GK 2018-12-17T15:57:08+00:00

Gabriela Rivadeneira: “Nunca tuvimos poder”

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Ya no lleva la trenza que siempre llevaba recogida cuando fue Presidenta de la Asamblea Nacional. Tampoco las blusas étnicas que la caracterizaban. Tiene el pelo largo y suelto y su oficina es más pequeña que la que ocupaba en la Asamblea Nacional en el período anterior, cuando fue Presidenta por cuatro años. Las fotos de sus hijos, en el fondo, tras de su escritorio, también muestran la imagen de dos niños crecidos. El menor tenía apenas tres años cuando fue electa asambleísta. Durante la entrevista, una de sus colaboradoras se sienta en la mesa redonda que está frente al escritorio de Rivadeneira.

 

Los asambleístas que se separaron de Alianza País y se fueron a la llamada ala correísta, han sido muy críticos con el gobierno de Lenín Moreno que fue su compañero anteriormente. ¿Cuál es la evaluación que ustedes hacen del gobierno?

La bancada de la Revolución Ciudadana en la Asamblea Nacional ha tenido un rol desde la ruptura: marcamos que nuestro rol iba a ser siempre seguir proponiendo y apoyar todas las cosas que vayan relativas al plan de gobierno ganador en las urnas.

En ese marco lo que hemos visto durante 18 meses, más bien es un vaciamiento de todo lo programático que habíamos construido durante los últimos años, de los que, además, el actual Presidente fue parte.

En ese sentido vemos una total, no solamente separación, sino un anacronismo absoluto por parte del Presidente y su equipo de trabajo frente a la propuesta que él firmó notariada, y que incluso podría significar causal de revocatoria de mandato.

Lo que nos preocupa no solamente es un tema ideológico o apegado a lo que pudimos construir de manera conjunta en su momento y que fue traicionado. Más allá de eso, ya podemos hacer una evaluación después de dos años: ya vamos a cerrar el 2018 con una evaluación realmente preocupante para los sectores populares y sociales del país.

Estamos viendo una serie de retrocesos en políticas sociales, vemos nuevamente que han vuelto las paralizaciones, las movilizaciones del sector arrocero, agricultor, pescador, textilero, pequeña y mediana empresa, de la educación. No solo por temas coyunturales, no es que los estudiantes se levantaron solamente por el tema del presupuesto educativo, que ya es una razón suficiente, sino porque además ya se ha recortado el programa de becas, se ha recortado el tema de la evaluación de la calidad educativa y los indicadores dicen que ha bajado también la tasa o el porcentaje de matriculación en el país, lo cual nos preocupa.

Lo que quiero decir es desde la ruptura, más allá de un tema de una postura ideológica, que la mantendremos, hay efectos que están causando al pueblo ecuatoriano de una falta absoluta de una planificación y de una ejecución por parte del Estado de lo que es un plan de gobierno.

Usted habla de estas movilizaciones pero en el gobierno el presidente Correa también hubo movilizaciones; es normal que en los gobiernos haya movilizaciones. ?Desde qué perspectiva eso podría ser un problema?

Desde la perspectiva que se están parando ahora no solamente ya servicios públicos si no se está afectando el derecho al otro. No habíamos visto paralizaciones de carreteras como la que hemos visto en las últimas temporadas, durante muchos años ya, y peor aún el uso de la fuerza progresiva con trucutús nuevamente en las carreteras, con policías armados.

Recordemos que bajo decreto presidencial se prohibió que la Policía Nacional pueda acudir a una manifestación con armas de fuego. Tenemos un chico asesinado por la policía en Mascarilla sin que hasta ahora se tenga una respuesta de qué fue lo que realmente pasó.

Entonces hay una afectación directa a los derechos humanos. No queremos decir que todo lo que hicimos estuvo bien y todo lo de ahora está mal. Hay que poner en su debido contexto.

Yo creo que obviamente también somos conscientes de los errores que cometimos en el gobierno y esa evaluación también ha sido fundamental para saber incluso, cuando volvamos, qué es lo que no debemos volver a realizar.

Pero eso no quiere decir que hayamos traicionado la voluntad popular o la voluntad de las grandes mayorías y en ese sentido eso es lo que está sintiendo ahora el pueblo ecuatoriano. Ya no lo decimos nosotros, porque a veces de nuestra boca podría parecer que esto es un tema personal o de disputa o de resentimiento. Ya lo está diciendo la gente cuando en las encuestas vemos indicadores interesantes cuando la ciudadanía se le pregunta si piensa que el Gobierno tiene rumbo para el país y la cifra es alarmante: cerca del 70 por ciento de la población cree que no tenemos rumbo, que el Gobierno no tiene rumbo para guiar el desarrollo del país. Ahí es cuando decimos que nuestras tesis están directamente relacionadas a un sentir de la población.

Usted habla de los recortes. Los recortes, ha explicado el Gobierno, se dan por la situación económica en la que el gobierno anterior dejó al país. ¿Ahí no hay un poco de responsabilidad del gobierno anterior?

A mí me parece que el discurso de que no estuvo la mesa servida ya cayó hace rato.

Hay un doble discurso: en el país se dice que todo es caótico, hacia afuera escuchamos discursos presidenciales diciendo que, en efecto, tenemos la mejor red vial de América Latina; que tenemos la mejor infraestructura en hidroeléctricas; que hemos avanzado en temas de sectores estratégicos y gracias a eso se ha abierto la posibilidad del nuevo financiamiento, por ejemplo, con China, que fue justamente uno de los financiamientos más criticados por quienes están ahora en el área económica y financiera del gobierno. Entonces vemos grandes contradicciones en eso.

Nosotros no decimos que no hayamos pasado por una situación bastante compleja en los últimos años de gobierno. Fueron años que significaron ajustes y significaron también poner en práctica políticas económicas alternativas para que la crisis, que además fue una crisis a nivel mundial, no afectara la real economía del país. Eso jamás afectó a los sectores populares.

Las prioridades que pone el presupuesto genera las prioridades del Gobierno y en efecto lo que estamos viendo en la proforma para el 2019 son las prioridades de este gobierno. Por ejemplo, los 9 mil millones de dólares de pago de deuda externa. Para nosotros eso habría significado una línea roja en el sentido del cumplimiento del mandato constitucional que establece que la deuda social tiene que ser pagada primero antes que la deuda externa y lo que tenemos en resumen es que son cerca de 9 mil millones de dólares para deuda externa, cuando el presupuesto de educación y de salud juntos no llega a esa cifra.

Ahora vemos que incluso cambian el tema de la perspectiva del barril de petróleo y ya no está 58 dólares, lo bajan a 50.

Con la revisión de subsidios ya hemos demostrado, en cifras que haber eliminado el subsidio a la gasolina Súper fue una medida equivocada: eliminaste el subsidio a la Súper y triplicaste el subsidio a la gasolina Extra. Ahora se habla de una revisión total del tema de los combustibles, lo cual afecta directamente a la gran mayoría.

Esas son las decisiones que nos preocupan porque van directamente afectar a la economía real de la mayoría de la población ecuatoriana. Entonces mientras vemos la condonación de deuda fiscal a los 200 grupos empresariales más grandes de este país por 4 mil 500 millones de dólares, vemos que en el presupuesto de educación y salud hay una reducción considerable, que incluso no cumpliría el 4 por ciento establecido en la Constitución, que es obligatorio para estos sectores.

Gabriela Rivadeneira está en su segundo período como asambleísta. Fotografía de José María León para GK.

Regresemos a lo que usted decía en un inicio, el tema de la revocatoria del mandato. ¿Han pensado ustedes en empezar un proceso?

Para nosotros ha sido toda esta temporada muy muy compleja. Desde el sentido de la reorganización después de la ruptura, hemos atravesado un proceso de judicialización de la política de nuestra dirigencia, hemos atravesado además un bloqueo político irracional: por cuatro ocasiones el Consejo Nacional Electoral nos ha negado formalmente el derecho de reconocernos como fuerza política en un país donde supuestamente se respiran aires de libertad.

Cuando hablamos nosotros con la gente, una de las cosas que se plantean por parte de mucha de nuestra militancia es la figura de la revocatoria de mandato. También se ha planteado arrancar con un proceso de una Asamblea Constituyente. Por otro lado está el anuncio, y en el análisis político, de lo que podría significar una muerte cruzada y con eso adelantar elecciones generales en nuestro país.

Todos esos escenarios están dentro del análisis de la coyuntura que es para nosotros un tema de apuesta.

Primero, al no tener un partido formal como Revolución Ciudadana, no podemos entrar a la disputa real de la política. Eso ha sido un tema que ha preocupado a todas las instancias internacionales, incluyendo la OEA, en donde se ha presentado varias acciones internacionales, a la Corte Interamericana, al Consejo Interamericano, a las Naciones Unidas y uno de los temas que es recurrente en preocupación de todas estas instancias es cómo en un sistema de democracia no se permite el reconocimiento de una fuerza política existente que además es una fuerza, me atrevería a decir, la más estructurada a nivel nacional: nosotros tenemos células desde el nivel parroquial hasta el nivel provincial, es decir tenemos nuestra militancia presente en todo el territorio ecuatoriano y somos la única fuerza política a nivel nacional a la que se le ha impedido reconocerse formalmente para una disputa dentro del escenario electoral.

En ese parámetro, enfrentar un proceso electoral por supuesto que se nos complica, porque además no podemos nosotros concentrar a nuestra militancia en una sola identidad electoral. Después de que nos quitaron, con leguleyadas jurídicas, Alianza País, después de que rechazaron que nos inscribiéramos como Revolución Ciudadana —porque resulta que ese era el eslogan del gobierno anterior—, después de que nos negaron ser Revolución Alfarista porque el argumento del CNE, que no le competía pero lo hizo fue que, Alfaro era en su tiempo un nombre liberal y que nosotros somos un proyecto que lucha contra el neoliberalismo. Y cuando teníamos la posibilidad y recogimos medio millón de firmas para el movimiento Acuerdo Nacional se inventaron una nueva personería jurídica de otra tendencia política totalmente antagónica a la Revolución Ciudadana.

Lo que quieren es evitar que nuestros cuadros participen en las elecciones. Lo que hemos hecho es la construcción de un gran frente político a nivel nacional. Muchos de nuestros cuadros están insertos ya en listas electorales de partidos locales de otras organizaciones políticas para las elecciones locales, de tal manera que el día después de la elección nosotros podamos hacer un mapeo de con qué contamos dentro del territorio.

Actualmente contamos con algunas juntas parroquiales, una sola alcaldía que es la de Durán, que además está siendo fuertemente atacada por los socialcristianos en Guayas por declararse correísta. Eso va en esta lógica de lo que fue mencionado incluso por un asesor presidencial de una purga correístas, prácticamente asimilando un discurso fascista de Bolsonaro, utilizado en Brasil. Nosotros lo que estamos haciendo es justamente permitiendo que esos cuadros políticos disputen en las seccionales. El bloqueo político nos ha llevado y nos ha exigido también la búsqueda de alternativas. En un sistema de democracia no tendríamos por qué haber recurrido a estas herramientas.

¿Van a intentar inscribir su organización política de alguna manera o por lo pronto se van a concentrar en participar con organizaciones ya establecidas de forma local para las elecciones de 2019?

Bueno ya tenemos algunas organizaciones locales, pero nosotros no apostamos a estas elecciones porque a creemos que sea el fin. Este solamente es un paso para la recuperación de un proyecto nacional y popular que es el objetivo que nos hemos planteado.

No sabemos cuánto tomará, dependerá muchísimo también de la reorganización social y de la conciencia social que podamos generar frente a los retrocesos y el regreso de un sistema neoliberal en el país. Pero sin duda, vamos a estar presentes. Estamos a pocos días de cerrar ya el período de las inscripciones y haremos anuncios importantes en los próximos días. 

¿Y ya tienen inscritos candidatos?

Algunos sí, en movimientos locales y otros estaremos por inscribir.

 

asambleísta gabriela rivadeneira ecuador poder

Rivadeneira es ahora legisladora del ala correísta. Fotografía de José María León para GK.

¿Usted se va a inscribirse en alguna candidatura?

Por ahora no. Ahora estamos cumpliendo un rol en la Asamblea. Nosotros decíamos que el liderazgo de Rafael Correa era tan fuerte que había opacado liderazgos que se estaban generando y ahora nos damos cuenta que, al contrario, que un liderazgo fuerte como el de él permitió también la construcción de liderazgos fuertes: hoy tenemos una bancada de 30 compañeros en la Asamblea Nacional, que es una bancada que tiene la mayor voz y la mayor propuesta de la Asamblea reconocida incluso por los opositores al proyecto de la revolución.

En los recorridos que hemos estado haciendo en todo el país para precandidaturas, una de las satisfacciones que tenemos es que hemos logrado construir muchos cuadros políticos que están listos para la disputa. No apostamos a que este 2019 puede evidenciar nuestra fuerza electoral porque sabemos que sin partido es complejo hacer eso. Nuestra representación electoral fue la de la última consulta popular, ahí demostramos que el correísmo contra todos los demás, tenía una fuerza enraizada en los sectores populares, y conseguimos un porcentaje que es importante, que nos situó como la primera fuerza política en el país y la única fuerza de oposición en el país.

Ahora lo que nosotros pretendemos es una reconstrucción paso a paso. Sabemos que eso toma tiempo. Quienes venimos de organización política, incluso antes del correísmo, sabemos que construir organización desde la oposición es complejo pero no imposible. <Lo hicimos antes de la revolución, lo hicimos con la revolución, aún en disputa política fuerte con las élites económicas del país, y lo vamos a seguir haciendo.

Usted habla de las dificultades para inscribirse en el CNE o la judicialización de la política, y eso me hace pensar exactamente el mismo discurso que tenían los opositores cuando ustedes eran gobierno. La oposición tuvo dificultades para inscribir sus movimientos, otros fueron eliminados, se persiguió a periodistas y a opositores en las sabatinas. ¿Ahora no es un poco como que se dio la vuelta? ¿No es que simplemente están del otro lado y se dan cuenta de lo que eso significa?

Yo creo que en un proceso en resistencia y que es el que hemos vivido durante décadas, incluyendo la de la revolución, porque la revolución fue un proceso en resistencia en el país. Hay grandes diferencias sobre lo que pasó en los diez años y sobre lo que pasa ahora. Primero nunca hubo un preso político en este país. Hoy tenemos un preso político en este país. Tenemos periodistas presos en este país.

¿Cuáles periodistas?

Los Bravo están presos.

No están presos por ser periodistas.

Están presos por ser comunicadores.

No, no están presos por ser periodistas. Una persona que hace periodismo es una persona que cuestiona el poder, un periodista no es alguien que hace contratos con el Estado.

A ver, el periodismo de lo que yo sepa, se ejerce para informar no para estar contra el poder.

Pero informar no es hacer propaganda.

Con mucho respeto, me parece un concepto muy equivocado de lo que es periodismo o la comunicación social. Ellos están incluso presos sin una sentencia ejecutoriada.

Pero es la figura de prisión preventiva

¿Por más de cuanto tiempo? Tres meses. Si eso es prisión preventiva en este país cuando la ley dice con claridad que no puedo estar más de 30 días. No puede estar más de 30 días. Vamos con un preso político que ya está más de 140 días en prisión sin sentencia ejecutoriada bajo el pretexto de que se iba a fugar teniendo toda la policía al lado.

 

Allí hay una imprecisión. El Código Orgánico Integral Penal, COIP, al que la asambleísta hace referencia dice que de la prisión preventiva es de entre seis meses a un año, dependiendo del delito por el que se juzgue. En el caso que hace referencia, los hermanos Carlos y Marco Antonio Bravo están detenidos desde el 31 de octubre, es decir, un mes y medio. Ambos enfrentan un proceso por presunto peculado.

 

asambleista gabriela rivadeneira ecuador

“Los hermanos Bravo están presos por periodistas”. Fotografía de José María León para GK.

 

Pero pasó con el señor Fernando Alvarado, ¿no?

Son casos diferentes. Yo no estoy defendiendo a personas. Lo que estamos nosotros exponiendo es la falta del debido proceso.

La Constitución da un marco absolutamente claro a las funciones del Estado. Cuando a mí me criticaron cuatro años de haber sido sumisa a Carondelet, yo siempre hacían las reflexiones en el sentido de que todas las funciones del Estado, las cinco teníamos la obligación de cumplir nuestros roles y nuestras competencias pero encaminados todos a cumplir el mandato de la construcción de la sociedad del Buen Vivir. Ese es el mandato constitucional que fue aprobado por la mayoría del pueblo ecuatoriano.

Cuando nosotros vemos que a través de una consulta popular, que además fue inconstitucional porque nunca tuvo el aval de la Cortes Constitucional… Lo que hemos visto es una serie de transitorios y encargados en desfile en del país que prácticamente están eximiéndose de su responsabilidad de cumplir con el debido proceso y el mandato constitucional.

Hasta ahora tenemos un Contralor encargado. Esa figura ni siquiera existe en la ley y en la Constitución. Tenemos nombramientos de consejos que ni siquiera cumplen lo que el mandato constitucional dice, de paridad y alternancia obligatorio, de participación de minorías étnicas y sociales. Es decir, ya no es una afectación al correísmo. Lo que nosotros queremos expresar desde afuera es que sí, nosotros fuimos la evidencia más grande de cómo el aparato puede anular una corriente política en el país que va mucho más allá del partido.

El Código de la Democracia dice con absoluta claridad cuándo vives como partido cuándo mueres como partido. Los partidos que fenecieron fue por incumplimiento de la normativa del Código de la Democracia.

Pero hablamos de un CNE que tenía vínculos con el Ejecutivo, con personal cercano al entonces Presidente Correa.

¿Y ahora es autónomo?

No estamos hablando si es que ahora eso o no es. Lo que yo le estoy preguntando es si es que no hay una similitud, porque si es que uno hace el análisis, sí que hay similitud entre lo que usted dice que le pasa hoy y lo que antes le pasaba a la oposición.

No, sí hay muchas diferencias muy marcadas.

Pero eso dice usted desde la perspectiva de su militancia porque si usted se pone en una postura un poco más autocrítica va a ver las similitudes, como vemos los que estamos desde fuera.

Para nosotros es claro el ejercicio partidario. El MPD no cumplió las cuotas, perdió. Unidad Popular se inscribió. Es lo mismo. La diferencia es que a nosotros se nos ha vetado la participación política por una decisión política. La Unidad Popular existe, Pachakutik existe, Sociedad Patriótica existe.

Sí pero tan cuestionado fue el CNE que incluso ahora está revisando varias de sus decisiones.

Hoy vamos a ver partidos que participaron en las últimas elecciones presidenciales y asambleístas, que no cumplieron la cuota y están con tarjeta amarilla. Si en estas elecciones seccionales no cumplen la cuota, pasan a tarjeta roja.

A lo que me refiero es que si no cumplen concejales en 21 cantones, 16 alcaldes o medio millón de votos, no pueden cumplir la cuota establecida en el Código de la Democracia.

Eso fue lo que pasó con el ejemplo que estoy poniendo en este mismo momento para evidenciar que se cerró un partido pero jamás impidió la inscripción de otro partido de la misma fuerza política.

A nosotros nos han proscrito de la participación electoral. ¿Qué miedo tienen? ¿Qué miedo es el que tienen?. Es más, si dicen que no hemos hecho nada, que dejamos hecho un caos, que dejamos la crisis económica, déjennos participar en las urnas. Que la gente nos dé su respuesta en las urnas frente a lo que pudimos haber hecho. Ni siquiera lo están permitiendo.

Pero en este proceso electoral que se viene veremos la respuesta que les dan en las urnas. Como usted dice que sí van a participar de la mano de otras organizaciones.

¿Es correcto tener que esconder cuadros correístas a través de listas o partidos alternativos en vez de poderlo hacer con una fuerza propia. Si consultas su intención de voto, incluyendo en la capital, Correa tiene el 22%.

¿Qué encuestas?

Me imagino que también ahora que somos dueños de un montón de cosas, me imagino que también somos dueños de encuestadoras, incluyendo Cedatos.

¿Pero Cedatos ha hecho encuestas sobre las candidaturas incluyendo a Rafael Correa?

Hay evaluaciones de todo. Están medidos e incluso presidenciales.

¿Las de Cedatos?

Por favor revise todas las encuestadoras.

Las he revisado, no recuerdo haber visto una de Cedatos que incluya a Rafael Correa.

Bueno. El tema es que sí sabemos que hay una fuerza electoral vigente no pueden utilizar un sistema de justicia para opacar la fuerza política existente. Eso es lo que está pasando en el Ecuador sino en América Latina. Ciencia ficción o no, ahí están los datos. Ya hay una corriente mundial.

Incluso las Naciones Unidas está muy preocupada por el tema del uso de los poderes judiciales.

Ventajosamente en esta semana salió una luz. Un preso político, el exvicepresidente en Argentina, ha sido excarcelado justamente por haber evidenciado que todo lo que se le impugnaba no tenía absolutamente ninguna prueba para estar en prisión. También pasó con Dilma Rousseff en el golpe parlamentario, a ella le dieron un golpe parlamentario apuntalándolo con un montón de características ligadas a corrupción. Un año después hay que pedir disculpas porque no encontraron nunca nada en contra de Dilma Rousseff. Sin embargo dejó de ser presidenta. Sin embargo hay un preso continental que es Lula da Silva que no tiene hasta ahora ninguna demostración de todo lo que le imputan. Esa es la realidad que estamos viviendo en América Latina, un continente que se atrevió, durante las últimas dos décadas a mostrar que otra forma de desarrollo era posible: que un sindicalista, alguien del pueblo, que un indígena, que alguien que viene de los estratos populares puede ser presidente y puede gobernar para la mayoría del pueblo. Las élites económicas jamás van a permitir ni perdonar eso.

Ahora los empresarios son fuertes. No estamos nosotros exagerando cuando decimos que incluso ya los organismos internacionales tienen serias preocupaciones sobre lo que está pasando. Incluso aquí cuando varios observadores internacionales han venido al país a evidenciar que muchos de los que ejercemos liderazgo político basados en esta tendencia del correísmo no tenemos posibilidades. El tiempo lo dirá.

asambleísta gabriela rivadeneira

“No sé cuándo pero vamos a volver”. Fotografía de José María León para GK.

 

Sobre el exvicepresidente de Argentina, Amado Boudou, también hay una imprecisión. No ha sido ratificado como inocente. Al contrario. Está sentenciado, aunque aún la sentencia no está en firme,  y simplemente se le ha concedido la libertad bajo fianza pero tiene que usar un dispositivo electrónico y no puede abandonar el país. Mientras Rivadeneira habla, sostiene su taza de café. Se impacienta con algunas preguntas y tiende a divagar a veces. 

Usted habla de una forma que parece que fueran víctimas de los poderes. Sin embargo ahora están saliendo a la luz también muchos testimonios de lo que ocurría en el gobierno del expresidente Correa. Hay más de 200 casos de judicialización de la política: opositores, periodistas, activistas sociales que hoy cuentan como fueron perseguidos. ¿Qué pasa con estos casos?

Yo lo dije en su momento y lo insisto. Imagínate después de lo que nosotros pasamos con la ruptura. Tener un análisis de autocrítica para nosotros ha sido fundamental porque además no teníamos que explicarnos sólo nosotros qué fue lo que pasó porque no comprendíamos qué fue lo que hicimos.

Yo fui parte del buró político de este país durante los últimos seis años, yo fui parte de la decisión de que vaya Lenín Moreno, yo hice campaña por Moreno, yo aposté por Moreno. Yo misma tenía que explicarme qué fue lo que hicimos mal, explicar a nuestra militancia y explicar al mundo qué fue lo que pasó.

Cuando salimos de este país a cualquier encuentro, cualquier foro, la primera pregunta es por Dios expliquen qué pasó, porque no es lo que pasó en Argentina. En Argentina Macri llegó siendo oposición al kirchnerismo. Aquí salió de nuestras filas, amparado por un Correa y por un proyecto político.

Entonces lo que tú me estás diciendo, para nosotros ha sido, creeme, pan de cada día y hasta ahora seguimos preguntándonos qué fue lo que pasó y en ese sentido por supuesto que identificamos falencias, errores.

Una falencia fue no haber trabajado sobre un cambio de la matriz cultural en nuestro país. Nos encargamos de hacer todo lo que tuvimos que hacer. Hubiéramos querido avanzar muchísimo más pero no avanzamos y esto es una crítica fuerte, no avanzamos nada en la construcción de un cambio de la matriz cultural.

¿Qué quiere decir con eso?

Que el chip de la sociedad ecuatoriana sigue siendo el mismo, sumamente ligado a un conservadurismo, a un sistema patriarcal, a un sistema clientelar.

No pudimos transmitir que el proceso de la redistribución de la riqueza que sacó a dos millones de ecuatorianos de la pobreza, una clase media fue producto de esas políticas de redistribución y que ahora el Programa de Naciones Unidas para el Desarollo (PNUD) advierte que incluso ese sector de clase media fortalecido por políticas de la redistribución está en peligro de regresar a la pobreza porque obviamente no se están generando mecanismos de protección.

El tema es que no acompañamos ese cambio con la población. En lo personal sostengo, que es fundamental una politización de la sociedad sea cual sea. No estoy hablando de tendencias. Pero la sociedad debe saber y debe tener una postura de diferenciar cuál es un programa de gobierno, cuáles son políticas que favorecen esas creencias y no lo hicimos.

Está evidenciando en América Latina que fallamos como una visión política dentro de lo programático. Entonces cumplimos con lo que teníamos que cumplir, con el desarrollo del país, que además genera desarrollo programas sociales, es decir, el programa Manuela Espejo, de dónde sale el vicepresidente, actual presidente. Fue una política de gobierno programas sociales, programas económicos, programas productivos, a más de infraestructura.

Entonces bueno, para no desviarnos mucho: nuestra postura, la mía, ha sido y jamás me retractaré de decirlo, todo lo que tenga que ser sancionado y judicializado en debido proceso y en un Estado de Derecho tiene que ser de esa manera. No olvidemos que Copaco, Capaya, Bravo fue parte de las investigaciones y de las denuncias del mismo gobierno. Todo lo que sea corrupción tiene que ser judicializado venga de donde venga, pero no con inventos o con show.

¿Qué hemos visto durante 18 meses? Desde el día uno de la ruptura, Moreno salió a decir que cogió no solamente un país quebrado, sino un país donde la corrupción campea y donde había un jefe de la mafia. Ese jefe de la mafia durante 18 meses no se lo ha podido comprobar absolutamente nada en ámbitos de corrupción. Tuvieron que inventarse un show como el de Balda. Un show patético para lograr una judicialización y evitar que regrese al país.

Menos mal, la ruptura significó una primera depuración de nuestras filas. Y en ese sentido, que menos mal se demostró con la ruptura. Quiénes son oportunistas o quiénes están ligados al poder de turno. Por diferentes razones, por tener contratos, por tener espacios laborales en territorio. Y a eso me refiero a muchos asambleístas que tienen familiares de funcionarios públicos del Ejecutivo en sus territorios. A eso me refiero de asumir también nuestros errores y de asumir también eso para que no vuelva a ocurrir.

Sigue siendo bastante suave la autocrítica. Hay casos de sobreprecios, de excesos desde el poder, entre otros. ¿No regresa a ver el gobierno y se cuestiona si es que fueron abusivos?

Yo creo que no hay cómo generalizar.

asambleista gabriela rivadeneira poder

“Yo creo que pasamos un duelo necesario como militancia, ahora estamos en el momento de la proyección”. Fotografía de José María León para GK.

Claro, pero yo pregunto desde la búsqueda de esa explicación.

Yo creo que no podemos generalizar y creo que sí hubo un exceso de confianza frente a ciertos cuadros políticos que ejercían funciones dentro del Estado. Me parece que en esa lógica también el cambio de la matriz cultural no es que sea muy superficial. Cuando yo hablo de eso, hablo de toda una estructura social. Y hablo del abuso de poder, de ciertos funcionarios que obviamente asumiendo su función o abusando de su función pública pudieron incurrir en ámbitos de corrupción.

Eso también tiene que ver con el cambio de la matriz cultural. Estamos otra vez esta lógica de una participación de la élite política representada ahora por todas las autoridades transitorias encargadas o vicepresidenciales. Estamos centrando nuevamente a un ámbito de corrupción solo en el ámbito político. Eso nuevamente ahuyenta a muchos ciudadanos y se ahuyenta a muchos ciudadanos y ciudadanas de la política, a los jóvenes de la política.

Nuevamente estamos generando un encerrón. Como que la corrupción estuviera en la política cuando no nos damos cuenta que lastimosamente ese es un tema estructural donde también tiene que ver el cambio de matriz cultural.

Cuando hablo de eso es porque corrupción encontramos en la iglesia, en el deporte, en el ciudadano que se pasa el semáforo rojo y que por no tener la sanción es capaz de dar una coima a quien le está sancionando y el que le sanciona al recibir la coima.

Es un problema estructural que tiene que ser asumido como tal. A mí me da mucho temor de que no logremos consolidar desde el sistema educativo un sistema adecuado de principios y valores, más allá de los morales, yo pongo mucho en eso siempre el tema en discusión pero sí éticos y principios que puedan realmente profundizar este cambio que además no es de la noche a la mañana, no son diez años, no son veinte años, son cambios generacionales pero hay que seguirlos haciendo.

¿La autocrítica más profunda que ustedes hacen es no haber hecho este cambio de la matriz cultural?

No. Esa es la mía.

De ahí, hubo exceso de confianza en muchas personas que estuvieron en el gobierno que ahora están involucradas en actos que están siendo investigados. Ojalá esa investigación pueda garantizar realmente una versión transparente del asunto. Yo creo que por más cambios que tratamos de implementar siempre fuimos vulnerables y ahora se está demostrando muchas de estas transformaciones son vulnerables y de la noche a la mañana pueden transformarse.

 

asambleista gabriela rivadeneira poder

Gabriela Rivadeneira dice que habrá cuadros de País participando en las elecciones seccionales de 2019. Fotografía de José María León para GK.

Pero los propios cuestionamientos que hoy hace gente que incluso en un inicio apoyó el proyecto de Rafael Correa y que votó varias veces por el mismo proyecto y que en un punto se volvió gente crítica. Más allá del discurso que tienen de cara a los medios, internamente ¿No han reflexionado sobre que quizás abrieron demasiados frentes? El tono del expresidente Correa era constantemente agresivo, siempre presente en todo. Moreno es más cauto. ¿Esas cosas no entra dentro de su autocrítica?

A ver. Primero eso evidencia que había presidente y que hoy no hay presidente.

Segundo teníamos espacios de debate intensos, fuertes, no es que no había una democracia. Cuando nosotros tomamos la decisión del Yasuní fue fuertísimo. En lo personal fue fuerte. Y yo en eso insistí mucho y logramos que la declaratoria del Yasuní sea 80 por ciento aporte desde la Asamblea frente al proyecto inicial que había presentado el Ejecutivo y eso no es fácil.

Eso significó una lucha muy fuerte. Yo quisiera escuchar las mismas voces que en ese momento porque además reconocimos pueblos en aislamiento voluntario una zona de protección y de amortiguamiento entre otras yo quisiera escuchar esas mismas voces ahora decir algo sobre la posible explotación del bloque.

Los Yasunidos y las mujeres amazónicas siguen ahí peleando, ahora con el Ministro Carlos Pérez.

El tema es que son discusiones sumamente fuertes pero no quiere decir que para mostrar hacia afuera que hay democracia tienes que salir a mostrar un discurso confrontador cuando eres parte de un mismo proyecto político.

Eso es parte de la dinámica política, no es nuevo ni es un invento del correísmo, pues es parte de la democracia y del concepto fundamental de democracia.

Sobre lo otro, podemos tener mil criterios sobre las personalidades: que era muy fuerte ¡ah no! Que es muy laxa, no es que este es muy leal, ah no que este fue tibio.

Empezamos nosotros a diferenciar así cuando hay entornos de debate que representan otro tipo incluso de intereses. Yo recuerdo por ejemplo el debate sobre el semáforo alimenticio. Nuestra tendencia y nuestra postura al interior fue que tenemos incluso que ser más fuertes con ese semáforo y también con los impuestos generados hacia las bebidas azucaradas y había otra tendencia internamente que, no que eso va a quebrar a la Coca-Cola. Esa es la relación. Esas discusiones evidenciaban intereses. Que los había. La cosa es dónde tomas las decisiones. Ahora quieren quitar el semáforo y ahora están proponiendo la baja y la revisión de impuestos a estos sectores. Esas son las grandes diferencias y esas son las grandes discusiones que nosotros teníamos.

Si hablamos de salud. La discusión y el problema enorme que se armó al interior de País cuando el presidente Correa se negó rotundamente si quiera a que se discutiera el tema del aborto, incluso las asambleístas de su bancada que propusieron la discusión, fueron sancionadas. Entonces ahí también hay un doble discurso.

No es que hay doble discurso.

Usted está criticando al presidente ahorita por tomar un interés que va en contra de la salud pública. Y cuando ocurrió lo del presidente Correa finalmente aceptaron la sanción y el discurso se zanjó. Me acuerdo que él dio una entrevista en la que dijo algo así “si siguen con esto yo renuncio, me voy”. Y así se estancó la discusión, se acabó la discusión. Nadie más volvió a alzar la mano para volver a hablar del debate.

A ver eso es falso. ¿En qué medida? Primero que la discusión ni empezó ni terminó en ese debate de la Asamblea.

Terminó en el espacio público.

Yo seguí hablando de eso.

Pero ya no se incluyó en el Código Orgánico Integral Penal, dio lo mismo.

No. No da lo mismo no da lo mismo. Hoy yo quisiera que en el Coip, que en el propio Código de la Salud, se apruebe o se abra la posibilidad siquiera de la decisión de la mujer en ámbitos de violación. Yo quisiera eso.

Esa ha sido mi postura, siempre hay debates internos para toma de decisiones. Insisto. Se discutió muchísimo sobre el tema del aborto por qué hay posiciones diversas incluso ahora en nuestra actual bancada, sobre esos temas no son temas sencillos, son temas polémicos porque tienen que ver con la moral.

Por eso es que yo discuto mucho con la moral sobre las discusiones y decisiones de lo público porque para mí hay principios.

 

asambleista gabriela rivadeneira ecuador poder

“Creo que el retiro de Rafael Correa fue un error”. Fotografía de José María León para GK.

El principio que estamos hablando es el principio a la vida, y no es que por estar a favor de la posibilidad del aborto por violación yo esté en contra de la vida. Es ridículo pensar eso. Yo creo que también avanzamos mucho en un montón de políticas beneficiosas para la mujer. Cuando firma su contrato de matrimonio, que ella pueda decidir si ella es la tutora o la administradora de los bienes generados por la sociedad conyugal cuando eso estaba asumido que era del hombre. O que las niñas en este país a los 12 años no se puedan casar con autorización de nadie.

Como también quisiera avances en políticas de salud sexual y reproductiva como fue, por ejemplo, poner dispensadores de preservativos en instituciones educativas, algo que fue sumamente cuestionado en este país.

Ese tipo de decisiones son las que tenemos que tomar y no quiere decir que con esa decisión política se acabe el mundo o se cierra el tema, más bien sirve para seguir discutiendo. El asunto es que muchas veces nos negamos a ver un montón de cosas del entorno y creemos que un solo tema es el tema que nos permite estar en la palestra política. El tema de los derechos sexuales y reproductivos sigue siendo un tema de debate social porque así como habemos quienes creemos en lo que creemos hay quienes hacen marchas ligados a la Iglesia Católica rechazando todo tipo y mandándonos hasta pasquines a quienes creemos lo contrario. Esa es la realidad en nuestro país.

Claro pero en este caso concreto provino de un miembro de la organización.

Sí, y no quiere decir que por eso sea todo.

Pero así como usted dice hay estas marchas no olvidemos que también vino del interior y fue la voz de un hombre decidiendo por las mujeres.

No, no fue así. Ojalá en países donde hemos tenido incluso presidentas mujeres hubiéramos podido tomar todas las decisiones para las mujeres. No se trata de eso, no se trata si eres hombre o mujer.

Ojalá todos los hombres pensaran de manera más abierta. No, estamos en una sociedad nuestra sociedad la sociedad ecuatoriana es una sociedad conservadora y patriarcal.

 

Gabriela Rivadeneira se incomoda. Tiende a evadir las preguntas que le incomodan respondiendo sobre otra cosa o dando datos, cifras y nombres para reforzar el mensaje que quiere dar. Su rostro se contrae y empieza a hablar más rápido. Ríe y se muestra un tanto sarcástica.

¿Conservadora y patriarcal? Empezando por el expresidente, asambleísta.

No es de personas.

Claro y yo sé que no es de personas pero cuando usted tiene un líder visible que dice si es que siguen hablando del aborto yo renuncio pues entonces tiene un peso político gigantesco.

No por eso dejamos de hablar. Esos ya son criterios, y como yo insisto, lastimosamente, a eso hemos estado ligadas —a ese estigma.

Fueron hechos asambleísta.

Pasemos. No vamos a terminar esta discusión nunca.

No, porque son hechos.

Otra cosa es que yo estoy demostrando avances legislativos donde pudimos avanzar muchísimo.

Claro, pero ese es otro tema. Este es un tema de muerte, aquí se mueren las mujeres por el aborto.

Vaya dígale al obispo a ver si es que cambia de opinión.

¿Por qué, el ex presidente Correa es como un obispo?

No, lo que estoy diciendo es que hay una realidad. Cuando estamos hablando en el Código de Salud de derechos sexuales y reproductivos la realidad es que soy la única en esa comisión que sigue poniendo estos temas frente a un gran conservadurismo subordinado a la Iglesia. Esa es la realidad. Hay marchas multitudinarias de la Iglesia rechazando posturas que tienen que ser de vanguardia en sociedades donde se están muriendo mujeres —y mujeres pobres— por acudir a clínicas clandestinas. Yo sola. Entonces ¿yo sola puedo tomar la decisión en mi comisión para que se apruebe eso?

Logramos en la comisión que eso pase al pleno. Uno de mis proyectos, la legalización del cannabis para tratamientos médicos y terapéuticos, pasó en la comisión con un voto. Va a pasar al pleno, donde son 137. ¿Yo sola voy a poder aprobar eso?

Esos son los ejemplos que estoy poniendo. No es que lo que yo piense va a ejecutarse, por más que yo haya sido presidenta de la Asamblea durante cuatro años.

Ojalá hubiera podido yo en la presidencia de la Asamblea haber tomado decisiones sola en un cuerpo colegiado donde se someten a sistemas de democracia. Eso es parte del reto.

Lo que yo tengo que lograr es que mi tesis sea comprendida por los otros y lograr en un espacio de democracia que ese pensamiento llegue a ser mayoritario para que pueda aprobarse.

Entonces estamos siguiendo la misma lógica, y seguiremos décadas de décadas, como países además de tercer mundo que no pueden estar en un pensamiento de vanguardia cuando este es un tema que se debate a nivel mundial.

En Argentina —que yo ya quisiera que en el Ecuador tener las movilizaciones de mujeres que ha tenido Argentina para buscar aprobación del aborto— se llegó al Senado, pero por un voto se negó la posibilidad a las miles de mujeres que se movilizaron.

 

gabriela rivadeneira asambleista ecuador poder

“La ruptura significó una primera depuración en nuestras filas”. Fotigrafía de José María León para GK.

Usted dijo hace un momento “cuando volvamos al gobierno” ¿ustedes creen que van a volver?

Sí, claro. No sé cuándo pero obvio que vamos a volver.

¿Con el expresidente Correa afuera?

Con él afuera o aquí.

Rivadeneira cambia su tono, lo suaviza un poco. Sus ojos se humedecen ligeramente. Baja la vista hacia su taza de café.

¿Y hay todavía esa posibilidad de que regrese? Considerando los procesos a los que probablemente se va a enfrentar.

Algún rato cambiarán las cosas, y para eso estamos luchando, porque eso no quiere decir tampoco que por obra y gracia del Espíritu Santo van a cambiar la realidad de este país.

La realidad de este país la va a cambiar el pueblo como la cambió hace once años.

Usted ha hablado también de los gobiernos de izquierda en la región. ¿Usted todavía apoya al gobierno de Nicolás Maduro?

A ver, eso es también un tema que se ha generado un estigma. Yo apoyo procesos democráticos. Como reconocemos a un Macri, que aunque estemos en oposición a sus posturas, fue electo por su pueblo. Así es.

Bueno pero hay cuestionamientos a la forma de elección en Venezuela.

Hay cuestionamientos a todas las formas de elección. Recordemos que la última forma de elección en Ecuador fue cuestionada y decían que fue fraude.

Siempre los que pierden dicen que es fraude —y más si es de derechas. Esas son las realidades. Yo apoyo procesos de elección democrática que son además mandatos del pueblo sea cual sea.

¿Pero usted no hace cuestionamientos a Venezuela considerando lo que ha pasado? Vemos olas de venezolanos migrando…

¿Y cómo sabe usted que no hemos hecho cuestionamientos?

Por eso le pregunto.

Nosotros creemos que hay una grave situación económica que tiene que ser solucionada con emergencia.

No por la ola migratoria, sino por los que se quedaron en Venezuela, como los que se quedaron en Argentina que están sufriendo en este mismo momento una crisis humanitaria de alimentos, como los que están en Colombia resistiendo frente a las muertes semanales de líderes políticos de oposición, o los que estuvieron en México y que están sobreviviendo a todo un embate de una mafia del narcotráfico tomada del gobierno. O los que están resistiendo la ola migratoria de Honduras o de Centroamérica hacia Estados Unidos. O las del medio oriente hacia Europa. O las del pueblo palestino que son asesinados diariamente por un Estado sionista.

 

gabriela rivadeneira asambleista ecuador poder

“No creo que estemos caídos”. Fotografía de José María León para GK.

Hay un cuestionamiento específico a la falta de resolución de cualquier país…

Me está evadiendo la pregunta, le estoy hablando del exclusivamente del caso de Venezuela. Podemos hablar de los otros casos en otro momento pero ahorita me concentro en Venezuela.

Yo saqué hace poco un video sobre unas pocas tres meses después de mi retorno de mi participación en el foro de Sao Paulo y dije por qué se oculta toda la problemática que hay aquí en los vecinos.

No es la primera ola migratoria que recibimos. Nosotros hemos recibido una ola migratoria cubana con la cual se nos acusó de querernos parecer al sistema cubano. Recibimos una ola migratoria haitiana que fue producto de una catástrofe natural. Hemos recibido una ola migratoria colombiana, en nuestro país residen millones de colombianos que han huido de la violencia en su país y los recibimos porque esa es nuestra política de Estado.

Hoy recibimos a ciudadanos venezolanos que también tienen complicaciones económicas en un país que todavía no puede plantear un plan económico como respuesta a su pueblo. Esa es la verdadera reflexión, y eso es lo que deberían hacer también los medios porque lo que están generando los medios es una xenofobia injustificada.

Desde su perspectiva el enemigo siempre es el medio, ¿no?

Lastimosamente generan framing y eso genera una xenofobia gravísima que ha causado actos de violencia.

Ningún ciudadano por su capacidad de movilidad puede ser discriminado y aquí lo que estamos haciendo es una revictimización de un pueblo que está en proceso de migración.

Asambleísta en 2013 algunos analistas la llamaban la heredera política de Rafael Correa; se hablaba de que usted posiblemente se iba a proyectar hacia la Presidencia de la República.

Primero yo no creo en herederos. Tampoco creo en carreras políticas. Yo creo que, en ese sentido, nosotros estamos donde tenemos que estar: en base a la militancia. Tampoco creo que estemos caídos. Creo que un sector muy fuerte de este país quiere que estemos caídos. La sorpresa que vamos a dar es que el pueblo es mucho más consciente de lo que se está creyendo.

No sabemos qué va a pasar ni en cuánto tiempo, en este país cambia cada semana el panorama político, hay una inestabilidad política fuerte que además nos recuerda a temporadas y décadas pasadas. Pero en ese sentido nuestra tarea es la que estamos asumiendo ahora, una tarea de reconstruir de reconocernos y de proyectarnos.

No estamos en el lamento de la nostalgia. Claro que nos dolió. Yo creo que pasamos un duelo necesario como militancia. Ahora estamos en el momento de proyección y nos vamos a proyectar con mucha fuerza y no estoy hablando a nivel personal. Ventajosamente aquí el trabajo es colectivo. Somos varios cuadros políticos que estamos enfrentando este proceso de reconstrucción que en su momento pueda ser incluso cuestionado o criticado pero es el rol que tenemos que asumir. Yo ya quisiera haberme quedado del lado del gobierno y todo sería más cómodo pero sería incapaz de volver a ver a los ojos de la gente.

¿Para ustedes los que se quedan con el Gobierno traicionaron el proyecto?

Los oportunistas, por supuesto.

Todos los que se fueron al gobierno, las que fueron ministras, María Fernanda Espinosa, Rosana Alvarado…

Tendrán sus razones. Yo no hago puntualizaciones particulares. Cada uno tendrá su razón.

Lo único que nosotros evaluamos es que lastimosamente mucha gente privilegió su confort a una postura política ética y que sabemos que no es fácil. Cuando nosotros tomamos la decisión de quedarnos en este lado de la orilla —y además ejerciendo una dirigencia— sabíamos que no iba a ser color de rosa.

¿Se arrepiente ahora de haber apoyado al presidente Moreno?

Obvio, obvio, me arrepiento.

¿Había otra posibilidad si no era él?

Sí pero la decisión fue esa, y fue una muy mala decisión.

Él ha repetido en varias entrevistas a medios internacionales que el expresidente le rogó. En la última dijo algo como “Bueno, no me rogó pero sí me pidió con mucha insistencia y estuvo varias pidiéndome porque dijo que era la única posibilidad de ganar las elecciones, porque había visto que en ningún otro cuadro de país podía ganar.” ¿O estaban en una encrucijada en ese momento y en efecto era su única carta?

La política es una encrucijada y requiere de decisiones permanentes.

Obviamente teníamos números. Y los números daban que sí habían mayores probabilidades de ganar, no sé si era la única y nunca lo vamos a saber.

La cosa es que nos equivocamos y pedimos disculpas a todos que por nuestra boca pedimos que nos apoyen con su voto por la persona equivocada.

Terminando la entrevista usted ya tiene varios años de recorrido político. ¿Qué errores ha cometido usted personalmente en este recorrido?

Voy 15 años, yo hacía cuentas el otro día y decíamos ¡dios mío! desde los 19 años estoy en cargos de elección popular, ya tengo 35.

Uno de los errores es pensar que los otros piensan como uno; es decir, uno actúa siempre de buena fe. Puede que cometamos errores y de hecho cometemos errores. Somos seres humanos, el reto está en reconocer esos errores y tratar de no volverlos a cometer. Pero claro, uno cree que siendo demasiado sincero con su propia postura hacia afuera va a ser entendido como tal. Y sí, se paga piso también.

Yo le voy a insistir sobre esto porque sigo sintiendo que hay un poco de condescendencia en sus respuestas cuando analiza los errores.

Yo no creo en los latigazos. Una vez, cuento como anécdota, vino Parril que es el presidente del Instituto Patria de Argentina y como todos estábamos en un lamento, nos decía: oigan, ya pues, a ustedes todos los días les dan latigazos, ustedes mismos se siguen dando los latigazos, ya reaccionen.

Los latigazos que se den afuera. Ahora que también nosotros sepamos que esos latigazos que nos dan son por las cosas buenas que hicimos. Y por eso es que tal vez hayamos dado un paso más adelante. Claro que somos autocríticos y eso queda para el interno.

Porque hacia afuera ya tenemos suficientes que nos dan latigazos todos los días.

En todas las entrevistas que hago, les pregunto a los políticos, si en su recorrido sea de dos años o de quince, como en su caso, qué errores reconocen, no por el tema de darse un latigazo, sino por el tema de decir, a ver, yo me equivoqué en esto y me gustaría que cuando yo esté en una situación similar, no lo repita así.

No, yo he tenido exceso de confianza, porque creo que la otra gente está actuando como yo, de buena fe. Que cuando hablo con alguien, y me dice esto vamos a hacer, es porque esto lo vamos a hacer.

La diferencia es que uno lo cumple, y cuando ven que el otro no lo cumple se dan también golpes, y nos hemos dado muchos golpes. ¿Qué es lo que no volvería a hacer? No volvería a confiar tanto. Y eso puede hasta sonar un poco duro pero no, hay que saber conocer a las personas.  

¿Y ahora no está confiando mucho en sus compañeros?

Hay confianza entre quienes tenemos un pensamiento mucho más cercano a lo que pudimos tener con muchos compañeros —o con los que llamamos compañeros— en un momento determinado.

Ahora también tenemos grandes diferencias. La suerte de la política es esa: que te encuentras con esas diferencias que incluso te permiten desequilibrar tu propia postura en algún momento.

Muchas veces el ser muy radical en posturas políticas no te permite tener esos equilibrios, y hay que buscar equilibrios.

¿Pero no termina siendo muy radical esto de “yo creo en el expresidente Correa” al punto de cegarse?

Yo creo en Rafael Correa, por eso estoy aquí. Bueno, y al proyecto político al que representa.

Mis discusiones más fuertes con él, fue cuando él decidió retirarse. Porque yo creo que a estas alturas, nosotros llegamos a tener una participación política que representa un proyecto que ya va más allá de las decisiones particulares o personales. Y eso puede sonar muy egoísta con el entorno más cercano. O sea, mis papás, mi familia me viven diciendo “oye, ya pues párale ya retírate”.

Fue una discusión muy fuerte. Incluso la Secretaria Ejecutiva de Alianza País en ese entonces instó a sancionarme por un artículo que yo saqué públicamente en el que yo cuestionaba la decisión del retiro, porque creía que era un error. Y creo que fue un error. En ese marco yo creo que ya cuando llegas a un nivel de representación, ya uno se no se representa a uno mismo. Y si no comprendemos eso, le estamos fallando justamente a lo que se construye como un proyecto colectivo.

Pero este rol que usted dice de haber tenido mucha confianza, o fe ciega en algo. Hoy sigue creyendo en otros. ¿No es como que el error se repite?

Pero imagínate lo que sería encerrarse en uno mismo, mejor ya no participamos en la política.

Cómo haces política, cuando la política es colectiva, si no crees en los demás. La capacidad está en discernir a tiempo quién está del lado correcto.

¿Usted va a seguir haciendo política?

No sé, no sé qué va a pasar mañana, capaz que en enero declaran muerte cruzada y yo no puedo reelegirme como asambleísta. No sabemos lo que pasa.

Me refiero a si tiene ganas de seguir participando en la vida política.

Yo soy militante, y esto puede sonar retórica o cliché: yo asumo mi militancia, es mi forma de vida, muchos me cuestionan por eso. Nela Martínez lo dijo hasta el último momento de su vida. Ella pudo ser la primera diputada electa mujer en este país y no es que por eso se quedó en cargos públicos toda su vida. Pero siguió siendo política hasta el último respiro. Ojalá hayan más “Nelas” en este país. Ojalá hayan más hombres que estén dispuestos a hacer de la política, no una carrera, sino una forma de vida para los otros. para complementarse en la sociedad.

No digo esto desde ahora sino en los 19 años que participo y mucho antes. Desde que empecé mi militancia cultural al los 14. Para mí siempre fue importante el trabajo en colectivo, yo no creo en agendas particulares. Me molesta cuando los otros lo hacen y nos hemos encontrado con agendas particulares, todos los días en los proyectos políticos, porque es legítimo. Lo que tú me preguntas es legítimo. ¿Qué quieres ser? es que muchos me preguntan si quiero ser Presidenta de la República. El 50% de la población querrá algún rato de niño algún rato ser presidente. Yo quiero que mi resistencia sea la necesaria para poder sobrevivir, lo que vivimos es fuerte y no lo dramatizamos. Hay momentos mejores, y hay momentos peores en la política, si la política no es lineal.

¿Extraña el poder?

Nunca tuvimos poder, tuvimos espacios de decisiones políticas, el poder está presente, el poder económico nunca dejó de serlo y hoy lo evidenciamos. Hoy tenemos autoridades que representan lo que realmente es el poder en este país.

 

Las ciudades que no querían a los niños

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En una calle sin salida, ubicada en el sector de El Bosque, en el norte de Quito, varios grupos de niños juegan en plena vía. Son al menos cinco y tienen entre dos y seis años. Uno está en su bicicleta, otro en un carrito que echa a andar moviendo sus pequeñas piernas. Una niña va y viene en patines, otro par juegan con un perro. No hay un espacio verde, no hay juegos infantiles, no hay ni siquiera árboles. Es una calle con edificios y casas a cada lado y unos pocos autos estacionados al frente de los portones. La entrada a la calle está cerrada con una cerca eléctrica y un guardia controla el ingreso de vehículos desde una garita. Cada vez que se abre la cerca, los niños corren hacia la vereda y sus cuidadoras, algunas con uniforme, corren detrás de ellos. Entra un auto reduciendo la velocidad, se mete en un garaje y los niños vuelven a correr a la calle. “Juegan aquí porque es seguro. No podemos ir al parque porque implica bajar por la vía por la que pasan buses y es peligroso”, dice Elena, una de las personas a cargo de dos niños de cinco y un año. “A la mamá de los niños no le gusta que pasen la cerca”, dice Carmen, otra de las niñeras. “Dice que nos pueden asaltar. Yo veo que es un barrio seguro pero ella prefiere que nos quedemos aquí”.  Esa es, quizás, una de las escenas que más refleja lo poco amigable que puede ser Quito para los niños: el peligro del transporte público —que incluso en zonas de velocidad reducida, sobrepasa los límites—, la inseguridad, las vías inadecuadas para la circulación de peatones. Eso hace que los ciudadanos se encierren en su calle, en su urbanización o en su casa.

No solo sucede en Quito. David Hidalgo, urbanista, dice, hablando de Guayaquil, que es una ciudad hostil. Dice que la política del Municipio local y de las élites garantizan una calidad de infancia a ciertos niños —aquellos que viven en urbanizaciones privadas, con acceso a piscinas, espacios verdes y áreas de juego— dejando a la mayoría enfrentar realidades precarias. Jan Gehl, arquitecto danés, llamado padre del urbanismo humanista,  ha estudiado desde la década de 1950 cómo las ciudades pueden ser pensadas y construidas para mayor beneficio de los seres humanos. Uno de sus planteamientos es que los espacios públicos sean como las “salas de estar” de una ciudad. “Hay miedo y polución, pero lo peor son las urbanizaciones valladas” le dijo Gehl a diario El País. “Los niños están seguros en las urbanizaciones, pero ¿qué tipo de educación les das? ¿Para protegerse hay que aislarse?”.

David Hidalgo, en la misma línea de Gehl, dice que en el pasado los niños salían a jugar a la calle, recorrían la ciudad, usaban transporte público, y eso era normal en el desarrollo infantil. “Se debe recuperar la vecindad barrial y las buenas prácticas sociales que ayudan a respetar, cuidar y proteger a los niños en la ciudad”. César Mantilla, Secretario de Inclusión del Distrito Metropolitano de Quito tiene una visión distinta. Para él, los niños no deben estar solos en la calle. La responsabilidad es de los padres. “Los niños nunca deben movilizarse solos.” dice Mantilla. Piensa que los niños deben tener juegos a su altura, accesibles, sin barreras. “Pero no pueden ir solos por la calle”.

Pero en Quito se puede ver a niños pequeños usando el transporte público o circulando por las calles aledañas a las escuelas. Parte de esta realidad se muestra en las observaciones de un estudio —que aún no se publica— realizado entre la Universidad San Francisco de Quito y la fundación Cavat, creada para apoyar a víctimas de accidentes de tránsito. La idea era identificar qué tan seguros eran los entornos viales alrededor de cuatro escuelas en el norte, centro y periferia de la ciudad de Quito. Los resultados, dice Cristina Bueno, docente de la universidad, fueron alarmantes.

Las conclusiones son preocupantes. “Ahí me di cuenta del terrible estado del espacio público para los niños”, dice Bueno. La mitad de las aceras son demasiado estrechas y la mayoría tienen obstáculos que impiden el paso de los niños. Apenas el 33% de las vías tienen un límite de velocidad de 30 kilómetros por hora. En más del 80% de los accesos a las escuelas no existen semáforos para peatones ni señalización que advierta que es una zona escolar. En el 58% de las escuelas no hay un paso cebra. Hay niños que recorren dos o tres cuadras desde la salida hasta el sitio en el que están sus padres o el bus. Según el estudio, no había bahía o parqueo para los buses, por lo que  estaban parados en media calle. Según Bueno, la estatura de un niño y su ángulo de vista hace que maximicen las posibilidades de un accidente. “En varias de las escuelas visitadas ya había casos de niños que habían tenido accidentes y terminaron en el hospital”.

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La idea de pensar en ciudades amigables para niños no es reciente. En los años cincuenta del siglo pasado, Aldo Van Eyck, un arquitecto holandés, se dedicó a construir parques en los espacios que habían sido destruidos por la Segunda Guerra Mundial en Amsterdam. Su premisa era desarrollar un número de elementos que motivaran a los niños a saltar, correr, escalar, agacharse, balancearse y gatear, adaptándose a las condiciones específicas de cada lugar. En esa línea, Cristina  Bueno cree que los espacios públicos en Quito aún tienen mucho camino por recorrer.

En 2012, la iniciativa de Unicef Ciudades amigas de la infancia  promovía la conversión de las en espacios incluyentes y comprometidos con el cumplimiento de los derechos de los niños y las niñas. Para lograrlo, se necesita cumplir una serie de requisitos como demostrar los esfuerzos concretos para eliminar la discriminación contra los niños. En América del Sur apenas dos países son parte de esta iniciativa: Brasil, en donde participan diez municipalidades, y Colombia, en donde se está aplicando un proyecto piloto en dos ciudades.

César Mantilla, cree, sin embargo, que Quito sí tiene una política inclusiva para los niños, enfocados en el acceso a la educación y la salud, garantizado, según él, por el Municipio. “Entre los proyectos que tenemos están los guagua centros”, dice citando a los centros de desarrollo infantil, que “ahora son 184 para niños de dos a cinco años”. En 2014, dice el funcionario, eran solo 17. Dice que los centros garantizan el 75% de la alimentación diaria de los niños. Según Mantilla allí se atienden aproximadamente a 10 mil niños. Dice, además, que la atención de los centros infantiles públicos (incluidos aquellos manejados por el gobierno central) “están cerca de alcanzar una cobertura del 50% de los centros existentes en Quito”.

Este tipo de política pública, afirma el urbanista David Hidalgo, está más relacionada con la política laboral: la existencia de los centros infantiles garantiza que los padres se puedan liberar del cuidado de sus hijos para poder trabajar. “Contar con ello, no significa que no se deba invertir más en los niños y espacios públicos adecuados para ellos”. Según Hidalgo, la política de espacios públicos debe estar enfocada a que los espacios sean funcionales para los niños y debe contar con un presupuesto constante para esta finalidad dentro de una agenda municipal. “Nuestros parques tienen una visión muy limitada de juegos estandarizados para los niños, juego en plástico que ya vienen normados cuando la tendencia a nivel urbano es que las zonas de juego se incentive su creatividad, que no todo esté hecho”.

El problema es que, incluso la construcción de parques y espacios de recreación para los niños, es escasa en muchas ciudades de Ecuador, al punto en que incluso la construcción de un parque aunque sea con juegos estandarizados es un avance. Hidalgo destaca que en Portoviejo, ciudad costera ecuatoriana, se han construido dos parques con extensas áreas verdes en los últimos años: La Rotonda y Las Vegas.

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En un cruce entre las avenidas República y Portugal, en el centro norte de Quito, una joven madre intenta cruzar la calle empujando un coche en el que va una bebé de menos de un año. Los autos le pitan, no hay paso cebra ni rampas en las veredas para que pueda subir el coche con facilidad. Cuando el semáforo de los autos se pone en rojo, hace un primer intento de cruzar pero en la esquina un auto que gira por la transversal, pita y le impide pasar. Parece nerviosa. Lleva varios minutos intentando cruzar. Cuando finalmente lo logra, en el parterre del centro hay un basurero que obstaculiza su paso. Un muchacho joven que cruzaba con una mochila en la espalda, al verla en dificultades, se regresa y le ayuda a alzar el coche y juntos logran cruzar la calle.

— Quito es una ciudad que le da prioridad al vehículo, dice Cristina Bueno. La autoridad y quien lo maneja cree que el vehículo es la prioridad.

Si una madre no puede circular libremente por la vía pública empujando un cochecito, ¿cómo puede ser amigable para un niño? ¿O para un anciano? ¿O para una persona con discapacidad?

— El principio que rige aquí es: si una ciudad funciona bien para los niños funcionara para todos, dice David Hidalgo.

Iniciativas como 880 Cities, una organización sin fines de lucro dirigida por el colombiano Gil Peñalosa pretende, justamente, crear ciudades en las que un niño de ocho años y un anciano de 80 puedan circular con absoluta seguridad y disfrute del espacio público. En ese camino, la visión de la empresa privada, aquella que construye casas y edificios es importante: de sus proyectos también se desprenden la visión y las formas en la que la ciudad pasará a relacionarse con los ciudadanos. ¿La prioridad es al peatón o a los vehículos? “Cuando los coches empezaron a invadir nuestras vidas, empezamos a construir ciudades en contra de la gente. Calles de seis vías, avenidas sin sombras, sin árboles”, dice el danés Gehl. En ese sentido, las ciudades se volvieron espacios poco amigables para los peatones, en general, y para las poblaciones vulnerables como niños o personas con discapacidad, en particular.

— Para los niños incluso debe haber criterios en cuanto a los materiales que se utilizan en la construcción de una ciudad. Texturas suaves que asemejan a una alfombra, por ejemplo, para que el caminar por el espacio público venga acompañado para una experiencia lúdica, de juego, dice Cristina Bueno.

En 2017, en Quito, un conductor promedio perdió 31 horas atrapado en el tráfico. Más de un día pasamos encerrados en las cabinas de nuestros carros sin ir, literalmente, a ninguna parte. Esta conclusión es parte de un reporte hecho por la organización Global Traffic Scorecard, creada en 2005 para recopilar y analizar datos sobre movilidad. La cifra da una medida de la pesadez del tráfico quiteño.

La consecuencia directa son ciudadanos agresivos al volante, intolerantes con las bicicletas o los peatones y con prisa constante por llegar a su destino. Una ciudad así no es amigable para nadie. Peor para los peatones, y peor para quienes están en una situación más vulnerable como los niños. Hay formas, sin embargo, de mejorar la ciudad y hay organizaciones que trabajan permanentemente para aplicar esas soluciones.

Pasa, por supuesto, por exigir una política pública inclusiva, pero también pasa por la concienciación de los ciudadanos: somos quienes construyen la ciudad a partir de lo que exigimos a los gobiernos y, también, de cómo nos organizamos en los barrios.

En el Quito Tenis, al norte de Quito, los vecinos se han organizado para una serie de acciones ciudadanas. Una de ellas es para limitar la velocidad a 30 kilómetros por hora para quienes circulan por la zona: el límite está establecido para todas las calles, independientemente de que haya o no escuelas o centros infantiles cerca. Es una pequeña acción que demuestra que con voluntad puede haber cambios.La zona tiene varios parques y es normal ver peatones, niños, mascotas y ancianos, caminando por las calles.

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Copenhague, la capital de Dinamarca, elegida varias veces la mejor ciudad para vivir, según la revista Monocle, tiene como meta convertirse en 2025 en la primera capital del mundo neutral en emisiones de carbono. Están convencidos de conseguirlo: desde 1990 han reducido las emisiones un 40% y desde 1980 el PIB de Dinamarca ha subido un 80%, pero el consumo energético se ha mantenido al mismo nivel, según datos publicados por diario El País.

Esta ciudad era distinta, pero sus ciudadanos exigieron cambios. En los años sesenta del siglo pasado, había tantos vehículos como en cualquier ciudad europea. Jan Gehl fue uno de los primeros en presionar y exigir a las autoridades locales cambios para que Copenhague fuera una ciudad más habitable. En 1973 los daneses estaban ya exigiendo a sus gobernantes que apoyaran otras formas de transporte como la bicicleta. Por esa presión ciudadana, Copenhague se convirtió en una de las primeras ciudades en peatonizar varias zonas del centro hace más de seis décadas.

Con esa misma iniciativa Gehl ha sido el artífice de la peatonización del Times Square Center en Nueva York. “Fuimos pioneros en el estudio y la defensa de la calle para la gente. La colaboración de los políticos fue clave. Cuando me retiré, la entonces alcaldesa me envió una carta en la que me decía que si los arquitectos no nos hubiéramos atrevido a plantear la salida de los coches, ellos no hubieran sabido hacer de Copenhague la ciudad más habitable del mundo”, dice Ghel en una entrevista a diario El País.

Esa quizás es la clave para empezar: ciudadanos organizados presionando por cambios concretos que incluyan a las poblaciones más vulnerables. Si un niño pequeño puede caminar sin que haya el riesgo de que se caiga en una alcantarilla porque la tapa ha sido levantada, o una persona en silla de ruedas tiene facilidad para movilizarse porque hay rampas adecuadas en las veredas, entonces podremos decir que las ciudades están pensadas en sus habitantes.


Este reportaje es elaborado gracias al apoyo del Programa Ciudades Intermedias Sostenibles

Amaru y el desamparo de las niñas indígenas

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Amaru, con su rostro pintado con líneas negras, llegó a mi oficina con los ojos vidriosos. Me contó que cuando apenas era una niña, un adolescente de 16 años de su comunidad se había metido en la cama donde dormía y la había violado. El hecho ocurrió hace más de 15 años, pero ese día, a pesar del tiempo, Amaru se dio cuenta que no lo había superado. Me contó que cuando la imprescriptibilidad de los delitos sexuales ganó en la Consulta Popular en febrero de 2018, sintió que debía “hacer algo”. Entonces decidió sentar un precedente para que ninguna otra niña de su comunidad indígena ancestral sufriera lo que ella había padecido.

Amaru, a pesar del doloroso episodio, había logrado salir adelante. Su fortaleza, sin embargo, se desmoronó este año cuando los directivos de su comunidad le asignaron que trabaje en el mismo grupo que el joven que la había violado —quien hoy es parte del consejo de gobierno de su comunidad. Los líderes, sin saberlo, la revictimizaron, haciéndola volver a sentir sus peores miedos.

El episodio revivió la impotencia que Amaru había reprimido por años. Dejarlo pasar era irse en contra de sus valores y límites de tolerancia. Encaró al agresor y les contó a sus dirigentes porqué no podía trabajar en el mismo grupo que él. Pero no la escucharon, a pesar de que insistió, no hicieron nada. No les importó. Frustrada, decidió hacer algo más.

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Como abogada, le expliqué sus posibilidades legales, y a través de documentos pude enterarme sobre lo que ocurría dentro de su comunidad. Luego de leer el estatuto y las normas de convivencia interna, concluí que la caza de dantas y el derecho que tiene cada familia a este animal es más relevante y trascendente que enfrentar la realidad de la violencia sexual con la que conviven sus niñas, adolescentes y mujeres.

No hay una sola norma en su estatuto sobre lo que deben hacer cuando una de sus integrantes ha sido abusada sexualmente. No conocen cómo recopilar información de la víctima, cómo brindarles apoyo, tampoco está escrito cuál es el canal legal adecuado que se debe seguir para no dejar el hecho en la impunidad. Especialistas de varias áreas en violencia de género me confirmaron que no existen estadísticas sobre violencia sexual en las comunidades indígenas.

¿Hasta dónde llega la autodeterminación de estos pueblos en cuanto a impartir justicia entre ellos, prescindiendo de las normas del Estado ecuatoriano?. ¿Qué significa realmente esta justicia propia e independiente para las comunidades indígenas ecuatorianas?. ¿Existe realmente una verdadera concientización por parte de los dirigentes en relación a las agresiones sexuales que sufren las niñas y mujeres? ¿Cuál es el verdadero alcance y límites de sus costumbres ancestrales? Lo cierto es que es un tema que muchos prefieren callar. Lo increíble es que éste silencio se da por los hombres que no quieren reconocerlo, y por las mujeres que, aunque entiendan que forzarlas a mantener relaciones sexuales es un acto que va en contra de sus derechos, prefieren no actuar.

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Amaru escribió su testimonio —en un documento formal— y lo entregó a las autoridades de su comunidad. Ellos convocaron al agresor y a ella a una audiencia de mediación para tratar de “conciliar” (lo inconciliable) entre los dos. Solo podían invitarlos a “solucionar” porque en el 2014 la Corte Constitucional determinó que la justicia indígena no es competente para resolver casos relativos a crímenes que atenten contra la vida o de los delitos sexuales. Así, el episodio más traumático de la vida de Amaru debía procesarse por las autoridades de su comunidad como un conflicto interno que estaba provocando roces entre sus miembros, no porque violar esté mal.

Amaru me pidió que le acompañara a la audiencia. Acepté. Al llegar vi a muchas niñas cargando a bebés. Me encontré con una comunidad no tan hospitalaria, a la que le molestaba nuestra entrada pese a que Amaru había anticipado que iríamos. En el pueblo pensaban que nuestra intención era hacer problema, remover cosas que estaban en el pasado, alterar su paz.

Durante el viaje, Amaru me relató de una ocasión en que estando en el pueblo se animó a hablar de violencia sexual con varios miembros del grupo de jóvenes. Los varones lo negaron. Las chicas, en cambio, se enojaron por esa reacción de ellos. Las chicas dijeron que eligen callar porque ven que no pasa nada si hablan. Un dato que los ciudadanos —no indígenas— no podremos jamás investigar, mucho menos corroborar.

Otra realidad dentro de las comunidades ancestrales indígenas es que están integradas por pocas familias. Los lazos sanguíneos o por afinidad fortalecen su sentido de pertenencia. Amaru era de una familia, el agresor era de otra. Esto hizo el tema demasiado difícil de manejar.

La noche anterior a la audiencia, le recordé a Amaru que ella es una mujer empoderada, fuerte, valiente e intelectual. Que de ninguna manera era responsable de lo que le había ocurrido. Le recordé que la finalidad o el objetivo de la imprescriptibilidad de los delitos sexuales buscaba que la víctima se libere rompiendo el silencio aún cuando haya transcurrido el tiempo. Amaru confiaba en su Justicia, ya que la ordinaria cerró sus puertas con los barrotes de la prescripción. Tan sólo la Justicia indígena, que ella tanto protege, la podía ayudar. Al menos eso pensaba.

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Cuando inició la audiencia de “conciliación” por la violación cometida a Amaru, el conflicto ya había perturbado a la comunidad. Y como la gran familia que se supone son, Amaru confió que las partes se sensibilizarían y velarían por el equilibrio entre sus miembros aplicando su justicia y con equidad.

El ambiente en la casa comunal era de desconfianza, ira y miedo. Desconfianza de que personas ajenas a la comunidad observarían directamente sus costumbres jurisdiccionales. Ira de pensar en una posible divulgación de la utopía de su justicia. Miedo a que la fachada de constituirse como comunidad con reconocimiento internacional se vea cuestionada al descubrirse la violación de derechos humanos que en un momento dado fueron por ellos pregonados y defendidos.

La audiencia duró más de cinco horas. Y a pesar de que Amaru tenía defensa técnica, nuestro apoyo fue solo moral. La audiencia fue liderada por los dirigentes políticos, los reconocidos jueces ancestrales y los comuneros, quienes no permitieron que asesoremos a Amaru. Instalaron la audiencia en su propia lengua. La presencia de abogados los fastidió.

De los seis jueces ancestrales, uno era pariente del agresor; de los seis comuneros, dos eran hermanos del violador; de los siete dirigentes políticos, cinco eran hombres y dos eran mujeres: una tía y otra cuñada del agresor. El vicepresidente de la comunidad inició la audiencia recordando que la autoridad y capacidad para aplicar la justicia indígena nacía en la Constitución de la República, que estábamos ahí porque Amaru lo había pedido a pesar de que aquello que alegaba “no podía ser comprobado”.

En justicia ordinaria, si un juez está emparentado con una de las partes, debe excusarse de conocer el caso porque es evidente que no podrá resolverlo sin favoritismos. El sentimiento familiar es poderoso y objetivamente impide resolver un conflicto de manera justa. Sin imparcialidad no hay Justicia. Pero eso tampoco importó en la Justicia Indígena.

Amaru relató que fue violada. Lloró. Su madre, que nos traducía al español la audiencia, al verla y escucharla, también se quebró. Los presentes que escuchaban el relato transitaban de la frialdad a la indiferencia, de la incredulidad a la molestia, de la ira al reproche. No cuestionaron el acto de violación sino porqué Amaru lo contó luego de más de 15 años. No cuestionaron el fondo, solo la forma; el hecho ni la conducta no eran importantes, peor la agresión a la víctima. No cuestionaron al agresor ni lo reprochable de su acto. Atacaron solo a la víctima.

Amaru, un poco más tranquila, respondió el reproche de la comunidad: ¿Por qué ahora y no hace 15 años? Respondió que en esa época era solo una niña, que tenía miedo de no ser escuchada. Dijo que a los nueve años se quiso suicidar pero no lo hizo porque tenía que cuidar a su hermana menor. Terminó diciendo que no se puede sanar solo olvidando, que sabe que no es la única que ha sufrido este tipo de ataques y que, como comunidad, debían hacer algo, debían impartir Justicia y trabajar para que otro hecho como este no vuelva a suceder.

Amaru se equivocó al confiar en ellos. La acusaron de que hablar ahora era exagerado, que seguramente tenía la intención de dividir a la comunidad; que buscaba era reconocimiento político y generar rupturas internas.

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Luego, a favor de Amaru habló su madre, quien confirmó el dolor de su hija, explicó los cortes que se hacía en los brazos cuando era niña. Habló de las terapias psicológicas, de su habitual depresión, de la profunda tristeza de vivir con un agujero dentro del alma. De la imposibilidad de olvidar.

A favor del agresor en cambio, habló un tío. Contó que él conoció a una mujer que fue violada durante muchos años por su padre y que actualmente estaba tranquila, viviendo con su esposo que es médico y que ella no tenía dolores ni tristezas, como si aquello era un ejemplo que debía haber seguido Amaru antes de decidirse a hablar. Sugirió que quien debía ser castigada era ella por poner desorden en su pequeña sociedad, ya que les tenía allí escuchando acusaciones que no podía probar, en lugar de dedicar su tiempo a trabajar.

Uno a uno los dirigentes opinaron. De los siete, solo uno consideró que Amaru no estaba mintiendo. La cuñada del agresor dijo que era necesario fortalecerse como comunidad, no sólo desde las apariencias, porque el índice de madres jóvenes era elevado y esto revelaba que algo internamente estaba muy mal. La tía del agresor —también parte de la dirigencia— dijo que ella le habría creído a Amaru si ella lo hubiese contado antes. Dijo que si la acusación se hubiera realizado en contra de cualquiera de sus otros sobrinos, ella podría creerlo, pero no en contra de ése porque era el más tranquilo.

Al final de la audiencia hablaron los jueces ancestrales, quienes hasta ese momento, habían permanecido en silencio. El rostro de Amaru era desesperanza. Ella conocía dentro el pensamiento de su gente y la mentalidad machista de todos, incluso de las propias mujeres.

El primer juez ancestral instó a encontrar una solución. Otro adujo que el problema era de enamoramiento. Otro le dio el beneficio de la duda a Amaru, puesto que su relato había sido claro, a diferencia del relato del agresor, quien no se había defendido. Otro se acercó al podio y dijo que había tomado ayahuasca y que durante el evento tuvo una revelación que le decía que todo eso que estaban viviendo era falso, que Amaru era una vergüenza y que su motivo oculto era destruir la organización. Al final habló la jueza ancestral. Miró con reproche a Amaru y le dijo que no le creía, que sus lágrimas no eran reales, que ella misma se lo había buscado. Dijo que conocía cómo las niñas a esa edad persiguen a los chicos. Le advirtió que si ella quería hacerle daño a la gran familia y comunidad ancestral, se iba a quedar sola porque ellos eran más.

Cuando se le concedió la palabra al hombre que había violado a Amaru, habló d cómo tenía una carrera siendo dirigente, que siempre había ayudado a los jóvenes y por eso, su participación en la comunidad era activa. Le preguntó a Amaru por qué no le reprochó antes. Dijo que probablemente ella quería hacerle daño a su familia y buscaba separarlo de su esposa. No negó haberla violado, pero tampoco lo aceptó. Ni siquiera se disculpó.

La mamá de Amaru parecía arrepentida. El descrédito de los principales miembros de la comunidad en contra de su hija parecía haberla convencido de que las culpables eran ellas por no callar. Amaru estaba inmóvil. Después de tantas miradas inquisitivas, su indignación parecía haberse transformado en poder. Un poder que no la abandonaba. El mismo que la había llevado hasta allí para luchar por sus derechos y los de las niñas y mujeres de la comunidad.

Como mujer y abogada, conseguí que me dejaran hablar. Les expliqué, como observadora de su proceso jurisdiccional, lo irracional que era su posición frente a este tema. La incoherencia de su actuar. Los estándares que deberían respetar. El riesgo inminente de sus niñas. La tortura de pretender que lo callen y que piensen que todo va a seguir igual.

A puerta cerrada se decidieron los compromisos para Amaru y el agresor. Primero, se dictó una orden de alejamiento que no le permitía a él acercarse a Amaru ni a su familia de manera indefinida. Este además sería apartado del trabajo que realizaba en la comunidad por un año. Se acordó reformar los estatutos de la comunidad, para establecer que los abusos de tipo sexual son un tema que no se puede dejar de tratar.  Se recalcó que cualquier persona acusada de un delito de esta naturaleza, no podría ocupar un cargo en la comunidad. Y se permitió que se “abra la puerta” a personas ajenas a su territorio —expertas en el tema— para que capaciten sobre ello a su gente. Amaru pidió que su caso no sea tratado como la excepción, que actúen de manera responsable si conocían de otros casos que salgan a la luz. La comunidad debía comprometerse a tratarlos con seriedad.

Hasta el cierre de esta columna, nada de lo que se comprometieron a hacer se ha concretado.

La brutal experiencia en esa audiencia terminó forzando a Amaru a firmar un documento en el que se comprometía a no volver a “hacer problemas” del tema nunca más. De lo contrario sería sancionada por la comunidad. Actitud que confirma que el espíritu de tan sui generis evento de conciliación no fue precisamente resolver un conflicto en justicia, sino evitar un inminente escándalo, y obligar a la víctima a callar para siempre. Pero después de esto ¿Qué esperanza les queda a las niñas, adolescentes o mujeres indígenas en un caso similar?

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Su denuncia corrobora una triste realidad: la violencia es parte de su sistema tradicional. Sus costumbres patriarcales implican conductas misóginas y son más poderosas que cualquier entendimiento social.

Amaru es un ejemplo de mujer. Tras haber sido linchada en una audiencia por su propia gente, siempre se mantuvo firme y respetuosa. Es un modelo a seguir para las niñas que habitan allí. Su historia, puertas adentro, tal vez constituya un aporte para que otras rompan el silencio y se evite que haya más víctimas de violencia sexual. Su historia, puertas afuera, nos alerta cuán desprotegidas y vulnerables están las niñas indígenas. Y además, de la triste ingenuidad con que algunos defensores de la justicia indígena cohonestan y encubren conductas delictivas.

El principal problema de la mujer indígena es que no conoce otra realidad. Crecen con la idea de que el hombre goza de superioridad.

Con una política gubernamental de cero tolerancia a los abusos sexuales no es aceptable invisibilizar este tema por nadie, menos aún por parte de comunidades indígenas. Su “autodeterminación” no les exime de pertenecer al territorio ecuatoriano y estar sometidos a una ordenamiento jurídico, constitucional y legal que no debería reconocer excepciones o exclusiones, menos aún para dar validez a una caricatura deformada de un remedo de justicia que no es tal. Aplicar su justicia ancestral les exige respetar todos los derechos, principios y garantías previstos en la Constitución en los tratados internacionales que garantizan los Derechos Humanos. En la Consulta Popular de febrero de 2018, ellos también fueron consultados sobre la imprescriptibilidad de los delitos sexuales en contra de niños, niñas y adolescentes. Y la respuesta de la mayoría fue el Sí. Por lo tanto, conocen el alcance del término agresión sexual y saben que cometerlo no solo es un delito sino que además es reprochable por la sociedad, y debe ser sancionado con rigurosidad por jueces probos.

Es incoherente que estas comunidades indígenas ancestrales, pretendan hablar de autodeterminación y respeto a sus costumbres cuando omiten hablar o normar cómo proteger la santidad e inocencia de sus niñas. Defienden a la selva, a la Pacha Mama, pero no la indemnidad de sus mujeres. El respeto a los semejantes, por su condición misma de ser humano, es un derecho de tipo natural que no se puede negar, debe protegérselo y está por encima de cualquier costumbre ancestral.


Esta columna es parte del proyecto Hablemos de Niñas que se hace gracias al apoyo de

Entre el desamparo y el petróleo

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La atención a los Pueblos Indígenas en Aislamiento es un tema que permanece en el limbo en el gobierno ecuatoriano. Todavía no hay claridad sobre cómo se manejará exactamente este asunto luego de la disolución del Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, que ahora se convertirá en una Secretaría. Los Tagaeri y los Taromenane ─ambos de nacionalidad Waorani─  son los dos pueblos indígenas en aislamiento que viven en el norte de la Amazonía ecuatoriana, en el Parque Nacional Yasuní y sus inmediaciones; ambos están expuestos a los peligros de la expansión petrolera y a otras amenazas a las que todavía no se sabe muy bien cómo responder.

El 21 de agosto de 2018 el presidente del Ecuador Lenín Moreno anunció la disolución del Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos. Un Ministerio tan amplio que abarcaba desde las competencias de la atención a mujeres víctimas de violencia, el manejo de las cárceles del país, hasta la protección de los pueblos indígenas en aislamiento. Organizaciones y activistas que promueven los derechos de las mujeres y niños se juntaron para protestar. Pero nada parecido ocurrió con quienes han estudiado o trabajan con los pueblos indígenas en aislamiento (PIA).

Hasta hace pocos meses, la Dirección de Promoción de Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario era una oficina por debajo de la Subsecretaría de Derechos y Cultos, que, a su vez, estaba por debajo del Viceministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, y no tenía una política pública clara. Exfuncionarios del gobierno confirman que en los últimos años se crearon documentos que nunca vieron la luz porque siempre había un asunto más importante con el que este tema chocaba: el petróleo.

Pedí información sobre qué pasará con los PIA después de la disolución del Ministerio de Justicia, pero no tuvo acceso a una entrevista sino a respuestas enviadas vía correo electrónico —el 14 de septiembre— firmadas por el Equipo Técnico de la Dirección de Protección a Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario. Sobre la transición y la competencia contestaron: “Frente a los ajustes institucionales el gobierno debe precautelar el cumplimiento de estos mandatos creando una Secretaría técnica adscrita a la Presidencia de la República,  que garantice suficiente unidad, autoridad, neutralidad y confidencialidad. Esta temática de derechos y protección no puede estar subordinada a los requerimientos de negociación y diálogo político permanente que le corresponde a la Secretaría Nacional de la Gestión Política”. A pesar de esto, no se dan detalles sobre esta Secretaría ni se sabe cuándo quedaría conformada.

pueblos indígenas en aisalmiento en Ecuador

El registro fotográfico de los pueblos aislados ecuatorianos es prácticamente inexistente. Se sabe que pertenecen a la nacionalidad Waorani. Fotografía de Valeria Sorgato.

El 14 de noviembre, el presidente Lenín Moreno decretó que el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos pasaría a tener un nivel de Secretaría. En el mismo decreto ordenó que esta Secretaría tendrá a su cargo “la protección de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario”. Pero el proceso de transición para la “reorganización institucional, transferencia y redistribución de competencias” se hará en un plazo de 60 días, entonces es imposible saber qué prioridad tendrá este tema.

El retraso en las respuestas claras sobre qué pasará con ellos no ha sido la excepción sino la regla para este grupo de indígenas que tuvo los primeros contactos hace más de 60 años, pero para los cuales solo hace 20 se empezaron a desarrollar acciones concretas para protegerlos.

En 1999 por primera vez se declaró una zona intangible para los dos grupos identificados en el Ecuador: Tagaeri-Taromenane ─ambos de nacionalidad Waorani─. Con un decreto se obligaba a fijar los límites máximo 120 días después de firmado. Pero tuvieron que pasar ocho años para que se definieran  las coordenadas.

En el 2007, cuando empezó el gobierno de Rafael Correa, el entonces Presidente respondió al pedido de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que exigía precautelar la supervivencia de estos grupos. Las medidas fueron pedidas por un grupo de la sociedad civil debido a la indefensión en la que estaban los PIA, y en respuesta a la masacre de 2006 donde cerca de 30 indígenas aislados fueron asesinados. Las medidas habían sido ignoradas durante casi 12 meses. La respuesta de Correa parecía un buen presagio. “Pero duró poco”, dice Eduardo Pichilingue, entonces coordinador del Plan de Medidas Cautelares para la Protección de los Pueblos Indígenas Aislados ─que funcionaba como una oficina bajo la competencia del Ministerio de Ambiente─.

El primer año del Plan, en 2008, recuerda Pichilingue, hubo mucho trabajo y fue positivo. “Logramos generar una fuerza que nos permitió luchar contra una actividad maderera ilegal que parecía incontrolable y afectaba directamente a estos pueblos”. Pero cuando eliminaron esa amenaza, les tocó enfrentar la siguiente: la expansión petrolera. Según dice, fue a inicios de 2010 cuando le pidieron que modificara un informe que confirmaba la presencia de PIA cerca del Campo Armadillo, en la provincia de Orellana, que iba a ser concesionado a la estatal Petroecuador, para ser explotado. “Me pidieron expresamente que dijera que no había PIA. Luego dijeron: ‘bueno, no digas que no hay, pero abstente de decir que es peligroso explotar y que se debería prohibir. Saca otro informe que no diga nada’”. El exfuncionario público no lo hizo y se desligó del Ministerio del Ambiente (MAE).

Hasta el 2015 el MAE tuvo la competencia sobre los temas PIA, ese año el tema pasó al Ministerio de Justicia. Milagros Aguirre —quien trabajó en zona Waorani desde 1997 y ha escrito varios libros sobre los indígenas en aislamiento─ dice que le pareció un cambio positivo. “El Ministerio del Ambiente era juez y parte porque debía dar las licencias de explotación petrolera y a la vez protección a los pueblos. Eso ya riñe automáticamente”. Para Aguirre, era un error conceptual que el MAE tuviera la competencia. “Siempre se debió enfocar como un tema de Derechos Humanos”, dice, “pero cuando se dio ese paso, el presupuesto fue recortado”.

Según las respuestas enviadas vía correo electrónico y firmadas por la Dirección que lleva este tema (y que no se conoce en qué se transformará tras el decreto), “existe una debilidad de recursos humanos, financieros, tecnológicos y logísticos que dificultan el  control y la vigilancia y elevan el riesgo para el accionar del equipo de territorio. Es imprescindible contar con un mínimo de técnicos con experiencia para el cumplimiento de las medidas descritas así como para la coordinación con las Carteras de Estado involucradas -desde su ámbito de competencia- en la protección de estos pueblos”. Sin embargo, no se menciona qué tipo de articulación se está haciendo y queda claro que esa coordinación con otros ministerios todavía no se ha dado.

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Según la página web del recién disuelto Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos (que sigue al aire), en esta entidad trabajan 3267 empleados. De acuerdo a la información entregada por correo electrónico, solo 35 están enfocados en el tema de PIA; es decir el 1%.

Según la información enviada por la Dirección de Pueblos en Aislamiento, sus acciones concretas son: “ejecutar una estrategia de intervención en territorio desde la Estación de Monitoreo de la Zona Intangible Tagaeri-Taromenane, la cual consiste —entre otros— en la realización de patrullajes de monitoreo para el control de actividades ilícitas o  unilaterales que pueden provocar diferentes presiones a los PIA, y consecuentemente unas respuestas violentas de su parte. Así mismo realiza un trabajo continuo con las comunidades cercanas a los PIA para promover una cultura de paz”.

Según la respuesta, también efectúan un trabajo con tecnología remota que implica realizar sobrevuelos, análisis de imágenes satelitales, elaboración cartográfica, etc., lo cual involucra la participación de un equipo calificado técnico. No se menciona con claridad si hay o no una política pública y cuál es.

pueblos no contactados en Ecuador

Las mujeres de la nacionalidad Waorani marchan por las calles de Puyo en el Día Internacional de la Mujer. Foto: Kimberley Brown.

El único documento de proyecto de la Dirección de Protección de Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario al que se puede acceder en el sitio web es “Implementación de la Estación de Monitoreo de Shiripuno”. En la primera página, además de las características básicas del proyecto, el mismo Ministerio le da una prioridad de 0 a este proyecto. Esto indicaría que el gobierno tienen muchas otras prioridades antes que los indígenas en aislamiento.

José Proaño es antropólogo y trabajó en la comisión presidencial que se creó en 2013 luego de la masacre en la que murieron cerca de 30 indígenas aislados. La Comisión estaba conformada por funcionarios del Ministerio de Justicia, Salud y de la Secretaría de la Política y, entre otras funciones, debía elaborar una política pública para los PIA. “Correa la firma pero no entra en vigencia, hasta ahora”, dice Proaño.

Desde el Ministerio de Justicia, varias de las respuestas fueron contestadas desde lo que se debería hacer, más no desde lo que se está haciendo. “Es necesario asegurar una mayor autoridad para lograr coordinar con los ministerios del Interior, Ambiente, Hidrocarburos,  MAG, Salud, (entre otros) a nivel territorial para mejorar la capacidad de respuesta frente a las alertas de amenazas y presiones provenientes desde diferentes fuentes”. Pero no indica cómo se debe lograr esta coordinación interministerial. Como opinan los expertos consultados, hay voluntad política en algunos funcionarios, pero eso no es suficiente.  

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Mientras en Quito, la capital ecuatoriana, se decide el futuro de la competencia de los PIA a puerta cerrada, en la Amazonía, grupos Waorani han advertido la presencia de los no contactados. Alicia Cawiya, lideresa waorani, dijo que ella y un grupo de su comunidad se iban a acercar a un área donde habían notado presencia de PIA para dejarles ollas y otras herramientas. Este contacto, en el que los Waorani ayudan de alguna manera a los no contactados dejándoles objetos, se dio —según coinciden algunos especialistas consultados para este reportaje— luego de la muerte de Ompure y Buganey, dos ancianos Waorani lanceados por indígenas en aislamiento, en 2013.

En el libro Una tragedia ocultada de Milagros Aguirre, Massimo de Marchi y Miguel Ángel Cabodevilla, se narra cómo Ompure había contado en asamblea los acercamientos con los aislados. “Dos taromenani veteranos se le habían acercado varias veces, con cierta confianza, solicitando hachas, machetes y ollas. Él (Ompure) había obtenido unas pocas de un wao empleado en Repsol; también le dio Cawetipe, Presidente de Nawe. Parece que ese exiguo reparto, que alcanzó a muy pocos, provocó la enemiga de otros; algunos de estos llegaron donde Ompure de forma amenazadora, exigiendo instrumentos para todos. Ompure, a su vez, los solicitó, algo angustiado, a la asamblea (no estoy cumpliendo con ellos y me van a matar)…”. Pocos días después lo asesinaron.

Luego de cinco años aún no está clara la razón de ese homicidio, que veinte días después fue vengado en una masacre donde los Waorani asesinaron a cerca de 30 indígenas aislados.

Aguirre dice que en ese caso el Estado se equivocó dos veces: luego de que los aislados asesinaron a los ancianos y después, cuando los Waorani vengaron esa muerte. “No hubo nadie del Estado que actuara. Les dijimos: ‘hagan algo, una reparación urgente a los Wao porque van a ir a vengar’. Pero nadie hizo nada. No se hizo reparación, no les dieron el pésame. Luego vino la matanza de los aislados y tampoco pasó nada”.

Para Aguirre la responsabilidad es clara: “El Estado tiene un grupo protegido que se llama PIA, si ese grupo atenta contra otras personas, el Estado tiene que reaccionar”. En el caso del asesinato de Ompure y Buganey fueron “sus protegidos” los que actuaron, entonces, dice Milagros, debieron responder. Según ella, todo apuntó a ocultar este acontecimiento. “Es como si al Estado le incomodara la presencia de estos grupos de los que conoce muy poco”.

indígenas Waorani

Uno de los hombres Waorani usa una hoja larga que tomó de la selva para producir un sonido agudo con el que llaman a los tucanes en jornadas de cacería. Fotografía de Daniela Aguilar.

Sobre apariciones de pueblos en aislamiento, el antropólogo Roberto Narváez confirma que en los últimos meses ha habido evidencias —relatadas por familias waorani— de que estos grupos han estado cerca del bloque petrolero 21, fuera de la zona intangible.

La relación actual entre algunos waorani y los no contactados, según expertos consultados, se podría definir como temor. Los primeros les dejan las ollas, hachas y demás herramientas porque temen ser agredidos.

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El antropólogo Roberto Narváez, estudioso de los PIA y quien ha trabajado durante 20 años en territorio Waorani, ha investigado y analizado los encuentros violentos de los aislados. Desde 2001 tiene registrados 80 indígenas en aislamiento asesinados. Por su parte, la ficha informativa del proyecto Implementación de la Estación de Monitoreo de Shiripuno, del Ministerio de Justicia, dice que la línea base es de “34 víctimas que se han reportado desde el año 2001”. Es decir, menos de la mitad de los registrados por Narváez. Para él, el mayor problema del Estado es que no tienen información suficiente, no investigan, y toman decisiones sin criterio histórico y antropológico. “Por eso marcan límites equivocados y algunos hasta niegan la presencia de estos grupos”.

El Estado —a través de sus representantes— más de una vez ha negado la presencia de los PIA. Aguirre recuerda que luego de la masacre de 2013 tuvo una reunión con ministros y el expresidente Correa. “Querían manejar todo como si  fuera un supuesto. Nadie sabía ni quería reconocer el hecho”. El caso más emblemático de esta actitud es quizás la del entonces presidente de PetroAmazonas, Wilson Pástor, quien desde antes, en 2010, en una entrevista para el canal nacional RTS dijo “…usted me dice que hay pueblos no contactados, nosotros no conocemos de esto, hemos hecho los estudios en el Bloque 31 […] todo eso está en duda, no son hechos comprobados, se podría pensar inclusive que son hechos prefabricados, hay una hipótesis de que no se trata realmente de pueblos no contactados, sino de movimientos más políticos para evitar la explotación de ese campo”. Pástor luego se convirtió en Ministro de Recursos Naturales No Renovables.

Verónica Potes es abogada especializada en pueblos indígenas y cree que si cualquier agencia del gobierno se hace cargo de los PIA será problemático, como ha sido en los últimos años. “Hay un interés particular conocido en esos territorios: el económico. Si esos pueblos no existieran, esos territorios hace rato estarían con más actividad petrolera, caminos, carreteras”. Potes dice que el Estado —pero no el gobierno— debería encargarse. “Una de las propuestas que identificamos es que la Defensoría del Pueblo sea el ente que pueda dirigir, revisar, ordenar y sancionar a las demás partes del Estado que no cumplan con la protección de los PIA”.

Históricamente, según Roberto Narváez, la frontera del territorio para los pueblos en aislamiento ha sido impuesta con un criterio donde los intereses petroleros han prevalecido sobre los derechos humanos. Dice que las 50 000 hectáreas de zon intangible en el Parque Nacional Yasuní que supuestamente se deberían adherir después de que ganó el Sí en el referendo de febrero de este año, no son suficientes porque para estos grupos hay que considerar una zona adicional de movilidad que, según sus estudios y análisis de más de una década, deberían abarcar todo el este Parque Nacional.

Más allá de esta ampliación pendiente que le corresponde al Estado, lo que más ha afectado en las últimas décadas a los pueblos en aislamiento, es el petróleo. Actualmente hay nueve bloques petroleros que amenazan a los PIA por su cercanía a la zona intangible: el 14, 16, 17, 21, 22, 31, 43, 55 y 66.

En octubre de 2018, el Ministro de Hidrocarburos Carlos Pérez, anunció que antes de fin de año se licitarán los bloques 86 y 87, en la provincia de Pastaza. Según el mapa del Ministerio de Justicia, en el área del 87 sí hay presencia de pueblos indígenas en aislamiento.  

Roberto Narváez no es muy optimista y a la pregunta de quién debería tener ahora la competencia de los PIA, responde: “tienen que ser decisiones bien de alto nivel…si alguien con visión de Derechos Humanos entra ahí, cambiaría todo”. Narváez recalca que el Estado debe definir lo que quiere. “Lo que quiere es actividad extractiva, quiere recursos petroleros”. Esa explotación, sin embargo, no es compatible con los pueblos indígenas en aislamiento.  Al final, los PIA en Ecuador se encuentran en una situación preocupante frente a poderosos intereses económicos y ganar esa batalla no será fácil.


*Este artículo fue originalmente publicado en Mongabay Latam

Claves para entender las desapariciones en Ecuador

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  • ¿Cuántas personas desaparecidas hay en Ecuador?
  • Según un informe de estadísticas del Ministerio del Interior, hasta junio de 2018 había 1.495 casos de personas desaparecidas que todavía estaban en investigación. De este total, 56% son adultos, 16% niños, 15% ancianos, y de 13% no se conoce la edad. Este último porcentaje, según el informe, existe porque no se sabe la cédula, los nombres completos o la fecha de nacimiento de la persona desaparecida. Además, de este total, el 44% son mujeres y el 56% son hombres.

    En el mismo informe, el ministerio explica que desde 1970 hasta junio de 2018, ha habido 47.394 denuncias de personas desaparecidas. De este total, el 97% de personas han sido recuperadas. De ellas, el 90.1% se fueron de sus casas por voluntad propia, 8,2% son casos de personas sin voluntad —ancianos, personas con enfermedades mentales, niños que se perdieron—, y el 1,7% se los encuentra muertos.

    Esta cifra no coincide con la entregada por la Fiscalía a la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas (Asfadec). Un informe de esta asociación publicado en agosto del 2018 dice que hasta finales del año anterior había 42.954 personas desaparecidas. De este total, el 67,2% eran mujeres y el 32,7% eran hombres.

    Una de las mayores quejas de la Asfadec es la inconsistencia entre las cifras de desaparecidos recogidos por la Fiscalía y el Ministerio del Interior. En su informe publicado, Asfadec cuestiona la diferencia en la cantidad de desaparecidos reportados hasta finales de 2017: según la Fiscalía eran 1.577 y según el Ministerio del Interior eran 1.557 personas. “Hasta la actualidad las instituciones no han podido obtener una cifra real y veraz sobre las personas desaparecidas”, dice el informe.

    Telmo Pacheco, presidente de Asfadec, dice que por muchos años la Fiscalía y la La Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased)les entregaban datos incompletos y que no cuadraban entre sí. “Mientras uno hablaba de 4 mil, el otro hablaba de 40 mil”, dice Pacheco. “Pero se pusieron de acuerdo y ahora qué han hecho: rebajar las estadísticas que teníamos anteriormente y ahora dicen que son cerca de mil quinientas pero que el 65% eran de la época de Febres Cordero”. Según Pacheco, ellos calculan que hay cuatro mil casos de personas desaparecidas sin resolver, basándose en los datos que la Fiscalía les entregaba desde el 2014.

    En una entrevista con María Sol Borja de GK, la ministra del Interior María Paula Romo, explicó que, uno de los motivos para que estas incongruencias existan, es porque no había un formato estándar para registrar las denuncias de los desaparecidos. Según Romo, La Fiscalía utilizaba un formato y el Ministerio del Interior otro que, además, “no son compatibles, no se actualizan solos”. Ahora, dice la ministra en la entrevista con Borja, ya existe un formato para registrar denuncias de personas desaparecidas.  

    Otro motivo para estas incongruencias, según Romo, es que han encontrado casos de personas que denunciaron que su hijo no regresó a casa “y quien tomó la denuncia pone el nombre completo del denunciante pero del hijo puso Carlos NN”. Esto obstaculiza el proceso porque no se puede identificar quién fue el denunciante ni saber si el caso ya se cerró. Dice, que esos casos seguramente “nunca vamos a poder cerrar”.

    Algunos casos de personas desaparecidas son el de Juliana Campoverde, Telmo Pacheco hijo, David Romo, Carolina Garzón, Leonor Ramírez, Michelle Montenegro. Asfadec ha recopilado más casos en su página web y el Ministerio del Interior también tiene una lista de personas registradas como desaparecidas en un portal web.  

  • ¿Qué es la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador?
  • La Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec) fue creada en el 2012 como una respuesta a la falta de acción por parte del Estado en búsqueda de personas desaparecidas.

    Inició en mayo de 2012, cuando Walter Garzón y Alix Ardila viajaron desde Bogotá a Quito para buscar a su hija Carolina, quien había desaparecido hacía algunos días. Cuando no recibieron respuestas del Estado sobre la desaparición de su hija, comenzaron a hacer plantones en la Plaza Grande de Quito frente al Palacio de Carondelet. Al mismo tiempo, Telmo Pacheco, Ángel Cevallos y Luis Sigcho estaban buscando a sus familiares desaparecidos y tampoco recibían respuestas del Estado. Ellos crearon un Comité de Familiares de Personas Desaparecidas pero, por el aumento de desapariciones en el país, cambiaron el nombre a Asfadec.

    Desde entonces, la asociación se convirtió en un punto de encuentro para todas las personas que tengan familiares o amigos desaparecidos y que buscan apoyo, asesoramiento y acompañamiento en su búsqueda. Además, han insistido a las diferentes entidades del Estado pidiendo transparencia en los datos de desaparecidos, buscando a sus familiares en las morgues y hablando con los fiscales para que investiguen sus casos. Los miembros de la Asfadec hacen plantones todos los miércoles en la Plaza Grande de Quito, exigiendo respuestas del Estado y eficiencia en las investigaciones.

  • ¿Quién es Telmo Pacheco?
  • Telmo Pacheco es el presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec). Su hijo, Telmo Orlando Pacheco, viajó a Loja para un retiro espiritual el 3 de noviembre de 2011, por invitación de una mujer que había conocido pocos meses antes. El último mensaje que recibió de Telmo Orlando fue un mensaje de texto que decía que se quedaría en Loja un tiempo más para conocer la ciudad. Nunca más apareció.   

    La investigación del caso comenzó. Sus familiares viajaron a Loja para hablar con el fiscal. Pero a los 45 días de su desaparición, el fiscal decidió cerrar la investigación porque encontraron unas imágenes de una cámara de seguridad de un cajero automático donde alguien parecido a Telmo Orlando sacaba veinte dólares de su cuenta. Para el fiscal, esa era una prueba de que se había ido por su cuenta a hacer su vida. Pero su padre duda que haya sido él y dice que no se registraron más movimientos en la cuenta. Desde entonces, Telmo ha seguido en un proceso de búsqueda tortuoso, ha tenido que pasar por una reconstrucción de los hechos que se hizo cinco años más tarde, y la indolencia del Estado por la falta de investigación de la desaparición de su hijo desde el comienzo.

    Cuando Telmo recién comenzaba su búsqueda, conoció a Walter Garzón en la Plaza Grande donde estaba haciendo un plantón por la desaparición de su hija Carolina. Junto a dos compañeros más, Walter y Telmo conformaron Asfadec. Ahora Telmo sigue buscando a su hijo y, en el proceso, acompaña a otras personas que están pasando por lo mismo y exige cambios sobre cómo actúan las autoridades en los casos de desaparecidos.

  • ¿Quién investiga las desapariciones de personas en Ecuador?
  • La Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased) comenzó a funcionar en noviembre del 2013.

    En abril de ese año, la Policía Nacional del Ecuador entregó un pedido al Ministerio del Interior para crear esta dirección a raíz de demandas de la ciudadanía —es decir los constantes pedidos de los miembros de Asfadec— para tener una unidad especializada que investigue los delitos contra la vida, muertes violentas, desapariciones, extorsión y secuestro. En julio de 2013, el Ministerio aprobó la creación de esta dirección mediante acuerdo ministerial. Según una revista publicada por la Dinased en agosto del 2018, cuando se creó esta dirección, la Policía Nacional buscó el “apoyo académico de instructores” de países como Chile y Colombia para responder a las necesidades del Ecuador en este tema.

    Cuando se recibe una denuncia de desaparición, la Dinased trabaja con un Manual de Proceso para la Investigación de Delitos y Tentativas Contra la inviolabilidad de la Vida y Personas Desaparecidas. Además, coordina con la Fiscalía, grupos tácticos policiales y Unidad de Apoyo Criminalístico en para arrestar a un posible sospechoso de un delito.

    Según la revista publicada por la Dinased, para agosto de 2018 tenía un 92% de efectividad en sus operaciones. Esto, porque de las 5.955 denuncias de personas desaparecidas que recibió esta dirección en el 2017, se resolvió 5.479 casos.

    Telmo Pacheco, el presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador, dice que la creación de la Dinased se dio gracias a la presión los miembros de su organización. Y aunque esto es considerado un logro, él dice que siente que solo fue creada para “decirnos que están haciendo algo”. Según Pacheco, los oficiales responsables de investigar y los fiscales asignados “no saben qué hacer, ellos nos han dicho a nosotros que no han tenido ni una hora de capacitación, ellos nos preguntan qué queremos que hagamos”.

    Para él, hay muchos casos que investigar y muy poco personal —como los fiscales— especializado en esta área, sobre todo porque solo existe una unidad especializada a nivel nacional y está en Pichincha. En el resto de las provincias, los fiscales que investigan las desapariciones no han sido capacitados ni están especializados.

  • ¿Cuáles son los principales problemas de la búsqueda de personas desaparecidas en Ecuador?

  • Para el presidente de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec), Telmo Pacheco, los principales problemas tienen que ver con los protocolos, la falta de investigación oportuna, y cómo manejan estos casos los fiscales y los investigadores.

    Especialización de fiscales y agentes

    Uno de los principales problemas en la investigación es que, antes de la creación de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased) y la fiscalía especializada en Quito en el 2014, no existía ningún tipo de especialización en la búsqueda de personas. Los temas de desaparecidos eran actos administrativos que, según el estatuto orgánico por procesos de la Fiscalía General del Estado, dice que la  “desaparición de personas” está al mismo nivel de “revenidos químicos, remarcaciones; vehículos retenidos; actos Fiscales administrativos”.

    Este problema es, según el abogado de la fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH), Daniel Véjar, “una de las muchas incidencias que desde los familiares se ha insistido que se cree esta fiscalía especializada”. Tanto Véjar como Pacheco dicen que los fiscales no son especializados sino que fueron llevados de ciertas unidades —como tránsito— y que solo han recibido una capacitación pero que “eso no es una especialización” en búsqueda de personas.

    Pacheco dice que a él y a los demás miembros de la Asfadec le han dicho que van a abrir fiscalías especializadas en otras provincias. Hasta ahora eso no ha ocurrido. A mediados de noviembre de 2018, la Comisión de Personas Desaparecidas del Ecuador de la Asamblea Nacional fue a seis provincias y encontraron que sólo en Azuay —además de Pichincha— hay una fiscalía especializada y que en las demás —El Oro, Loja, Los Ríos, Guayas y Manabí— las desapariciones siguen tratándose como actos administrativos.

    Además, en octubre de 2018, la abogada de la Inredh, Gabriela Flores, dijo en una audiencia pública con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a pesar de haber unidades especializadas en Pichincha, no hay suficiente personal porque de “cinco unidades se pasó a tres”.

    Cambios de fiscales y agentes de investigación

    Un problema recurrente en los casos de desaparecidos es el cambio de fiscales para cada caso. “Los fiscales son cambiados a cada rato”, dice Pacheco. “Y eso significa que tienen que volver a estudiar el caso”. Como resultado, la investigación tarda más tiempo de lo que debería, y cada cada caso tiene muchos cuerpos y expedientes de investigación. Esto ocurrió en el caso de desaparición de Juliana Campoverde que, desde julio de 2012, pasó por once fiscales, ocho agentes y tiene más de 90 cuerpos legales.

    La búsqueda

    Telmo Pacheco dice que a pesar de la creación de la Dinased, sigue habiendo muchos problemas con la búsqueda y la investigación de las personas desaparecidas. En el caso de la desaparición de su hijo en Loja, Telmo tuvo que esperar cinco años para que se haga una reconstrucción de los hechos. En el caso de Juliana Campoverde, su madre, Elizabeth Rodríguez, tuvo que esperar dos años para que se haga una reconstrucción de los hechos. “Ellos nos preguntan qué queremos que hagamos, los agentes mismo nos han dicho que no están capacitados”, dice Pacheco. “Si todo lo que se ha hecho con mi hijo es porque nosotros hemos estado detrás”.

    Para el presidente de la Asfadec, este es un problema común que no ha cambiado en absoluto. Da como ejemplo el reciente caso de desaparición de Michelle Montenegro, una joven quiteña que desde el 5 de junio de 2018 no se sabe su paradero. Él dice que los agentes a cargo de la investigación de Michelle, preguntan a sus familiares qué quieren que hagan y que son ellos los que han pedido que se hagan barridos, que se investiguen a determinadas personas. Los problemas con la investigación de la desaparición de su hijo hace siete años, dice Pacheco, siguen ocurriendo ahora con el caso de Michelle. “Sigue siendo prácticamente lo mismo”, dice.

    Estigmatización

    En muchos casos de desaparecidos, la persona es reducida a estereotipos sexistas o discriminatorios. Cuando Juliana Campoverde desapareció, los policías le dijeron a su madre que seguramente se fue porque estaba embarazada o que se habrá ido con el novio. Estas respuestas de los agentes provocó obstáculos en la investigación porque, en base a estas suposiciones, no se investigó su desaparición a tiempo. Algo parecido pasó con Carolina Garzón, joven colombiana que desapareció en el 2011, porque cuando su padre pedía respuestas al Estado, le culparon a él por dejar que su hija viaje sola.

  • ¿Qué se dijo en la audiencia con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre las desapariciones en Ecuador?
  • El 3 de octubre de 2018, en  una audiencia pública ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se analizaron los casos de desaparecidos en Ecuador. A esta audiencia asistieron representantes de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en el Ecuador (Asfadec), la fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (Inredh), el Centro de Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, representantes del Ministerio del Interior, la Fiscalía y la Procuraduría del Estado.

    Daniel Véjar abogado de Inredh, entregó en nombre de su fundación y de Asfadec, una petición a la comisión solicitando que realice recomendaciones al Estado ecuatoriano sobre personas desaparecidas. Entre las recomendaciones estaba: cumplir con sus obligaciones en investigar y sancionar en casos de personas desaparecidas conforme a los estándares establecidos por la CIDH y demás organismos internacionales, dar asistencia psicosocial a los familiares en los procesos de búsqueda e investigación, asegurar el derecho al acceso a la información sobre estadísticas y cifras de personas desaparecidas, y que se tipifique la desaparición involuntaria.

    Además, pidieron que se destine mayores recursos para la capacitación y contratación de personal calificado para las búsquedas, que se promueva enmiendas legislativas para regular el tratamiento nacional para las desapariciones involuntarias y que en el proceso se incluya las perspectivas de los familiares, y una reparación integral para las víctimas directas e indirectas en los casos de desapariciones.

    Los representantes del Ministerio del Interior, la Fiscalía y la Procuraduría, hablaron sobre los avances que ha tenido el Estado en los casos de desaparecidos. Dijeron que se ha logrado consolidar una base de datos entre el Ministerio, la Fiscalía y la Policía Nacional; la creación de una aplicación de celular para registrar a personas sin identidad, con inscripción tardía o sin referencias de familiares que estén en casas de acogida, albergues, hospitales y otros centros de atención. Además, dijo que el Estado está trabajando en procesos de reconstrucción de osamentas para que “ningún caso de personas desaparecidas quede sin resolución” y conocer cómo se vería la persona y que ésta pueda ser reconocida por su familia.

    La presidenta de la audiencia, Esmeralda Arosemena de Troitiño, cuestionó a los representantes del Estado sobre la norma aplicable para los casos de desaparecidos por ser tratados como actos administrativos. Además, preguntó sobre cuáles son las propuestas del Estado o si es que existe un protocolo que obligue a una investigación. El representante de la Fiscalía General del Estado, Wilson Toainga, defendió que se traten a los casos de desaparecidos como actos administrativos porque no existe una jerarquización de los procesos y que una vez sean investigados los casos pueden ser remitidos a fiscalías especializadas de acuerdo al delito.

    El comisionado Luis Ernesto Vargas exigió al Estado ecuatoriano que dé respuestas a los familiares de personas desaparecidas y el comisionado Joel Hernández preguntó si existe algún mecanismo de cooperación internacional para encontrar a personas desaparecidas en el exterior. A esto, los representantes del Estado dijeron que hay un convenio con México para mejorar las acciones para encontrar a migrantes desaparecidos.

    La comisionada Antonia Urrejola dijo que está muy preocupada por las cifras que presentó el Estado y que no comprende por qué son tan altas, por lo que piensa que hay patrones que deben ser investigados. También cuestionó las acciones para dar estabilidad a la investigación de los casos. Finalmente, los comisionados exhortaron al Estado a comprometerse a dar un seguimiento a los casos de personas desaparecidas para encontrar soluciones reales y eficientes.

  • ¿Cuál es el proceso para reportar personas desaparecidas en Ecuador?
  • La Policía Nacional del Ecuador, el Ministerio del Interior y la Fiscalía General del Estado ha creado una lista sobre qué hacer en caso de que un familiar o persona conocida esté desaparecida. Unas de las principales recomendaciones son: que la persona no comience la búsqueda por sí mismo, negocie o entregue dinero en caso de recibir amenazas o presiones, y no divulgar datos personales de los familiares —como número de teléfono o dirección del domicilio— en las redes sociales para evitar manipulaciones o estafas.

    Sobre qué hacer cuando se detecta la ausencia de un familiar o amigo, los pasos recomendados por la Policía son:

    1. Acudir a la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) más cercana y solicitar una búsqueda inmediata por el sector. También se puede acudir a la Fiscalía más cercana a su domicilio para informar lo sucedido o comunicarse directamente con la Policía Nacional o al 911.
    2. Trasladarse a las oficinas de La Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased) de la provincia donde ocurrió la desaparición y presentar la denuncia correspondiente.
    3. Facilitar toda la información de identidad y del entorno del desaparecido.
    4. Proporcionar una fotografía actualizada del desaparecido.
    5. Mantenerse pendiente de cualquier contacto que se relacione con el desaparecido.
    6. Nombrar una persona específica para mantener contacto con Fiscalía y Policía.
    7. Comunicación permanente con el investigador.

    Además, en el portal web del Estado dedicado a personas desaparecidas se recomienda:

    — Generar una lista de contactos de las personas más cercanas a la persona desaparecida.

    — Recordar las actividades que tenía planificadas la persona desaparecida cuando se detectó su ausencia.

    — Proveer de información acerca de los hábitos de la persona desaparecida a los policías para orientar la búsqueda inmediata en el sector de la desaparición de la persona.

    —Colaborar con las diligencias como entrevistas, consultas, llamadas, entre otras que realice el investigador.

    —Difundir únicamente el afiche de información generado por la autoridad competente.

    —Tener la fotografía más reciente en forma digital o física de la persona desaparecida.

    —Tener una descripción detallada de los hechos, con características físicas y rasgos diferenciales: qué ropa usaba al momento de la desaparición.

    —Datos de identidad de la persona desaparecida.

    —El Ministerio del Interior, la Fiscalía y la Policía Nacional recomienda a los familiares y amigos de la persona desaparecida que si ésta regresa al hogar o es localizada, informe a las autoridades.

  • ¿Qué dice la ley ecuatoriana sobre personas desaparecidas?
  • La desaparición forzada está tipificada en el artículo 84 del Código Orgánico Penal (COIP) con una pena de 22 a 26 años de prisión. Este delito está dirigido a cualquier agente del Estado que “someta a privación de libertad a una persona, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero o destino de una persona”. Sin embargo, este delito no sanciona a las desapariciones causadas por civiles, sino solo por el Estado —como policías o militares.

    La desaparición forzada también es considerado un delito de lesa humanidad en el artículo 89 del COIP, junto a las ejecuciones extrajudiciales, la esclavitud, el desplazamiento forzado, la privación ilegal o arbitraria de la libertad, la violencia sexual, la tortura, entre otros. La pena de este delito es de 26 a 30 años de prisión.

    Según el COIP y la Constitución del Ecuador el delito de “desaparición forzada” no prescribe —es decir que no caduca con el paso del tiempo— y no se podrá concluir la investigación. Sin embargo, según el artículo 417 del COIP, “los plazos de prescripción empezarán a contarse desde el día en que la persona aparezca o se cuente con los elementos necesarios para formular una imputación por el delito correspondiente”.

  • ¿Qué ley se busca promover para resolver los casos de personas desaparecidas?

  • A comienzos de febrero de 2018, la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec) presentó el Proyecto de Ley Orgánica para la Búsqueda, Investigación y localización de Personas Desaparecidas frente a la Comisión Ocasional de Personas Desaparecidas en Ecuador. Este proyecto fue elaborado con la Inredh y Alexandra Córdova, madre de David Romo desaparecido desde el 2013. El proyecto tenía como objetivo normar las acciones del Estado para dar con el paradero de las personas desaparecidas, y buscar medidas para prevenir la desaparición.

    En abril de 2018, la Comisión Ocasional de Personas Desaparecidas del Ecuador presentó una propuesta de reforma al Código Orgánico Integral Penal (COIP) para tipificar la desaparición involuntaria. Este delito se aplicaría a los casos en que una persona “se encuentre en paradero desconocido para sus familiares o haya sido dada por desaparecida en relación con alguna situación que requiera la intervención de la autoridad competente”. La pena para la desaparición involuntaria sería de 22 a 26 años de prisión.

    Este artículo se diferenciaría del de desaparición forzada ya tipificada en el COIP porque, en lugar de solo contemplar las desapariciones a manos de autoridades del Estado —como policías o militares—, incluirá los efectuados por civiles.

    La tipificación de la desaparición involuntaria es una petición que la Asociación de familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec) ha hecho por mucho tiempo al Estado. La primera solicitud fue entregada al ex asambleísta Mauro Andino en julio del 2013 y la última al presidente Lenín Moreno, en junio de 2017. Esta última también incluía un nuevo plan de recompensas a través de una línea 1-800 y campañas en medios de comunicación.

    Telmo Pacheco, presidente de la asociación, dice que quieren la tipificación para “que no sea un acto administrativo, para que sea una investigación seria, que se prepare agentes, que se prepare fiscales, que digan la realidad”.  

    Además de esta propuesta de reforma, en septiembre de 2018 la Fiscalía General del Estado anunció que tiene listo el Proyecto de Ley Orgánica de Actuación Integral en Casos de Personas Desaparecidas y que presentará a la Asamblea Nacional para su aprobación. El objetivo es garantizar una respuesta efectiva a los familiares de las personas desaparecidas, y definir los procedimientos de búsqueda y localización de personas con el Sistema Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

  • ¿Por qué desaparecen personas en Ecuador?
  • Un reporte de la Fiscalía del 2018 recogido por Asfadec dice que las principales causas para la desaparición de personas son: problemas familiares (65%) problemas sociales (22%), otros (6%), problemas psicológicos (2%), problemas académicos (2%), problemas económicos (1%), y sentimentales (menos del 1%).

    Sin embargo, en el Informe sobre las Inconsistencias de las cifras Oficiales de las Personas Desaparecidas del Ecuador del periodo 2013-2017 publicado por Asfadec, la asociación cuestiona esta información por ser “sumamente amplia” y porque “no aportan en lo absoluto para el entendimiento de las causas reales”. Además, dice que el reporte pone a la categoría “otros” como tercera causal de desaparición pero no especifica qué quiere decir esta categoría. Lo mismo ocurre con la categoría “problemas sociales” porque no hay una explicación de qué considera la Fiscalía como un problema social.  

    Una revista publicada por la Dinased en agosto de 2018 sí especifica qué quieren decir estas categorías. La dirección define a “problemas familiares” aquellos que se hayan dado por maltrato físico, psicológico o sexual dentro del núcleo familiar. Sobre “problemas sociales” dice que son los casos en los que las personas se unen a pandillas, o grupos juveniles que los llevan al “alcoholismo y la drogadicción, generando un desapego y la separación del núcleo familiar”.

    En el mismo reporte de la Fiscalía de 2018 se incluye por primera vez el delito derivado en los casos de desaparecidos. Según estos datos, las cuatro principales causas relacionadas con desapariciones son: violación (34%), otros (20%), secuestro (16%), y  asesinato (12%). Sin embargo, el reporte de la Fiscalía no especifica a qué se refiere con “otros”, por lo que Asfadec dice que esto “demuestra que hasta la actualidad la Fiscalía desconoce los delitos derivados o pretende ocultarlos mediante categorías y parámetros amplios”.

  • ¿Qué es la ‘Alerta Emilia’?
  • En enero de 2018, el Ministerio del Interior anunció que implementará la ‘Alerta Emilia’ para la búsqueda de niños, niñas y adolescentes en Ecuador. Para que la alerta se active, primero se debe poner una denuncia —llenando una ficha con los datos del menor de edad— y entregarla a la Policía o a la Fiscalía. Esa información es validada por el fiscal provincial o el jefe zonal de la Policía y, una vez aprobada, los datos y la foto de la persona es difundida a través de celulares, medios de comunicación y redes sociales como Facebook —especialmente a los usuarios que estén a un radio de 160 kilómetros.

    El nombre de esta alerta es en memoria de Emilia Benavides, una niña de 9 años que fue secuestrada y asesinada en Loja en diciembre de 2017. Además, según un tuit del Ministerio del Interior, ‘Emilia’ también son siglas para el nombre oficial del sistema: “Ecuador: Mecanismo Inmediato Ligado a difusión de Imágenes y Alerta para búsqueda de NNA desaparecidos en alto riesgo”.

    En septiembre de 2018, el ex fiscal general del Estado, Paúl Pérez dijo que 235 funcionarios han sido capacitados en el protocolo de activación de esta alerta.

La predicción del tiempo

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Nos quedan doce años para que el mundo entero descarbonice drásticamente su economía. Solo así impedirá que las emisiones de gases de efecto invernadero causen una elevación de la temperatura media global por encima del límite seguro para la vida. La advertencia viene de científicos y climatólogos de todo el mundo. Pensaba en esto mientras caminaba desde un suburbio de Katowice hacia Spodek, el centro de convenciones donde se llevó a cabo, durante dos semanas de diciembre de 2018, la reunión 24 de la Conferencia de las Partes (COP) de la convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Apenas dos meses antes, el mundo había recibido un mensaje perentorio: el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) —un organismo científico y político conformado por expertos provenientes de todos los continentes— anunció que los desastres naturales asociados al cambio climático aumentarían dramáticamente si la temperatura global aumentara un grado y medio. Si superase los 2 centígrados, el escenario sería catastrófico. Lo más preocupante es que a pesar de esta profecía construida con evidencia, los gases de efecto invernadero (GEI) causantes del aumento de la temperatura no están disminuyendo. De hecho,  según estimaciones de un reporte de Naciones Unidas, están aumentando.

Este panorama desolador sucede apenas 2 años después de que las esperanzas de vencer a las amenazas del cambio climático se habían restaurado. En diciembre de 2015, el mundo festejaba la adopción del “milagro diplomático” Acuerdo de París. Lamentablemente, la resaca de la celebración golpeó con fuerza a los nuevos miembros del Acuerdo cuando debían volver a discutir los detalles para que el tratado pueda empezar a operar adecuadamente. El viejo aforismo del “diablo en los detalles” se ajustó perfectamente a este momento, sobre todo porque el Acuerdo de París es de por sí un tratado muy complejo, con varios mecanismos para facilitar su cumplimiento y diseñado de una manera en que la soberanía de los países pueda bailar acompasada al ritmo de tres pasos de una burocracia internacional: el paso de la adaptación, el de la mitigación y el de “daños y pérdidas”. Tres pasos, que, de seguirse coordinadamente entre todo el mundo, promete paliar la crisis climática.

Para clarificar la conducción de estos pasos, y por ende las responsabilidades internacionales de los estados, se designó a Katowice como sede para ponerse de acuerdo respecto al Programa de Trabajo del Acuerdo de París, o comúnmente llamado Libro de Reglas para la implementación. Dichas reglas servirían para especificar las instituciones que fueron creadas en el Acuerdo.

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En la sede del evento de Katowice un mar de gente llegada de todas partes saltaba de reunión en reunión, con un café orgánico y bajo en emisiones en mano. En este amplio espacio fluían personas y organizaciones con diversas agendas: desde ONG que abogan por los derechos de la infancia al momento de pensar el combate al cambio climático, pasando por representantes de sindicatos que exigían una transición energética justa, hasta representantes de países cuyas economías dependen del petróleo.

En estos últimos estaba Estados Unidos, Arabia Saudita, Kuwait y Rusia, que propusieron cambiar el lenguaje de un punto fundamental dentro de una decisión que se negociaba. La propuesta original era “acoger con satisfacción” al reporte del IPCC, resaltando su importancia para guiar a los estados a tomar decisiones informadas para combatir al cambio climático.  En su lugar, la contrapropuesta de este grupo de países era “tomar nota” del reporte, reflejando su posición política interna alrededor del escepticismo de la ciencia del cambio climático. En este espacio internacional cada palabra está calculada para no ceder demasiado, sin que eso signifique dar la impresión de ser poco ambicioso.

Otro espécimen dentro de este tipo de espacios son los activistas. A través de la toma de espacios tanto fuera como dentro de la sede, buscan influir en alguna medida dentro de la toma de decisiones a través de expresiones artísticas o discursivas.

La rockstar de este año fue Greta Thunberg. La adolescente sueca de 15 años tiene un discurso sólido. Habla de un futuro donde el clima hace la vida imposible para millones de personas: actividades como ir a la escuela resultan fútiles sin un planeta sano donde aplicar lo aprendido. Se lo dijo a Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, en un panel de discusión y frente a la plenaria de negociaciones. Sus palabras enfatizaban que son los adultos quienes se comportan como niños, viviendo en una fantasía que obnubila la gravedad de vivir en el Antropoceno, la era geológica dominada por homo sapiens.

Los representantes de los países, rodeados de asesores, llegaban a los eventos paralelos en calidad de panelistas e intercambiaban ideas alentadoras sobre una gama de temas y de lo maravillosas que son las políticas a nivel nacional. Luego de sus presentaciones, se levantaban de sus sillas y corrían a la sala principal de la plenaria, donde los aspectos clave de las negociaciones se discutían.

En uno de estos eventos paralelos, pude escuchar a Stephanie Avalos de la Subsecretaría de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Agua de Ecuador. Avalos dijo que la prioridad en la política de cambio climático ecuatoriana se centra en fortalecer capacidades para generar resiliencias al cambio climático y en la implementación de medidas de adaptación en zonas de alta vulnerabilidad. Incluso, a pesar de que las emisiones de Ecuador son mínimas, el país no descarta implementar medidas de mitigación. Avalos dijo que pretenden mejorar la adaptación, priorizando asentamientos humanos con mayores riesgos, considerando que el 70% de la población del país vive en zonas urbanas. Avalos mencionó un proyecto de adaptación basado en ecosistemas y comunitario en la cuenca alta del río Blanco, que alimenta al proyecto hidroeléctricoToachi Pilatón. Habló también un proyecto de gestión de riesgos a inundaciones en la provincia de Esmeraldas. Dijo, además, que se apuesta mucho por el diálogo entre gobiernos locales y nacional, donde proyectos financiados por el Fondo Verde para el Clima buscan fortalecer las capacidades de las autoridades locales. Los resultados están por verse.

Los esfuerzos del Ecuador están primordialmente enfocados en mejorar su resiliencia frente a los retos climáticos del presente y del futuro. Es alentador porque los países que más contaminan no muestran voluntad suficiente de materializar acciones para estabilizar la temperatura del planeta por debajo de los 2 centígrados y menos aún a 1,5 centígrados.

Este sentimiento de impotencia y resignación se hacía eco incluso en los círculos científicos. Por ejemplo, Joachim Schellnhuber, científico alemán de importante trayectoria y fundador del Instituto de Potsdam para la Investigación de los Impactos Climáticos (PIK), destacó en un tono de derrota profética, la abismal distancia entre donde se encuentra la humanidad hoy frente a donde debería estar para no transgredir los límites planetarios.

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Las negociaciones que debieron haber terminado en las últimas horas del viernes 15 de diciembre se extendieron todo el día y la noche del sábado. Poco a poco las salas de la sede se vaciaban y el ruido de la multitud se disipaba. Ahora solo quedaban los negociadores en la plenaria y unos cuantos observadores de ONGs y periodistas pendientes del desenlace. Tras varios borradores de la decisión que circulaba entre los asistentes, el mundo aún seguía en la incertidumbre. Casia las diez de la noche, Michal Kurtyka, Ministro de Energía de Polonia y presidente de la COP 24, anunció la adopción del esperado Libro de Reglas del Acuerdo de París. Los delegados de los diferentes gobiernos respondieron al anuncio con una ovación.

En la decisión que se adoptó en Katowice, se hace referencia a las modalidades, procedimientos y directrices para el marco de transparencia reforzado para la acción y el apoyo y a las comunicaciones que cada cuatro años los países deben transmitir a la COP para verificar el progreso en sus acciones climáticas. También se implementó la Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas para proporcionar una apertura al conocimiento tradicional para influir en la política climática a nivel local, regional e internacional. Además, se decidió que la siguiente COP tendría lugar en Chile y sería coorganizada por Costa Rica.

Pero lo que se dejó fuera dice más que lo que se incluyó. La ausencia de una referencia a las obligaciones de los países para proteger los derechos humanos, como establece el preámbulo del Acuerdo de París, decepcionó a muchas ONGs que abogaban por ese lenguaje. Brasil logró posponer las discusiones para el próximo año respecto de la inclusión de los mecanismos de financiamiento para la implementación del Acuerdo. A la final, las Partes decidieron “acoger la entrega oportuna” del informe del IPCC, más no su importancia intrínseca para la toma de decisiones. Esto dejó un sabor amargo en todos quienes esperaban que al menos los insumos científicos sean explícitamente bienvenidos.

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Luego de mi breve roce con la diplomacia internacional, era hora de regresar a la realidad. De camino a mi hospedaje, veía a Katowice con un sentimiento de desconcierto e incertidumbre. El invierno en una ciudad con arquitectura soviética erige un paraje distópico. El olor a carbón quemado que se respiraba en el ambiente, producto de su quema para calentar los hogares y generar electricidad, solo contribuía a afincar la escenografía de esta tragicomedia.

Veía con una mezcla de extrañeza y simpatía a los peatones polacos y recordaba las palabras de Mark Fisher, inmortalizadas en una pared universitaria en Londres: con lucidez describió a la ‘política emancipadora’ como aquella que destruye la apariencia del orden natural, que vuelve alcanzable lo que antes se suponía era imposible. Esas palabras retumbaban disonantes al golpe del nos quedan doce años. Es inquietante pero muy probable: en el futuro, lo más emancipador será sobrevivir.

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La deforestación por palma africana en Ecuador, explicada

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En el Ecuador, más de 12 de las 26 millones de hectáreas totales del país está cubierto de campos agrícolas: es más del 45% de la superficie nacional.

Por encima de la media del resto del mundo que es 37% (fuente Banco Mundial)

El Ecuador continental tiene 91 ecosistemas: 65 boscosos, 14 herbáceos y 12 arbustivos. (fuente Universidad Andina Simón Bolívar)

Ecuador ha perdido cerca del 4% de sus bosques desde el año 2000 (fuente Global Forest Watch)

La deforestación en el Ecuador entre 2008y 2014 fue de 47.497 hectáreas por año (fuente Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO))

¿Cuál es la extensión de cultivos de palma en el Ecuador?

En el Ecuador, más de 12 de las 26 millones de hectáreas totales del país está cubierto de campos agrícolas: es más del 45% de la superficie nacional, por encima de la media del resto del mundo que, según el Banco Mundial, está 8 puntos por debajo. En paralelo, aunque pudiese parecer contradictorio, el país enfrenta un proceso de urbanización acelerada. Este fenómeno, según el Ministerio de Agricultura,“ha presionado a la población de las zonas rurales a incrementar la superficie cultivable en las zonas de laderas y montañas”. El fenómeno, dice la institución, ha incrementado el deterioro del suelo, la deforestación y la pérdida de las fuentes de agua.“Cuando se habla de esta agresiva expansión de la frontera agrícola, hay que hablar de la palma” dice Nathalia Bonilla de la organización acción ecológica. Ecuador es el segundo mayor productor de aceite de palma en América Latina.

¿Hay deforestación por palma africana en el Ecuador?

El Ecuador continental aloja unos 91 ecosistemas: 65 boscosos, 14 herbáceos y 12 arbustivos. Según una investigación de Pablo Mogrovejo de la Universidad Andina Simón Bolívar, “el análisis de la deforestación en el Ecuador, apoyado en datos y cifras, presenta un alto grado de incertidumbre”.

La organización Global Forest Watch calcula que el Ecuador ha perdido cerca del 4% de sus bosques desde el año 2000. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), la deforestación en el Ecuador, en el período 2008-2014, fue de 47.497 hectáreas por año, una cifra significativamente inferior que las casi 93 mil anuales reportadas en la década entre 1990 y 2000.

Sin embargo, según Mogrovejo, “para el periodo 2008-2014 la deforestación bruta se encuentra en 97.917 ha/año, que corresponde a una tasa de extremadamente alto en relación a la superficie del país”. El mayor agente deforestador, según la investigación de Mogrovejo, es la tierra para pastar. El 3% procede de los cultivos de palma: cerca de 4 mil hectáreas de deforestación anuales, lo que según la declaración del Primer Encuentro Pueblos, Comunidades y Naturaleza Frente a la Palma Aceitera celebrado en Ecuador en octubre de 2018, es “la primera causa de deforestación de bosques y selvas primarias en Ecuador y otros países de Latinoamérica”. El área a la que la palma amenaza es al bosque del Chocó, que se abarca territorios desde Panamá a Ecuador.

¿Cuál es la extensión de cultivos de palma en el Ecuador?

Según el censo nacional palmero 2017, en el Ecuador existen más de 257 mil hectáreas de plantaciones divididas en 8149 predios. El censo es elaborado cada año por el Ministerio de Agricultura y Ganadería junto a la Asociación de Productores de Grasas y Aceites del Ecuador y tres asociaciones de empresas dedicadas a la plantación de palma y la extracción de su aceite. Sin embargo, Bonilla dice que el problema afectaría a cerca de 400 mil hectáreas que “están fuera de los conteos oficiales, la mayoría de las cuales están en la provincia de Esmeraldas”.

A nivel nacional la superficie cosechada de palma africana, registró una baja del 1,34% según el censo palmero. La producción, sin embargo, creció casi 5% respecto al  año anterior. “Lo que indica un mayor rendimiento por hectárea, en 2017 se produjeron 152 mil toneladas métricas adicionales que en 2016”. Las provincias en las que se concentran la producción son Esmeraldas, con cerca del 50% del total, Los Ríos y Sucumbíos que suman casi un cuarto más. “El crecimiento de la palma hacia la Amazonía, en Sucumbíos”, dice Bonilla “se está volviendo cada vez más agresivo”.

Braulio Gutiérrez, del colectivo Geografía Crítica, dice que las primeras plantaciones se establecieron en 1953 en la provincia central de Santo Domingo de los Tsáchilas. Para 1978, dos grandes empresas —Palmeras del Ecuador y Palmoriente— recibieron tierras del Estado, según Gutiérrez, para  Sin embargo, la expansión agresiva de los cultivos no empezaría sino casi tres décadas más tarde. Esa expansión, dice Gutiérrez, se volvería aún más fuerte en la última década “El gobierno de Rafael Correa, y el actual, también, han sido los grandes promotores de la palma, no solo para el consumo humano, sino para la industria de los biocombustibles”.

¿Cuánto dinero produce la palma?

La palma genera cerca de 330 millones de dólares al año —casi el 4% del PIB agrícola del Ecuador, que sobrepasa los 8 mil millones. Entre 2010 y 2016, la producción de palma ha crecido a un ritmo sostenido de 8% anual. Es el séptimo producto agrícola del Ecuador, según el censo palmero, que, además, reporta que de cada 100 litros de aceite crudo, 58 se exportaron, en su mayoría, a Colombia, Venezuela, Unión Europea, México. El resto fue destinado a consumo interno.

¿Cómo está dividida la propiedad de las plantaciones de palma en el Ecuador?

Hay 6.558 productores de palma en el país. Más de la mitad, tiene apenas entre cero y diez hectáreas de plantación. Apenas un 0,5% posee más de 500 hectáreas. Son empresas que pertenecientes a grandes corporaciones, y son, según Gutiérrez y Bonilla, quienes dominan la industria. El censo palmero no distingue entre tamaños de empresas, pero cuenta 42 en todo el país: 20 en la provincia de Esmeraldas,  15 en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas — el resto repartido en otras tres provincias. En los últimos 5 años, según el censo, la industria le dejó al país más de 270 millones de dólares en divisas. “Habría que analizar más a profundidad los beneficios que le reportan al país las empresas de palma”, dice Natalia Bonilla, “ellos reciben subsidios, beneficios para importaciones, grandes créditos del Estado. Eso hay que considerar antes de sacar conclusiones sobre su aporte”.

Estamos yendo hacia un nuevo Cretácico, no hacia un ‘nuevo normal’

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Un lugar común —‘¿es este el nuevo normal?’— ha estado dando la vuelta a medida que eventos climáticos extremos se han apilado en el último año. La respuesta debería ser: ‘es peor que eso: estamos camino a aún más frecuentes y más extremos eventos que los que vimos este año’.

Sabemos desde la década de 1980 qué es lo que nos espera. Las acciones tomadas para reducir las emisiones en un veinte por ciento para 2005 podrían haber limitado el aumento de la temperatura global a menos de 1,5 centígrados. Sin embargo, nada se hizo,  y la confusión de información climática acumulada entonces solo confirma y refina las predicciones originales ¿Dónde estamos ahora?

En noviembre de 2017, reunida en Bonn, la cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP23) reportó que el incremento de 3 centígrados para el 2100 es ahora una expectativa realista. Sin control sobre las emisiones, estamos enrumbados a ver cómo los niveles preindustriales de CO2 se duplican (de 80 a 560 partes por millón, ppm)para el 2050. Y de ahí, cómo se duplican otra vez para el 2100. En breve, estaremos generando condiciones climáticas que se experimentaron, por última vez, durante el Cretáceo ( hace 145-65,95 millones de años), cuando los niveles de  CO2 superaron las 1000 ppm. ¿Qué podría significar eso, dado que ya hemos alcanzado esos niveles de CO2 en los dormitorios por las noches y en lugares públicos concurridos y mal ventilados, y cuando sabemos que, bajo condiciones sostenidas de esa alta concentración de dióxido de carbono, las personas sufren de severos problemas cognitivos?

Sucede que el Cretáceo es uno de mis períodos geológicos favoritos. Nos dio los grandes cerros y colinas de tiza que se extienden por Europa. Nos dio higos, árboles de plátano y magnolias. Nutrió a pequeños mamíferos que florecieron  de pronto cuando los entonces amos de la creación —tricératops, tiranosaurios y sus primos— se extinguieron al final del período. Fue también muy cálido, con temperaturas entre 3 y 10 grados más calientes que los niveles preindustriales.

Si volviese a suceder, una nueva era similar al Cretáceo no reflejaría precisamente la original. Para empezar, los continentes estaban en posiciones muy diferentes: India era una isla aún miles de millas al sur de su unión con Asia; un océano amplio separaba África (con Sudamérica aún pegada) de Eurasia.

Pero si volviera el Cretáceo, no habría, otra vez, hielo en los polos. Los niveles del mar subirían unos 66 metros de los actuales. Veríamos, también, la creación de vastos mares cálidos y poco profundos, con depósitos minerales similares a los que produjeron estratos de tiza gruesa de 400 metros en el primer Cretáceo. Y, en lugar de los mamíferos más grandes, que se extinguirían, los reptiles se propagarían por todo el mundo y crecerían, ¿Acaso una venganza adecuada de los dinosaurios?

La única manera que puedo concebir que los humanos vivan en un Nuevo Cretáceo es como un grupo de científicos y tecnólogos que trabajen en refugios artificiales y protegidos, como los habitantes de la ciudad invisible de Baucis, del novelista Italo Calvino, en la que la gente vive sobre pilotes sobre las nubes “contemplando con fascinación su propia ausencia”.

Estamos, hace poco, conscientes de la línea roja que los humanos vamos a pisar antes de llegar a condiciones cretáceas. En 2010, investigadores demostraron que nuestra especie no puede sobrevivir más de seis horas en lo que llama una temperatura de bombilla húmeda de 35 centígrados. Bombilla húmeda significa una humedad del 100% — es decir, no son 35 centígrados como los conocemos. En los grandes cinturones agriculturales del Indo y el Ganges las alta temperaturas cercanas a los 40 grados combinadas con una humedad del 50% (que se equipara a los 35 centígrados de bombilla húmeda) van a prevalecer en cuestión de décadas.

Mientras eso suceda en regiones agriculturales cálidas, el mundo urbano probablemente enfrente una catástrofe aún mayor. La predicción más probable del aumento de temperatura de la ONU, de 3 centígrados, significaría bosques creciendo en el Ártico y, para el final del siglo, la pérdida de la mayoría de las ciudades costeras por el aumento irreversible del nivel del mar.

Hoy está ampliamente aceptado, al menos por los científicos, que los seres humanos se han convertido en agentes geológicos, por lo que se ha creado una nueva era geológica: el Antropoceno. La influencia humana en el ambiente, incluyendo fertilizantes artificiales de nitrógeno así como el CO2, supera los ciclos naturales. La idea popular de que la las preocupaciones humanas y geológicas son totalmente inconmensurables ha sido desmentida por el hecho de que, en ciertos tiempos, la Tierra se ha movido muy rápido.

Dos grandes eventos de calentamiento —con un largo período de enfriamiento entre ellos— terminaron la última Era de Hielo hace 12 mil 600 años. Ambos produjeron picos de diez grados en las capas de hielo de Groenlandia. Lo primero sucedió en apenas tres años; lo segundo, que marcó el comienzo de las condiciones relativamente estables del Holoceno, ocurrió durante un período de alrededor de 60 años.

Una lección para hoy es que un cambio tan repentino y duradero del clima tiene consecuencias que perduran por miles de años. El primer calentamiento causó que un enorme lago se extendiera en Norteamérica, a medida que la capa de hielo Laurentino se derritió y eventualmente explotó, produciendo un incremento del nivel del mar de larga escala y formando los Grandes Lagos y las cataratas del Niagara unos 2 mil 500 años después. Bretaña fue finalmente separada de Europa 3500 años después del comienzo del Holoceno. Cuando las capas de hielo del norte se derritieron, la tierra debajo de ellas se elevó. Esto continúa hoy en Suecia a una tasa de casi 1 centímetro por por año.

Esta época, nuestra época, es técnicamente interglacial y siempre estuvo destinada a terminar. La Tierra ha sido, por lo general, violentamente inestable, u hostilmente estable, por largos períodos, o muy calientes o muy fríos para la civilización humana. Si no hubiésemos forzado las temperaturas globales hacia arriba mediante las emisiones de CO2 estaríamos enfrentándonos muy probablemente a una nueva Era de Hielo. Tal como está, el Holoceno está terminando tan rápido como comenzó, con un nuevo pico de temperatura durante una vida humana.

Así que mientras hablamos del ‘nuevo normal’, necesitamos reconocer que el Holoceno no tuvo nada de normal. El análisis experto de cómo se desarrolló la civilización humana durante el hechizo benigno de los 10 mil años del Holoceno se está convirtiendo recién ahora en conocimiento común. El genetista David Reich lidera el camino con su desmitificador recuento Quiénes somos y cómo llegamos aquí (2018), utilizando investigaciones de DNA antiguo ligado al movimiento humano con el desarrollo del lenguaje. Tal conocimiento profundo del período argumenta que nuestro problema no está confinado a las emisiones pos industriales de CO2 (calentamiento, de cualquier manera, empezó con la tala de bosques para la agricultura temprana). Sin embargo, insiste que el Holoceno fue un regalo monumental para la humanidad que hemos explotado y dado por sentado. Ahora estamos asistiendo a su funeral.

Si queremos evitar el dolor en el camino hacia un Nuevo Cretáceo, esta conciencia debe extenderse mucho más allá de los geólogos y biólogos que nos han enseñado de dónde venimos y hacia dónde, a menos que cambiemos, nos dirigimos.


**Este texto se publicó originalmente en inglés en aeon magazine y fue traducido y republicado bajo licencia CC BY-ND 4.0.

Volver a la escuela

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Cuando Maribel Sánchez tenía 3 años, su padre la separó de su mamá, la llevó a una familia en Quito, y la dejó ahí para que viva. Cuando cumplió 5 años se convirtió en la empleada doméstica de la casa. “Trabajaba porque me daban casa y comida pero nunca me pagaron por los quehaceres”, dice. Nunca la mandaron a la escuela, como los patrones le habían prometido a su padre. Tampoco la dejaban salir. Aunque tenía mucho temor de irse, cuando cumplió 15 años se escapó a Guayaquil, la mayor ciudad costera del Ecuador, donde intentó estudiar. Maribel recuerda que cuando las clases se ponían difíciles se desanimaba: era una adulta estudiando con niños de 6 años. “Ya me daba vergüenza, tan grande y en primer grado”.

Intentó varias veces, avanzaba de a poco, pero nunca terminaba. Años más tarde, regresó a Quito a buscar a su mamá, pero ella ya había muerto. Se quedó en la capital y empezó a trabajar en un local comercial. Un día, décadas después, cuando tenía 42 años, una mujer entró. Empezaron a conversar. La mujer era de La Escuelita Popular y Feminista, que da la posibilidad a mujeres adultas de terminar  su educación primaria. “Me llamó la atención porque yo justo estaba buscando eso pero no me atrevía”, dice Maribel. De eso ya son seis años.

Mujeres vuelven a estudiar la primaria en una escuela de Quito

Maribel juntó letras para formar palabras sobre la mesa en La Escuelita Popular y Feminista. Fotografía de José María León para GK.

Desde entonces, Maribel  ha ido a clases dos veces por semana. A comienzos de noviembre de 2018, ella  y cuatro mujeres más —de entre 43 y 72 años— se graduaron de la primaria. “No me creía al principio, mi inconsciente sentía que era un sueño y me sentí muy feliz y muy agradecida a esa persona que tuvo la facilidad de ayudarme”, dice Maribel —de pelo corto castaño y ojos marrones— sentada en una biblioteca del centro de Quito donde funciona La Escuelita. Desde que la escuela abrió en el 2008, 120 mujeres han ido a las clases, entrando en diferentes momentos, y tomando las clases a diferentes ritmos. Quince ya se han graduado. Todas habían dejado de estudiar cuando eran niñas.

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La escuelita empezó en una prisión de mujeres de Quito. En 2004,  en la cárcel del Inca, mujeres universitarias y mujeres encarceladas se aliaron. “Surge como un diálogo, reconociendo nuestra desigualdad”, explica Andrea Aguirre, profesora y una de las fundadoras de esta alianza. “Pero al mismo tiempo siendo capaces de encontrar lo que tenemos en común en términos de violencia sexista”. El primer nombre de la alianza fue  Mujeres de Frente. Se convirtió en un colectivo que buscaba debatir el sistema penitenciario, la violencia y la desigualdad entre mujeres.

Cuatro años más tarde, la Asamblea Constituyente del Ecuador aprobó el indulto de mil doscientas mulas del narcotráfico. Los asambleístas consideraban que la pena de 8 años era desproporcionada al delito. Muchas de las mujeres que trabajaban en el colectivo y estaban en la cárcel por microtráfico salieron libres.  Una vez afuera, dedicarse a algo distinto al microtráfico, fue un reto. “Ellas me dijeron: yo no he ido a la escuela, yo no sé leer ni escribir y es el trabajo que aprendí a hacer de mi madre, el microtráfico, porque no tenemos otro trabajo”, dice Gloria Armijos, integrante del colectivo. Armijos trabajó hasta el 2009 en la guardería de la cárcel de mujeres del Inca.  

Que las mujeres no tengan una educación primaria es más una regla que una excepción. Según datos del Instituto de Estadística de la UNESCO, 15 millones de niñas en el mundo en edad de cursar la primaria no lo hacen. En Ecuador, según el Ministerio de Educación, en los últimos diez años, más de 200 mil niñas dejaron de estudiar cuando tenían 7, 8, 9, 10 años. Es como si todo Portoviejo, la octava ciudad más poblada del país, no terminase la escuela más básica.

Los motivos de la deserción son múltiples: un estudio de la organización no gubernamental Plan Internacional dice que son el matrimonio temprano, el trabajo y la violencia en el entorno escolar. A esto se suma que muchos padres consideran que no es necesario que las niñas estudien porque en algún momento serán mantenidas por su marido. En su lugar, las obligan a hacer las tareas de la casa y a atender a sus hermanos varones desde que tienen 5 años.

Las mujeres vuelven a estudiar la primaria en una escuela de Quito

Blanca Moreno estudia en La Escuelita Popular Feminista desde hacía seis años. Fotografía de José María León para GK.

Esa fue la vida de Blanca Moreno, una de las mujeres que se graduó de La Escuelita en noviembre de 2018. Ella no es una expresidiaria pero, como muchas de ellas, dejó de estudiar cuando tenía 8 años. Sus padres creían que no era necesario: eran los maridos los que deben mantener el hogar.  “Muchas de las compañeras no han podido acceder a la educación desde que son niñas y esto es súper marcado por el machismo dentro de sus familias”, dice Stephany Cárdenas del colectivo Mujeres de Frente. “En una familia, la niña se tenía que quedar con la mamá cocinando, lavando”. Los hijos varones, si es que había el dinero, explica Cárdenas, iban a la escuela. En el complejo andamiaje de la adversidad, el futuro de las niñas era —es— la primera pieza descartable.

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La falta de educación es el primer giro de un círculo malicioso: cuando crecen, esas niñas necesitan un trabajo para sobrevivir y, sin educación, es muy difícil conseguir uno que no esté ligado a la servidumbre o a la ilegalidad, como las mujeres microtraficantes indultadas en el 2008. Cuando salieron de la cárcel y no podían encontrar trabajo, pidieron a las universitarias del colectivo que creen una escuela para que las ayuden a terminar la primaria y, así, tener más oportunidades laborales.

La escuela abrió sus puertas ese año, en un espacio llamado La Casa Rosa Feminista en Quito. La dirigía Pascale Laso, una pedagoga. Para las clases, cuatro profesoras sacaban copias de los libros para cumplir con las materias del currículo del Estado. Las maestras acompañaban a las mujeres, sus madres y sus hijos a completar las tareas, les enseñaban cómo sumar, restar, dividir, leer.

La escuela iba bien y  las mujeres aprendían mucho. Pero un año y medio después tuvieron que cerrar por falta de recursos. El colectivo, con el tiempo, también se fue rompiendo pero todavía quedaban algunas mujeres que querían seguir con esta iniciativa.

La Escuelita estuvo cerrada casi dos años. En el 2011, las integrantes que quedaban del colectivo,  la reabrieron. Igual que antes, seguían el currículo oficial, pero  adaptaron los textos y hacían fichas de trabajo para que sea más fácil de aprender para las mujeres adultas. A esta escuela no solo iban mujeres que habían salido de la cárcel sino que, en su mayoría, llegaban de barrios empobrecidos, trabajadoras domésticas pagadas y no pagadas o trabajadoras informales. Todas con el sueño de terminar (o comenzar) los estudios primarios que les fueron negados cuando niñas.

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El salón es amplio, con piso de madera y ventanas grandes. Hay un aire entre melancólico y esperanzador, producto de la mezcla de la antigüedad del edificio y  los sueños de las estudiantes. En el centro hay dos mesas largas donde las mujeres están sentadas uniendo letras coloridas de cartulina para formar palabras. Otras leen sobre el homo sapiens y los dinosaurios en una computadora, otras responden un cuestionario en un papel. En el pizarrón blanco se lee “suma y resta de números enteros” y unas operaciones matemáticas resueltas. Ese es el campus de la Escuelita Popular y Feminista.

 

Las mujeres vuelven a estudiar la primaria en una escuela de Quito

Aula de estudio en La Escuelita Popular y Feminista donde Maribel, Blanca y María Juana estudian. Fotografía de José María León para GK.

“Matemáticas es mi materia favorita”, dice María Juana Cuenca, una de las mujeres que se graduó en noviembre. Ella, de pelo largo lacio negro y ojos negros, dejó de estudiar cuando tenía 8 años.

“Mi sueño era ser doctora, y yo ya habría acabado”, dice María Juana refiriéndose a qué hubiera pasado si no dejaba de estudiar. Su mamá la llevó a trabajar con ella en el campo y cuando tenía 15 años se fue a Riobamba para trabajar como empleada doméstica. Unos años más tarde, sus empleadores la trajeron a Quito para que siga trabajando con ellos pero María Juana apenas sabía hablar en español —su lengua materna es el kichwa. Con el tiempo, aprendió lo básico para sus actividades diarias, pero siempre tenía pendiente el regresar a sus estudios.

Las mujeres vuelven a estudiar la primaria en una escuela de Quito

María Juana estudia en La Escuelita desde que tiene 40 años. Dice que ha aprendido a “tener confianza, tener amigas” y que le gusta escribir, leer, y estudiar ciencias sociales. Fotografía de José María León para GK.

Cuando María Juana y una amiga estaban caminando por el centro histórico se encontraron con La Escuelita Popular y Feminista. Su amiga entró a averiguar y “ahí dice aquí abajo hay clase y está ahí mismo da material, da todo, tienen paciencia, ¡vamos!”. María Juana tenía 40 años cuando, por fin, retomó sus estudios donde los dejó: en el segundo grado.

La Escuelita Popular y Feminista trabaja con dos mallas curriculares de estudio. Laso explica que una de ellas es la necesaria para cumplir con los requisitos del séptimo año de educación básica y que la otra tiene una mirada feminista. “Proponemos espacios de reflexión sobre nuestro propia vida y las situaciones de opresión en el sistema”, dice la directora de la escuela. Por ejemplo, cuando enseñan matemáticas les enseñan con ejercicios para calcular cuánto del trabajo de ellas es remunerado o cuántas horas invierten en el cuidado de otras personas. Además, conversan sobre la violencia de género, lo que ha significado ser mujer para cada una, y cómo la educación les permite ser independientes y tener una vida libre de violencia.

Dicen las maestras de La Escuelita que una niña o una mujer no tenga educación es otra forma de incentivar la violencia en su contra. Como no pueden leer, siempre dependen de alguien para pedir una dirección, para seguir una receta de cocina, para tomar un bus, para saber qué están firmando. Como no pueden escribir, a veces no pueden llenar formularios para denunciar a sus agresores o comunicarse por correos electrónicos o mensajes de texto. Y como no pueden hacer estas cosas, se sienten menos. Según Laso, “esto es usado en las situaciones de violencia también como un agravante: tú que eres bruta qué me vas a entender, entonces toma por bruta”.

Uno de los mayores retos y logros de la escuelita, dice Laso, fue crear las condiciones para que las mujeres puedan estudiar sin importar sus horarios. Cuando María Chicaiza —una de las mujeres que se graduó  en noviembre— casi deja de ir a clases porque solo tenía 30 minutos libres, Pascale decidió cambiar la forma en que se ofrecían las clases. “Yo vi en ella las ganas que tenía pero no le daba la vida  para venir” dice Pascale. Entonces modificaron la escuela para que puedan ser procesos individuales: cada mujer recibe el material necesario para cumplir con la malla escolar pero avanza a su ritmo, dependiendo del tiempo disponible que tenga.

Las mujeres vuelven a estudiar la primaria en una escuela de Quito

En la foto Maribel de espaldas, Blanca y María Juana estudiando los primeros textos y trabajando en ejercicios del primer año de secundaria. Fotografía de José María León para GK.

A veces, por distintos motivos hay mujeres que dejan de ir a la escuela pero regresan después de un año y siguen donde se quedaron. Pero otras,  las mujeres no regresan porque, dice Laso, conocen a un hombre, se hacen su pareja y él les convence de que abandonen la escuela. “Nosotras conversamos con ella, le decimos cuáles son los riesgos, pero si ella decide irse, nosotros respetamos su decisión siempre”, dice Pascale.  

María Juana Cuenca dice que lo más importante para ella es incentivar a sus hijos a que estudien, que terminen la primaria y luego la secundaria. Blanca Moreno, una mujer de 68 años, pelo blanco y corto, que se acaba de graduar de primaria, piensa igual. Sus hijas estudiaron y tienen una profesión. Es una forma de que la cadena de niñas que son privadas del estudio se rompa. Para Laso, esto y la graduación de las mujeres de la primaria son “una revancha de la justicia”, como un pequeño ajuste social por las violencias que sufrieron desde niñas. De cierta forma lo es, pero lo ideal sería que en unos años no se necesite una escuela como esta, que unos años todas las niñas terminen sus estudios y se gradúen cuando niñas.


Este reportaje es parte del proyecto Hablemos de Niñas que se hace gracias al apoyo de

Estancados

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En Ecuador, el presidente Moreno ha hecho cambios pero, para el tamaño de la crisis que enfrenta, son insuficientes. El pobre desempeño económico del país (la proyección de crecimiento es del 1% para 2018 y 0,9% para el año entrante), su inflado  endeudamiento y sus necesidades de endeudamiento para el 2019 que —según previsiones del FMI—, podrían ascender al 13% del PIB, le demandan reestructuraciones profundas.  En esa tesitura, Moreno parece que no sabe hasta dónde debe llegar o quién quiere ser. La crisis de identidad de su gobierno parece radicar en cálculos políticos o en su miedo a ser catalogado como un representante de la izquierda mala.

Jorge Castañeda, politólogo y ex canciller mexicano, clasificó a los proyectos de la izquierda postsoviética en América Latina en dos categorías: una izquierda errada y una izquierda acertada, una izquierda buena y una mala.

La acertada es la que logró superar su radicalidad y los errores del siglo XX. Implementó políticas sociales de educación, de reducción de la pobreza, de salud y de vivienda, siempre dentro de un contexto, en mayor o menor medida, de economía de mercado. Forman parte de esa camada Chile, Uruguay y en menor medida, Brasil. Los tres surgieron, paradójicamente, de un pasado radical pero hacia inicios del nuevo milenio implementaron políticas modernas, reformistas, internacionalistas y democráticas.

Del otro lado de la misma vereda, la izquierda equivocada entremezcla la gran tradición populista de la región y la izquierda de corte castrista: nacionalista, cerrada y estatista. Una izquierda miope de los fracasos pasados y de la inviabilidad o nocividad de ciertas de sus propuestas. Una izquierda que demostró amar más al poder que a la democracia y al Estado de derecho, y que lucharía para mantenerse ahí, a cualquier costo. Una izquierda que gobernó al Ecuador durante diez años y de la que el actual Presidente fue parte en los primeros seis.

Los devotos de esta tendencia, usando medios democráticos, buscaron concentrar el poder a través de la modificación de sus marcos legales. Intentaron hacerse con el control de los medios de comunicación, cooptar los poderes legislativos y judiciales con reformas electorales, constitucionales, entre otras. Una izquierda más amante de la retórica que de la sustancia al hacer políticas públicas. Más prendada del poder que de su ejercicio responsable.

Estos países manejados por la mala izquierda se ven hoy enfrentados a otra década de amargo desencanto. Si la “larga noche neoliberal”, como llamaba el expresidente Correa a la década de los 90, fracasó en brindar soluciones a los problemas de la región (y hasta cierto punto los acentuó, especialmente en desigualdad) la izquierda revolucionaria que le siguió estuvo muy lejos de traer el desarrollo prometido. Más bien, dejó como herencia descalabros económicos e institucionales.

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En su intento por superar la mala izquierda, Lenín Moreno ha dado signos de recuperación de las instituciones democráticas y ha hecho intentos de apostar por el sector productivo como principal motor del desarrollo económico del país. Moreno quiere ser un representante de la izquierda buena, aquella que “produce con la derecha, y reparte con la izquierda”.

Su miedo a ser el malo o sus cálculos políticos —¿elecciones seccionales? O acaso ¿piensa reelegirse?— le hacen rechazar cualquier ajuste mayor que la economía en este estado calamitoso exige. Moreno pomueve la limpieza tan necesaria de la imagen internacional a través de la inserción del Ecuador en procesos económicos e institucionales ambiciosos como el ingreso a la Alianza del Pacífico y a la OCDE, sin que los números le cuadren, pues una economía enferma es la peor propaganda internacional: los inversionistas no vienen al país porque hay tratados o acuerdos, sino porque ven y perciben que la economía está estable.

A Moreno le tocó la difícil tarea de tratar de enderezar el rumbo de la economía ecuatoriana, pero quiere hacerlo sin generar antipatías y sin asumir el costo político o ser tildado de “neoliberal”.

No es desconocido que el temor de los políticos locales a ese adjetivo nació con el nuevo milenio, tras el descalabro financiero de finales de los 90. La quiebra masiva de los bancos dejó a cientos de miles sin sus ahorros y generó una migración que se contó por los millones. El neoliberalismo fue achacado como el responsable de esa debacle, y le dejó al país un temor que le impide pensar con claridad.

Desde entonces, el neoliberalismo se convirtió en una categoría tan repetida como vagamente definida. Al igual que la garantía de todo derecho social equivale a comunismo para los republicanos estadounidenses, para la izquierda en América Latina, todo lo que suene a focalización de subsidios, reducción de aranceles o reactivación del sector privado es neoliberalismo. Mencionar al Fondo Monetario Internacional como opción de financiamiento es la expresión máxima de la venta de la Patria, la hipoteca de nuestro futuro, un despropósito que raya en la traición. Sin embargo, a finales de la segunda década del siglo, ¿son lógicos estos temores?     

Trauma legítimo o no, luchar contra este enemigo casi imaginario le impidió al Ecuador, durante 10 años, echar mano de las posibilidades de las que disponen los países en la actualidad para desarrollarse.

Ahora, Moreno sufre también de los efectos de esa fobia social: cuando hace intentos de corregir la distorisión de los primeros años del siglo del Ecuador del siglo XXI —endeudado y con una economía desfigurada— se lo acusa de traición y de facilitar el retorno del neoliberalismo.

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En respuesta, lanza mensajes en exceso optimistas, ajenos a cualquier realidad nacional e internacional: la apreciación del dólar nos quita competitividad, y la caída del precio del petróleo merma nuestros ingresos. El riesgo país, por su parte, es un síntoma del verdadero estado de la economía del Ecuador. A noviembre de 2018, alcanzó 817 puntos: más alto que el de la Argentina de Macri. Esto implica que endeudarse en el mercado internacional es mucho más caro para el Ecuador que para otros países de la región, tanto en los mercados financieros internacionales .

La emisión de bonos en el mercado internacional es la principal fuente de financiamiento de nuestra deuda pública externa por el momento (46% de la deuda total). De darse una nueva emisión, las condiciones serían muy poco favorables porque los mercados no confían en nuestra capacidad de pago. De igual manera, China, otro de nuestros finacistas internacionales importantes —de quién esperamos tener un nuevo crédito pronto, quién sabe a qué costo y bajo que condiciones—  nos presta a un costo más alto que  que a otros países de la región porque no damos confianza y a pesar de los esfuerzos del gobierno, los mercados no perciben mejora en nuestra economía.

La política pública requiere gente dispuesta a hacer apuestas, generar cambios y tomar decisiones. Seguro harán bulla las clases medias y altas, que son las más beneficiadas del inflado gasto del gobierno, y de seguro harán bulla los cínicos que no descansaron hasta hundirnos en el hueco en el que estamos, pero la economía no sanará a punta de retórica. Lenin Moreno quiere lucir como un bondadoso representante de la “buena izquierda” cuando el país requiere un estadista que piense en el largo plazo. Es hora de que  supere su crisis de identidad y tome las decisiones adecuadas.

HABLEMOS DE NIÑAS

Un proyecto para visibilizar los derechos de las niñas del Ecuador, con el apoyo de la Embajada Británica de Quito.

Ninguna niña sueña con lavar tus platos

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Cuando Nelly  tenía 10 comenzó a trabajar como empleada en una casa en Guayaquil: había dejado la escuela y su casa en el campo. Tras cumplir 12, fue abusada sexualmente por el dueño de la casa donde trabajaba y vivía. Nunca lo denunció. Clara, a los nueve años, era obligada por su patrona a pararse sobre un taburete para que alcance la hornilla en la que debía freír el arroz. Cuando Lucía tenía 13, dejó de ir a la escuela y comenzó a trabajar porque su mamá no podía pagar sus estudios y los de su hermana menor. A los 11 años, la madre de Carmen la mandó a trabajar como empleada doméstica. Mientras limpiaba y cocinaba, veía por la ventana cómo los niños de su edad jugaban en el patio. Según un estudio realizado por Care, una organización no gubernamental, como Nelly, Clara, Lucía, Carmen, la mayoría de empleadas domésticas del Ecuador comenzaron a trabajar cuando eran niñas: en promedio, empiezan a los 12 años, aunque se han registrado casos de niñas que trabajan desde los 6.

La idea de que las niñas y las adolescentes deben dedicarse al trabajo doméstico comienza en sus propios hogares. Según datos de la organización Plan Internacional, 10 millones de niños y niñas en el mundo trabajan en el servicio doméstico o en condiciones de esclavitud —el 67% de ellos son mujeres. Un estudio de Plan Internacional Ecuador revela que los padres cargan con el peso de limpiar, cocinar y arreglar la casa a sus hijas desde que tienen apenas 5 años. A sus hijos varones los dejan ir a la escuela y jugar con sus amigos.

Camila, una niña entrevistada por Plan en la provincia de Los Ríos, cuenta que a ella le hacen lavar, cocinar y arreglar todo mientras que a su hermano no. “Él come, no hace nada, mi mamá lo consiente… yo quisiera que mi mamá sea igual con todos, que no por ser mujer yo tengo que ser una esclava” dice en su testimonio. Camila es parte del 65% de niñas en Ecuador que dedican su tiempo al trabajo doméstico, según la encuesta del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo sobre el Uso del Tiempo de los ecuatorianos. Para muchos padres, tíos, vecinos, es normal, algo que les toca a las niñas por ser niñas: porque algún día serán mujeres. Y eso es lo que hacen las mujeres.

Según un informe de UNICEF las niñas que habitan en viviendas con servicios básicos inadecuados tienen mayor probabilidad de trabajar. “Esto puede estar relacionado también con el hecho de que las tareas domésticas se incrementan con la carencia de servicios básicos”, dice el estudio. En el mismo reporte se diferencia al trabajo doméstico (dentro de la casa de la niña) del mercantil —agricultura, comercio, manufactura, etc.— pero se especifica que “si bien ambas actividades pueden ser complementarias, no necesariamente la intensidad del trabajo mercantil reduce el tiempo de dedicación al trabajo doméstico en el caso de las niñas”.

Vivir privadas del juego, ocio y estudios para dedicarse al servicio afecta gravemente a estas niñas. “Genera un perfil psicológico de ‘yo no valgo, yo solo puedo hacer esto, yo no tengo otras opciones”, dice la directora de Plan Internacional Ecuador, Rossana Viteri. “Las niñas ni siquiera lo ven como un trabajo, sino como parte de la vida”. El estudio de Plan encontró que las niñas invierten 18 horas a la semana en los quehaceres domésticos. El problema no son solo estas extensas jornadas de trabajo, sino que  lo que hacen es denigrado por sus familiares: si las niñas no cumplen con todas las tareas, son castigadas, y ellas piensan que lo merecen. “Esa niña ya no crece con lo que tendría que tener como recursos básicos: confianza en sí misma, seguridad y conocimiento de que nadie debe violentarla, derecho al descanso, a la educación, al ocio”, dice Viteri. “Todo eso queda vulnerado con esta dinámica del trabajo doméstico”.

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Muchas de estas niñas dejan de estudiar por su situación de pobreza o porque los papás las obligan a quedarse en la casa para cuidar a sus hermanos y servirlos. Según la directora de Plan Internacional, “hay un tema de inversión económica: dicen esa niña se va a casar y no va a aportar nada en esta casa, para qué invierto”. Según el Ministerio de Educación del Ecuador, 44 mil 700 niñas y adolescentes mujeres abandonaron sus estudios en el periodo de 2016 al 2017. Los principales motivos son la falta de dinero, de trabajo, desmotivación, embarazo o matrimonio. Esta deserción se refleja en las trabajadoras domésticas: el 67% solo terminó sus estudios primarios o no tienen ningún nivel de educación.

Según Nubia Zambrano de Care —una organización no gubernamental dedicada a erradicar la pobreza— , hace unos 40 años era muy común que las mamás de zonas rurales enviasen a sus hijas a la ciudad. Llegaba a trabajar en casas, con la idea de que pudiesen acceder a educación. En otros casos, simplemente las mandaban a conseguir una ayuda económica para sostener a los que se quedaban en el campo. Y en muchos otros, hay niñas que escapan de sus casas porque viven en círculos de violencia y el trabajo doméstico es lo único que saben hacer para sustentarse. Pasan de un círculo de violencia a otro.

Las promesas educativas y dinerarias muchas veces no eran más que eso: promesas. Las niñas no iban a la escuela, eran golpeadas, obligadas a trabajar más de 12 horas diarias, y muchas veces no les pagaban. Si se quejaban, las amenazaban con denunciarlas con la Policía por hurto. Las niñas, por falta de experiencia e ignorancia de sus derechos, se quedaban calladas. Hay algo perverso en esa idea: una niña no tiene por qué saber cuáles son sus derechos laborales; debería estar en la escuela, tener tiempo para jugar, para crear, para imaginar. Las trabajadoras domésticas suelen ser víctimas de abuso, no pueden estudiar ni elegir otra profesión. No pueden ser niñas.

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El hombre que violó a Nelly cuando ella tenía 12 años era rector de un colegio en Guayaquil. Cuando su esposa salía de la casa, él le decía “¿sabes qué? Yo quiero estar contigo, yo te quiero pagar más”. Un estudio sobre la situación del trabajo remunerado del hogar en Ecuador realizado por Care demuestra que el caso de Nelly no era aislado, sino que, por el contrario, muchas niñas y adolescentes mujeres fueron violadas, insultadas y golpeadas por sus empleadores. A su patrono, Nelly le decía que no, que no la moleste, lloraba repitiéndole que no. Pero a él no le importó: Nelly nunca dijo nada a su familia.

Lenny Quiroz, la secretaria general de la Unión de Trabajadoras Remuneradas del Hogar  dice que ha escuchado muchos casos de abusos físicos, psicológicos y sexuales a sus compañeras. Habla de Laura: “Empezó desde los 9 años a trabajar en casa, yo vine a saber que ella había sido abusada sexualmente y estaba yendo al psicólogo para recuperarse, a una chica los empleadores le quemaban con el cigarrillo, no le daban de comer, estuvo internada en una clínica”, dice Quiroz. “Esas historias le impactan a una y le llegan al corazón”.

Muchas de las mujeres que trabajaron desde niñas, se esfuerzan para que la historia no se repita con sus hijas, como Nelly.  El estudio de Care recoge el testimonio de una mujer: “No quisiera que se haga empleada porque se sufre, se quedan solas en la casa”. Muchas mujeres ahorran lo que ganan para sacar a sus hijas de ese cadena generacional de trabajo doméstico. Aunque muchas otras no pueden hacerlo, según Zambrano, y el ciclo se repite. La Unión de Trabajadoras Remuneradas del Hogar las acompaña en estos procesos de sanación por los abusos del pasado. Además, las acompañan con asesoría legal, emocional. También buscan darle valor al trabajo doméstico, por eso se autodenominan como Trabajadoras Remuneradas del Hogar, un término reivindicativo para darse valor como personas.

Quiroz explica que si bien antes era muy común ver a niñas que iban del campo a la ciudad a trabajar, ahora ya no es tan frecuente. Dice que esto se debe a la regulación de edad mínima para el trabajo—15 años— establecida en el Código Orgánico de la Niñez y Adolescencia. Sin embargo, dice que muchas personas igual buscan formas de saltarse las leyes para seguir empleando a niñas. “La gente las trae como si fueran sobrinas, o las ahijadas, para evadir la ley. Entonces si va una autoridad a revisar, como la niña es una familiar más no pueden hacer nada”. Dice que el patrón se repite: la niña cocina, limpia, lava, arregla a cambio del estudio y de la comida —y a veces ni eso. Lo, para Quiroz, es que a veces son niñas cuidando a otras niñas que sí estudian, sí juegan y no tienen que trabajar.

A pesar de que hay una legislación que prohíbe el trabajo infantil y existe más control del Estado sobre los derechos laborales, el tema de las niñas sigue al margen. Existe un mínimo de edad para el trabajo de menores de edad, pero Zambrano —de Care— explica que esto no quiere decir que no ocurra en la clandestinidad, en el abuso y el irrespeto. “Hay total invisibilidad. Solo puedes saber si ingresas al hogar y puedes hacer la constatación de que hay una niña trabajando”. Aunque ya no sea tan común que envían a niñas del campo a la ciudad para trabajar “puertas adentro”, las niñas siguen trabajando: “Las estadísticas no te revelan eso pero sí las historias de las compañeras que te dicen que tienen sobrinas, compañeras que ingresan cuando son muy chiquitas como una alternativa de sustento o independencia si es que viven mucha violencia en su hogar”. Como no existen cifras oficiales sobre el trabajo doméstico infantil, es casi imposible saber si es que realmente ha disminuido o no.

Que una niña trabaje tiene un costo demasiado alto para ella. Por un lado está no tener educación, no poder perseguir una carrera profesional distinta al trabajo doméstico. Y por otro están las cicatrices que deja ser vista como alguien que solo sirve para un trabajo por ser mujer, y que, por hacer ese trabajo, la denigren, la maltraten, la abusen. Hacer que una niña trabaje es minar su camino al futuro y dejarla estancada en el de los estereotipos. Es, sobre todo, negarse a entender que ninguna niña sueña con lavar tus platos.


Este reportaje es parte del proyecto Hablemos de Niñas que se hace gracias al apoyo de

Perpetuando la violencia contra las niñas, en corto

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La nota que preparó En Corto, de Teleamazonas, por el Día Internacional de la Niña es una combinación de indolencia, estereotipos e ignorancia. También es una muestra de pésimo periodismo y la banalización y sexualización que permiten que las niñas sigan en riesgo en el Ecuador.

Desde hace siete años, el 11 de octubre es la fecha para visibilizar y exigir más derechos para un grupo doblemente vulnerable —por su edad y por su género. Pero el segmento de farándula y humor parece haber olvidado estas dos ideas básicas.

En el minuto y pocos segundos que dura la nota, la reportera Alejandra Boada —jean*, dos cachitos en el cabello, oso de peluche en mano— habla con una voz aguda (fingiendo ser menor de edad) y aborda a cuatro funcionarios públicos, a quienes llama “mis tíos de la política farandulera nacional”.

Primero se acerca al secretario nacional de comunicación Andrés Michelena. Le dice “tío Andy”. Él se ríe (reacción inmediata por su atuendo y tono de voz), le pregunta si es una niña y luego la felicita. Enseguida saluda a Elías Tenorio, secretario técnico de Juventudes, a quien también le dice tío.

Más allá del vacío diálogo (nunca se menciona el motivo de la conmemoración a las niñas, ni se habla de sus derechos, ni nada de nada) el acercamiento (llamar tío a todo el mundo) es el más equivocado que se puede elegir: según manuales de prevención de abuso sexual infantil, los padres no deben obligar a sus hijos a tratar con cariño a adultos desconocidos, saludarlos con beso o decirles tíos. Pues en ese ambiente de confianza es donde se producen la mayoría de abusos. La nota de En Corto, consciente o inconscientemente (eso lo sabrán casa adentro), recurre de forma evidente a la fantasía sexual de una adulta vestida de menor de edad.

El programa degenera con dos encuentros más. Cuando llega a saludar al Ministro de Comercio Exterior, Pablo Campana, él la mira dudoso, cuando ella dice que es una niña.

— ¿Niña?, pregunta Campana.

Niñota, lo corrige la reportera, mientras mira a la cámara con un gesto de inevitable doble sentido.

Niñota, feliz día de la niñota, continúa Campana.

La escena de un incómodo y desagradable coqueteo —de una supuesta niña con un adulto— no concluye la nota. Finalmente, la periodista le pregunta al ministro de Economía Richard Martínez si tiene hijas.

— Dos hijas maravillosas, responde Martínez.

—Hasta que le hacen suegro, dice Boada y regresa a ver a la cámara con una mueca.

Una respuesta y una mueca que ignoran que el 14% de las niñas en países en vías de desarrollo se casará antes de cumplir 15 años.

Una respuesta y una mueca que ignoran que en el Ecuador cada año 2700 niñas menores de 14 años quedan embarazadas y que esas son, según la ley,  2700 violaciones sexuales.

Una respuesta y una mueca que ignoran que el embarazo y el matrimonio de niñas es un problema real y que el Día Internacional de la Niña intenta denunciar estos problemas para que más niñas acaben la escuela y estén libres de violencia.

Ese círculo de violencia en el que seguramente sus madres, abuelas y bisabuelas han estado y que solo ellas, las niñas, cambiando el presente, podrán romper. La burla y la farándula no pueden ser argumentos para defender programas que denigran a las niñas. Programas como este crean narrativas equivocadas en los televidentes: es probable que la próxima vez que alguien hable del día de la niña haya un grupo de personas que lo único que recuerde es a Alejandra Boada con cachitos.

*En la primera versión de este texto decía que Alejandra Boada vestía un short jean. Hemos corregido la información porque lo que parecía un short en la pantalla era un jean con huecos, lo cual no cambia en absolutamente nada el análisis.

Seremos madres o no seremos

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Cuando tenía once años Gaby fue violada por Alberto, su padre: en su cuarto, en la sala, en cualquier lugar de la casa donde nadie se diera cuenta. Su padre la golpeaba a ella y a su madre. Les decía que las iba a matar. Pero cuando Gaby le contó a su mamá sobre la violación, ella no le creyó. No es poco común en el Ecuador: según el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (Inec), a 1 de cada 3 víctimas de abuso sexual no les creen. Cuando Gaby quedó embarazada de su padre, su mamá tampoco le creyó. Cuando parió estaba terminando el quinto grado. Tenía apenas 12 años y un 60% de discapacidad mental. Su madre decía que era el hijo de un compañero de la escuela. Víctima de incesto, fue forzada a parir. Fue obligada a ser mamá. Y cuando intentó dar a su hijo hermano en adopción, un juez le negó la posibilidad.

No pasó mucho tiempo para que la escuela de Gaby se enterara del abuso y lo denunciara a la Fiscalía. La investigación previa duró dos años. Dos años en los que  Gaby siguió conviviendo con su abusador, en la misma casa. Alberto fue llevado a juicio y sentenciado a 29 años de prisión por el delito de abuso sexual a una menor —el incesto como delito no está penado en Ecuador. A pesar de las pruebas, su madre siguió sin creerle a Gaby. Su casa ya no era un lugar seguro. Ella y su hijo, Adrián, fueron trasladados por la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen) a una casa de acogida en Quito.  Pero las cosas no mejoraron mucho para Gaby ahí: su hijo era el recordatorio de la violencia que sufrió.

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Dos años después del nacimiento de su hijo, Gaby seguía sin quererlo. Sentía rechazo hacia él porque se parecía mucho a su padre. Las trabajadoras sociales y psicólogas de la casa de acogida escribieron en sus reportes que en las sesiones de terapia Gaby decía que quería darlo en adopción para que su hijo tenga un hogar donde lo cuiden mejor que ella, que en la escuela sus compañeros la molestaban diciéndole ‘señora’. Cuando le preguntaron cómo se sentía tener un bebé, respondió que no le gustaba, que ella no quería ser madre ni sabía lo que le pasaba. Ese rechazo a su maternidad comenzó a proyectarse en negligencia hacia Adrián: no le hacía caso cuando lloraba, no le tenía paciencia, lo maltrataba, no le daba el amor que el niño le pedía. Era una niña que no sabía  cómo ser mamá. La niñas no tienen por qué saberlo. Las trabajadoras sociales y psicólogas de la casa de acogida solicitaron judicialmente  la separación de Gaby y su hijo. Pero el juez la negó: dijo que no podía irse en contra del concepto de familia consagrada en la Constitución y separar a una madre de su hijo .

El juez que ordenó que Gaby fuese a terapia psicológica para que pueda “superar el posible trauma psicológico y propender que la madre acepte a su hijo”.  Según Mayra Tirira, abogada de Gaby, la decisión y la voluntad de Gaby quedaron completamente anuladas. “Es una maternidad forzada”. Como si querer ser mamá es un afecto que se pudiese generar por orden judicial.  

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La tragedia de Gaby y Adrián empezó mucho antes de que ambos pisaran este mundo: a finales de la década de 1980, hubo denuncias de que niños ecuatorianos eran entregados en adopción a extranjeros sin seguir el proceso de adopción establecido en la ley: llegaba un gringo, le entregaban al niño y se iba.  

En paralelo, crecía el número de denuncias de niños desaparecidos a manos de una banda que los secuestraba y los vendía fuera del país al mejor postor. Para detener la trata, el Congreso ecuatoriano aprobó una propuesta de reforma al código de la niñez impulsada por el Ministerio de Bienestar Social (hoy MIES), la organización sin fines de lucro Defensa de los Niños Internacional y Unicef. La reforma prohibía la adopción directa con tres excepciones: cuando el niño era adoptado por sus familiares, por el cónyuge del padre o la madre, o cuando había estado bajo cuidado de la persona en acogimiento familiar por más de dos años. “La idea es que los niños entran al programa nacional de adopciones para que sea este programa el que encuentre la mejor familia para el niño”, explica el abogado Farith Simon. “Pero la formalidad no significa que se respeten los derechos de los niños. En Ecuador se ha reemplazado la esencia por la forma”. Por seguir las reglas establecidas, se ha olvidado el objetivo principal de garantizar el derecho de los niños a tener un hogar donde sean cuidados, protegidos y respetados.

Desde la reforma de finales del siglo pasado, dar en adopción a un niño en Ecuador es un proceso más largo y, a veces, tedioso. Un niño o adolescente puede ser declarado ‘en adoptabilidad’ en cuatro circunstancias: si está en orfandad, si es que es imposible determinar quiénes son sus padres o familiares hasta el tercer grado de consanguinidad, si sus padres han sido privados de ejercer sobre él la patria potestad (derechos y obligaciones de los padres sobre sus hijos para su desarrollo integral), o por consentimiento del padre, la madre o ambos (si es que no han sido privados de la patria potestad). Una vez que un niño o adolescente está en una de estas circunstancias, las Unidades Técnicas de Adopciones manejadas por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES)  y los jueces de Niñez, Familia y Adolescencia siguen un proceso para que el niño sea declarado apto para ser adoptado. El recorrido que se escribe tan breve en papel, en la realidad puede tardar meses, años, y los procesos no siempre funcionan sin fallas.

Si una mujer o una niña quiere dar a su hijo en adopción debe ir a la Unidad Técnica de Adopciones y decir que no quieren cuidarlo. Ahí, se supone, le dicen que el proceso no es revocable, el niño recibe una medida de protección —ordenada por un juez para evitar que sus derechos sean vulnerados— y es llevado a una casa de acogida. Según la directora de adopciones del MIES, Indira Urgiles, la madre solo tendría que presentarse dos veces para que el proceso avance: cuando se da el consentimiento para la adopción y en una audiencia en la debe ratificar su decisión ante el juez.

Si la mujer ratifica, el juez puede ordenar la reinserción familiar, e intentar que los familiares cercanos y lejanos cuiden al bebé.  Este proceso ocurre porque, según la declaración de los principios para la protección y bienestar de los niños en adopción de las Naciones Unidas de la que es parte el Ecuador, la prioridad del Estado es que los niños estén a cargo de sus padres. Para la abogada de de Gaby, Mayra Tirira, esto es “gravísimo porque si tú lo quieres dar en adopción es porque tu  no quieres ver al niño”.  Según el MIES, hasta junio de 2018 se lograron 330 reinserciones familiares a nivel nacional. Todavía hay más de 2 mil 200 niños en proceso. Cuando los familiares no responden a la reinserción de forma positiva, y  no hay las condiciones necesarias para que un niño pueda desarrollarse en ese entorno, el Estado declara  la privación de patria potestad y el niño es declarado ‘adoptable’.

Los intentos de que la reinserción funcione puede tardar meses o años.  “Nos demoramos mucho en darnos cuenta de que una familia no responde a restituir los derechos de los niños entonces son intentos fallidos tras fallidos de reinserciones familiares”, dice Urgiles.

Según el abogado Simon, como los jueces no confían lo suficiente en el trabajo previo que se realiza en las casas de acogida hay muchos retrasos. Además, dice que como los jueces son de ‘niñez, familia y adolescencia’, los asuntos de niñez son menos importantes. “En un divorcio es dos adultos disputando, pero en el caso de protección de niños no hay quiénes empujen esos procesos”, explica el abogado. “Entre la desconfianza en el sistema y falta de prioridad de los casos de niñez y adolescencia hace que esto sea un nudo, una traba”.

Mientras dura el proceso para la declaratoria de adoptabilidad, la mujer o niña sigue al cuidado del bebé, obligada a cuidarlo, siendo ignorada en su deseo de no hacerlo.  “La ley de adopción está diseñada para que la madre en algún momento decida quedarse con su hijo”, dijo Virginia de la Torre sobre este proceso en una entrevista en GK. Dice que es brutal: no solo es violencia para la mujer sino para el niño que espera por un hogar.

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Gaby no está sola: como ella hay dos mil setecientas niñas menores de 14 años son embarazadas cada año. Según la ley ecuatoriana, cualquier relación sexual con una menor de catorce es una violación. Ninguna de ellas podía abortar porque está penalizado en Ecuador. Tampoco podían dar en adopción a sus hijos antes de que nazca porque tampoco está permitido. No les queda más que parir y hacerse cargo de un niño que nunca quisieron.

La directora de adopciones del MIES, Indira Urgiles,  acepta que hay  dificultades en el proceso. Ella dice que son necesarias varias reformas en el Código de la Niñez y Adolescencia, en especial a cómo se aplica la reinserción familiar porque “debería existir una excepcionalidad en los casos en los que haya sido producto de violencia sexual”. Además, considera que debe haber un número límite de intentos con los familiares para que el proceso no se demore tanto. Cuando le hablé del caso de Gaby, respondió que se debería dar la “supremacía del interés superior del niño y en este caso al niño debería asegurarsele una familia”. Agregó que la reinserción no funciona si es obligada. Es exactamente lo que pasa con Gaby.

A pesar de las terapias ordenadas por los jueces, Gaby seguía rechazando a su hijo. Lo ignoraba, lo maltrataba, le gritaba. Después de un año, Gaby ahorcó a su hijo porque no paraba de llorar. La casa de acogida solicitó al juez que se revise la negativa de la separación. A comienzos del 2018, el juez aceptó separarlos temporalmente, no sin antes decir que “el Estado garantiza y protege a la familia como célula fundamental de la sociedad”. Adrián fue enviado a una casa de acogida diferente y Gaby se quedó en la que estaba. Todo mejoró para ambos.

Gaby estaba mejor sin Adrián, ni siquiera preguntaba por él. Se sentía libre, más relajada, contenta.  Adrián también estaba mejor: cuando estaba con su mamá se ponía tenso y retraído pero lejos de ella, era más alegre y relajado. Era evidente que la separación es lo mejor para los dos. Pero llegó el día de la última audiencia a finales de agosto y el juez no les concedió la separación definitiva. “El día de la audiencia Gaby estaba nerviosa, y cuando el juez le preguntó, ‘¿quieres ver a tu hijo?’, ella dijo que sí porque se sentía presionada y confundida”, explica la abogada Tirira.

Esa única respuesta  bastó para que el juez ordene visitas entre Gaby y Adrián. Dijo que “no separaría a una madre del seno de su hijo”, y que no le habían puesto suficientes informes de que fuese necesario. Ignoró todo: los maltratos, la negligencia, los reportes de las psicólogas que confirmaban que los dos están mejor separados, los deseos constantes de Gaby de darlo en adopción.

El problema, según Tirira, es también que la maternidad es glorificada en el Ecuador. La ley vigente y las decisiones que toman los jueces lo demuestran. Una mujer (o niña) es madre antes que nada más. Por su discapacidad mental, Gaby recibe el bono de desarrollo humano. Pero el dinero era cobrado por su padre. Cuando él fue a la cárcel, por su madre. No le daban nada a Gaby por lo que, en la misma audiencia, Tirira solicitó que se le entregue directamente a Gaby. El juez dijo que no porque seguía  siendo menor de edad. “No puede cobrar el bono porque es una niña pero no es una niña para ser madre”, dice Tirira. Ahora están buscando qué estrategia utilizar para que Gaby y su hijo puedan acceder a una reparación integral.

La imposición de la maternidad en Ecuador sucede casi a diario. No importa si es una niña de 11 años, como Gaby, víctima de incesto, o si es una mujer pobre de 40 años que no puede mantenerse sola. Si quedamos embarazadas, el Estado nos obliga a ser madres: no podemos abortar de forma segura, si abortamos vamos a prisión, y si queremos dar en adopción, los procesos son tan enredados que el simple paso del tiempo nos obligará a llevar esa maternidad. La realidad que nos obliga a ser madres. Como Gaby. Como las más de dos mil niñas que son madres cada año en Ecuador. Seremos madres o no seremos.

*Los nombres de Gaby, su padre y su hijo son nombres protegidos.

COBERTURA
HACIA LA ALCALDÍA DE QUITO 2019

Natasha Rojas: “Las administraciones zonales no pueden seguir siendo botín político”

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Natasha Rojas suele aparecer en plantones o protestas de distinta índole: por la libertad de los llamados 10 de Luluncoto, por los periodistas secuestrados, por las firmas falsas registradas a nombre de varios partidos en el Consejo Nacional Electoral. Fue dirigente estudiantil en el colegio y luego en la universidad. Es más bien menuda y sonriente. Tiene el cabello oscuro corto y rizado, aunque a veces lo alisa. Me recibe, media hora tarde y prolijamente vestida con una traje sastre blanco y una blusa roja, en la sede del MPD de Quito, en la que cuelga un gran cartel que dice Unidad Popular, el nombre que adoptó luego de que el Consejo Nacional Electoral, le retirara su personería jurídica en septiembre de 2014.

Ahora el MPD ha recuperado su personería jurídica. Sin embargo, durante el período en el que fue suspendido, sus simpatizantes crearon Unidad Popular. Entiendo que a las elecciones seccionales participarán con esta organización. Cuéntenos un poco de eso.

En primer lugar, estamos muy contentos de que el Consejo Nacional Electoral transitorio devolvió su personería jurídica al Movimiento Popular Democrático. Se ha demostrado que fue la acción que se la quitó fue ilegal, inconstitucional, arbitraria. Sin embargo, en las elecciones de 2019 vamos a participar con Unidad Democrática lista 2, y posteriormente discutiremos el proceso de fusión de las dos organizaciones políticas.

Sin embargo, los líderes son los mismos que lideraban el antiguo MPD, ¿no?

Hay variaciones. La dirigencia de Unidad Popular está básicamente integrada por jóvenes: Geovanny Atarihuana, Sebastián Salazar, Natasha Rojas, Sebastián Cevallos, entre otros. Y el MPD tiene sus dirigentes también: Luis Villacís, Ciro Guzmán, Gustavo Terán.

¿Los antiguos?

Sí, nosotros hemos siempre hablado de la vinculación de la experiencia y la juventud para lograr cambios importantes.

Uno de los cuestionamientos que se hacen al MPD es que hace varias elecciones no logran ganar sus candidatos. ¿Cree realmente que tienes posibilidades para las próximas seccionales?

Durante todo este proceso ha existido una persecución política a las organizaciones sociales y políticas que hemos luchado por la democracia, por la libertad y por los derechos de los ecuatorianos. En nuestra organización tenemos a una de las mejores prefectas del Ecuador, que es Lucía Sosa, de Esmeraldas. Allí queda demostrado nuestro modelo de gestión y las políticas a implementarse desde lo local.

Lucía Sosa ha sido duramente criticada también. Todavía Esmeraldas sigue en una situación precaria.

Ella ha sido Prefecta de la provincia de Esmeraldas, son distintas las competencias del Consejo Provincial a las competencias de los municipios. En lo que significa desarrollo rural, productivo y las competencias que le corresponden ha tenido una gestión muy importante —tanto es así, ahora que es candidata a la Alcaldía de Esmeraldas, tiene una intención del voto del 75%.

Hay más de treinta precandidatos a la Alcaldía de Quito, ¿usted cree realmente que tiene posibilidades?

Más allá de ver esa posibilidad, respeto a todos los candidatos y me pregunto qué tipo de ciudad queremos y qué modelo de gestión debemos implementar en nuestra ciudad. Nosotros partimos de un hecho: necesitamos que Quito sea una ciudad más humana, moderna, eficiente, productiva, linda, ordenada, segura, con oportunidades para todos y todas, una ciudad inteligente. Si queremos esta visión de ciudad, significa que hay que discutir el modelo de  gestión.

Hay que ir a poner orden en el Municipio de Quito y el modelo de gestión tiene que estar basado en el ser humano, en el quiteño, la quiteña, en la naturaleza y los animales; no en el capital, como ha sido la trayectoria de los últimos años en el Municipio de Quito. Eso significa un sinnúmero de reformas para recuperarle al municipio de la inoperancia de la corrupción. Necesitamos que en Quito sea una realidad el estatuto autonómico para que tenga más competencias la municipalidad y adicionalmente, que se implementen en nuestra ciudad las alcaldías menores como Lima, como Bogotá porque hay que entenderle a Quito como a una ciudad de ciudades: una realidad es la del centro, otra, el sur; otra el norte; incluso entre los valles. Entonces se requieren micro planificaciones entorno a una matriz central.

El otro aspecto en el ámbito institucional. necesitamos que las administraciones zonales cambien de visión. Primero, que los administradores vivan en la zona, que conozcan la realidad del sector; segundo, que sean elegidos de una terna presentada por el Alcalde de Quito al Concejo Metropolitano, que exista un Concejo Zonal integrado por los dirigentes barriales, sociales, deportivos de esa zona para que definan las políticas públicas que deben ser implementadas. Es decir, administraciones descentralizadas, eficientes y con transparencia.

Claro, pero no me ha respondido a mi pregunta. ¿Cree que puede llegar a ser Alcaldesa de Quito?

Nosotros creemos que es posible. Hemos hecho el lanzamiento de una precandidatura a la Alcaldía de Quito. Hacemos un llamado a los ciudadanos, a las distintas organizaciones sociales y políticas para trabajar entorno a un proyecto de ciudad, no a nombres.

Lo más importante para que exista gobernabilidad es que todos caminen en base a la misma propuesta. Hemos estado conversando con varios actores políticos candidatos a la Alcaldía y en su momento informaremos la decisión que, como UP, hemos tomado.

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Rojas fue dirigente estudiantil desde el colegio. Fotografía de José María León para GK.

A Natasha Rojas se le nota la militancia en organizaciones sociales y barriales. Habla de los barrios populares de Quito con mucha soltura como quien los conoce más allá de un recorrido obligado para intentar ganar unos votos durante la campaña política.

Me suena a que puede haber alianzas.

Si queremos recuperar a Quito, necesitamos dos alianzas: una, con el pueblo de Quito y, en segundo lugar, con los actores políticos.

En las entrevistas a precandidatos que hemos hecho hasta el momento es que suelen tener visiones similares. Usted habla de una ciudad más humana, igual que Daniela Chacón; habla de la importancia del estatuto autonómico, igual que César Montúfar. ¿Hay la posibilidad de que converjan en algún punto y, en lugar, de que haya tantas candidaturas puedan darse alianzas basadas en esas visiones comunes?

Yo creo que hay la posibilidad de hacerlo. Lo importante es dejar de lado los intereses de determinados sectores por los intereses de Quito. En este momento Quito necesita de sus ciudadanos.

Una sola persona no va a poder hacer todos los cambios que requiere Quito; el alcalde tiene dos manos pero en Quito hay 5 millones de manos porque somos dos millones y medio de habitantes y todos debemos trabajar para recuperar Quito. Uno de los ejes que me interesa mucho es la participación ciudadana entendida como la planificación, la toma de decisiones y el control de las autoridades. Con la participación ciudadana vamos a lograr un mayor desarrollo de la ciudad.

Y en ese marco, ¿habría la posibilidad de declinar su candidatura?

Todo por Quito. Estaríamos dispuestos a aquello, todo por mi ciudad.

El MPD, ahora Unidad Popular, fue una de las organizaciones que inicialmente apoyó al correísmo. En las elecciones de 2017, su partido inicialmente apoyó a Paco Moncayo, de la ID pero en la segundo vuelta llegó a pedir a los simpatizantes que voten por Lasso, un candidato de derecha. ¿Dónde se ubica usted ideológicamente?

Yo soy una mujer humanista, una mujer demócrata y de izquierda. Siempre he desarrollado mi actividad en una sola línea política. Yo soy de las pocas personas que se ha mantenido por un solo andarivel.

Tengo 43 años, empecé a desarrollar acción social cuando tenía 14 años: son 29 años de mi vida que he estado vinculada a las organizaciones sociales, populares, a fundaciones, a colectivos de derechos humanos, de mujeres, de animalistas, ambientalistas. Es decir, toda una vida de servicio a la colectividad y eso me ha permitido conocer la ciudad de Quito, conocer los sueños y los intereses de los quiteños.

Además soy docente universitaria y eso me ha permitido conocer también a los jóvenes.

Con la otra precandidata, Daniela Chacón, conversábamos sobre lo poco que se ve a mujeres candidatas a cargos ejecutivos. ¿Cómo ve la posibilidad de ser la primera alcaldesa mujer?

Creo que todavía nuestra ciudad tiene actitudes patriarcales, misóginas, que no han permitido el desarrollo de las mujeres para los cargos ejecutivos. Sería muy importante que una mujer ocupe un cargo así, somos el 51% de la población.

En mi caso soy mujer, madre, jefa de hogar: eso me da otras características para entender la realidad de otras personas. Soy parte del movimiento de mujeres, conocemos la problemática sobre discriminación, temas de violencia.

Cuando hablamos de un municipio más humano también hablamos de un municipio que trabaje por las mujeres, por los LGBTI, por los sectores vulnerables. No es posible que a quince minutos de la Marín te encuentres con calles que no están pavimentadas, que a 30 minutos del centro de la ciudad haya barrios sin agua potable. Sí son pocos, pero esas son las prioridades que debe tener la administración municipal.

Otra cosa que usted menciona mucho es el tema del transporte. Usted es contraria al alza del pasaje del transporte público. Allí menciono a otro precandidato, Juan Carlos Holguín. Él decía que hay mafias que han gobernado el Municipio y hacía referencia al gremio de los taxistas. ¿Cree que hay esas mafias o que los transportistas están organizados como mafia?

Natasha es una mujer de palabra que hace lo que dice. En el ámbito de la movilidad tengo una característica distinta al resto de candidatos: soy usuaria del sistema de transporte público en la ciudad de Quito. A mi no me han contado, yo lo he vivido: siga para atrás que está vacío, atrás hay asiento, quítese de ahí, no estorbe, súbase mamacita, etcétera, etcétera. He visto cómo no paran los buses a los niños, a los jóvenes, a las personas con discapacidad, a las personas de la tercera edad.

Necesitamos trabajar en un sistema de transporte público masivo de calidad que cumpla cuatro parámetros inmediatamente: comodidad, seguridad, calidad y rapidez. Si mejoramos el sistema de transporte público, quienes tienen autos particulares van a dejar sus autos, va a fluir la circulación y va a reducir la contaminación.

candidata a alcalde de Quito Natasha Rojas

“Hay que ir a poner orden en el Municipio de Quito”, dice Rojas. Fotografía de José María León para GK.

Hoy, uno de los ejes en la movilidad es el metro pero tiene que estar acompañado de un sistema integral de recaudo, un sistema integral de transporte, una reorganización de rutas y frecuencias. Hay barrios que a partir de las siete de la noche ya no tiene transporte hacia allá, le pongo ejemplos: Cristo Rey, San Juan, Caupicho. Necesitamos trabajar en la señalética para evitar los accidentes de tránsito, en campañas fuertes de educación vial. Yo no comparto que se llame paso cebra, debemos llamar zona exclusiva de peatones, que entiendan quienes manejan que esas rayas que están en las calles son de los peatones.

Necesitamos una planificación urbanística de las paradas: qué va a haber en las paradas, qué negocios se va a implementar, cómo contribuimos con negocios, emprendimientos, a la generación de fuentes de empleos para la ciudad.

Suena muy bien lo que usted dice pero parece que esas propuestas se quedan siempre en el papel. Son intentos que se han tenido ya anteriormente y regreso a lo que le decía hace un momento: estas negociaciones con los transportistas han sido un dolor de cabeza incluso para gobiernos nacionales. ¿Cómo se puede manejar eso? ¿Usted cree que ahí hay una mafia o cómo ve usted esa situación?

Existe una mafia en el sistema de transporte y esa mafia está también en el Municipio de Quito.

Dos concejales con grilletes por sobornos a los transportistas de esta ciudad. Si yo fuese alcalde de Quito yo hubiese iniciado un proceso de revocatoria, de destitución de esos concejales y de igual manera si yo estuviese en el Concejo Metropolitano.

Es posible y no se queda solo en los papeles pero es únicamente posible cuando usted vive los problemas del transporte, no cuando se ha subido a un bus para tomarse una foto y subir a las redes sociales; es posible cuando usted, cuando su familia, cuando su hijo, vive la realidad del sistema de transporte.

Yo creo en una tarifa socialmente justa y lo establece la Ley Orgánica de Transporte Terrestre: una tarifa justa para los ciudadanos y justa para los transportistas. No estamos en contra de los transportistas pero sí les decimos: calidad primero y luego discutir la tarifa de transporte. No puede ser al revés porque ese siempre ha sido el cuento: aumentan los pasajes y mejoramos la calidad. Ahora no. Pero hay cosas que no requieren ni un centavo de inversión.

Un modelo de gestión empresarial en el sistema de transporte. ¿Responsabilidad de quién? Del Municipio. En la recolección de la tarifa de transporte hay una evasión de entre el 15 por ciento y el 20 por ciento que no llega al dueño final pero adicionalmente, para definir la tarifa de transporte este municipio ha incumplido porque deben ser convocados, de acuerdo a la Ley, los usuarios, el municipio y los transportistas, lo cual no se ha cumplido porque se caen en los chantajes de un grupo de transportistas que luego les financian las campañas electorales.

Hay una capacidad de presión importante allí, cualquier persona que llegue a la Alcaldía va a tener esa dificultad en cuanto a la negociación.

El transporte público, como en otras ciudades del mundo, debe municipalizarse.

¿Qué quiere decir con eso?

Que el Municipio sea el responsable, que el Municipio sea el que compre las unidades, que el Municipio sea el responsable del servicio que nos dan a los ciudadanos.

¿Es decir que no sean cooperativas privadas?

Que no sean cooperativas privadas y si cumplen los parámetros bueno, que sean cooperativas privadas pero si no cumplen, el Municipio debe asumir esa responsabilidad.

Basta de chantajes porque en esta ciudad, muchas personas han muerto por el pésimo servicio de transporte. Perdemos entre dos y cuatro horas al día en la movilización.

El otro día me fui a visitar a la mamá de una amiga que está con cáncer en Caupicho. Desde la Universidad Central hasta Caupicho me demoré una hora y cuarenta y cinco minutos y eso es lo que vivimos todos los días los ciudadanos.

Desde que inició la entrevista, una mujer acompaña a Natasha Rojas. Llegaron juntas y ella se acomodó en el escritorio del fondo de la oficina en la que nos atendieron. En este punto de la conversación, se levanta y con el celular, empieza a grabar parte de la entrevista. Natasha se distrae brevemente, pero continúa, sin perder el hilo de lo que dice.

Hay un cuestionamiento también al presupuesto que tendrá el próximo Alcalde. Se ha dicho que es un presupuesto que complicará ejecutar algunas de las propuestas que tienen.

Hay problemas presupuestarios muy serios por apostarle a una sola gran obra que ha sido el metro. De cada 100 dólares que tiene el Municipio de Quito, 60 se van en el metro y 40 dólares en salarios de los trabajadores que justamente se lo han ganado y para inversión en los barrios.

Cuando hablamos de una ciudad más humana, hablamos que esto se ejemplifique en el presupuesto. En la administración pública se hace lo que está escrito en el presupuesto. Hay que redefinir los presupuestos participativos en Quito. Hay una contabilidad social que no se toma en cuenta.

¿Cuánto representa el trabajo de la población en mingas y otras actividades que se desarrollan en los barrios? Hay que actuar con madurez, cabeza fría y experiencia para afrontar los problemas de Quito.

Quito vive una crisis institucional, producto de la inoperancia y la corrupción, en una crisis presupuestaria, producto de la improvisación y desconocimiento y una crisis de infraestructura: calles, recolección de basura, entre otros aspectos.

La semana anterior se reunió el Concejo Metropolitana para discutir la reforma presupuestaria. El Alcalde presentó una propuesta que disminuía recursos en áreas de educación, salud, etcétera. Los concejales presentaron una propuesta que reducía el presupuesto en los Guagua Centros.

A ninguno se le ocurrió plantear reducir los recursos en publicidad y propaganda que solo de la administración central son 7 millones de dólares y en el conjunto del Municipio, 20 millones.

¿En qué período?

Anualmente. Ahí, por ejemplo tienes un margen de recursos que debe ser invertido en el ámbito social si tienes una visión humana y de atender las necesidades prioritarias de la población.

Ahora que menciona el tema de los funcionarios públicos en el Municipio y las empresas municipales. ¿Usted cree que es adecuado el número de trabajadores que hay?

Primero hay que discutir qué elementos de carácter social y de infraestructura atiende el Municipio de Quito. El Municipio atiende la entrega de agua potable, tiene 20 instituciones educativas municipales como el Benalcázar o el Fernández Madrid, tiene instituciones de salud como el Patronato San José que antes era de una calidad extraordinaria. Es decir, hay varios proyectos de carácter social que requieren de personal.

Es necesario un proceso de reingeniería del municipio, optimizar el recurso humano garantizando su estabilidad, pero si hay funcionarios municipales que no cumplen los objetivos de la institución, se deberá discutir con ellos. Necesitamos que los funcionarios municipales se sientan motivados para entregar un mejor servicio a la colectividad.

Otro asunto que ha generado polémica en esta administración es el Concejo Municipal, como usted lo mencionaba hay dos concejales procesados por la justicia. ¿Cómo van a conformar sus listas, quizás habrá alianzas con otros partidos para tener gobernabilidad?

Tan importante es el alcalde como los concejales para tomar decisiones. Todas las decisiones en el municipio se toman a través de ordenanzas; este concejo metropolitano es corresponsable de la crisis que vive Quito, no pueden hacerse a un lado. Deben cumplir sus funciones, legislar a través de ordenanzas y fiscalizar a la máxima autoridad, en este caso al alcalde. Considero que no deben cumplir funciones de carácter administrativo porque eso les quita neutralidad frente a los procesos de fiscalización. El alcalde es el administrador, los concejales son los legisladores.

candidata a alcalde de Quito Natasha Rojas

Natasha Rojas tiene 43 años y es administradora pública. Imagen de José María León para GK.

Si usted llegara a la Alcaldía, ¿reorganizaría eso? Incluso algunos precandidatos hablaban de Quito Honesto como un ejemplo de lo que no funciona para fiscalización pues su cabeza es nombrado por el alcalde.

Es terrible. Quito Honesto tiene un presupuesto anual de cerca de un millón de dólares y no han hecho absolutamente nada para prevenir la corrupción y para implementar procesos de investigación de hechos que son de conocimiento público.

Los concejales deben cumplir sus funciones: legislar y fiscalizar y el alcalde, con liderazgo, debe hacer cumplir cada una de las competencias. Las administraciones zonales no pueden seguir siendo troncha, no pueden seguir siendo botín político: yo voto por tu proyecto si me entregas esta administración zonal, yo te apoyo si me entregas esta administración zonal.

Natasha se expresa mucho con sus gestos. Usa lentes pero a través de ellos, se puede ver sus ojos ir y venir, abrirse y cerrarse. No mueve las manos, no alza la voz. A veces parece más concentrada en sí misma cuando da las respuestas. Otras veces, hace una pausa, como para recordar que está en una entrevista y que debe ser concreta.

¿Y eso ha ocurrido en este período?

Eso ha ocurrido en este período, tanto es así que Quitumbe ha tenido ocho administradores en cuatro años: eso significa que no hay un proyecto a largo plazo. Un proyecto de planificación y ordenamiento territorial tiene la administración central y, como los administradores zonales obedecen a distintos concejales, hacen cosas totalmente distintas a las establecidas en los parámetros centrales, lo que no permite tener un proyecto a largo plazo.

¿Y a quién han terminado respondiendo estas administraciones zonales? ¿A los partidos políticos de los concejales?

A los partidos políticos de los concejales que han recibido eso como parte del gran reparto y de la troncha y no han respondido a los intereses de la ciudad. Las administraciones zonales tienen que ser instancias de puertas abiertas. Ándate tú a cualquier administración zonal, no puedes hablar con el administrador porque abajo tienes un guardia privado que se ha contratado y no puedes ingresar. Tienes que pedir audiencia, a veces.

Hablar con algunos administradores está más difícil que hablar con el alcalde. Esa realidad con Natasha Rojas va a cambiar.

¿Usted ha intentado hablar con administradores zonales?

Yo, permanentemente desarrollo actividades con los barrios, he estado muy vinculada a la organización barrial en la ciudad de Quito.

Y a través de esas organizaciones, ¿ha sido difícil acceder a los administradores zonales?

Sí. Hay administradores zonales que te dicen: tú, como tienes otra tendencia política, nosotros no te podemos atender. Están equivocados.

Al momento que uno llega al municipio de Quito, tiene que sacarse la camiseta de su organización política y ponerse la camiseta de la honestidad, el trabajo y el amor por Quito.

Otro de los temas que se ha discutido mucho sobre quien gane la alcaldía es este de retomar el rol político que ha tenido Quito como capital. Históricamente Quito ha tenido una participación política muy fuerte, sobre todo en cuanto a cuestionar a los gobiernos nacionales. Desde distintos sectores se ha cuestionado que Quito ha perdido este rol en los últimos años. ¿Cree usted que Quito debería retomar ese rol?

Quito siempre ha sido una ciudad que tenía liderazgo. Sus modelos de planificación, sus modelos de desarrollo local eran tomados en cuenta en otros municipios en el país. Hay que recuperar el liderazgo.

¿Qué ha pasado en estos años? El expresidente del Ecuador le gritó al alcalde Barrera que no debía cambiarle el nombre al nuevo aeropuerto de Quito, Barrera agachó la cabeza y obedeció.

En la actualidad, el gobierno le debe varios millones de dólares en transferencias presupuestarias a la ciudad y el actual alcalde no dice absolutamente nada. Eso es no tener liderazgo.

Hay que tener una buena relación con el gobierno nacional pero hacer respetar los intereses de Quito. Primero Quito, luego los otros aspectos. El liderazgo lo ganas cuando eres honesto, cuando tienes capacidad, cuando tienes experiencia y tienes el apoyo de Quito.

Usted decía que la persona que llegue a la Alcaldía de Quito debe quitarse la camiseta de su partido. ¿Quiere decir eso que si usted llegara, dejaría de responderle a su partido?

Yo voy a responderle al pueblo de Quito, a las necesidades que tiene Quito y a construir una ciudad con todos los actores: los sectores populares, el sector empresarial, porque todos construimos ciudad.

Uno de los aspectos fundamentales es la generación de empleo a través de distintas iniciativas. En la actualidad hay un sinnúmero de trámites en ConQuito: la ciudadanía no encuentra el respaldo del Municipio para realizar sus proyectos.

Ahora un gran porcentaje de la población, sobre todo jóvenes, han incursionado en emprendimientos, pero de cada 10, 8 quiebran a los dos años porque no son producto de un estudio, porque no son producto de una investigación ni atiende a las demandas del mercado. ConQuito debe asesorar a los ciudadanos que tienen proyectos de emprendimiento y crear una bolsa de incentivos para estos emprendimientos. Hay recursos, en vez de malgastarlos, se deben usar en proyectos de emprendimiento.

Natasha Rojas tiende a evadir algunas preguntas, quizás más por la efervescencia con la que habla de sus ideas que por una voluntad de esconder respuestas.

De todos modos no me ha respondido la pregunta. El elector vota por Natasha Rojas pero también vota por Unidad Popular. Entonces cuando usted llega a la Alcaldía, su equipo será probablemente de UP y habrá algunos lineamientos del partido que también, es posible, que sean respetados durante su gestión.

Yo ahí tengo una propuesta y es la propuesta de UP, que la recogimos en seis meses en visitas a barrios y la denominamos Juntos Transformemos Quito. Los ciudadanos nos decían cuáles son sus aspiraciones y sus sueños.

El equipo que me acompañe en el Municipio de Quito será un equipo técnico de primer nivel. El 50% de los funcionarios de libre remoción será con los propios funcionarios municipales que tienen experiencia, que conocen la realidad de Quito y el otro 50% será con técnicos que pueden contribuir con una visión distinta al desarrollo de la ciudad. No habrá imposición de nadie y se trabajará por la ciudadanía y se recogerán los mejores criterios ciudadanos.

¿Y las cuotas políticas de la campaña?

En nuestra organización no nos manejamos por cuotas políticas de campaña. En nuestra organización nos manejamos a través de objetivos que nos planteamos y de recoger a las mentes más lúcidas para poder gobernar. Esa es la diferencia que tenemos con otros sectores.

Otra de los temas importantes, incluso en esta etapa de precampaña, es sobre el financiamiento de su campaña. ¿Quién le va a financiar? ¿Cómo llega sin financiamiento o cómo evita que el financiamiento se convierta después en cuota política?

No habrá financiamiento del gran capital. No habrá financiamiento de Odebrecht. Yo, Natasha Rojas, fiscalizaré la obra del metro, los grandes proyectos y los pequeños proyectos. No se despilfarrarán los recursos. Varias personas han acudido a nosotros diciendo que quieren contribuir en distintos ámbitos en la campaña electoral. Hay tantas cosas por cambiar en nuestra ciudad. Todos los días martes escucho a los ciudadanos sus opiniones a las ocho y treinta de la noche, a través de Facebook Live. Ayer estaba conversando con destacados dirigentes barriales y ellos decían que en Quito hay aproximadamente 400 canchas deportivas y que a 50 se les ha entregado césped sintético, las otras no tienen baños ni infraestructura ni nada. Esa realidad debemos cambiar.

candidata a alcalde de Quito Natasha Rojas

“El transporte público debe municipalizarse”, Natasha Rojas. Fotografía de José María León para GK.

Alrededor de los grandes centros comerciales encuentras grandes obras. En el Centro Comercial El Bosque, un puente a desnivel, en el Quicentro Sur un gran redondel para que ingresen rápidamente los autos; en el Quicentro se tomaron parte de la vía, no importa el tráfico con tal de que haya un boulevard y permita el ingreso rápido a quienes compran. Están bien esas obras pero deberían ser pagadas por quienes se benefician y no por la colectividad.

Nosotros creemos que también es fundamental la atención a los sectores populares. Yo soy madre y por eso digo que los Guagua Centros tienes que ser fortalecidos y tienen que crecer porque benefician a la mujer del pueblo, a la madre trabajadora que sale en la mañana y regresa en la noche, dejando a sus niños ahí. Pero hemos dicho, necesitamos pasar de los Guagua Centros a los Guambra Centros porque en los centros de desarrollo infantil los tienes a los niños hasta los cinco años, luego van a la escuela y al colegio y toda la tarde pasan solos, sin ningún acompañamiento. Si tuviésemos guambra centros tendríamos la posibilidad de que los jóvenes tengan espacios en donde van a ser asesorados en el ámbito educativo, psicológico, de recreación, etcétera. Eso es pensar en una ciudad más humana.

Suavemente, evita la confrontación. Usa los mensajes que quiere posicionar para volver a evadir preguntas. Sonríe mucho, suaviza su voz y su elocuencia demuestra que los años en política le han enseñado a responder lo que quiere, no lo que le preguntan.

Usted ha mencionado dos cosas: que trabajará por una ciudad que se concentre en el ser humano y no en el capital y dijo también que trabajará con las mentes más lúcidas. Me recuerda un poco al discurso de Rafael Correa, y yo sé que usted ha sido una dura crítica del expresidente pero ¿no cree que este discurso de la izquierda se desgastó precisamente por estas figuras que propusieron un tipo de gobierno y luego se fueron por otro rumbo?

De ninguna manera, no utilicemos el término lúcido, digamos que trabajaré con aquellos hombres y mujeres que tienen propuestas. Yo, por ejemplo, admiro en el ámbito del urbanismo a Fernando Carrión porque creo que es uno de los mejor urbanistas que tiene la ciudad.

En ese mismo ámbito, en la Universidad Central, en la Universidad Católica, tú tienes académicos que saben lo que hay que hacer en Quito. Si tú eres inteligente, te juntas a personas que son inteligentes y te permiten que tu proyecto se desarrolle en mejores condiciones.

Pero usted se guía por una ideología de izquierda según me dijo al inicio, ¿no?

Sí, una ideología de izquierda que te plantea una cosa: pensar en el ser humano como primer aspecto. Hay que disminuir las brechas, las diferencias. Hay que dar oportunidades a quienes no las tienen; trabajar en una ciudad que piense en los hombres, mujeres, LGBTI, niños, jóvenes, en las personas con discapacidades.

Usted mencionaba que lleva 29 años en política. Cuando mira su recorrido, ¿puede identificar errores?

Yo me siento más bien feliz. Cuando voy a los barrios a mi no me dicen doctora, bienvenida, sino me dicen niña Natashita, señorita Natasha. Cuando me dicen así me siento tan contenta porque hay una parte importante de la población que me vio crecer. Yo me incorporé jovencita al consejo estudiantil del colegio Consejo Provincial de Pichincha en Solanda, luego en la universidad, luego en los barrios, he estado relacionada con los trabajadores autónomos —es decir, con distintos sectores.

Me siento contenta de lo que he hecho y pienso que puedo servir muchísimo más desde el Municipio de Quito. No me arrepiento de absolutamente nada, y si hay algo que revisar en el desarrollo de la vida, con madurez hay que revisar porque los seres humanos no somos perfectos, somos perfectibles. Lo importante es el servicio.

Recuerdo en este momento cada vez que el expresidente Correa hablaba mal de mí, yo me sentía contenta porque me decía: estoy haciendo bien las cosas. En una investigación que se realizó yo estaba entre las diez mujeres más agredidas y víctimas de linchamiento mediático por el expresidente Rafael Correa. Pero cuando salgo a la calle, yo camino por cualquier lugar. Me levanto a las cinco de la mañana para dejarle a mi hijo listo el desayuno, luego atiendo medios de comunicación, después voy a mercados, barrios, asociaciones. Me doy tiempo para trabajar en la docencia universitaria, bueno, recién salí de la docencia universitaria, ahora estoy en temas de consultoría.

Yo he sido asesora externa de la Prefecta de Esmeraldas, Lucía Sosa, he trabajado en varios municipios. Salgo en la mañana y llego en la noche pero me pego mis escapadas los miércoles 2×1 para irme al cine con mi hijo. Los fines de semana me saco tiempo para estar con mi hijo. Es una vida en la que a veces no tienes tiempo para pensar en otra cosa que cómo servir mejor a la gente.

¿Qué errores ha cometido Natasha Rojas?

¿Errores? ¿Qué errores? No hacer mucho deporte.

Políticamente, en su trayectoria.

¿Políticamente? ¿Errores?

Repite las palabras intentando hallar una respuesta que no le llega con facilidad. Escarba un poco en su vida personal, pues le cuesta encontrarlo en su vida política. Se pone un poco tensa. Intenta ganar tiempo, parafraseando mi pregunta. Sonríe. Está incómoda.

César Montúfar nos decía que quizás su error ha sido no apuntar a ganar elecciones, que puede estar dispuesto a tener un discurso y construirlo pero que al momento de las elecciones, pierde. Él decía que es importante ganarlas. A eso me refiero. Si usted mira estos 29 años en los que ha hecho política, ¿en qué cree que ha fallado? ¿Qué pudo haber hecho mejor?

¿Qué he fallado?

Les cuesta un poco a los políticos encontrar sus errores, ¿no?

Sí. No me he puesto a pensar en aquello. ¿En qué he fallado? De pronto en momentos determinados, debí actuar con mayor audacia. Pienso que eso porque en el resto he estado vinculada a la organización social, y estar vinculada a la organización social es plata y persona.

¿Sabes qué de pronto? Una de las cosas que me ha impedido desarrollar el accionar político, de pronto no centrarme más en mis cosas personales. No centrarme más en mi hijo, pero es un costo. Cuando tú decides servir a la gente, dejas de lado el resto de elemento.

De pronto una limitación que hay es que no estamos en los grandes medios de comunicación, a diferencia de otros actores políticos. No porque no queremos sino porque muchas veces no existen esos espacios para actores políticos desde los sectores sociales.

Daniela Chacón: “Con el alcalde Rodas empecé a tener problemas pronto. Creo que fui muy dócil.”

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El despacho de Daniela Chacón, en el Municipio de Quito, tiene una ventana que da a la Plaza Grande de Quito. En un sillón bajo la ventana, permanecerán sentadas dos de sus colaboradoras mientras dura esta entrevista. Chacón nos recibe con una camiseta en la que se alcanza a leer la palabra Girl  y una chaqueta de cuadros. Se sienta en su escritorio, arrinconado al fondo de la oficina, sobre el cual hay dos portaretratos en las que se la ve, sonriente y vestida de novia, el día de su matrimonio.

Chacón va todos los días a ese edificio desde que llegó a la concejalía de Quito en 2014 por el partido SUMA, al que fue invitada por Mauricio Rodas. Fue vicealcaldesa por dos años, pero en 2016 hizo pública su ruptura con el Alcalde y renunció a la vicealcaldía para convertirse en una dura crítica de Rodas.

Las críticas a esta gestión municipal han sido muy duras, no únicamente con el alcalde Rodas, sino también hacia los concejales. Usted como concejala, ¿esta administración, incluido el Concejo Municipal, queda en deuda con los quiteños y quienes viven en Quito?

En 2014, cuando fueron las elecciones, nosotros recibimos un mandato muy claro por parte de los quiteños: hacer política de una manera distinta, planteando una nueva visión de la ciudad. Lamentablemente eso no se dio.

Esa fue una de las razones por las que yo presenté a disposición mi cargo de vicealcaldesa, me separé de Suma y ejercí mi cargo de manera independiente. En ese sentido, sí ha habido una falta de visión que no ha permitido implementar una serie de cambios y que ha profundizado otros problemas de la ciudad.

Sin embargo yo puedo responder por mi gestión: yo soy de las concejales con mayor producción legislativa, la mayoría de iniciativas que yo he presentado han sido aprobadas por unanimidad a pesar de no tener un partido detrás —o a pesar de tener, supuestamente, un Concejo conflictivo, hemos podido llevar adelante iniciativas que marcan una visión de ciudad. Creo que cuando hay proyecto, visión y liderazgo es posible superar las diferentes posiciones políticas que existen en los órganos colegiados.

Pero hay aún ese cuestionamiento de que la administración no ha logrado los objetivos que se planteó. Hay temas delicados como el transporte, la recolección de basura. ¿Cómo se puede subsanar si usted pasa de Concejal a Alcaldesa?

Una de las cosas que yo he  vivido —y he visto en estos años— es cómo la capacidad de liderazgo sí permite hacer cosas. No es que el municipio no puede hacer las cosas: por supuesto que hay una serie de dificultades, que hay un aparato institucional muy lento que no le responde a los ciudadanos.

Sin embargo muchas de las crisis que ha vivido la ciudad, como el tema de la basura o la falta de decisión en el tema de transporte público, han sido principalmente porque no ha habido un liderazgo que guíe esos procesos y porque muchas de esas decisiones se han tomado en contra de una planificación. Se han tomado decisiones que. realmente, cuya única explicación es que responden a temas personales o políticos: eso es lo que ha hecho que se agrave una situación y que no se pueda salir adelante.

¿Usted ya ha tomado la decisión de ser candidata a la Alcaldía de Quito? ¿Es una decisión tomada?

Nosotros empezamos un proceso desde hace muchos meses que se alimenta de los años de trabajo que hemos tenido, no solo aquí, en esta administración. Yo antes de venir a Ecuador, cuando estaba en Estados Unidos, después de mi maestría, trabajé en la Alcaldía de Denver (en el estado de Colorado). Estaba encargada de proyectos de desarrollo y recuperación de espacios públicos para el arte, la cultura,  el turismo. Esa es es una experiencia sumada, que de la mano que hemos hecho con organizaciones barriales, sociales, civiles, con ciudadanos de a pie, nos ha llevado a asumir el reto.

¿Entonces sí es una decisión tomada?

Sí. Es una decisión tomada. Pero no es una decisión tomada de la noche a la mañana ni es una decisión tomada simplemente por una proyección política personal. Es una decisión tomada en función de un proceso de ver el potencial de las cosas que se pueden hacer en Quito, y de sentirnos completamente listos y capacitados para enfrentar los retos a futuro.

¿Y qué le mueve a hacerlo?

Siempre me ha gustado la política: creo que los políticos tenemos la política en las venas. Es una vocación, y desde que estoy en política local he podido palpar la capacidad que tiene la política local de transformarle la vida a la gente.

Usualmente a través de mis redes sociales me pongo en contacto con quiteños. Los acompaño en su recorrido en transporte público, entonces hemos hecho viajes por toda la ciudad, desde madrugar muy temprano hasta salir muy tarde. Hace un par de años que acompañé a una chica que se llama Génesis que vive en Guamaní. Ella me contó que se siente más segura desde que está implementado la lucha contra el acoso sexual en el transporte público. Solo el hecho de que ella diga que algo por lo que yo trabajé y tuve la oportunidad de implementarlo desde la función pública, hay una mujer, aunque sea solo una que se siente más segura, eso es lo que me mueve a mi a seguir trabajando y a seguir aspirando a crecer y tener nuevas responsabilidades.

Una vez que usted se plantea la posibilidad de ir a la Alcaldía, ¿qué organizaciones la acompañarán, con qué respaldo político va?

Ese también ha sido un proceso interesante porque a mi salida de Suma yo tomé la decisión consciente de no entrar a otra tienda política hasta tener claro que esa tienda política realmente represente los valores, los principios y proyectos que me inspiran. Ha sido una búsqueda hecho durante todo este tiempo. Hemos buscado un espacio político que represente una nueva alternativa, no solo en el discurso sino que en la forma también represente un cambio.

En estos últimos meses que hemos dialogado con varias organizaciones políticas nos encontramos con una que representa esa visión: es un movimiento provincial, el movimiento Ahora.

Una de las cosas que más me gustó cuando he hablado con la directiva, con la militancia es que ellos son —bueno, somos— ciudadanos queriendo hacer política no políticos queriendo parecer ciudadanos.

Estamos en proceso de cumplir con los requisitos que establece la normativa para las participar en elecciones; se irán cumpliendo las próximas semanas y eso nos llevará hacia finales de octubre o inicios de noviembre a hacer una presentación oficial de la candidatura.

"Empecé haciendo discursos y sirviendo café", Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

“Empecé haciendo discursos y sirviendo café”, Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

¿Quiénes son parte de este movimiento? ¿Quién es su líder, quiénes lo conforman?

No es un movimiento que tiene un líder. Por ser provincial, es un movimiento que se crea bajo la lógica para llenar un vacío que existe en la provincia, especialmente en Quito.

¿Cuándo se creó?

Es un proceso que inició hace un par de años pero finalmente se inscribió en 2018 para participar en estas elecciones. A raíz de la desaparición de la Democracia Popular y la Izquierda Democrática de la política local, específicamente, ha existido un vacío de una visión y de un movimiento que tenga una visión de ciudad para la política local.

El movimiento Ahora se crea bajo la lógica de ocupar un espacio. Las personas que conforman el movimiento son personas entre 30 y 40 años, todos profesionales, algunos han trabajado en el sector público, otros en el privado. Decirte que hay nombres rimbombantes, pues no, no hay, sino que nos hemos encontrado en un camino que queremos seguir.

Usted inició la Concejalía como parte del movimiento SUMA, ¿no hubo oportunismo político al unirse a esa organización para, una vez logrado el objetivo, separarse?

Recuerdo que cuando yo ingresé a la precandidatura del alcalde Rodas, la posibilidad de que gane era ninguna. Yo empecé sirviendo café y escribiendo discursos, sin candidatura y sin posibilidad de candidatura. En su momento, Mauricio fue muy directo conmigo y me dijo ‘nosotros ya venimos trabajando con el Movimiento Vive y las candidaturas ya están asignadas’.

¿Por qué le dijo eso? ¿Usted le había planteado la posibilidad de participar con una candidatura?

Yo le dije que me interesaba la política y que para mí dar el paso de entrar en un movimiento significaba que yo aspiraba en algún momento a una representación pública. Creo que los políticos debemos definir si somos políticos de representación o políticos más técnicos. Para mi, la representación, siempre fue mi vocación.

Yo le había comentado a Rodas mi interés, y le dije que quería ser transparente con ese interés. Él me dijo: me encanta pero las candidaturas están ya definidas. Yo le dije perfecto, yo lo que quiero es empezar a hacer política ya. Esa entrada mía, por la que yo siempre estaré agradecida con Mauricio Rodas y con el movimiento SUMA, fue lograda por mi propio esfuerzos. Una vez que yo me dediqué a hacer investigación, discursos, trabajar en el plan de gobierno…

¿Discursos para quién?

Par él, para Mauricio Rodas. Cuando de la noche a la mañana surgió una posibilidad —al parecer una de las personas que estaba definida para participar en una candidatura decidió declinar— Mauricio Rodas me ofreció la candidatura a la Concejalía.

¿Esto ocurrió al cuánto tiempo de que usted empezara a participar en la organización?

Al poco tiempo. Yo entré cuando Mauricio estaba definiendo su alianza con Vive, cuando estaba definiendo la candidatura. Yo fui invitada al movimiento por un amigo en común. Una de las cosas que yo siempre voy a reconocer es que nunca se me exigió absolutamente nada, y más bien fue por mi esfuerzo y mi trabajo que me ofrecieron la concejalía.

¿Luego qué pasó? Llegó a la concejalía, incluso llegó a ser Vicealcaldesa. ¿En qué momento se quebró esa alianza que parecía prometedora según el contexto que nos cuenta?

Sí, parecía prometedora porque para mí SUMA representaba la posibilidad de hacer una nueva política. El haber obtenido esa votación tan abrumadora en 2014 era una suerte de reafirmación de que teníamos esa posibilidad.

En la práctica había una gran diferencia entre lo que se decía y se hacía y con el tiempo empecé a tener grandes diferencias con el Alcalde y su equipo.

¿Como cuáles?

Sobre cómo se tomaban las decisiones. Se privilegiaba una postura política y no una visión de ciudad, entonces empezamos a tener conflicto sobre el proyecto Quito Cables, sobre el proyecto Guayasamín. Ya cuando, con el pasar del tiempo, se empezaron a hacer expresas unas quejas de la ciudadanía, respecto de proyectos que no solo estaban siendo mal planificados y mal ejecutados sino que tenían serias sospechas de actos de corrupción y estaban ignorando a la población afectada sistemáticamente, yo tomé la decisión. No fue fácil, pero tampoco fue una decisión que me costó en términos éticos o personales, porque una de las razones por las que yo entré a SUMA y a la política fue para hacer una política distinta y para cambiar la ciudad.

Eso no se estaba haciendo, entonces había un divorcio completo entre las razones por las cuales estoy en política y lo que estaba pasando.

El cargo de vicealcaldesa no es de elección popular, es un cargo que se otorga en función de una relación de confianza y sobre una visión conjunta. Cuando eso dejó de existir, me parecía poco ético mantener un cargo solo por mantenerlo entonces puse mi cargo a disposición del Concejo y del Alcalde y me declaré independiente. Yo no estuve afiliada a SUMA entonces no tuve que desafiliarme, pero sí separarme y es fue en agosto de 2016.

Usted coincide con su posible rival, Juan Carlos Holguín, en el dibujo del panorama que ambos hacen. En ese sentido y considerando además que hay una treintena de posibles candidatos, ¿ha considerado la posibilidad de hacer alianzas con candidatos que puedan tener un proyecto similar o un pensamiento político similar o no?

El hecho de que existan coincidencias sobre la evaluación de una gestión no quiere, necesariamente, decir que haya una misma visión de ciudad. Considero que la posibilidad de establecer alianzas es factible pero únicamente en la medida en que existe una coincidencia en la visión y en la forma de hacer política. Yo no creo que la unidad por la unidad es deseable.

Ya hemos visto unidades en las cuales, simplemente por el interés de llegar a tener el poder se unen, y al momento que llegan al poder, es la repartición. Yo discrepo en la idea de que la fragmentación puede ser un problema porque hay que presentarle al ciudadano las opciones y son los quiteños quienes deben decidir frente a esas opciones. No creo que, cuando existen personas o equipos que quieren asumir el reto de gobernar la ciudad, tengan que declinar de ese sueño porque simplemente al parecer no tienen posibilidad de acuerdo a las encuestas. Hay que presentarle responsable y seriamente a la ciudad una propuesta, no solo para salir de esta crisis sino para encaminarla hacia el futuro, y que sean los quiteños quienes escojan.

Daniela Chacón fue electa en 2014 concejala de Quito por SUMA. Fotografía de Lisette Arévalo.

Daniela Chacón fue electa en 2014 concejala de Quito por SUMA. Fotografía de Lisette Arévalo.

La voz y la expresión de su rostro se endurecen, como si tras la respuesta sobria intentara evitar que sus ideas sean comparadas a la del otro posible candidato. Responde con firmeza, con un tono de voz un poco más alto, como imponiéndose.

¿No estaría dispuesta a declinar su candidatura por una alianza entonces?

Estoy dispuesta a trabajar en alianzas pero, insisto: esa es una posibilidad solo si existe una coincidencia en la visión de ciudad y en la forma de hacer política.

¿Usted cree que tiene posibilidades de ganar las elecciones?

Yo confío en que podemos ganar. Hay un absoluto abandono. Los quiteños estamos completamente abandonados. Estamos en un momento de mucha frustración y desesperanza en el que no necesariamente vemos una posibilidad de cambio, pero es en esos momentos cuando más se generan espacios para encontrar oportunidades de salir adelante.

En ese sentido nadie, independientemente de su trayectoria política, de su edad o de su posicionamiento, tiene una elección ganada. Creo que todo va a depender  de la capacidad de quienes estamos aspirando a la Alcaldía para presentar una propuesta sólida, que nos permita volver a soñar en que Quito puede ser una ciudad que supera sus problemas básicos y que, además, se encamina en una senda de desarrollo que cumple con los objetivos de desarrollo sostenible, que seamos una ciudad inclusiva, segura, resiliente.

Para lograr una candidatura, darse a conocer, a pesar de que usted ha tenido la visibilidad que le da la Concejalía, ¿quiénes le van a financiar?

Por lo pronto los financistas son la gente que nos quiere y nos apoya, familiares, amigos, la gente del movimiento. No tenemos una campaña millonaria ni mucho menos. Lo que estamos haciendo ahora sale de nuestros ingresos personales, por ejemplo si contratamos un video o ponemos una pauta en Facebook o redes sociales, que además son el principal medio a través del que me comunico con los quiteños.

El financiamiento es un reto. Creo que en la medida en que se presentan propuestas serias para la ciudad es perfectamente factible hacer un llamado a los ciudadanos para que hagan sus aportes independientemente del valor que puedan aportar. Una de nuestras propuestas será transparentar esa información.

Me encanta el ejemplo de Bernie Sanders o de Obama. Ellos llamaron a los ciudadanos a que sean quienes aporten a un proyecto de ciudad y con ese aporte, que puede ser desde un dólar, y estableciendo por supuesto un límite, también nos comprometemos con la construcción del proyecto. Es importante que se conozca quién está detrás de una campaña. Ahora la tecnología nos permite transparentar al ciudadano que lo que nosotros tenemos es un proyecto de ciudad, no un proyecto de políticos que quieren llegar al poder, no un proyecto de partidos que quieren salvar el partido, o de personas que quieren apuntalar una carrera política para algo más. sino un proyecto político propio. Quito no tiene proyecto político propio hace años y esa es una de las principales razones por la que estamos atravesando esta crisis.

¿No es un poco ingenuo pensar que los ciudadanos van a financiarla, si es que por otro lado tienen otros candidatos con grandes financistas de la empresa privada o la banca?

No es ingenuidad: es expresión de la nueva política que no solo tiene que ser sino parecer. Cada una de las acciones debe reflejar esa nueva política. Estoy segura que habrá candidatos que tienen padrinos, que tienen acceso a muchos recursos. La nuestra será una campaña austera pero no creo que el dinero sea el solo factor que garantiza una ganancia.

Entonces los videos que ahora vemos en redes, ¿quiénes los están financiando?

Un equipo pequeño de personas que me quieren, incluye mi familia, mis amigos, incluye mi propio sueldo: estoy bien endeudada. Tampoco son videos muy costosos, los videos que hacemos son donados, de personas que creen en nosotros y que nos prestan la producción y nos donan sus servicios o su trabajo como parte de su apoyo a este proyecto político.

Ríe al inicio de su respuesta, pero se pone nuevamente seria y retoma el hilo de lo que dice. Esa forma es repetitiva durante la entrevista. Sonríe mucho, ríe incluso en algunos momentos, pero retoma la seriedad del rol al que aspira.

¿Pero esas donaciones no son en mayor o menor medida, según lo que se done, lo que comprometen a un político? Una vez que el político llega, ¿no es cuando piden que devuelvan esas donaciones?

Creo que estamos mal acostumbrados a pensar que la política tiene que ser así. Yo establezco las reglas claras con las personas que trato. Hace dos semanas estuve en mi alma mater, en la Universidad San Francisco de Quito, dando una charla en Jurisprudencia. Nos invitan a los graduados a contarles a los futuros profesionales sobre cómo ha sido la vida del ejercicio de la profesión desde los diferentes ámbitos. A mi me invitan a hablar desde la política.

Una chica que estaba ahí me dice que me había conocido hace dos años en un foro y que me había preguntado cómo hago para enfrentar las posibilidades de la corrupción y esta idea de que todos los políticos que entran son corruptos. Yo le había respondido que no hago favores. Ella me preguntó esta vez cómo me había ido con esto de no hacer favores. Y claro, hay gente que no me quiere.

¿Pero qué quiere decir esto de no hacer favores?

Que tú no cedes a ningún tema que no sea al estricto cumplimiento legal y de tus funciones, simplemente porque estás en una función pública y el cumplimiento de eso implica entonces que cuando uno trabaja con gente que aporta a un proyecto sabe que está aportando a un proyecto político y eso no significa bajo ningún concepto que uno le tiene que deber un contrato, o recursos o poder porque sino de antemano llegamos atados de manos.

Chacón fue vicealcaldesa pero renunció al cargo al separarse se SUMA. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

Chacón fue vicealcaldesa pero renunció al cargo al separarse se SUMA. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

A grandes rasgos, ¿cuál es su visión de ciudad?

Yo sueño en un Quito más humano.  Y un Quito más humano tiene una serie de aristas. La humanidad que ha perdido nuestra ciudad se expresa en que no es una ciudad que está construida pensando en niños de 8 años o abuelitos de 80 años; es una ciudad que no está construida pensando en que las mujeres tenemos necesidades específicas, porque para nosotras transitar en la calle o subirnos a los buses es completamente distinto de lo que es para un hombre.

Es una ciudad agresiva continuamente porque no nos hemos construido con una pertenencia a nuestra ciudad que haga que tengamos la capacidad de ser empáticos y respetuosos con la situación del otro. Cuando yo digo que la gestión debe ser humana, implica que debe estar al servicio de la gente. La infraestructura, el cemento y los servicios deben ser en función de las personas, y no de hacer un proyecto porque sí, para decir que se ha hecho algo, sino que atienda la necesidad de las personas.

Cuando sabes eso, sabes que tu primera inversión debe ser en aceras de calidad, que tal vez ese mega intercambiador no es tan necesario porque lo que primero necesitas es que la gente pueda circular, que las ciclovías sean seguras, que la gente pueda escoger la caminata y la bicicleta como medio de transporte sin sentir que están arriesgando la vida todos los días.

Esta gestión más humana implica que el Municipio se construye para facilitarle la vida a la gente, no para impedirle tanto su desarrollo personal como profesional. El otro día estuve con unos vecinos de Carcelén: han pasado 3 años y 18 mesas de trabajo para que les abran los baños en el parque.

No puede ser posible que un municipio esté tan preocupado de cumplir procesos internos que no se ocupa de la gente. El momento en que se ocupa de la gente entiende que detrás de ese papel, de ese trámite hay una persona con una necesidad, cambiamos la lógica del municipio, humanizamos la gestión y cumplimos con los 4 objetivos de desarrollo sostenible. No hay que inventarse el agua tibia. Ya hemos suscrito una serie de convenios internacionales. Tenemos que convertirnos en ciudades seguras, inclusivas, resilientes y sostenibles. Esos son nuestros cuatro pilares, hacia allá debemos trabajar.

Dentro de esta ineficiencia o burocracia que usted menciona entra un tema del que han hecho mención otros candidatos: las mafias que pueden estar ocupando el Municipio. Hemos visto además funcionarios de alto nivel investigados en procesos judiciales, el tema este de los pagos irregulares o ilegales para obtener permisos de funcionamiento de los taxis.

¿Usted cree que hay, en efecto, mafias que están operando dentro del municipio o en conjunto con el municipio y que están impidiendo el desarrollo de la ciudad?

Lo que estamos viendo es el reflejo de una forma de hacer política que no es solo de los últimos diez años, sino que es continua en Ecuador. Tiene que ver con que las personas que llegan al poder privilegian su carrera política frente a las decisiones difíciles de la ciudad lo que implica que los actores de interés tienen más posibilidad de presionar para su beneficio.

En el caso específico de los taxis sí creo que hay una mafia en el sentido de que ves claramente involucrados a los altos funcionarios de movilidad de la Alcaldía de Mauricio Rodas, algunos miembros del Concejo y malos dirigentes del taxismo que se benefician de un acuerdo que, además, yo denuncié a tiempo. Fui la única que votó en contra de esa resolución.

Creo que también, y esto no hay por qué esconderlo, que la manera en que el alcalde Rodas trató de obtener gobernabilidad a través de la entrega de espacios de poder en el Ejecutivo a través de las administraciones zonales o de las empresas públicas, sí genera una lógica mafiosa. No puedo decir que sea una mafia pero sí genera una lógica mafiosa.

Entonces el reto es en doble vía: el primero en que el líder, la líder en este caso, exija transparencia, rectitud, honestidad, y eso se empieza a regar. Otra cosa que hemos planteado a inicios de este año y está en trámite en el Concejo, ojalá se logre resolver, sino será de las primeras cosas que hagamos, es la implementación de un sistema antisoborno.

En el mundo entero se creó una norma, la ISO 37001, que establece sistemas de gestión antisoborno. Determina en cada uno de los procedimientos dónde está la discrecionalidad porque ese es el primer factor para la corrupción.

Explíqueme un poco eso.

Un ejemplo muy concreto, lo de los taxis. Se estaba determinando la necesidad de casi 9 mil cupos para regularizar y había 17 mil personas que estaban prestando el servicio. La resolución que determina cómo se iban a entregar esos cupos le daba la total potestad a la Agencia Metropolitana de Tránsito para definir esos parámetros.Esa discrecionalidad permitía, por ejemplo, que carpetas que ingresaban supuestamente con todos los requisitos para obtener un cupo de taxi, se descalificaban por no presentar la cédula a color. Es una discrecionalidad enorme que permite que se den estos acuerdos colusorios.

El poder establecer este sistema de gestión antisoborno es la manera de prevenir que el acto de corrupción se cometa porque haces que el procedimiento sea lo más corto, lo más efectivo, lo menos discrecional posible y a la para de eso, vigilancia. Es decir Quito Honesto es una entidad que debe ser transformada completamente, no puede ser el presidente de Quito Honesto sea designado por el propio alcalde a quien tiene que vigilar: tiene que ser nombrado por una comisión que sea definida a través de un concurso de méritos y oposición, por ejemplo, y que tenga potestades sancionatorias, eso requiere una reforma legal en la ordenanza, eso lo podemos hacer y esa es la manera en que se combate la corrupción.

De todas maneras, estos funcionarios pueden estar adentro actuando de forma irregular, ¿qué posibilidad le da al próximo alcalde de limpiar estas mafias por llamarlo de alguna manera o de limpiar estas áreas en las que puede haber focos de corrupción?

Nosotros hemos ya identificado las áreas más críticas en las que hay que implementar inmediatamente este sistema antisobornos: Dirección de Catastros, Registro de la Propiedad, Dirección Tributaria, Secretaría de Territorio Hábitat y Vivienda, y Administraciones Zonales.

Bastantes.

Es bastante, pero el Municipio es mucho más grande que eso. Es un proceso, no pasa de la noche a la mañana, pero tiene que haber la decisión política de implementarlo. Eso significa asignar presupuesto.

Otra cosa es hay que hacer es utilizar las herramientas administrativas que otorga la Ley. Hemos escuchado una serie de malos funcionarios que hacen quedar mal a los buenos funcionarios y no hay sanciones administrativas. Es el Alcalde el único que tiene la potestad de iniciar un proceso administrativo para separar un funcionario.

¿Solo el Alcalde puede hacer eso?

Sí, sólo el alcalde. El Concejo de no lo puede hacer.

¿Y por qué no se plantea una reforma a la normativa que plantea eso?

Porque es reforma al Cootad (Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización). Yo creo que si bien es algo que se debe impulsar, la alcaldesa de una ciudad debe impulsar esos cambios que se deben dar en el Ejecutivo y en el legislativo para favorecer la gestión de las ciudades, no se puede ofrecer lo que no está en nuestros manos.

Pero se la podría plantear en la Asamblea

Sí, pero además es voluntad política y si quien lidera la ciudad no tiene voluntad política se ve reflejado lo que vivimos en este momento.

"El Municipio no es pobre, gasta de manera ineficiente", Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

“El Municipio no es pobre, gasta de manera ineficiente”, Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

Usted mencionaba hace un momento el tema del presupuesto del Municipio. Fernando Carrión, exconcejal y docente,  decía en medios que el presupuesto con el que contará el próximo alcalde es de 1.534 millones, más del 60% está destinado al Metro de Quito y el 38% al gasto corriente. Eso suma 98%. ¿qué se puede hacer con ese presupuesto restante?

Discrepo con Fernando Carrión. El Municipio no es pobre, gasta de manera muy ineficiente. En la administración de Barrera se compró un sistema de semaforización inteligente por 22 millones de dólares, que en esta administración está apagado para contratar a más de 2 mil agentes para que estén abajo de los semáforos como asistentes de semáforos con el celular en la mano. Eso es desperdicio administrativo y financiero.

¿Y por qué no se usa el sistema?

Esa es una pregunta que habría que hacerle a Mauricio Rodas.

¿Pero en todo caso, no es un presupuesto bajo para la Alcadía?

No es un presupuesto que no nos permite trabajar. Nos quieren vender esta idea de que 700 millones de dólares es poco. Ese es el presupuesto aproximado, por año. El resto, lo que está asignado para el metro es un monto que la ciudad irá pagando los próximos años y ya está en el servicio de deuda. Por supuesto que hay un exceso de gasto administrativo y eso también hay que entrar a sanear.

No se hace de la noche a la mañana, también creo que es importante no vender humo. No decir que vamos a construir los mega intercambiadores cuando quizás eso ni siquiera sea necesario. En épocas de austeridad nos obligamos a ser creativos. La concejalía no tiene capacidades de ejecución pero igual trabajamos en los barrios, ayudamos a mejorar sus espacios públicos, hemos hecho alianzas con la academia, con la empresa privada, con las organizaciones de la sociedad civil y a través de mingas, por ejemplo, hemos readecuado parques.

¿Y esa podría ser una pauta para la Alcaldía?

Por supuesto. Los juegos infantiles y los de los adultos mayores para gimnasia son importados. Eso podríamos producir aquí con materiales reciclados, con llantas, con pallets y podemos hacer juegos que son perfectamente buenos a una mínima del costo de lo que implica la importación. Son esas decisiones las que marcan la diferencia entre ver de manera pesimista el hecho de que existe un presupuesto limitado o ver qué podemos hacer para superar ese reto.

También mencionaba usted el tema de la burocracia. Se mencionaba que en el Municipio de Quito hay 17 mil funcionarios, casi cuatro veces más de los que tiene el Municipio de Guayaquil a pesar de que esa es una ciudad con más habitantes que Quito. ¿Usted  cree que hay que reducir el tamaño y recortar personal?

Creo que sí hay que ser críticos en cómo ha crecido el aparato municipal. No solo en esta administración, sino en las dos anteriores. Eso nos tiene que llevar a determinar en qué áreas hay exceso de personal y en cuáles falta para que las cosas se hagan de manera más eficiente.

Me parece un error compararnos con Guayaquil: el hecho de que una tenga mucho menos empleados no quiere decir que sea una ciudad que esté atendiendo a las necesidades básicas de los ciudadanos.

Creo que debemos escapar de la lógica de importar el modelo exitoso de Guayaquil cuando Quito tiene su propia lógica y debe tener su propio desarrollo pero sí es necesario hacerlo más eficiente al Municipio.

Nosotros hemos estado trabajando con una consultoría que se contrató en esta administración. La hizo la Price Waterhouse Coopers y costó alrededor de 400 mil dólares, está archivada en un cajón en el escritorio del Alcalde.

Esta cosultoría ya determina cuáles son las áreas del municipio en las que hay sobrecarga de tramitología y burocracia.

Por supuesto que hay que trabajar en planes de jubilación, hay que trabajar para ser más eficientes, estamos en una situación en que Quito atraviesa una crisis económica, Quito tiene la mayor tasa de desempleo, la mayor tasa pobreza del país entonces tenemos que hacer más eficiente el aparato administrativo.

Pero no se trata simplemente de decir hay que sacar a la gente sino de encontrar las ineficiencias y tener un plan para que el exceso de personal vaya saliendo con el pasar de los años. Hay que ser responsables con eso. A la par hay que trabajar para generar oportunidades de empleo porque sino no le estamos dando a la ciudad.

Pero usted me dice que ya existe esa consultoría que indica lo que habría que hacer. ¿No se la ha utilizado para implementar los cambios?

No se ha implementado. La ejecución de esa consultoría le corresponde exclusivamente al Ejecutivo.

¿Qué establece?

Que hay una serie de secretarías que deben fusionarse.

¿Cuándo terminó esa consultoría?

Me parece que en 2016.

"Me parece un error compararnos con Guayaquil", Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

“Me parece un error compararnos con Guayaquil”, Daniela Chacón. Fotografía de Lisette Arévalo para GK.

De lo que sabemos hasta ahora usted sería la única candidata mujer para la Alcaldía de Quito. ¿Cómo ve eso?

Me ilusión sobremanera la posibilidad de ser la primera Alcaldesa. No solo por mí, aunque sería también una meta cumplida en  mi desarrollo personal y profesional.

Me encantaría que haya muchas más mujeres candidatas a la Alcaldía porque eso querría decir que seguimos llegando más. Seguimos en un mundo político masculinizado. Si bien las cuotas y la ley de paridad nos ha permitido tener más acceso en los legislativos principalmente. En los ejecutivos no estamos ahí.

En las elecciones de 2014, de 221 cantones solo hay 16 alcaldesas mujeres, de 24 prefecturas solo hay 2 mujeres. En Pichincha no hubo candidatas a la Prefectura, en Quito hubo una mujer candidata a la Alcaldía y pasó desapercibida. Creo que independientemente del resultado, es importante que las mujeres nos animemos, que presentemos nuestras candidaturas a cargos ejecutivos porque creo que las mujeres, y ahí me incluyo, somos muy duras con nosotras mismas: cuando está en un ambiente muy masculino trata de cargarse responsabilidades que no le competen, sobreexigirse para salir adelante.

Debemos entender que las mujeres no somos ni mejores ni peores, simplemente somos distintas. Tenemos una sensibilidad distinta, aptitudes y liderazgos distintos y yo sí creo que es momento de que Quito tenga una mujer con experiencia, que tenga una visión de una ciudad más humana, y que esa capacidad que tenemos las mujeres de ocuparnos de todos y todo a la vez, se ponga al servicio de Quito.

Esta suele ser mi pregunta de cierre. ¿Qué errores ha cometido?

Hubiera querido hacer algunas cosas distintas. Tal vez tener más valentía y más energía para enfrentar las cosas que no me gustaban desde un principio, y no esperar a que las cosas cambien para hacer un pronunciamiento.

En mi relación con el alcalde Rodas empecé a tener problemas no mucho tiempo después de habernos posesionado. Creo que fui muy dócil, muy buena, ingenua tal vez también, de dar siempre una apertura para el cambio y cuando vi que eso no se daba, seguí insistiendo, y creo que a veces uno tiene que ser más radical en ese sentido.

Otra cosa que no me la atribuyo al 100% porque no depende de mi al 100%, pero sí me hubiera gustado poder asumir un rol de mayor liderazgo en el Concejo Metropolitano. No me lo atribuyo 100% porque soy 1 de 21. Pero siento que pude tener la posibilidad de llevar adelante algunas cosas que no se dieron y que hubieran hecho que, quizás, sea un Concejo un poquito mejor evaluado de lo que ha sido.

No me arrepiento de las decisiones que he tomado: uno aprende más de los errores que de otras cosas y si es que una lección me han dejado estos años, diría que es la convicción de que sí hay cómo hacer política honesta y de servicio a la gente y empoderarme cada vez más de mi rol de política, de ejecutiva y de que no tengo que estar pidiendo disculpas a nadie por querer cambiar mi ciudad.

César Montúfar: “Quito es una ciudad gobernada por trogloditas”

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César Montúfar fue asambleísta entre 2009 y 2013 por la Concertación, movimiento político que lidera desde su nacimiento desde 2006. Montúfar es además docente y director del área de Estudios Sociales en la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Es en su oficina de la universidad en donde nos recibe. El espacio es pequeño. En la pared frente a la puerta de ingreso, están tres estanterías llenas de libros. Al frente, su escritorio, al lado un sillón y en el centro una mesa redonda que ocupa el poco espacio que queda libre. Durante la entrevista, el espacio se ve más pequeño. Además de Montúfar y yo, hay dos personas de su equipo, y el fotógrafo de GK.

Cuéntenos lo que ocurrió con Guillermo Lasso y el movimiento CREO. Usted dijo que ellos iban a apoyar su candidatura a la Alcaldía de Quito pero ya CREO anunció que su candidato sería Juan Carlos Holguín. ¿Qué pasó ahí?

Concertación y CREO hicimos un acuerdo en perspectiva de consolidar una alianza política, no solo para estas elecciones, sino una alianza política de mayor protección. Concertación es una organización que se ubica en el centro político, CREO es más bien en el centro derecha, y tuvimos muchas coincidencias en lo que fue la lucha del régimen de Rafael Correa. Compartimos espacios importantes, cofundamos Compromiso Ecuador en contra de las enmiendas y habíamos mantenido coincidencias. Por eso llegamos a un acuerdo entre Guillermo Lasso y yo, acuerdo que luego se plasmó en un texto que, más allá de pensar en las próximas elecciones, se proyectaba hacia ir fortaleciendo a una corriente desde el centro político hacia el centro derecha. En ese marco fue que CREO me propuso la candidatura a la Alcaldía de Quito y yo acepté. Luego de eso, hubo un rompimiento unilateral por parte del señor Lasso, él faltó a su palabra, faltó a lo que habíamos venido construyendo. Para nosotros hay que virar la página. Lo único que esto demuestra es la pobreza del liderazgo político ecuatoriano, que únicamente piensa los procesos electorales en función de cálculos muy pequeños. Yo le dije en la carta que le envié a Lasso que hay que pensar la política con P mayúscula no con p minúscula. La Alcaldía de Quito no puede ser pensada como un trampolín hacia la presidencia. La alcaldía de Quito no puede ser una pieza en una estrategia presidencial, eso es faltarle el respeto a la ciudad, es faltarle el respeto a la crisis, no dimensionar la crisis que vive Quito. Pero eso es parte del pasado, nosotros avanzamos, continuamos, y en esa perspectiva seguiremos.

Pero justamente esto que usted menciona del rompimiento de los acuerdos, ¿no demuestra una incapacidad de la oposición de concretar estos acuerdos y de alguna manera eso da la cabida a movimientos como el del expresidente Correa?

Por supuesto. Absolutamente. El problema no es solamente el correísmo y esa forma de pensar la política maniqueamente de que unos son los buenos y otros son los malos. En el fondo vemos la misma práctica. Personas que se creen dueños de partidos, personas que designan candidatos porque creen que un movimiento político se maneja como una empresa o como un banco. Yo creo que la clase política ecuatoriana se encuentra rezagada frente a una sociedad que innova frente a muchas cosas, que tiene muchas preocupaciones, que está vinculada a muchos procesos. Pero bueno, creo que este tema que es pequeñito, es la muestra de un problema mucho mayor, estructural de la política ecuatoriana.

Sin embargo esta no es la primera vez que algo así pasa entre Concertación y CREO, ¿no? En 2013 pasó cuando Auki Tituaña declinó la candidatura a vicepresidente con Lasso y se hablaba de que usted iría en su lugar pero no fue así. Juan Carlos Solines se desafilió de Concertación, la organización de la que ambos eran dirigentes, y se fue con Lasso. ¿Cómo después de eso, usted mantiene la alianza para que vuelva a pasar exactamente lo mismo cinco años después?

Yo creo que mi obligación como político es buscar acuerdos. El nombre del movimiento es Concertación que se fundó sobre el modelo de la concertación chilena, donde fue posible que hubiera políticas de Estado de 20 años seguidos, en una articulación política en la que estaba desde la democracia cristiana hasta el partido socialista. Así es como nosotros entendemos la política. Creemos que una sociedad moderna, con problemas tan complejos como los del Ecuador, merece salir a soluciones concertadas. Lo otro es el caudillismo que ya fracasó con Correa. Ese caso debería ser un ejemplo, una oportunidad para un aprendizaje político. Un caudillo carismático, aparentemente con mucha preparación, con las mejores condiciones en términos de contexto internacional totalmente favorable, un apoyo de la ciudadanía enorme, sin adversarios políticos de peso que pudieran obstaculizar su proyecto; es decir, condiciones excepcionales, pero ese modelo fracasó en Ecuador. Quizás es el fracaso más estrepitoso que ha tenido Ecuador. El problema no es si es de izquierda o de derecha, el problema es el modelo, la forma de hacer política que fracasó en las mejores condiciones como el caso del correísmo. Si las lleva adelante políticos con menor carisma, en condiciones mucho más adversas, el resultado va a ser peor. Por eso pensamos que la política debe cambiar de metodología, la concertación es una metodología de hacer política que implica la articulación de diversos, en función de aspectos comunes, pero manteniendo la diversidad. Eso, en perspectiva de encontrar soluciones de largo plazo a problemas complejos.

En noviembre de 2012, pocos días antes de inscribir su candidatura como vicepresidente de Guillermo Lasso, el líder indígena Auki Tituaña declinó su candidatura luego de que la Conaie, movimiento al que pertenecía, lo expulsara de sus filas por la alianza con Lasso. El nombre que se escuchaba tras bastidores, como reemplazo de Tituaña, era el de César Montúfar, líder de la Concertación y asambleísta en funciones. Sin embargo Lasso optó por Juan Carlos Solines, también miembro de la Concertación. En una movida rápida, Solines se separó de Concertación para unirse a la campaña de CREO. El binomio perdió frente a Rafael Correa y Jorge Glas.

Claro, pero usted habla de los caudillos o los dueños de los partidos. ¿No tenemos aquí lo mismo, por un lado Correa, y por otro, un líder que sin primarias decide quién va a ser el candidato a la alcaldía?

Yo no quisiera comentar sobre ese tema. Lo que sí le digo es que el comportamiento de Lasso en este episodio que ocurrió en esta alianza con Concertación, muestra la decadencia de una forma de hacer política, en la que las aspiraciones personales, los cálculos políticos pequeñitos, esta política con p minúscula, el pensar que un proceso tan importante como la Alcaldía de Quito puede ser mirado en perspectiva de una estrategia presidencial, deben primar. Pero opinar sobre lo que hacen otras organizaciones, no me parece que me corresponde.

Le pregunto sobre todo porque usted ha hecho un acuerdo. ¿Concertación ya nada tiene que ver con CREO?

Rompieron ese acuerdo, Lasso faltó a su palabra, mostró esta forma caudillista de hacer política pero ese es un problema del señor Lasso. Lo que fue interesante es que esta situación nos obligó a decir, esto va mucho más allá de eso. En mi caso personal, asumí un compromiso, un desafío que debemos llevar adelante pero como nosotros pensamos que se debe hacer política.

¿Eso quiere decir que ya no hay ningún tipo de acuerdo entonces?

No pues. ¿Qué acuerdo puede haber con una organización en la que una persona que se arroga la función de líder o dueño del partido rompe acuerdos y rompe su palabra?

"Lasso faltó a su palabra", dice Montúfar sobre el acuerdo que tenían para las elecciones seccionales de 2019. Fotografía de José María León para GK.

“Lasso faltó a su palabra”, dice Montúfar sobre el acuerdo que tenían para las elecciones seccionales de 2019. Fotografía de José María León para GK.

Pasemos entonces a ahondar en su posible candidatura a la Alcaldía de Quito. ¿Usted va a ser candidato definitivamente? ¿Ya es una decisión tomada? ¿Tiene un movimiento que lo va a respaldar? ¿Cómo va a ser ese proceso?

El movimiento Concertación, en su convención nacional de marzo de este año, resolvió que me postularía a la Alcaldía de Quito. A partir de eso fue que iniciamos conversaciones con otros actores, entre esos CREO. A partir de ahí hemos venido construyendo un camino que tiene distintos andariveles. El primero, me parece que es el más importante, es la construcción de una propuesta, va más allá de poner un listado de ofertas. El segundo es el tema de articulación ciudadana: un proyecto para la Alcaldía de Quito requiere una sumatoria enorme de voluntades que va mucho más allá de lo que podría ser un movimiento político. En una ciudad en la que tienes cientos, miles de colectivos que tienen múltiples demandas de todo tipo, se requiere esta articulación ciudadana. Y en tercer lugar, está el trabajo territorial. Quizás lo peculiar y lo hermoso de la política en elecciones seccionales es que tienes que unir la demanda y la expectativa de una persona de un barrio que tiene un determinado problema de basura, transporte, con un proyecto de ciudad. Ese trabajo territorial es importantísimo. Nosotros estamos trabajando en los tres niveles. Una candidatura no es un problema de yo me lanzo, mi partido me apoya. El llegar a ser un candidato es un proceso de construcción, de sumatoria de voluntades, un proceso en el que tú como persona tienes que transformarte, más allá de lo cosmético, de lo publicitario. Tienes que cambiar tu forma de relacionarte con las personas en el sentido de que asumes el desafío de representar. Una candidatura es una construcción.  Va mucho más allá de que una asamblea te designe, más allá de que un caudillo te ponga el dedo encima. Nosotros estamos trabajando. Es el desafío político más complejo y más interesante que he asumido en mi vida política.

En este contexto que usted menciona, de articular distintos actores dentro de la ciudad, ¿han pensado en alianzas con otras organizaciones civiles y políticas?

Organizaciones políticas ya no. Sí vamos a conversar porque es necesario converger pero creemos que el tema principal ahora es esta articulación de voluntades ciudadanas porque Quito es una ciudad tan diversa, quizás eso es lo más interesante, rico y fascinante de Quito, donde tienes propuestas de grupos vinculados al tema seguridad, al tema movilidad, al tema derechos, incluso derechos de los animales. Quito no solo está hecha de casas. La fauna de Quito es fascinante, tienes hasta pumas. Hay que pensar a Quito como diversidad, en donde hay sectores que están movilizados en función de sus demandas. Para nosotros, dentro de ese proyecto de ciudad, el tema de una ciudad incluyente es fundamental. Quito es la ciudad más diversa del país, no solo por el hecho de ser capital. Aquí existen al menos 5 ecosistemas. Tú debes haber escuchado esa propuesta maravillosa de hacer de Quito la ciudad de los arupos. Es interesante pero Quito no puede solo ser la ciudad de los arupos porque si ves el ecosistema de Calderón y Carapungo es distinto al de los Valles, el norte es distinto al sur en términos de clima, vegetación, fauna. Somos tan diversos que debemos pensar en una ciudad que incorpore esas diversidades. En nuestra propuesta, la construcción de este proyecto. Estos dos criterios: inclusividad y diversidad son fundamentales.

¿Cuál es su visión de ciudad? Quizás una de las mayores críticas a esta administración es que no hay un proyecto de ciudad. ¿Cuál es su propuesta?

No es un tema solo de esta administración, es un problema que viene desde hace rato, desde la administración de Rodrigo Paz. Quito no ha tenido un proyecto de ciudad. Quito, la última vez que se pensó a sí mismo, en la época de Paz, era una franja longitudinal que iba de Chillogallo a Cotocollao. Quito ya no es eso. Están los Valles, Carapungo, el Sur, las parroquias rurales. Quito es una ciudad diversa. Quito es una ciudad productiva, Quito es la ciudad más rica del Ecuador, la que más aporta al Producto Interno Bruto, la que más aporta en impuestos. Si caminas por la calle América, desde el Colegio Mejía hacia la Mariana de Jesús, hay un montón de mueblerías, personas que incluso usan la vereda para pintar o terminar los muebles, no solo para vender. Detrás de eso, en las cuadras adyacentes, verás pequeños talleres vinculados a esa línea de negocio. Y eso tú encuentras en muchísimas partes de Quito. Es una ciudad tan diversa, incluso en términos productivos, pero sabemos que tenemos que dar un salto en productividad. Quito no puede seguir siendo la ciudad vinculada a la burocracia, al gasto público. Quito tiene un potencial turístico impresionante. Es la capital más hermosa de América Latina, pero no puedes decir que solo es turismo, es una ciudad gobernada, voy a decir una palabra fuerte, gobernada por trogloditas. El Concejo Municipal y el Municipio se transformó en lo mismo que el estado nacional: en un botín político. Quizás en Quito lo vemos con mucha más claridad. Mira cómo se maneja el Concejo con relación a la administración municipal, y eso hay que decirlo, desde la época de Paco Moncayo. En búsqueda de la llamada “gobernabilidad” se empezó a distribuir espacios de administración municipal a cambio de apoyo político.

¿A qué se refiere con eso?

Que el Municipio se transformó en una troncha. Tú ves en las distintas comisiones en las que están los concejales, pasan por el chantaje, por la corrupción, por mecanismos que imponen los concejales a la marcha de la administración municipal. Quito entró en un modelo de gobernabilidad totalmente corrupto y anacrónico, totalmente distinto al que se merece una ciudad con problemas tan complejos y con un potencial tan enorme como tiene nuestra ciudad.

¿En qué espacios se ve esa corrupción?

En el caso del Concejo Municipal, por mencionar algo. Por eso una de las propuestas que he hecho, es una propuesta fuerte: no vamos a ir al Municipio para repetir lo mismo. El correísmo en su afán estatista, de controlarlo desde el Estado todo, cambió el modelo y los concejales se transformaron en empleados municipales. Tienen sueldo del municipio, carros municipales, chofer municipal, tienen guardaespaldas; hay algunos concejales que tienen más de 20 asesores porque el Código Municipal permite que gente que trabaja en la administración pueda formar parte del equipo de concejales. Entonces en vez de ser representantes de la ciudadanía, en vez de estar cercanos a sus electores, son empleados más, empleados de la institución a la que tienen que fiscalizar. Hay un equívoco completo. Por eso nosotros decimos que esto tiene que terminar. En Chile, en Colombia, los cuerpos edilicios son personas que reciben dietas por las sesiones a las que asisten, y aquí también funcionaba así antes. No son empleados municipales, no están subordinados al Alcalde y nosotros planteamos que eso debe cambiarse;  los concejales deben recibir dietas por las sesiones a las que asisten, ya no pueden ser empleados municipales, no pueden tener chofer, carro. Tienen que ser fiscalizadores porque la mejor garantía de erradicar la corrupción es que tengamos un cuerpo dedicado a la fiscalización, al que el Alcalde tiene que responder todos los días, al que la administración tenga que responder transparentemente, pero si ellos son empleados y además manejan espacios de la administración, llegamos a institucionalizar un esquema de corrupción y de troncha política que tiene a Quito en la situación en la que está.

¿Su propuesta de que los concejales no reciban sueldos, se refería entonces a eso?

Sí pero el ahorro en eso va a ser poco, el problema no es económico, es político.

Montúfar se considera un hombre de centro izquierda pero su vínculo más mediático ha sido con el movimiento CREO, de derecha. Fotografía de José María León para GK.

Montúfar se considera un hombre de centro izquierda pero su vínculo más mediático ha sido con el movimiento CREO, de derecha. Fotografía de José María León para GK.

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César Montúfar enfatiza cada palabra cuando habla de troncha o corrupción. Alza un poco el tono de voz y las pronuncia haciendo breves pausas en cada sílaba Es una bandera que eligió levantar mediáticamente cuando se involucró como acusador particular en contra de Jorge Glas, en el juicio que terminó con la condena al entonces vicepresidente.

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Le pregunto porque vi que cuando hizo este planteamiento en su cuenta de Twitter, varias personas le respondían que es demagógico hacer una propuesta así.

Pueden decirme eso pero quienes lo dicen están defendiendo intereses. Quito no puede seguir en este esquema de gobierno. Podemos tener las soluciones más ajustadas. En los problemas urbanos hay poco que inventar bajo el sol, hay miles de experiencia y tú, más o menos puedes decir qué es lo que hay que hacer. El problema no es saber lo que hay que hacer, el problema es si se lo puede hacer y no lo puedes hacer si es que no cambias el modelo de gobernabilidad del municipio y haces que el modelo sea de una ciudad democrática, participativa, transparente y técnica. Las soluciones al problema de la basura, de la movilidad, de la ornamentación de la ciudad, de la seguridad, son soluciones técnicas. El problema es que el modelo de gobernabilidad corrupto que se instauró en el Municipio, no las permite. Por eso nuestra propuesta es que ya desde la Alcaldía, si la ciudadanía de Quito vota por nuestra propuesta, no va a ser repetir lo mismo.

El otro precandidato que entrevisté hace poco, hablaba de las mafias que gobiernan Quito. Él se refería a los transportistas. Usted dijo hace un rato que la ciudad está gobernada por trogloditas. No es un tema solo del Concejo. ¿Cómo se puede atacar a estas mafias que están en distintos poderes?

Lo de los concejales y las dietas es solo una parte. Quito tiene que aprobar un estatuto autonómico, siendo nosotros distrito metropolitano, el estatuto autonómico es algo así como la Constitución de la ciudad. En el momento en que lleguemos al Municipio vamos a activar todo el sistema de participación; desde las asambleas barriales hasta los gremios, las cámaras, la academia, los grupos profesionales, todos, en función de que Quito pueda tener un proyecto de estatuto autonómico que tendrá que tener la participación de todos. Tendrá que apuntar a que colectivamente definamos una visión de ciudad a futuro. Ese estatuto nos obligará a que hagamos una propuesta de reorganización de la administración municipal. Lo de los concejales es un punto; hay muchos intereses dentro del Municipio y fuera también que tienen atascada las soluciones que se requieren. La Constitución establece que ese estatuto autonómico tiene que ser votado en consulta popular. Entonces vamos a proponerle a la ciudad votar un estatuto autonómico junto a una propuesta de reorganización de la administración municipal para que sea un mandato de la ciudadanía, no una imposición ni del Alcalde, ni del Concejo ni de nadie.

¿Usted está pensando en una ciudad en la que los ciudadanos se involucren para plantear respuestas, entonces? No solamente que esperen las respuestas desde la persona que gobierna.

Es que todos los problemas pasan por la participación. Mire el tema de la basura. Es un problema tremendo, Quito está ahogado en basura. Hemos regresado a un sistema de recolección superado hace treinta años, en volquetas. Una cosa pavorosa, del cuarto mundo, no del tercer mundo, pero si los ciudadanos no participan, no reciclan, no reutilizan, no reducimos la cantidad de basura que producimos… Quito produce aproximadamente 680 mil toneladas de basura al año. No hay botadero que te aguante. Hoy tenemos la crisis en uno, se abrirá otro y llegaremos a lo mismo. La solución pasa por cambiar el modelo de gestión, por supuesto; por industrializar la basura, por supuesto, ahí hay un negocio, hay una fuente de empleo, de productividad, pero pasa por una actitud diferente de los ciudadanos. Tenemos que entrar en un modelo de participación, de reciclaje, de reutilización, de colaborar con el municipio para sacar la basura y que sea recolectada en sus horarios.

En el tema movilidad, una ciudad de casi 3 millones de habitantes. Por supuesto, el metro implicará que el Municipio trabaje para organizar un sistema integrado de transporte, pero somos los quiteños que tenemos que empezar a pensar que no podemos vivir en una ciudad como que fuera un pueblito, en la que vamos en nuestro automóvil a comprar el pan. Tenemos que pensar como una ciudad moderna en la que el sistema público de transporte tiene que ser la principal forma de movilización.

De acuerdo pero para que se involucren los ciudadanos tiene que haber un liderazgo. Si voy a comprar el pan caminando y me asaltan o si utilizo el transporte público y con este tema de acoso en el transporte, me pongo en riesgo, ¿cómo me involucro?

Eso es fundamental, es un tema de liderazgo, un liderazgo que tiene que promover participación. Por eso es fundamental cambiar el modelo de gobernabilidad del Municipio. Si tú tienes un alcalde que tiene la fuerza política y la integridad para llevar adelante reformas fuertes, por supuesto que la ciudadanía va a reaccionar. Si tienes concejales con grillete que asisten a sesiones y el alcalde no responde ante una situación así, no hay cohesión. Una ciudad diversa tiene que estar cohesionada en una visión de proyecto. Por eso la reforma profunda, a través de un estatuto autonómico, de que la ciudadanía se pronuncie por un cambio radical del modelo de gobernabilidad de la ciudad es fundamental. El resto sería poner parches. Creo que la solución es política, las soluciones técnicas están ahí.

Pero tampoco se han ejecutado.

Pero, ¿por qué no se han ejecutado? Porque hay un problema político interno, porque tenemos una alcaldía sin liderazgo, un concejo hundido en el mayor desprestigio, una administración municipal tomada por la troncha política. Este sistema de corrupción institucionalizada que se creó en el gobierno nacional se ha reproducido plenamente en el municipio. Tienes dos formas de cambiar: o con el autoritarismo, como lo hizo Febres Cordero en Guayaquil; o lo cambias democráticamente, con voluntad popular, construyendo un mandato popular. Nosotros nos vamos por la segunda vía porque nos parece que Quito es una ciudad democrática. El modelo de gobernabilidad tiene que ser incluyente, participativo con liderazgo y decisiones. Para poder adoptar tomar esas decisiones necesitas fuerza política que te respalde.

Esta visión de cambiar el modelo de gobernabilidad, ¿no está un poco ligada a esta idea constante que se tiene a nivel de país de querer cambiar la Constitución cada cierto tiempo?

Yo te pregunto, ¿qué hacemos en Quito entonces? ¿Tú crees que es un problema solo de buenas intenciones? ¿Será que necesitamos decir que vamos a elegir una persona que reproduzca un modelo de hace veinte años? ¿O es algo que tú puedes improvisar porque eres simpático? Creo que no. Quito necesita soluciones de raíz y aquí tenemos un Concejo municipal tomado por un sistema de troncha política y corrupción y por eso Quito está en una decadencia desde hace 20 años. Es por eso incluso que Quito ha perdido su función como capital. Quito es una capital y eso le hace cualitativamente distinta. No digo ni más ni menos que otras ciudades pero una capital cumple algunas funciones. Desde que el correísmo se instaló en Ecuador, Quito se puso en neutro. Quito siempre había sido un centro de gravedad de la política nacional, un referente, un orientador de la política nacional. Esto tuvo una repercusión enorme porque permitió que el correísmo se institucionalizara en el país, que frente a lo que hizo Correa durante diez años, Quito estuviera callado. De lo que se trata es recuperar una ciudad, construir una ciudad que asuma también su función de capital.

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Por momentos, Montúfar habla atropelladamente. Empieza una frase y continúa con otra sin terminar la primera, como si sus ideas fuesen más rápidas que las palabras que brotan de su boca. Su experiencia académica de casi dos décadas se nota en la complejidad con la que formula sus planteamientos.

"No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política". Fotografía de José María León para GK.

“No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política”. Fotografía de José María León para GK.

Justo iba allá. Usualmente Quito ha tenido una participación política muy fuerte, incluso contestatario frente al gobierno nacional. ¿Usted cree que el Alcalde de Quito también debe participar en la política nacional?

Por supuesto. El Alcalde de Quito tiene que ser un líder nacional, una voz orientadora en el país. Quito es una ciudad región, el sur de Quito está orgánicamente articulado a la Sierra Central del Ecuador en términos familiares, culturales, económicos. No estoy diciendo que el Alcalde de Quito tiene que hacer oposición al gobierno; estoy diciendo que el alcalde y la ciudad de Quito, al ser capital, tienen una función orientadora de la política nacional. Mire el tema de los concejales: el correísmo cambió la Ley para transformar a los concejales en empleados públicos. Llega el alcalde y dice, yo voy a bajar la cabeza porque así está en la Ley. No pues, el Alcalde de Quito tiene que presentar un proyecto de ley, tiene que trascender. La acción de un alcalde de una capital trasciende el espacio de su ciudad. La capital no solamente es sede de gobierno, es el centro de gravedad de la política. Y las consecuencias la vimos durante la época del correísmo porque si en Quito hubiésemos tenido un alcalde, no de oposición, pero un alcalde que asuma esa responsabilidad que tiene, no hubiéramos tenido lo que tuvimos: de la manera más suave, se instauró en el país un sistema de delincuencia organizada.

Si hablamos de su trayectoria política, usted ha participado ya en candidaturas a puestos públicos. Participó como candidato en la Constituyente de 1998, luego en la de Montecristi en 2008. ¿Qué ha significado para usted este recorrido político? En el 98 usted participaba por Nuevo País, con Freddy Ehlers como candidato presidencial, en alianza con el movimiento indígena. Luego se movió hacia el centro y finalmente terminó en una alianza con la derecha de Guillermo Lasso. ¿Cómo ve usted este recorrido no solamente en cuanto a la experiencia política adquirida sino también en cuanto al camino ideológico?

Yo tuve un origen político en la extrema izquierda. Comencé a hacer política a los 13 años, desde una posición muy radical de izquierda. Cuando participé en alianza con el movimiento Nuevo País era de centro izquierda y yo me he movido, desde 1997 en adelante entre el centro y el centro izquierda. Concertación es una organización de centro, yo más me ubico en el centro izquierda pero nuestro movimiento es un pluralista dentro de una tendencia. Para mí, la política es una vocación de articular voluntades, de construir sinergias en función de objetivos colectivos, que tienen que ver con el bien público y que se la hace desde la propuesta, desde la calle, desde la acción política. Mi objetivo, y el objetivo de Concertación que ya tiene 12 años de vida, no ha sido aliarnos para llegar al poder, sino construir una propuesta. Nosotros hicimos una experiencia interesante: dos caminatas largas, en 2006 una caminata de Quito a Guayaquil, nos demoramos 28 días. Estábamos construyendo una propuesta de reforma constitucional que se llamaba la sexta papeleta. Después en 2010, cuando yo era asambleísta, también por Concertación, fue el camino de regreso, de 19 días, trabajando en la propuesta del país hacia el postcorreísmo. La gente nos decía: con eso no van a ganar elecciones. Posiblemente tenían razón. Siempre ha estado el diálogo, uno tiene que dialogar con quien no piensa igual porque tú no haces política en monólogo, pero también hay que buscar formas distintas de hacer política. Nuestra respuesta era que el país necesita ver otras alternativas. No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política. Mi hijo cínicamente me suele decir: tus verdades mal dichas suelen ser arrasadas por mentiras bien dichas. Yo me he hecho político en el activismo político. Esa es mi vocación. Yo hubiera podido acomodarme a las circunstancias, estar dentro del correísmo, pero hemos hecho política desde el activismo, quizás cosas no rentables en lo electoral pero enriquecedoras desde la perspectiva de innovar. Las caminatas fueron experiencias hermosas. En la época del correísmo, tal vez sin mucha resonancia mediática, hacíamos jornadas de silencio: imagínate un político que hace silencio. Hemos hecho plantones, plantada de árbol porque los ciudadanos ecuatorianos se merecen una política en la que no haya un caudillo dando un discurso redentor desde una tarima.

Pero para que eso funcione, ¿no se requiere un cambio incluso quizás estructural de la sociedad?

Pero hasta que haya ese cambio estructural, ¿seguimos haciendo lo mismo? En lo de la acusación particular a Glas, fue romper un esquema en el sentido de que era necesaria una intervención desde fuera de una estructura de justicia tomada por el correísmo, para producir una diferencia. Esa es la forma en que a mí me gusta hacer política. He tenido choques e incomprensiones. En las caminatas aprendí mucho. Cuando llegábamos caminando aprendimos lo que es entrar caminando a diferencia de lo que es entrar en caravanas, botando camisetas, papeles, bolsas de harina o entrar con una correa golpeando todo. Esa política yo no quiero hacer. Y claro, he tenido choques porque a veces no puedes cambiar una forma culturalmente establecida de pensar la política. Alguna vez llegué a una ciudad que no voy a mencionar para no resentir a estos amigos, y habían preparado una caravana. Me bajé del avión y estaba la camioneta. Yo dije que no me voy a subir y lo tomaron casi como un desaire. Tuve que ceder. A mí esa forma no me gusta, así no voy a llegar. A veces me toca tranzar, no es solamente lo que uno piensa pero los políticos tenemos la responsabilidad de presentar a los electores otros repertorios: no estamos condenados al caudillismo. Es más, la experiencia de los últimos diez años nos dice que el caudillo con las mejores condiciones, en todo sentido, fue el mayor fracaso que hemos tenido en la política del Ecuador.

Ya terminando la entrevista justo con este recorrido político, ¿qué errores encuentra usted?

Muchos errores. El principal error que veo en mi accionar político es que a veces actúo en el deber ser que en el ser. Un político tiene también la responsabilidad de producir respuestas y soluciones a lo que existe. Hablábamos hace un rato de la responsabilidad de ofrecer otros repertorios pero eso no tiene que estar desconectado de lo que la gente espera de un político.

Explíqueme un poquito más. ¿A qué se refiere?

Un político tiene también la responsabilidad de ganar. Un poco lo que mi hijo me dice: un político tiene también que ganar. A veces tiendo a moverme más en el espacio del deber ser, de la filosofía política que de la praxis política.

¿Ideas alejadas de lo que en la realidad puede implicar ser político?

Te pongo un ejemplo: la última elección presidencial. Nosotros intentamos un acuerdo, fracasó nuevamente, esa es un poco nuestra constante. Nos vimos solos. Teníamos varias opciones: no participar, esa no era una opción. La otra era lanzar una candidatura presidencial: podría haber sido yo el candidato presidencial o lanzarnos a la Asamblea sin candidato presidencial. Finalmente fuimos candidatos a la Asamblea sin candidato presidencial. Una campaña presidencial sin candidato presidencial, incluso para elegir asambleístas, está destinado al fracaso. Tuvimos un fracaso electoral muy grande. Si hubiéramos pensado de una manera más pragmática, más asentada en cómo la política ecuatoriana funciona, totalmente presidencialista, hubiéramos lanzado un candidato presidencial, igual hubiera ganado Lenín Moreno como ganó, pero quizás una candidatura mía o de una persona de la tendencia le hubiera quitado a los candidatos Lasso o Viteri un 2 o 3% pero hubiéramos quedado posicionados.

Justo en lo que menciona como un fracaso electoral, de alguna manera, ¿podría replicarse en su candidatura a la Alcaldía, que la gente diga si ha perdido tantas veces es en vano votar por él?

Esa es una posibilidad y los ciudadanos están totalmente en derecho de pensar así. Lo único que te diría es que lo otro sería adaptarnos, bajar la cabeza y decir que la política ecuatoriana funciona desde este patrón caudillista y personalista y nos sometemos. En ese contexto no tendría ningún interés en hacer política. Hace un rato me preguntabas sobre mis errores. Ese puede ser uno de mis errores: no encontrar el punto medio. A lo que voy es que en este trabajo de la política, siempre hay este divorcio, esta brecha que nos ha afectado muchas veces.

¿Y en estas elecciones a qué apunta entonces?

Vamos a ganar. Estoy seguro que vamos a ganar.

Hay un montón de precandidatos.

Eso no importa. ¿Sabes por qué vamos a ganar? Porque vamos a presentar una propuesta más clara, a diferencia de otras elecciones. Yo tengo una trayectoria enorme: la ciudadanía sabe mis errores y mis virtudes, sabe de que sí tengo la capacidad de dar vuelta la situación de entrampamiento que tiene el Municipio en este momento, que yo no tengo miedo de enfrentarme a los poderes más grandes, cuando me enfrenté a Glas y Correa en el momento de mayor apoteosis, de popularidad y de control institucional. Jamás he sido cómplice y creo que la gente puede identificar eso. Creo que puedo ofrecer la alternativa de tener la capacidad, el liderazgo, la honestidad para proponer un camino. Los ciudadanos, por supuesto tienen el derecho a escoger otras opciones y yo lo respetaré como siempre lo he respetado. Pero sí creo que tenemos la obligación de ir construyendo este proceso y mi obligación ética, personal y política es decir: aquí está esta propuesta, esta alternativa, esta trayectoria. La gente decidirá y la gente siempre sabe escoger.

Juan Carlos Holguín: “En un escenario de más cálculo político, yo tendría todos los ingredientes para perder”

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Juan Carlos Holguín viste un jean oscuro, una camisa blanca y un saco azul con cierre, que le da un aire juvenil. Tiene 35 años, pero parece un poco menor. Es moreno, tiene el pelo oscuro, muy corto. Es sumamente amable, habla pausadamente y con el tono de voz bajo. Sus gestos delatan nerviosismo, sonríe, mueve los ojos, mueve las manos. Entra solo a la entrevista —eso es poco usual con candidatos o autoridades, suelen siempre ir acompañados con un asesor que graba y toma fotos. Holguín nos recibe en una oficina ubicada en la González Suárez, que comparte con un socio. Ventanas amplias, mesas de vidrio, decoración futbolera en las paredes. Es puntual. Cuando llegamos está sentado frente a una computadora, se levanta rápidamente y saluda.

¿Se siente usted preparado para ser alcalde de Quito?

Sí. Indudablemente. La vida siempre te pone retos y cuando estás preparado y tienes la seguridad de que puedes asumirlos con eficiencia y responsabilidad, te sientes listo. Muchas veces eso surge de una intuición espontánea, pero también del conocimiento de haber sido responsable en prepararte para ese reto.

Sus detractores dicen que tiene muy poca experiencia en el sector público por su corto paso en la gestión del alcalde Rodas. ¿Eso lo limita?

Siempre va a ser una limitante el cuestionamiento de mi experiencia en el sector público. Yo soy muy respetuoso de quien dice ‘bueno, necesitamos alguien que no venga de la política’. Por el otro lado, hay personas que dicen: el que viene de afuera no tiene experiencia.

Uno siempre va a estar sujeto a esas críticas.

Lo importante es entender que la administración pública puede ser estudiada desde afuera. En mi caso, mi formación —tanto en políticas públicas como en el PhD, del cual soy candidato en Gobierno— me dan la experiencia para llegar a la administración pública que, considero, debe tener una nueva perspectiva.

También es muy importante con quién llegas. Se ha criticado mucho que en nuestra política hay personalismo. Por eso es importante prepararte con un grupo de persona y tener el objetivo de llegar en un equilibrio de experiencia. Eso va a darte una gestión exitosa.

Repite mucho eso, la importancia de quién lo rodea. ¿Usted de quién está rodeado?

Estoy rodeado de un grupo de jóvenes que creemos que debemos hacer política desde una nueva perspectiva. No son solo personas con una lógica de urbanismo distinta como Álvaro Orbea, Mateo Samaniego, Valeria Vergara. Personas a las que escucho mucho, como Jaime Izurieta.

Por otro lado, soy una persona que siempre ha estado interesada en temas políticos, incluso desde que empecé mi camino en la empresa privada. Tengo la convicción de que uno no puede desentenderse del ámbito público y siempre he tenido conmigo personas que han analizado este tipo de problemáticas como Luz Elena Coloma, Juan Carlos Solines. También Roque Sevilla.

Hace poco Fernando Carrión decía que es increíble pero hay más de 36 posibles candidatos a alcalde para Quito. Eso puede ser entendido como negativo, pero yo lo entiendo como muy positivo:en esa lista hay personas con la probidad necesaria para estar en la papeleta, por lo cual también te ilusiona entrar en un proceso electoral en el que puedes discutir con alturas las cosas que requiere esta ciudad.

Juan Carlos Holguin

Juan Carlos Holguín nos recibe en su oficina, que comparte con un socio, en la González Suárez, al noreste de Quito. Fotografía de José María León para GK.

¿Cómo fue su experiencia con Mauricio Rodas como Secretario de Desarrollo Productivo y Competitividad?

Yo separaría la experiencia en dos partes.

La experiencia en el servicio público como algo positivo. Terminé con una conclusión muy grande: se puede ser eficiente siendo transparente y realmente, desde el servicio público, se pueden lograr muchos cambios.

En el plano político, como todos los quiteños, con mucha decepción. Yo acepté la invitación del alcalde Rodas cuando él ya ganó. A esa administración entró mucha gente de bien, dispuesta a arrimar el hombro pero el andarivel político de él no tenía la visión de cambio que muchos de nosotros esperábamos.

En el contexto político se requerían también cambios en las formas y en las prácticas. Se suponía que era una persona que albergaba un discurso de gobernar responsablemente, pero yo vi que no habían cambios en las formas que tanto criticaba toda una generación política nueva.

Entonces, no tiene que ver con la edad. La victoria de Rodas significaba un cambio en el péndulo político de esta ciudad, y en la fuerza de Quito frente a un proyecto nacional. Esos cambios no llegaron.

¿A qué se refiere usted con que se repetían ciertas formas y prácticas?

Estar ligado netamente a temas comunicacionales y faltar al análisis profundo de temas por los que había que tomar una decisión. Elementos de aparataje propagandístico.

En las últimas administraciones se cedieron muchas de las decisiones al gobierno nacional y Quito fue una alfombra de ciertas políticas públicas, y eso se volvió a repetir.

No me olvido cuando el primer informe a la ciudad, el 6 de diciembre de 2014, el Presidente Correa entró con Patria, tierra sagrada, a un acto de la ciudad.

¿Esas cosas le incomodaban?

Por supuesto. Me incomodan muchísimo porque cuando uno entra con unos principios claros sobre cambios en las formas de hacer política, uno no se siente cómodo. Eso es lo interesante de tomar partido.

Ahora muchos me critican por hacer, por haber participado. En el caso del alcalde Rodas, yo lo habré visto muy pocas veces. Lo empecé a conocer en la transición y después en la administración. Cuando no te sientes cómodo tienes que salir con tus principios sólidos.

Yo creía que había que tomar decisiones en otro andarivel.

¿Cómo se vinculó a usted con Rodas?

Mauricio Rodas  había propuesto en primer lugar a Esteban Paz para candidato a la alcaldía de Quito. Yo trabajé muchos años con Esteban, lo respeto mucho. Creo que habría sido un gran alcalde.

Para las personas que estamos en mi generación, ha existido un vacío muy grande entre quienes hicieron política hace 20 años y quienes hemos querido vincularnos más recientemente.

En ese escenario podría identificar a dos políticos jóvenes: Rafael Correa y Mauricio Rodas.

En ese espacio se cristalizó ese vacío político de Quito. No solo nos retiró simbólicamente los partidos políticos, los líderes políticos que tuvo Quito. Fernando Carrión dice que ese vacío se reflejó no solamente en la política, sino también en el fútbol.

Fue una década en la que Quito perdió liderazgos en múltiples aspectos. Cuando Esteban Paz decidió cuestionarse sobre su participación política, él había tomado la decisión de conversar con Suma y ahí conocí a Mauricio Rodas por primera vez.

Unos meses más tarde decidió ser candidato él, y me propuso participar. Yo no acepté.

El día de las elecciones yo me encontraba fuera del país, y cuando regresé me llamó un empresario amigo en común y me dijo que hay que arrimar el hombro. Yo no dudé ni un minuto porque estaba en juego una generación dispuesta a asumir el mando que ponía en riesgo que el fracaso signifique que nos quedemos todos cuestionados que es lo que finalmente pasó. Yo acepté y dejé mis actividades particulares.

Juan Carlos Holguin

El empresario dice que siempre ha estado interesado en temas políticos, incluso desde que empezó su carrera en la empresa privada. Fotografía de José María León para GK.

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Holguín dice que empezó su trayectoria empresarial hace 17 años: cuando tenía 18. Estudió Comunicación en la carrera virtual de la Universidad San Francisco de Quito e hizo una maestría en políticas públicas en Georgetown. Ahora es candidato al doctorado en la Universidad de Navarra.

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En la alcaldía de Rodas, fue la primera vez que participó en la función pública.

Sí, por supuesto, la primera vez que ingreso al sector público. Ligado a la política he estado muchos años.

¿En qué sentido?

He estado ligado a procesos políticos. Pude estar cerca de Rodrigo Paz en 2004 en su posible candidatura a la Alcaldía de Quito. Estuve cerca de Carlos Larreátegui cuando en 2006 volvió a la política.

Por eso decidí formarme en administración pública y políticas públicas, y también porque he cuestionado que aquí no existen espacios de formación de movimientos políticos distintos.

El correísmo marcó un Código de la Democracia que iba hacia un bipartidismo y era muy difícil que personas que queríamos hacer política desde cero, más desde el ámbito ciudadano, porque hacer un partido en este país era complejo.

Ya vimos el gran problema de las firmas o las afiliaciones que misteriosamente muchos ciudadanos aparecíamos en partidos en los que no éramos adherentes.

Guillermo Lasso es un político de derecha, al igual que varios de los que usted me ha mencionado. ¿En qué línea ideológica se ubica usted?

Yo he sido un humanista. Creo firmemente que el ser humano debe ser el fin último de cualquier política pública.

Dentro de aquello se requiere una discusión sobre cuáles son los espacios ideológicos en este momento. Yo soy una persona de centro.

Creo firmemente en la iniciativa privada como motor de desarrollo, creo en una economía social de mercado y creo que el fin último de la política es la construcción del bien común.

Dentro de su participación en la alcaldía de Mauricio Rodas, ¿qué aprendizajes sacó usted?

El primer aprendizaje es que para llegar uno tiene que tener principios muy claros de no cesión con grupos que después le van a quitar la libertad. Me refiero a llegar con la libertad absoluta de poder tomar las decisiones que uno debe tomar cuando está en el poder.

Juan Carlos Holguin

Holguín sobre la alcaldía de Rodas: “el andarivel político de él no tenía la visión de cambio que muchos de nosotros esperábamos”. Fotografía de José María León para GK.

¿Y eso se puede?

Esta ciudad ha estado secuestrada por ciertos grupos de poder que te quitan la libertad el momento de llegar al poder. Uno gobierno como llega.

La libertad es el principal valor de un político para tomar las decisiones con firmeza. En segundo lugar también tiene que ver con quién te rodeas. Alrededor de una persona tienes que lograr que haya ejemplaridad pública que nace del líder máximo. Alrededor de ello es muy posible que esas prácticas bajen hacia la sociedad.

Hoy me indigno cuando veo estos políticos que dicen: yo no sabía. Y me refiero a los políticos de esta última camada: alrededor de ellos se mentía, se robaba, se ejercía la corrupción como práctica diaria y no solamente en sus funcionarios sino también en su familia.

Uno tiene que ser lo suficientemente pendejo para no saber o ser una persona que deja pasar esas prácticas en pos de permanecer en el poder. Entonces ese es un aprendizaje: con quién vas a crear este proyecto político una vez que llegues.

Por eso también es importante el grupo de concejales con los que puedas compartir esta visión de ciudad porque se requiere un cambio de prácticas en ese escenario. Y el tercer aprendizaje es que sí es posible ser eficiente y ser transparente. Hay casos de referencia en nuestra ciudad que nos invita a pensar que lo que estamos viviendo ahora es una excepción en la administración pública.

Esta ciudad hace veinte años era un referente de la gestión pública no solamente en nuestro país sino a nivel regional.

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Además de pasar por la alcaldía de Rodas, Holguín no ha participado en la política. Dice que sí ha sido cercano a políticos que lo han hecho. En su libro, Juego Limpio, cuenta que estuvo en el equipo de comunicación de Rodrigo Paz cuando éste se lanzó a la Alcaldía en 2004.  

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¿Qué es lo que a usted le motiva a entrar en política?

La política es la forma más alta de servicio. Cuando uno tiene el interés de retribuir a la sociedad lo que nos ha entregado, se pueden pensar en múltiples formas de servir.

La política es indudablemente la forma en donde se puede cambiar más. La política, especialmente ahora, tiene un contexto supremamente negativo.

Yo tengo una anécdota. Dos semanas antes de que el alcalde Rodas me llame a entrar al servicio público, yo había recibido el premio extraordinario de la revista América Economía como emprendedor del año en Ecuador. A las dos semanas, ya estaba metido en lo público.Y viajé con el Alcalde a uno de sus primeros viajes, a Brasil, y luego tenía una denuncia que le acusaba al Alcalde de delincuencia organizada.

En medio de todo aquello yo pensaba cómo la política podía generar eso, y por quince minutos maldije el momento en que decidí meterme. Pero quince minutos después pensé que cuando uno tiene la entereza de poder demostrar cada uno de sus actos, así no exista confianza en las instituciones, la justicia y la transparencia, llega.

Con esa transparencia, uno tiene la tranquilidad de que puede seguir en este camino con solvencia. Hay políticos que utilizan este tipo de prácticas para no permitir que otra gente llegue pero en mi caso fue uno de los mayores aprendizajes.

Sí, la política tiene estos ámbitos tan negativos, no solo para uno, sino para su familia y sus amigos. Pero cuando uno puede demostrar solvencia y transparencia no tiene que tener miedo porque la justicia y la verdad siempre llegan. Hemos visto cómo, después de una década, para personas que se sentían intocables, la justicia llegó.

Usted se refiere al cuestionamiento que le hizo María José Carrión y usted le respondió con una carta pública.

Sí. Finalmente uno tiene que tener la tranquilidad de que las autoridades de control tienen que actuar. De eso se trata la transparencia. Lo importante es despolitizar a las autoridades de control para que haya un equilibrio en la democracia. A mayor transparencia, mejores funcionarios.

Yo vengo del fútbol. A mí me interesa analizar las analogías del fútbol y su impacto en la sociedad. En un libro que acabo de escribir hablo del concepto del VAR, eso viene de un concepto de transparencia pública muy grande. A mayor claridad en los actos y mayores mecanismos de control hay mejor comportamiento humano con las reglas claras.

Juan Carlos Holguín

Holguín hojea Juego Limpio, el libro que recién publicó en el que narra parte de su participación en procesos políticos. Fotografía de José María León para GK.

Por ejemplo, ¿cómo hacer una administración honesta si entregas el organismo de control del Municipio al Presidente Provincial de tu partido o a un familiar? Eso hizo Mauricio Rodas en lugar de entregarlo a una contraparte que genere un equilibrio de monitoreo a la corrupción —quizás de un partido opositor o de un movimiento ciudadano de lucha contra la corrupción. Me refiero a Quito Honesto.

Quito Honesto debe ser independiente, incluso de la función pública. La persona que lidere Quito Honesto debe ser elegida en el Concejo Metropolitano y debe estar exenta de vínculos con el Alcalde y los concejales. Yo siempre creo en un equilibrio de fuerzas por el bien de la democracia y por eso creo que es importante que el periodismo haga su trabajo con total libertad.

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Juan Carlos Holguín no ha perdido el nerviosismo de los neófitos. A veces alza la voz y sus palabras se enredan. Juega mucho con sus dedos, se mueve, abre y cierra los brazos. Quiere decir muchas cosas y no siempre termina sus frases. Parece que una idea corta a la otra.

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¿Fue una sorpresa para usted este anuncio que hace Guillermo Lasso en la UDLA o ya lo sabía?

El anuncio en sí mismo fue una sorpresa porque se dio en un contexto personal, en el lanzamiento de mi libro,  pero no fue una sorpresa la postulación porque públicamente, hace varios meses me afilié a CREO.

Lo hice en un evento público, como intento hacer todas mis cosas. Posterior a ello, había varios precandidatos dentro de la estructura del partido que estaban postulando a la candidatura de la Alcaldía.

Yo no he sido un militante en los procedimientos de directivas dentro de CREO, pero tomé el mensaje de Guillermo con un agradecimiento muy grande porque es difícil que el líder de un partido pueda jugarse por alguien que —si viésemos en un escenario de más cálculo político— tendría todos los ingredientes para no tener un éxito electoral.

Es decir, una persona desconocida, que viene de una generación en la que ser joven es mal visto porque representa, muchas veces, estas formas negativas de la política.

En ese sentido, la sorpresa fue porque Guillermo Lasso se juegue por ese perfil. Nos conocemos hace algunos años. Yo lo conocí en un contexto donde el estaba dispuesto a jugarse por un joven como candidato a la vicepresidencia y eso me ha sorprendido.

Por eso tomé partido por un líder que, siento, que es muy sincero en esas ideas. Más allá de aquello, esta postulación no puede ser tomada con un gesto espontáneo porque nosotros , y me refiero al equipo político, vamos trabajando muchos meses en un plan de gobierno.

Ahí hay la claridad absoluta de que estamos listos para asumir este reto, estoy listo para asumir este reto.

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En septiembre de 2016, Guillermo Lasso hablaba muy bien de Juan Carlos Holguín, ante la pregunta de quién lo acompañaría como candidato a la vicepresidencia en las elecciones presidenciales de 2017. El acuerdo finalmente no se concretó y Lasso participó junto al político Andrés Paéz.

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Juan Carlos Holguin

Holguín dice que ha estado ligado a procesos políticos desde hace más de 10 años: en 2004 estuvo cerca de Rodrigo Paz en su posible candidatura a la Alcaldía de Quito, y en 2006 de Carlos Larreátegui cuando volvió a la política. Fotografía de José María León para GK.

Otra lectura que hacían algunos analistas es que parecía el caudillo decidiendo quién es el candidato sin un proceso de elecciones internas.

El Código de la Democracia dice que cada uno de los partidos puede tomar sus procedimientos internos para designar.

Lo que se ha visto en la prensa no es exactamente lo que sucedió en el evento cuando Guillermo postuló mi nombre con la posibilidad: Juan Carlos debería ser alcalde de Quito. Yo soy muy respetuoso de aquello. Vemos las cosas solo de un lado.

Yo tenía la misma preocupación, como militante, cuando salió otra candidatura públicamente a decir: yo soy el candidato.

¿Se refiere a César Montúfar?

Sí. Y ojo, yo respeto mucho a César. Es de esas personas con las que yo he hecho política muchos años en términos de discutir, de tener ideas muy comunes en luchas que él ha dado, y de las que yo me he sentido partícipe por la democracia en el país.

Todas las acciones tienen dos lados y finalmente es el partido el que tiene que tomar una decisión y como militante de CREO he sido muy respetuoso de los procedimientos. Sobre aquello, la única manera en que nosotros podemos llegar a cambiar Quito, es con la posibilidad de llegar al Concejo con los mejores quiteños y quiteñas que muestren también desprendimiento político.

Una vez que ganemos, todos debemos ponernos la camiseta, todos los concejales que lleguen. Uno de los mayores problemas de la administración de la ciudad es que se ha politizado demasiado ese concejo y la labor administrativa de un Alcalde.

¿Entonces cuál va a ser el proceso interno para definir cuál será el candidato?

Es el partido el que maneja eso.

¿Pero usted no es parte del partido?

Por supuesto, pero no estoy en ninguno de los órganos directivos del partido y ellos tienen los procedimientos internos, como los han tenido desde que CREO fue fundado.

Es decir que de momento no sabemos. Puede ser usted como no puede ser usted.

Bueno, la inscripción de las candidaturas tiene un período y un cronograma. Sobre esta postulación estoy decididO a ganar esa Alcaldía de Quito, y estoy preparado con un equipo para hacerlo.

¿Pero ya es usted el candidato de CREO? Usted mencionó a César Montúfar y ahí hubo una polémica sobre las conversaciones que César Monge tuvo con él. Al final, la duda que queda es ¿quién es el candidato?

Durante estos días he tenido varias reuniones con los directivos del partido y han mostrado su apoyo a mi postulación.

Lo importante ahora es la discusión interna de cómo consolidar este proyecto que nazca desde CREO pero que sea un proyecto que nos dé la ilusión de que sea más ciudadano para llegar al poder.

Juan Carlos Holguin

Juan Carlos Holguín dice que, con un equipo, lleva varios meses trabajando en un plan de gobierno. Fotografía de José María León para GK.

Guillermo Lasso hizo un símil diciendo que usted y él son parecidos: clase media, empresarios. ¿Usted se siente identificado con él?

Hay diferencias fundamentales en nuestra vida. No somos dos historias idénticas pero yo me siento muy identificado con él.

Especialmente por este escenario en el que es una persona que toma una decisión de meterse a lo público en uno de los contextos más difíciles de la historia de este país, en medio del correísmo en su fase más agresiva.

¿Cómo alguien que tiene la tranquilidad afuera de la política puede tener la audacia de meterse?

Eso es lo primero que me identifica con él.

En la generación que me antecede hay muy pocas personas que han vuelto a ver a la política como símbolo de servicio y como que este es un lugar para construir el bien común.

Esa es la primera similitud.

La segunda similitud tiene que ver con las ideas que él pregona.

Yo me siento identificado a las ideas económicas que propone su proyecto político. Me siento claramente identificado a la manera en la que él hace política. Es difícil encontrar un proyecto político que crea que el vehículo electoral es importante pero que crea también que las ideas son importantes y genere un tanque de pensamiento. Yo soy director de Ecuador Libre hace varios meses, y esas son las formas de hacer política en las que más me asemejo a él.

Hay algunos legisladores de CREO que han sido criticados. Dos casos específicos. Roberto Gómez utilizando términos como feminazis para referirse a las feministas o la legisladora Ana Galarza que está de acuerdo con que se pida pasaporte a los ciudadanos venezolanos.¿Usted comparte ese tipo de opiniones?

Para vencer el caudillismo justamente lo que se requiere es que haya proyectos políticos con visiones distintas y que se puedan discutir.

Mae Montaño sostenía que tiene una postura muy clara sobre ciertos principios, que el partido los conocía y que alrededor de esas posturas podía discutir.

Lo interesante de un proyecto donde existan las divergencias es que se puede construir así una discusión pública.

Lo lamentable es cuando hay proyectos políticos donde alguien tiene una posición personal y de repente es suspendido del partido por esa visión personal.

Eso sucedió en Alianza País.

¿No le preocupa a usted ser poco conocido?

Para nada. Una campaña es el vehículo adecuado para darme a conocer. De eso se trata.

Una de las mayores críticas a la actual alcaldía es que no ha habido una visión de ciudad. ¿Cuál es su visión de ciudad para Quito?

Hay tiempos para ir enseñando lo que hemos trabajado y lo que proponemos para la ciudad. Yo empezaría con una generalidad: la alcaldía de Quito es en sí mismo el principio y el fin de la carrera de un político que entra con responsabilidad a tomar las decisiones que tiene que tomar.

Esa es la principal visión porque si vemos a Quito como la posibilidad de llegar a Carondelet, hay una equivocación muy grande al momento de tomar decisiones.

En segundo lugar, esa despolitización tiene que traer una nueva perspectiva del manejo en la gestión pública de nuestra ciudad.

Ha repetido mucho este tema de la despolitización. ¿A qué se refiere con eso?

No entregar parcelas de poder a concejales, no entregar administraciones zonales a personas que vienen de una alianza política.

Creo que la economía creativa nos permite generar reglas claras a través de la tecnología. Eso puede generar oportunidades para todos con las mismas reglas claras.

Hay que luchar contra estos grupos de poder que han sido nefastos, por ejemplo, al no pensar que el transporte público es el bien común sino el interés de unos pocos.

Un tuitero me preguntaba el otro día qué transporte usa. Yo le respondí la verdad: yo uso el auto particular, Uber y Cabify. Esta persona me decía que eso es totalmente contrario a una política pública de movilidad. Y yo le decía: yo sé, pero en una campaña no voy a mentir.

Creo además que la tecnología ha traído mejores condiciones de vida para todos. Aspiro que mi experiencia en la empresa privada, en la gestión, en la negociación y en aspectos tecnológicos, nos permita construir esta nueva visión completamente alejada de lo que ha sido la negociación política a la que nos han tenido acostumbrados en los últimos diez años.

El gremio de taxistas amenaza veladamente diciendo que no quieren llegar a medidas extremas, hablando de Cabify y Uber. ¿Está dispuesto a enfrentarse a  grupos que le podrían costar la Alcaldía?

O la vida. Muchas veces son mafias que están dispuestas a todo para seguir con sus intereses y manejando la ciudad.

Aunque sea una ironía, de eso se trata esta campaña, de ir con la verdad y enfrentarnos a aquello.

En nuestro análisis de estos meses, son justamente esos grupos de poder los que mantienen secuestrada esta ciudad. Con ilusión y alegría, hacia allá vamos.

Juan Carlos Holguin

Holguín cree que la edad no es una debilidad ni una virtud en sí misma y que no se puede juzgar a un candidato por cuántos años tiene. Fotografía de José María León para GK.

Para terminar, ¿cuál es su debilidad? ¿Qué defectos tiene?

Muchos defectos, como tenemos los seres humanos. La edad no es una virtud en sí misma ni una debilidad.

No se puede criticar a alguien por ser joven ni por llegar a una elección con 80 años. En mi caso, una de las debilidades más fuertes es quizás que por la edad, puedo tener mucho ímpetu y pasión y ahí solo el equilibrio generacional puede poner quizás una protección.

Soy una persona que toma los ‘sí’ demasiado rápido. Eso es justamente fruto de ese ímpetu. He aprendido, especialmente en los últimos años, a reflexionar mucho cada decisión y saber si es estoy preparado para hacer algo y con el equipo adecuado para llegar. Creo que una de mis debilidades podría llegar a ser…

En ese momento se detiene, pensativo. Parece dudar si debe continuar respondiendo a la pregunta. Junta sus manos a la altura de su rostro, de tal modo que los dedos le tocan los labios y parte de la nariz. Retoma el hilo de lo que dice:

Una de las debilidades es confiar mucho a veces en que los cambios se los logra con ímpetu. Tal vez es allí cuando la vida te va mostrando que es mucho más duro, que te vas encontrando con personas, especialmente en la política, en donde están los aspectos más negativos del ser humano porque en la política intervienen la vanidad, el ego, la ambición de poder y creo que ahí puedes tener varias decepciones.

Las decepciones humanas son las más importantes en la vida y creo que esa es una debilidad, muchas veces tener mucho dolor sobre relaciones que finalmente pueden tener un cambio inesperado porque nuevamente, en la política, la ambición, el ego, la vanidad, la búsqueda de poder, puede hacer sacar lo peor de los seres humanos.

Sobre la ambición política. Ha habido un constante interés de los políticos de controlar incluso la comunicación. Usted tiene empresas relacionadas a ese ámbito. ¿No puede haber un conflicto de intereses ahí?

Para prepararme toda la vida con esta vocación de servicio público, mis empresas nunca han hecho nada para el sector público.

Por eso tengo la tranquilidad de que puedo demostrar todo lo que he hecho en mi vida desde el campo privado con total transparencia. En segundo lugar cuando yo hablo de ejemplaridad, que es uno de los motores de esta nueva perspectiva, tiene que haber una lógica de transparencia muy grande para que no existan conflictos de intereses.

Cuando uno habla de la gestión pública transparente y eficiente tiene que tener mayores mecanismos de control y de crítica, y esos contrapesos son los que van a traer una administración adecuada. Yo no tengo dudas sobre mis prácticas. Lo que he hecho en mi vida lo he hecho con el objetivo de que cuando ingrese a la política, mis decisiones no se vean afectadas, ni haya un conflicto de interés en la Alcaldía.