En menos de diecisiete meses, al menos 385 personas presas han sido asesinadas en siete masacres carcelarias entre 2021 y 2022 en Ecuador. Hasta ahora no hay aún un responsable directo por aquellas muertes. 

Previo a que las masacres ocurrieran hubo alertas y pedidos de auxilio de los internos, que no fueron escuchados por las autoridades. La de Yolkin, un joven que intentaba superar una adicción a las drogas  —asesinado el 28 de septiembre de 2021 en la Penitenciaría del Litoral, la cárcel más violenta de Ecuador— es una de las cientos de historias que han demostrado, dice Alexandra Zumárraga, ex directora nacional de Rehabilitación, que el sistema carcelario se ha convertido en un pozo olvidado que hoy solo logra recoger cadáveres.

Ni los reclamos de las personas presas y los de sus familias, los estados de excepción, las declaratorias de emergencia, la inyección de presupuesto a la fuerza pública, las acciones enfocadas a fortalecer la seguridad en las cárceles ecuatorianas, cuestiona Zumárraga, han frenado las muertes en las prisiones. Pero aún es posible construir soluciones, dicen presos, expertos e investigadores. 

En esta lista, te presentamos un recuento breve de cada masacre.

23 de febrero de 2021 

Las alertas comenzaron desde la madrugada del martes 23 de febrero del 2021. Decenas de personas presas pedían auxilio a sus familias en cuatro cárceles: la cárcel regional de Guayas, la Penitenciaría del Litoral, ambas en Guayaquil; la cárcel de Turi, en Cuenca; y en la cárcel de Latacunga. Pero poco pudieron hacer sus familiares. 

Antes de las nueve de la mañana, la masacre, que conmocionó al país y convirtió al Ecuador en uno de los países con mayor violencia en los sistemas carcelarios de la región, comenzó en las cuatro prisiones. El balance de muertos iba en aumento con el pasar de las horas. Comenzó con 60, pero, para la noche, la cifra oficial ascendió a 79 personas masacradas en aquellas cárceles. Dos días después, dos muertes más fueron confirmadas. 

Esta primera masacre llegó apenas dos meses después del asesinato de Jorge Luis Zambrano, alias JL o Rasquiña, en diciembre de 2020. El fallecido líder de Los Choneros había intentado centralizar la producción, distribución y ganancias de crímenes vinculados a las redes de delincuencia organizada —tráfico de drogas a gran escala, venta en cárceles, extorsión, secuestro y sicariato— en Ecuador. Zambrano estaba aliado con redes criminales internacionales como el cártel de Sinaloa. 

Cuando ocurrió esa masacre, quien lideraba el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y Adolescentes Infractores (SNAI) era el coronel de Policía, en servicio pasivo, Edmundo Moncayo. Antes de él, fueron civiles quiénes lideraban el control de las cárceles en Ecuador, uno de ellos fue el abogado Ernesto Pazmiño. 

Para Moncayo, la génesis de aquella masacre había tenido como detonante el asesinato de JL. Fuentes carcelarias han dicho a GK que los actuales líderes de Los Choneros, alias Fito y alias JR, quienes fueron los hombres de confianza de JL, habrían estado involucrados en el crimen, aunque eso no se ha comprobado. 

Lo que sí fue evidente, es que la masacre de febrero marcó el quiebre entre las alianzas que JL había gestado mientras fue líder de Los Choneros. 

Quienes estuvieron involucradas en esa masacre carcelaria fueron Los Lobos, Los Chone Killers, Los Tiguerones, Los Pipos, quienes, hasta el 2020, trabajaban en conjunto con Los Choneros aún liderados por JL. Sin embargo, desde febrero de 2021, ya sin JL al frente, esas organizaciones decidieron no reconocer el liderazgo de Fito y JR. Por el contrario, comenzaron a combatir a ambos líderes, a su organización, Los Choneros y a sus subcélulas, Los Águilas y Los Fatales. 

La versión oficial fue que la masacre se produjo por una guerra de bandas. La dijo Moncayo y fue ratificada por el entonces presidente Lenín Moreno. Esta versión, sin embargo, fue cuestionada por personas presas, familiares, expertos y organizaciones de Derechos Humanos. 

El sistema carcelario, en ese año, tenía un nivel de hacinamiento de más del 33% en promedio. Pero en varias cárceles el porcentaje ascendía a cerca del 200%. Además, dentro de los pabellones, cientos de personas eran amenazadas y extorsionadas —todavía lo son— por las bandas narcodelictivas para obligarlos a pertenecer a sus bandas. Todo esto ocurre en medio de un sistema de corrupción que, según algunos funcionarios carcelarios, es avalado por las propias autoridades de las cárceles

Antes de las masacres, las cárceles en el país fueron olvidadas de forma sistemática por el Estado: ni siquiera había un registro correcto de las personas presas.

Tras esta primera masacre, varios internos tuvieron que ayudar a la Policía a determinar las identidades de las personas asesinadas y a escribirlas en una lista. 

Otras personas presas, en cambio, no tenían cédula. A varias familias les dijeron que sus familiares estaban vivos o en el hospital, y días después supieron por Criminalística que, en realidad, sus seres queridos habían muerto. 

La masacre del 23 de febrero —al contrario de lo que se pensaba en aquel año— no marcó el cambio de políticas de rehabilitación, fue apenas la primera de las seis que seguirán en los próximos meses. 

21 de julio de 2021

“Ayuda, queremos paz”, decían los carteles con letra roja que los presos extendían en lo alto de los muros de sus pabellones en la Penitenciaría del Litoral y la cárcel de Latacunga, el 21 de julio de 2021. Ese día, ocurrió la segunda masacre carcelaria en Ecuador, cuando las bandas de los pabellones 7 y 8 se enfrentaron. 

En el primero, habitan Los Tiguerones y Los Águilas. Los primeros son liderados por el ex guía penitenciario alias Negro Willy. Los Águilas, es la banda fundada por Junior Roldán, alias JR, un ex hombre de confianza del asesinado Jorge Luis Zambrano, alias JL. Cuando ocurrió la masacre, se sabía poco de Los Águilas. 

El día que ocurrió, al menos 21 internos fueron asesinados. Además una mujer policía fue violada en la cárcel de Latacunga. Hubo también más de 57 personas heridas y tres agentes policiales fueron atacados. 

28 de septiembre de 2021 

Las alertas comenzaron, de nuevo, durante la madrugada. Aunque, según dos presos de la Penitenciaría del Litoral, el comienzo de la tercera masacre carcelaria en Ecuador era ya inminente. 

La mañana del 28 de septiembre de 2021, el país atestiguó la peor masacre penitenciaria documentada en su historia. Hay dos versiones sobre lo que ocurrió ese día. La primera fue contada por Jorge* —un interno de esa cárcel— y por Carlos*, un guía penitenciario, ambos pidieron la reserva de sus nombres para precautelar su seguridad. Ellos dijeron que el ataque fue dirigido a Los Fatales, una banda delictiva creada por Alias Fito, quien fue hombre de confianza del asesinado líder de los Choneros, alias JL.

En aquella masacre no fueron usados solo fusiles —armas largas de amplio alcance— si no también granadas. 

El guía Carlos, por un lado, dice que Los Fatales intentaron aliarse con Los Tiguerones, otra de las bandas en la cárcel, liderada por alias Willy, un exagente penitenciario. “Ellos no tenían bandera, por así decirlo, por eso intentaron unirse a Los Tiguerones. Pero Los Choneros y los Águilas los mandaron a matar a todos por volteados. Exterminaron a todo el pabellón”, aseguró. Volteados es, en jerga penitenciaria, traidores. 

En cambio, Jorge dice que fueron los Tiguerones y Los Lobos, ambas bandas narcodelictivas alidas, que lideran los pabellones 9 y 10 de la Penitenciaría, quienes atacaron a Los Fatales para levantar su poder en el centro carcelario. 

Ese día, fueron asesinadas al menos 119 personas, según la información oficial. En diciembre de ese año, Criminalística confirmó que eran 125: seis cuerpos aún no habían sido reconocidos. 

12 y 13 de noviembre de 2021

A las 9 y 21 de la noche del viernes 12 de noviembre de 2021, a la redacción de GK llegó una nota de voz que decía: 

—Quiero que me haga un favor, quiero que manden la ley, que llamen militares, todo lo que es policía, porque hoy nos matan si no llegan

Era Fausto*, una persona privada de la libertad que cumple su condena en el pabellón 2 de la Penitenciaría del Litoral, en Guayaquil. Pedía auxilio, temía morir: presos de los pabellones 3, 6 y 12, liderados por los dos hombres que intentan asumir el control máximo de la prisión: alias ‘Junior’ y alias ‘Fito’, ambos líderes de Los Choneros, intentaban, según alertó, ingresar a su zona para asesinarlos. 

El pabellón 2, en cambio, está liderado por alias ‘Ben 10’, quien actualmente lidera a Los Chone Killer, aliados de Los Tiguerones y Los Lobos, organizaciones delictivas enemigas de Los Choneros.

Las alertas también llegaron a oídos de las autoridades, pues la masacre había comenzado antes de las seis de la tarde. Los mensajes de despedida y auxilio empezaron a replicarse en los celulares de los familiares:  “Mamita, si me pasa algo, no te pongas mal”, “ora por mí, por favor”, “ayúdennos, nos van a matar”. 

Un preso del pabellón 2 logró transmitir en vivo al menos dos horas de la masacre. Más de 14 mil personas la vimos. Pero nadie ingresó. Mientras ocurrían los enfrentamientos al interior de la cárcel, el presidente Guillermo Lasso y su gabinete estaba en un acto de celebración con el embajador de Estados Unidos, Michael Fitzpatrick. Lasso no se pronunció sino hasta casi 72 horas más tarde por las muertes. 

Por la tarde del 13 de noviembre, GK recibió el primer balance extraoficial de una fuente carcelaria: 56 personas muertas. Pero luego, el número ascendería a 65, según confirmó el SNAI. 

A la mañana siguiente, el 13 de noviembre, el entonces gobernador del Guayas, Pablo Arosemena (ahora ministro de Finanzas),  declaró que la Policía intentó ingresar desde las nueve y media de la noche, sin embargo, la entrada fue bloqueada con explosivos, dijo. La entonces comandante general de la Policía, Tannya Varela, aceptó que hubo alertas antes y dijo, además, que la masacre podría estar relacionada con la liberación de un cabecilla de una banda delictiva, Álex Salazar, miembro de Los Tiguerones. Esa semana, Salazar, uno de los líderes del pabellón 2, obtuvo la prelibertad.

3 de abril de 2022

“Señor, por favor, ayúdanos, sálvanos señor Jesucristo”, gritaban los internos del pabellón de máxima seguridad de la cárcel de Turi, en Cuenca. Esta, se supone, es una de las cárceles que tiene mayor custodia policial en el país.

Cuando esto ocurrió, había pasado más de un año desde la primera masacre carcelaria en Ecuador.

A las seis de la mañana, dos presos de aquella prisión confirmaron a GK que los enfrentamientos comenzaron durante la noche del sábado 2 de abril y que se sabía de este nuevo amotinamiento con al menos una semana de anticipación. 

En la masacre, fueron dos bandas las que se enfrentaron: Los Lobos, la segunda más grande del Ecuador, y la súbcelula R7, compuesta por ex miembros de Los Lobos. 

Durante casi veinte horas, las autoridades no lograban retomar el control del centro carcelario, donde fallecieron al menos 20 personas. Hubo, además, un intento de fuga de más de 60 personas privadas de la libertad. 

Ese masacre devino en la apertura de La Roca, la cárcel de máxima seguridad de Guayaquil. Cinco líderes de las bandas responsables de lo ocurrido en Turi, fueron trasladados a La Roca, un centro penitenciario con un largo historial de violencia, extorsión y fugas. Estos fueron los presos trasladados:

  • Eduardo Vicente Moreira Paredes
  • Alexander Quezada San Martín 
  • Freddy Marcelo Anchundia Loor
  • Marvin Rodrigo Cortez Ramírez 
  • Juan Andrés Mejía Bermúdez 

Freddy Anchundia fue posteriormente trasladado a la cárcel de Santo Domingo, lo que desataría una nueva masacre. 

9 de mayo de 2022

Desde las 12:30 de la madrugada del lunes 9 de mayo de 2022, las familias de las personas presas en el Centro de Rehabilitación Bellavista, en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, recibieron mensajes de alerta sobre enfrentamientos, detonaciones y explosiones en esa cárcel. Cinco horas más tarde, pasadas las 6:40 de la mañana, el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y Adolescentes Infractores (SNAI) confirmó en su cuenta de Twitter que había “alteraciones al orden” dentro de la cárcel de Santo Domingo, pero no se confirmaron detalles de los heridos ni fallecidos.

GK accedió a imágenes explícitas: se veían decenas de cadáveres n el mini patio del pabellón de máxima seguridad de la cárcel de Santo Domingo.

Horas más tarde, GK conoció que hubo, hasta las diez de la mañana, al menos 44 muertos y decenas de heridos.

Varios de los fallecidos murieron desangrados. También hubo detonaciones y granadas de uso militar, que fueron ingresadas en una cadena de custodia a la Policía Judicial para las investigaciones. En las inmediaciones de la cárcel, se encontraron también una maleta llena de fusiles y armas de largo alcance.

“Estaban en máxima [seguridad]. Pero ahora todo está en mínima. Los están quemando, nadie los ayuda. Hay muchos muertos”, dijo una familiar de una de las personas presas en esa cárcel a GK, durante la madrugada. 

Además, hubo una fuga de más de doscientos presos de esa cárcel. Aunque la mayoría fueron recapturados, algunos aún continúan libres, prófugos. El SNAI  no ha podido precisar la cifra de personas que no pudieron ser regresadas a la cárcel. 

El general Patricio Carrillo, quien preside el Ministerio del Interior, dispuso el traslado de más policías para, según él, “controlar el amotinamiento”, en un trabajo coordinado con las Fuerzas Armadas. Sin embargo, otra familiar de una de las personas presas en la cárcel de Santo Domingo que habló con GK reclamó la falta de respuestas de las autoridades. “Nadie llegaba, los dejaron solos, botados” durante al menos tres horas, dijo. 

18 de julio de 2022

Apenas pasaron dos meses desde la sexta masacre carcelaria en la cárcel de Santo Domingo, una nueva estalló la tarde del 18 de julio de 2022.
“Se armó, se armó”, alertaba, angustiado, José* — un preso que cumple su condena en el pabellón de mediana seguridad del Centro de Rehabilitación Social, en Santo Domingo y que solicitó la reserva de su identidad—, a su familia. Él había llamado a su familia antes de las tres de la tarde. “Estaba comenzando la matanza”, dijo su familiar.

Casi dos horas después, GK conoció que al menos 13 personas habían sido asesinadas y mutiladas con arma blanca en el interior de aquel recinto carcelario. Recogimos dos testimonios: el de una familiar que recibió mensajes de un interno y de una persona presa. Ambos coinciden en que el conflicto había empezado a inicios de la tarde. Sin embargo, según ellos, los rumores de nuevos episodios habían comenzado cinco días antes.

Según sus relatos que coinciden, la violencia comenzó en el pabellón de mínima seguridad, en una zona a la que llaman “La Bomba”, cercana a aquella por la que ingresan las visitas. Son varios miembros de la banda R7, que antes era aliada de la organización narcodelictiva Los Lobos, quienes habitan en ese pabellón, de acuerdo con fuentes carcelarias.

Los presos de la zona de mediana seguridad fueron a la de máxima, de acuerdo con sus relatos, “y dañaron los candados para que sus compañeros pudieran salir”, dice uno de ellos.

Karol E. Noroña
Quito, 1994. Periodista y cronista ecuatoriana. Cuenta historias sobre los derechos de las mujeres, los efectos de las redes de delincuencia organizada en el país, el sistema carcelario y cubre permanentemente la lucha de las familias que buscan sus desaparecidos en el país. Ha escrito en medios tradicionales e independientes, nacionales e internacionales. Segundo lugar del premio Periodistas por tus derechos 2021, de la Unión Europea en Ecuador. Coautora del libro 'Periferias: Crónicas del Ecuador invisible'. Forma parte de la organización Chicas Poderosas Ecuador.
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