Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil y líder del Partido Socialcristiano (PSC), terminó con la incertidumbre de su posible candidatura a la presidencia. En una transmisión en vivo a través de sus redes sociales, Nebot dijo que no será candidato a la presidencia —y ni a ninguna otra dignidad, ni ahora ni después. La salida de Nebot, 71 años de edad y 35 de vida política —su último cargo, la alcaldía porteña, lo ejerció desde 2000 hasta 2019— significa una posible reconfiguración del voto e incluso de las alianzas políticas para 2021. 

Ahora, hay por lo menos dos candidatos presidenciales seguros: Guillermo Lasso, quien participaría por tercera vez en una candidatura presidencial y Lucio Gutiérrez, expresidente derrocado en 2005. Además, ronda el fantasma del correísmo —sin candidaturas definidas aún—, y las posibilidades aún no confirmadas de que haya candidaturas del gobierno de Lenín Moreno: el vicepresidente Otto Sonnenholzner o la ministra de Gobierno María Paula Romo. 

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Tras las elecciones seccionales —donde se eligieron autoridades locales— de 2019, el estadístico Javier Rodríguez analizó sus resultados. Confirmó que el PSC obtuvo victorias en 44 cantones —convirtiéndose en el partido con más victorias— porque fue el que más candidatos postuló. Sin embargo, también quedó claro que, en solitario —sin alianzas con otras organizaciones políticas—, el partido de Nebot alcanzó el 10,9% de todos los votos, exactamente el mismo porcentaje que CREO, de Guillermo Lasso. También se confirmó que el bastión del PSC está en Guayas

Quizás la salida de una figura de liderazgo sumamente fuerte como Nebot permitirá más flexibilidad en los pactos que los socialcristianos decidan hacer para las elecciones de 2021. Eso dependerá también de quién sea el candidato socialcristiano —se ha mencionado los nombres de Cristina Reyes o Henry Cucalón, ambos asambleístas en funciones— y su capacidad de lograr consensos y alianzas con otras organizaciones políticas. 

Alianzas que no necesariamente son las más evidentes: se podría pensar que por ser dos partidos de derecha, el PSC y CREO podrían tener objetivos similares pero en las seccionales de 2019 no se aliaron. El PSC sí se alió con Democracia Sí de Gustavo Larrea, exministro de gobierno de Rafael Correa y asesor de Lenín Moreno. También con Avanza, fundado por el exministro Ramiro Gonzáles, hoy prófugo de la justicia e incluso con Pachakutik, organización política indigenista de izquierda.

Con ese historial, podríamos pensar que las alianzas más impensables podrían hacerse realidad con tal de lograr victorias. El distanciamiento entre el PSC y CREO también se refleja en la Asamblea. El bloque socialcristiano ha votado, en varias ocasiones, más cerca del correísmo que de CREO. Ese comportamiento podría significar una división del voto de centro-derecha en 2021. 

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Cabe también la posibilidad de que CREO —con posturas más bien en la extrema derecha en cuanto a derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo— busque mantener los alianzas que hizo para las elecciones seccionales de 2019. 

Aunque su principal pacto —en el que participó con candidaturas en 15 cantones— fue con Podemos, un movimiento que se define como progresista fundado por Paúl Carrasco, exprefecto de Azuay. Pero Podemos ha planteado una propia para 2021, la de Carrasco. 

A CREO le quedarían otras opciones: Centro Democrático del exprefecto del Guayas Jimmy Jairala (con quien presentó candidaturas conjuntas  en 11 cantones) o Sociedad Patriótica de Lucio Gutiérrez (con quien presentó 10 candidaturas en 2019), aunque el expresidente también será candidato presidencial. 

No podrá aliarse con Adelante Ecuador Adelante (el antiguo PRIAN) del empresario Álvaro Noboa —con quien se alió en 14 cantones— por haber sido eliminado del registro electoral a principios de junio de 2020. 

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Las elecciones de 2021 tendrán también la participación del correísmo. Aunque no se sabe ni con qué candidatos ni con qué organización política, el expresidente Rafael Correa dijo el 25 de junio que “si lo dejan” será candidato a la Vicepresidencia, algo que ya estaría “prácticamente definido”, según Correa. 

Con gran parte de las caras visibles de la autodenominada Revolución Ciudadana procesados judicialmente, detenidos o exiliados, el panorama no se le presenta fácil. Sin embargo, Correa no ha desaparecido del espectro político ni sus simpatizantes lo han olvidado. 

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En las seccionales de 2019 se demostró que el mapa electoral definitivamente cambió. Cuatro años antes, Alianza País —entonces liderada por Correa— y Avanza fueron las dos fuerzas protagonistas. Alianza País  alcanzó 69 alcaldías y Avanza la secundó, con 36. Juntas, las dos organizaciones conquistaron el gobierno local de 105 cantones (equivalente al 48 por ciento de los cantones del territorio nacional). 

Tras la ruptura política de Moreno y Correa, Alianza País también se debilitó y perdió buena parte de su militancia. La cara más representativa del movimiento, Correa, fue uno de los primeros en anunciar su desafiliación. Moreno se quedó con la organización fundada por quien, poco antes, había sido su amigo y coideario. 

Sin partido propio, el correísmo buscó para las seccionales de 2019 una organización que pudiera respaldarlo: Fuerza Compromiso Social, fundada por Iván Espinel,  exministro del gobierno de Lenín Moreno, hoy sentenciado a 10 años de prisión por lavado de activos. Sin embargo, esta organización podría quedar eliminada del registro electoral según lo dispuso preliminarmente la Contraloría General del Estado (algo que el Consejo Nacional Electoral dijo que no era competencia del organismo de control). 

Esa no es la única dificultad que enfrenta el correísmo. Su carta más prominente, Correa, enfrenta varios procesos judiciales en Ecuador. Por el caso Sobornos se emitió la primera orden de prisión en su contra y hay una sentencia —no ejecutoriada— a ocho años de prisión por cohecho. Además, por el secuestro de Fernando Balda tiene que presentarse a juicio. 

Eso dificultará que corra, pues para ello tendría que inscribir personalmente su candidatura, según el reglamento de democracia interna de organizaciones políticas. En sus actuales circunstancias judiciales, el rato que pise el país, sería arrestado. 


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Correa podría renunciar a esa posibilidad y postularse como candidato a la Asamblea Nacional por el exterior y así inscribir su candidatura en Bélgica. Sin embargo, si la sentencia del caso Sobornos llegase a quedar ejecutoriada —esto ocurre cuando se terminan todas las instancias nacionales de apelación y la Justicia ratificase al expresidente como culpable de cohecho— Correa no podría postularse a ningún cargo, según el artículo 133 de la Constitución de Montecristi, aprobada en su gobierno. 

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Con o sin Correa, el correísmo tiene, sin embargo, un voto duro no menor al 6 por ciento y no mayor al 20 por ciento, según los datos que se pueden sacar de las elecciones de 2019. 

Dependerá de las figuras con las que participen para que ese voto agrupe a la centro izquierda y a antiguos militantes que quedaron en medio de la pugna Correa-Moreno. 

Entre los nombres que se han mencionado como posibilidades para el correísmo, están el de Pierina Correa —la hermana del expresidente—, Xavier Lasso —exfuncionario del correísmo y hermano de Guillermo Lasso—, Marcela Aguiñaga —exministra del gobierno anterior y actual asambleísta. Todos fervientes correístas y críticos de su antiguo coideario Lenín Moreno, quien terminará un período sumamente convulso, tras el cual, probablemente, Alianza País —la suya— sea vencida en las elecciones. 

Plantear a los candidatos oficialistas no parece ser una prioridad para Moreno —un presidente desgastado, con un nivel de popularidad bajísimo (18,7% en mayo de 2020, según Cedatos)— pero María Paula Romo y Otto Sonnenholzner podrían ser la apuesta oficialista. 

Sus alianzas no se ven con claridad, sobre todo después de la ruptura del acuerdo legislativo con CREO, al que se acusaba de ser parte del gobierno de Moreno. La coordinadora de la bancada de Alianza País, Ximena Peña dijo en febrero que una alianza electoral entre ambas fuerzas políticas es “casi imposible”. 

Más probables —si vemos aquellas que hicieron en 2019— serían con Centro Democrático o Democracia Sí. Y ahí coinciden con el PSC y Pachakutik: tienen los mismos aliados.

Eso pudo cambiar, sin embargo, tras el paro de 2019, cuando el sector indígena se levantó contra el gobierno de Moreno. 

De allí, al interno del movimiento indígena, también surgieron divisiones que podrían marcar la agenda electoral. Leonidas Iza, uno de los líderes visibles del paro de octubre, declaró, a finales de mayo de 2020, estar dispuesto a construir una plataforma nacional con todos los sectores sociales, incluido el correísmo. Y aunque la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) se ha desmarcado de esas declaraciones, hay un sector favorable dentro del movimiento indígena a la postura de Iza, mientras ya se plantean algunos posibles nombres que podrían candidatizarse por Pachakutik: uno de los precandidatos es el exprefecto de Zamora, Salvador Quishpe, contrario al ala correísta.

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Ante ese panorama, es muy pronto para aventurarse a considerar un candidato favorito. En un contexto mundial de pandemia y crisis económica, los factores que juegan a favor o en contra de los candidatos pueden variar rápidamente. 

Lo que parece claro es que el fantasma del correísmo sigue rondando el tablero electoral. Con el fuerte discurso gubernamental que mantiene viva la imagen de Rafael Correa y unos candidatos que parecen concentrar su propuesta alrededor de lo que hizo o no hizo el expresidente, pareciera que la contienda se define aún entre el correísmo versus todos los demás. 

La salida del juego de Jaime Nebot podría estar más relacionado a su olfato político —que podría hacerlo apostar más por una alianza que le permita al PSC una mayoría en la Asamblea Nacional— que a dirigir un gobierno central cuya mesa estará lejos de estar servida para el próximo gobernante.