Beatriz Molina tiene desde hace 32 años un puesto de venta de frutas y verduras en el mercado Santa Clara, al norte de Quito, y durante el paro nacional perdió dinero y se quedó desabastecida. Los pocos productos que pudo conseguir, dice, están “muy muy caros” Sabe que eso tendrá consecuencias en su economía por el resto del año. No está sola: las consecuencias económicas del paro de junio de 2022 serán sentidas por los pequeños y medianos comerciantes y por los ecuatorianos que menos recursos tienen. 

El paro terminó la tarde del 30 de junio cuando las organizaciones que lo convocaban y el gobierno firmaron un acta con varios acuerdos. Pero los graves impactos en el comercio interno y externo del país, causados por los 18 días de movilizaciones, cierres de vías y suspensiones, no se evitarán. “Las pérdidas económicas son grandes. Se verán a largo plazo”, dice el analista económico Victor Hugo Albán. El Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca estima que en el país se perdieron más de mil millones de dólares en todo el país. 

Uno de los principales problemas que tuvieron los comerciantes en esos días fue la falta de productos. Para abastecerse, Beatriz Molina iba a la una de la mañana al mercado Mayorista —donde ha comprado sus productos por décadas—, pero cuenta que en esos días si llegaba después de las 2:30 de la mañana ya no encontraba nada. 

Lo mismo le sucedió a Denis Gordillo, un hombre de 30 años quien, junto a su familia, tiene un local de venta de pescado, mariscos y otros productos marinos en Chillogallo, al sur de Quito. Ellos se abastecen en el mercado de San Roque. Desde la segunda semana del paro, se les volvió dificilísimo encontrar productos. Cuando lo lograban, tenían que pagar más de lo que acostumbraban. 

Lo mismo pasó en tiendas, supermercados y locales comerciales. Los bloqueos y el total cierre de ciertas vías interprovinciales provocaron que los productos no puedan ser embarcados o que se pierdan en el camino. 

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Otro de los problemas fue el incremento del costo de los servicios. Entre ellos, el de transporte. Antes los transportistas cobraban un dólar por llevar un quintal de frutas o verduras. Durante el paro, llegó a costar entre 3 y 5 dólares por cada quintal que transportaban.

Denis Gordillo cuenta que en la última semana del paro solo pudieron abastecerse para poder vender a sus clientes más fieles, que tienen restaurantes y que no han dejado de comprarles en estos días. Dice que prefirieron no comprar más por miedo a que se dañen y no logren venderlos. “Estamos con lo básico para mantener a esos clientes”, me dijo. El paro nacional, cuyo fin fue celebrado como una victoria, entre música y baile por ciertas personas, no puede ser visto sino como una dolorosa derrota que afecta, sobre todo, a pequeños y medianos comerciantes. 

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Beatriz Molina dice que uno de los productos en los que más cambios ha visto es el culantro. Hoy consigue por 25 dólares el “tonguito” que antes costaba por 3 o 5 dólares. “Está difícil encontrar, entonces compro lo que se me cruza al paso”, dice. También ha tenido problemas para conseguir zanahoria. Casi no ha encontrado aguacate. Entre las montañas de frutas y verduras —lechugas, coles, bananas, vainitas, manzanas, tomates de árbol, kiwis y más— que tiene en su local, solo hay dos aguacates y cinco fundas pequeñas de zanahoria. Logró conseguirlas ese día. 

Beatriz Molina

Beatriz Molina entre las frutas y verduras que vende en el Mercado de Santa Clara, en Quito. Fotografía de Susana Roa para GK.

Nuestra conversación es interrumpida por un comprador que le pide un zapallo. Beatriz le da uno de los dos que tiene. También le pide una sandía, regatean para que le rebaje 50 centavos al precio. Se ponen de acuerdo en 4 dólares. El hombre, cargado de fundas de otros locales, le pide un dólar de verdes. Ella le da tres plátanos; antes por ese mismo valor le hubiera dado 6. El cliente le pide, finalmente, una libra de mora. “Eso también está difícil de conseguir”, me dice Beatriz, mientras le cobra los 9 dólares de la cuenta final. 

Ese aumento de precios se debe a que el paro ha incrementado la inflación, según la economista Mónica Rojas, decana de la Escuela de Economía de la Universidad San Francisco de Quito. Este fenómeno aparece cuando hay un desequilibrio entre la producción y la demanda, y causa una subida continuada de precios. 

En el paro de octubre de 2019 la inflación subió del 0 a 0,5%. Los alimentos fueron especialmente afectados. Su inflación llegó hasta el 1%. Todavía no sabe a cuánto aumentará después de junio de 2022, pero por varios factores a nivel mundial, la inflación en Ecuador antes del paro ya sobrepasaba el 3%. 

Denis Gordillo también tuvo que reajustar sus precios. Él dice que antes del paro compraba el pámpano —uno de los pescados que vende— por 80 centavos o 1,10 dólares cada uno. Sin embargo, durante el paro su precio oscilaba entre 1,50 y 1,80. Dice que por el incremento en el precio, él debía subirle 50 centavos a sus clientes para que sea rentable. Sin embargo, decidió que le subirá solo 20 centavos para no perder a sus compradores. 

Esta variación de precio se siente más en los mercados donde compran las personas de menos ingresos. En las grandes cadenas de supermercados, los precios tienden a mantenerse más estables. “En los mercados y de los locales comerciales más pequeños, los precios tienen variaciones más flexibles”, explica Rojas. Rojas advierte, además, que cuando la inflación aumenta, los precios suben en períodos cortos. Sin embargo, se demoran más hasta regresar a los valores que se manejaban antes de creado el pico inflacionario. Tomará tiempo que los productos regresen a costar lo mismo que antes del paro. Lo padecerán, también, los ecuatorianos que menos tienen.

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Además del incremento de precios, otro problema que tuvieron los comerciantes de Quito durante el paro es no poder abrir sus locales en horarios normales. Muchos tuvieron que cerrar varios días por las manifestaciones. En esos casos, las pérdidas son todavía mayores. 

En la segunda semana del paro, Beatriz Molina no pudo abrir su local desde el martes 21 al viernes 24 de junio. El mercado de Santa Clara está a pocas cuadras de la Universidad Central, donde se quedó un grupo de los manifestantes. En calles cercanas, hubo severos enfrentamientos violentos entre la policía y los manifestantes. “Cerraron el mercado en esos días por miedo a saqueos o enfrentamientos”, recuerda la señora Molina. 

Ella no pudo llegar el 21 de junio a ver sus productos porque vive en Guamaní, al sur de Quito, y las vías estaban cerradas. Su hija que vive más cerca fue y se encargó de regalar los productos que podía a otras de sus compañeras y botar lo que ya se estaba comenzando a dañar. 

El sábado 25 de junio, cuando Beatriz volvió a su puesto, tuvo que deshacerse del resto de frutas y verduras que ya se habían podrido. “Tuve que botar todito”, dice Beatriz Molina alzando los hombros y con una sonrisa triste.  

Otras personas han tenido que hacer lo mismo. Marianela Granada, presidenta de la Asociación San Antonio, que vende papas en el mercado Mayorista, al sur Quito, también trabajó con horarios limitados por semanas. “Como comerciantes nosotros también estamos perdiendo, productos se están pudriendo, dañando”, dice. Ella perdió varios costales de papas, que dependiendo del tipo cuestan entre 15 y 25 dólares.

papas dañadas en el mercado Mayorista

Marianela Granda tuvo que botar las papas dañadas que no pudo vender en el mercado Mayorista. Fotografía de Karol Noroña para GK.

Por eso decidió vender los productos a menos precio para no quedarse con lo que está próximo a dañarse. Granada dice que ella prefería vender las papas al mismo precio de antes del paro para poder venderlas y no tener que botarlas.

Molina dice que aunque desde el 25 de junio trabajaron con más normalidad, los comerciantes del mercado de Santa Clara tenían miedo de saqueos o incidentes. Por eso, estaban listos para cerrar las puertas lanford y resguardarse dentro del mercado en caso de ser necesario. 

El paro nacional también redujo el horario de trabajo de Beatriz Molina, Marinela Granada y los otros comerciantes de los mercados de Quito. La segunda semana del paro nacional, en el mercado Mayorista abrieron para venta al público por apenas 4 horas. En el mercado de Santa Clara hasta el jueves 30 de junio, el día que se terminó el paro nacional, seguían con un horario reducido, cerrando a las 3 de la tarde en vez de a las 5:30 como lo acostumbraban. 

Beatriz Molina dice que en esas 8 horas de venta que tenía al día estaba todo “ralo, ralo” y que sus ventas han decaído en las semanas del paro nacional. En la última semana del paro, dice, la visitaron algunos de sus clientes de confianza, pero la mayoría “no se quieren arriesgar” aún. 

choclo pequeño en el mercado de Santa Clara

Beatriz Molina muestra un choclo pequeño, del tamaño de la mitad de uno normal, que le llegó entre la mercadería que pudo comprar durante el paro nacional. Fotografía de Susana Roa para GK.

Todavía no sabe cuánto dinero ha perdido en los 18 días que duró el paro nacional, pero sabe que su economía se verá muy afectada por la falta de ventas, el incremento de los precios y los cierres de locales. 

Denis Gordillo dice que también han tenido horarios intermitentes en el local. Normalmente abren de 6 de la mañana a 5 de la tarde. Sin embargo, el 21 de junio atendieron solo de 6 a 9 de la mañana porque hubo alertas de saqueos. Gordillo dice que todavía no ha calculado el impacto que ha tenido el paro en sus ventas, pero sabe que en esos días vendió un 30% de lo que vendía normalmente. 

Quito fue una de las ciudades más afectadas por el paro porque la mayoría de las manifestaciones se concentraron en sus calles. En la ciudad, las ventas en lo que duró el paro se redujeron en un 60%. El Ministerio de Producción estima que en los 18 días de paro se perdieron, en promedio, 55 millones de dólares diarios. Según la misma institución, casi la mitad de esa pérdida —25 millones dólares al día— estaría en Quito. 

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Entre el 13 y el 30 de junio de 2022, Ecuador vivió el paro nacional más largo del país en el siglo XXI. Las pérdidas económicas de los 18 días de movilizaciones son mayores a  las de octubre de 2019, cuando hubo un paro de 11 días y se perdieron 821 millones, según el Banco Central del Ecuador. 

En un análisis publicado el 30 de junio de 2022, el economista Pablo Lucio Paredes dice que después de octubre de 2019 la actividad económica del país cayó de entre 0 y 0,5 a -1,4%. Eso, dice, “no es una cifra global lejana a la vida diaria, significa en realidad menos producción, menos empleo, menos ingresos”. 

Ese impacto económico que hubo después del paro de 2019 y que Pablo Lucio Paredes asegura habrá después del de 2022, afectará sobre todo a las personas más pobres. Además, dice, deja heridas sociales muy graves como la desconfianza, el racismo y que las personas se miren como enemigos. 

También hay otras heridas económicas, como que Ecuador ahora presenta un mayor riesgo para invertir “porque el futuro se ve con mucha mayor incertidumbre”, explicó. Las consecuencias de eso, insiste, las vivirán las personas más afectadas por la falta de empleo, ingresos limitados o que viven en condiciones precarias. 

Beatriz Molina dice que entiende los motivos del paro. Incluso, dice, preparó arroz relleno para llevarle a los manifestantes. Sin embargo, cuestiona su duración y dice que le duelen las consecuencias que los cierres de vías han tenido para ella y para sus compañeros del mercado de Santa Clara. Muchos de ellos también afirman que entienden por qué las personas se movilizan, pero quieren que los dejen trabajar de forma segura para intentar reponerse de lo que perdieron en junio. 

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Cuatro días después de que el paro nacional se terminó, el abastecimiento se está comenzando a retomar. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas confirmó que para el 1 de julio ya todas las vías estaban despejadas, aunque algunas necesitarán reparaciones. Los productos vuelven a circular entre regiones y provincias. Aunque todavía faltan algunos,  poco a poco las perchas en los locales comerciales se comienzan a llenar otra vez. 

Sin embargo, las consecuencias de los 18 días de paro nacional en el comercio interno y externo podrían verse durante semanas y meses. Ya hay cifras preliminares de las pérdidas. Según el Ministerio de Producción, el comercio interno perdió más de 90 millones de dólares solo en los primeros 12 días de paro nacional.  

Uno de los sectores más afectados es el avícola, que perdió 30 millones de dólares. En esos 18 días no se pudo transportar 6 millones de pollos, 90 millones de huevos y 30 millones de toneladas de maíz. En la industria láctea se botaron 18 millones de litros de leche que representaron una pérdida de 29 millones de dólares. Y la bananera perdió 33 millones de dólares. 

Las pérdidas en la mayoría de los otros sectores y productos de comercio y exportación —como el petrolero— son igual de millonarias. “Ha sido una crisis productiva muy grande que tendremos que enfrentar conjuntamente desde el sector privado y público”, dijo el ministro de Producción, Julio José Prado, el 1 de junio en una rueda de prensa. Prado aseguró que harán todo lo posible para “paliar las pérdidas” y evitar un impacto todavía mayor. 

Evitar que el impacto económico sea mayor es una tarea urgente. Según el analista político y económico, Andrés Albuja, el paro nacional fue producto de “un estallido social” causado por la reducida inversión social en salud y educación. 

Las nuevas pérdidas económicas generan un círculo vicioso. Porque podrían impedir que existan los recursos suficientes para aumentar la inversión en educación y en salud. Sin esos recursos, no se solucionaría uno de los problemas de fondo detrás del paro y sería una cuestión de tiempo hasta el próximo “estallido social”. 

Susana Roa Chejín
(Ecuador, 1997) Periodista lojana y jefa de la redacción de GK. Cubre economía, sexualidad y derechos. Le interesan los temas de empleo, educación financiera y salud sexual y reproductiva.

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