La mañana del sábado 26 de marzo de 2022, el puente de Gualo, en la avenida Simón Bolívar, en el norte de Quito, era un tablado desolador. El filo de un lado del puente estaba abarrotado de curiosos, mientras bomberos intentaban rescatar el cuerpo de un adolescente de 17 años que se había suicidado horas antes. 

La muerte del adolescente engrosa las estadísticas de los suicidios en Quito en lo que va del 2022: 7 suicidios y 22 intentos. Es una tendencia similar a la del año pasado, cuando hubo 9 suicidios y 26 intentos de suicidios, según datos del Sistema de Emergencias ECU 9-1-1. El suicidio es un problema de salud pública por la alta frecuencia en que se produce y las graves consecuencias que genera a nivel individual, familiar y social, según un manual del Ministerio de Salud Pública.

La prevención del suicidio es parte de la atención en salud mental. El Informe de Calidad de Vida de Quito Cómo Vamos 2021 dice que es imprescindible que dentro de la política pública de la ciudad, se ubique a la salud mental entre los factores que más afectan a la calidad de vida de los habitantes. Dyam Saltos, psicóloga clínica y representante de la Organización de Psicólogos Ecuatorianos (Orgaepsi), dice que las enfermedades mentales como la depresión o ansiedad, el estrés postraumático, los episodios de violencia sexual, estrés laboral, traumas por asaltos o accidentes de tránsito pueden ser motivos de intentos de suicidios. 

Estar pendientes de las señales 

Dyam Saltos dice que es importante estar pendientes de las señales o signos que da una persona que puede caer o recaer en el consumo excesivo de alcohol, drogas u otras sustancias, o adicciones a videojuegos porque de esa forma la persona “busca un refugio”.

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“Se puede ver al suicidio como un llamado de atención”, dice Dyam Saltos. Antes del suicidio hay muchos intentos o autolesiones; también la persona puede aumentar su consumo de drogas u otras sustancias. “Hay muchas señales previas”, remarca Saltos. 

Otra señal puede ser que la persona se aísla, con la idea de ‘no me entienden, no saben lo que estoy sintiendo’ por lo que evitan explicar lo que sienten y se encierran en sí mismos. 

La desmotivación es una señal clara. La psicóloga María Belén Karolys dice que también se puede sospechar de un intento suicida cuando la persona está pensativa o ya no tiene las mismas ganas o energía en hacer las actividades que le gustaba hacer como su trabajo, un deporte o un hobby. 

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Estas señales, dice Saltos, tienen que ver con la autoestima y la autovalía que son la necesidad de reconocimiento público de sentirse parte activa de la sociedad. “Al no sentirse activo, el pensamiento es ‘no soy nadie, nadie me va a extrañar si no estoy, para que estoy’ y van desencadenando esos pensamientos suicidas”, dice la experta. 

La comunicación es importante 

Para comunicarse con personas que han tenido intentos suicidas hay que evitar la compasión. Dyam Saltos dice que si una persona nos cuenta que se ha autolesionado, no hay que decirle ‘pobrecito, que sufre mucho’, ‘tienes que ser más fuerte’. Lo ideal es no minimizar ni exagerar las emociones. 

Saltos dice que la manera más adecuada de comunicarse es tener empatía con esa persona. Se puede decir ‘no estoy seguro de lo que estás sintiendo, pero trato de ponerme en tu lugar, trato de comprender porque lo hiciste’. 

La Psicóloga María Belén Karolys dice que es importante escuchar. Hay que valorar lo que está diciendo, dar el espacio para acoger el sufrimiento. 

Evitar hacer sentir culpable o presionado 

Cuando una persona está teniendo una crisis de depresión o ansiedad que puede derivar en un intento suicida, hay que evitar hacerle sentir culpable o presionado. 

Dyam Saltos dice que hay que evitar decirle ‘piensa en tu familia, cómo va a sufrir tu mamá cuando no estés’ porque eso es una presión a la persona. Más bien dice que hay que darle valor como individuo y se puede decir: ‘entiendo tu dolor, sé que puedes superarlo’, eso ayuda a valorar sus emociones. 

La psicóloga Saltos advierte que “una persona que intenta suicidarse o que tiene autolesiones no es precisamente una persona que desee morir sino que está buscando liberar cierta carga emocional o evitar sufrimiento”. 

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El informe de Quito Cómo Vamos dice que no hay información actualizada de muertes relacionadas a la salud mental y los efectos de la pandemia del covid-19. Pero indudablemente la pandemia ha afectado a los quiteños y quienes viven en la ciudad. El ECU 9-1-1 dice que en 2021, recibieron 74 alertas de intentos de suicidios y se reportaron 27 suicidios. 

El suicidio puede tener muchas causas como genéticas o por la historia familiar, dice Nathalie López, analista de Salud Mental de la Secretaría de Salud del Municipio de Quito. López dice que un suicidio de un niño, niña o adolescente puede ser desencadenado por ausencia de vínculo con los padres, la violencia o abusos sexuales. 

Según el informe Situación de la niñez y adolescencia en Ecuador, una mirada a través de los ODS del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef) en Ecuador, el suicidio es la primera causa de muerte violenta en adolescentes en el país.

En los adultos, la causa del suicidio puede ser la falta de empleo junto a la depresión. López también dice que la población LGBTI es propensa al suicidio por los estereotipos o falta de inclusión por su orientación o identidad sexual. Sin embargo, la Secretaría de Salud no tiene cifras sobre los suicidios en la ciudad ya que, alega, su principal trabajo es la promoción de la salud mental y la prevención de enfermedades físicas y mentales. En 2018, la psicóloga Patricia Aguirre dijo a GK que los suicidios pueden causarse por la cantidad de serotonina que podemos producir que puede variar por un evento traumático que causa una descomposición química. 

La Secretaría de Salud de la capital atiende a la “población de responsabilidad municipal”, es decir las niñas, niños y adolescentes que asisten a los 20 colegios municipales. “Con los adolescentes trabajamos el manejo de emociones, si se siente frustrado o angustiado, qué puede hacer para no reaccionar de una forma violenta”, dice López. También atienden a trabajadoras sexuales, los estibadores, recicladores, a mayores de 65 años que asisten al programa 60 y Piquito y sus familias, y a habitantes de los barrios, según un requerimiento. 

López dice que con esas personas la Secretaría de Salud hace un tamizaje que es una especie de encuesta relacionada con depresión o pensamientos suicidas. Por ejemplo, preguntan con qué frecuencia se ha sentido triste, si consume o no sustancias o drogas. Dependiendo de los resultados, los psicólogos de la Secretaría hacen una entrevista para confirmar el riesgo sobre su salud mental. En el 2021, la Secretaría atendió a más de 17 mil personas para prevenir enfermedades mentales o adicciones a drogas. 

Al transcurrir la mañana de ese trágico 26 de marzo, decenas de personas y cámaras de televisión filmaban el momento en el que bomberos y policías frenaron el tránsito vehicular para rescatar el cuerpo del joven que yacía en el fondo del puente de Gualo. Atestiguaban una situación que pudo ser prevenida y que debe ser abordada desde la salud pública. 

Mayuri Castro
Periodista de GK. Cubre educación, migración interna y los derechos de las mujeres. En 2021 ganó la Mención de Honor en Acceso a la Salud del Premio Roche por el reportaje El consuelo de un país en crisis recae en sus estudiantes de psicología. Fue parte del equipo de Mongabay Latam y GK nominado al premio Gabo 2021 en la categoría texto con el especial Mujeres en la Amazonía: lideresas indígenas que están cambiando el rumbo de sus comunidades.

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