¡Hola, terrícolaUna imagen siempre revela algo. Ahora, cuando esa imagen crea el  más completo mapa de la Vía Láctea, esa capacidad reveladora adquiere una proporción que abarca nuestra propia existencia.

flecha celesteOTROS HAMACAS

No es, en estricto sentido, una imagen. Es un set de datos que contiene “detalles nuevos y mejoradosde casi dos mil millones de estrellas de la Vía Láctea (nuestra galaxia, por si me lee alguien que vive en otra). 

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Hay información nueva sobre composiciones químicas, temperaturas estelares, colores, masas, edades y la velocidad a la que las estrellas se acercan o se alejan de nosotros (conocida como velocidad radial). Hay, además, subconjuntos especiales de estrellas, como aquellas cuyo brillo cambia con el tiempo.

Uno de los grandes problemas de estudiar la Vía Láctea es que estamos dentro de ella. “Antes de esta misión era como si estuviésemos dentro de un bosque, solo veíamos árboles, ahora estamos en el cielo y podemos contemplar todo a vista de pájaro”, le dijo a diario El País de España, el astrónomo finlandés Timo Prusti, director científico de Gaia. 

Pero Gaia está parqueada bien lejos en el espacio, en el segundo punto de Lagrange (o solo L2). Como ya explicamos aquí alguna vez, queda a 1,6 millones de kilómetros de nuestro planeta. Desde hace unos meses, GAIA tiene de vecino astral al telescopio James Webb. En ese punto, tanto la gravedad del Sol como de nuestro planeta los tienen en órbita de forma estable, como orillados a la vera de una autopista intergaláctica. 

“Estacionarse” en ese punto es posible para las naves porque no son atraídos por la fuerza gravitacional ni de nuestra estrella ni de la Tierra. El matemático francoitalino Josephy-Louis Lagrange resolvió en el siglo XVIII el problema matemático que permitía dar con estos puntos. De ahí su nombre.

Desde ese oscurísimo punto, GAIA nos permite no tener que mirar la corteza estelar, sino observar el tapiz de copas galácticas. El viejo proverbio de no ver el árbol, sino el bosque, ha adquirido dimensión y validez cósmica

Terremotos solares (estrellimotos para los amigos)

Gaia incluso ha podido detectar grandes  starquakes, algo para lo que este observatorio de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) no estaba diseñado. Los starquakesterremotos estelares en español, aunque yo los llamaría “estelimotos” o “estrellimotos” y le pediría a Rosalía que haga una canción— son vibraciones en la superficie de las estrellas, que puede cambiar su  superficie e, incluso, su forma. 

“Un terremoto estelar es como los terremotos”, le explicó a la publicación científica Annual Reviews, la astrofísica Conny Aerts, de la universidad de Leuven (y que es parte del proyecto GAIA).  

“Cosas así suceden en las estrellas, pero las estrellas son esferas gaseosas. Entonces, el movimiento del terremoto es un poco diferente, pero por lo demás podemos hacer lo mismo: por ejemplo, inferir de la información que podemos obtener”, explicó Aerts. Así como un terremoto permite a los científicos investigar qué hay dentro de nuestro planeta, los estrellimotos le permiten a los científicos  investigar qué hay dentro de las estrellas. Esta investigación se ha convertido en toda una disciplina científica: la astrosismología.  

GAIA está en el espacio desde 2013. Su propósito ha sido crear este mapa tridimensional y completo de nuestra galaxia. Seguirá haciéndolo hasta 2025, cuando terminará su misión.  Por supuesto, las 1,8 mil millones de estrellas que ha logrado mapear y analizar están lejos de la totalidad de nuestra vasta galaxia, pero la información que nos presenta es la más completa y detallada que jamás hayamos tenido. El Dios de los Vacíos se evapora.

Por ejemplo, siguiendo con los estrellimotos (disculparán la licencia), GAIA había encontrado ya  oscilaciones radiales que hacen que las estrellas se expandan y se encojan periódicamente, manteniendo su forma esférica. 

Pero ahora, ha detectado vibraciones “que se parecen más a los tsunamis a gran escala, explica en ESA, que no cambian la forma global de una estrella. Por ende, son más difíciles de detectar. Además, las encontró  en estrellas en las que no se habían visto. “Estas estrellas no deberían tener temblores según la teoría actual, pero GAIA los detectó en su superficie”, dice el anuncio de ESA.

“Los terremotos estelares nos enseñan mucho sobre las estrellas, especialmente sobre su funcionamiento interno. GAIA está abriendo una mina de oro para la ‘astrosismología’ de estrellas masivas”, le dijo Aerts al equipo de GAIA tras el anuncio, en 2022. Los datos entregados por GAIA van a desencadenar en años de estudios y, seguramente, en aplicaciones y revelaciones fascinantes. 

Las otras posibilidades que GAIA abre

Ese abanico de posibilidades ha emocionado a la comunidad científica. En Wired, el reportero Chris Wright recogió algunas.  

Jason Hunt, astrofísico del Instituto Flatiron, le dijo que la información entregada por GAIA a mediados de junio de 2022 era “un conjunto de datos verdaderamente revolucionario”. Hunt estudia  la Vía Láctea hace varios años. Con una anterior entrega de datos de GAIA, él y un grupo de científicos llegaron a la conclusión de que los “brazos” de nuestra galaxia (que le dan forma su distintiva forma espiral), desaparecerán.

Ahora, dice en un paper entregado el 13 de junio de 2022 para revisión, afirma que la información entregada por GAIA confirma que la Vía Láctea no está en equilibrio. La perturbación de ese equilibrio, sostiene Hunt y su equipo, no provienen de una sola fuente, sino de varias. Podrían ser causadas por un elemento satelital en las partes más externas de la galaxia (“como la galaxia enana de Sagitario”, tal como lo apunta un estudio de 2018) y, en su parte interna, por su barra o sus brazos espirales

“Los datos de GAIA son vitales no solo para la investigación, sino también para la navegación de naves espaciales”, explicó Wright. Coralie Adam, ingeniera de navegación óptica en el espacio profundo de la compañía Aeroespacial KinetX, le dijo que mientras más completo sea el catálogo de estrellas del que disponemos los humanos, “mejor podremos usarlas para comprender dónde se encuentra nuestra nave espacial en el sistema solar», le dijo Adam. Es curioso el inmediatismo del que padecemos la mayoría de los humanos. No solemos darnos cuenta de las formas profundas, aunque casi intangibles, en que los descubrimientos científicos moldean nuestra vida presente e inmediata. 

José María León Cabrera
(Ecuador, 1982) Editor fundador de GK. Su trabajo aparece en el New York Times, Etiqueta Negra, Etiqueta Verde, SoHo Colombia y Ecuador, entre otros. Es productor ejecutivo y director de contenidos de La Foca.

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