expresidente debería ser para debatir el uso excesivo de esta medida.

Además, según datos presentados en diario El Telégrafo en una publicación de noviembre de 2017, la prisión preventiva es una de las causas del hacinamiento en las cárceles. Entre el 2010 y el 2017, el porcentaje de población carcelaria con respecto a la población total se triplicó: en siete años, pasó de ser el 0,07% de la población total, a ser el 0,22% . La Ministra de Justicia, Rosana Alvarado, citada por el diario, dijo lamentar que los jueces sigan considerando la prisión preventiva como primera medida. Con ella concordaba el entonces Defensor Público General, Ernesto Pazmiño. El abuso es latente y, más allá del caso notorio de un expresidente, lo padecen decenas de miles.

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Que Correa tenga una orden de prisión preventiva en su contra tiene un tono irónico: en mayo de 2012, Rafael Correa le pidió a los miembros del Consejo de la Judicatura, órgano que regula el actuar de jueces y fiscales en el Ecuador, que destituyera a los “malos jueces” que habían ordenado medidas alternativas en lugar de prisión. En la consulta popular del año anterior, el gobierno había logrado que se reformara la Constitución, estableciendo excepciones a la caducidad de la prisión preventiva. La medida fue criticada en su momento por académicos y abogados. La Facultad de Jurisprudencia de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE)  consideró al referéndum inconstitucional, por violar derechos establecidos no solo en la Constitución, sino en instrumentos internacionales de los cuales el país es signatario.

Los profesores de jurisprudencia de la PUCE cuestionaban que “ningún poder constituido del Estado tiene competencia para restringir derechos y garantías constitucionales”. En un comunicado, decían que Correa “al pretender eliminar los plazos constitucionales de caducidad de la prisión preventiva, al aumentar el plazo de detención de 24 a 48 horas, y al limitar las posibilidades de aplicación de medidas sustitutivas a la prisión preventiva, afecta los derechos a la libertad de movimiento, a la tutela efectiva y expedita, a la presunción y al trato como inocente de las personas no condenadas”. Siete años más tarde, Correa ha reivindicado para él el carácter excepcional de la medida que él mismo ayudó a endurecer.

Para la Fundación para el Debido Proceso, una organización que busca promover el estado de Derecho en América Latina, las presiones políticas —también las mediáticas y sociales— son una de las causas para que los jueces usen como primera opción la prisión preventiva cuando debiera ser la última.

Así lo afirman en la investigación que analizó la independencia judicial y la prisión preventiva en Ecuador, Colombia, Perú y Argentina con datos de los años 2010, 2011 y 2012. Entre las conclusiones una llama la atención con respecto a las dificultades que enfrentan los jueces para dictar prisión preventiva: “La amenaza que tienen los operadores judiciales de que el ofendido presente una denuncia ante el Consejo de la Judicatura o ante la propia Fiscalía a causa de la libertad del acusado por la falta de acción del juez.”

Es irónico que Rafael Correa hoy sea una víctima del sistema judicial del que fue el mayor impulsor. “A Correa lo están cocinando en su propia salsa. Él generó una dinámica punitivista, de persecución y de abuso de la prisión preventiva. Si yo he criticado en el correísmo la aplicación de la pena privativa de la libertad a los 10 de Luluncoto, a Fernando Villavicencio, a Cléver Jiménez, no puedo quedarme callado ahora, simplemente porque al que le aplican está en el otro lado de la vereda política. Para mi las garantías del debido proceso no dependen de la identidad del procesado”, dice García quien repite con insistencia que la jueza Camacho pudo perfectamente permitir que Correa se presentara en el consulado.

Su colega Rafael Lugo discrepa. Cree que la naturaleza de una medida de este tipo es que Correa, en este caso, esté a disposición del juzgador. “Eso no quiere decir que el juzgador sepa dónde estás, sino que estés a su disposición en su jurisdicción, no en otro país. Una oficina consular no tiene ninguna competencia jurisdiccional”, dice. García lo contradice: “No es que se está utilizando como dependencia judicial sino como una oficina que tiene la representación suficiente para presentar un acta.”

Para Lugo hay, además, un componente fundamental. Se trata de la discrepancia entre lo que el expresidente verbaliza y lo que hace. “¿Qué juez le va a creer que no puede venir si este señor viaja por todo lado pero a la jueza le dice ‘disculpe no puedo viajar’? ¿Qué corona tiene? ¿Por qué tiene que tener otro trato, si no cumple las formalidades que ordena la Ley? ¿Te puedes declarar perseguido político si con tus actos demuestras todo lo contrario a lo que le dices al juez?”.

Para García, Correa no tiene ninguna corona: no ve una dedicatoria por tratarse del expresidente. Por e contrario, ha sido medido con la misma vara que a cualquier otro ecuatoriano en una situación similar: “Lo han tratado como tratan a todos los procesados; es decir, mal”.

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La jueza Camacho le da cinco minutos a Caupolicán Ochoa. Él se queja. Le dice que al Fiscal le dio más tiempo.

— Equidad, señora jueza. Imparcialidad.

Ochoa alza la voz. Ella parece no inmutarse. Lo mira como si fuese incapaz de perder la calma. Ocha le habla:

— Tengo la sensación de que su experiencia en juzgado de garantías penales no es la mayor.

Camacho mantiene una expresión imperturbable, una calma pasmosa. Ochoa le habla de garantías: a su defendido no se le está garantizando sus derechos.

El presidente del Colegio de Abogados concordaría más tarde: hay un claro irrespeto al derecho de Correa a defenderse en libertad. Su colega, Rafael Lugo, dirá, en cambio: “Todos los políticos corruptos de este país cuando les persiguen se declaran perseguidos políticos. Todos.”

Más allá de las discusiones jurídicas, salpicadas de política, en torno a la decisión de la jueza Camacho, el hecho es que  Rafael Correa tiene orden de prisión preventiva y la Interpol recibirá un pedido de difusión roja: la justicia ecuatoriana quiere su localización, captura y deportación. La Interpol tiene la decisión en sus manos. Podría ocurrir, como pasó en el caso del expresidente ecuatoriano Jamil Mahuad, que la Interpol se abstuvo de emitir la orden por considerar que el caso tenía una predominante naturaleza política.

El 18 de julio de 2018 terminará la instrucción fiscal en el caso Balda. A partir de ese momento, la Fiscalía pedirá a la Corte Nacional de Justicia que se fije fecha y hora para la audiencia de formulación de cargos, en la que Rafael Correa podría ser acusado formalmente de asociación ilícita y plagio. Con la orden de prisión que pesa en su contra, es poco probable que el expresidente regrese al país a enfrentar el proceso. Hay enemigos acérrimos de Correa que quieren verlo, a cualquier costa, en una celda. Hay partidarios fanáticos suyos que, aunque tuviese alguna responsabilidad en algún delito, jamás lo creerían, ni tolerarían verlo tras barrotes sin considerar que hay una vendetta política detrás de la decisión.

No es la cuestión de fondo. Lo fundamental en este asunto es la fragilidad institucional del Ecuador, demostrada en su total dimensión en la forma en que se aplica una de las figuras penales más sensibles. Manoseada por jueces y fiscales, utilizada como instrumento de venganza y juicio anticipado, la prisión preventiva y su aplicación desnuda el sistema ecuatoriano, supuestamente garantista. Hoy, que una de sus víctimas fue uno de sus victimarios, el país debería aprovechar el momento para discutir la manera en que se aplica.

Orgullo

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La tarde del 30 de junio de 2018, el orgullo de ser diversos recorrió las calles de Quito. Miles de personas salieron con tambores, colores y consignas para gritar por la igualdad y los derechos en una marcha que celebra la memoria de la primera protesta de la comunidad LGBTI que, hace casi cincuenta años, se organizó para protestar la represión y excesos en la redada policial contra el bar de Stonewall Inn en Nueva York.

Cinco décadas después del reclamo inicial, los derechos de la comunidad LGBTI no son plenamente respetados. En algunos países, como el Ecuador, el marco legal insiste en catalogarlos como ciudadanos de segunda clase, al negarles acceso al matrimonio y la adopción. La lucha está, sin duda, aún vigente.

Y a pesar de que la pelea no se detiene, la marcha de 2018 —titulada OrguYO— sirvió, también, para celebrar. No solo la diversidad sexual y sus múltiples manifestaciones, sino, también, los logros de los meses recientes. En enero,  la Corte Interamericana de Derechos Humanos  reconoció el derecho a la identidad sexual, cambio de sexo, matrimonio y unión de hecho a las personas LGBTI, como parte del derecho a la igualdad y no discriminación. Es un paso gigante en el camino hacia la igualdad que sirvió para otro hito en el triunfo de los Derechos Humanos: la Corte Constitucional del Ecuador ordenó que la hija de Helen Bicknell y Nicola Rothon sea inscrita con los apellidos de ambas madres.

En días pasados, marcas y organizaciones de alcance nacional lanzaron campañas a favor de la diversidad, y los llamados a boicots por grupos antiderechos no han sido escuchados. Por primera vez en mucho tiempo, el viento de la igualdad empieza a soplar con mucha más fuerza en el Ecuador.

Por eso la celebración en las calles el sábado 30. Pero, también, ante la constante amenaza que esos avances enfrentan, los recordatorios y alertas de la marcha.


*Este ensayo fotográfico es un trabajo de Edu León en colaboración con La Periódica

Rafael Correa, vinculado

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La Jueza de la Corte Nacional, Daniella Camacho, está por encima de todos. Literal: su estrado está un peldaño más arriba que el resto de la sala, como una manifestación física de su muy real autoridad judicial. Desde su estatura escucha, la mañana del 18 de junio de 2018, a los abogados que alegan a favor y en contra de la vinculación del expresidente Rafael Correa al proceso penal por el presunto secuestro del ex asambleísta y opositor del correísmo Fernando Balda.

La audiencia terminará con la inclusión de Correa a la instrucción fiscal, convirtiéndolo en el sexto presidente, desde el retorno a la democracia, en ser procesado penalmente. Los anteriores fueron Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa y Lucio Gutiérrez, en ese orden. El primero en 1996, el último —antes de Correa— en 2005. Noboa fue amnistiado por la Asamblea Constituyente de 2008 porque su caso fue una persecución política del capo socialcristiano León Febres-Cordero. Alarcón y Gutiérrez estuvieron presos, Mahuad y Bucaram se fugaron del país. Bucaram pidió asilo en Panamá (como lo hizo Noboa en República Dominicana), y Rafael Correa ha dicho que no descarta asilarse en Bélgica, donde vive desde el 10 de julio de 2017.

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Paúl Pérez Reina, Fiscal General encargado, habla con gestos excesivamente ceremoniosos, como para que no se dude de su respeto por la jueza Camacho. Explica que el exasambleísta Fernando Balda fue retenido contra su voluntad el 13 de agosto de 2012 en Bogotá, Colombia: dos hombres se lo llevaron, un taxista vio lo que pasaba, y alertó a la Policía y a otros taxistas, empezó una persecución, los secuestradores huyeron y dejaron a Balda tirado a la vera de un camino. Dice el Fiscal que, por la investigación colombiana de ese intento de secuestro, se sabe que habrían participado tres agente de la Secretaría Nacional de Inteligencia de Ecuador (Senain) y que los autores intelectuales estaban en lo más alto del poder político ecuatoriano: el expresidente Correa habría ordenado, a como diera lugar, el regreso de Balda.

La Jueza Daniella Camacho decidió la vinculación de Rafael Correa en el caso Balda. Imagen de la Fiscalía General del Estado.

La Jueza Daniella Camacho decidió la vinculación de Rafael Correa en el caso Balda. Imagen de la Fiscalía General del Estado.

“Rafael Correa podría ser autor mediato porque era el Presidente de la República y jefe directo del director de la Senain”, dice el Fiscal. La sala de audiencias se queda en silencio, como si los asistentes no terminaran de creer lo que dice Pérez Reina: un expresidente podría haber ordenado el secuestro de un enemigo político. Los cargos que presenta el fiscal son por asociación ilícita y por plagio. Asociación ilícita y plagio.

La sala de audiencias en el octavo piso está llena como llena estuvo el día en que Jorge Glas fue condenado por asociación ilícita. Tal como lo estuvo aquel 1 de diciembre de 2017 en que Rafael Correa llegó para respaldar a Glas, su amigo, quien, dicen él y sus partidarios, es un perseguido político. En el cénit del gran poder que acumuló, Correa tuiteó en 2012: “Ahora, cualquier delincuente es “perseguido político” y poner un juicio es “atentado a los DDHH”. Hasta cuándo?”. Seis años más tarde, fuera del Ecuador y del poder su discurso ha cambiado: son víctimas del lawfare, una forma “de guerra no convencional en la que la ley es usada como un medio para conseguir un objetivo militar”. La política se ha terminado de pelear en las cortes.

La prensa, los simpatizantes de Fernando Balda y los de Rafael Correa están allí. En las dos primeras filas, junto a la puerta de ingreso, del lado izquierdo, están los rostros inconfundibles de los más fervientes admiradores del expresidente Correa: su excanciller, Ricardo Patiño, las asambleístas Soledad Buendía, Liliana Durán y Marcela Aguiñaga, los exasambleístas Paola Pabón y Virgilio Hernández, la exministra de Inclusión Económica y Social, Doris Solís. Está también Gabriela Rivadeneira, ex presidenta de la Asamblea entre 2013 y 2017, y que la semana pasada sufrió los estragos del gas lacrimógeno con el que la Policía reprimió una manifestación correísta. En la audiencia, unos con las manos entrelazadas a la altura del pecho, otros con la mirada baja, compartían una expresión angustiosa que los ecuatorianos no les conocíamos.

Ex autoridades simpatizantes de Rafael Correa asistieron a la audiencia. Fotografía de Sol Borja para GK.

Ex autoridades simpatizantes de Rafael Correa asistieron a la audiencia. Fotografía de Sol Borja para GK.

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Luego del recuento del caso, el fiscal Pérez dice que la Fiscalía se respalda en quince indicios. Entre ellos, cartas que Raúl Chicaiza, el exagente de la Senain que habría participado en el secuestro de Balda, le escribió a Correa cuando era Presidente. La Fiscalía quiere demostrar que Chicaiza tenía apoyo institucional y político para desarrollar las acciones necesarias que terminaron con el secuestro de Balda.

“Señor Presidente, para informarle que desde los organismos oficiales no se ha hecho nada para controlar el proceso penal en Colombia a pesar de que en varias ocasiones usted así lo ha ordenado” dice en una carta del 23 de septiembre de 2015. El fiscal Pérez la lee parsimonioso. Otro indicio es la versión de Diego Vallejo, exasesor del Ministerio del Interior. Vallejo dice que contaban con fotos de Balda de abril de 2011, más de un año antes del secuestro. Menciona además la participación en reuniones junto con otras autoridades: Javier Córdoba, Viceministro del Interior y Leidy Zúñiga, Ministra de Justicia. Según Vallejo, Serrano les habría dicho que Correa estaba muy enojado por un video en el que Balda lo increpaba fuertemente. Según la versión del exasesor, Correa habría pedido que se trasladen a Balda al Ecuador “a toda costa”.

Mientras el Fiscal enumera las pruebas, el Secretario intenta copiar rápidamente lo que dice. La jueza le pide que hable más lento, por un tema de registro.

— Con todo gusto, responde el Fiscal y retoma, intentando hablar más pausado.

Dice que hay documentos de la Contraloría que llegaron la misma mañana del juicio. Son respaldos de un examen especial que hace la entidad sobre los gastos especiales entre el 1 de junio y el 31 de agosto. Habría, además, cheques emitidos por la Senain y cobrados por Chicaiza, con los montos correspondientes a la operación del secuestro de Balda. Adicionalmente en un documento de la Secretaría de Inteligencia, se registra la operación denominada Secuestro por un monto de 43 mil dólares. Otro de los respaldos presentados por la Fiscalía es un oficio de respuesta de Jorge Costa, actual director de la Senain, en el que reconoce que en la institución existe información sobre el caso Balda.

Cuando el Fiscal termina de presentar los quince elementos hace una pausa teatral. Mira de reojo a la audiencia, luego a la Jueza y baja la mirada sobre un documento que tiene en la mano. Va a pedir las medidas cautelares contra Rafael Correa.

Empieza y da un contexto pausado y jurídico sobre por qué la Fiscalía no considera necesaria la prisión preventiva contra el expresidente. Dice que Correa se ha presentado todas las veces que ha sido convocado. Al fondo del salón, en la mesa en la que está la Secretaría, una funcionaria que en diciembre se tomaba selfies con Rafael Correa, asiente. Está de acuerdo, y dice con su cabeza que Rafael Correa no merece prisión.

— Presentarse a diario ante la autoridad consular en Bélgica o ante la autoridad que usted disponga. Colocar dispositivo de vigilancia electrónica.

El Fiscal General pidió la vinculación de Rafael Correa en el caso Balda. Fotografía de la Fiscalía General del Estado.

El Fiscal General pidió la vinculación de Rafael Correa en el caso Balda. Fotografía de la Fiscalía General del Estado.

Hay un murmullo en la sala. Las dos primeras filas, ocupadas por correístas también murmuran. No lo pueden creer. Se miran entre sí. Comentan en voz baja. Se indignan.

Ha pasado una hora desde el inicio de la audiencia. Es el turno de Felipe Rodríguez, abogado defensor de Fernando Balda. Dice que será breve, que se referirá únicamente a las medidas solicitadas por Fiscalía y a la vinculación de Correa.

Mientras habla, las barras correístas de la primera fila murmuran y se ríen. Rodríguez se detiene en seco. Está de pie, al lado izquierdo de la sala. Mira a quienes parecen burlarse de su intervención. Luego mira a la Jueza, esperando que diga algo. Ella ni pestañea.

— Parece que en el público algo les está causando gracia. ¿No? ¿Están bien?

La legisladora correísta Liliana Durán le responde algo que no se alcanza a escuchar. La Jueza no se inmuta. Rodríguez prosigue, dirigiéndose al abogado de Correa. Que se limite a referirse a las medidas, le pide. Cuando termina, las barras de Balda, ubicadas al otro extremo de los correístas, aplauden. La Jueza sigue en silencio, como de piedra, como si el espectáculo le resultase ajeno.

Tras su breve intervención habla Caupolicán Ochoa, defensor de Rafael Correa. Ochoa es alto, rotundo, y combina una media calva redonda y brillante con unas canas plateadas. Representó al expresidente durante la década que gobernó. Fue también su abogado en la primera batalla judicial que perdió Correa en julio de 2017, apenas mes y medio después de dejar Carondelet: Martín Pallares publicó en el portal 4Pelagatos una columna de opinión titulada Si a Correa le sorprenden robando podría decir que estaba cuidando. Correa lo enjuicio porque consideraba que Pallares había proferido “expresiones de descrédito y deshonra en su contra”, pero perdió.

Los abogados de Rafael Correa en la audiencia de vinculación. Fotografía Sol Borja para GK.

Los abogados de Rafael Correa en la audiencia de vinculación. Fotografía Sol Borja para GK.

Ochoa se pone de pie. La jueza lo mira a través de sus lentes sin marco. Él empieza dirigiéndose al abogado Rodríguez.

— No creo que debe tener temor de lo que voy a decir.  

Continúa hablando rápido, con la seguridad de un abogado recorrido. Intenta deslegitimar la participación de Pérez Reina como Fiscal. Que aún no lo ha posesionado la Asamblea, dice. La Jueza lo interrumpe: debe pronunciarse sobre la vinculación y las medidas cautelares para su cliente. Ochoa la ignora. Dice que los argumentos del Fiscal son inverosímiles cuando se refiere una supuesta reunión entre autoridades en la que se habría hablado de regresar a Balda al país. La jueza lo vuelve a interrumpir. Hasta ahí, su rostro se había mantenido imperturbable. Como si asistiera a un trámite ordinario. Nada en su expresión podía revelar que se trataba de un hecho histórico: un expresidente que podría enfrentar un juicio penal.

— No estamos en análisis de indicios. Pronunciése únicamente sobre las medidas y la vinculación.

Ochoa sigue. Que se busca comprometer penalmente el nombre del expresidente, dice, que no hay nada en contra de su cliente, que los documentos presentados por la Fiscalía son una “montaña infame”. Utilizó palabras como imprompio, desatinado, triquiñuelas, subterfugios. Alabó la “grandeza humana” de Rafael Correa.

— Se quiere destruir a un hombre al que el país le debe tanto.  

En la sala se oyen risas pero él no las escucha. Argumenta sobre la necesidad de movilizarse del expresidente. Tiene que viajar para mantener a su familia, dice. Pide que no se acepte la medida solicitada por la Fiscalía. Saca unos documentos que le alcanza su hijo, César Ochoa, también abogado de Correa. Tiene dificultad en leer, pide perdón por eso.

Habla de conferencias a las que tendrá que asistir el expresidente —luego Felipe Rodríguez revisará los documentos, dirá que son copias simples, por lo tanto inválidas, y que en todo caso la única fecha comprometida se trata de una invitación por videoconferencia, paras las que Correa no necesita desplazarse—. Intenta descifrar otros papeles, supongo que están en francés, dice Ochoa. Se exaspera de no encontrar lo que busca, deja los papeles que tenía en la mano y retoma su presentación jurídica.

— Me opongo a las medidas. Este es un andamiaje perverso con el que se lo quiere comprometer con fines políticos. Me opongo. Rafael Correa responderá con dignidad y altivez.

La línea final parece una slogan de campaña. Ricardo Patiño, en primera fila, asiente satisfecho.

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Desde el lunes 2 de julio de 2018, Rafael Correa, el expresidente que reside en Bélgica desde julio de 2017, tendrá que presentarse cada quince días ante la Secretaría de la Sala Penal de la Corte Nacional de Justicia, ubicada en el centro norte de Quito. Esa es la decisión de la jueza Daniella Camacho. Nada dice sobre el dispositivo electrónico.

Soledad Buendía, asambleísta correísta, improvisó tarima para dirigirse a los simpatizantes. Fotografía del Ministerio del Interior.

Soledad Buendía, asambleísta correísta, improvisó tarima para dirigirse a los simpatizantes. Fotografía del Ministerio del Interior.

Caupolicán Ochoa protesta: sería atentar contra el derecho a la movilidad de su cliente, que tiene residencia en Bélgica. La jueza se mantiene firme. Hay ruido en la sala, se empieza a levantar el público. Las barras de Balda aplauden y gritan en favor de la jueza Camacho.  

— ¡Lárguense! ¡Corruptos!

Patiño regresa a ver con ira.

— ¡Ustedes lárguense!

En la entrada de la Corte Nacional de Justicia, un grupo de simpatizantes correístas causó desmanes. Fotografía de Sol Borja para GK.

En la entrada de la Corte Nacional de Justicia, un grupo de simpatizantes correístas causó desmanes. Fotografía de Sol Borja para GK.

La Policía los custodia para que salgan primero de la sala. En el pasillo se juntan con Caupolicán Ochoa para la rueda de prensa en la que Ochoa criticará la actuación de la Jueza.

En la calle, las barras correístas furibundas reaccionan lanzando huevos, tomates y palos a la prensa. Insultan. Soledad Buendía aparecerá en una tarima improvisada para dirigirse a sus simpatizantes. Ya no hay fiesta, como cuando Correa era Presidente. Como cuando Caupolicán Ochoa se mostraba seguro de sus triunfo. Como cuando Patiño, Buendía, Solís, Rivadeneira, Hernández no miraban angustiados al piso, sino que sonreían. Como cuando Rafael ganaba todos los juicios. Como cuando eran el poder.

UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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Ecuador, otra vez al fondo

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El presidente Lenín Moreno propuso en su informe a la Nación volver a utilizar una herramienta que en el pasado no le funcionó al Ecuador: crear un fondo petrolero. La propuesta de Moreno tiene apenas un literal, que crea el fondo, pero que no dice nada sobre sus fines, su estructura de gobernanza o de las reglas que debe seguir. Esto podría ser el inicio de la repetición de los errores que estos fondos tuvieron en el pasado y, también, los problemas que produjo su eliminación.

Saber los fines, estructura y administración de un fondo es crucial.  Deberían constar de manera explícita en la Ley que se aprobase. El equipo económico del gobierno debería asesorarse de organismos internacionales u organizaciones de la sociedad civil que promueven una gobernanza más eficiente y transparente de recursos naturales no renovables.

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Los fondos de por sí no son buenos o malos. Su utilidad para un país depende de cómo se los utilice. “Un fondo soberano recoge ingresos que provienen de recursos naturales no renovables y los canaliza de una manera preestablecida  —reglas previsibles y estables, definidas desde su creación” explicaba en este análisis de 2016. El Instituto para la Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI, por sus siglas en inglés) estimaba que en el mundo existían 58 fondos soberanos. “La mayoría son nacionales para beneficio de países enteros, y otros como Alaska (Estados Unidos) y Alberta (Canadá) son subnacionales: manejan esquemas similares y son de beneficio estatal y provincial.

No es la primera vez en la historia del Ecuador que el país utilizaría este tipo de herramientas.  El primero se llamó Fondo de Estabilización Petrolero y fue creado en 1999. Después de ese tuvimos un collage de fondos: de Inversión en Energía y Sectores Estratégicos, Cuenta Especial de Reactivación Productiva y Social del Desarrollo Científico y Tecnológico y de la Estabilización Fiscal, Fondo de Ahorro y Contingencias. Se terminaron en el 2008 cuando la Asamblea Constituyente aprobó la Ley Orgánica para la Recuperación del Uso de los Recursos Petroleros del Estado y Racionalización Administrativa de los Procesos de Endeudamiento.

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Los fondos petroleros pueden tener diferentes diseños, funciones y niveles de éxito. Guardar o ahorrar parte de este tipo de ingreso puede servir varias funciones; por ejemplo, estos recursos se pueden usar para estabilidad macroeconómica, para promover diversificación económica o para enfrentar desastres naturales (como terremotos o inundaciones). Pero la forma de estos fondos y el uso que tienen suele depender de las condiciones políticas y económicas en las que se crearon (o eliminaron). En el Ecuador, los cambios en el precio del petróleo y la fortaleza o debilidad política del Presidente de turno moldearon su diseño e implementación.

Hay dos dimensiones en las que se puede apreciar la influencia del precio del petróleo y de las condiciones políticas en estos fondos: la renta petrolera captada —que varió dependiendo de cuánto— y de qué parte del ingreso que genera la producción y comercialización de petróleo fue ahorrado.

A medida que el precio del petróleo se incrementó durante la primera parte del siglo XXI, el Estado logró recaudar una mayor proporción del ingreso petrolero. Por ejemplo, en 1999, a través del Fondo de Estabilización Petrolera, el Estado captó el incremento generado por el aumento del precio de crudo exportado. Para el 2006 se había incorporado a estos fondos otros elementos, como el ingreso generado por la participación del Estado en la comercialización de crudos pesados, las regalías de los contratos petroleros o los ingresos generados por los activos manejados por la petrolera Oxy, entre otros.

Por otro lado, el uso de la renta petrolera fue un reflejo de las necesidades de apoyo político que tuvieron los presidentes entre 1999 y el 2006. En ese período, dos no cumplieron sus mandatos y sus reemplazantes no contaban ni siquiera con un bloque de legisladores. En esas circunstancias, la renta del petróleo fue cada vez más importante para cimentar acuerdos sociales y políticos. Si en un inicio estos recursos fueron destinados para la recompra de deuda externa, a partir de una serie de reformas legales, los beneficiarios se incrementaron a otros sectores como educación, ciencia y tecnología (universidades), reconstrucción vial en la amazonía, provincias fronterizas o para estabilización macroeconómica, entre otros usos.

El fin de los fondos, en 2008, tuvo que ver, también, con el precio del petróleo y la debilidad o fortaleza política del Ejecutivo: el incremento consistente del precio del petróleo creó una tentación difícil de resistir  y la llegada de un presidente con suficiente capital política hizo que la Constituyente, dominada por el Movimiento País, devolviera esos recursos al Presupuesto General del Estado. Correa continuó usándolos para manejar su apoyo político, pero era mejor para él hacerlo a través de la flexibilidad del presupuesto que con la rigidez de los fondos.

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Después de estas experiencias, es indispensable poner muchísima atención cómo se diseña un nuevo fondo petrolero, pero sobre todo, qué tipo de apoyo se construye alrededor de él. Por un lado, idealmente, la decisión de qué hacer con la renta petrolera debería ser parte de un nuevo acuerdo social para promover estabilidad económica y política en el futuro. Pero, la experiencia sugiere que en la práctica el tipo de acuerdo que se conforma alrededor de la distribución de estos recursos define la forma que adopta esta herramienta política. Desde esta perspectiva, una mayor participación de actores sociales y políticos pudiera promover un acuerdo y un uso de recursos que mire el largo plazo.

Un acuerdo amplio no solo beneficiaría al Ecuador (actual y del futuro), sino que la existencia de reglas claras favorecerían a cualquier grupo o partido que llegase al poder en los próximos años: su trabajo sería mejor si tienen cuentas fiscales saneadas y un fondo de estabilización en caso de que la economía sufriese algún golpe imprevisto. El presidente, su partido, la oposición y la sociedad civil aún tienen tiempo de diseñar algo mejor a lo que se ha propuesto hasta ahora.

#CasoGabela: los informes del perito Meza, explicados

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Tras el peritaje, Roberto Meza debía entregar al ministerio de Justicia tres informes sobre el asesinato.

El primero debía detallar el plan de trabajo y el cronograma, y fue entregado el 11 de abril de 2013. En el segundo debía presentar información argumentada que determine el móvil del crimen, afirmando o negando la hipótesis inicial de que el asesinato obedeció a un acto de delincuencia común —este se recibió el 15 de mayo de 2013. El tercer informe debía contener información sobre el caso, explicando si el crimen fue o no motivado por las denuncias de Jorge Gabela sobre la compra de los helicópteros Dhruv. Este tercer informe habría sido entregado a Jéssica Jaramillo el 23 de agosto de ese año y revisado por el Comité Interinstitucional tres meses después. Sin embargo, el documento, hasta ahora, no aparece.

En junio de 2018, el perito Meza anunció que viajaría a Ecuador, solicitando garantías para hacerlo. Dijo que temía ser vinculadocon el tráfico o consumo de drogas, porque la última vez que estuvo en el país fue intimidado. Dijo que venía a “dar la cara” sobre las dudas existentes en cuanto al peritaje del caso Gabela y otros casos que analizó. En declaraciones a los medios, Meza aseguró que entregó el tercer informe del asesinato de Jorge Gabela al Ministerio de Justicia. Dijo que en ese mismo informe constan nombres de varios oficiales de las Fuerzas Aéreas Ecuatorianas (FAE) que estarían involucrados en la muerte de Gabela.

Este informe no ha sido entregado a la Fiscalía pues —según aseguró Meza— por los términos de su contrato, él no podía guardar ninguna copia. La única versión debía ser entregada al Ministerio de Justicia, que fue la entidad que contrató la consultoría. Ledy Zúñiga, entonces ministra de Justicia, dijo que el informe fue entregado al expresidenteRafael Correa. Zúñiga presentó el informe incompleto y mutilado a la prensa y dijo que en este se había determinado que la muerte de Gabela no se relacionaba con las denuncias sobre los helicópteros y que el asesinato fue un intento de robo. En mayo de 2018 el mismo informe fue entregado por el Ministerio de Justicia a la Fiscalía, la Ministra de Justicia del actual gobierno, Rosana Alvarado, hizo la entrega.

Patricia Ochoa, viuda de Gabela, cree que el ocultamiento de este informe responde a presiones de exfuncionarios del Gobierno de Rafael Correa. Con esta versión coincide el perito argentino. En varias entrevistas a medios de comunicación ecuatorianos, Meza dijo que los exasesores directos de la entonces ministra de Defensa, María Fernanda Espinosa, y del Ministro del interior, José Serrano, solicitaron no incluir en el informe el tema de los helicópteros Dhruv.

La Contraloría General del Estado emitió una glosa en junio de este año en contra de la excoordinadora Jurídica del Ministerio de Justicia, Jéssica Jaramillo, luego de que en un examen especial se determinara que Jaramillo pagó “por un producto que no existe”, refiriéndose al tercer informe del caso Gabela.

Meza no quiso dar más detalles, porque el caso está en indagación previa.

Los cuerpos de Katty Velasco y Óscar Villacís fueron repatriados

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La Secretaría Nacional de Comunicación confirmó el 4 de julio de 2018 que, tras las pericias realizadas por la fiscalía de Colombia, los cuerpos hallados en Tumaco corresponden a Katty Velasco y Óscar Villacís.

 

En una rueda de prensa en Pasto, Colombia, el director del Instituto de Medicina Legal de ese país, Carlos Valdés identificó las causas de la muerte: anemia aguda secundaria a la lesión producida por cortes en los vasos sanguíneos en el cuello y tórax. Dijo, además, que el análisis dactilar fue determinante para identificarlos y que el tiempo de muerte corresponde a aproximadamente dos meses.

 

El 6 de julio de 2018, los cuerpos de la pareja ecuatoriana fueron repatriados en un avión de la Fuerza Aérea Ecuatoriana desde Pasto, Colombia. El vuelo llegó al aeropuerto de Quito antes del mediodía. En la pista esperaban dos motobombas que lanzaron arcos de agua en homenaje a la pareja. Los ataúdes, cubiertos con banderas del Ecuador, fueron cargados por la Policía Nacional hacia los familiares de las víctimas quienes estaban en la pista. Al recibimiento acudieron  los familiares de los tres periodistas asesinados de diario El Comercio.

 

Ese mismo día, el cuerpo de Katty fue llevado en caravana hacia la funeraria Necrópoli en el norte de Quito para ser velado. El cuerpo de Óscar, en cambio, fue trasladado en una caravana a Santo Domingo de los Tsáchilas.

La última presea del cura Cordero

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Jorge Palacios tiene 63 años y su mirada, casi siempre, hacia el piso. En abril del 2018 apareció por primera vez en televisión: dio una entrevista a Teleamazonas en la que contó que de niño había sido víctima de abuso sexual. Con titubeos pero decidido dijo frente a la cámara lo que en otras ocasiones ya había intentado contar: “Él les decía a mis papás ‘estoy enfermo, mándenle al niño a que me acompañe’. Y después de un momento decía a dos o tres niños vengan para acá. A su cama. A violarnos, a hacer lo que él quería”. Jorge tenía seis años y su abusador  poco más de 30. Hoy tiene 91 y su nombre está grabado en la historia de Cuenca: César Cordero Moscoso, el mismo sacerdote que fundó una comunidad educativa con más de diez establecimientos en el sur del Ecuador .

Hace sesenta años, César Cordero era el párroco del barrio La Salle, en el centro de Cuenca y daba catequesis a los niños. Ahí conoció a Jorge, quien tenía cinco. El sacerdote le ofreció una beca para que estudiara en una escuela fundada por él. “Les dijo a mis padres: ustedes no pagan, el niño viene a estudiar aquí. Durante toda la instrucción primaria fui su favorito… después ingresé al colegio, porque el padre puso un colegio normal católico. Estuve ahí dos años. Seguía siendo usado por el padre”. Jorge fue víctima de Cordero hasta los 14, cuando rompió por primera vez el silencio y le contó lo que sucedía, en confesión, al sacerdote Guillermo Mensi. “Él me rescató y me llevó a estudiar en el colegio Técnico Salesiano”. El abuso se ocultó como si nada hubiese pasado. Mensi lo alejó de Cordero pero tuvieron que pasar 49 años más para que Jorge sea rescatado de verdad.

Desde muy joven, después de ordenarse sacerdote y graduarse como educador, el cura Cordero, como se lo conoce en Cuenca, fundó los jardines de infantes Vicente Escandón y Rafael Campoverde Galán; las escuelas Miguel Ortiz, Arzobispo Serrano y Jesús Cordero Dávila, los colegios Miguel Cordero Crespo y Elena Moscoso; la Universidad Católica de Cuenca con sedes en Azogues, Cañar, La Troncal, Macas, Méndez y Tena; talleres de enseñanza; el Hospital Universitario Católico de Cuenca; el canal de televisión Telecuenca; la radio Ondas Cañaris y la Editorial Universitaria Católica. También recorrió Latinoamérica hablando de Educación y Academia, y era conocido por promover reformas a favor del sector obrero y artesanal de su ciudad. Acumuló los méritos suficientes para convertirse en un coleccionador de reconocimientos, como la medalla Vicente Rocafuerte del Congreso Nacional, la insignia Hermano Miguel del Municipio de Cuenca o la Medalla Eugenio Espejo de la Confederación ecuatoriana de Periodismo.

En los medios, Cordero era retratado como un religioso estudiado, muy culto y preocupado por la Educación. Una nota breve publicada en diario El Universo en 2003 resalta su “vocación literaria y artística” heredada supuestamente de su abuelo, el poeta y expresidente del Ecuador Luis Cordero Crespo. “De allí su ejemplar labor como gestor de la Comunidad Educativa Católica de Cuenca, Azogues y Macas” dice la breve semblanza. Al final de la nota se mencionan más de sus logros: doctor honoris causa por universidades de Clayton, Estados Unidos; del Golfo, en México; de Gales, en Inglaterra…

Su último reconocimiento local, el que le iba a entregar el Concejo Cantonal de Cuenca el 12 de abril del 2018 por sus “trascendentales servicios a la ciudad” fue el que motivó  a Jorge Palacios a romper el silencio.

El día que lo hizo, el sacerdote lleno de méritos y medallas empezó a derrumbarse.

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Aunque no era la primera vez que Jorge contaba su historia, sí fue la primera en público. Cuando se enteró que el Concejo Cantonal de Cuenca había resuelto otorgar al cura Cordero la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos —la más importante que se entrega el 12 de abril por las fiestas de fundación—, María Palacios, la hermana de Jorge, envió una carta al alcalde Marcelo Cabrera, en la que contaba lo ocurrido y le pedía que no le entreguen la insignia. Un día después, el Alcalde convocó a una sesión extraordinaria para la noche del 11 de abril, para tratar el tema. Pero el debate se suspendió porque el sacerdote renunció a la presea alegando que se encontraba mal de salud.

El tema se quedó en el aire. Corrió como un rumor en Cuenca. Pero fue uno que se diluyó pronto en una ciudad donde los rumores, con los días, toman más fuerza. El poder y los méritos de Cordero seguían siendo más fuertes que el testimonio de una víctima de abuso sexual, más aún si se trataba de un adulto que contaba lo ocurrido hacia más de 50 años. Aunque era un rumor nuevo en Cuenca, el testimonio de Jorge sí era conocido por algunos desde antes: la primera vez que intentó ser escuchado fue en 2010. Hace ocho años se acercó a la Junta Cantonal Protectora de Derechos de la ciudad a denunciar el abuso. La institución recibió la denuncia y emitió una resolución para que el cura no se acercara  a los planteles educativos y el proceso sea remitido a la Fiscalía, al Ministerio de Educación y a la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen). Nunca se aplicó. Ni nadie se enteró.

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Cuando se conoció la historia de Jorge por su testimonio en televisión, el Concejo Cantonal puso sus ojos sobre la Junta Protectora —aquella que había recibido ocho años antes su denuncia— y la declaró en emergencia para investigar lo ocurrido. El concejal Xavier Barrera dice que se encontraron “aparentes omisiones” en el manejo de este caso. Según el concejal y el coordinador zonal de Educación, Henry Calle, la denuncia sí se encuentra en los archivos de la Junta pero no hay rastro de la notificación que se debía entregar al sacerdote. Cordero siguió siendo parte de la planta directiva de las instituciones educativas hasta agosto del 2013, cuando decidió retirarse.

En el mismo 2010, la familia Palacios acudió al arzobispo de Cuenca de ese entonces, monseñor Luis Cabrera, quien en 2018 admitió haber recibido la denuncia y, además, dijo, se lo había contado  al Nuncio Apostólico de ese entonces, Giacomo Ottonello. Cabrera, en una entrevista con Radio Tomebamba en mayo de 2018, habló sobre el proceso que debe seguir una víctima para denunciar el abuso por parte de un sacerdote y luego, refiriéndose a Cordero, dijo que “en este caso en concreto no hubo la acusación formal ante el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Cuenca por parte de la víctima, por consiguiente, no se me puede acusar de encubrimiento ni tampoco de negligencia”.  La hermana de Jorge, María Palacios, estuvo en esa reunión hace ocho años y dice, refiriéndose a Cabrera, que “en su oficina, yo le entregué los documentos… me recibió la denuncia, me recibió los documentos”.

El siguiente intento de Jorge fue conversar con Monseñor Antonio Arregui, quien en 2011 era el presidente de la Conferencia Episcopal del Ecuador, recuerda su hija Tatiana Palacios, mientras muestra el documento en el que consta la firma de recibido, hace siete años. “La respuesta fue bastante fría y quemeimportista. Dijeron que lamentaban el suceso, pero que el sacerdote ya está viejo y que la justicia divina será encargada de juzgarle y darle su castigo”, contó Tatiana, en una rueda de prensa convocada por su familia el 23 de abril.

A esa rueda de prensa, Jorge llegó un poco nervioso, acompañado de su hermana y su hija. Sentado en la glorieta del Parque Calderón, con la voz algo temblorosa, empezó a contar su historia que ya había repetido en menos de un mes, más de seis veces en entrevistas a medios y dos ruedas de prensa.

“¿Por qué ahora?”, le preguntó una periodista.

“Juzgamos a las personas como que yo hubiera tenido la culpa, como que yo era el pervertido. Muchas veces yo me acerqué a algún medio de comunicación, a un periodista medio amigo (que trabajaba en Teleamazonas), pero nunca tuve eco”, respondió Jorge.

Esta vez todos los medios de la ciudad lo rodeaban y lo llenaban de preguntas. Esta vez sí lo escucharon. Pero pasaron ocho años sin que nadie —ni los periodistas que él contactó, ni la Arquidiócesis de Cuenca, ni la Junta Cantonal, ni la Conferencia Episcopal— dijera ni hiciera nada.

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El anuncio de la entrega de la presea hizo que el silencio fuera demasiado pesado. Tanto, que pocos días después de que Jorge hablara en televisión, dos nuevas víctimas hicieron lo mismo. El segundo en romper el silencio fue José, quien prefirió ocultar su rostro. Contó que había sido abusado cuatro veces por Cordero cuando tenía 16 años. “Era una persona que imprimía miedo, ese era el modus operandi de él”, recordó. La tercera víctima se presentó como Enrique y tiene 63 años. A los siete fue agredido por primera vez por el sacerdote: “Me cogió y me sentó en las piernas, me empezó a besar y me violó”. Eso ocurrió varias veces durante tres años. Enrique dice que no ha podido recuperarse: “Soy un desadaptado, socialmente no me encuentro bien”.

Durante cuatro semanas, el tema ocupó espacios en algunos medios, y aunque había tres testimonios desgarradores seguía siendo un relato sin fuerza. Hasta que dos víctimas más de Cordero rompieron el silencio, y en Guayaquil aparecieron diez víctimas de abuso sexual por parte del sacerdote Luis Fernando Intriago, y la Iglesia ecuatoriana, después de años de evadir  el tema, no pudo mirar para otro lado. Finalmente, hizo lo que debió hacer ocho años atrás: pidió la intervención de un investigador especializado en denuncias de abuso sexual en contra de sacerdotes. La Arquidiócesis de Cuenca solicitó la presencia del delegado del Vaticano, y el 22 de mayo llegó a Cuenca el presbítero Jaime Ortiz de Lazcano, el vicario español que investigó en Chile los casos de abuso sexual por parte de los sacerdotes Fernando Karadima y Cristian Precht, que desataron una crisis en la Iglesia Católica de ese país que concluyó en la renuncia de todos los obispos chilenos.

Fue entonces cuando la imagen del cura Cordero empezó a caer. Y fue literal: cayó su monumento de dos metros que decoraba la fachada de la Basílica de Cuenca. La Universidad Católica, fundada por él, ordenó retirarla. La figura brillante con sotana y un crucifijo en la mano derecha, recostada sobre la paila de una camioneta, fue el presagio de lo que ocurriría esa semana. En las instituciones fundadas por él corrió la orden del rector de la Universidad Católica, y avalada después por el Ministerio de Educación, de retirar sus monumentos, sus retratos, de borrar su nombre de las fachadas y de retirar todo símbolo que pueda recordarlo. Un día después, Jorge Palacios acudía a la Fiscalía del Azuay a rendir su versión y en la tarde, unas dos mil personas, entre estudiantes de escuelas, activistas, víctimas y sus familias salieron del letargo en el que permanecía la ciudad entera. Marcharon por la céntrica calle Bolívar, se detuvieron en la fachada de la Curia recordando que esperan es justicia, y llegaron hasta el Parque Calderón.

Al siguiente día de la marcha circuló el comunicado de la Arquidiócesis de Cuenca que aceptaba como “verosímiles” los testimonios de las víctimas, suspendía al cura Cordero y pedía perdón. “Hacemos un ‘mea culpa’, a las víctimas, personas y comunidades que hubieran sido afectadas por los escándalos de clérigos, les pedimos perdón”, dice el documento.

Después de siete días de entrevistas con las víctimas y con Cordero, el investigador Jorge Ortiz de Lazcano escribió un informe y se lo entregó, en sus manos, al Papa Francisco. El informe era reservado, pero se filtró —y difundió por redes sociales y grupos de Whatsapp—  la respuesta de Cordero a algunas preguntas del investigador. El sacerdote se declaró inocente y se refirió a las víctimas de violencia sexual así:

“Lo que yo pienso es que últimamente este tema se ha puesto muy de moda y tengo toda la impresión que hay muchas personas que con el objetivo de obtener dinero acusan a los sacerdotes de delitos tan graves. Además, a mí me parece que en el tema de los abusos se da una cierta complicidad puesto que aquel que quiere mantenerse íntegro no permite que el abuso tenga lugar…”

Cordero también cuestionó al Papa: “Me llama mucho la atención la actitud del Papa Francisco de pedir perdón a las víctimas. Por mi experiencia personal puedo decir que pedir perdón me parece algo muy difícil, propio solo de aquellos más santos por eso me llama la atención que el Papa Francisco descienda y se abaje de su dignidad de sucesor de Pedro y se ponga a la altura de unos malhechores pidiéndoles perdón…”

Fueron las únicas y últimas palabras de Cordero sobre las denuncias que pesan en su contra porque la Arquidiócesis le ordenó abstenerse de hacer declaraciones en público. Desde su oficina en la Arquidiócesis, el padre Joffre Astudillo, secretario de Comunicación de la Curia de Cuenca, dice que esas declaraciones agravan el proceso. “No estamos de acuerdo con este pronunciamiento, no estamos de acuerdo con la manifestación que hace respecto a la posición del Papa Francisco. Es una posición de una persona, más no de la Arquidiócesis de Cuenca”.

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María Palacios, la hermana de Jorge, cree que la respuesta de la Iglesia es “solo un impulso” a la lucha que emprendieron y espera todavía una acción más contundente. “El juicio va a demorar mucho tiempo, pero sabemos que el sacerdote está en muy buenas condiciones y esperamos que dure hasta que la (Congregación para la) Doctrina de la Fe nos dé el veredicto”. Astudillo dice que la Iglesia se ha “comprometido a presionar la celeridad en el proceso. No sabemos cuánto tiempo puede durar”.  

La otra justicia, la terrenal, también tiene el caso en sus manos. Hasta ahora, seis víctimas han denunciado públicamente al cura Cordero. Todos los casos están prescritos porque ocurrieron hace más de cincuenta años. Sin embargo, el fiscal general encargado, Paúl Pérez Reina, recibió a las víctimas el 16 de junio en Quito y se comprometió a agilizar el proceso investigativo.

Han pasado dos meses desde que el Concejo Cantonal de Cuenca anunció que otorgaría  la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos a César Cordero, el hecho que desencadenó que las denuncias de abuso sexual en contra del sacerdote salgan a la luz. En lugar de tener  una medalla más, el cura Cordero ha perdido la insignia Hermano Miguel —que recibió en 1981 por su aporte a la educación; la medalla Huayna Cápac, que le otorgó el Consejo Provincial en el 2004; y el título honorífico que tenía como rector de la Universidad de Cuenca.

Ha perdido también el título de hombre intocable que se ganó durante décadas.

Todos comemos

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Yo tenía celos de Anthony Bourdain. Hace años, cuando empezamos a ver su programa juntos, mi pareja de entonces me advirtió que, sin importar qué pasara con nuestra relación, ella me dejaría sin pensarlo por él. De tener la oportunidad, me abandonaría por una travesía a tierras desconocidas o por una noche de pasión, cócteles y recetas extravagantes. Para ella daba igual. Para mí, era entendible. Bourdain era un Indiana Jones gastronómico, un chef carismático que podía escribir y describir al mundo y toda su complejidad desde la sazón, los aromas y las texturas de la comida. Incursionaba en huecas sin miedo a las repercusiones estomacales —yo todavía sufro los efectos devastadores del colon irritable— y llegaba a lugares de contextos tan opuestos como la franja de Gaza, en Palestina, y Virginia del Oeste, un estado conservador de los Estados Unidos. Comiendo y conversando sobre lo más cotidiano, Bourdain — quien se suicidó la mañana del viernes 8 de junio de 2018— nos recordaba, casi sin que nos demos cuenta, de una verdad tan redundante como necesaria: “Todos comemos”.

Cuando Bourdain probó el ceviche de Puerto López, en Manabí —para un episodio de No Reservations sobre Ecuador— parecía casi ofendido al ver que se servía con salsa de tomate. “¿Qué diablos es eso en mi ceviche?” dijo impresionado. Bourdain no tenía pelos en la lengua.

Aunque decía lo que pensaba de los platos que encontraba y de las realidades que visitaba, también escuchaba y aprendía. Sus viajes no eran los del observador o del voyerista antropológico típico. Comiendo y sentándose a comer, Bourdain desafiaba la dinámica del hombre blanco que se aventura al mundo de lo exótico a estudiarlo o descubrirlo. El no descubría a nadie, excepto quizás, a sí mismo. Tampoco pretendía hacerlo. “Dios no quiere que pongamos ketchup en el ceviche”, bromeó con el actor ecuatoriano Andrés Crespo, que lo guiaba por la cocina playera. Después de probarlo, Bourdain se desdijo: “Está rico”, reconoció risueño.

Dios no quiere que pongamos ketchup en el ceviche, pero es lo que hay.

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Es lo que hay. Bourdain demostraba de forma amena lo que la antropología ha tratado de decir por años de formas mucho más densas y enredadas: que la cultura no es más que nuestra forma de dar sentido, significado, a nuestra realidad material.

Lo hacía con encanto pedagógico y conciencia política, contando historias de la cotidianidad de la gente que conocía. “Soy siempre el más tonto en el cuarto donde sea que vaya”, decía en una entrevista para la revista New Yorker. Esa actitud es palpable. Su honestidad no se sentía arrogante, sino espontánea y amigable. En Islandia, en un episodio de No Reservations calificó al tiburón fermentado que prueba como ‘asqueroso’. Sin rodeos ni corrección política, su humor honesto tiraba al piso a la relación entre el visitante y el anfitrión, y la dejaba en un plano totalmente horizontal: era siempre de tú a tú.

Bourdain nos contó los secretos que escondía el mundo de la alta cocina neoyorquina. Fue en un ensayo que publicó en la revista New Yorker que se titula No comas sin antes leer esto en el que el chef le quitaba el velo glam a lo más conspicuo del panorama culinario de su ciudad.

La franqueza total de su texto —donde describía a las cocinas como espacios enclaustrados violentos, ebrios y tóxicos, y comparaba a sus ocupantes con una banda de marineros malditos sin lealtad a ninguna otra bandera que la propia— lo lanzó al estrellato. La industria restaurantera está basada en un truco: la ilusión del disfrute sin preocupaciones. Se suponía que nadie quería saber cómo la comida del plato terminaba siendo la comida en el plato, pero cuando Bourdain lo contó, el mundo se fascinó al punto que lo convirtió en uno de los más célebres autores gastronómicos Su cara pasó de televisor en televisor, sin perder su cercanía y frescura.

Helen Rosner lo dijo el mismo fatídico viernes en que lo perdimos: “La fama de Bourdain no era la distante y laqueada de los actores o los músicos, empaquetada y vendida como un catálogo de estilo de vida. Bourdain era como tu hermano, tu tío chévere, tu papá en su imposible versión cool, tu amigo más real e inteligente, que salía caminar tras unas cervezas una noche y terminaba en frente a unas cámaras de televisión y decía quedarse ahí”.

Nadie estuvo fuera del alcance de la franqueza de Bourdain. Cuando el reconocido chef Mario Batali, acusado de acoso sexual, intentó regresar a la escena pública, Bourdain, quien lo admiraba y consideraba su amigo, le dijo, públicamente: “Retírate y considérate afortunado. Lo digo sin malicia, o sin mucha malicia. No perdono. No puedo pasarla página. No puedo, y ese soy yo, alguien que realmente lo admiraba y pensaba lo máximo de él”. Bourdain, el cocinero con aspecto de chico malo, había escogido a la verdad y las víctimas antes que a las celebridades y las poses.

Es quien era. Porque Anthony Bourdain, lo dijo Rosner pero lo pensábamos todos, construyó su carrera diciendo la verdad.

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Después del suicido de Bourdain, los tributos en medios destacaron virtudes tan diversas como los lugares que visitó. Su storytelling, su humor, la filosofía detrás del viaje y la aventura. Era un hombre que encantaba. Sus sitios eran las huecas, los rincones gastronómicos de cada país donde se comía cotidianamente. Podía sentarse a conversar con el presidente Obama en un banquito de plástico en Hanoi, Vietnam, tomando una cerveza de dos dólares, probar los platos, reir y a la vez hablar de los efectos de la Guerra de Vietnam en ese país. Así como había retratado la cruda realidad detrás del fine-dining y de la industria gastronómica de Nueva York, sus encuentros con frecuencia celebraban el encanto, el sabor, de los comedores populares en el mundo.

Esas experiencias lo habían convertido en alguien sensible y atento a las realidades de los desprotegidos e ignorados en general. Sobre los migrantes en Estados Unidos, por ejemplo, Bourdain siempre destacó su admiración por su trabajo y compromiso. Después del triunfo de Trump, su voz en defensa de ellos fue aún más vigorosa. “Hombre, mujer, gay, hetero, legal, ilegal, país de origen— ¿qué importa? O puedes hacer un buen omelet, o no.” Tampoco le interesaban los clichés y aunque denunciaba firmemente violencias como las de Israel sobre la franja de Gaza, sus entrevistados no eran retratados como simple víctimas. En la comida, Bourdain encontraba la resistencia y el poder de lo cotidiano.  

Como dice el escritor Damon Young, las virtudes de Bourdain eran destacables porque no deberían ser destacables. Bourdain no era un benefactor sino un hombre decente, empático, auto-crítico. Pero a través de la comida, de lo particular de los mundos que visitaba, volvía inconfundible, imborrable a esa humanidad de todos. “No somos tan diferentes” es la paradójica observación que hace en una entrevista para la New Yorker.

En Virginia del Oeste, el corazón del voto republicano, conservador, Bourdain dijo haberse sentido sorpresivamente cómodo, feliz. Siéntate a comer con alguien, escucha, y te das cuenta de que “todos hacemos lo mejor posible”.

¿La salsa de tomate en el ceviche? Hacemos lo que podemos con lo que hay. A veces esto resulta en platos deliciosos, otra veces no. Algo así pasa con la política y la religión. Como una versión más poética, del libro infantil Todos hacemos caca de Tarō Gomi. Todos comemos.

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Cuando yo vivía en Nueva York trabajé por meses en un restaurante etíope. La mayoría de los platos se servían sobre una cerámica redonda que se colocaba en el centro de la mesa, cubierta de pan injera. El pan —ligero, poroso y un poco dulce— se utilizaba para comer con la mano. Según la chef, comer con la mano es una forma distintiva de relacionarse con la comida y, por eso mismo, con el mundo. La experiencia táctil era tan importante como el sabor. “Chuparse los dedos” es darse cariño a uno mismo, bromeaba. Todos de un mismo plato, comiendo con la mano.

No todos quienes llegaban se sentían cómodos con la experiencia y muchos pedían cubiertos. Para la chef esa gente “probablemente era pésima en la cama”. Lo decía medio en serio, medio en broma, pero para ella demostraban que no eran capaces de sentir con su cuerpo al otro, de arriesgarse y disfrutar de hacerlo.

Eso es lo que hacía Bourdain. Anthony Michael Bourdain, hijo de un francés y una estadounidense, jamás habría pedido cubiertos, jamás habría querido imponer sus cánones en las mesas ajenas. Él comía como comen los otros, a los que siempre nos dijo la verdad, mientras nos enseñaba el mundo, y nos recordaba que todo estamos haciendo lo mejor que podíamos.

La orden de prisión contra Rafael Correa, explicada

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La jueza de la Corte Nacional Daniela Camacho dictó el 3 de julio de 2018 orden de prisión preventiva contra el ex presidente Rafael Correa. Además, solicitará, además, a la Interpol que se emita una alerta roja para la localización y extradición de Correa.

Camacho acogió el pedido de la Fiscalía en la audiencia de cambio de medidas cautelares que, ese día, se llevó a cabo en la Corte Nacional de Justicia, en Quito. El 18 de junio anterior, la Corte había incluido a Correa como procesado en la instrucción fiscal por el presunto secuestro del ex asambleísta Fernando Balda.

En la audiencia de vinculación, el Fiscal General del Estado encargado, Paúl Pérez, pidió que Correa se presentase diariamente en el Consulado del Ecuador en Bruselas, ciudad en que reside desde julio de 2017 y que se le coloque un grillete electrónico. Sin embargo, Camacho no aceptó el pedido alegando que no estaba entre las funciones de los consulados recibir a personas para que cumplan órdenes judiciales. En su lugar, ordenó que el expresidente se presente cada 15 días, a partir del 2 de julio de 2018, ante la Corte en Quito. Correa no viajó al Ecuador para cumplir con la orden.

Ante el incumplimiento, la Fiscalía argumentó que si Correa no se presentó, tampoco lo haría para el resto del proceso. Por eso pidió la prisión preventiva de Correa.

Al enterarse que la Fiscalía solicitaba su prisión precentiva, Correa se pronunció en Twitter. Llamó al proceso un “farsa internacional” que no tendrá éxito.

Rafael Correa

@MashiRafael

Fiscal puesto a dedo, vinculación sin ninguna prueba, jueza que se allana al desacato de la Asamblea Nacional, medida cautelar imposible de cumplir, etc.
¿Saben cuánto éxito va a tener esta farsa a nivel internacional?
No se preocupen, todo es cuestión de tiempo.
¡Venceremos!

Fiscalía Ecuador

@FiscaliaEcuador

ATENCIÓN| Fiscal #PaúlPérezR solicitó la prisión preventiva en contra del expresidente Rafael C. por incumplimiento de medida cautelar de presentación periódica ante @CorteNacional. Pidió que se notifique a Interpol mediante difusión de alerta roja para su captura y extradición.

Ver imagen en Twitter

“Estamos ante la violación del debido proceso, esta audiencia es ilegal, inconstitucional, usted demuestra su imparcialidad”, dijo el abogado de Correa, Caupolicán Ochoa, y cuestionó, también, su conocimiento sobre garantías penales.

El pedido de medidas cautealres contra Correa produjo reacciones a favor y en contra. Penalistas y constitucionalistas han debatido si procedían. Un conocido crítico del gobierno de Correa, el abogado Ramiro García, escribió un editorial en diario El Universo cuestionando la decisión de Camacho. Alegando el carácter excepcional de la prisión preventiva, García dijo no era necesario ordenar la prisión preventiva en contra del expresidente Correa. “Ha ingresado y salido del país legalmente, y bajo presunción de inocencia debe asumirse que se presentará al juicio como corresponde. ¿Es legítima la medida cautelar dictada judicialmente en su contra? En principio sí, aunque podría no habérsela dictado, teniendo en cuenta que su residencia legal se encuentra en Bélgica. No entiendo qué problema había con que él, y cualquier procesado penalmente que resida en el exterior, pueda presentarse en la delegación consular más cercana”.

Tras la audiencia, Pérez Reina dijo que si Correa no se presenta ante el proceso, “se declarará esta figura de prófugo de la justicia”. El abogado de Balda, Felipe Rodríguez, dijo que aún no se había notificado por escrito la decisión de la Corte y que el proceso ante la Interpol para la alerta roja podría tomar unas dos semanas.

Una decena de acusaciones de abuso sexual en una iglesia católica de Guayaquil sigue sin resolverse

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e hacía desnudar. Yo me quedaba desnudo, amarrado, porque te amarraba las piernas y las manos. La idea era hacerte sufrir porque si aguantabas, estabas haciendo una ofrenda. Cuando veía que se le estaba pasando la mano, paraba. En mi caso, me arrastró por una alfombra con los ojos vendados, las piernas amarradas, luego me llevó a la cama vendado. Esto es lo más asqueroso que me ha pasado, me da vergüenza… me trepó encima de él, como en una relación sexual. Nunca me penetró, no me tocó mis partes íntimas, por más que estuve desnudo. Pero me trepó encima de él, y con su barba como que me rozaba el pecho, el abdomen.” Quien habla es Gino P., hoy de 25 años, estudiante de Psicología. De quien habla es el reverendo Luis Fernando Intriago Páez, quien llamaba a estas prácticas la dinámica del pecado.

Por denuncias como esta, la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano ratificó la expulsión del sacerdocio del “Rev. Luis Fernando INTRIAGO PÁEZ, acusado de abuso sexual de diversos menores”. En el decreto en que lo decide, la Congregación dice que este delito debe entenderse —según la Ley de la Iglesia— como el acto cometido por un clérigo contra el sexto mandamiento con un menor que no ha cumplido 16 años. Para la legislación ecuatoriana es el acto de naturaleza sexual —excluyendo la penetración— que se hace contra la voluntad de otra persona, y que si la víctima es menor de 18 años, el que haya consentimiento es irrelevante. En la Fiscalía General del Estado hay dos investigaciones en contra de Intriago: una por abuso sexual y otra por tortura.

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Durante 7 meses, recogimos 10 testimonios como el de Gino P. —jóvenes en sus veintes que fueron sometidos a la dinámica del pecado en su adolescencia. Conversamos con 9 conocidos y excolaboradores del reverendo Intriago, con los obispos que aún son sus superiores, con una autoridad del Sodalicio de Vida Cristiana —la orden religiosa fundada en Lima de la que Intriago fue asesor espiritual. Todos los entrevistados coinciden en las acusaciones en su contra.

Gino P. pidió ser citado así, pero ese es su nombre de pila verdadero y la inicial de su apellido. De los 10 entrevistados, Juan José Bayas, Diego Guzmán, Kevin Rivas, Andrés Vizcarra, Gabriel Voelcker quisieron decir con sus nombres y apellidos lo que vivieron. Roger, Adrián, Lucas y Pedro son nombres protegidos. Todos ellos dieron sus testimonios, de forma libre y voluntaria, fueron grabados, y las historias que contaron sucedieron cuando eran adolescentes —14, 15, 16, 17 años—, y coinciden con las prácticas por las que Intriago está suspendido por la Iglesia y es investigado por la justicia ordinaria. Sus relatos guardan similitudes con los de aquellos que fueron víctimas del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, en Perú, y del sacerdote Fernando Karadima en Chile.

Juan José Bayas conoció al reverendo Luis Fernando Intriago a los 16 años. El sacerdote había dado una charla en su colegio, el Espíritu Santo de Guayaquil, donde les había hablado sobre cómo vencer al mundo. “Yo dije ‘bueno’. Él me dijo ‘yo creo que tú tienes algo interesante, qué tal si hablamos. Te puedo aconsejar muchas cosas porque eres un líder’”. Así empezaron las consejerías, sesiones individuales que ocurrían, por lo general, por las noches o madrugadas en la casa parroquial de la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, al norte de Guayaquil, una ciudad portuaria —y la más poblada— del Ecuador. Al principio, dice Bayas, las sesiones se limitaban a charlas que iban “más que de un lado espiritual, de un lado psicológico”.

— Sabes qué, hagamos una dinámica.

— ¿En qué consiste?

— ¿Tú estás consciente de que tú puedes luchar por Jesús?

— Sí, obviamente.

— Pero, ¿crees que puedes vencer todo lo que tú quieras?

— Sí.

— Chévere, vamos a hacer algo: vamos a hacer la dinámica del pecado.”

Juan José Bayas dice que no recuerda cuántas veces fue sometido a esta práctica, en la que él —desnudo, atado de piernas y manos, con los ojos vendados— era golpeado por Intriago quien le decía “tú puedes vencer al mundo”.

Juan José Bayas

En el 2013, Juan José Bayas fue la primera persona que enfrentó al reverendo Intriago.

Adrián tiene 28 años y aunque conoció a Intriago hace doce recuerda con detalles su primera dinámica: “Tenía un problema muy fuerte con mi familia y necesitaba hablar con alguien. Me dijo ‘vente’. Llegué a su casa como a la una y media de la mañana. Él estaba en pijama. Fue un diálogo bastante enriquecedor, me ayudó en ese momento, pero después me dijo ‘vamos a hacer una dinámica. Vamos a hacer la dinámica del pecado’. Me pidió que me quede en bóxer, yo estaba llorando, bastante asustado, balbuceaba y creo que él escuchó que balbuceaba ‘no puede ser, no puede ser que este man sea homosexual’, entonces seguramente eso lo asustó. Ese día me amarró, me vendó los ojos, comenzó a picarme el tórax con el dedo, para que sienta dolor. No me tocó mis partes intimas gracias a Dios. La dinámica pretendía hacerme ver cómo el pecado me tenía atado, ciego y orillado. Luego me soltó, se fue al baño. Luego me dijo ‘tranquilo, no pasa nada’”.

A Pedro —hoy de 29— Intriago le hizo la dinámica a sus 17. “Terminaba la misa y allí comenzaba el tema de ver este plan de vida personal. Él entraba de esa manera. Las dinámicas eran primero suaves, ya chévere, te ato, te hago algunas preguntas, te voy a convencer, te vas a rendir, ya chévere. Hasta allí yo lo veía normal. Ya cuando él me hizo una vez la dinámica completa, desde allí pensé ‘esto no está bien’.

—— ¿Cuál es la diferencia entre la dinámica suave y la completa?

–––– La completa tenía temas de electrocutarme, de hacerme llaves, de colgarme. Había una barra, entonces me colgaba en la barra, desnudo. Ese día si terminé mal.

Lucas, hoy de 23 años, dice que a él lo bañó en agua hirviendo. “Me arrastró desnudo por la alfombra, me dejó guindando de un palo, desnudo, de las muñecas. Mis pies no tocaban el suelo”. Tenía 16. Dice que buscó a Intriago para que lo aconsejase. Estudiaba en un colegio católico, donde le habían enseñado que la homosexualidad era un pecado, y él había descubierto que le atraían hombres y mujeres por igual. “Sufrí mucho bullying en el colegio por mi orientación sexual, era muy feo, mi etapa de colegio fue bastante oscura. Me salía de clases para ir a rezar y llorar y le decía a Dios ‘No hago nada malo, ¿por qué me tratan así?’. Entonces, con esta situación, decidí conocer a Luis Fernando Intriago”.

El reverendo Intriago le preguntó si quería ir a consejería. “Mi primera consejería fue súper suave. Hablar de Dios, vidas de la Biblia, confesarme, todo ese tipo de cosas”.

Dice Lucas que después de la sexta sesión, Intriago le dijo que Dios y  la Virgen a través de Pachi Talbot —una mujer que en la década de los 90 decía ver y hablar a la Virgen en el Valle del Cajas, al sur del Ecuador— le habían dado un aceite que olía a rosas y le habían enviado un mensaje: tenía que formar un ejército de ungidos.

Migrante

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La migración es un fenómeno creciente que es muchas veces magnificado y poco entendido. En los países desarrollados, ha servido para que tendencias nacionalistas y conservadoras lleguen al poder: Donald Trump ganó la presidencia con un discurso abiertamente xenófobo y está buscando cambiar las leyes para reducir el número de gente que puede entrar a Estados Unidos. En el Reino Unido, la inmigración fue una de las razones primordiales para que triunfara el Brexit. Varios partidos de extrema derecha en Europa han levantado sus campañas casi exclusivamente sobre el rechazo a los inmigrantes.  El tema se ha convertido en tal plataforma retórica que incluso en un país de baja inmigración como Hungría, Viktor Orban se reeligió prometiendo parar una invasión de inmigrantes (que nunca ocurrió). En América Latina y en el Ecuador, también se ha convertido en un tema central: los inmigrantes son, en muchos casos, discriminados, asociados al delito y explotados laboralmente. En países donde la gente considera que hay demasiados inmigrantes, casi siempre suele exagerarse la cifra lo que lleva a conclusiones erróneas.

En el mundo hay 258 millones de inmigrantes —según la Organización Internacional de la Migración (OIM), esto representa el 3,4% del total de la humanidad y están desproporcionadamente concentrados en pocos países: el 50% está en solo diez países.

Las cifras de inmigración tienen problemas: el estatus  de muchos de ellos no es legal y, por ende, las estadísticas podrían estar por debajo del número real. Además, los criterios para catalogar a alguien como inmigrante no son iguales en todos los países: por ejemplo, algunos incluyen a estudiantes y otros no. Además, los inmigrantes muchas veces se mueven de país en país como pasa con los refugiados o con el éxodo masivo de Venezuela. Y aun así, las cifras de la OIM son las más precisas que hay.

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Cuando miramos el top 10, el ranking varía si se lo cuenta en términos proporcionales a la población de cada país: 7 de los 10 países con mayor proporción de inmigrantes están en Medio Oriente. Cuatro de las cinco primeras naciones son todas economías ricas del Golfo Pérsico con poca población más Líbano —que acoge una cantidad enorme de refugiados palestinos y ahora sirios.

cifras de la migración

Fuente Organización Mundial de Migraciones

Paradójicamente, los países con mayor proporción de inmigrantes no parecen tener el debate sobre si son bienvenidos o no. ¿Por qué? Porque en los países del Golfo Pérsico, estos inmigrantes no son ciudadanos, y normalmente su estatus es el de trabajadores temporales con pocos derechos, aunque llevan viviendo décadas ahí.

Por el contrario, países como Canadá, Australia o Suiza han desarrollado sistemas de inmigración exitosos que permiten a los inmigrantes adaptarse rápidamente a su sociedad, al mismo tiempo que contribuyen a las sociedades locales. Resulta llamativo que en Australia o Canadá —que tienen el doble de inmigrantes en proporción que Francia o Reino Unido—, los partidos de extrema derecha tienen menos respaldo: la inmigración no tiene por qué ser un problema si se hace de manera ordenada, ayudando al migrante a entender la sociedad en la que vive y adaptarse a ella, y al mismo tiempo resaltando el impacto positivo que tienen en la economía y sociedad receptoras.

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Latinoamérica ha sido históricamente una productora de emigrantes —sobre todo desde México y Centroamérica. Al 2017, el número de inmigrantes en la región es un poco más de 8 millones: un 1,3% del total de la población de la región, por debajo de la media mundial. Este número esconde grandes diferencias: mientras en Costa Rica los inmigrantes representan más de un 8%, en Brasil, Colombia o Perú estos no pasan de un 0,4%.

              

migración en América Latina

Fuente Organización Mundial de Migraciones

                    

Argentina es el país con más inmigrantes, más de 2 millones, provenientes sobre todo de Bolivia, Paraguay y Perú. Le sigue Venezuela que históricamente había recibido una gran cantidad, sobre todo de colombianos, pero ahora ese flujo está cambiando y son los venezolanos quienes dejan su país. Las dos economías más grandes de Latinoamérica tienen llamativos bajos niveles de inmigración: en México menos del 1%, y en Brasil, el 0,4%

En Ecuador  viven casi 400 mil inmigrantes: un 2,4% de la población. La cifra nos ubica en el séptimo lugar de la región. El porcentaje nos pone por arriba del promedio regional. Según la OIM en Ecuador viven más extranjeros que en Colombia y Perú juntos, aunque esto quizás no recoja la reciente oleada migratoria de venezolanos a todos estos países.

En parte, esto se explica por la dolarización: en el 2000 Ecuador contaba con apenas 151 mil inmigrantes. En los diecisiete años en que tenemos el dólar como moneda oficial llegaron casi 250 mil personas. Este incremento se observa también en la remesas enviadas desde Ecuador hacia el exterior, en el 2017: salieron $357 millones principalmente hacia Colombia, Perú, China y, de manera creciente, Venezuela.

remesas migración

Fuente: Organización Mundial de Migraciones y Banco Central del Ecuador

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La migración es una gran oportunidad. En los países desarrollados donde se han hecho estudios sobre el impacto económico de los inmigrantes, los resultados son siempre positivos: es gente joven, en edad de trabajar, que utiliza los servicios públicos en menor medida que la población local.

Además, hay que considerar que en 2017, según la Naciones Unidas, 25 países vieron su población reducirse: Japón, Italia, Portugal, Grecia y buena parte de Europa del Este. Otros doce tuvieron crecimientos positivos pero muy cercanos a cero: Rusia, España o Cuba, por ejemplo. Estas presiones demográficas pueden ser resueltas con inmigración, siempre que se lo haga ordenadamente y potenciando los efectos positivos que esta trae.

En los próximos años, casi de seguro, veremos subir el porcentaje de inmigrantes: ese 3,4% va a crecer. El rol de los gobiernos es evitar que esto genere conflictos o reacciones hostiles en los países que los acogen, y al mismo tiempo sacar el máximo provecho del talento y potencial de la gente que llega.