Una mujer fue públicamente humillada por un jefe vengativo. Si la víctima fuese cualquier otra persona, las redes sociales pedirían la renuncia del jefe. Pero la involucrada es Verónica Abad, vicepresidenta del Ecuador y, por sus declaraciones controversiales —ha dicho, entre otras cosas, que la violencia de género no existe— su jefe ha sido absuelto de responsabilidad. Y ella se ha convertido en objeto de burla. Capaz esta situación merece ser reconsiderada. 

Sin lugar a dudas, la vicepresidenta del Ecuador Verónica Abad tiene opiniones retrógradas y hasta repugnantes porque buscan un retroceso en derechos que fueron alcanzados con muchísimo esfuerzo. Antes de ser el binomio de Daniel Noboa, Verónica Abad minimizó la violencia contra mujeres, cuestionó la igualdad de género, e insistió, sin lógica defensible, que el Estado promueve el divorcio. 

Sus posiciones autodenominadas provida y liberal son conocidas, documentadas, y consistentes durante su corta vida pública. Después de una campaña poco memorable para la alcaldía de Cuenca en 2023, fue tema de conversación nacional cuando Daniel Noboa la eligió para ser su candidata a la vicepresidencia. Suponemos que Noboa confío tanto en ella que dejaría el mando del Estado en sus manos en caso de que él no pudiera cumplir con sus funciones. 

La pregunta clave es ¿supo Daniel Noboa de sus posiciones controversiales y la escogió de todas formas? ¿O será que él y su equipo no investigaron bien antes de escogerla y recién se están enterando de quién es y qué cree su vicepresidenta? En cualquiera de los dos casos, la respuesta dice poco sobre Verónica Abad, y mucho sobre la falta de juicio y preparación del nuevo Presidente. Su primera decisión importante, de elegirla como vicepresidenta, demuestra pésimo juicio. 

Durante la campaña electoral, el equipo de Daniel Noboa se dio cuenta que Abad restaba y no sumaba. Y la aislaron. Enviaron mensajes indirectos al público de que no estaban de acuerdo con las opiniones controversiales de Abad. 

Luego de ganar la presidencia y después de una fría ceremonia de entrega de credenciales, el Presidente habló de traiciones, probablemente refiriéndose a Verónica Abad. Sería interesante saber exactamente cuál es la traición de ella, o si hay información sobre su comportamiento que los ecuatorianos no conocemos. Si las acusaciones que ha recibido se confirmasen, podríamos llegar a otras conclusiones.

Luego de posesionarse, el Presidente anunció que Abad sería enviada a la embajada ecuatoriana en Israel. A pesar de las felicitaciones de embajadas y distintos funcionarios públicos, incluyendo el nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Kronfle, parecería que Abad nunca fue consultada sobre este rol ni sobre la mudanza a un país que está en conflicto bélico. 

Sobre su decisión, el presidente Noboa dijo que “representa un hito histórico que marca un precedente sobre el significativo compromiso del Ecuador con la paz internacional y subraya nuestra determinación para promover la estabilidad en una región afectada por conflictos prolongados.”

Al sugerir que su decisión de enviar a Abad a Israel obedece a una lógica que no es un intento de silenciarla por su mal juicio, parecería que el Presidente cree que los ecuatorianos y la comunidad internacional somos ingenuos. A pesar de que la situación tiene un toque de humor, el mensaje a la comunidad internacional es que el nuevo gobierno ecuatoriano, en un momento de múltiples crisis nacionales, está conformado por amateurs que van a pasar el costo de sus malas decisiones al pueblo ecuatoriano mientras parece trivializar un conflicto armado en el proceso. 

Por más que sus opiniones puedan espantar, es obvio que Veronica Abad es víctima de ese poco profesionalismo que ahora nos gobierna. 

Finalmente, en cualquier otro ámbito laboral, no sería aceptable que un jefe le mande a otro país a un subordinado sin su consentimiento. Obviamente, la vicepresidenta tiene que cumplir con el mandato que le asigne el Presidente. Por otro lado, después de que Noboa anunció que iba a “poner fin a la política de la venganza y el revanchismo” está tomando una decisión de venganza y revanchismo, alejando a Verónica Abad de su familia y su ambiente, sin su consentimiento. 

Además, Verónica Abad no tiene trayectoria diplomática. Es decir, no tiene las destrezas ni los conocimientos para desempeñar bien su papel, y Ecuador no tiene el peso diplomático para que sea útil en un conflicto profundamente complejo. Encargar a alguien un papel sabiendo que va a fracasar es sabotaje profesional, algo que debería ser condenado por cualquiera que se preocupe por el avance de las mujeres en el lugar de trabajo. 

Verónica Abad tampoco es una persona fácil de apoyar. En su video de respuesta a la decisión de Noboa, trata de cobijarse en la bandera del feminismo, después de ser abiertamente hostil a ese mismo discurso. Luego dice que el gobierno la envía “a morir en la guerra,” como si Tel Aviv fuese el corazón del conflicto entre Israel y Palestina. Abad gana sin esfuerzo cada uno de sus detractores. Sin embargo, las opiniones de Abad no deberían impedir que pensemos críticamente en las circunstancias que ahora le afectan. 

Abad llegó a la luz pública por Daniel Noboa. Cuando no le era conveniente, él le dio un trabajo sin su consentimiento, y la envió a otro país sin ninguna consideración por su bienestar. La humilló públicamente con un castigo por mantener opiniones que siempre ha mantenido, le dio un trabajo para el que no tiene preparación, e insultó la inteligencia de los ecuatorianos y la comunidad internacional, dañando nuestra imagen como país y avergonzando nuestro cuerpo diplomático con su falta de seriedad. 

Algunos pueden creer que Abad merece el schadenfreude que ahora la rodea. Pero si nos enfocamos en ella, perdemos el foco. El accionar del presidente Noboa dice mucho sobre el trato que puedan recibir las mujeres que no cumplen con sus expectativas, algo aún más peligroso tomando en cuenta la conformación de su gabinete que incluye mucha gente sin experiencia en el ámbito público

Por el momento, Verónica Abad es un personaje llamativo en esta historia, pero no es la protagonista. El autor principal se llama Daniel Noboa. Abad puede irse a Israel, pero quien la puso en el ojo público se queda en Quito. Tomando en cuenta el poco tiempo que nos queda antes de una nueva ronda de elecciones, sus decisiones merecen estar bajo la lupa.  

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Matthew Carpenter-Arévalo
(Canadá, 1981) Ecuatoriano-canadiense. Escribe sobre tecnología, política, cultura y urbanismo.
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