Jabas de botellas

La vida secreta de las jabas

Quito moriría de sed si no fuese por estos discretos objetos maravillosos.

La jaba es una cosa que contiene otras cosas que contienen otra cosa. Materia dentro materia dentro materia dentro de materia. Caja china del refresco, no hay barrio de Quito donde, en algún punto del día, no haya una jaba tomando el sol, esperando ser recogida como un niño que espera a su madre a la salida de la escuela.

Y sirven como banquitos
Van y vienen en camiones

A primera vista, es solo eso: contenedor de contenedores, trinchera de envase, pozo de botella. Pero eso es nada más que un espejismo que atraviesa el vidrio curvilíneo que carga la jaba: ella también lleva futuras reuniones con los amigos, en ella van embotelladas las conversaciones triviales y profundas con la gente que uno ama y también con aquellos que está dispuesto a odiar.

Llegan y van a diario
Es soporte también

En las jabas van ordenadas de 12 en 12 o 24 en 24 las botellas que guardan el deseo de una pausa breve en medio de un extenuante el día de trabajo. Va la pescuezuda lista para vestirse de novia y que es consuelo de los que perdieron en el volley. Va también la litrona que contiene líquida medalla de oro de los que ganaron en el fútbol nocturno de los grupos de amigos que se reúnen a jugar malos versus recontramalos. Entre ellos es además felizpenalidad. El que cancela a última hora, jaba para la próxima. El que llega tarde, jaba a la salida. El que pierde los papeles de la deportividad amateur, dos jabas y suspensión de tres fechas. Cosa maravillosa, cubo de Rubik de la amistad que viene ya resuelto: si la vida se pone mala, jaba; si va bien, también. 

En la calle siempre hay una

La jaba es además obrera incansable. La jaba trabaja hasta cuando descansa: reposando en la vereda le hace de base a otra jaba, sostiene a las botellas vacías como un psicólogo de masas vídricas, da trabajo al que la baja del camión y al que sirve la cola el agua la biela (dícese de la cerveza que llega bien helada). 

Son también moneda de cambio de un trueque cotidiano. Uno va a la tienda y cambia su jaba vacía por una llena, y no solo comercia sino que ejecuta una transacción vecinal de responsabilidad ambiental: la jaba es la carabela en la que viajan las botellas retornables. 

La vida secreta
de cola

En las jabas va la saciedad de la sed de Quito. Si intentamos calcularla por la cantidad que vemos en las calles o en camiones por toda la ciudad, queda claro que Quito es una ciudad de sedes inconmensurables. En tiendas restaurantes clubes canchas deportivas picanterías huecas y hasta casas, todos los días se intercambiaban jabas vacías por llenas, como si se tratasen de cromos repetidos del álbum del Mundial. 

A veces dibujan con sombras
Están en todas partes

Quito toma todos los días y toma de todo. Y nos atrevemos a decir que la mayoría bebe gracias a las jabas, que cumplen con transportar  refrescos negros, transparentes, anaranjados, de uva, de manzana, de una fórmula secreta que, dice la leyenda, solo conocen dos personas que nunca viajan en el mismo vuelo en el mundo. 

Se vuelven montaña rusa en la que las botellas se divierten
Es soporte también

Cargan también docenas de botellas de agua con gas y sin gas y con sabores y sin sabor —que ayudan incluso a pasar ciertos sin sabores de la vida—, que son genuinos antídotos contra el sol que nos achicharra, la altura nos deshidrata, y el polvo que nos atora.  

Da trabajo
Una cosa que contiene otras cosas que contienen otra cosa

En la jaba se agrupan las botellas como se agrupan los niños en los minutos cívicos escolares, como se forman los soldados al pie de sus camiones, como se enlistan los médicos y las enfermeras al inicio del turno. Tienen los espacios calculados al centímetros y es lo mejor porque las botellas son mancas y no pueden marcar la distancia como lo hacíamos en la primaria. 

Indispensables en una tienda de barrio
Montacarga manual

A veces las jabas se aburren y se ponen a dibujar cuadros cubistas sobre la vereda con sus sombras. Sus líneas y ángulos mondriánicas nos hacen sonreír, y uno sueña con que imaginen lo que hacen. 

Quizá sueñen con llevar la botella que de verdad contenga la chispa de la vida. O quizá están sordas y no escuchan el constante tintineo de las botellas de vidrio que saltan y saltan mientras los camiones recorren las calles de Quito, llenas de baches que tienen la mágica habilidad de reaparecer mucho más rápido de lo que tarda la municipalidad en taparlos.

colas, cervezas, aguas
A veces son puntos de descanso

Empujadas en esos montacargas manuales de dos ruedas, las jabas se vuelven montaña rusa en la que las botellas se divierten y en las que, si tomamos como referencia el historial de los parques de diversiones locales, seguramente perdieron los brazos. 

Las jabas no sonríen pero tampoco fruncen el ceño. Ni siquiera cuando viene alguien, les da la vuelta y las convierte en banquito de vereda. 

Nicole Moscoso Vergara Jose Maria Leon Cabrera
Nicole Moscoso Vergara y José María León Cabrera
Nicole es la directora audiovisual de GK, y José María, el CEO y director creativo de GK. Juntos desarrollan el proyecto de ensayos fotográficos de GK.

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