GK 2018-06-18T16:17:09+00:00

La última presea del cura Cordero

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Jorge Palacios tiene 63 años y su mirada, casi siempre, hacia el piso. En abril del 2018 apareció por primera vez en televisión: dio una entrevista a Teleamazonas en la que contó que de niño había sido víctima de abuso sexual. Con titubeos pero decidido dijo frente a la cámara lo que en otras ocasiones ya había intentado contar: “Él les decía a mis papás ‘estoy enfermo, mándenle al niño a que me acompañe’. Y después de un momento decía a dos o tres niños vengan para acá. A su cama. A violarnos, a hacer lo que él quería”. Jorge tenía seis años y su abusador  poco más de 30. Hoy tiene 91 y su nombre está grabado en la historia de Cuenca: César Cordero Moscoso, el mismo sacerdote que fundó una comunidad educativa con más de diez establecimientos en el sur del Ecuador .

Hace sesenta años, César Cordero era el párroco del barrio La Salle, en el centro de Cuenca y daba catequesis a los niños. Ahí conoció a Jorge, quien tenía cinco. El sacerdote le ofreció una beca para que estudiara en una escuela fundada por él. “Les dijo a mis padres: ustedes no pagan, el niño viene a estudiar aquí. Durante toda la instrucción primaria fui su favorito… después ingresé al colegio, porque el padre puso un colegio normal católico. Estuve ahí dos años. Seguía siendo usado por el padre”. Jorge fue víctima de Cordero hasta los 14, cuando rompió por primera vez el silencio y le contó lo que sucedía, en confesión, al sacerdote Guillermo Mensi. “Él me rescató y me llevó a estudiar en el colegio Técnico Salesiano”. El abuso se ocultó como si nada hubiese pasado. Mensi lo alejó de Cordero pero tuvieron que pasar 49 años más para que Jorge sea rescatado de verdad.

Desde muy joven, después de ordenarse sacerdote y graduarse como educador, el cura Cordero, como se lo conoce en Cuenca, fundó los jardines de infantes Vicente Escandón y Rafael Campoverde Galán; las escuelas Miguel Ortiz, Arzobispo Serrano y Jesús Cordero Dávila, los colegios Miguel Cordero Crespo y Elena Moscoso; la Universidad Católica de Cuenca con sedes en Azogues, Cañar, La Troncal, Macas, Méndez y Tena; talleres de enseñanza; el Hospital Universitario Católico de Cuenca; el canal de televisión Telecuenca; la radio Ondas Cañaris y la Editorial Universitaria Católica. También recorrió Latinoamérica hablando de Educación y Academia, y era conocido por promover reformas a favor del sector obrero y artesanal de su ciudad. Acumuló los méritos suficientes para convertirse en un coleccionador de reconocimientos, como la medalla Vicente Rocafuerte del Congreso Nacional, la insignia Hermano Miguel del Municipio de Cuenca o la Medalla Eugenio Espejo de la Confederación ecuatoriana de Periodismo.

En los medios, Cordero era retratado como un religioso estudiado, muy culto y preocupado por la Educación. Una nota breve publicada en diario El Universo en 2003 resalta su “vocación literaria y artística” heredada supuestamente de su abuelo, el poeta y expresidente del Ecuador Luis Cordero Crespo. “De allí su ejemplar labor como gestor de la Comunidad Educativa Católica de Cuenca, Azogues y Macas” dice la breve semblanza. Al final de la nota se mencionan más de sus logros: doctor honoris causa por universidades de Clayton, Estados Unidos; del Golfo, en México; de Gales, en Inglaterra…

Su último reconocimiento local, el que le iba a entregar el Concejo Cantonal de Cuenca el 12 de abril del 2018 por sus “trascendentales servicios a la ciudad” fue el que motivó  a Jorge Palacios a romper el silencio.

El día que lo hizo, el sacerdote lleno de méritos y medallas empezó a derrumbarse.

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Aunque no era la primera vez que Jorge contaba su historia, sí fue la primera en público. Cuando se enteró que el Concejo Cantonal de Cuenca había resuelto otorgar al cura Cordero la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos —la más importante que se entrega el 12 de abril por las fiestas de fundación—, María Palacios, la hermana de Jorge, envió una carta al alcalde Marcelo Cabrera, en la que contaba lo ocurrido y le pedía que no le entreguen la insignia. Un día después, el Alcalde convocó a una sesión extraordinaria para la noche del 11 de abril, para tratar el tema. Pero el debate se suspendió porque el sacerdote renunció a la presea alegando que se encontraba mal de salud.

El tema se quedó en el aire. Corrió como un rumor en Cuenca. Pero fue uno que se diluyó pronto en una ciudad donde los rumores, con los días, toman más fuerza. El poder y los méritos de Cordero seguían siendo más fuertes que el testimonio de una víctima de abuso sexual, más aún si se trataba de un adulto que contaba lo ocurrido hacia más de 50 años. Aunque era un rumor nuevo en Cuenca, el testimonio de Jorge sí era conocido por algunos desde antes: la primera vez que intentó ser escuchado fue en 2010. Hace ocho años se acercó a la Junta Cantonal Protectora de Derechos de la ciudad a denunciar el abuso. La institución recibió la denuncia y emitió una resolución para que el cura no se acercara  a los planteles educativos y el proceso sea remitido a la Fiscalía, al Ministerio de Educación y a la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen). Nunca se aplicó. Ni nadie se enteró.

§

Cuando se conoció la historia de Jorge por su testimonio en televisión, el Concejo Cantonal puso sus ojos sobre la Junta Protectora —aquella que había recibido ocho años antes su denuncia— y la declaró en emergencia para investigar lo ocurrido. El concejal Xavier Barrera dice que se encontraron “aparentes omisiones” en el manejo de este caso. Según el concejal y el coordinador zonal de Educación, Henry Calle, la denuncia sí se encuentra en los archivos de la Junta pero no hay rastro de la notificación que se debía entregar al sacerdote. Cordero siguió siendo parte de la planta directiva de las instituciones educativas hasta agosto del 2013, cuando decidió retirarse.

En el mismo 2010, la familia Palacios acudió al arzobispo de Cuenca de ese entonces, monseñor Luis Cabrera, quien en 2018 admitió haber recibido la denuncia y, además, dijo, se lo había contado  al Nuncio Apostólico de ese entonces, Giacomo Ottonello. Cabrera, en una entrevista con Radio Tomebamba en mayo de 2018, habló sobre el proceso que debe seguir una víctima para denunciar el abuso por parte de un sacerdote y luego, refiriéndose a Cordero, dijo que “en este caso en concreto no hubo la acusación formal ante el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Cuenca por parte de la víctima, por consiguiente, no se me puede acusar de encubrimiento ni tampoco de negligencia”.  La hermana de Jorge, María Palacios, estuvo en esa reunión hace ocho años y dice, refiriéndose a Cabrera, que “en su oficina, yo le entregué los documentos… me recibió la denuncia, me recibió los documentos”.

El siguiente intento de Jorge fue conversar con Monseñor Antonio Arregui, quien en 2011 era el presidente de la Conferencia Episcopal del Ecuador, recuerda su hija Tatiana Palacios, mientras muestra el documento en el que consta la firma de recibido, hace siete años. “La respuesta fue bastante fría y quemeimportista. Dijeron que lamentaban el suceso, pero que el sacerdote ya está viejo y que la justicia divina será encargada de juzgarle y darle su castigo”, contó Tatiana, en una rueda de prensa convocada por su familia el 23 de abril.

A esa rueda de prensa, Jorge llegó un poco nervioso, acompañado de su hermana y su hija. Sentado en la glorieta del Parque Calderón, con la voz algo temblorosa, empezó a contar su historia que ya había repetido en menos de un mes, más de seis veces en entrevistas a medios y dos ruedas de prensa.

“¿Por qué ahora?”, le preguntó una periodista.

“Juzgamos a las personas como que yo hubiera tenido la culpa, como que yo era el pervertido. Muchas veces yo me acerqué a algún medio de comunicación, a un periodista medio amigo (que trabajaba en Teleamazonas), pero nunca tuve eco”, respondió Jorge.

Esta vez todos los medios de la ciudad lo rodeaban y lo llenaban de preguntas. Esta vez sí lo escucharon. Pero pasaron ocho años sin que nadie —ni los periodistas que él contactó, ni la Arquidiócesis de Cuenca, ni la Junta Cantonal, ni la Conferencia Episcopal— dijera ni hiciera nada.

§

El anuncio de la entrega de la presea hizo que el silencio fuera demasiado pesado. Tanto, que pocos días después de que Jorge hablara en televisión, dos nuevas víctimas hicieron lo mismo. El segundo en romper el silencio fue José, quien prefirió ocultar su rostro. Contó que había sido abusado cuatro veces por Cordero cuando tenía 16 años. “Era una persona que imprimía miedo, ese era el modus operandi de él”, recordó. La tercera víctima se presentó como Enrique y tiene 63 años. A los siete fue agredido por primera vez por el sacerdote: “Me cogió y me sentó en las piernas, me empezó a besar y me violó”. Eso ocurrió varias veces durante tres años. Enrique dice que no ha podido recuperarse: “Soy un desadaptado, socialmente no me encuentro bien”.

Durante cuatro semanas, el tema ocupó espacios en algunos medios, y aunque había tres testimonios desgarradores seguía siendo un relato sin fuerza. Hasta que dos víctimas más de Cordero rompieron el silencio, y en Guayaquil aparecieron diez víctimas de abuso sexual por parte del sacerdote Luis Fernando Intriago, y la Iglesia ecuatoriana, después de años de evadir  el tema, no pudo mirar para otro lado. Finalmente, hizo lo que debió hacer ocho años atrás: pidió la intervención de un investigador especializado en denuncias de abuso sexual en contra de sacerdotes. La Arquidiócesis de Cuenca solicitó la presencia del delegado del Vaticano, y el 22 de mayo llegó a Cuenca el presbítero Jaime Ortiz de Lazcano, el vicario español que investigó en Chile los casos de abuso sexual por parte de los sacerdotes Fernando Karadima y Cristian Precht, que desataron una crisis en la Iglesia Católica de ese país que concluyó en la renuncia de todos los obispos chilenos.

Fue entonces cuando la imagen del cura Cordero empezó a caer. Y fue literal: cayó su monumento de dos metros que decoraba la fachada de la Basílica de Cuenca. La Universidad Católica, fundada por él, ordenó retirarla. La figura brillante con sotana y un crucifijo en la mano derecha, recostada sobre la paila de una camioneta, fue el presagio de lo que ocurriría esa semana. En las instituciones fundadas por él corrió la orden del rector de la Universidad Católica, y avalada después por el Ministerio de Educación, de retirar sus monumentos, sus retratos, de borrar su nombre de las fachadas y de retirar todo símbolo que pueda recordarlo. Un día después, Jorge Palacios acudía a la Fiscalía del Azuay a rendir su versión y en la tarde, unas dos mil personas, entre estudiantes de escuelas, activistas, víctimas y sus familias salieron del letargo en el que permanecía la ciudad entera. Marcharon por la céntrica calle Bolívar, se detuvieron en la fachada de la Curia recordando que esperan es justicia, y llegaron hasta el Parque Calderón.

Al siguiente día de la marcha circuló el comunicado de la Arquidiócesis de Cuenca que aceptaba como “verosímiles” los testimonios de las víctimas, suspendía al cura Cordero y pedía perdón. “Hacemos un ‘mea culpa’, a las víctimas, personas y comunidades que hubieran sido afectadas por los escándalos de clérigos, les pedimos perdón”, dice el documento.

Después de siete días de entrevistas con las víctimas y con Cordero, el investigador Jorge Ortiz de Lazcano escribió un informe y se lo entregó, en sus manos, al Papa Francisco. El informe era reservado, pero se filtró —y difundió por redes sociales y grupos de Whatsapp—  la respuesta de Cordero a algunas preguntas del investigador. El sacerdote se declaró inocente y se refirió a las víctimas de violencia sexual así:

“Lo que yo pienso es que últimamente este tema se ha puesto muy de moda y tengo toda la impresión que hay muchas personas que con el objetivo de obtener dinero acusan a los sacerdotes de delitos tan graves. Además, a mí me parece que en el tema de los abusos se da una cierta complicidad puesto que aquel que quiere mantenerse íntegro no permite que el abuso tenga lugar…”

Cordero también cuestionó al Papa: “Me llama mucho la atención la actitud del Papa Francisco de pedir perdón a las víctimas. Por mi experiencia personal puedo decir que pedir perdón me parece algo muy difícil, propio solo de aquellos más santos por eso me llama la atención que el Papa Francisco descienda y se abaje de su dignidad de sucesor de Pedro y se ponga a la altura de unos malhechores pidiéndoles perdón…”

Fueron las únicas y últimas palabras de Cordero sobre las denuncias que pesan en su contra porque la Arquidiócesis le ordenó abstenerse de hacer declaraciones en público. Desde su oficina en la Arquidiócesis, el padre Joffre Astudillo, secretario de Comunicación de la Curia de Cuenca, dice que esas declaraciones agravan el proceso. “No estamos de acuerdo con este pronunciamiento, no estamos de acuerdo con la manifestación que hace respecto a la posición del Papa Francisco. Es una posición de una persona, más no de la Arquidiócesis de Cuenca”.

§

María Palacios, la hermana de Jorge, cree que la respuesta de la Iglesia es “solo un impulso” a la lucha que emprendieron y espera todavía una acción más contundente. “El juicio va a demorar mucho tiempo, pero sabemos que el sacerdote está en muy buenas condiciones y esperamos que dure hasta que la (Congregación para la) Doctrina de la Fe nos dé el veredicto”. Astudillo dice que la Iglesia se ha “comprometido a presionar la celeridad en el proceso. No sabemos cuánto tiempo puede durar”.  

La otra justicia, la terrenal, también tiene el caso en sus manos. Hasta ahora, seis víctimas han denunciado públicamente al cura Cordero. Todos los casos están prescritos porque ocurrieron hace más de cincuenta años. Sin embargo, el fiscal general encargado, Paúl Pérez Reina, recibió a las víctimas el 16 de junio en Quito y se comprometió a agilizar el proceso investigativo.

Han pasado dos meses desde que el Concejo Cantonal de Cuenca anunció que otorgaría  la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos a César Cordero, el hecho que desencadenó que las denuncias de abuso sexual en contra del sacerdote salgan a la luz. En lugar de tener  una medalla más, el cura Cordero ha perdido la insignia Hermano Miguel —que recibió en 1981 por su aporte a la educación; la medalla Huayna Cápac, que le otorgó el Consejo Provincial en el 2004; y el título honorífico que tenía como rector de la Universidad de Cuenca.

Ha perdido también el título de hombre intocable que se ganó durante décadas.

Impaqto Quito

La última presea del cura Cordero

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Jorge Palacios tiene 63 años y su mirada, casi siempre, hacia el piso. En abril del 2018 apareció por primera vez en televisión: dio una entrevista a Teleamazonas en la que contó que de niño había sido víctima de abuso sexual. Con titubeos pero decidido dijo frente a la cámara lo que en otras ocasiones ya había intentado contar: “Él les decía a mis papás ‘estoy enfermo, mándenle al niño a que me acompañe’. Y después de un momento decía a dos o tres niños vengan para acá. A su cama. A violarnos, a hacer lo que él quería”. Jorge tenía seis años y su abusador  poco más de 30. Hoy tiene 91 y su nombre está grabado en la historia de Cuenca: César Cordero Moscoso, el mismo sacerdote que fundó una comunidad educativa con más de diez establecimientos en el sur del Ecuador .

Hace sesenta años, César Cordero era el párroco del barrio La Salle, en el centro de Cuenca y daba catequesis a los niños. Ahí conoció a Jorge, quien tenía cinco. El sacerdote le ofreció una beca para que estudiara en una escuela fundada por él. “Les dijo a mis padres: ustedes no pagan, el niño viene a estudiar aquí. Durante toda la instrucción primaria fui su favorito… después ingresé al colegio, porque el padre puso un colegio normal católico. Estuve ahí dos años. Seguía siendo usado por el padre”. Jorge fue víctima de Cordero hasta los 14, cuando rompió por primera vez el silencio y le contó lo que sucedía, en confesión, al sacerdote Guillermo Mensi. “Él me rescató y me llevó a estudiar en el colegio Técnico Salesiano”. El abuso se ocultó como si nada hubiese pasado. Mensi lo alejó de Cordero pero tuvieron que pasar 49 años más para que Jorge sea rescatado de verdad.

Desde muy joven, después de ordenarse sacerdote y graduarse como educador, el cura Cordero, como se lo conoce en Cuenca, fundó los jardines de infantes Vicente Escandón y Rafael Campoverde Galán; las escuelas Miguel Ortiz, Arzobispo Serrano y Jesús Cordero Dávila, los colegios Miguel Cordero Crespo y Elena Moscoso; la Universidad Católica de Cuenca con sedes en Azogues, Cañar, La Troncal, Macas, Méndez y Tena; talleres de enseñanza; el Hospital Universitario Católico de Cuenca; el canal de televisión Telecuenca; la radio Ondas Cañaris y la Editorial Universitaria Católica. También recorrió Latinoamérica hablando de Educación y Academia, y era conocido por promover reformas a favor del sector obrero y artesanal de su ciudad. Acumuló los méritos suficientes para convertirse en un coleccionador de reconocimientos, como la medalla Vicente Rocafuerte del Congreso Nacional, la insignia Hermano Miguel del Municipio de Cuenca o la Medalla Eugenio Espejo de la Confederación ecuatoriana de Periodismo.

En los medios, Cordero era retratado como un religioso estudiado, muy culto y preocupado por la Educación. Una nota breve publicada en diario El Universo en 2003 resalta su “vocación literaria y artística” heredada supuestamente de su abuelo, el poeta y expresidente del Ecuador Luis Cordero Crespo. “De allí su ejemplar labor como gestor de la Comunidad Educativa Católica de Cuenca, Azogues y Macas” dice la breve semblanza. Al final de la nota se mencionan más de sus logros: doctor honoris causa por universidades de Clayton, Estados Unidos; del Golfo, en México; de Gales, en Inglaterra…

Su último reconocimiento local, el que le iba a entregar el Concejo Cantonal de Cuenca el 12 de abril del 2018 por sus “trascendentales servicios a la ciudad” fue el que motivó  a Jorge Palacios a romper el silencio.

El día que lo hizo, el sacerdote lleno de méritos y medallas empezó a derrumbarse.

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Aunque no era la primera vez que Jorge contaba su historia, sí fue la primera en público. Cuando se enteró que el Concejo Cantonal de Cuenca había resuelto otorgar al cura Cordero la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos —la más importante que se entrega el 12 de abril por las fiestas de fundación—, María Palacios, la hermana de Jorge, envió una carta al alcalde Marcelo Cabrera, en la que contaba lo ocurrido y le pedía que no le entreguen la insignia. Un día después, el Alcalde convocó a una sesión extraordinaria para la noche del 11 de abril, para tratar el tema. Pero el debate se suspendió porque el sacerdote renunció a la presea alegando que se encontraba mal de salud.

El tema se quedó en el aire. Corrió como un rumor en Cuenca. Pero fue uno que se diluyó pronto en una ciudad donde los rumores, con los días, toman más fuerza. El poder y los méritos de Cordero seguían siendo más fuertes que el testimonio de una víctima de abuso sexual, más aún si se trataba de un adulto que contaba lo ocurrido hacia más de 50 años. Aunque era un rumor nuevo en Cuenca, el testimonio de Jorge sí era conocido por algunos desde antes: la primera vez que intentó ser escuchado fue en 2010. Hace ocho años se acercó a la Junta Cantonal Protectora de Derechos de la ciudad a denunciar el abuso. La institución recibió la denuncia y emitió una resolución para que el cura no se acercara  a los planteles educativos y el proceso sea remitido a la Fiscalía, al Ministerio de Educación y a la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen). Nunca se aplicó. Ni nadie se enteró.

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Cuando se conoció la historia de Jorge por su testimonio en televisión, el Concejo Cantonal puso sus ojos sobre la Junta Protectora —aquella que había recibido ocho años antes su denuncia— y la declaró en emergencia para investigar lo ocurrido. El concejal Xavier Barrera dice que se encontraron “aparentes omisiones” en el manejo de este caso. Según el concejal y el coordinador zonal de Educación, Henry Calle, la denuncia sí se encuentra en los archivos de la Junta pero no hay rastro de la notificación que se debía entregar al sacerdote. Cordero siguió siendo parte de la planta directiva de las instituciones educativas hasta agosto del 2013, cuando decidió retirarse.

En el mismo 2010, la familia Palacios acudió al arzobispo de Cuenca de ese entonces, monseñor Luis Cabrera, quien en 2018 admitió haber recibido la denuncia y, además, dijo, se lo había contado  al Nuncio Apostólico de ese entonces, Giacomo Ottonello. Cabrera, en una entrevista con Radio Tomebamba en mayo de 2018, habló sobre el proceso que debe seguir una víctima para denunciar el abuso por parte de un sacerdote y luego, refiriéndose a Cordero, dijo que “en este caso en concreto no hubo la acusación formal ante el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Cuenca por parte de la víctima, por consiguiente, no se me puede acusar de encubrimiento ni tampoco de negligencia”.  La hermana de Jorge, María Palacios, estuvo en esa reunión hace ocho años y dice, refiriéndose a Cabrera, que “en su oficina, yo le entregué los documentos… me recibió la denuncia, me recibió los documentos”.

El siguiente intento de Jorge fue conversar con Monseñor Antonio Arregui, quien en 2011 era el presidente de la Conferencia Episcopal del Ecuador, recuerda su hija Tatiana Palacios, mientras muestra el documento en el que consta la firma de recibido, hace siete años. “La respuesta fue bastante fría y quemeimportista. Dijeron que lamentaban el suceso, pero que el sacerdote ya está viejo y que la justicia divina será encargada de juzgarle y darle su castigo”, contó Tatiana, en una rueda de prensa convocada por su familia el 23 de abril.

A esa rueda de prensa, Jorge llegó un poco nervioso, acompañado de su hermana y su hija. Sentado en la glorieta del Parque Calderón, con la voz algo temblorosa, empezó a contar su historia que ya había repetido en menos de un mes, más de seis veces en entrevistas a medios y dos ruedas de prensa.

“¿Por qué ahora?”, le preguntó una periodista.

“Juzgamos a las personas como que yo hubiera tenido la culpa, como que yo era el pervertido. Muchas veces yo me acerqué a algún medio de comunicación, a un periodista medio amigo (que trabajaba en Teleamazonas), pero nunca tuve eco”, respondió Jorge.

Esta vez todos los medios de la ciudad lo rodeaban y lo llenaban de preguntas. Esta vez sí lo escucharon. Pero pasaron ocho años sin que nadie —ni los periodistas que él contactó, ni la Arquidiócesis de Cuenca, ni la Junta Cantonal, ni la Conferencia Episcopal— dijera ni hiciera nada.

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El anuncio de la entrega de la presea hizo que el silencio fuera demasiado pesado. Tanto, que pocos días después de que Jorge hablara en televisión, dos nuevas víctimas hicieron lo mismo. El segundo en romper el silencio fue José, quien prefirió ocultar su rostro. Contó que había sido abusado cuatro veces por Cordero cuando tenía 16 años. “Era una persona que imprimía miedo, ese era el modus operandi de él”, recordó. La tercera víctima se presentó como Enrique y tiene 63 años. A los siete fue agredido por primera vez por el sacerdote: “Me cogió y me sentó en las piernas, me empezó a besar y me violó”. Eso ocurrió varias veces durante tres años. Enrique dice que no ha podido recuperarse: “Soy un desadaptado, socialmente no me encuentro bien”.

Durante cuatro semanas, el tema ocupó espacios en algunos medios, y aunque había tres testimonios desgarradores seguía siendo un relato sin fuerza. Hasta que dos víctimas más de Cordero rompieron el silencio, y en Guayaquil aparecieron diez víctimas de abuso sexual por parte del sacerdote Luis Fernando Intriago, y la Iglesia ecuatoriana, después de años de evadir  el tema, no pudo mirar para otro lado. Finalmente, hizo lo que debió hacer ocho años atrás: pidió la intervención de un investigador especializado en denuncias de abuso sexual en contra de sacerdotes. La Arquidiócesis de Cuenca solicitó la presencia del delegado del Vaticano, y el 22 de mayo llegó a Cuenca el presbítero Jaime Ortiz de Lazcano, el vicario español que investigó en Chile los casos de abuso sexual por parte de los sacerdotes Fernando Karadima y Cristian Precht, que desataron una crisis en la Iglesia Católica de ese país que concluyó en la renuncia de todos los obispos chilenos.

Fue entonces cuando la imagen del cura Cordero empezó a caer. Y fue literal: cayó su monumento de dos metros que decoraba la fachada de la Basílica de Cuenca. La Universidad Católica, fundada por él, ordenó retirarla. La figura brillante con sotana y un crucifijo en la mano derecha, recostada sobre la paila de una camioneta, fue el presagio de lo que ocurriría esa semana. En las instituciones fundadas por él corrió la orden del rector de la Universidad Católica, y avalada después por el Ministerio de Educación, de retirar sus monumentos, sus retratos, de borrar su nombre de las fachadas y de retirar todo símbolo que pueda recordarlo. Un día después, Jorge Palacios acudía a la Fiscalía del Azuay a rendir su versión y en la tarde, unas dos mil personas, entre estudiantes de escuelas, activistas, víctimas y sus familias salieron del letargo en el que permanecía la ciudad entera. Marcharon por la céntrica calle Bolívar, se detuvieron en la fachada de la Curia recordando que esperan es justicia, y llegaron hasta el Parque Calderón.

Al siguiente día de la marcha circuló el comunicado de la Arquidiócesis de Cuenca que aceptaba como “verosímiles” los testimonios de las víctimas, suspendía al cura Cordero y pedía perdón. “Hacemos un ‘mea culpa’, a las víctimas, personas y comunidades que hubieran sido afectadas por los escándalos de clérigos, les pedimos perdón”, dice el documento.

Después de siete días de entrevistas con las víctimas y con Cordero, el investigador Jorge Ortiz de Lazcano escribió un informe y se lo entregó, en sus manos, al Papa Francisco. El informe era reservado, pero se filtró —y difundió por redes sociales y grupos de Whatsapp—  la respuesta de Cordero a algunas preguntas del investigador. El sacerdote se declaró inocente y se refirió a las víctimas de violencia sexual así:

“Lo que yo pienso es que últimamente este tema se ha puesto muy de moda y tengo toda la impresión que hay muchas personas que con el objetivo de obtener dinero acusan a los sacerdotes de delitos tan graves. Además, a mí me parece que en el tema de los abusos se da una cierta complicidad puesto que aquel que quiere mantenerse íntegro no permite que el abuso tenga lugar…”

Cordero también cuestionó al Papa: “Me llama mucho la atención la actitud del Papa Francisco de pedir perdón a las víctimas. Por mi experiencia personal puedo decir que pedir perdón me parece algo muy difícil, propio solo de aquellos más santos por eso me llama la atención que el Papa Francisco descienda y se abaje de su dignidad de sucesor de Pedro y se ponga a la altura de unos malhechores pidiéndoles perdón…”

Fueron las únicas y últimas palabras de Cordero sobre las denuncias que pesan en su contra porque la Arquidiócesis le ordenó abstenerse de hacer declaraciones en público. Desde su oficina en la Arquidiócesis, el padre Joffre Astudillo, secretario de Comunicación de la Curia de Cuenca, dice que esas declaraciones agravan el proceso. “No estamos de acuerdo con este pronunciamiento, no estamos de acuerdo con la manifestación que hace respecto a la posición del Papa Francisco. Es una posición de una persona, más no de la Arquidiócesis de Cuenca”.

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María Palacios, la hermana de Jorge, cree que la respuesta de la Iglesia es “solo un impulso” a la lucha que emprendieron y espera todavía una acción más contundente. “El juicio va a demorar mucho tiempo, pero sabemos que el sacerdote está en muy buenas condiciones y esperamos que dure hasta que la (Congregación para la) Doctrina de la Fe nos dé el veredicto”. Astudillo dice que la Iglesia se ha “comprometido a presionar la celeridad en el proceso. No sabemos cuánto tiempo puede durar”.  

La otra justicia, la terrenal, también tiene el caso en sus manos. Hasta ahora, seis víctimas han denunciado públicamente al cura Cordero. Todos los casos están prescritos porque ocurrieron hace más de cincuenta años. Sin embargo, el fiscal general encargado, Paúl Pérez Reina, recibió a las víctimas el 16 de junio en Quito y se comprometió a agilizar el proceso investigativo.

Han pasado dos meses desde que el Concejo Cantonal de Cuenca anunció que otorgaría  la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos a César Cordero, el hecho que desencadenó que las denuncias de abuso sexual en contra del sacerdote salgan a la luz. En lugar de tener  una medalla más, el cura Cordero ha perdido la insignia Hermano Miguel —que recibió en 1981 por su aporte a la educación; la medalla Huayna Cápac, que le otorgó el Consejo Provincial en el 2004; y el título honorífico que tenía como rector de la Universidad de Cuenca.

Ha perdido también el título de hombre intocable que se ganó durante décadas.

Migrante

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La migración es un fenómeno creciente que es muchas veces magnificado y poco entendido. En los países desarrollados, ha servido para que tendencias nacionalistas y conservadoras lleguen al poder: Donald Trump ganó la presidencia con un discurso abiertamente xenófobo y está buscando cambiar las leyes para reducir el número de gente que puede entrar a Estados Unidos. En el Reino Unido, la inmigración fue una de las razones primordiales para que triunfara el Brexit. Varios partidos de extrema derecha en Europa han levantado sus campañas casi exclusivamente sobre el rechazo a los inmigrantes.  El tema se ha convertido en tal plataforma retórica que incluso en un país de baja inmigración como Hungría, Viktor Orban se reeligió prometiendo parar una invasión de inmigrantes (que nunca ocurrió). En América Latina y en el Ecuador, también se ha convertido en un tema central: los inmigrantes son, en muchos casos, discriminados, asociados al delito y explotados laboralmente. En países donde la gente considera que hay demasiados inmigrantes, casi siempre suele exagerarse la cifra lo que lleva a conclusiones erróneas.

En el mundo hay 258 millones de inmigrantes —según la Organización Internacional de la Migración (OIM), esto representa el 3,4% del total de la humanidad y están desproporcionadamente concentrados en pocos países: el 50% está en solo diez países.

Las cifras de inmigración tienen problemas: el estatus  de muchos de ellos no es legal y, por ende, las estadísticas podrían estar por debajo del número real. Además, los criterios para catalogar a alguien como inmigrante no son iguales en todos los países: por ejemplo, algunos incluyen a estudiantes y otros no. Además, los inmigrantes muchas veces se mueven de país en país como pasa con los refugiados o con el éxodo masivo de Venezuela. Y aun así, las cifras de la OIM son las más precisas que hay.

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Cuando miramos el top 10, el ranking varía si se lo cuenta en términos proporcionales a la población de cada país: 7 de los 10 países con mayor proporción de inmigrantes están en Medio Oriente. Cuatro de las cinco primeras naciones son todas economías ricas del Golfo Pérsico con poca población más Líbano —que acoge una cantidad enorme de refugiados palestinos y ahora sirios.

cifras de la migración

Fuente Organización Mundial de Migraciones

Paradójicamente, los países con mayor proporción de inmigrantes no parecen tener el debate sobre si son bienvenidos o no. ¿Por qué? Porque en los países del Golfo Pérsico, estos inmigrantes no son ciudadanos, y normalmente su estatus es el de trabajadores temporales con pocos derechos, aunque llevan viviendo décadas ahí.

Por el contrario, países como Canadá, Australia o Suiza han desarrollado sistemas de inmigración exitosos que permiten a los inmigrantes adaptarse rápidamente a su sociedad, al mismo tiempo que contribuyen a las sociedades locales. Resulta llamativo que en Australia o Canadá —que tienen el doble de inmigrantes en proporción que Francia o Reino Unido—, los partidos de extrema derecha tienen menos respaldo: la inmigración no tiene por qué ser un problema si se hace de manera ordenada, ayudando al migrante a entender la sociedad en la que vive y adaptarse a ella, y al mismo tiempo resaltando el impacto positivo que tienen en la economía y sociedad receptoras.

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Latinoamérica ha sido históricamente una productora de emigrantes —sobre todo desde México y Centroamérica. Al 2017, el número de inmigrantes en la región es un poco más de 8 millones: un 1,3% del total de la población de la región, por debajo de la media mundial. Este número esconde grandes diferencias: mientras en Costa Rica los inmigrantes representan más de un 8%, en Brasil, Colombia o Perú estos no pasan de un 0,4%.

              

migración en América Latina

Fuente Organización Mundial de Migraciones

                    

Argentina es el país con más inmigrantes, más de 2 millones, provenientes sobre todo de Bolivia, Paraguay y Perú. Le sigue Venezuela que históricamente había recibido una gran cantidad, sobre todo de colombianos, pero ahora ese flujo está cambiando y son los venezolanos quienes dejan su país. Las dos economías más grandes de Latinoamérica tienen llamativos bajos niveles de inmigración: en México menos del 1%, y en Brasil, el 0,4%

En Ecuador  viven casi 400 mil inmigrantes: un 2,4% de la población. La cifra nos ubica en el séptimo lugar de la región. El porcentaje nos pone por arriba del promedio regional. Según la OIM en Ecuador viven más extranjeros que en Colombia y Perú juntos, aunque esto quizás no recoja la reciente oleada migratoria de venezolanos a todos estos países.

En parte, esto se explica por la dolarización: en el 2000 Ecuador contaba con apenas 151 mil inmigrantes. En los diecisiete años en que tenemos el dólar como moneda oficial llegaron casi 250 mil personas. Este incremento se observa también en la remesas enviadas desde Ecuador hacia el exterior, en el 2017: salieron $357 millones principalmente hacia Colombia, Perú, China y, de manera creciente, Venezuela.

remesas migración

Fuente: Organización Mundial de Migraciones y Banco Central del Ecuador

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La migración es una gran oportunidad. En los países desarrollados donde se han hecho estudios sobre el impacto económico de los inmigrantes, los resultados son siempre positivos: es gente joven, en edad de trabajar, que utiliza los servicios públicos en menor medida que la población local.

Además, hay que considerar que en 2017, según la Naciones Unidas, 25 países vieron su población reducirse: Japón, Italia, Portugal, Grecia y buena parte de Europa del Este. Otros doce tuvieron crecimientos positivos pero muy cercanos a cero: Rusia, España o Cuba, por ejemplo. Estas presiones demográficas pueden ser resueltas con inmigración, siempre que se lo haga ordenadamente y potenciando los efectos positivos que esta trae.

En los próximos años, casi de seguro, veremos subir el porcentaje de inmigrantes: ese 3,4% va a crecer. El rol de los gobiernos es evitar que esto genere conflictos o reacciones hostiles en los países que los acogen, y al mismo tiempo sacar el máximo provecho del talento y potencial de la gente que llega.

Claves de la aprobación del aborto por los diputados argentino

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El 14 junio  de 2018, los diputados argentinos aprobaron el proyecto de ley Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE) por 129 votos favorables(hubo 125 en contra y una abstención).

En Argentina, el aborto es legal solo en caso de peligro para la vida de la madre, su salud física o mental, en caso violación o defecto del feto.

Los diputados empezaron la sesión a las 11:30 del miércoles 13. Fueron más de 23 horas de debate:

“Antes el nacimiento y embarazo eran un acontecimiento rodeado de misterio, hoy podemos ver su sexo, si tiene enfermedades, si se chupa el dedo. Con esta observación queda demostrado que lo que vamos a destruir es una vida. No necesito más para entender. Vamos a destruir un ser único. No sólo porque no existió nunca, sino porque no existirá nunca más”, declaró  Ivana Bianchi del Frente Unidad Justicialista, opuesta al proyecto de ley.

En favor del proyecto, Victoria Donda del partido Libres del Sur dijo: “La clandestinidad te pasa por el cuerpo, te sentís sola, tengas la plata o no. Acá no se debate el aborto sí o no. Es aborto legal o clandestino”.

El debate se cerró por la mañana del jueves y el texto fue finalmente aprobado a las 9:52 am.

Sin embargo, el proyecto aún no está en vigencia. El Senado —la cámara alta del parlamento argentino, que es bicameral— debe discutir y votar el proyecto. De ahí, de acuerdo el proceso de formación de leyes obliga a la remisión de la ley aprobada por el legislativo al Presidente de la República para que ordene su publicación o la vete. Mauricio Macri, presidente argentino, se ha comprometido a no vetar la Ley si es aprobada en ambas cámaras legislativas.

La primera vez que se presentó un proyecto de IVE fue en 2007. Cuatro años antes, se creó  la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, en el XIX Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la provincia de Mendoza, al que asistieron más de 20 mil mujeres.

En mayo de 2005, la Campaña agrupaba a más de 70 organizaciones de toda la Argentina. En 2018, decía el proyecto de Ley que se aprobó incluye “a más de 300 organizaciones, grupos y personalidades vinculadas al movimiento de mujeres, organismos de derechos humanos, al ámbito académico y científico, trabajadores de salud, sindicatos y diversos movimientos sociales y culturales, entre ellos redes campesinas y de educación, organizaciones de desocupados, de fábricas recuperadas, grupos estudiantiles y religiosos”.El lema de la campaña es “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.

Después de su primera presentación hace 11 años, el proyecto fue presentado 6 veces más. En ninguna de ellas se trató.

En febrero de 2018, el gobierno de Mauricio Macri dijo que daría libertad a sus legisladores para tratar el proyecto. Personalmente, Macri —al igual que su predecesora, Cristina Fernánez de Kirchner— se opine al aborto, pero el jefe del gabinete del gobierno, Marcos Peña, dijo que “no va a obstaculizar” el debate.

En marzo, fuentes del gobierno aseguraron que Macri no vetaría la ley, si se aprobara. Tres días antes de la aprobación de la ley, Federico Pinedo, presidente provisional del Senado (el presidente titular es el Vicepresidente de la Nación), que pertenece al  de partido de Macri, confirmó que el Presidente no vetará la Ley.

Todos comemos

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Yo tenía celos de Anthony Bourdain. Hace años, cuando empezamos a ver su programa juntos, mi pareja de entonces me advirtió que, sin importar qué pasara con nuestra relación, ella me dejaría sin pensarlo por él. De tener la oportunidad, me abandonaría por una travesía a tierras desconocidas o por una noche de pasión, cócteles y recetas extravagantes. Para ella daba igual. Para mí, era entendible. Bourdain era un Indiana Jones gastronómico, un chef carismático que podía escribir y describir al mundo y toda su complejidad desde la sazón, los aromas y las texturas de la comida. Incursionaba en huecas sin miedo a las repercusiones estomacales —yo todavía sufro los efectos devastadores del colon irritable— y llegaba a lugares de contextos tan opuestos como la franja de Gaza, en Palestina, y Virginia del Oeste, un estado conservador de los Estados Unidos. Comiendo y conversando sobre lo más cotidiano, Bourdain — quien se suicidó la mañana del viernes 8 de junio de 2018— nos recordaba, casi sin que nos demos cuenta, de una verdad tan redundante como necesaria: “Todos comemos”.

Cuando Bourdain probó el ceviche de Puerto López, en Manabí —para un episodio de No Reservations sobre Ecuador— parecía casi ofendido al ver que se servía con salsa de tomate. “¿Qué diablos es eso en mi ceviche?” dijo impresionado. Bourdain no tenía pelos en la lengua.

Aunque decía lo que pensaba de los platos que encontraba y de las realidades que visitaba, también escuchaba y aprendía. Sus viajes no eran los del observador o del voyerista antropológico típico. Comiendo y sentándose a comer, Bourdain desafiaba la dinámica del hombre blanco que se aventura al mundo de lo exótico a estudiarlo o descubrirlo. El no descubría a nadie, excepto quizás, a sí mismo. Tampoco pretendía hacerlo. “Dios no quiere que pongamos ketchup en el ceviche”, bromeó con el actor ecuatoriano Andrés Crespo, que lo guiaba por la cocina playera. Después de probarlo, Bourdain se desdijo: “Está rico”, reconoció risueño.

Dios no quiere que pongamos ketchup en el ceviche, pero es lo que hay.

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Es lo que hay. Bourdain demostraba de forma amena lo que la antropología ha tratado de decir por años de formas mucho más densas y enredadas: que la cultura no es más que nuestra forma de dar sentido, significado, a nuestra realidad material.

Lo hacía con encanto pedagógico y conciencia política, contando historias de la cotidianidad de la gente que conocía. “Soy siempre el más tonto en el cuarto donde sea que vaya”, decía en una entrevista para la revista New Yorker. Esa actitud es palpable. Su honestidad no se sentía arrogante, sino espontánea y amigable. En Islandia, en un episodio de No Reservations calificó al tiburón fermentado que prueba como ‘asqueroso’. Sin rodeos ni corrección política, su humor honesto tiraba al piso a la relación entre el visitante y el anfitrión, y la dejaba en un plano totalmente horizontal: era siempre de tú a tú.

Bourdain nos contó los secretos que escondía el mundo de la alta cocina neoyorquina. Fue en un ensayo que publicó en la revista New Yorker que se titula No comas sin antes leer esto en el que el chef le quitaba el velo glam a lo más conspicuo del panorama culinario de su ciudad.

La franqueza total de su texto —donde describía a las cocinas como espacios enclaustrados violentos, ebrios y tóxicos, y comparaba a sus ocupantes con una banda de marineros malditos sin lealtad a ninguna otra bandera que la propia— lo lanzó al estrellato. La industria restaurantera está basada en un truco: la ilusión del disfrute sin preocupaciones. Se suponía que nadie quería saber cómo la comida del plato terminaba siendo la comida en el plato, pero cuando Bourdain lo contó, el mundo se fascinó al punto que lo convirtió en uno de los más célebres autores gastronómicos Su cara pasó de televisor en televisor, sin perder su cercanía y frescura.

Helen Rosner lo dijo el mismo fatídico viernes en que lo perdimos: “La fama de Bourdain no era la distante y laqueada de los actores o los músicos, empaquetada y vendida como un catálogo de estilo de vida. Bourdain era como tu hermano, tu tío chévere, tu papá en su imposible versión cool, tu amigo más real e inteligente, que salía caminar tras unas cervezas una noche y terminaba en frente a unas cámaras de televisión y decía quedarse ahí”.

Nadie estuvo fuera del alcance de la franqueza de Bourdain. Cuando el reconocido chef Mario Batali, acusado de acoso sexual, intentó regresar a la escena pública, Bourdain, quien lo admiraba y consideraba su amigo, le dijo, públicamente: “Retírate y considérate afortunado. Lo digo sin malicia, o sin mucha malicia. No perdono. No puedo pasarla página. No puedo, y ese soy yo, alguien que realmente lo admiraba y pensaba lo máximo de él”. Bourdain, el cocinero con aspecto de chico malo, había escogido a la verdad y las víctimas antes que a las celebridades y las poses.

Es quien era. Porque Anthony Bourdain, lo dijo Rosner pero lo pensábamos todos, construyó su carrera diciendo la verdad.

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Después del suicido de Bourdain, los tributos en medios destacaron virtudes tan diversas como los lugares que visitó. Su storytelling, su humor, la filosofía detrás del viaje y la aventura. Era un hombre que encantaba. Sus sitios eran las huecas, los rincones gastronómicos de cada país donde se comía cotidianamente. Podía sentarse a conversar con el presidente Obama en un banquito de plástico en Hanoi, Vietnam, tomando una cerveza de dos dólares, probar los platos, reir y a la vez hablar de los efectos de la Guerra de Vietnam en ese país. Así como había retratado la cruda realidad detrás del fine-dining y de la industria gastronómica de Nueva York, sus encuentros con frecuencia celebraban el encanto, el sabor, de los comedores populares en el mundo.

Esas experiencias lo habían convertido en alguien sensible y atento a las realidades de los desprotegidos e ignorados en general. Sobre los migrantes en Estados Unidos, por ejemplo, Bourdain siempre destacó su admiración por su trabajo y compromiso. Después del triunfo de Trump, su voz en defensa de ellos fue aún más vigorosa. “Hombre, mujer, gay, hetero, legal, ilegal, país de origen— ¿qué importa? O puedes hacer un buen omelet, o no.” Tampoco le interesaban los clichés y aunque denunciaba firmemente violencias como las de Israel sobre la franja de Gaza, sus entrevistados no eran retratados como simple víctimas. En la comida, Bourdain encontraba la resistencia y el poder de lo cotidiano.  

Como dice el escritor Damon Young, las virtudes de Bourdain eran destacables porque no deberían ser destacables. Bourdain no era un benefactor sino un hombre decente, empático, auto-crítico. Pero a través de la comida, de lo particular de los mundos que visitaba, volvía inconfundible, imborrable a esa humanidad de todos. “No somos tan diferentes” es la paradójica observación que hace en una entrevista para la New Yorker.

En Virginia del Oeste, el corazón del voto republicano, conservador, Bourdain dijo haberse sentido sorpresivamente cómodo, feliz. Siéntate a comer con alguien, escucha, y te das cuenta de que “todos hacemos lo mejor posible”.

¿La salsa de tomate en el ceviche? Hacemos lo que podemos con lo que hay. A veces esto resulta en platos deliciosos, otra veces no. Algo así pasa con la política y la religión. Como una versión más poética, del libro infantil Todos hacemos caca de Tarō Gomi. Todos comemos.

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Cuando yo vivía en Nueva York trabajé por meses en un restaurante etíope. La mayoría de los platos se servían sobre una cerámica redonda que se colocaba en el centro de la mesa, cubierta de pan injera. El pan —ligero, poroso y un poco dulce— se utilizaba para comer con la mano. Según la chef, comer con la mano es una forma distintiva de relacionarse con la comida y, por eso mismo, con el mundo. La experiencia táctil era tan importante como el sabor. “Chuparse los dedos” es darse cariño a uno mismo, bromeaba. Todos de un mismo plato, comiendo con la mano.

No todos quienes llegaban se sentían cómodos con la experiencia y muchos pedían cubiertos. Para la chef esa gente “probablemente era pésima en la cama”. Lo decía medio en serio, medio en broma, pero para ella demostraban que no eran capaces de sentir con su cuerpo al otro, de arriesgarse y disfrutar de hacerlo.

Eso es lo que hacía Bourdain. Anthony Michael Bourdain, hijo de un francés y una estadounidense, jamás habría pedido cubiertos, jamás habría querido imponer sus cánones en las mesas ajenas. Él comía como comen los otros, a los que siempre nos dijo la verdad, mientras nos enseñaba el mundo, y nos recordaba que todo estamos haciendo lo mejor que podíamos.

Quién es José Valencia, nuevo canciller del Ecuador

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El presidente Lenín Moreno nombró el 12 de junio de 2018, mediante decreto ejecutivo 430, a José Samuel Valencia Amores como ministro de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana en reemplazo de María Fernanda Espinosa, después de que ella fuera nombrada embajadora de la misión Diplomática de Gestiones Especiales, con rango de embajadora jefa de Misión del Servicio Exterior, para presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Antes de que José Valencia sea nombrado ministro de Relaciones Exteriores era representante permanente del Ecuador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Estados Unidos.

José Valencia Amores nació el 18 de febrero de 1961 en Quito y es diplomático de carrera. Según su hoja de vida es doctor en Jurisprudencia y licenciado en Ciencias Jurídicas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, PUCE. Tiene una maestría en Ciencias Políticas y una en artes, ambas por la Universidad de Columbia, tiene también una maestría en Administración Pública por la Universidad de Harvard  y un diplomado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

Se ha desempeñado como diplomático y docente.

El actual canciller de la república, José Valencia, fue director técnico – legal de Projusticia en el programa del Banco Mundial para la reforma judicial en el Ecuador, fue el responsable legal de la Corporación Participación Ciudadana y director ejecutivo de la misma entidad.

En el Ministerio de Relaciones Exteriores fue funcionario de la Dirección de Promoción Económica, de la Dirección de Soberanía Nacional y de la Dirección de Protocolo. También fue jefe del despacho del subsecretario y del secretario administrativo; y del secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fue delegado de la misión permanente de Ecuador en Nueva York en el Consejo de Seguridad (1991 – 1992); en la Asamblea General de la ONU y en la Comisión de Asuntos Políticos Especiales y grupos de trabajo correspondientes. Fue director encargado del Departamento de Naciones Unidas del Ministerio de Relaciones Exteriores y jefe del Gabinete del Ministro de Relaciones Exteriores.

Valencia también fue parte de la misión Permanente de Ecuador en Ginebra, como delegado en la Comisión de Derechos Humanos y en reuniones de los comités de vigilancia de tratados de derechos humanos. Estuvo encargado de la Presidencia del Grupo de Trabajo sobre Pueblos Indígenas durante la última parte de las reuniones en 2002. Además fue director general de Derechos Humanos y director general de Política Multilateral.

Fue designado como viceministro de Relaciones exteriores en 2007 y como coordinador para la Presidencia y Secretaría temporal de la Comunidad Andina. Se ha desempeñado como embajador de Ecuador en Sudáfrica, en Namibia y en Mozambique.

Antes de ser designado como ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Lenín Moreno, era representante permanente del Ecuador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington D.C., Estados Unidos.

Ha sido docente en el área de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), como profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y como profesor de Organismos Internacionales y de Pensamiento Político de la Pontificia Universidad Católica de Quito (PUCE).

El oleoducto que amenaza a San José de Wisuyá

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Una mañana de noviembre de 2015, uno de los taitas (mayores en su idioma) de la comunidad siona de San José de Wisuyá, en la provincia de Sucumbíos, escuchó ruidos extraños en la selva no muy lejos de su casa. Cuando fue a ver qué pasaba, encontró una cuadrilla de obreros y maquinaria desbrozando el bosque para hacer una vía de acceso.“Estaba todo tumbado cerca de su casa. No le dijeron nada”, dice uno de los dirigentes de la comunidad, ubicada en la ribera ecuatoriana del Putumayo, el río amazónico que separa a Ecuador de Colombia.

Los trabajadores no le dieron explicaciones pero ese descubrimiento se convertiría en el inicio del reclamo siona contra las compañías petroleras Amerisur Resources (británica que opera en Colombia) y PetroAmazonas (estatal ecuatoriana de exploración y explotación) a las que acusan de daños ambientales que tienen, incluso, consecuencias espirituales. Más de dos años después de que los Siona denunciaran la violación de su territorio, ni el Ministerio del Ambiente ni la Defensoría del Pueblo del Ecuador han resuelto su caso.

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Amerisur Resources es una empresa británica que opera en Colombia desde 2003. Uno de los campos que explota se llama Platanillo y se ubica en el departamento del Putumayo, limítrofe con el Ecuador y con una larga historia de violencia armada. Según María Espinosa, defensora de Derechos Humanos y asesora legal de los Siona en su reclamo, inicialmente Amerisur sacaba el crudo de Platanillo en tanqueros hacia instalaciones de bombeo en los municipios de Mocoa y Neiva en Colombia. Cada despacho hacia Mocoa significaba un recorrido hacia el norte de más de 150 kilómetros. Si el destino era Neiva, el viaje superaba los 400 kilómetros.

Una fuente que pidió mantener la reserva de su identidad, dice que eran viajes difíciles: para pasar, los tanqueros debían pagar una ‘vacuna’ —el impuesto paraestatal que cobran los grupos armados colombianos para mantener una convivencia relativamente pacífica en las zonas en las que operan—. Con el tiempo, las ‘vacunas’ se encarecieron y, según la fuente que pidió anonimato, cuando Amerisur se negó a pagarlas, varios tanqueros fueron incendiados. Contactada por para confirmar esta versión, Amerisur Resources nunca contestó.

San José de Wisuyá

Un Oleoducto de PetroAmazonas que cruza el río San Miguel en camino a Wisuyá. Fotografía de Mateo Barriga Salazar

Espinosa dice que, además, esa forma de transporte “no era rentable debido a la insuficiente capacidad de los tanqueros y de los tanques de almacenamiento”. Fue entonces cuando Amerisur tuvo una idea: le propuso a PetroAmazonas construir un oleoducto que cruzara por debajo del río Putumayo, emergiera del lado ecuatoriano y bombeara su crudo por la red de distribución del Ecuador.

“Las tuberías ecuatorianas están aprovechadas en un 70 %”, dice Espinosa. Según el convenio que firmaron ambas empresas el 11 de junio de 2015, la tubería sería una ampliación de la Red de Oleoductos del Distrito Amazónico (RODA) que opera PetroAmazonas. Amerisur la construiría a ambos lados de la frontera, y se la entregaría a PetroAmazonas en el lado ecuatoriano. El crudo extraído en Platanillo por la compañía británica llegaría a la estación Lago Agrio, central del Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) o a la estación Amazonas del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Por el uso del RODA, Amerisur le pagaría a PetroAmazonas una tarifa de 1,09 dólares por cada barril de petróleo.

Era una solución más rentable que seguir embarcando el crudo en tanqueros o construir una tubería dentro de los límites colombianos. “Debido a los actores armados no había condiciones en Colombia para la construcción del oleoducto. Era más rentable para la empresa cruzar de forma subterránea por el río Putumayo, salir a tierra por el lado ecuatoriano y trasladar la producción al Ecuador”, dice Espinosa.

En el convenio entre ambas empresas, PetroAmazonas asumía como su obligación “las relaciones con las comunidades locales”. Debía, además, conseguir todas las licencias que la legislación ecuatoriana le exigiera,  entre ellas, la licencia ambiental —el permiso que el Ministerio de Ambiente otorga previo a la ejecución de cualquier proyecto para prevenir, mitigar o corregir los efectos ambientales imprevistos que se produjeran.

El día en que el taita encontró a los trabajadores de Amerisur tumbando árboles ancestrales y adentrándose en el territorio que los Siona consideran sagrado, la construcción del oleoducto no tenía ese permiso.

derrame en la frontera norte

Darwin Rodríguez de la comunidad Wisuyá inspecciona aceite derramado por las maquinarias de la empresas PetroAmazonas y Amerisur durante la construcción del oleoducto. 14 de diciembre 2015. Fotografía de Alonso Aguinda.

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Amerisur nunca contestó los pedidos  para una entrevista. Tampoco lo hizo PetroAmazonas. Dice María Espinosa que el argumento de la petrolera británica es que el terreno donde emerge la tubería no le pertenece a la comunidad y que tendrían la autorización privada del dueño del terreno. “Ahí hay una gran discusión. La comunidad no tiene un título de propiedad como tal porque nadie en la zona lo tiene”. Según comenta, al ser una zona de frontera hay una serie de limitaciones y en 2010, sin consulta previa, el territorio siona fue incluido en un bosque protector llamado Triángulo de Cuembí. Las comunidades Siona y también Kichwa asentadas en la zona, se oponen a este tipo de declaratorias porque interfieren con sus prácticas culturales ancestrales. Según la Federación de Organizaciones de la Nacionalidad Kichwa de Sucumbíos (Fonakise), esta declaratoria limitaría “las actividades tradicionales que las comunidades indígenas realizan en sus territorios”.

Espinosa dice que, a pesar de que no existe una delimitación formal, “sus límites están trazados y acordados con las comunidades vecinas. Existe el plan de vida del pueblo Siona que delimita cartográficamente el territorio”. Según ella, Amerisur habría conseguido una autorización para el proyecto por parte de la comunidad de Chíparos,  vecina de San José de Wisuyá. En Chíparos viven mestizos, kichwas y algunas familias siona desplazadas por la violencia del lado colombiano. Con esa autorización, dice Espinosa, la petrolera británica entró al territorio Siona, algo para lo que no tenía permiso. “Quienes entregan los permisos son personas mestizas que limitan con el territorio ancestral Siona”.

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Para obtener una licencia ambiental hay que presentar un estudio de impacto ambiental. Y para aprobar el estudio de impacto ambiental hay que pasar, por mandato de la Constitución del Ecuador, por un proceso de consulta previa. Esa consulta previa es el derecho de “las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas a ser informadas y consultadas en un plazo razonable, sobre planes y programas de prospección, explotación y comercialización de recursos no renovables que se encuentren en sus tierras y que puedan afectarles ambiental o culturalmente; participar en los beneficios que esos proyectos reporten y recibir indemnizaciones por los perjuicios sociales, culturales y ambientales que les causen”.

Cuando vieron su bosque talado, los Siona presentaron una denuncia en el Ministerio del Ambiente, que abrió un expediente por la tala ilegal. El 15 de marzo de 2016, Jorge Salazar, técnico de la Dirección Provincial de Sucumbíos del Ministerio, hizo una inspección en el territorio indígena de la comunidad San José de Wisuyá para determinar si existía la tala de bosque nativo denunciada. El propósito de la visita era levantar información de las condiciones ambientales del lugar afectado, evaluar el cumplimiento de las normas ambientales y elaborar un informe que conocerían los afectados (los Siona) y el sujeto de control (PetroAmazonas).

Un mes después, Salazar presentó el informe 0209-2016 con ocho conclusiones, en las que encontró incumplimientos a las normativas ambientales vigentes. “El proyecto ‘Ampliación del Roda para la Evacuación de Crudo desde el Campo Platanillo hasta la Estación VHR Bloque 58’, no cuenta con licencia ambiental otorgada por el Ministerio del Ambiente”. PetroAmazonas admitiría el 24 de mayo de 2016 ante la Defensoría del Pueblo —una de las dependencias ante las cuales los Siona denunciaron la incursión en su territorio— que la consulta previa se había hecho recién entre el 23 de noviembre de 2015 y el 22 de enero de 2016, cuando ya el oleoducto estaba en construcción. En abril de ese último año, la tubería comenzó a bombear el crudo de un lado de la frontera a otro.  

Dos años más tarde, en mayo de 2018,  mediante un oficio el Ministerio del Ambiente confirmó  que solo hasta el 29 de enero de 2016 se había aprobado el estudio de impacto ambiental de la ampliación del RODA. Tras esa aprobación y según la comunicación, se otorgó “mediante resolución No. 31-SUIA del 4 de febrero del 2016 la Licencia Ambiental para la Evacuación de crudo desde el Campo Platanillo hasta la Estación VHR Bloque 58, ubicado en la provincia de Sucumbíos”.

Otra de las conclusiones de la inspección de Salazar era que se había removido un área de 3000 metros cuadrados de bosque primario dentro del territorio comunidad de San José de Wisuya. El informe además advertía de la alteración del paisaje por la “implantación de infraestructura ajenas al entorno”.

Dicho reporte fue impugnado por PetroAmazonas y elevado a la sede nacional del Ministerio del Ambiente, en Quito. Ahí reposa en alguna gaveta burocrática, pendiente de resolución. Sin embargo, esta decisión podría estar un poco más cerca: el 23 de mayo de este año, una delegación de San José de Wisuyá se reunió con el subsecretario de Calidad Ambiental, Jorge Jurado.

Sentados en una mesa con forma de U, Jurado —un hombre de voz gruesa y barba marxista— escuchó a los Siona. Además del subsecretario, estaban en la sala Jéssica Coronel Carvajal, directora Forestal, y los responsables jurídicos del Ministerio, encargados —por delegación del ministro— de resolver de forma definitiva el caso. Una cámara filmaba la conversación.

Los dirigentes de la comunidad y Espinosa expusieron su denuncia y su queja por la demora en una solución. Según Espinosa, Amerisur ha dicho que remedió el daño causado al talar el bosque mediante una reforestación, pero que su supuesta remediación era inefectiva: de las 150 especies que plantaron en la reforestación, el 70% no eran endémicas de la zona. Además, “no se corresponden con las condiciones inmateriales y el valor espiritual” de las que fueron deforestadas. Los Siona dijeron que la petrolera nunca les consultó cuáles especies debía plantar. Para ellos, el daño ha sido doble.

Los funcionarios jurídicos del Ministerio explicaron que había dos procesos contra PetroAmazonas por violaciones ambientales en territorio siona: uno por tala ilegal y otro por violación a normas de calidad ambiental. Los dos tienen ya resoluciones de primera instancia. En el primero, la petrolera fue condenada a pagar una multa insignificante de 40 dólares por talar ilegalmente y, además, 9000 dólares por costos de reparación. En el otro, PetroAmazonas había sido condenada a pagar 73 000 dólares en multas. Ambos expedientes están apelados por la petrolera.

Los funcionarios explicaron, también, que la compañía se había acogido a lo que llamaron un “licenciamiento expost”, es decir, una licencia después de iniciadas las obras. María Espinosa interrumpió la exposición de una de las abogadas del Ministerio para preguntarle si se abriría un proceso por haber iniciado una obra sin licencia ambiental. La abogada le dijo que solo se podía juzgar si existía un daño.

La conversación se enmarañó en un ir y venir de argumentos legales y técnicos. Espinosa decía que era ilógico empezar una obra sin licencia ambiental, conseguirla después y salir impune; que el solo hecho de iniciar un proyecto sin cumplir con este requisito debía ser sancionado. Las funcionarias argumentaban que solo podían actuar con base en las denuncias existentes pero que se podía abrir una investigación para determinar por qué los funcionarios de esa época no habían actuado con mayor celeridad. El subsecretario Jurado zanjó la confrontación diciendo que lo que decía Espinosa tenía sentido, y que espera que los dos expedientes apelados se resuelvan en los próximos 15 días. Desde entonces, el reloj no ha detenido su marcha.  

amerisur resources

Darwin Rodríguez muestra una mata de yagé que fue destruida por la obra de PetroAmazonas y Amerisur. 14 de diciembre 2015. Fotogrfía de Alonso Aguinda.

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A inicios de 2016, además de recurrir al Ministerio de Ambiente, los Siona acudieron a la Defensoría del Pueblo para que los patrocinara legalmente en su reclamo contra las petroleras. La Defensoría del Pueblo es —según su Misión— la institución que promueve y protege “los derechos de las personas, comunidades, pueblos, nacionalidades y colectivos que habitan en el país, de las ecuatorianas y ecuatorianos en el exterior, y los Derechos de la Naturaleza”.

Sin embargo, María Espinosa dice que eso no se cumplió en el caso de San José de Wisuyá: “la Defensoría del Pueblo de Lago Agrio no atendió la denuncia. La comunidad se vio obligada a trasladar su queja a Quito, ante la Defensoría nacional que es la que ha llevado el trámite durante más de dos años”. Según dice, el trámite ante la Defensoría del Pueblo en Quito tampoco ha prosperado. “Es un expediente grande porque nosotros hemos solicitado varias diligencias y pedido varios documentos”, argumenta. En octubre de 2017 la Defensoría les dijo que era importante contar con un informe antropológico que demostrara los daños, “pero nos dijo que no tenía plata para hacer el informe, que si la comunidad podía cubrir el perito podía hacerse. Afortundamente, la comunidad lo pagó y el informe se entregó hace un mes”.

El 3 de mayo de 2018, la Defensoría del Pueblo cambió de titular: salió Ramiro Rivadeneira y fue reemplazado por Gina Benavides, una respetada activista de Derechos Humanos. Relevaron también algunos funcionarios. Todo este revolcón se debe a uno de los cambios implementados por el Consejo de Participación Ciudadana transitorio del Ecuador, un organismo creado por aprobación de la Consulta Popular del 4 de febrero de 2018.

En esa consulta Ecuador votó a favor de las siete preguntas propuestas por el presidente Lenín Moreno. Una de ellas, quizá la más polémica de todas, buscaba destituir al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), el organismo que designa a las autoridades de los órganos de control del Ecuador. El anterior Consejo había sido criticado por organizaciones de la sociedad civil y ciertos actores políticos por nombrar para esos cargos a personas cercanas al partido de gobierno, Alianza País, entonces liderado por el presidente Rafael Correa; lo que ponía en duda su independencia. Con la aprobación de la Consulta, el anterior CPCCS fue cesado y el nuevo entró en funciones sin perder tiempo: una de sus decisiones fue evaluar y destituir a Ramiro Rivadeneira por considerar que había incumplido sus obligaciones como Defensor.

Después del agitado cambio, la nueva defensora, Gina Benavides, trajo un nuevo equipo de trabajo y 15 días más tarde los Siona estaban sentados en la Defensoría del Pueblo, en Quito. Se reunieron con el defensor adjunto de Derechos Humanos y de la Naturaleza, Francisco Hurtado Caicedo, a quien le dijeron que el pueblo Siona vivía “en abandono estatal”.  Hurtado les pidió disculpas en nombre de la entidad y dijo que, en este caso, la institución no había cumplido con su deber desde 2015. También aseguró que habrá reparaciones y que estas debían ser formuladas por el propio pueblo Siona, “el único que puede expresar y evaluar los daños”.

Las reuniones que los Siona tuvieron con la Defensoría del Pueblo y con el Ministerio del Ambiente en mayo de 2018 son esperanzadoras, pero aún no hay resultados concretos.

guardia San José de Wisuyá

El Taita Humberto Piaguaje realiza una limpia a un miembro de la guardia indígena después de una ceremonia de yagé en San José de Wisuyá en marzo del 2018. Los Taitas brindan protección espiritual a la guardia. Fotografía de Mateo Barriga Salazar.

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Retomando el informe de Jorge Salazar, técnico de la Dirección Provincial de Sucumbíos del Ministerio del Ambiente, este dio cuenta del que es, quizá, el mayor daño inmaterial que habrían sufrido los Siona: se talaron plantas de uso medicinal “según las prácticas culturales de la comunidad San José de Wisuyá”.

Los Siona, como muchas otras nacionalidades indígenas que viven en el Ecuador, han compaginado la autoridad ancestral con la política. La primera la ejercen los mayores de las comunidades, y la segunda está en manos de autoridades electas que sirven de vínculo con el Estado.

Los mayores guían con sus saberes ancestrales a las autoridades políticas. Por eso, el daño causado por el oleoducto transfronterizo excede lo ambiental. Las petroleras acabaron con plantas que se utilizan para preparar una infusión medicinal con la planta de yagé (o ayahuasca). “Cuando tomamos el sagrado yagé es para mirar y darnos cuenta”, explica el taita Pablo Manihuaje, máxima autoridad de San José de Wisuyá. “Entonces, por ejemplo, tenemos un gobernador al que nosotros le damos una limpieza y un conocimiento más para que vaya protegido, para que tenga buena energía, para que hable bien de lo que necesitamos en nuestra vida, en nuestro territorio”.

Manihuaje también asegura que el ruido de las máquinas interfiere en sus ritos. “Necesitamos silencio para concentrarnos y que nuestros espíritus se vayan caminando por el espacio, recorriendo el territorio, dándose cuenta de cómo está. Así adquirimos el conocimiento de lo que hay, de lo que hubo, de nuestra riqueza, nuestros animales, nuestra pesca, nuestros ríos y nuestras semillas para poderle servir a la humanidad”.

Además, los trabajos de Amerisur habrían contaminado una fuente de agua que utilizaban para preparar el yagé, la cual, al parecer habrían taponado con desechos de la construcción del oleoducto. “Ahora baja un agua sucia, que produce una medicina defectuosa”, dice uno de los dirigentes de la comunidad. “Esto impide que los taitas puedan tomar el yagé.  Cuando el agua está contaminada no hay visiones, nos quedamos en la oscuridad. Nos cortan la energía del sagrado remedio”.

San José de Wisuyá

Ya han pasado dos años desde esa contaminación. Dos años en que el taita Felinto Piaguaje no ha podido preparar ni beber el yagé sagrado. Dos años en que el reclamo Siona se ha perdido en los vericuetos de las marañas burocráticas. Dos años sin respuestas del Ministerio de Ambiente, ni de la Defensoría del Pueblo, ni de las compañías AmeriSur y PetroAmazonas. Por ahora están corriendo los 15 días que el subsecretario Jurado dio para que se resuelvan los dos expedientes en el Ministerio de Ambiente.

Sin embargo, aunque se resolvieran en ese plazo y los dictámenes ministeriales fuesen favorables a los Siona, las petroleras podrían impugnarlos ante una Corte y luego tener recursos jurídicos extraordinarios. La espera de los Siona por una reparación definitiva al daño que denuncian podría tardar aún mucho más.


*Este artículo fue publicado originalmente en Mongabay Latam

Claves para entender las denuncias de secuestro hechas por Fernando Balda

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El caso Balda se refiere al secuestro en Colombia del exasambleísta Fernando Balda el 13 de agosto de 2012. Balda vivía en Colombia desde 2009, cuando había salido de Ecuador, huyendo de un proceso legal por injurias calumniosas graves y por atentar contra la seguridad del Estado. Los demandantes eran el entonces presidente Rafael Correa y Óscar Herrera, exdirector de la Unidad Técnica de Seguros, a quien Balda acusó de tráfico de influencias por supuestamente adjudicar irregularmente un bróker de seguros.

Según la información entregada por la Fiscalía de Colombia, en mayo de ese año, en el hotel Las Lomas de Bogotá, Balda había conocido a otros tres ecuatorianos: Luis Chicaiza, Wilson Jarrín y Daniela Gaibor.  El primero se acreditó como miembro de una ONG y los otros dos como parte de un movimiento político de oposición a Correa. Los tres decían que iban a participar en el evento de la Fundación Internacionalismo Democrático presidida por Álvaro Uribe, expresidente colombiano. Dos meses después, varios hombres y un policía disfrazado hicieron un primer intento para deportar a Balda hacia Ecuador, pero como su estancia en Colombia estaba en regla, la deportación no se concretó.

La misma documentación de la fiscalía colombiana, explica que casi un mes más tarde —13 de agosto de 2012, cerca de las 7:40 de la noche— Balda se habría despedido de Luis Chicaiza y mientras caminaba por una calle del barrio Cedritos, en el norte de Bogotá, fue interceptado por una camioneta en la que cuatro hombres y una mujer lo subieron a la fuerza. Mientras esto ocurría un taxista que fue testigo del suceso, llamó a la policía y a otros taxista que emprendieron una persecución que impidió el secuestro de Fernando Balda. Tras la persecución los secuestradores escaparon, pero abandonaron la camioneta y a Balda.

Durante las investigaciones posteriores las autoridades encontraron huellas digitales en el vehículo, con las que pudieron detener a uno de los secuestradores en Puerto Tejada —un departamento del Cauca, a 301 kilómetros de Bogotá—, el detenido (cuyo nombre no ha sido publicado) aceptó ante las autoridades de la Fiscalía de Colombia haber sido parte del intento de secuestro. En sus declaraciones dijo que el 10 de agosto de 2012, tres días antes del secuestro, recibió una llamada de un cabo del Ejército (cuyo nombre no ha sido publicado) de Colombia que estaba asignado a una unidad en el Meta —el cabo era su amigo desde la infancia y fue retirado del ejército el 12 de septiembre de 2012, desde entonces no se sabe nada de él— que le dijo que fuera a Bogotá para hacer “una vuelta” que consistía en secuestrar a una persona y llevarla hasta Ipiales. El detenido iba a recibir 30 millones de pesos (aproximadamente 10 500 dólares) por el secuestro.

La Fiscalía colombiana logró determinar que en este intento de secuestro también participaron agentes de inteligencia ecuatorianos, cuando rastrearon el origen de la camioneta en la que se quiso llevar a cabo el secuestro. Este había sido rentado por Luis Raúl Chicaiza, que también apareció en las grabaciones de las cámaras de seguridad del hotel Capital acompañado del cabo del ejército colombiano. La Fiscalía colombiana solicitó información sobre Luis Chicaiza, pero las autoridades ecuatorianas informaron que era un sargento activo de la Policía de ese país que en ese momento era parte de la Dirección General de Inteligencia de Ecuador.

Colombia logró determinar también que al menos diez agentes ecuatorianos estuvieron en el evento en el que Balda y Chicaiza se conocieron, entre ellos estuvo Stalin Scoto, un exintegrante de la inteligencia ecuatoriana —el capitán de inteligencia de la Policía ecuatoriano fue retirado del servicio cuando se vio involucrado en un intento de secuestro del ministro Patricio Acosta en 2005, cuando Lucio Gutiérrez aún era presidente—. De acuerdo a una investigación publicada por la revista Vanguardia los tres agentes detenidos —Diana Falcón, Jorge Espinoza y Luis Chicaiza— habrían recibido dinero de las cuentas de la policiales. Chicaiza habría recibido dos cheques a su nombre en la cuenta de la Dirección de Inteligencia, del Banco del Pacífico, el primer cheque fue de 10 000 dólares y el segundo de 11 280 dólares.

UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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Migrante

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La migración es un fenómeno creciente que es muchas veces magnificado y poco entendido. En los países desarrollados, ha servido para que tendencias nacionalistas y conservadoras lleguen al poder: Donald Trump ganó la presidencia con un discurso abiertamente xenófobo y está buscando cambiar las leyes para reducir el número de gente que puede entrar a Estados Unidos. En el Reino Unido, la inmigración fue una de las razones primordiales para que triunfara el Brexit. Varios partidos de extrema derecha en Europa han levantado sus campañas casi exclusivamente sobre el rechazo a los inmigrantes.  El tema se ha convertido en tal plataforma retórica que incluso en un país de baja inmigración como Hungría, Viktor Orban se reeligió prometiendo parar una invasión de inmigrantes (que nunca ocurrió). En América Latina y en el Ecuador, también se ha convertido en un tema central: los inmigrantes son, en muchos casos, discriminados, asociados al delito y explotados laboralmente. En países donde la gente considera que hay demasiados inmigrantes, casi siempre suele exagerarse la cifra lo que lleva a conclusiones erróneas.

En el mundo hay 258 millones de inmigrantes —según la Organización Internacional de la Migración (OIM), esto representa el 3,4% del total de la humanidad y están desproporcionadamente concentrados en pocos países: el 50% está en solo diez países.

Las cifras de inmigración tienen problemas: el estatus  de muchos de ellos no es legal y, por ende, las estadísticas podrían estar por debajo del número real. Además, los criterios para catalogar a alguien como inmigrante no son iguales en todos los países: por ejemplo, algunos incluyen a estudiantes y otros no. Además, los inmigrantes muchas veces se mueven de país en país como pasa con los refugiados o con el éxodo masivo de Venezuela. Y aun así, las cifras de la OIM son las más precisas que hay.

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Cuando miramos el top 10, el ranking varía si se lo cuenta en términos proporcionales a la población de cada país: 7 de los 10 países con mayor proporción de inmigrantes están en Medio Oriente. Cuatro de las cinco primeras naciones son todas economías ricas del Golfo Pérsico con poca población más Líbano —que acoge una cantidad enorme de refugiados palestinos y ahora sirios.

cifras de la migración

Fuente Organización Mundial de Migraciones

Paradójicamente, los países con mayor proporción de inmigrantes no parecen tener el debate sobre si son bienvenidos o no. ¿Por qué? Porque en los países del Golfo Pérsico, estos inmigrantes no son ciudadanos, y normalmente su estatus es el de trabajadores temporales con pocos derechos, aunque llevan viviendo décadas ahí.

Por el contrario, países como Canadá, Australia o Suiza han desarrollado sistemas de inmigración exitosos que permiten a los inmigrantes adaptarse rápidamente a su sociedad, al mismo tiempo que contribuyen a las sociedades locales. Resulta llamativo que en Australia o Canadá —que tienen el doble de inmigrantes en proporción que Francia o Reino Unido—, los partidos de extrema derecha tienen menos respaldo: la inmigración no tiene por qué ser un problema si se hace de manera ordenada, ayudando al migrante a entender la sociedad en la que vive y adaptarse a ella, y al mismo tiempo resaltando el impacto positivo que tienen en la economía y sociedad receptoras.

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Latinoamérica ha sido históricamente una productora de emigrantes —sobre todo desde México y Centroamérica. Al 2017, el número de inmigrantes en la región es un poco más de 8 millones: un 1,3% del total de la población de la región, por debajo de la media mundial. Este número esconde grandes diferencias: mientras en Costa Rica los inmigrantes representan más de un 8%, en Brasil, Colombia o Perú estos no pasan de un 0,4%.

              

migración en América Latina

Fuente Organización Mundial de Migraciones

                    

Argentina es el país con más inmigrantes, más de 2 millones, provenientes sobre todo de Bolivia, Paraguay y Perú. Le sigue Venezuela que históricamente había recibido una gran cantidad, sobre todo de colombianos, pero ahora ese flujo está cambiando y son los venezolanos quienes dejan su país. Las dos economías más grandes de Latinoamérica tienen llamativos bajos niveles de inmigración: en México menos del 1%, y en Brasil, el 0,4%

En Ecuador  viven casi 400 mil inmigrantes: un 2,4% de la población. La cifra nos ubica en el séptimo lugar de la región. El porcentaje nos pone por arriba del promedio regional. Según la OIM en Ecuador viven más extranjeros que en Colombia y Perú juntos, aunque esto quizás no recoja la reciente oleada migratoria de venezolanos a todos estos países.

En parte, esto se explica por la dolarización: en el 2000 Ecuador contaba con apenas 151 mil inmigrantes. En los diecisiete años en que tenemos el dólar como moneda oficial llegaron casi 250 mil personas. Este incremento se observa también en la remesas enviadas desde Ecuador hacia el exterior, en el 2017: salieron $357 millones principalmente hacia Colombia, Perú, China y, de manera creciente, Venezuela.

remesas migración

Fuente: Organización Mundial de Migraciones y Banco Central del Ecuador

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La migración es una gran oportunidad. En los países desarrollados donde se han hecho estudios sobre el impacto económico de los inmigrantes, los resultados son siempre positivos: es gente joven, en edad de trabajar, que utiliza los servicios públicos en menor medida que la población local.

Además, hay que considerar que en 2017, según la Naciones Unidas, 25 países vieron su población reducirse: Japón, Italia, Portugal, Grecia y buena parte de Europa del Este. Otros doce tuvieron crecimientos positivos pero muy cercanos a cero: Rusia, España o Cuba, por ejemplo. Estas presiones demográficas pueden ser resueltas con inmigración, siempre que se lo haga ordenadamente y potenciando los efectos positivos que esta trae.

En los próximos años, casi de seguro, veremos subir el porcentaje de inmigrantes: ese 3,4% va a crecer. El rol de los gobiernos es evitar que esto genere conflictos o reacciones hostiles en los países que los acogen, y al mismo tiempo sacar el máximo provecho del talento y potencial de la gente que llega.

Cristiano Ronaldo, el humilde

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Hace unos años, en el salón de juegos del club de fútbol Sporting de Lisboa, un chico se pasaba el tiempo apuntando con un dardo al centro de un tablero. Los adolescentes que compartían la sala se divertían a su alrededor con el futbolín y la mesa de ping-pong. Él tenía doce años y una cara de estreñido, el ceño fruncido y los labios apretados: le daba rabia fallar. El director de la escuela, Aurelio Pereira, aún recuerda esa cara de enfadado. La misma de cuando le ganaban en ping-pong, la misma de cuando lo derrotaban en billar. El gesto irritado de un niño que no se permitía perder. Semana tras semana, el chico insistía en lanzar el dardo al centro del blanco. El ojo calibrando la puntería certera. El pulso firme y el ángulo preciso del antebrazo. El envión justo y balanceado. Hasta que un día se volvió casi infalible. Pereira, su primer maestro, a quien el ex alumno visita cada vez que pasa por Lisboa, descubrió en este acto su perfil obsesivo. Todos eran trabajadores. A ningún otro chico le importaba perder a la hora del descanso. Salvo a Cristiano Ronaldo.

Los fans de Ronaldo en redes sociales son un país casi veinte veces más poblado que Portugal. Es el atleta más activo en internet y un pionero en los contratos publicitarios que incluyen redes sociales. Gracias a la marca de champú Clear, que lo auspicia, los fans de Ronaldo podían elegir el próximo peinado de su ídolo. Estos contratos, según Forbes, lo convierten en el segundo futbolista que más ha ganado en el mundo después de David Beckham: recibió noventa y tres millones de dólares en 2017.

Como Beckham, Ronaldo es vanidoso. Se repeina con gel y posa en los partidos cuando la cámara lo enfoca. El delantero inglés Wayne Rooney bromeó diciendo que instalaron espejos más grandes en el vestuario del Manchester United cuando el portugués llegó al equipo, procedente del Sporting de Lisboa.

Cristirano Ronaldo

Los ingleses lo apodaron ‘Cocky Ronaldo’, algo así como fanfarrón. Fotografía de Maxisports/depositphotos.

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Aurelio Pereira detiene el auto cada vez que divisa en el camino a niños jugando fútbol. La obsesión del maestro de Ronaldo, Figo y Nani es educar talentos. Hoy es el coordinador de reclutamiento del Sporting Clube de Portugal y dice que su trabajo es encargarse de dar confianza a los chicos que llegan al equipo.

El Sporting no es el club más rico de Portugal. Ni el que despierta las mayores pasiones. En un país que divide su corazón entre el Benfica de Lisboa y el Porto de Oporto, el Sporting es el equipo tímido que gradúa estrellas directo a los mejores clubes de Europa. En su escuela, considerada una de las mejores del mundo, se entrenan, estudian y duermen chicos de todo Portugal.

Algunos dicen que su arma secreta es Aurelio Pereira, un lisboeta que habla con calma y camina resuelto. En sesenta y cinco años, las entradas han ampliado su frente y enmarcado sus ojos azules.  Cuando conoció a Ronaldo, este era un chiquillo desnutrido. Después de seis años bajo su tutela, el Manchester United pagó quince millones de euros por su alumno, que apenas era mayor de edad. De allí Ronaldo pasaría al Real Madrid a cambio de la mayor cifra jamás pagada por un futbolista.

El niño despeinado que cuando debía descansar de jugar contra los demás competía contra sí mismo frente a un tablero de dardos, se convirtió en un joven de cabellera engominada que hoy no se avergüenza de decir que es el mejor jugador de fútbol del planeta. Un futbolista excepcional con fama de arrogante.

Aurelio Pereira —como tantos en Portugal— no entiende por qué ven al chico al que educó durante años como un arrogante. Fuera de Portugal no caen bien las declaraciones autosuficientes de Cristiano Ronaldo, ni su falta de timidez para declarar que se merece los premios que ha ganado.  Pereira no se explica por qué le reprochan la pose, la mirada, el peinado, la ropa, las respuestas cuando le preguntan por él mismo, la obsesión por ganarlo todo. «Al contrario de lo que se piensa, es un chico extremadamente humano», dice Pereira.

Paulo Cardoso también fue profesor de Ronaldo. Era el técnico del equipo infantil del Sporting. Hoy también rechaza la idea de que CR7 sea arrogante. De los primeros tiempos de Ronaldo en el Sporting, cuenta que cada día se preguntaba: «¿Cómo educamos a alguien así? ¿Diciéndole que es igual a los otros?». Dice que entendió que esa fórmula no funcionaría. «No podemos esperar que quien desde niño es considerado el mejor, no tenga autoconfianza o una autoestima altísima. ¿Para qué la falsa modestia?». Pereira dice que su labor con los chicos es enseñarles a respetar y a nunca despreciar a los otros. Porque eso no es de portugueses. En el Sporting, Pereira y Cardoso exigieron a Cristiano Ronaldo más desde que era chico y condujeron su carácter obsesivo a la búsqueda de la perfección.

La ilusión de Aurelio Pereira era ser maestro de primaria. Sus padres, preocupados porque tuviera un buen salario, lo empujaron a una carrera técnica. El fútbol lo devolvió a su vocación. Tras cada jornada de trabajo, se ponía la camiseta de entrenador y preparaba a los chicos de su barrio. Después volvió al Sporting, donde había jugado a los catorce años, y como su director técnico llevó al equipo a ganar el campeonato portugués en los años noventa.

Mientras Cristiano Ronaldo vivió en Lisboa, Pereira fue su maestro. El Míster —como se llama en Portugal a los directores técnicos— tiene un modo de estar tan calmo como su voz. Su bigote se curva con una sonrisa mientras muestra en su teléfono celular los mensajes de texto que intercambia con sus discípulos. Es un día de verano de 2012, en Portugal el fútbol está de vacaciones y toda la hinchada está atenta a la Eurocopa en Ucrania y Polonia. Mientras camina frente a las canchas de la Academia del Sporting, Aurelio Pereira se ajusta los lentes y muestra uno de los últimos mensajes recibidos. Es de su ex alumno Silvestre Varela, seleccionado de Portugal, que le escribió desde Ucrania después de anotar el gol que definió el partido. En un país de diez millones de habitantes, Pereira es el único entrenador al que diez de los convocados portugueses a la Eurocopa 2012 han llamado Míster.

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Cristiano Ronaldo tenía la libertad de un niño de la calle, de esos que roban fruta del árbol del vecino, escalan muros, juegan pelota en el camino hasta que es hora de dormir. Con su madre trabajando el día entero como cocinera, él y sus tres hermanos estaban casi solos.

CR7 iba a la escuela en Funchal, la capital de Madeira —un archipiélago portugués más cerca de Marruecos que de Europa—, y después salía a jugar fútbol con sus primos y también con los amigos de su hermano Hugo, diez años mayor. Quizás ahí fue construyendo su estilo de correr: bien estirado, como para parecer más alto.  En la cancha hay jugadores que corren como desesperados. Otros lo hacen con gesto aburrido. Cristiano Ronaldo avanza erguido, con la columna vertebral alargada hacia el cielo, y brazos y piernas se difuminan con la velocidad. Mientras la pelota está entre sus pies, es imposible mirar a otro lado. Cuando Cristiano Ronaldo corre, es el pavo real más veloz del mundo.

El número 7 del Real Madrid terminaría un maratón en el minuto setenta y cinco de un partido de fútbol si lo corriera a la misma velocidad con que driblea en la cancha. Sobre un césped y rodeado de defensas, según la revista alemana Der Spiegel, en 2012 el jugador alcanzaba los 33.6 kilómetros por hora. Cinco años después, su velocidad seguía siendo la misma, según la BBC.

¿Es Cristiano Ronaldo arrogante?

Cristiano Ronaldo en un partido de la Liga Española contra el Valencia en febrero de 2017. Fotografía de LevanteMedia/depositphotos.

Con ese estilo de correr llegó en 1997 a probarse en la cancha del Sporting. Los entrenadores de divisiones menores, Paulo Cardoso y Osvaldo Silva, vieron a un chiquillo flaco y débil en cuyo cuerpo no se adivinaba al atleta de 1.85 metros de altura y ochenta kilos de peso en que se convertiría. Pero cuando la pelota llegó a sus pies, la cancha se convirtió en su autopista. Era una premonición: hoy ese terreno lo cruza el Eje Norte-Sur, la vía rápida que atraviesa Lisboa. «Comenzó a fintar a los otros a una velocidad increíble. Miré a Osvaldo Silva. Él me miró. Y nos preguntamos: ‘¿Qué es eso?’», recuerda Cardoso, un cuarentón jovial con las primeras canas asomando entre sus cabellos negros. Al final de la práctica, los adolescentes rodearon al recién llegado y le preguntaron quién era.

El chico veloz que corría erguido tenía once años y —según el primer documento del club que menciona a Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro— era un «jugador con un talento fuera-de-serie, técnicamente muy evolucionado. Se destaca su capacidad de drible en movimiento o parado».

Al día siguiente de aquella primera prueba lo citaron en una cancha mayor, porque se había corrido la voz de un prodigio. Ése fue el día en que Aurelio Pereira vio a su discípulo por primera vez. Era su segunda prueba y jugaba de nuevo con adolescentes. Uno de ellos lo marcaba con insistencia y se le pegaba a la espalda. Él detuvo el balón y le dijo: «Oye, chico, ten calma». Pereira recuerda que eso le pareció una gran muestra de carácter. También que pensó que nunca habían tenido un alumno tan joven de interno en la escuela. Los chicos llegaban a los catorce o quince. Con un informe, el maestro convenció al director financiero de aceptar la propuesta del Nacional de Madeira, donde jugaba Ronaldo: cambiarlo por los cuatrocientos cincuenta mil escudos de la época —unos veinticinco mil euros de hoy—, que debían al Sporting. Nunca habían pagado tanto por un niño.

Meses después, Cristiano Ronaldo se mudó a Lisboa. Había cambiado la libertad de las calles de Funchal por los horarios de una academia.  «Pronto nos dimos cuenta de que necesitaba de cariño, de apoyo. Estaba lejos de su mamá y el ambiente le era totalmente extraño», dice Cardoso. Lloraba todas las noches y se dormía junto al balón como si éste fuera su peluche. Era un niño de doce años que compartía habitación con muchachos de quince. En Portugal continental, quienes llegan desde los archipiélagos son vistos como gente cerrada. Los isleños tienen una coraza.

Así apareció Cristiano Ronaldo ante los ojos de los otros. Bruno Militão, quien en aquella época también corría detrás de la pelota en las categorías infantiles, recuerda a un chico a quien sus contrincantes gastaban bromas por su fuerte acento madeirense, un portugués cerrado, con labios que casi no se despegan. Al final de aquella primera temporada, Cristiano Ronaldo ganó todos los premios de Mejor Jugador en todos los campeonatos. Con los años, Militão lo vio dejar la timidez, convertirse en un bromista y despojarse de aquello que no lo dejaba encajar: empezó a hablar como un lisboeta. Sus maestros describen a Cristiano Ronaldo como un niño tímido que aprendió a abrirse, un chico querido por sus compañeros y un alumno humilde pero insatisfecho.

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Dicen que Maradona no se despegaba nunca de la pelota, ni aunque la práctica no incluyera balones. Del basquetbolista yugoslavo Drazen Petrovic, sus entrenadores decían que no lo sacaban de la sala de entrenamiento ni con un fusil. Al niño Cristiano Ronaldo solían encontrarlo de noche medio escondido en el gimnasio del Sporting haciendo amagues con el balón, llevando dos pesas en cada pie. Más de una década después, el Wall Street Journal contó las horas que había jugado en un año y declaró a Ronaldo como el deportista que más trabaja.

En 2010 su obsesión por la perfección fue tema de un comercial. «Yo no pierdo en nada», decía para promocionar las tasas de interés del Banco Espirito Santo. Las imágenes se abrían con Ronaldo que lanzaba un dardo y acertaba en el centro del tablero. No era un truco de cámara. El chico al que Aurelio Pereira vio fallar docenas de veces tirando dardos en su tiempo libre ahora es capaz de ensartar sin dificultad un tiro al blanco para un comercial donde bastarían sólo su rostro y su voz.

Al final de uno de los partidos de la Eurocopa 2012, Bruno Prata, un conocido periodista portugués, pidió un psicólogo para Cristiano Ronaldo. «Cuando esté menos obcecado con las victorias, con los goles y con él mismo, todo será más fácil», escribió. Volvió sobre un punto común en las críticas locales al delantero: su exagerada obsesión por ganar. Unos días después, la selección nacional perdería las semifinales en tanda de penales frente a España. La llegada de Portugal a la final de esta Eurocopa se frustró cuando uno de sus jugadores falló el cuarto tiro penal. Cristiano Ronaldo, el siguiente portugués en la lista, no alcanzó a patear.

Fue un golpe para alguien que a los veintiún años había declarado que estaba dispuesto a todo para ganar. Algunos periodistas creyeron que Ronaldo se había reservado a propósito el último lugar en la lista para patear los penales, y lo interpretaron como un calculado acto de vanidad: para ellos, CR7 había especulado con anotar el gol para salir en las fotos de la llegada de Portugal a la final. Pero el entrenador portugués, Paulo Bento, declararía que él había decidido mucho antes el orden de los pateadores de penales.

Además de su obsesión por triunfar, la prensa local había acusado a Ronaldo de nunca jugar bien en los partidos importantes. Se decía que no sabía jugar en las Eurocopas, que tampoco funcionaba en los Mundiales, que no jugaba en equipo, que no aparecía cuando se le necesitaba, que solo servía para jugar por el club que le pagaba el sueldo, que no hacía nada en la selección porque ahí no ganaba millones. En el repechaje para la Copa del Mundo 2014 no se escucharon esas críticas. Ronaldo anotó todos los goles y fue el capitán que la prensa deportiva portuguesa había pedido durante años.

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Fuera de su país, Ronaldo se ha hecho fama de antipático. La prensa china lo llamó egoísta y arrogante por ser apático en sus respuestas y poner cara de aburrido. Los ingleses le llaman ‘Cocky Ronaldo’, algo así como fanfarrón. Algunos jugadores brasileños suelen bailar después de anotar un gol, y ese hábito es considerado un rito celebratorio. Pero cuando Cristiano Ronaldo bailó con su compañero brasileño Marcelo la canción «Ai se eu te pego», los españoles tomaron su festejo como una muestra de arrogancia. En España hay equipos que se quejan de que, cuando el Real Madrid va ganando, CR7 hace pases sin mirar y toda suerte de piruetas de exhibición que no haría si el partido estuviera empatado.

Aún en sus momentos más críticos, la prensa de Portugal ha acusado de todo a CR7, excepto de arrogante. Pero arrogante no es una palabra desterrada del vocabulario portugués. Según el Priberam, el diccionario de la lengua portuguesa, es arrogânte quien desprecia al oponente. Así llamaron a Drogba, cuando dijo que estaba «temblando de miedo» porque el oponente de su Chelsea en la Liga de Campeones era el Benfica de Lisboa. En la liga local, también se ha hablado de la arrogancia de Hulk, el brasileño que fue figura del Porto, quien se mostraba como un superhéroe, no hacía pases a nadie y fue acusado de golpear a un guardián del estadio del Benfica.

Mohamed Alí afirmó que no existía arrogancia si la podías sostener. El doctor House dijo que la arrogancia debía ser ganada. A Ronaldo lo llaman arrogante porque está convencido de que es extraordinario. «En este momento —dijo cuando le preguntaron quién era mejor jugador, si Messi o él— creo que soy yo». El Real Madrid acababa de ganar la Liga española de 2012. Ronaldo no estaba solo en su convicción. Durante la Eurocopa disputada ese mismo año en Polonia y Ucrania, Santiago Segurola, del diario español Marca, escribió que Ronaldo le recordaba al Maradona del Mundial de 1986. En la misma fecha, el propio Maradona declaró al Times of India que Cristiano y Messi eran los mejores jugadores del mundo, y que a Ronaldo deberían hacerle una estatua en el centro de Lisboa. Una idea nada compatible con el discreto espíritu portugués, donde el mayor ídolo del fútbol, Eusebio, se ganó en vida una modesta estatua en una de las entradas del estadio del Benfica.

CR7 en Portugal.

Durante mucho tiempo, la prensa portuguesa criticó el desempeño de Ronaldo con la selección de su país. Fotografía de jenta/depositphotos.

Casi nada en Cristiano Ronaldo es discreto. Sus goles de cabeza son publicidades para champú. Cualquiera gesto suyo de frustración en el campo es cinematográfico. Durante temporadas pareció que escogía prendas apretadas con colores que lo hicieran resaltar entre la multitud: rosas, celestes, rojos y gamas fosforescentes. En un comercial de Nike, donde aparece junto a otros futbolistas, su papel es hacer de sí mismo: entrena en el gimnasio, busca en el vestuario una camiseta tamaño infantil y después sale a la cancha con pose de modelo y ombligo al aire.

Ronaldo es capaz de burlarse de su propia fama de vanidoso. Pero él sabe que no siempre fue vanidoso. También lo sabe su mejor amigo, Fábio Ferreira, un ex jugador que hoy atiende mesas en un restaurante en el sur de Portugal y que fue su compañero en los primeros años del Sporting de Lisboa. Hay una foto de 1998 del equipo donde Ferreira abraza a un niño despeinado y bajito que aprieta la boca y cierra los ojos. Casi todos son más altos que ese niño. y sonríen con la boca abierta, hinchan el pecho adornado con el escudo del león, ensayan poses de crack. Todos menos Ronaldo, el único de aquella promoción que se convertiría en estrella. El único al que en ese entonces molestaban por su acento isleño. El mismo que todavía hoy visita a Ferreira en Portugal y que pide la aprobación de su madre para sus novias. El profesor Cardoso dice ahora que una prueba de la humildad de Ronaldo es que cuando regresa a Lisboa prefiere reunirse con sus viejos amigos y buscar a sus antiguos maestros antes que juntarse con el jet set de la capital.

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Al futbolista al que una marca de champú le pagaba por cambiarse de peinado para cada partido le gusta conservar en su vida a la gente que lo critica. «Me alegro de cada vez que me jalaron de las orejas —dijo en la televisión española—. Si no fuera por mis primeros profesores, no sería el jugador que soy ahora». Saber perder es una materia poco explorada en el fútbol. El entrenador colombiano Francisco Maturana repite que «perder es ganar un poco». El español Luis Aragonés, dijo alguna vez que en el fútbol «hay que ganar y ganar y ganar y volver a ganar y ganar y ganar». Guardiola sentenció: «El miedo a perder es la razón fundamental para competir bien».

Al futbolista mejor pagado siempre le ha dolido perder, aunque fuera una convocatoria. En el tramo final de un campeonato juvenil de inicios de siglo XXI, el Sporting de Lisboa viajaba a Madeira. Ronaldo contaba los días para jugar frente a su familia. Era la primera vez que competiría allí. Leyó la convocatoria cuatro veces, pero no se encontró en la lista. Se puso a llorar. Cuando fue a reclamar, Aurelio Pereira le explicó que era la consecuencia de una indisciplina en el colegio. El Míster lo dejó en Lisboa, castigado.

A ningún entrenador le gusta ver perder a su equipo, pero Pereira prefirió arriesgar algunos puntos por la estrella ausente que la disciplina de sus jugadores. Esa vez, el niño que hoy es dueño de un segundo Balón de Oro le dijo que entendía. Ronaldo dice hoy que es una de las lecciones más valiosas que le han dado.

Durante años, Cristiano Ronaldo ha sido visto como un ícono de la arrogancia. Su porte al correr es una postal decorativa. Los cinco pasos que retrocede antes de patear un tiro son una escena teatral. La forma que tiene de apretar los labios es su sello de insatisfacción. A fines de junio de 2012, Cristiano Ronaldo quiso darle un regalo a su hijo, que cumplía dos años. Después de anotar de cabeza el gol que puso a Portugal en las semifinales de la Eurocopa, salió corriendo hacia un extremo de la cancha, rodeado por sus compañeros, que reían y lo abrazaban. Después, corrió hacia la cámara de televisión gritando «¡Para ti, para ti!» y mandó un beso con las dos manos. En Twitter, en seguida aparecieron los mensajes rabiosos de quienes creyeron leer en sus labios un «Messi, Messi», igual que el cántico que le dedican las tribunas adversarias.

Leo Messi es una lección pendiente para Ronaldo. Desde que las barras de los equipos adversarios descubrieron que cantarle ese nombre lo molesta más que citar a su madre y a su nacionalidad, el argentino se le aparece en todas las canchas.

John Carlin, un periodista inglés que escribe de política y deporte, dice que el Ronaldo que juega en la Liga española es ejemplo de un chico humilde y buena persona. En especial por los insultos que aguanta desde las gradas. En 2011, le preguntaron a Ronaldo por qué las barras le silbaban y le dedicaban el cántico ‘Messi, Messi’. «Yo creo que por ser rico, por ser guapo, por ser un gran jugador las personas tienen envidia de mí. No tengo otra explicación». Acababa de salir de un partido y tenía tres puntos recién cosidos en el pie. Era un mal día y dijo lo que pensaba.

En la Eurocopa 2012, la barra de Dinamarca le cantó ‘Messi, Messi’ cada vez que tocaba la bola o erraba un gol. Al final, le preguntaron por los cánticos. «¿Saben dónde estaba Messi a estas alturas en Copa América? ¡Eliminado, en su país! ¿No es peor?», contestó. Después de ese partido, los lusitanos hicieron un voto de silencio con la prensa que quebraron al llegar a semifinales. En Colombia, a Messi le preguntaron por el comentario de Ronaldo. «No tengo nada que decir sobre él», zanjó el argentino.

En 2012, Aurelio Pereira viajó a Madrid, donde Cristiano Ronaldo lo recibiría en su casa. En estos años el Míster se ha vuelto amigo de la madre del jugador y, como en las primeras épocas, sigue pendiente de CR7. El maestro se sigue preocupando por él, como cuando le dieron la banda de capitán siendo todavía demasiado joven.

En esa visita a España, Ronaldo y Pereira se sentaron a conversar varias horas. Charlaron sobre una preocupación compartida: hacía más de diez años que el Sporting no salía campeón en Portugal. Si Pereira repite un elogio sobre Ronaldo es sobre su capacidad de escuchar. También hablaron sobre Messi. El argentino se había convertido en su gran rival, en el obstáculo por vencer. En 2007, cuando el brasileño Kaká ganó el FIFA World Player y Messi fue segundo, Ronaldo quedaría en tercer lugar, frustrado como cuando los dardos de su infancia no llegaban al blanco. Al año siguiente acertó: se ganó el Balón de Oro y el FIFA World Player, dejando otra vez a Messi de segundo. En los años posteriores, el jugador del Barcelona ganaría cuatro veces el Balón de Oro. Durante su visita a Madrid, el Míster le dijo a Ronaldo que Messi era bueno para él. «Si no tuvieras un jugador con quién competir, podrías adormecerte. Hoy te despiertas con un objetivo. Messi es tu desafío permanente». El alumno estuvo de acuerdo. El maestro Pereira había dado una última lección.

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La prensa portuguesa ya no le cuestiona a Cristiano Ronaldo sus actuaciones en la selección. Se elogia su liderazgo, su generosidad en la cancha, el respeto que inspira a sus compañeros. Ronaldo ha dejado de vestir colores escandalosos y de cambiar de novia cada verano. Se convirtió en el padre de familia que recoge a su hijo mayor, Cristiano Jr, en la puerta de la escuela, que lleva a la piscina a sus gemelos Mateo y Eva, que arrulla a su bebé Alana Martina y que no suelta la mano de su novia, la modelo Georgina Rodríguez.

En 2013 Cristiano Ronaldo lloró al ganar su segundo Balón de Oro. Sus lágrimas ocuparon las portadas de los diarios y recorrieron el mundo. Se dijo que el detonante fue ver a su madre llorar. El jugador del Barcelona Gerald Piqué dijo que las lágrimas de Ronaldo podían haber sorprendido al mundo, pero no a él: “Tiene esa fama de durillo, de estar por encima del bien y del mal, y fue bueno que le saliera esa reacción. Le importaba de verdad, había sufrido, y le salió”. Para Scott Moore, periodista deportivo inglés, CR7 “no es el hombre arrogante y el crack enmascarado que mucha gente imagina. Hace poco, ya mostró su carácter al proteger celosamente de los policías a un hincha que invadió el césped para abrazarlo”.

Entre sus agradecimientos al recibir el Balón de Oro 2013, Ronaldo recordó a Eusébio, el ídolo histórico del fútbol portugués, quien acababa de morir. Al día siguiente, el diario Público fue en busca de un psicólogo para que explicara el llanto de CR7, quien diagnosticó que eran lágrimas de alivio. Luego de recoger su trofeo, Cristiano Ronaldo dijo que se trataba de un premio especial, porque era la primera vez que su hijo lo veía recibirlo. Después de su consagración, en una entrevista con France Fotball, admitió que se había equivocado años atrás al declarar que le tenían envidia por ser rico, guapo y un gran jugador. Había vuelto a ser el chico de Madeira que, después de tantos esfuerzos, acertaba un dardo en el blanco.


***Esta historia se publicó originalmente en Etiqueta Negra 117

Claves para entender la elección de María Fernanda Espinoza en la ONU

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María Fernanda Espinosa nació en Salamanca, España, el 7 de septiembre de 1964, pero llegó muy pequeña a Quito, Ecuador. Allí realizó sus estudios primarios y secundarios. En la Pontificia Universidad Católica del Ecuador universidad obtuvo el título de licenciada en Lingüística Aplicada, tiene un postgrado en antropología y Ciencias Políticas y un master en en Ciencias Sociales y estudios amazónicos —ambos en la FLACSO de Ecuador— fue candidata a un PhD en Geografía Ambiental y un postdoctorado en el Centro de análisis crítico y cultura contemporánea ambos por la Universidad de Rutgers en New Jersey.

Su trayectoria política se remonta al 2007 cuando el expresidente de la república, Rafael Correa, la nombró ministra de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración, cargo que ocupó por 11 meses, para luego ser la asesora especial del presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta, —de diciembre de 2007 a febrero de 2008. Ese mismo año fue nombrada representante permanente de Ecuador ante la Organización de las Naciones Unidas. Más tarde, en el mismo gobierno, fue ministra Coordinadora de Patrimonio Humano desde 2009 hasta 2012. Al dejar esa entidad fue designada ministra de Defensa —fue la tercera mujer en dirigir el Ministerio de Defensa Nacional después de Guadalupe Larriva y Lorena Escudero—, dejó el cargo en 2014. En octubre de 2014, Espinosa fue nombrada representante permanente de Ecuador ante las Naciones Unidas en Ginebra, durante el mismo período en que Moreno estaba designado en esa ciudad como enviado especial del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas para discapacidad y accesibilidad. En el gobierno de Lenín Moreno, María Fernanda Espinosa fue designada canciller de la República, cargo en el que se ha mantenido durante un año. .

La canciller ecuatoriana también es poetisa. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1990 y ha publicado estas obras: Caymándote (1990), Tatuaje de selva (1992); Loba triste (2000), Antología (2005) y Geografías torturadas (2013). Espinosa ha sido parte de varias antologías y también ha ofrecido recitales de poesía en varias ciudades entre ellas están: Tarragona, Lausana, Basilea, Ginebra, Santiago de Chile y La Habana.

El martes 5 de junio de 2018 la canciller María Fernanda Espinosa, fue electa presidenta de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con 128 votos —de 192—, en una sesión que duró más de dos horas.

María Fernanda Espinosa compitió con la embajadora de Honduras, Mary Flores, por la presidencia de este organismo. La hondureña obtuvo 62 votos. Con eso, Espinosa obtuvo 32 votos más de los necesarios para obtener la mayoría simple. María Fernanda Espinosa asumirá el cargo a partir del mes de septiembre y será el relevo del eslovaco Miroslav Lajcak cuando empiece el septuagésimo tercer período de la Asamblea General de la ONU.

Si el pedido de juicio político contra Espinosa es admitido, la Asamblea Nacional podría censurarla y así inhabilitarla para ocupar cargos públicos y de recibir remuneraciones económicas del Estado por los próximos dos años. Sin embargo su elección como presidenta de la Asamblea General de la ONU no se vería afectada, ella solo tendría que responder por sus actos frente a la cancillería.

Gustavo Jalkh: “No me arrepiento de casi nada”

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Gustavo Jalkh se autodefine como académico y consultor pero hay un rasgo que revela su naturaleza política: le cuesta mucho encontrar errores en su gestión. Es una marca entre asambleístas, ministros, funcionarios locales y nacionales que, cuando uno les pregunta sobre arrepentimientos y errores, apenas puedan encontrar faltas menores —que podrían traslucir, incluso, como virtudes: exigir demasiado trabajo, alzar la voz, pedir demasiada celeridad. Pero Jalkh, un hombre alto, de rasgos duros y apariencia impecable, no esconde la falta de modestia; por el contrario, la identifica.

Son días complicados para Jalkh y sus compañeros del Consejo de la Judicatura, el órgano administrativo de la Función Judicial del Ecuador, señalado por los opositores de Rafael Correa como el brazo ejecutor del control e injerencia en las decisiones judiciales. Son acusaciones que han recogido la Asamblea y en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y que podrían terminar en su destitución.

Uno de los principales cuestionamientos en su contra ha sido su cercanía con el expresidente Rafael Correa. Es una crítica generalizada a quienes tuvieron roles en la Justicia, pues los ex fiscales Carlos Baca Mancheno y Galo Chiriboga fueron, también, colaboradores o parte del círculo cercano del expresidente antes de irse a administrar justicia. ¿No ve usted una falta de independencia en ello?

No, no es falta de independencia. Eso se llama prejuicios de quienes llegan a esas conclusiones, y si son opiniones no hay ningún problema —pero a la hora de juzgar a alguien no se le puede juzgar por prejuicios, sino por sus acciones concretas. La Justicia siempre está un poco en el ojo del huracán, siempre es cuestionada, porque hay gente que gana y que pierde juicios, entonces las partes procesales tienen sus opiniones en función de esos resultados.

Yendo más a los hechos, el Consejo de la Judicatura no administra justicia, no emite sentencias, administra el sistema de justicia y quienes emiten las sentencias son los jueces. Lo que se quiere controlar, se supone, es que los jueces lleven el proceso de una manera determinada. [Si no lo hiciesen], eso se evidenciaría en los elementos concretos que demostrarían que juzgó a alguien por fuera del Derecho, sin pruebas, etcétera.

Y esos derechos pueden ser reivindicados en otra instancia judicial e incluso fuera del país y habrá que demostrar si es que alguien interfirió ahí para hablar de falta de independencia. Si alguien no juzgó en Derecho, si alguien interfirió, eso hay que probarlo.

No se puede llegar a esa conclusión por una percepción u otra. En el sistema de justicia actual, más allá de sus eficiencias mucho mejores que en el pasado, los políticos, los actores procesales, han ganado y han perdido juicios, como ocurre en cualquier sistema judicial.

¿A qué se refiere?

Si vamos a casos concretos: Mery Zamora fue declarada inocente y era una persona muy activa en la oposición al gobierno del presidente Correa. El señor Salvador Quishpe: dos procesos penales por peculado le fueron anulados. A Manuela Picq, el Estado quería su deportación y se negó su deportación. El coronel Carrión fue declarado inocente y, claro, también se perdieron juicios que el gobierno más o menos quería que se ganen. El gobierno ganó y perdió juicios, y en los que ganó y perdió habría que probar si hubo algún tipo de incidencia de unos o de otros. Los jueces lo que hicieron fue resolver de acuerdo a su conciencia y de acuerdo a los méritos procesales.

Pero así mismo, en el caso del expresidente, él ganó casi todos los juicios.

No, no sé si ganó todos. No sé a cuáles se refiere.

Contra El Universo, por ejemplo.

Ah bueno, yo no estaba aquí en ese momento. Yo llegué en el año 2013, y siempre hago estas precisiones porque se está hablando de mi gestión. En todo caso, cada caso tendrá sus lógicas y los jueces tendrán sus razones para decidir. Si alguien tiene pruebas de que ellos decidieron fuera de Derecho, hay acciones que se pueden tomar.

Pero estos intentos que se hacen desde la Asamblea y el Consejo de Participación Ciudadana para lograr su salida, ¿no legitiman estos cuestionamientos? Se trata de dos instituciones que coinciden en sus observaciones.

No legitiman. Las cosas se deciden por hechos, no por percepciones. El juicio político, aunque sea juicio político, tiene que ser objetivizado en una causal que se cumple o se incumple y hay pruebas de aquello. Hay algunas personas que me dicen: esto es político, aunque tú tengas la razón, esto es político. Yo he dicho: no, esa es la vieja política y la vieja concepción del juicio político. Incluso la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha reiterado en decir que esa visión de que porque es juicio político puede ser por cualquier cosa es del pasado.

En un juicio político se pueden violar derechos humanos, se puede violar el debido proceso, así que debe ser con pruebas objetivas. Todo juicio es la búsqueda de la verdad, un juicio político también busca la verdad y tiene que haber una causal que se concrete. La gente puede pensar cosas, puede tener ideas porque hay libertad de expresión y decir ‘hay o no independencia’, pero a la hora de juzgar a alguien tiene que haber pruebas de que se incumplió o no se incumplió.  

Gustavo Jalkh se enfrenta a dos procesos en el CPCCS y en la Asamblea Nacional, que podrían terminar con su destitución. Fotografía de Eliot Allaire para GK.

Claro pero aquí hay documentos que se presentan como parte de las pruebas del proceso de juicio político. Están las denuncias certificadas de los jueces destituidos según ellos, de manera arbitraria, apoyados en el error inexcusable. ¿Esas no son pruebas?

No, porque las hemos desvirtuado absolutamente todas. El error inexcusable es una figura disciplinaria de competencia del Consejo que no solo existe en Ecuador, ojo, existe en muchos países. El Consejo ha actuado correctamente con ese proceso y el día miércoles que estuvimos en la Asamblea, ahí sí, espacio amplio para defendernos, analizamos todos y cada uno de los casos de destitución de jueces.

Por cierto, ese es un órgano político e hicimos notar aquello y hablamos porque damos cuentas a la Asamblea pero si los afectados querían impugnar esos casos, tenían que ir al Tribunal Contencioso Administrativo. Muchos de esos casos ni siquiera fueron al Tribunal Contencioso Administrativo, otros sí y han terminado con ratificación de su sanción, y otros todavía están pendientes de que el Tribunal Contencioso Administrativo resuelva su situación.

El argumento de quienes deciden no apelar al Contencioso es que todo está “amarrado”, que usted es quien manda en la Justicia.

Nosotros también hemos perdido procesos. El Consejo ha restituido a una funcionaria, directora administrativa cuyo contrato terminó, puso un juicio, ganó y tuvo que volver. Eso es dentro del marco de la Ley. Nosotros tenemos mucho cuidado cuando aplicamos el error inexcusable, eso no es cualquier cosa: es cuando hay realmente un tema grave y burdo.

¿No es un tema ambiguo lo del error inexcusable?

No, mire que eso también es algo que se ha querido regar y que eso está prohibido por la Corte Interamericana. Las dos cosas son falsas. La primera, en mi opinión, y la segunda, objetivamente.

El error inexcusable no es cualquier cosa, el error inexcusable es la aplicación burda del Derecho, un error grosero, por eso se llama inexcusable, porque nadie lo puede justificar.

No entramos en el terreno que se llama jurisdiccional porque ahí sí entraríamos en el criterio del juez. El juez interpreta, el juez considera, el juez pondera, ve pruebas, conoce la Ley y le interpreta. Eso es terreno jurisdiccional y algunos dicen: con el error inexcusable se metieron en el criterio del juez. Falso. Ese es un ámbito disciplinario. [Lo que se juzga] es el error grosero en que una persona con la formación mínima en derecho lo entiende y no puede justificar su inaplicación.

Pongo de ejemplo un caso real. Un abuelo viola a su nieta por varios años, la madre finalmente decide denunciar luego de las amenazas de muerte que le hacía este señor. Se inicia un proceso judicial. En la mañana se da una audiencia porque solo en audiencia se puede dictar prisión preventiva. Se la dicta. La Ley dice que modificar esa prisión preventiva puede darse solamente en otra audiencia y solamente si no es un caso de muerte, violación o de sanciones superiores consideradas gravísimas. El juez, en la tarde, sin audiencia, en un delito de violación, levanta la prisión preventiva, algo que no podía hacer. Eso no lo puedes justificar y eso no es entrar en el criterio del juez. Eso es una violación de derechos, eso se llama error craso de derecho, error grosero de derecho. Esos son los tipos de caso del error inexcusable.

No hay nadie que nos haya puesto un ejemplo de otro tipo. Por eso en la Asamblea, creo que les quedó claro a los asambleístas: no pueden decir que el tema es político, ¿cuál caso es político? ¿En cuál caso hemos sancionado un juez por temas políticos?

¿Entonces bajo esa argumentación ni lo que dice la Asamblea ni lo que dice el CPCCS tiene asidero?

Así es, eso es correcto. La Asamblea, bueno no la Asamblea, los dos interpelantes.

Bueno pero no son solo dos interpelantes. Esto ya pasó por el CAL y la Comisión de Fiscalización.

Bueno pero el CAL analiza temas de forma y quizás el CAL no tenía posibilidad de saber que ahí había pruebas falsas.

¿Pruebas falsas? ¿Cuáles?

Un anexo a un informe de Contraloría que dice que supuestamente hay responsabilidades del pleno del Consejo de la Judicatura, pero que no las hay. Ese es un documento falso, un documento forjado. Nosotros hemos sacado las certificaciones en Contraloría General del Estado dicen que: uno, ese documento no lo puede tener nadie porque es un documento interno de Contraloría, y segundo, ese documento no corresponde al que nos han hecho llegar a través del juicio político. Hemos hecho además un estudio grafológico.

¿A través del juicio político les entregan otro documento que no corresponde al de la Contraloría General del Estado?

Sí. Exacto. Mira, hay varias causales que nos han interpuesto. La primera es que hemos incumplido nuestras funciones de acuerdo a un informe de la Contraloría en el cual se estaría responsabilizando al pleno del Consejo de la Judicatura del concurso de los fiscales.

Ahí tienes tres cosas: una cosa que se llama orden de trabajo, que es un papel en el que se le pide a alguien que trabaje. Tienes un informe: ese alguien trabaja y sacas un informe. Y tienes un tercer documento que se llama síntesis del informe. La orden de trabajo dice que hagan la auditoría de estos concursos.

En el informe se hacen comentarios iniciales del auditor, en esos dice que el pleno de la Judicatura hizo nombramientos que no corresponden al orden de puntos. Muy bien, eso es comentario inicial, pero luego la conclusión y los comentarios finales el auditor dice: por causa de que los directores de talento humano le pasan al pleno del Consejo informes que no correspondían a ese orden.

Tenemos un artículo 73 en la Ley [Orgánica de la Función Judicial] que dice que los informes que llegan al pleno son vinculantes, el pleno no los puede cambiar, si el pleno los cambia infringe la Ley. Los directores de recursos humanos han presentado recursos de revisión dentro de la Contraloría y pueden quedar a salvo de esas acusaciones.

¿O sea no está en firme?

Ni siquiera está en firme para ellos, peor para el Consejo. Y no hay ninguna conclusión. Y otra precisión, la Contraloría no critica el concurso. La Contraloría dice el concurso está bien, se genera un banco de elegibles y el manejo del banco es en el que dicen que hay irregularidades.

Los cambios en los puntajes.

Pasar nombres en diferente orden.

Que pase uno por encima de otro.

Exactamente. ¿Pero quién hizo ese informe? El Director de Talento Humano de la Fiscalía. También le ponen una responsabilidad a la Directora de Talento Humano de acá, que es una multa porque ella debió haber verificado, dicen, pero al pleno no porque me dicen que lo que se envía es vinculante, usted no lo puede cambiar.

La Ley quiere justamente garantizar que se respete el orden entonces nosotros no lo cambiamos, tampoco podíamos saber que hubo estos errores que ellos justifican. La Directora de Talento Humano del Consejo se está defendiendo porque si el auditor piensa que ella pudo haber hecho algo, puede ser que en su revisión le dé la razón a ella. Queda claro que no hay responsabilidades para el pleno.

Primera certificación que sacamos, la Contraloría nos dice: ustedes no tienen ninguna responsabilidad determinada en este estudio, tenga su certificación. Bueno, nosotros teníamos nuestra prueba, incluso la hicimos pública y vemos que incluso en la Asamblea insistían. En el expediente que nos hacen llegar encontramos seis fotocopias simples del tercer documento que decía que se llama síntesis del informe, ahí aparecen también multados los miembros del pleno del Consejo. Pedimos que nos certifiquen estas copias simples.

Jalkh sostiene que entre las pruebas para su juicio político hay un documento falso. Fotografía de Eliot Allaire para GK.

¿Copias simples de documentos que corresponden a la Contraloría?

Si, corresponden a la Contraloría, y la Contraloría nos dice que no nos puede certificar, que ese documento es un documento interno.

Pero aunque sea interno, el hecho de que exista, ¿no implica que hubo una multa?

No, no, porque entonces le decimos: entonces certifíqueme que estas copias simples corresponden a la versión que usted tiene internamente. Ok, no me dé copias certificadas de lo que no me puede dar, pero yo tengo esto que me mandó la Asamblea Nacional dentro de un juicio político, dígame si esto corresponde a lo que la Contraloría tiene. Y nos responde que no corresponde a lo que ellos tienen.

Entonces tenemos dos certificaciones: una que nos dice que no somos responsables, que no tenemos ninguna multa, ninguna responsabilidad; y otra en la que nos dicen en ese papel en el que ustedes aparecen no es el que tenemos nosotros. Conclusión: ese documento es falso. Hicimos un peritaje de firmas y el perito, que es un experto, establece que en no menos del 85% de posibilidades  ese documento es falso, la firma es falsa.

El director de Comunicación le corrige: la firma es falsa, dice. Jalkh lo repite:

La firma es falsa.

A ver, usted me dice que los interpelantes están utilizando un documento falso para llevarlo a usted a juicio político.

Sí. Nosotros ya mandamos esto a la Fiscalía. La Fiscalía tiene que investigar y determinar quién falsificó, y si hubo lo que se denomina uso doloso de documento falso.

Es gravísimo lo que usted está diciendo.

Así de grave. Ya hemos ido a la Asamblea, lo que te acabo de decir lo he dicho en la Asamblea, delante de los interpelantes y les hemos dejado el peritaje, hemos dejado la denuncia que pusimos ante la Fiscalía General.

Esto debe analizarse dentro de la Asamblea y generar algunas responsabilidades si no penales, por lo menos disciplinarias para los interpelantes. Y todas las otras causales fueron desvanecidas también. Y como es un hecho objetivo, en donde hemos tenido las posibilidades de defendernos objetivamente, yo creo que la Asamblea tiene elementos suficientes para archivar ese juicio político. En el otro caso es subjetivo, así que ahí no se sabe.

Vamos justo allá. En el caso del CPCCS. Como no hay acceso al informe, cuéntenos usted, ¿de qué lo acusan?

A nosotros nos mandaron un informe y nos dijeron que nos debemos defender en 30 minutos en audiencia pública y también enviar por escrito nuestros descargos. En la audiencia pública hemos defendido algunos de los aspectos que ahí se mencionan y que incluye este informe de Contraloría.

¿El CPCCS también se basa en el informe de la Contraloría?

Sí. También hablan de una supuesta mala elección de los fiscales provinciales y hemos enviado la información de que eso está correctamente hecho. Y nos anexaron unas 24 denuncias analizadas y unas 104 denuncias sin análisis pero que no tienen firma de responsabilidad, al menos la gran mayoría. Son simplemente denuncias.

Jalkh niega haber recibido alguna orden del ejecutivo durante la presidencia de Rafael Correa. Fotografía de Eliot Allaire para GK.

Claro, pero la normativa permite que las denuncias se hagan así.

Sí, pero no por una denuncia le puedes acusar a alguien, tienen que ser probadas.

Pero el CPCCS dice que ha investigado y que sí hay asidero en esas denuncias.

Sí, pero la verdad es que simplemente hacen resumen de las denuncias y concluyen que sí hay infracción.

Desde su perspectiva, ¿el CPCCS no está actuando bien?

Está actuando muy subjetivamente.

¿Y qué pasó con el reportaje que presentó la periodista Patricia Poleo donde usted intercambiaba mails con el exsecretario jurídico de la Presidencia, Alexis Mera,  la exministra de Justicia (actual asesora jurídica del Presidente Moreno) Johanna Pesántez, con el presidente Correa? Eso sí dejaba la sensación de que había injerencia en la justicia.

Yo estoy de acuerdo con lo que dices, de que se daba esa percepción, esa sensación de que miren cómo se intercambiaban correos, etcétera. También es parte del juicio político.

¿Cuántos correos me atribuyen a mí? Uno. Me atribuyen uno. No son los correos electrónicos, a mi me atribuyen uno. Segundo, ¿por qué lo sacaron en Miami? Porque saben que aquí publicar comunicación privada es un delito. No tienen ninguna cadena de custodia esos correos electrónicos y no tienen ningún valor legal, pero lo de fondo, ¿qué decía ese correo? No decía ninguna cosa de algún juicio en particular, ni que yo estoy poniendome de acuerdo con el Presidente Correa para que se haga tal cosa, no.

¿Pero no hay unas órdenes, pedidos que hace el secretario Mera?

No, no, esos correos electrónicos no tienen ningún valor legal.

Sí pero no es el valor legal lo que se discute, es el valor periodístico. Hay varias cosas que pueden no tener valor legal, pero sí periodístico

Yo le hablo de lo que a mí me atribuyen. De los otros, las personas sabrán si quieren comentar o no, es su derecho. Yo lo comento, tiene valor ilegal, no tienen ningún valor jurídico ni siquiera para juicio político. La Corte Interamericana lo ha dicho y la propia Comisión de Fiscalización también lo ha dicho que esas pruebas de origen ilegal no son válidas para un juicio político y la publicación de los mismos, es en sí mismo, la comisión de un delito.

Pero no dice nada sobre el arreglo de algún juicio, yo doy una opinión jurídica. Es un documento que no tuvo ninguna cadena de custodia, pudo ser editado. Y lo que simplemente dice es ‘yo estoy de acuerdo en que hay problemas en la Ley de Garantías Constitucionales, estoy de acuerdo que se la reforme porque en efecto hay abusos en las acciones de protección como en estos casos en los cuales hubo estos abusos, en los que se ha tenido que sancionar a funcionarios’.

Pero el hecho de que el Presidente de la Judicatura se intercambie mails con el Secretario Jurídico de la Presidencia, ¿no deja, al menos, la duda?

No tengo ningún mail con el Secretario Jurídico de la Presidencia.

¿A quién le respondía usted?

Ese correo electrónico, supuesto correo electrónico, es un supuesto correo electrónico al Presidente de la República, en el que le doy una opinión sobre una reforma legal.

Le insisto al Presidente del Consejo de la Judicatura si el correo es verdadero, pero él, sonriente, ignora la pregunta. Hace énfasis en que se trata de un ‘supuesto’ correo electrónico. Repite varias veces la palabra supuesto.

¿Pero es verdadero o no es verdadero?

Yo no puedo reconocer ese correo electrónico pero es uno el que se me atribuye, no como se dice: los correos electrónicos y que esos correos electrónicos prueban injerencia en la Justicia es falso. El que a mi me atribuyen es un correo en el que no se dice absolutamente nada. Pero no debería alarmarnos que haya comunicación entre funciones del Estado, cuántas veces han habido reuniones de trabajo en las que se ha hablado de temas interinstitucionales, necesarios.

El Presidente de la Judicatura cree que el CPCCS está actuando de manera subjetiva. Fotografía de Eliot Allaire para GK.

¿Alguna vez a usted alguien desde el ejecutivo le dio alguna orden de cómo se debería actuar, bien sea el entonces Presidente de la República, Rafael Correa, o el secretario Mera o cualquier otro funcionario del ejecutivo?

Hubieran recibido una respuesta categórica de mi parte.

¿Eso no pasó nunca?

Jamás. El presidente Correa jamás me ha pedido algo. Y puedo decir algo más, yo lo considero mi amigo pero es una amistad basada en valores y la relación política, pública e institucional siempre ha sido respetuosa de las competencias de cada uno. Si alguna persona pudo pensar otra cosa, yo respeto su pensamiento, pero siempre ha sido así. Y jamás se me ha pedido algo porque creo que me conocen suficientemente. La relación personal e institucional ha sido basada en valores.

El hecho de que haya un juicio político en la Asamblea y un proceso en el CPCCS se den ahora que ya no hay presidente Correa, no muestran que de alguna manera su sostén estaba en el respaldo de la figura que tuvo Correa durante su década de gobierno.

No, nosotros hemos actuado siempre en el marco de la Ley, hemos actuado en el marco de nuestras competencias. Sin duda pueden haber cambios en la política pero a la hora de tomar decisiones institucionales deben probarse los hechos.

El día anterior a la entrevista, Gustavo Jalkh y los nueve vocales del Consejo de la Judicatura habían sido llamados al pleno del CPCCS para presentar sus pruebas de descargo dentro del proceso de evaluación que hace la entidad. En la sesión, hubo un cruce de palabras entre el presidente del CPCCS, Julio César Trujillo y Gustavo Jalkh, que terminó con la salida de Jalkh del acto. Tras él, salieron el resto de vocales sin haber presentado sus descargos. El único que intervino antes del incidente fue Jalk.

¿Por qué usted y los otros vocales decidieron abandonar el pleno del CPCCS en la sesión en la que debían presentar sus descargos?

No es que se decidió abandonar en términos de que fue una decisión. Cómo se dieron los hechos: hemos llegado, yo he utilizado el escaso tiempo que me dieron para desarrollar la respuesta a una gran cantidad de información que también enviamos por escrito. Yo he terminado mi exposición, mi comparecencia, yo bien hubiera podido irme a mi despacho, a mi casa, pero me quedé escuchando a mis colegas en el público y de pronto el doctor Trujillo, que dirigía la sesión, no sé si alguien se lo dijo o él lo hizo, me dice que cambie de ubicación y que me ubique en el otro lado de la sala que me hubiera implicado cruzar la sala, pasar delante de mi compañera que estaba hablando, etcétera.

Yo inicialmente realmente pensé que era un tema de delicadeza y muy delicadamente le dije ‘Doctor, no se preocupe, yo estoy bien aquí porque estoy viendo cómo se desarrolla esto’. Incluso lo asumí como que no necesito un puesto de privilegio, estoy aquí con el público. Me sorprendió cuando me dijo usted no es ninguna autoridad así que venga ubicarse acá, entonces vi que el tono era agresivo y le dije ‘un poco de respeto, doctor yo estoy bien aquí, no se preocupe’.

Me insiste y ya que vi que el tono era agresivo le digo ‘doctor, dígame qué norma estoy infringiendo’, como uno tiene la formación jurídica también actúa desde ahí. Me dice ¡no me obligue a que actúe con la fuerza pública y lo reduzca al lugar que le corresponde’. Me parece ya una amenaza y le digo: ‘si se me falta al respeto voy a tener que irme’. Él me amenaza y yo me retiro.

Me retiro para evitar los incidentes que se estaban ya produciendo, barras que empezaban a gritar, a incidentar entonces para evitar un mayor incidente… Mi compañera ya fue interrumpida, yo salí. Los vocales vieron que no tenían un ambiente para defenderse y salieron después de la sala.

Tras su salida, en el pleno del CPCCS se dice que al retirarse, ustedes renuncian a su derecho a la defensa. Quizás excepto usted que fue el único que pudo presentar su exposición. Con esto, la decisión que se tomará el lunes podría ser que sean relevados de sus cargos y que al haber renunciado a su derecho a la defensa, renunciaron también a los tres días adicionales para impugnar esa decisión.

No, sería terrible una decisión de esa naturaleza porque primero, la defensa está compuesta de la parte escrita que ya se envió y de la parte oral que no se pudo realizar. Normalmente podría ocurrir que si una audiencia se suspende, se retome. Si es que esa fuese la decisión. Si la decisión es que han renunciado a la defensa, deberían contemplar al menos los descargos que están en el escrito y no decir ‘ah, no vamos a leer porque no se ha renunciado a la defensa’.

¿Al retirarse no lo están haciendo?

No, no, no. Y lo ha dicho uno de los vocales del CPCCS, el doctor Zavala Egas, si no estoy mal, puso un tuit en el que dice que la defensa no ha sido renunciada, ellos tienen argumentos escritos que hay que contemplar. Él es abogado, él sabe que no puede declarar a alguien en indefensión. Perdón el ejemplo pero si una persona es acusada, me invento, de ser responsable de un accidente de tránsito y en la audiencia, por alguna razón se va de la audiencia, le pueden sancionar si es que infringió alguna norma pero no le pueden juzgar en ausencia. Entonces el derecho a la defensa no te lo pueden quitar así no más y no es una renuncia a la defensa.

Usted ha hablado de un “oscuro interés para tomarse la Corte Nacional de Justicia”. ¿Quién está interesado en tomarse la Corte? ¿Por qué lo dice usted, qué lo hace pensar en esa posibilidad?

Yo hablé potencialmente en esto porque me parece muy grave lo que en una parte del análisis que hace esa unidad técnica se dice. Se dice que el Consejo de la Judicatura debió haber hecho una segunda evaluación para la renovación parcial de la Corte.

¿A cuál evaluación se refiere?

A la que se hace para los que salen, no para los que entran. La crítica es a los jueces que salen, aunque también hacen una a los que entran, sin dar nombres. Se dice que la transitoria 23 del régimen de transición de la Constitución del 2008 no se aplicó.

Eso es lo mismo que se dijo en 2004, que no se había aplicado una transitoria de la Constitución de 1998 y por eso destituyeron a la Corte Suprema y pusieron a la famosa Pichi Corte. Me llamó mucho la atención que años después, todavía en Ecuador haya políticos o algún técnico ahí, que diga que no se aplicó una transitoria de la Constitución de 2008.

Según esta afirmación, había que hacer una segunda evaluación para ver quiénes salían de la Corte. Lo real es que esta transitoria habla de una sola evaluación que determina los tres tercios, uno para que queden tres años, otro para que queden seis años y otro para que cumplan sus nueve años.

Se hizo esa evaluación, como dice esa transitoria, a los tres años, en 2014 si no estoy mal, y ahí se generaron los tres tercios, quedando, unos jueces del 1 al 7, otros del 7 al 14, otros del 14 al 21.

Del 14 al 21 salieron e ingresaron 7 en el proceso de renovación hace tres años. Tres años después, salió el tercio siguiente y entraron 7 nuevos, producto del concurso que terminó en enero pasado.

Dicen: debieron haber hecho una nueva evaluación ahora. El mismo doctor Rafael Oyarte —que es un consejero y asesor permanente del CPCCS— dice en su libro sobre derecho constitucional que él hubiera querido que haya dos, que le parece mal la norma, pero que lamentablemente hay una.

Yo también creo lo mismo, pero hay una. No me puedo inventar dos.

Si yo me invento una segunda evaluación, los primeros siete jueces me dirían por qué me está evaluando nuevamente si yo ya adquirí un derecho, y los otros siete siguientes nunca dijeron ‘oiga, evalúeme’. Entonces aparece un técnico ahí o alguien que internamente dice: hay que hacer otra evaluación. Pero si muchos constitucionalistas dicen que no es así y los propios directamente afectados jamás dijeron que era así, ¿por qué se trata de sembrar estas dudas y estas cosas?

Eso es generar un ambiente de desestabilización de la Corte Nacional de Justicia. Además se critica, y eso me parece aún más  grave, la paridad de género para entrar a la Corte Nacional de Justicia.

¿Qué quiere decir?

No es que se suben puntos, sino que tienes prelación para ser nombrada. Eso está en la Constitución, que se establecerán normas de paridad de género, con acciones afirmativas, que son justamente las de establecer prioridad para nombrar mujeres si es que hay menos mujeres en un rango de puntuación.

Bueno, pero el espíritu del cuestionamiento no es necesariamente que haya mujeres en la Corte. Hay otro tipo de cuestionamientos en el fondo.

Claro, no lo dicen así. Dicen, relegaron a dos hombres que querían entrar. Claro, tienen 7 puestos, allí la paridad de género sería 4-3; 3-4 porque es número impar, y el reglamento dice, hasta el número 21 se aplicará paridad de género. Si no hubiera ninguna mujer en los primeros 21 puestos, no entraba ninguna pero si hay mujeres en los 21 puestos, entran en la paridad hombre-mujer, hombre-mujer. Y es una norma reglamentaria que no es la primera vez que se aplica, es la tercera.

Y ahora resulta que está mal aplicada. ¿Entonces qué estás generando? ¿Decir que estuvo mal nombrada la Corte Nacional de Justicia? Para la evaluación de salida y para los que van a entrar, estás generando un ambiente.

El tiempo acordado de entrevista, media hora, ha sido superado y el director de comunicación ve una y otra vez la hora en el teléfono celular sin atreverse a interrumpir. Gustavo Jalkh no parece tener prisa. Se explaya en las explicaciones de temas que siente que domina. Entra en tecnicismos pero intenta hacerlos comprensibles para quien no es abogado.

Sé que estamos ya sobre el tiempo, hay un par de temas que no quisiera dejar fuera. Varios excolaboradores del gobierno de Rafael Correa consideran que ahora se los persigue políticamente. Con este escenario al que usted se está enfrentando, ¿considera que hay una persecusión política en su contra?

No, yo creo que los jueces deben responder a su conciencia, deben responder y decidir en Derecho, en debido proceso. Esa es la responsabilidad de los jueces.

El Consejo de la Judicatura no interviene ni intervendrá en ningún juicio y solo lo haremos en el campo de nuestra competencia si es que hay mérito para hacerlo con una queja bien fundada. Intervendríamos en la parte disciplinaria que nunca cambia las decisiones judiciales.

Lo que nosotros aspiramos y más en estos tiempos de procesos judiciales de altísimo perfil social y político, es que los jueces más que nunca estén a la altura de las circunstancias y decidir lo que tengan que decidir en función del Derecho.

Pero en su caso particular, la finalidad de estos dos procesos, tanto en la Asamblea como en el CPCCS sería su remoción, ¿cree que detrás de eso hay una voluntad política de que Gustavo Jalkh deje de ser el Presidente del Consejo de la Judicatura?

Me parece que hay un prejuicio de algunas personas que dicen ‘ah, es que él era el amigo de Correa entonces hay que sacarlo por eso’. Insisto, en ningún país democrático te sacan por ser amigo de nadie. En un país democrático te sacan por haber cumplido alguna causal; política no hay ninguna, y en la de evaluación tampoco la hay pero la evaluación es subjetiva.

¿Para usted no ha habido una demostración de que usted haya tenido injerencia en la Justicia?

No existe esa demostración porque no lo he hecho.

En la última parte de la entrevista, Gustavo Jalkh deja de lado su seriedad académica y se ríe con soltura. Le pregunto si hay errores en su gestión. Se ríe ruidosamente y responde:

No hay obra perfecta. Siempre se pueden haber cometido errores pero nunca se ha incumplido la Ley. Eso lo puedo decir categóricamente. Ahora, creo que hemos cometido pocos errores, discúlpame la inmodestia, por una razón, porque hemos planificado nuestro trabajo. Tuve 25 años de experiencia en reforma judicial, quizás por eso quiero justificar mi falta de modestia.

Ningún político reconoce sus errores. Suelo repetir esta pregunta y les cuesta mucho.

Es que estoy hablando desde el punto de vista técnico.

Pero algún error tiene que haber cometido. ¿O no?

Muchos.

Dígame uno.

Son menores. ¿Qué será pues? Alguna vez me puse bravo demasiado fuerte, me arrepiento de aquello. Haberle exigido demasiado trabajo a alguna gente, posiblemente. Haber ido demasiado rápido en algunas cosas y que alguna gente no lo haya entendido inicialmente. Pero casi que no me arrepiento de nada porque muchas cosas, incluso con ese costo que pueden tener, resultan ser las únicas maneras de llegar lo más rápidamente posible a los resultados.

¿Usted está satisfecho con los resultados de su gestión?

Yo estoy contento aunque no totalmente satisfecho porque creo que se hizo lo que se podía hacer en el tiempo que hemos tenido con los recursos que hemos dispuesto. Creo que lo hemos hecho muy rápido y bastante bien.

Eso nos ha permitido ubicar al Ecuador, de los últimos renglones de evaluación en la región sobre sistemas de justicia al primer puesto en Sudamérica y los primeros en la región. Entonces sí creo que hemos hecho cosas bastante bien, sí siento esa satisfacción, pero evidentemente hay mucho por hacer todavía.

¿Y está listo para irse bajo esta figura, bien sea de destitución o de remoción del cargo?

Un servidor público debe estar listo para irse desde el día que llega. Lo digo sinceramente. Esto es así, tiene muchas circunstancias pero tiene que servir al bien común todos los días que está aquí. Nosotros serviremos bajo esa perspectiva, hasta el último día. No nos aferramos a ningún cargo, no lo hemos hecho. No defendemos un cargo, lo que estamos defendiendo es la verdad y nuestro derecho de que se vean las cosas como son.

Pero la forma en la que se van, ¿no le incomoda?

En lo personal, no. Sinceramente. En lo personal, no. En lo institucional, sí, porque me parece que es bueno para las instituciones que los períodos se cumplan. Me parece que ese es un síntoma de democracia fuerte. Y si es que no hay causales, es aún peor, institucionalmente porque eso muestra que aún nos falta madurar como sociedad, como clase política y no deben ser las cosas hechas por revanchismos o por simpatías o antipatías.

A Gustavo Jalkh le cuesta encontrar errores durante su período de gestión. Fotografía de Eliot Allaire para GK.

¿Así se las está haciendo?

Sí, me parece que sí. Sobre todo en la parte de la evaluación del CPCCS. Ellos han adelantado criterio varias veces, eso ya es una violación flagrante al debido proceso, adelantar criterio. Hay animadversión.

La CIDH, en una de sus sentencias, dice que el juzgador o el evaluador no puede tener animadversión con el evaluado. Nos han dicho caterva de violadores permanentes de los derechos humanos, nos han dicho que hemos hecho concursos amañados. Ayer el doctor Pablo Dávila adelantó criterio una vez más y dijo que lo que yo había dicho ayer era falso. Por Dios, si cree eso, vaya a leer mis argumentos y dígalo el lunes. No ayer, porque demuestra animadversión y viola el debido proceso. Esas cosas, institucionalmente, sí me preocupan. En lo personal no, porque creo que hemos tenido tiempo de hacer muchas de las cosas que queríamos hacer.

Al no terminar su período de gestión, lo que quedará será su destitución y con eso el mensaje de que Gustavo Jalkh no hizo lo que debía hacer o Gustavo Jalkh metió las manos en la Justicia. ¿Eso no le preocupa?

Creo que todas las personas públicas también se preocupan de su imagen pero te soy sincero, siento una increíble serenidad que otorga el trabajo bien hecho, el ánimo de servir al bien común, el no aferrarse a ningún cargo. Creo que hemos hecho mucho bien a muchas personas. Valió la pena estar aquí. También hay muchas cosas que se pudieron hacer mejor, posiblemente pero hay un sentimiento de mucha tranquilidad, de mucha paz.

¿A qué se dedicará?

Buen punto. Yo he sido un académico toda la vida y también un consultor internacional así que es posible que nos dediquemos nuevamente a esas cosas.

¿No más política?

Uno nunca sabe y nunca hay que decir nunca.

El triunfo de Satya

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La mañana del 29 de mayo de 2018, Helen Bicknell y Nicola Rothon escucharon algo que en unos años será una obviedad pero que hoy es una decisión histórica: su hija Satya podía ser inscrita con los apellidos de ambas madres. Ese día, la Corte Constitucional del Ecuador —tras siete años de batalla legal— reconoció que el Registro Civil había vulnerado los derechos de Satya a tener una familia, una identidad y una nacionalidad, y ordenó a que la inscriba con los apellidos Bicknell y Rothon.

La lucha de la pareja británica comenzó en 2011. El 27 de diciembre de 2011 Nicola Rothon y Helen Bicknell fueron por primera vez al Registro Civil para inscribir a su hija Satya. Pero en esa oficina estatal, que maneja nacimientos, defunciones, estados civiles y filiaciones, les dijeron que la registrarían sólo con el apellido de su mamá biológica y que lo harían como madre soltera.

Desde ese instante hasta la semana pasada hubo audiencias privadas, audiencias públicas, insultos de ultraconservadores, marchas, fallos en su contra, apelaciones, amicus curiae, acciones extraordinarias —y trámites, muchos trámites.

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La pareja, que se casó en Inglaterra y tiene una unión de hecho en Ecuador, decidió luchar por el derecho de su hija de llevar sus dos apellidos. Pocas semanas después, el 10 de enero de 2012, las madres presentaron una solicitud al Director Nacional de Asesoría Jurídica del Registro Civil en ese sentido. La petición fue rechazada porque, dijo el funcionario, la legislación ecuatoriana no incluiría “la duplicidad de filiación materna”.

El 4 de mayo de 2012, Rothon y Bicknell, representadas por una abogada de la Defensoría del Pueblo, llevaron el caso ante una corte de justicia. La directora del Observatorio Derechos y Justicia, María Dolores Miño, explica que a raíz de esa respuesta, Nicola y Helen activaron un mecanismo constitucional: la acción de protección. “Les permitió demandar judicialmente al Registro Civil que, como autoridad pública en el ejercicio de sus potestades, había violado sus derechos. En este caso a la igualdad y no discriminación, y el derecho a la familia”.

La corte de primer nivel tampoco reconoció la doble maternidad. Las Bicknell Rothon apelaron la ante la Corte Provincial de Pichincha, que también le negó su derecho a Satya y confirmó la primera sentencia en agosto de 2012. En agosto de 2014, la pareja llevó el caso ante la Corte Constitucional en una acción extraordinaria de protección.

En esa ocasión, el Defensor del Pueblo, Ramiro Rivadeneira, declaró que la situación afectaba “al derecho primordial de la menor a tener una identificación”. Después de cuatro años, el 29 de mayo de 2018, la Corte Constitucional dio razón a las madres de Satya. Seis días después del fallo, el mundo no se ha ido por los sumideros del mal que anunciaban los agoreros del desastre.

Por el contrario, la sentencia —al tener efecto erga omnes, es decir, que establece las reglas para todos los casos, no solo para el que resolvió— ha ampliado el espectro de protección de los derechos de niños y niñas en el país. Es una de esas pocas jornadas en que la justicia ha triunfado en el Ecuador.

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Hoy, la victoria de Satya, su hermano Arundel, sus madres Nicola y Helen, es el triunfo de las libertades, de los derechos y la igualdad en el país. Cambia la manera en que está concebida la filiación. El decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad San Francisco de Quito, Farith Simon, dice que el fallo de la Corte plantea una transformación revolucionaria que se puede resumir en tres niveles.

El primer hecho concreto es el reconocimiento de la diversidad familiar. “Es difícil de medir en este momento y solo con el tiempo podremos verificar todas las consecuencias porque esta era una de las restricciones que, de manera permanente, se había establecido en el tema de la filiación de parejas del mismo sexo. Si bien la adopción está prohibida, en este caso la filiación no es adoptiva”. Simon se refiere a que la de las madres de Satya es una filiación biológica porque una es la donante del óvulo y la otra es la madre gestacional: en ambos se establecen vínculos de filiación.

El segundo cambio es sobre el derecho de padre y madre. Al aceptarse la doble maternidad, dice Simon, la relación de filiación que antes necesariamente era para un hombre, para una mujer, o para los dos juntos, ahora es también para dos mujeres. Sin embargo, explica el catedrático, esto no implica dificultades prácticas. “Una vez que está establecida la doble maternidad por filiación, los derechos y obligaciones son exactamente iguales para las personas con absoluta indiferencia de si son heterosexuales u homosexuales”.

Indistintamente de la orientación sexual de los padres, se generan derechos y deberes para parejas heterosexuales y homosexuales: crianza, guianza de la educación de los hijos, vinculación a la representación judicial y extrajudicial, usufructo de bienes, sucesión, parentesco, entre otros. Por ejemplo, el ejercicio de la patria potestad en parejas homosexuales debería ser exactamente el mismo que el de una pareja heterosexual: es un ejercicio conjunto de quienes tienen la filiación. En el caso de Satya, si la filiación está asignada a dos mujeres, las dos ejercen en condiciones de igualdad esa filiación.

La tercera transformación más relevante, según Simon, se relaciona con los métodos de reproducción asistida como la maternidad subrogada, la donación de óvulos, o la donación de material genético.

Estefanía Chávez, abogada de Surkuna —organización enfocada en garantizar derechos de mujeres—, coincide en que ahora es cuando se debe hablar de los derechos reproductivos de las parejas homosexuales. Dice que en el Código de Salud que está discutiéndose en la Asamblea “debería incorporarse una cláusula que hable sobre las técnicas de reproducción asistida, y cómo las personas, en el ejercicio de su autonomía, puedan acudir a este tipo de técnicas sin que sea discriminadas por su orientación sexual o su identidad de género”. El salto que han dado los derechos en el Ecuador es tan grande que solo podrá ser apreciado en su total dimensión con el correr del tiempo.

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La sentencia de la Corte Constitucional abre camino para que también se debatan otros derechos que las parejas homosexuales aún no tienen. “Como el matrimonio y a la adopción”, dice la abogada Chávez. La relación entre ambos derechos —los de filiación y los de matrimonio igualitario y adopción— está dada por la fundamentación de la Corte Constitucional de su fallo en el caso Satya en la Opinión Consultiva 24 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En ese documento, la Corte Interamericana detalla el alcance de los derechos humanos consagrados en la Convención sobre las personas LGBTI. Esta opinión, dice María Dolores Miño, aclara que no hay una justificación lógica para impedir que las parejas del mismo sexo se casen y ejerzan los derechos del ámbito de la familia sin discriminación. En enero de 2018, Miño escribía un ensayo breve en el que explicaba por qué la Opinión era fundamental para pavimentar el camino hacia la igualdad. “El 9 de enero de 2018 será recordado como el día en el que el mundo cambió (o al menos empezó a cambiar) hacia un lugar más justo y vivible para las personas LGBTI y sus familias.”

Ese día, la Corte reconoció el derecho a la identidad sexual, cambio de sexo, matrimonio y unión de hecho a las personas LGBTI, como parte del derecho a la igualdad y no discriminación. Cuatro meses después, Miño amplía su explicación de los alcances de la Opinión: “La OC 24 dice que todas las conjeturas, las críticas, las contraposiciones alrededor de esto parten de estereotipos, de ideas que pasan por lo moral y religioso, y no de normas relacionadas a los Derechos Humanos que deberían ser el principio rector de un Estado de Derecho”.

Como firmante de Convención y parte del Sistema Interamericano, el Ecuador tiene la obligación de cumplir con la orden de la Corte. Es una orden sensata, que garantiza que todas las personas gocen de los mismos derechos. Miño dice que la Corte Interamericana, en su Opinión de enero de 2018, advierte que si los Estados tienen una norma que contradiga su resolución, “tienen un tiempo para adecuar su legislación, pero hasta que lo adecúen igual tienen que cumplir con la disposición”. Parecen nuevos tiempos en el Ecuador: no solo ha ganado Satya, sino los miles de niños que podrán ser inscritos como hijos de sus padres o madres, y que podrán gozar del respeto y el estatus de quienes viven una ciudadanía plena, y no en esas mediocres y anacrónicas sociedades donde hay ciudadanos de segunda categoría.

Claves para entender el #CasoSatya

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¿Que resolvió la Corte Constitucional sobre el caso de Satya Bicknell-Rothon?

El miércoles 29 de mayo de 2018, la Corte Constitucional del Ecuador reconoció a Satya como hija de una pareja homoparental. La sentencia de la Corte permitirá que, tras seis años de disputa legal, las madres —Nicola Rothon y Helen Bicknell—  inscriban a su hija con sus apellidos. En 2011, el Registro Civil se había negado a inscribir a la menor de esa manera, alegando que solo podía registrar apellidos de padre y madre. Es la primera vez que en el Ecuador una niña será inscrita como hija de una pareja del mismo sexo.

¿Quien es Satya Bicknell-Rothon?

Satya Bicknell-Rothon es una niña ecuatoriano-británica. Nació el 8 de diciembre de 2011 en Ecuador y se convirtió en un símbolo de la lucha por la igualdad de derechos para la comunidad LGBTI en el país.

Su madre biológica, Nicola Rothon, y su pareja, Helen Bicknell, ciudadanas inglesas que viven en el Ecuador desde 2007, la concibieron a través de  inseminación artificial. El Estado sólo reconocía la maternidad de Nicola, pero sus madres querían que sea inscrita como hija de ambas.

 

¿Cómo fue el proceso legal?

El 27 de diciembre de 2011 Nicola Rothon y Helen Bicknell fueron por primera vez al Registro Civil para inscribir a su hija Satya. Pidieron que sea inscrita con los apellidos de las dos. Pero las autoridades del Registro  no reconocieron a las dos mujeres como madres de la niña. La pareja, que se casó en Inglaterra y tiene una unión de hecho en Ecuador, decidió luchar por el derecho de su hija de llevar sus dos apellidos.

Pocas semanas después, el 10 de enero de 2012,  las madres presentaron una solicitud al Director Nacional de Asesoría Jurídica del Registro Civil  en ese sentido. La petición fue rechazada porque, dijo el funcionario, la legislación ecuatoriana no incluiría “la duplicidad de filiación materna”.

El 4 de mayo de 2012, Rothon y Bicknell, representadas por una abogada de la Defensoría del Pueblo, llevaron el caso ante una corte de justicia, que tampoco reconoció la doble maternidad. Apelaron la sentencia ante la Corte Provincial de Pichincha, que confirmó la primera sentencia en agosto de 2012.

En agosto de 2014, la pareja llevó el caso ante  la Corte Constitucional. En esa ocasión, el Defensor del Pueblo, Ramiro Rivadeneira, declaró que la situación afectaba “al derecho primordial de la menor a tener una identificación”.

Después de cuatro años, el 29 de mayo de 2018, la Corte Constitucional dio razón a las madres de Satya.

 

¿Qué legislación ampara la decisión de la Corte?

Las leyes ecuatorianas defienden el derecho al bienestar de las niñas, niños y adolescentes y a constituir una familia. El artículo 44 de la Constitución dice que  prevalece el “interés superior” de los niños y la “satisfacción de sus necesidades sociales, afectivo-emocionales y culturales”.

El artículo 67 “reconoce la familia en sus diversos tipos” y que los “vínculos jurídicos o de hecho y se basarán en la igualdad de derechos y oportunidades de sus integrantes”.

Según Estefanía Chávez, abogada de Surkuna —una organización que defiende los derechos de las mujeres—, más que una legislación específica para las parejas homoparentales,  lo que se necesita es una “ampliación del derecho a la reproducción asistida a todas las personas, sin que sean discriminadas por su orientación sexual o su identidad de género”. Es una tarea, explica Chávez, que le corresponde a la Asamblea Nacional.

 

La Corte Constitucional, han explicado varios expertos, tuvo como uno de sus argumentos centrales a la Opinión Consultiva OC-24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En ella, la Corte interpreta el sentido y el alcance de las obligaciones de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) y otros instrumentos de Derechos Humanos para los Estados miembros, como Ecuador, sobre matrimonio igualitario. “Esta interpretación es obligatoria y vinculante.” explica la especialista en Derechos Humanos Lolo Miño.

 

La Corte resaltó la importancia de la identidad sexual como un ejercicio de la libre determinación y la libertad personal, reconociendo el derecho de las personas transexuales de cambiar de sexo de tal forma que su apariencia física sea consonante con su identidad autopercibida” escribió Miño en un ensayo de enro de 2015, cuando la resolución se publicó. “Para garantizar aquello, los Estados deben establecer mecanismos expeditos, gratuitos y confidenciales de registro, modificación, corrección y cambio para nombre de pila, sexo, género e imagen fotográfica” decía Miño en el ensayo Un camino hacia la igualdad. “La posibilidad de efectuar estos cambios debe sujetarse exclusivamente a la voluntad de la persona, y no a informes médicos, psicológicos o de cualquier otra índole. Esta garantía se extiende incluso cuando la persona que desea cambiar de sexo e identidad sea un niño, niña o adolescente, en concordancia con el principio de interés superior del niño.”

 

¿Qué derechos tiene la comunidad LGBTI en Ecuador?

La Constitución ecuatoriana garantiza la igualdad de derechos a todas las personas sin importar su sexo, su orientación sexual o su identidad de género. Como todos los ciudadanos, la comunidad LGBTI debería tener acceso a “atención integral de salud, salud sexual y salud reproductiva”

El artículo 11 de la Constitución consagra el principio de no discriminación por, entre otros, “orientación sexual”. El artículo 66 garantiza el derecho a “tomar decisiones libres, informadas, voluntarias y responsables sobre su sexualidad, y su vida y orientación sexual”.    

Sin embargo, aún prevalece en el Ecuador la discriminación contra parejas del mismo sexo, pues en el país no se ha reconocido aún el matrimonio igualitario. Existe el reconocimiento de las uniones de hecho, pero aún no se les concede a las parejas del mismo sexo el derecho de adoptar.

¿Cómo reaccionó la comunidad LGBTI y activistas que apoyan la causa?

La sentencia fue recibida con beneplácito por la comunidad la comunidad LGBTI ecuatoriana. Es considerada un importante paso en el camino hacia la igualdad plena en el país. Tania Macera, activista defensora de los derechos de las mujeres, dice que es un triunfo social y el fruto “del esfuerzo de compañeras que trabajan en temas de derechos como es Surkuna, de las abogadas de Surkuna, del acompañamiento de organizaciones LGBT, de organizaciones lesbianas como Causana, y del acompañamiento de personas que somo cercanas a Nicky y Helen”. Macera subraya también que Bicknell y Rothon tuvieron que enfrentar la presión de las iglesias cristianas y organizaciones conservadores que tienen “una injerencia súper fuerte en las instituciones del Estado”.   La activista espera además que “la sentencia de la corte se extienda para otros casos”, y que se definan qué mecanismos habrá para determinar sanciones a los funcionarios que se negaron a proteger los derechos constitucionales de la niña Satya.

Para Estefanía Chávez, el fallo puede ser un paso hacia el matrimonio igualitario en el Ecuador. “esta sentencia lo que hace es reconocer que hubo una violación de un derecho constitucional que es la familia diversa”.

¿Está Nicaragua al borde del colapso?

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Según un informe de Amnistía Internacional publicado el 29 de mayo de 2018, el número de muertos durante las protestas sería de 87. Amnistía Internacional ha hablado de “una estrategia de represión” de las autoridades nicaragüenses “en ocasiones intencionalmente letal, a lo largo de las semanas de protesta”. El 16 de mayo inició un diálogo nacional entre estudiantes, empresarios, sociedad civil y gobierno, con el arbitraje de la iglesia Católica. Sin embargo, la situación no vuelve a la normalidad y el número de víctimas sigue aumentando. En efecto, el Presidente y su esposa, la Vicepresidenta, se negaron en incluir el tema de posibles elecciones anticipadas en las negociaciones. El mismo informe de Amnistía Internacional denuncia “el discurso oficialista de negación” (cuyo argumento principal es la denunciación de los saqueos) y la “utilización grupos parapoliciales” compuestos por la Juventud Sandinista y grupos llamados “motorizados” que actuarían con el beneplácito tácito o explícito del gobierno. Las universidades siguen ocupadas por el movimiento de protesta y los universitarios, que fueron las primeras víctimas de la represión. El 28 de mayo de 2018 varios enfrentamientos entre estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería, “turbas sandinistas” y la Policía, dejaron dos personas fallecidas (un estudiante y un policía) y por lo menos 35 heridos, según el diario La Prensa. El 30 de mayo de 2018 una marcha convocada para el día de las madres generó nuevos enfrentamientos. Según las cifras del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CNIDH), al menos 11 personas fallecieron y 79 resultaron heridas.

Según un informe de Amnistía Internacional publicado el 29 de mayo de 2018, el número de muertos durante las protestas sería de 87. Amnistía Internacional ha hablado de “una estrategia de represión” de las autoridades nicaragüenses “en ocasiones intencionalmente letal, a lo largo de las semanas de protesta”. El 16 de mayo inició un diálogo nacional entre estudiantes, empresarios, sociedad civil y gobierno, con el arbitraje de la iglesia Católica. Sin embargo, la situación no vuelve a la normalidad y el número de víctimas sigue aumentando. En efecto, el Presidente y su esposa, la Vicepresidenta, se negaron en incluir el tema de posibles elecciones anticipadas en las negociaciones. El mismo informe de Amnistía Internacional denuncia “el discurso oficialista de negación” (cuyo argumento principal es la denunciación de los saqueos) y la “utilización grupos parapoliciales” compuestos por la Juventud Sandinista y grupos llamados “motorizados” que actuarían con el beneplácito tácito o explícito del gobierno. Las universidades siguen ocupadas por el movimiento de protesta y los universitarios, que fueron las primeras víctimas de la represión. El 28 de mayo de 2018 varios enfrentamientos entre estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería, “turbas sandinistas” y la Policía, dejaron dos personas fallecidas (un estudiante y un policía) y por lo menos 35 heridos, según el diario La Prensa. El 30 de mayo de 2018 una marcha convocada para el día de las madres generó nuevos enfrentamientos. Según las cifras del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CNIDH), al menos 11 personas fallecieron y 79 resultaron heridas.

Una decena de acusaciones de abuso sexual en una iglesia católica de Guayaquil sigue sin resolverse

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e hacía desnudar. Yo me quedaba desnudo, amarrado, porque te amarraba las piernas y las manos. La idea era hacerte sufrir porque si aguantabas, estabas haciendo una ofrenda. Cuando veía que se le estaba pasando la mano, paraba. En mi caso, me arrastró por una alfombra con los ojos vendados, las piernas amarradas, luego me llevó a la cama vendado. Esto es lo más asqueroso que me ha pasado, me da vergüenza… me trepó encima de él, como en una relación sexual. Nunca me penetró, no me tocó mis partes íntimas, por más que estuve desnudo. Pero me trepó encima de él, y con su barba como que me rozaba el pecho, el abdomen.” Quien habla es Gino P., hoy de 25 años, estudiante de Psicología. De quien habla es el reverendo Luis Fernando Intriago Páez, quien llamaba a estas prácticas la dinámica del pecado.

Por denuncias como esta, la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano ratificó la expulsión del sacerdocio del “Rev. Luis Fernando INTRIAGO PÁEZ, acusado de abuso sexual de diversos menores”. En el decreto en que lo decide, la Congregación dice que este delito debe entenderse —según la Ley de la Iglesia— como el acto cometido por un clérigo contra el sexto mandamiento con un menor que no ha cumplido 16 años. Para la legislación ecuatoriana es el acto de naturaleza sexual —excluyendo la penetración— que se hace contra la voluntad de otra persona, y que si la víctima es menor de 18 años, el que haya consentimiento es irrelevante. En la Fiscalía General del Estado hay dos investigaciones en contra de Intriago: una por abuso sexual y otra por tortura.

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Durante 7 meses, recogimos 10 testimonios como el de Gino P. —jóvenes en sus veintes que fueron sometidos a la dinámica del pecado en su adolescencia. Conversamos con 9 conocidos y excolaboradores del reverendo Intriago, con los obispos que aún son sus superiores, con una autoridad del Sodalicio de Vida Cristiana —la orden religiosa fundada en Lima de la que Intriago fue asesor espiritual. Todos los entrevistados coinciden en las acusaciones en su contra.

Gino P. pidió ser citado así, pero ese es su nombre de pila verdadero y la inicial de su apellido. De los 10 entrevistados, Juan José Bayas, Diego Guzmán, Kevin Rivas, Andrés Vizcarra, Gabriel Voelcker quisieron decir con sus nombres y apellidos lo que vivieron. Roger, Adrián, Lucas y Pedro son nombres protegidos. Todos ellos dieron sus testimonios, de forma libre y voluntaria, fueron grabados, y las historias que contaron sucedieron cuando eran adolescentes —14, 15, 16, 17 años—, y coinciden con las prácticas por las que Intriago está suspendido por la Iglesia y es investigado por la justicia ordinaria. Sus relatos guardan similitudes con los de aquellos que fueron víctimas del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, en Perú, y del sacerdote Fernando Karadima en Chile.

Juan José Bayas conoció al reverendo Luis Fernando Intriago a los 16 años. El sacerdote había dado una charla en su colegio, el Espíritu Santo de Guayaquil, donde les había hablado sobre cómo vencer al mundo. “Yo dije ‘bueno’. Él me dijo ‘yo creo que tú tienes algo interesante, qué tal si hablamos. Te puedo aconsejar muchas cosas porque eres un líder’”. Así empezaron las consejerías, sesiones individuales que ocurrían, por lo general, por las noches o madrugadas en la casa parroquial de la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, al norte de Guayaquil, una ciudad portuaria —y la más poblada— del Ecuador. Al principio, dice Bayas, las sesiones se limitaban a charlas que iban “más que de un lado espiritual, de un lado psicológico”.

— Sabes qué, hagamos una dinámica.

— ¿En qué consiste?

— ¿Tú estás consciente de que tú puedes luchar por Jesús?

— Sí, obviamente.

— Pero, ¿crees que puedes vencer todo lo que tú quieras?

— Sí.

— Chévere, vamos a hacer algo: vamos a hacer la dinámica del pecado.”

Juan José Bayas dice que no recuerda cuántas veces fue sometido a esta práctica, en la que él —desnudo, atado de piernas y manos, con los ojos vendados— era golpeado por Intriago quien le decía “tú puedes vencer al mundo”.

Juan José Bayas

En el 2013, Juan José Bayas fue la primera persona que enfrentó al reverendo Intriago.

Adrián tiene 28 años y aunque conoció a Intriago hace doce recuerda con detalles su primera dinámica: “Tenía un problema muy fuerte con mi familia y necesitaba hablar con alguien. Me dijo ‘vente’. Llegué a su casa como a la una y media de la mañana. Él estaba en pijama. Fue un diálogo bastante enriquecedor, me ayudó en ese momento, pero después me dijo ‘vamos a hacer una dinámica. Vamos a hacer la dinámica del pecado’. Me pidió que me quede en bóxer, yo estaba llorando, bastante asustado, balbuceaba y creo que él escuchó que balbuceaba ‘no puede ser, no puede ser que este man sea homosexual’, entonces seguramente eso lo asustó. Ese día me amarró, me vendó los ojos, comenzó a picarme el tórax con el dedo, para que sienta dolor. No me tocó mis partes intimas gracias a Dios. La dinámica pretendía hacerme ver cómo el pecado me tenía atado, ciego y orillado. Luego me soltó, se fue al baño. Luego me dijo ‘tranquilo, no pasa nada’”.

A Pedro —hoy de 29— Intriago le hizo la dinámica a sus 17. “Terminaba la misa y allí comenzaba el tema de ver este plan de vida personal. Él entraba de esa manera. Las dinámicas eran primero suaves, ya chévere, te ato, te hago algunas preguntas, te voy a convencer, te vas a rendir, ya chévere. Hasta allí yo lo veía normal. Ya cuando él me hizo una vez la dinámica completa, desde allí pensé ‘esto no está bien’.

—— ¿Cuál es la diferencia entre la dinámica suave y la completa?

–––– La completa tenía temas de electrocutarme, de hacerme llaves, de colgarme. Había una barra, entonces me colgaba en la barra, desnudo. Ese día si terminé mal.

Lucas, hoy de 23 años, dice que a él lo bañó en agua hirviendo. “Me arrastró desnudo por la alfombra, me dejó guindando de un palo, desnudo, de las muñecas. Mis pies no tocaban el suelo”. Tenía 16. Dice que buscó a Intriago para que lo aconsejase. Estudiaba en un colegio católico, donde le habían enseñado que la homosexualidad era un pecado, y él había descubierto que le atraían hombres y mujeres por igual. “Sufrí mucho bullying en el colegio por mi orientación sexual, era muy feo, mi etapa de colegio fue bastante oscura. Me salía de clases para ir a rezar y llorar y le decía a Dios ‘No hago nada malo, ¿por qué me tratan así?’. Entonces, con esta situación, decidí conocer a Luis Fernando Intriago”.

El reverendo Intriago le preguntó si quería ir a consejería. “Mi primera consejería fue súper suave. Hablar de Dios, vidas de la Biblia, confesarme, todo ese tipo de cosas”.

Dice Lucas que después de la sexta sesión, Intriago le dijo que Dios y  la Virgen a través de Pachi Talbot —una mujer que en la década de los 90 decía ver y hablar a la Virgen en el Valle del Cajas, al sur del Ecuador— le habían dado un aceite que olía a rosas y le habían enviado un mensaje: tenía que formar un ejército de ungidos.