La vida de los otros

Patricia Aguirre: “Detrás de un potencial suicida hay una enfermedad mental y no simplemente una conducta”

La psicóloga clínica explica las diferentes causas que llevan a las personas a suicidarse. Es enfática en decir que sí hay maneras de detectar a un potencial suicida, de la importancia de que siga un tratamiento para evitar que se quite la vida.
  • por qué la gente se suicida

    Patricia Aguirre, psicóloga clínica aborda el tema del suicidio. Fotografía de Eliot Allaire para GK.


UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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En menos de un mes dos personas famosas, aparentemente felices y con sueños cumplidos se quitaron la vida. Con sus muertes, nos invaden preguntas alrededor del suicidio, un tema que, junto a la salud mental —especialmente a las enfermedades psiquiátricas—, sigue siendo un tabú en la mayoría de sociedades del mundo. Ese aparente rechazo al tema podría causar que muchos potenciales suicidas no busquen ayuda a tiempo por miedo o vergüenza. La psicóloga quiteña Patricia Aguirre explica por qué este tema debería conversarse más y cómo desde la psicología se debería detectar e intervenir a estos pacientes.

Cuando personas exitosas y aparentemente felices como Anthony Bourdain y Kate Spade se suicidan el shock es inevitable. ¿Cómo se explica que alguien que parece satisfecho con su vida cometa suicidio?

El tema del suicidio no es un tema que está dado desde el éxito o no éxito de las personas sino desde la psicopatología que podemos tener todos los seres humanos. Siempre que hay un suicida existe una enfermedad mental subyacente. El suicidio viene dado a partir de un montón de rasgos. Por ejemplo las personas que tienen adicciones son potencialmente suicidas. También quienes tienen actitudes compulsivas. Detrás de esos elementos tenemos casi siempre un trastorno obsesivo compulsivo.

¿Qué es un trastorno obsesivo compulsivo?

Son cuadros de ansiedad sumamente altos. Un cuadro así se mide en porcentajes: cuando son muy altos hay una descompensación química y eso desemboca en actos para suicidas, es decir intentos de querer matarse como quienes que se cortan. Un trastorno obsesivo compulsivo hace que el proceso de ansiedad aumente y se provoquen descompensaciones químicas cerebrales que hacen que la persona ya no tenga capacidad de pensar. El momento que pierde esa capacidad porque no hay una producción por ejemplo de dopamina (la sustancia que te permite pensar) conlleva a que cometa un acto suicida.

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¿Qué tipo de valoraciones se hacen para detectar este trastorno?

Para hablar de cuadros de ansiedad hacemos una valoración cuantitativa que se refleja en porcentajes: la psicología tiene que ir desde lo cuantitativo. Todo paciente debe ser valorado cuantitativamente para saber los rasgos de personalidad que tiene, el estado en el que está y saber con quién estás trabajando. La mayor parte de personas con niveles altos de suicidio tienen cuadros depresivos de un altísimo porcentaje, por lo tanto de un altísimo riesgo. Estas personas deben ser medicadas pero no siempre lo son, y los psicólogos tenemos que saber que también tenemos que trabajar con fármacos.

Luego de esa evaluación cuantitativa, ¿cómo se detecta ese riesgo?

Hay que pasar una evaluación que tiene escalas que dan unos porcentajes de 5%, 10%, 30%, 70% y esos me dan el indicativo de que estoy al frente de una persona con una enfermedad mental y que tengo que trabajarla desde ahí y no desde lo que el paciente me cuenta. Esto es igual que cualquier otro tipo de enfermedad. Si vas al doctor porque te duele la garganta, él te hace exámenes y cuantitativamente saca los elementos que tendrá que curar. Es exactamente lo mismo en psicología. Sí podemos tener indicativos de personas que podrían estar en riesgo de suicidio.

¿Hay maneras de detectar a quienes puedan tener ese riesgo?

Personas que empiezan a aislarse, que cuentan menos lo que les está sucediendo, que están muy eufóricas, hacen las cosas muy rápido, toman decisiones urgentemente. Esas son personas en riesgo. O todo lo contrario, personas depresivas, que lloran con mucha facilidad, que usan frases como “yo ya no sé para qué estoy en este mundo”. Esas son valoraciones cualitativas, pero nosotros tenemos que pasar a valoraciones cuantitativas. Hay evaluaciones (cuestionarios) de depresión que te dan porcentajes exactos. Nosotros manejamos cerca de mil cuestionarios. Hay cuestionarios que usamos como primera forma de evaluación para detectar psicopatologías. Para que una persona llegue al suicidio tiene que haber habido una psicopatología, una enfermedad mental. Creo que es hora de que empecemos a ver los rasgos suicidas desde una enfermedad mental y no desde una característica de personalidad.

¿Cómo podríamos explicar el proceso en que una persona sana adquiere una enfermedad mental?

Hay cuatro elementos. Uno es el tema de orden genético. Si bien no es determinante, sí influye de manera importante en el hecho de que alguien vaya a tener rasgos depresivos que van a aumentar el riesgo de ser suicida. Personas que han tenido papás depresivos o medicados, hijos de adictos o personas adictas que estén en procesos de control de la enfermedad también son potenciales suicidas. No es que las personas tienen un gen que hace que sean potenciales depresivos. No. Tenemos 270 genes para la depresión.

El segundo punto es la parte neurológica. Por ejemplo, tu cabeza funciona químicamente diferente a la mía; todas las cabezas funcionan de diferente manera. El tercer punto es el contexto: dependiendo de todo lo que nosotros hayamos escuchado o hayamos visto desde que somos chicos, puede crearse una tendencia suicida. Y por último, el tema conductual; ensayo-error. Las cosas que hemos hecho y nos han funcionado, las volvemos a hacer. Por ejemplo, me doy cuenta que si estoy muy triste y me tomo 20 gramos de antidepresivos me funciona. Si yo lo repito sin control médico, puedo llegar a sobrepasarme y me puedo morir.

Esos cuatro componentes son necesarios. Cuando veo en redes sociales comentarios tan simples como “lo único que a uno le hace ser exitoso es lo que uno tiene por dentro, la felicidad no está afuera” pienso que hay que tener mucho cuidado con eso. Son personas que tienen características predisponentes a actos autolesivos.

Hay casos de suicidios en los que el círculo cercano creía que la persona “ya estaba bien” o estable. ¿Cómo se puede entender la cabeza de alguien suicida a partir de este punto de quiebre entre estar bien y suicidarse?

Es que no estaba bien. Nosotros tenemos la imagen que proyectamos. Tenemos siete elementos relacionados a la imagen que hemos decidido proyectar. La señora Spade decidió proyectar la imagen de económicamente solvente y social. No quiere decir que eso era lo que ella era. Todas las personas proyectamos una imagen, y cuando no hay una coherencia entre la imagen que quiero proyectar y lo que yo soy, evidentemente hay una descompensación que inicialmente es cualitativa pero que luego puede ser fisiológica. Esa es la descompensación cuantitativa, que es cómo funcionan los neurotransmisores en nuestro cerebro.

Entonces más allá de un contexto específico, en el caso de los suicidas, ¿hay una descomposición química a considerar?

Sin duda. El tema químico se explica desde la cantidad de neurotransmisores que nosotros tenemos, la cantidad de serotonina que podemos estar produciendo que puede variar por un evento traumático que causa una descompensación química. Jamás podemos pensar que este es un tema de orden cualitativo y conductual sino tomamos en cuenta la parte fisiológica del paciente.

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Si es que nosotros tenemos una persona que actúa de una manera, no podemos trabajar sobre eso.  Es imposible pensar que solamente actúa de esa manera sin que haya un motivo de orden químico. Cuando nosotros trabajamos tenemos que saber que debe haber un diagnóstico. Sin diagnóstico es poco ético trabajar así y creo que el 80% de mis colegas lo hacen y no, las cosas no funcionan así. Si yo tengo un paciente con 85% de depresión, sé que esa persona necesita fármacos.

¿Todas las personas que requieren fármacos son potenciales suicidas?

No necesariamente. Sin embargo todo aquel que intenta suicidarse, incluso si no lo logra, ya es un potencial suicida. Esto de regularizar la depresión en el adolescente, por ejemplo. Hay quienes dicen “lo que pasa es que el adolescente debe deprimirse”. Y no, el adolescente puede tener ciertas características frente  determinados eventos, puede estar triste, pero depresivo, no. Los papás de adolescentes tienen que saber que si tienen un hijo con características depresivas, que si lloran mucho, que si se encierran en los cuartos, que empiezan a no querer tener amigos, tienen que buscar ayuda porque el riesgo es demasiado alto.

¿Qué otras señales de alerta puede haber?

En el adulto las características son similares a las que nombro en el adolescente. El aislamiento es un tema clave. Empiezan a tener conductas en las que no interactúan con las personas o si interactúan con otras personas no se concentran. No pueden trabajar o estudiar coordinadamente, dejan de ser funcionales, se ponen muy agresivos. La depresión se puede dar desde el llanto o desde el enojo. Personas muy enojadas todo el tiempo pueden tener una descompensación química en el cerebro, el lado izquierdo deja de funcionar y puede haber un intento de suicidio o concretar el acto.

"Sí se puede evitar un suicidio", Patricia Aguirre. Fotografìa de Eliot Allaire para GK.

“Sí se puede evitar un suicidio”, Patricia Aguirre. Fotografìa de Eliot Allaire para GK.

¿Los intentos de suicidio tienen como finalidad realmente suicidarse? ¿O cuál es la finalidad?

Nosotros tenemos que tener en cuenta que siempre son para suicidarse. No podemos confiar de que no es para suicidarse. Si hay un parasuicidio, es decir un intento, tenemos que intervenir.

Cuando estas señales de alerta se empiezan a hacer evidentes para el círculo cercano, ¿qué es lo que se debe hacer?

Ahí hablamos de redes de apoyo. Hay que organizar estructuras alrededor del suicida. Si es que nosotros nos damos cuenta del riesgo, hay que alertar a la familia. En adolescentes por ejemplo, les cuentan a sus amigos que se está cortando los brazos o las piernas, nunca sé qué tan hondo me corto, dicen que quieren que se acabe la vida. Esa información es demasiado riesgosa para que esa persona la tenga sin comunicarla. Con eso hay que replantearse el hermetismo y la confidencialidad. Nosotros como profesionales estamos obligados a avisar a sus familiares cuando vemos que una persona está en riesgo de suicidio. Si alguien me dice que se quiere suicidar, debo avisar, sea mi amiga, sea quien sea.

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¿Qué pasa cuando la familia se entera? ¿Cómo se busca apoyo?

Ahí es donde vienen a buscar a las profesionales. Ahí nosotros debemos hacer una valoración para saber en qué nivel de riesgo está el paciente. Hay evaluaciones para ver el riesgo suicida. Con esos datos nos reunimos con las familias, aunque las personas en riesgo sean mayores de edad. La ley nos ampara para abrir la confidencialidad. Allí se determina un tratamiento y se toman acciones de protección para el suicida. No puede volver a cerrar la puerta de su cuarto, por ejemplo. Tienen que retirar todas las cosas con las que esa persona pueda hacerse daño. La frecuencia de las sesiones será más intensa. Requeriremos además, por supuesto, intervención psiquiátrica.

¿Se puede evitar un suicidio?

Sin duda sí. El tema es que los familiares y todos sepamos que detrás de un potencial suicida hay una enfermedad mental y no simplemente una conducta. Y trabajamos sobre eso, sobre la enfermedad mental.

Regresando a casos de suicidios mediáticos. Bourdain por ejemplo, en algunas entrevistas había hablado abiertamente sobre su estado, se sabía que había sido adicto. Aún así no se pudo evitar el suicidio.

Es que no sabemos cómo fue el tratamiento. Si nos vamos a la historia de Hemingway, él avisó por muchísimo tiempo que se iba a suicidar pero no tenía tratamiento. Él se tomaba anfetaminas, era una vida caótica la que tenía, era un depresivo crónico. Las drogas tienen la función de equilibrar fisiológicamente al paciente. Por eso es que cuando tenemos un paciente adicto, no trabajamos sobre la adicción, vamos a trabajar el motivo que produce la adicción y ese motivo es una enfermedad mental.

¿Entonces un adicto puede buscar una sustancia para que equilibre químicamente algún elemento que le falta?

Claro. Tienes por ejemplo una persona que es muy depresiva. Ahí entra el contexto: de pronto aprendió que jalando coca se estimulaba y ya no estaba depresivo. ¿Qué es lo que va a hacer? Jalar coca.

Por lo tanto, el rato de abandonar la adicción, ¿queda un riesgo?

Claro, hay un riesgo porque hay una descompensación química y el rato que se produce la descompensación química es cuando aparece la psicopatología. No es un tema menor.

Al inicio, usted mencionaba como ejemplo el dolor de garganta que el médico trata a partir de los síntomas y aplica el tratamiento. ¿Las enfermedades mentales se curan o es algo con lo que la persona debe lidiar toda la vida?

Hay algunas enfermedades mentales que se pueden controlar pero hay otras que son crónicas, lo que tú dices, lidiar toda la vida. La enfermedad crónica está, entonces hay momentos en que la persona está químicamente controlada, y hay otros momentos en que no. Partimos del hecho de que las enfermedades mentales son crónicas. Actúo como si lo fueran. Si después se estabiliza y tal, qué bueno, pero parto de que es una enfermedad crónica.

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¿Entonces es una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier rato?

Por supuesto, por eso es que el requerimiento de intervenciones es por mucho tiempo, me refiero a una intervención sobre el problema y sobre la enfermedad, no de tratamientos sobre lo que el paciente viene y me cuenta. El paciente puede venir y te puede mentir, por eso hay que trabajar desde el diagnóstico que puede ser desde un trastorno de ansiedad hasta depresión, paranoia, rasgos esquizoides. Es un montón.

¿Todos esos diagnósticos desembocan en potenciales suicidas?

No necesariamente. Por eso es que tenemos el tema del contexto y el modelado. El modelo del suicidio se puede replicar. Las personas que ven que Kate Spade que tenía todo se mató, entonces pueden replicar el modelo.

¿Pero cómo se convierte en un modelo?

El haberlo hecho le convierte en algo que puede repetirse. Lo mismo pasa en la moda, donde quieras. Todos escogemos modelos, especialmente cuando las personas no tienen claridad sobre lo que son y la imagen que quieren proyectar.

¿Entonces hay unos detonantes externos? ¿Cuáles serían?

Desde los medios los estamos viendo este momento. Los modelos familiares también. Los niños cogemos modelos a los que les asignamos la característica de tener poder. Cogemos ese modelo y en nuestra cabeza es como una fotocopiadora, se imprime y ahí se quedó. ¿Qué sucede entonces? Luego vamos a repetir esos modelos que vemos como poderosos. Eso se llama poder mimético. Si un niño ve que su papá o su mamá pega, él va a pegar. Lo mismo si intentó suicidarse. Si el niño le otorga poder a esa figura, podría replicar el intento de suicidio. Cuando murió Kurt Cobain surgieron emprendimientos que buscaban evitar que se replicara el modelo del suicidio porque como esta figura tenía poder, podía haber muchísima gente que quisiera repetirlo. En este instante tenemos lo mismo. Sí, papá, mamá, hermanos, abuelos, colegas, o alguien que nos da indicativos de que no quiere seguir viviendo, que empieza a regalar las cosas, que se la pasa llorando, ya no vamos a repetir esa famosa frase de “tú puedes, hazlo, inténtalo, es cuestión de voluntad”. Eso no es cierto. Allí puede haber potencialmente un suicida en su casa.

¿Y ahí el tratamiento es directamente con fármacos?

El tratamiento es psicológico y clínico, partiendo de una evaluación para saber en qué estado está el paciente.

Para ir concluyendo ¿cualquier persona puede convertirse en suicida entonces?

Absolutamente, el momento en el que se produce un desequilibrio químico, claro. Pero si además, tenemos los modelos de los que hablábamos al principio de la entrevista, es peor. No hablemos de “la voluntad”. La cabeza no tiene ya voluntad cuando está químicamente descompensada.

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¿Y hay casos en los que no se ven señales de alerta, o siempre hay formas de detectarlo?

A veces no hay señales de alerta, pero en algún punto, si es que estamos abiertos, hay formas de pedir ayuda. El tema con la enfermedad mental es que no la ves, entonces no la crees. Si alguien está con una pierna rota, le dices no puedes correr porque estás con la pierna rota y te ayudo. En la enfermedad mental, no sé si por conceptos de orden cultural, religioso, espiritual, la idea es que tú puedes porque puedes poner voluntad, pero la verdad es que no puedes. Si estás con la pierna rota, por más que quieras, no puedes correr; en la enfermedad mental es igual. Entonces tienes que buscar ayuda. Una persona que no se quiere levantar de la cama, que no quiere abrir las cortinas, que llora mucho, está en riesgo. Una persona que no se concentra en nada, está en riesgo. Y ahí es cuando muchas personas piden ayuda o avisan a otros para que otros pidan ayuda. Pero lo importante es que cuando hablan o les cuentan a otros, estos otros no salgan con que “tú puedes”, sino que sepan que hay que buscar un apoyo clínico.

María Sol Borja
Periodista y publicista. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Docente universitaria y traductora. Ha publicado en medios como New York Times, Mundo Diners y Soho. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Editora asociada en GK.