Es una mañana como tantas, año 2016. Willian Pacho está de cuerpo presente en el aula, pero su cabeza, como casi siempre, está en otra parte. Se lo imagina uno con la mirada soñadora y encima de él un globo de diálogo de historieta en el que cabe un balón de fútbol. De pronto se interrumpe la clase, el entrenador Byron Cedeño ha llegado a la escuela 3 de Julio, en Quinindé, para llevar al alumno Willian Pacho, que entonces tiene 14 años, a hacer la prueba que marcará su destino. Lo secunda Tony Ramírez, profesor de Educación Física y a la vez subdirector de la escuela. “Su familia me explicó que necesitaban que Willian se ausentara uno o dos días para ir a probarse”, ha contado Ramírez. “Sabíamos que no era un alumno aplicado, no por flojo, sino porque vivía soñando con el fútbol. Pero también sabíamos que era un chico noble, trabajador, que merecía esa oportunidad”. 

Willian Pacho nació el 16 de octubre de 2001 en Quinindé, ciudad que oficialmente lleva por nombre Rosa Zárate. Queda en Esmeraldas, provincia en la costa norte de Ecuador caracterizada, entre otras cosas, por ser la más pobre de esa región y por tener la mayor población afrodescendiente del país. Quinindé tiene alrededor de 30.000 habitantes, entre ellos muchos, seguramente unos cuantos cientos de niños que sueñan con ser futbolistas. 

La casa donde creció Willian Pacho, en el barrio El Blanquito, tiene una sola planta, está pintada de rosado y el volado del techo que se extiende hasta la acera está sostenido por pilares. Al pie, el asfalto muestra quebraduras donde se empoza el agua, y ese musgo indomable propio del trópico invade el borde de las veredas y se trepa por los postes de alumbrado. Dicen que cuando llega el alba, el barrio se llena de una bruma espesa que proviene de la arboleda que hay alrededor. Más allá queda el río Blanco, donde Glenda Tenorio, la madre de Willian, lavaba ropa de otra gente para poder alimentar a sus hijos. 

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Sería un cliché si no fuera cierto, pero es en esas calles quebradas, que antes fueron de tierra, donde los niños como Willian Pacho han crecido jugando al fútbol. Allí y en la cancha del Huracán, el equipo local dirigido por Byron Cedeño al que Pacho, cuando tenía 11 años, llegó para continuar con la formación que había empezado en la escuela Alfaro Moreno Quinindé. En 2015, cuando Pacho tenía 14, Cedeño lo llevó a probarse en las inferiores de Liga de Quito, y lo rechazaron. Ese mismo día quiso llevarlo a ver qué pasaba en el equipo Mushuc Runa, de Ambato, en la Sierra centro de Ecuador. Estaban ya en la terminal de buses de Quito cuando, sorpresivamente según ha contado Cedeño, apareció la hermana mayor de Pacho y fue ella quien se lo llevó de vuelta a Quinindé. Frustrado pero todavía resuelto a lograrlo, Willian siguió sus entrenamientos en el Huracán, hasta que meses más tarde su incansable entrenador irrumpió en la escuela y se lo llevó a la que sería la prueba definitiva. 

Viajaron unas seis horas hasta Puerto Quito, al noroccidente de la capital, donde el Independiente del Valle (IDV) abrió una sesión para buscar nuevos talentos. Hubo tres tandas de entrenamientos y tres partidos. Pacho fue escogido. Algo tiene él con el aire. Se lo recuerda como un niño inquieto al que le gustaba treparse a los árboles, a los techos y a los arcos de fútbol con una ligereza que asombraba. Ha dicho que, si tuviera un superpoder, le gustaría volar, y su película favorita se llama El niño que domó el viento. Quizá por eso los técnicos del IDV que lo seleccionaron destacaron su fortaleza, su velocidad y, sobre todo, su altura para ganar en el juego aéreo. Cuando tenía 12 años ya medía casi un metro con setenta. En dicha película, el protagonista, un niño de 13 años, es expulsado de la escuela porque su familia ya no puede pagar la cuota, y entonces aprende a construir un molino de viento para salvar a su pueblo de una hambruna.

Llegó la buena noticia a la escuela 3 de Julio y todos celebraron. Ahora quedaba convencer a Glenda Tenorio de que le dejara marcharse a su hijo. “A mi madre le preocupaba mucho los estudios”, contó Pacho en una entrevista con Bein Sports, “entonces tuvieron que ir algunos directivos a explicarle cómo era la estructura del club, a decirle que iba a poder estudiar ahí, que había gente que me iba a cuidar. Ella fue a ver todo, a visitar las instalaciones, y se convenció”.

El que hoy es Independiente del Valle fue fundado en 1958 por un grupo de carpinteros, sastres y zapateros dirigidos por José “Pepe” Terán, quien además de zapatero era conserje del Municipio del cantón Rumiñahui, localidad cercana a Quito donde nació el equipo. Se llamaba Club Deportivo Independiente y empezó su carrera en las ligas amateur. Tras la muerte del fundador principal en 1975, en su honor el resto de socios cambiaron el nombre del equipo a Independiente José Terán. Durante tres décadas se mantuvo entre el amateurismo y la Segunda Categoría provincial, hasta que en 2007, en medio de una crisis económica, fue comprado por el empresario Michel Deller. En 2009 ascendió a la Serie A y de ahí en adelante el modesto equipo fundado por un grupo de obreros se convirtió en la cantera más poderosa del fútbol ecuatoriano. 

Willian Pacho se integró al Centro de Alto Rendimiento Independiente del Valle a finales de 2016, cuando acababa de cumplir 15 años. Allí conoció a Moisés Caicedo y Piero Hincapié, jóvenes de su misma generación que habían llegado con historias similares y que hoy componen, junto a él, el tridente más exitoso en la historia del fútbol nacional.

Desde ese momento, la historia de Willian Pacho sería vertiginosa. Pasó por la sub 16 y luego por la sub 18, y al cabo de tres años debutó en primera división como defensa central. El 3 de noviembre de 2019, IDV enfrentó a Delfín Sporting Club en el estadio General Rumiñahui. Pacho, que tenía 18 años, jugó como titular y fue reemplazado al minuto 80. El marcador fue 0 a 0. Apenas terminado el partido, sus familiares le informaron que su madre acababa de fallecer víctima del cáncer de mama que padecía. Fue a partir de entonces que el jugador empezó a usar el dorsal 51 para honrar, más que la edad a la que murió su madre, los años que estuvo viva. 

Apenas dos años después, en enero de 2022, se anunció la transferencia de Pacho al Royal Antwerp Football Club, de Bélgica. Gracias a eso fue convocado a la Selección mayor de Ecuador que participó en el Mundial de Catar, y entonces, asumiéndolo como el logro más importante de su carrera hasta ese momento (aunque en el campeonato no llegaría a jugar ningún partido), se acordó de Byron Cedeño, el técnico porfiado con el que empezó todo, y lo llamó a agradecer. 

También ya desde esa época empezaron los gestos de generosidad con su ciudad. Cada tanto organiza desde Europa la entrega de juguetes para niños y de canastas de comida para las familias, y para el Huracán dona balones y otros artículos de entrenamiento. “Él dijo que si algún día llegaba a ser alguien, iba a ayudar a sus vecinos, a su barrio. Y lo ha hecho con nosotros”, declaraba una vecina de nombre Graciela al diario Expreso. La consecuencia natural fue que Pacho se convirtió en el ídolo del pueblo, y su historia es ahora mismo la principal inspiración para los niños futbolistas. 

En la temporada en que estuvo en el Royal Antwerp logró los títulos de la Copa y de la Liga de Bélgica, y en marzo de 2023 fichó por el Eintracht Fráncfort, de Alemania, por 9 millones de euros. Allí jugó también una temporada y reforzó su potencia física y eso que los especialistas llaman visión de juego desde su posición de ágil central zurdo. 

A mediados de 2024, Luis Campos, el director deportivo del París Saint-Germain, lo llamó para decirle que quería presentarle el proyecto de ese club. “Señor Luis Campos, ¿me está diciendo que el PSG quiere ficharme?”, le preguntó Pacho, que en ese momento estaba en Ecuador, y continuó: “Mañana estoy en Madrid, llegaré a las 9”. Acordaron reunirse en esa ciudad y, tras pasar el día juntos, Campos supo que Pacho estaba hecho para el PSG. “Llamé a Luis Enrique y le dije: ‘este chaval dará todo por nosotros’”, le contó Luis Campos al diario Marca. 

En agosto de 2024 se anunció el traspaso de Pacho al París Saint-Germain por 40 millones de euros y, antes de posar con la recordada camiseta que mostraba el número 2029 en alusión al año hasta el que firmaría su contrato, llamó a sus hermanas y les dijo: “lo logramos”. En la presentación se lo vio guapo y exultante con traje negro y corbata en juego, y con una sonrisa impecable que traslucía toda su simpatía. Hoy la prensa francesa dice que ya entonces supieron que “Pachito” se volvería un hijo de París. El aprecio que le tiene la afición del equipo lo confirma. “Nos da la impresión de que es un tipo de nuestra zona, que es parisino, francilien, de los suburbios”, comentaba Bruno Salomon, periodista de Radio France que tiene un podcast dedicado al club, en una nota de Primicias.

El resto es la historia más reciente: ocho títulos en menos de dos años, incluidas todas las copas de Francia, la Supercopa Europea, la Intercontinental y la Champions League. Elegido en el 11 ideal de la Liga Francesa, de la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol, y de la FIFA. Durante los primeros meses de este año se decía que Pacho era probablemente el mejor defensa central del mundo dada su capacidad de recuperación, su visión de juego en espacios pequeños, su potencia en el juego aéreo y su gran despliegue físico, características que confirman que, efectivamente, está dispuesto a morir por su equipo, y que a la vez le han valido ser el jugador con más minutos jugados de toda la plantilla. Tras su prestación en el partido de vuelta de las semifinales de la Champions League de este año frente al Bayern Munich, en el que anuló por completo a Harry Kane, para muchos el mejor centro delantero de la actualidad, esa apreciación ha subido a -de manera corta y directa- “el mejor defensa del mundo”.

El hombre humilde y sereno que es Willian Pacho no se lo cree. Sabe centrar su atención en lo indispensable y amansar el ego que, de todas formas, pareciera no traicionarlo. Lo indispensable es, como dijo recientemente frente a periodistas, “concentrarse en la posibilidad de ganar otra final de Champions”.

El sábado 30 de mayo de 2026 la atención del mundo futbolístico estará volcada en el partido que disputarán el PSG y el Arsenal en el Puskás Aréna de Budapest. Por primera vez en la historia se enfrentarán en un encuentro de esa relevancia dos futbolistas ecuatorianos, compañeros de cantera y oriundos de la misma provincia. Piero Hincapié, lateral del Arsenal, nació en la ciudad de Esmeraldas y, al igual que Willian Pacho, hoy tiene 24 años. Da para pensar que esa provincia, que además de ser la más pobre de la Costa es la quinta más violenta de Ecuador (según los últimos datos del Ministerio del Interior se han reducido los homicidios y las extorsiones en un 35 % en comparación con el año anterior), hará una tregua de por lo menos dos horas para instalarse frente al televisor.

Miguel Góngora, amigo de infancia de Willian Pacho y todavía residente del barrio El Blanquito, no pudo ver la final del año pasado porque no tenía televisor. Con bastante esfuerzo ahora pudo comprar una pantalla gigante y convirtió la sala de su casa en una fan zone. Encenderá una parrilla y compartirá un asado con los vecinos. Seguramente ocurrirá algo parecido en los barrios de la ciudad de Esmeraldas, donde el Arsenal ya es un fenómeno. Independientemente del resultado y de lo que pase al siguiente día, este sábado habrá fiesta en la provincia.  

Santiago Rosero
Santiago Rosero
Periodista, fotógrafo y cocinero. Sus trabajos se han publicado en medios como Rolling Stone, Etiqueta Negra, Gatopardo, El País y Mundo Diners. Fue nominado al premio Gabo de periodismo en 2016 y 2018. Obtuvo el Premio de Periodismo José Peralta del Municipio de Quito en 2018. Es autor de los libros de crónicas El fotógrafo de las tinieblas (La caída, 2018) y Una mesa más larga (Severo-USFQ Press, 2024). Es director de Idónea, proyecto sociogastronómico dedicado a la lucha contra el desperdicio de alimentos, y de los pódcasts Disección de un plato (ensayos sonoros sobre gastronomía ecuatoriana), y El festival imposible: rock desde el volcán Pululahua (próximo estreno).
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