La mañana del lunes 7 de marzo de 2022, el Consejo Político del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik se reunió en su sede en Quito. El primer punto en el orden del día —la convocatoria estaba firmada por Marlon Santi, coordinador de la organización— era evaluar la agenda legislativa. Tras esa denominación  formal, estaba, en realidad, un problema que ya ha trascendido a la opinión pública: la imposibilidad de Pachakutik de ponerse de acuerdo. 

La evidencia mayor del quiebre está en las acusaciones mutuas que se han hecho entre los legisladores y que el Consejo Político pretende dirimir salomónicamente, evitando, a toda costa, sacrificar a Guadalupe Llori, militante del movimiento y presidenta de la Asamblea Nacional.

Llori debía encarnar los valores de de Pachakutik que, por primera vez en la historia, tiene a una de sus representantes como cabeza de uno de los poderes del Estado. Sin embargo, lejos de cohesionar al movimiento, Llori se ha vuelto una figura de discordancia, incapaz de sostener el liderazgo que su puesto requiere —en su propio movimiento pero también hacia las otras fuerzas políticas en la Asamblea.

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En las elecciones de 2021, Pachakutik —el brazo político del movimiento indígena ecuatoriano— alcanzó resultados históricos: tercer puesto para su candidato presidencial y 28 curules en la Asamblea Nacional —ahora son 25. Lograron, además, presidir este organismo y obtener la presidencia o vicepresidencia en siete de las quince comisiones legislativas permanentes

Eso, sin embargo, no fue suficiente para unir a la organización política. Su candidato presidencial, Yaku Pérez —quien peleó, voto a voto la posibilidad de llegar a segunda vuelta y fue, finalmente, derrotado por Guillermo Lasso— se desafilió de Pachakutik, tras 25 años de militancia. Hizo el anuncio de su separación de la organización el 19 de mayo, cuatro días después de que Guadalupe Llori fuera designada presidenta del Legislativo y cinco días antes de que Guillermo Lasso se posesionara como nuevo presidente del Ecuador. 

Siete meses después, un grupo de nueve asambleístas de Pachakutik se declararon “en rebeldía” frente a la coordinación de la bancada que está en manos de Rafael Lucero. Darwin Pereira, Joel Abad, Patricia Sánchez, Mario Ruiz, Mireya Pazmiño, Peter Calo, José Cabascango, Salvador Quishpe y Salvador Maita dijeron estar más identificados con los principios de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), cuyo presidente es Leonidas Iza

En un comunicado difundido el 15 de diciembre de 2021, dijeron que la bancada de Pachakutik está enfrentada. Exhortaron a sus compañeros de bancada “a cumplir fielmente con los principios ideológicos con los que nació el Movimiento Pachakutik”. Dijeron que “su voto es determinante para enfrentar el modelo neoliberal que impulsa el gobierno de Guillermo Lasso”. 

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En una rueda de prensa, ese mismo día, Mario Ruiz, acompañado de los otros legisladores autodenominados rebeldes, se deslindaron de “cualquier responsabilidad por las votaciones que se hubiesen presentado en la Asamblea Nacional, alejados de esa línea de conducta de lealtad suprema de los más profundos de los intereses del pueblo ecuatoriano”. 

Para esta fracción hay evidencia de que sus coidearios —entre ellos, Llori— están alejándose de los principios de la organización política. Incluso sugieren que sus posturas están más cercanas a las del gobierno de Guillermo Lasso que a las de Pachakutik. Eso, según ellos, se evidencia en algunas votaciones. Señalan, por ejemplo, las abstenciones de seis asambleístas de Pachakutik —incluidos Rafael Lucero y Guadalupe Llori— en la votación del juicio político en contra de la Superintendenta de Bancos, Ruth Arregui que fue, además, planteado por Darwin Pereira, legislador de Pachakutik. “Mi voto siempre ha sido abstención. Entonces dicen que no, que tengo que votar sí o no, me va a tocar”, me dice Llori

Algo similar pasó con el informe de Pandora Papers, que investigaba el posible incumplimiento del presidente Guillermo Lasso de la ley que prohíbe tener empresas en paraísos fiscales a los funcionarios públicos. El asambleísta de Pachakutik, Fernando Cabascango, propuso que el Presidente compareciera ante el pleno legislativo. De los 25 asambleístas de Pachakutik, 10 votaron a favor de la propuesta hecha por su coideario, entre ellos Mireya Pazmiño, Mario Ruiz y Patricia Sánchez —del grupo de los autodenominados rebeldes. Diez se abstuvieron, entre ellos el coordinador de bancada, Rafael Lucero, Rosa Cerda y Dina Farinango. Los otros cinco legisladores del bloque, votaron en contra —entre ellos, la presidenta Llori.

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Para Yaku Pérez, Llori está claramente alineada con lo que él califica de “derecha recalcitrante y neoliberal”. “Eso es evidente, se puede ver. Ella no está gobernando, ella es una figura decorativa”, me dice en una entrevista telefónica, con su acostumbrada voz pausada. Y aunque no se atreve a condenar directamente a sus ex coidearios, sí dijo que, en las elecciones de 2021, Pachakutik pretendió ser la ruptura entre esa derecha representada por Lasso y la “pseudoizquierda autoritaria” de Correa. 

Parece, sin embargo que los representantes de Pachakutik que llegaron a la Asamblea no solamente no pudieron romper con la fuerza de los liderazgos encarnados en Guillermo Lasso y Rafael Correa sino que, al dividirse en dos facciones, el movimiento que Pérez lideró en las elecciones de 2021 podría terminar convirtiéndose en una organización política funcional a aquellos que tanto cuestionó. 

En ese contexto, el rol de Leonidas Iza, presidente de la Conaie y figura relevante durante el paro de octubre de 2019, también aparece como un fantasma. “Iza ha estado llamando a los asambleístas para presionar sobre ciertas votaciones”, dice una fuente cercana a Pachakutik que pidió la reserva de su nombre. Intenté contactar a Leonidas Iza para conversar sobre este señalamiento y su postura frente a las decisiones del consejo político, pero hasta el cierre de este texto no obtuve ninguna respuesta ni a las llamadas ni a los mensajes.

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Guadalupe Llori no se imaginó que sería la presidenta de la Asamblea. Fue un acuerdo de último minuto. Lo corroboran por lo menos dos fuentes que pidieron la reserva de sus nombres y que conocieron, de cerca, cómo se definió su nombre. Ella también lo confirma: “Yo jamás soñé con ser presidenta de la Asamblea”, me dice, sentada en un sillón, de espaldas a su escritorio ubicado en el fondo de su amplio despacho en el Palacio Legislativo. 

Cuando  el gobierno propuso apoyarla para que, eventualmente, ocupara la vicepresidencia de la Asamblea, el coordinador de Pachakutik, Marlon Santi se negó, cuenta Llori. Pachakutik iba por la presidencia o nada, dice, y por eso, cuando recibió una llamada de César Monge, entonces operador político del gobierno y jefe de la bancada legislativa, en la que le confirmaba que tenía los votos necesarios para ser elegida presidenta de la Asamblea, pensó que era una broma. 

Esto ocurría al día siguiente de la posesión de la nueva Asamblea, en mayo de 2021, después de que se hizo público el fallido pacto entre los socialcristianos, CREO y el correísmo. Con el pacto quebrado a última hora por decisión de CREO, según versiones del socialcristianismo y del correísmo, desaparecieron los votos que permitían nombrar autoridades de la Asamblea Nacional. 

CREO tuvo entonces que buscar nuevos consensos, esta vez con Pachakutik, la Izquierda Democrática, y los independientes. “Guadalupe entra porque no había otra opción”, dice una fuente cercana a la organización política de raíces indígenas, que prefiere mantener su nombre en reserva. La misma fuente dice que Salvador Quishpe intentó obtener votos de apoyo para ocupar él ese puesto, pero no le alcanzaron. 

El resto de asambleístas tenía poco recorrido y pocas probabilidades de obtener respaldo. Y aunque Llori, por la visibilidad nacional que había alcanzado durante el gobierno de Rafael Correa, en el que fue criminalizada, parecía una posibilidad sólida, muchos militantes históricos de la organización —e incluso las propias bases— tenían dudas sobre su capacidad de liderazgo, dice una fuente que pidió la reserva de su nombre. El punto de comparación natural era Yaku Pérez, el hombre que había llevado al movimiento indígena a disputar el segundo lugar en las presidenciales. “Yaku Pérez tenía una capacidad de cohesión muy grande, Guadalupe no”, dice la fuente.

Pérez evade la pregunta sobre su capacidad de liderazgo, en una breve entrevista telefónica, pero me dice que no faltaron síntomas de la crisis que hoy es evidente en Pachakutik. “No se necesita ser Nostradamus para predecir lo que iba a suceder”, dice. Según él, es fácil identificar cuáles legisladores están más cerca al correísmo y cuáles que están más cercanos al gobierno. 

Sostiene, además, que él —a pesar de ser candidato presidencial— no conocía a la mayoría de candidatos a la asambleístas. Cita a Ricardo Vanegas y a Patricia Sánchez, como ejemplo. Llori coincide con Pérez: dice que ella tampoco conocía a Sánchez, que en varias entrevistas ha dicho que es fundadora del movimiento. “Justamente por eso ahora están reclamando mucho los compañeros  y de aquí en adelante, para ser candidato de Pachakutik tiene que estar dentro del movimiento por lo menos dos años”, dice Llori.

Sin embargo los cambios que eventualmente podría hacer la organización para elegir sus candidatos en elecciones futuras, por ahora no sirven de mucho. El bloque está en riesgo y el proyecto político de Pachakutik es cuestionado por su propia militancia. “Fue un desperdicio histórico y hoy el bloque está como está”, se lamenta Pérez ante el quiebre en la organización en la que él militó durante un cuarto de siglo. 

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El 7 de marzo, los asambleístas de Pachakutik, los coordinadores provinciales y varios líderes indígenas como Marlon Santi y Leonidas Iza —a quien se lo ha visto coquetear con el correísmo—, se reunieron en el Consejo Político de Pachakutik. La reunión, que duró cerca de ocho horas, incluía una discusión sobre las discrepancias que los asambleístas ya habían ventilado públicamente durante varias semanas. 

Una de las decisiones anunciadas fue la urgencia de retomar como punto de partida de las decisiones, los principios de Pachakutik, me dijo Marlo Santi en el espacio de GK GK entrevistas. Esto, según él, debería limar definitivamente las asperezas entre los legisladores de la bancada. “Nuevamente nos alineamos, los 25 asambleístas”, dijo. “Eso de asambleístas ‘correístas’ o ‘lassistas’ no existe, hay una sola lista de asambleístas de Pachakutik”, insistió, como si una resolución en papel fuese suficiente para recomponer a una organización que ha evidenciado fracturas estructurales. 

Más allá de la retórica, ni Santi ni los legisladores consultados para este reportaje han podido explicar cómo se vería en la práctica esa nueva unidad. Contacté a Rafael Lucero, para intentar averiguar qué propone él, en su calidad de jefe de bancada, para rearmar aquello que parece insalvable. Sin embargo, hasta el cierre de este texto no obtuve respuesta. 

La amenaza que pende sobre las cabezas de los legisladores de ser evaluados, sancionados e incluso expulsados de Pachakutik, podría presionarlos para alinearse con Lucero y la dirigencia encabezada por Santi. La causal para esa evaluación sería la desobediencia a los principios de la organización. Lo complejo, como en todo partido y movimiento político, es poner en práctica lo que dice el papel, es decir, los motivos que podrían aducirse para sancionarlos y la interpretación que se haga de esas normas internas. “Si Pachakutik decide enviarnos al comité de ética y que se levante una evaluación, pues que se levante pero a nosotros nos tienen que juzgar las bases de las provincias donde fuimos electos”, dijo Mireya Pazmiño en entrevista radial, segura de que si las bases provinciales la juzgan, saldrá ilesa. 

Minimizó, además, la legitimidad de las decisiones tomadas en el Consejo Político de Pachakutik. Según ella apenas estuvieron cinco coordinadores provinciales —no los 24 que debían estar. Santi interpreta sus declaraciones como una señal de desobediencia. “Ella no quiere cumplir las decisiones, ella dice que no fueron consensuadas. No es posible que una asambleísta minimice a una representación de 23 provincias”, dijo. Y aunque las resoluciones de Pachakutik ya están en firme, da la sensación de que los legisladores autoproclamados “rebeldes”, se aferran a su postura. Aseguran que han sido coherentes con el proyecto político que representa Pachakutik. “Los rebeldes han recuperado la verdadera dirección política de Pachakutik”, me dice la asambleísta Patricia Sánchez. El cisma parece no tener vuelta atrás.

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Sánchez y Llori creen que están actuando de acuerdo a los lineamientos de la organización política que las llevó a la Asamblea. En ciertos momentos, parece que la discusión política interna es estéril: cada quien tiene sus razones personales y acusa a la facción opuesta de no cumplir con los mandatos de las bases y de sus votantes. Eso sí, Sánchez asegura que los 7 disidentes “seguirán actuando en rebeldía” y no descarta ausentarse de ciertas convocatorias que haga  el jefe de bancada de Pachakutik. “Asistiré solo a aquellas convocatorias que permitan el debate frontal respecto a nuestro accionar en la Asamblea, a aquellas que sean solo ‘ustedes vengan a alzar la mano, sin un debate’, no”, dice. 

Llori también se siente respaldada por sus acciones y cree que las decisiones tomadas en el consejo político servirán para depurar a la organización.  “Si son verdaderos Pachakutik van a obedecer la decisión de las bases, la decisiones de la Asamblea Nacional y las decisiones de la Conaie”, dice. 

Sánchez insiste que son justamente los rebeldes quienes han hecho un llamado constante al resto de asambleístas de Pachakutik para que se apeguen a la ideología del movimiento a la hora de votar en el pleno. “Finalmente se hizo lo que veníamos pidiendo hace tiempo; la asambleísta Llori votó exactamente en la línea de Pachakutik”, dice Sánchez sobre una de las últimas votaciones, y la primera en mucho tiempo, en la que todos los legisladores de Pachakutik se alinearon para apoyar la moción de que la Asamblea Nacional tramite la derogatoria de la ley tributaria aprobada en noviembre pasado por el ministerio de la ley. 

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El voto unificado de Pachakutik podría significar que finalmente se están poniendo de acuerdo entre ellos. Podría significar también que Llori está entendiendo que tiene que aprender a elegir sus batallas si quiere mantenerse como presidenta de la Asamblea. 

Su cargo frente al poder legislativo ha estado en riesgo en las últimas semanas. La coalición correísta Unión por la Esperanza (UNES), el Partido Social Cristiano (PSC) y los rebeldes de Pachakutik han querido evaluar el desempeño de Llori y de los otros miembros del CAL, desde hace varias semanas. 

El 24 de febrero pasado, UNES quiso discutir el cumplimiento —o incumplimiento— de las funciones del Consejo de Administración Legislativa (CAL). Llori no dio paso a esa moción —alegando que no correspondía, de acuerdo al procedimiento legislativo. 

Esteban Torres, del PSC, apeló, desde su curul y sin tener la palabra,  la presidencia de la Asamblea, pero Llori lo ignoró. La “apelación a la presidencia” es un recurso legal que faculta, con los votos suficientes, retirar a quien preside una sesión, momentáneamente de la misma; en ese caso, asume la dirección de la sesión, el vicepresidente. Los legisladores empezaron a gritar y exigir que se atienda el pedido de UNES. La sesión fue suspendida por Llori porque “no había garantías”, dijo, y abandonó el pleno. Minutos después de su salida, con la mayoría de legisladores aún en el hemiciclo, la luz y el audio fueron suspendidos —por orden de Llori, según varios asambleístas (algo que ella niega). 

La sesión que no pudo darse ese día, se retomó más de una semana después, el miércoles 9 de marzo. Fausto Jarrín, asambleísta de UNES, volvió a hacer el pedido que había provocado el caos en la sesión anterior: verificar el cumplimiento de las funciones de los miembros del CAL. 

Hubo 69 votos a favor que respaldaron a Jarrín. Se necesitaban 70. Cinco legisladores de Pachakutik votaron a favor de evaluarlo: Mireya Pazmiño, Patricia Sánchez, Darwin Pereira, Fernando Cabascango y Mario Ruiz. Lo hicieron, a pesar de que dos días antes habían tenido la reunión del consejo político de Pachakutik en la que, supuestamente, alcanzaron acuerdos que debían reunificar al bloque. 

Sánchez no considera que su voto favorable a la evaluación del CAL —y de Llori— debe interpretarse como un desacato. “¿Formar una comisión para evaluar al CAL es igual a cambiar la presidencia? Si existe esa lectura es una muy mala lectura porque todo organismo tiene que ser evaluado”, dice Sánchez.

Pero es claro que el pedido de evaluación de las autoridades del CAL deja entrever una maniobra política para cambiarlas. Sería ingenuidad política pensar que UNES o el PSC no tienen ya un acuerdo posible para intentar tener el control de la Asamblea que perdieron en mayo pasado. Y Llori lo nota: considera que sus coidearios “se prestaron” para cumplir las “intenciones de otras bancadas”. O, por lo menos lo intentaron.

Horas después de la maniobra fallida, la bancada de Pachakutik votó nuevamente de forma orgánica en favor de las amnistías a 268 personas judicializadas por distintos delitos, entre ellas varias por hechos relacionados al paro de octubre de 2019. 

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Los quiebres en Pachakutik parecen difíciles de resolver: ambos bandos legislativos creen tener la razón y  en las acusaciones mutuas utilizan los mismos argumentos en contra de los otros. Las elecciones seccionales de 2023 pueden ser, además, un punto de quiebre adicional: ahí se juegan intereses locales en cada provincia. Ocurre también que algunos asambleístas se impulsan en sus roles en  la legislatura para aspirar a cargos en sus provincias —prefecturas, alcaldías, entre otros cargos locales. Eso podría también ocurrir en Pachakutik. 

La capacidad de liderazgo de Llori sigue en duda pues no solamente ha evitado responder con claridad a los señalamientos de su cercanía con el gobierno —en una de las ruedas de prensa que ofreció, tras la suspensión de la sesión en la que apelaban a su presidencia, apareció rodeada de legisladores del oficialismo, como Ana Belén Cordero y Juan Fernando Flores. 

Ha evitado también enfrentar a los medios de comunicación mientras que sus detractores han utilizado esa cancha para ventilar sus cuestionamientos. 

Es evidente que Pachakutik no es la excepción: los partidos políticos siguen teniendo enormes dificultades para generar liderazgos sólidos que vayan más allá de una coyuntura electoral y los quiebres, una vez sentados en las curules, son la consecuencia inmediata de esa fragilidad política y programática que los partidos políticos aún no logran superar. 

María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva y fue finalista en los premios Jorge Mantilla Ortega, en 2021, en categoría Opinión. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.