Una vez más, Ecuador intentará renegociar su deuda externa. Esta vez, lo hará con uno de sus acreedores más importantes: China. Una deuda que asciende a más de 5 mil millones de dólares y que hasta mayo de 2020 equivalía al 79,9% de las obligaciones de Ecuador con otros países. ¿Por qué es tan importante y necesario modificar los términos con los que se obtuvo dinero del gigante asiático?

La renegociación de la deuda será una de las principales cosas que el presidente Guillermo Lasso tratará en la reunión que tendrá con Xi Jinping, el presidente chino, el 3 de febrero de este año. El anuncio de la reunión fue hecho por Juan Carlos Holguín, recién nombrado Ministro de Relaciones Exteriores, el segundo del gobierno de Lasso. Holguín dijo que los presidentes Guillermo Lasso y Xi Jinping han estado conversando constantemente. De esos diálogos, dijo, “se desprendió una visita oficial” a uno de los principales socios comerciales y acreedores de deuda que tiene Ecuador. 

El endeudamiento con China ha estado marcado por el hermetismo. Se saben pocas cosas sobre las líneas de crédito que tenemos con el país asiático y todavía menos sobre las condiciones que implican.

La deuda comenzó a acumularse desde 2010. Se firmaron varias líneas de crédito con entidades de este país y se establecieron diferentes condiciones y formas de pago, incluyendo el envío de petróleo. En los últimos años, los nuevos acuerdos han disminuido casi totalmente, pero China todavía es el acreedor más importante de Ecuador en deuda bilateral. 

Hice un pedido de información al Ministerio de Economía y Finanzas sobre la situación actual de la deuda, las condiciones de las líneas de crédito y en qué se ha utilizado el dinero. Sin embargo, no tuve respuesta hasta el cierre de edición de este artículo. 

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También pedí una entrevista con el ministro Holguín para saber más sobre la visita del Presidente, pero su equipo de comunicación dijo que “el canciller está con una agenda muy complicada” y que no sería posible hacerlo esta semana. Aunque ofrecieron consultar si había un espacio para una entrevista telefónica breve, no tuve más respuestas. 

La falta de respuestas se puede deber a varios factores. Diana Castro, investigadora de la Universidad Andina enfocada en las relaciones entre China y Ecuador, dice que es probable que los contratos chinos tengan cláusulas de confidencialidad que le impidan al gobierno difundir información detallada sobre la entrega del dinero y su ejecución. Otro motivo, dice, puede ser la forma en la que el dinero fue desembolsado: sin demasiadas condiciones como hay en otros tipos de endeudamiento que exigen que se utilice para financiar proyectos específicos.

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Una de las cosas que se sabe es que parte del dinero se utilizó para construir grantes proyectos del gobierno de Rafael Correa como la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. Además, el economista Santiago Mosquera, Decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de las Américas, dice que se sabe que algunas líneas de crédito tienen interés del 3%, pero otras superan el 7%, cifras que son mayores a las de multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). La economista Daniela Ugazzi, directora ejecutiva de la Corporación Líderes para Gobernar, dice que muchas de las condiciones —como las elevadas tasas— no son competitivas, pero cuando el país pidió el dinero lo necesitaba y no se consideraron esos factores. Por eso es tan importante mejorarlas.  

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La posibilidad de una renegociación con China —aunque todavía no se sepa qué términos se modificarán— es muy urgente y necesaria. “El gobierno hace bien al intentarlo”, dice Mosquera. Sin embargo, él no es optimista de que se logren cambios sustanciales porque otros procesos de renegociación con China no dieron resultados positivos para el Ecuador. 

De lo que se sabe, el más reciente fue en agosto de 2020, cuando el entonces ministro de Economía y Finanzas, Richard Martínez, dijo que Ecuador y el Banco de Desarrollo Chino (CDB, por sus siglas en inglés) llegaron a un acuerdo para reprogramar los pagos de una de las líneas de crédito. 

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Eso le dio al gobierno un periodo de 12 meses de gracia para los pagos del capital de la deuda, pero cuando se retomaron en octubre del año pasado se mantuvieron las condiciones anteriores incluyendo la tasa de interés de 7,16%. Mosquera dice que aunque se flexibilizaron los tiempos de pago, ni en esa ni en otras renegociaciones de otros países con China, “ha habido una reducción del monto total de la deuda”. Eso, dice, pone en duda que esta vez las cosas sean distintas y que Ecuador logre alcanzar mejores términos. 

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En los últimos años, Ecuador ha tratado de diversificar el tipo de organismos a los que pide dinero en vez de concentrar la mayoría de sus esfuerzos en la deuda bilateral con China, como lo hizo entre 2010 y 2016. 

Por eso desde 2019 se han firmado acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, entre otros, con tasas de interés más bajas que las que tienen los préstamos chinos. Además, Ecuador ha llegado a acuerdos con sus tenedores de bonos; este tipo de deuda también fue renegociada en agosto de 2020. En ese caso, sí se modificaron varias de las condiciones incluyendo los montos totales, el tiempo de pago y el interés. 

Además de tener distintas tasas de interés, la deuda con China y otros países funciona de forma distinta que la que el Ecuador tiene con multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial. Las dos, a su vez, son diferentes a los bonos de deuda externa que el país emite en mercados internacionales y que puede ser comprada por cualquier acreedor. 

La principal diferencia que tiene la deuda con China y la que el país tiene con multilaterales son sus condiciones. Diana Castro dice que el financiamiento del país asiático “se caracterizaba particularmente por no incluir condiciones políticas”. Ese tipo de requerimientos en los que el acreedor pide que el país haga ajustes a su política fiscal o tributaria, dice Castro, son propios de la deuda con el FMI y otras instituciones similares. 

Ese no fue el caso de China, pues sus objetivos eran económicos. Castro dice que se acordó que una parte de los préstamos —de los acordados con el CDB— se pagasen en barriles de petróleo. Para Mosquera eso ayudaba a que el país asiático cumpliera con uno de sus principales objetivos: asegurar la provisión apropiada de materias primas. Sin embargo, Mosquera dice que eso ha provocado que hoy, aunque ya no se reciban desembolsos de dinero por esas preventas petroleras, el país siga teniendo que enviar barriles de crudo a China para terminar de pagar su deuda —algo que tendrá que hacer hasta al menos 2024—en vez de poder venderlos en otro mercado a un valor mucho más alto. 

Otra de las condiciones que diferencian la deuda con China la de los multilaterales es lo que se hace con el dinero. Muchas de las entidades internacionales de financiamiento establecen que todo o cierto porcentaje del dinero prestado debe usarse para fines específicos como financiar los programas de asistencia social. Sin embargo, Diana Castro dice que al pedirle dinero a China, Ecuador pudo tener un “uso más discrecional” (aunque sí había ciertas condiciones) y por eso se usó para financiar varios de los “megaproyectos” del gobierno de Rafael Correa. 

Uno de esos fue la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair que se inauguró en 2016. Para su construcción, el Banco de Exportación e Importación de China (o Exim Bank) dio 1.700 millones de dólares. Castro dice que Coca Codo Sinclair se quiso construir desde la década de los 70 y 80, pero no se dio porque era visto como un proyecto riesgoso que no cumplía con los estándares medioambientales que el FMI y el Banco Mundial exigen a los proyectos que financian. 

Con China no había ese tipo de exigencias. En 2016, se usó el dinero de una de las líneas de crédito del Exim Bank chino para el proyecto ideado hacía casi medio siglo. Sin embargo, sí había otras condiciones en los créditos chinos: por ejemplo, que los proyectos sean construidos por empresas de ese país. “Ese es el caso de Coca Codo Sinclair”, dice Castro. La hidroeléctrica fue construida por la compañía china Sinohydro. 

Años después de su construcción, las advertencias de los expertos medioambientales sobre Coca Codo Sinclair parecen haberse convertido en realidad. Cuando se anunció su construcción, en 2010, grupos ecologistas se opusieron porque temían que redujera el caudal del río Coca. Esto, sostenían, provocaría que la cascada de San Rafael, la más grande del país ubicada a 9 kilómetros de la hidroeléctrica, se quedase sin agua. 

Eso pasó en 2020 cuando comenzó un proceso de erosión regresiva en la zona. Un socavón provocó que la cascada colapsara y se secara. Las autoridades han insistido en que se produjo por causas naturales y no por la cercanía de Coca Codo Sinclair. Sin embargo, varios expertos coinciden en que el grave problema geológico sí tiene un vínculo con la construcción de la mega hidroeléctrica. 

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En febrero de 2022, el presidente Guillermo Lasso espera modificar los términos de las obligaciones financieras que Ecuador ha ido acumulando en las administraciones anteriores. “Lo interesante es que el presidente Lasso es un exbanquero, entonces conoce perfectamente cómo se manejan estos temas”, dice Daniela Ugazzi. Según la economista, eso podría ayudarlo a identificar cuáles son las herramientas idóneas para que Ecuador tenga mejores condiciones para pagar la deuda con China sin perjudicar la relación con ese país, que se ha convertido en una potencia geopolítica. 

Además de garantizar acceso al petróleo, China tenía otras motivaciones para prestarle dinero al Ecuador. El economista Santiago Mosquera dice que había —hay aún— un interés geopolítico en darle líneas de crédito no solo a Ecuador, sino a otros países latinoamericanos. “Esos países van a estar siempre a favor de lo que China promueva porque tienen un condicionamiento financiero”, dice Mosquera. China necesita ese apoyo, dice, en la medición de fuerzas con Estados Unidos, con el que se disputa la hegemonía global. 

Sin embargo, Ecuador no se ha alejado del país norteamericano, otro de sus principales socios comerciales. En febrero de 2020, ambos países firmaron acuerdos en educación, inversión, seguridad, economía y lucha anticorrupción. Además, en agosto de 2021 se firmó un acuerdo de primera fase y se espera firmar un acuerdo comercial completo próximamente. 

Fieles al hermetismo que se ha manejado cuando se trata de China, no se han dado más detalles sobre la visita de Lasso a Asia. Sin embargo, el canciller Holguín adelantó que el ministro de Producción, Julio José Prado, está recabando y concretando documentación previa necesaria para un acuerdo comercial con China. 

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Ecuador es una veleta de papel en el turbulento mar de las relaciones internacionales. Escoger un bando sería más que inconveniente. Pero al mismo tiempo, una renegociación de su deuda China es imperiosa. Es un ejercicio de equilibrismo que tomará tacto diplomático y conocimiento financiero. 

También se debe tratar de renegociar las condiciones de otros tipos de deuda externa con países, multilaterales y otros acreedores que suman más de 44.056 mil millones de dólares hasta septiembre de 2021, según en el último boletín publicado por el Ministerio de Economía y Finanzas. Para hacerlo, el economista Mosquera dice que debe mejorar el perfil del endeudamiento. Es decir, que se deben mejorar las condiciones  —incluyendo el capital y los intereses— de las obligaciones que conforman la deuda pública. 

De cualquier forma, lo que se necesita es acción inmediata. “Lo que no se debería hacer es quedarse de manos cruzadas esperando que cada uno de los créditos llegue a su fecha de vencimiento, eso es un error porque habla muy mal del manejo de la deuda pública del país”, dice Mosquera. El economista sugiere que el gobierno tenga un rol más proactivo en el manejo de sus obligaciones. Espera que eso se logre con acuerdos que permitan reducir los costos del financiamiento —consiguiendo condiciones favorables— y extendiendo los plazos de la deuda para poder alcanzar a pagarla.

Los cambios no se deben hacer solo en la deuda externa. Toda la deuda pública —interna y externa— debe disminuir si se quiere lograr el objetivo establecido en la Ley Orgánica para el Ordenamiento de las Finanzas Públicas aprobada en 2020. La ley estableció que hasta 2025 la deuda pública no debe superar el 57% del Producto Interno Bruto (PIB)

Actualmente, equivale al 58,38%, así que los ajustes son necesarios. Hasta 2032 se debe lograr una reducción todavía más pronunciada, desde ese año el endeudamiento no podrá superar el 40% del PIB ecuatoriano. El viaje de Lasso a China podría ser un primer paso para lograr ese ambicioso objetivo. 

Susana Roa Chejín
(Ecuador, 1997) Periodista lojana y jefa de la redacción de GK. Cubre economía, sexualidad y derechos. Le interesan los temas de empleo, educación financiera y salud sexual y reproductiva.