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Postales cotidianas de un juicio extraordinario

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En un juicio que ha durado más dos semanas, los días terminaron por parecerse entre sí: llegaban los procesados, se iba llenando la sala de audiencias, se instalaban en sus puestos los acusadores, se permitía el ingreso de camarógrafos y fotógrafos para que hagan tomas, los jueces aparecían, se sentaban, los camarógrafos y fotógrafos tenían que salir, los jueces recordaban la prohibición de usar celulares o grabar la audiencia y la declaraban instalada. La misma coreografía monótona repetida a diario. Pero cada uno de los 14 días que duró el proceso que ha terminado con la sentencia de seis años de cárcel para Jorge Glas, vicepresidente del Ecuador, tuvo algún momento decisivo, particular, tragicómico.

1

Jorge Glas es el personaje central de esta historia judicial: es el vicepresidente del país, apenas posesionado hace seis meses, no ha renunciado a su cargo pero no tiene ninguna función, ni posibilidad de ejercerla: está en la cárcel desde el 2 de octubre. Su hermano, Heriberto, lo acompaña todos los días desde la primera fila de la sala de audiencias. Es discreto, siempre va con terno, sin corbata y con los primeros botones superiores de la camisa abiertos. Siempre lo acompaña una mujer de unos cincuenta años, el pelo negro recogido en un moño está salpicado de canas.

Es el domingo 26 de noviembre de 2017, seis de la tarde. La audiencia lleva tres días. Hay dos periodistas cubriéndola, y en la sala de prensa improvisada hay tres cámaras. Muy poca concurrencia para lo habitual. Hay algunos familiares de otros procesados. El ambiente parece más relajado: sin la presión de los lentes que todo lo capturan, todos parecen olvidar que se trata del juicio más importante de las últimas dos décadas, y da la sensación de que estamos ante la ejecución de un mero trámite burocrático. La señora del moño, la que siempre va con Heriberto Glas, está sentada unas cuantas filas tras de él. Abre su cartera, saca un cortauñas y empieza a cortarse las uñas de la mano izquierda. Clic. Clic. Clic. 

2

Jorge Glas no tiene la mejor de las relaciones con los periodistas. No le gusta que lo cuestionen, ni que le pregunten, ni que le insistan. Pero en el primer día de juicio, el viernes 24 de noviembre, Glas habla ante un enjambre de reporteros. Que es inocente, dice, que se someterá a la justicia, que ese juicio debería ser transmitido por los medios, que deberían poder grabar al interior. Su propio partido, Alianza País, aprobó en diciembre de 2013, el Código Orgánico Integral Penal, COIP, que prohíbe expresamente la grabación de las audiencias.

Glas llega escoltado por agentes del Grupo de Intervención y Rescate de la Policía. Custodiado, no esposado. Viste un traje azul oscuro, una camisa blanca y una corbata celeste. Se ve como si fuese cualquier día de los más de diez años en que estuvo en el poder, como funcionario, ministro, vicepresidente. Pero Jorge Glas llega de la Cárcel 4 de Quito, de una de las celdas donde ha dormido desde el 2 de octubre. La vestimenta de los otros acusados —como su tío Ricardo Rivera, el exfuncionario de la Secretaría del Agua Carlos Villamarín,  y el exgerente de Petroecuador Ramiro Carrillo— sí anuncia de dónde vienen: camisetas y pantalones anaranjados.

Los acusados vestidos de anaranjado, el primer día de audiencia. Fotografía de Maria Sol Borja para GK.

La diferencia de atuendo genera suspicacias, pero el Ministerio de Justicia explicaría luego que es solo una cuestión logística: para ir con su propia ropa, un pariente o amigo debe llevar las prendas a los detenidos. Si no, tienen que vestir el uniforme.

3

La relación entre el Fiscal Carlos Baca Mancheno y el abogado de Glas es la de dos duelistas verbales. Franco Loor le habla al Fiscal General del Estado:

—Yo lo voy a denunciar.

—Presenten las denuncias que quieran, y otros presenten las disculpas al país por lo que hicieron.

— Ojalá no haya cometido un delito, aquí hay muchas sospechas contra el señor Fiscal.

El primer día,  la audiencia empieza veinticinco minutos después de las nueve de la mañana. Glas está sentado en el centro de una mesa que da la cara al tribunal, presidido por el juez Edgar Flores y completado por los jueces Sylvia Sánchez y Richard Villagómez. Franco Loor pide la palabra e insiste en la recusación —que dejen de conocer la causa— de dos de los tres jueces que presentó el primer día de la audiencia.

La sala, antes de que comenzara el día en que se anunció la sentencia. Fotografía de Maria Sol Borja para GK.

El tribunal dice que no ha recibido el pedido . Ahora Franco Loor quiere regresar a ese pedido, y exige que el tribunal resuelva su solicitud. El fiscal Baca Mancheno le dice a los jueces que la defensa de Glas pretende dilatar el juicio. Histriónico como será durante todo el juicio —sobre todo cuando está la televisión— el abogado de Glas grita:

— Eso es mentira.

—Estamos en una audiencia procesal, no en un mercado, responde el Fiscal.

En el penúltimo día del juicio, Franco Loor le dice a Baca Mancheno.

—Vaya aprenda de Derecho penal.

Luego vuelve a poner en duda los conocimientos de Baca Mancheno, cuando éste dice que la comisión de los delitos que se desprendían de la asociación ilícita estaba implícita.

—Que el Fiscal diga eso es cuando se supone que sabe de Derecho penal, es increíble, dice Franco Loor con una risa burlesca.

4

En los reportes de prensa, en las notas de televisión, Jorge Glas es el protagonista, pero dentro de la sala la función principal es de su abogado. Es el segundo día de audiencia y Luis Cuesta, el perito a cargo de extraer la información del pendrive que entregó el hombre de confianza de Ricardo Rivera, es interrogado por Franco Loor. Le pregunta si conoce los protocolos para hacer pericias. Cuesta responde que no. El Fiscal objeta pero Franco Loor no deja que el juez Flores resuelva el pedido y grita:

—¡Mentiroso! Esa información pericial es turbia. ¡Juez, meta preso al perito!

La paciencia de Flores se agota. Multa a Franco Loor con un quinto una remuneración básica más un salario básico diario (87 dólares con 50 centavos).

Al terminar un domingo de audiencia en que casi no hay nadie fuera de los legalmente obligados en el octavo piso de la Corte Nacional de Justicia, le pregunto a Eduardo Franco Loor, abogado de Jorge Glas, si puedo hacerle unas preguntas.

— Claro, claro.

Responde mientras revuelve unos papeles sobre la mesa en la que se sienta, cada día, junto a su defendido. Pasan unos minutos y sale. Entra a la sala de prensa, improvisada en el espacio contiguo a donde se desarrolla la audiencia, Franco Loor se frena en seco.

— Aquí no está la televisión, ¿con quién quiere que hable?

La ausencia lo molesta, pero decide hablar cuando ve que hay dos cámaras de televisión.

5

Diego Vallejo es un exfuncionario de la Secretaría de Transparencia. Vallejo ha sido llamado a declarar en el juicio, y en su testimonio dice que investigó el viaje de Ricardo Rivera a China en 2010 —que habría hecho como delegado de su sobrino—  pero que por orden de Edwin Jarrín, entonces Secretario de Transparencia (y actual Vicepresidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social) abandonó la investigación.

Cuando tiene que interrogarlo, Franco Loor le dice constantemente señor Jarrín. Se equivoca tantas veces que el público comienza a reírse. Pero Franco está como en trance y quiere opinar sobre lo que dice Vallejo. La Procuraduría objeta: el defensor de Glas está hostigando al testigo. Franco Loor empieza a levantar la voz y esta vez el juez Flores lo corta en seco:

—No nos haga ningún show aquí.

6

Alexis Mera, diez años secretario jurídico del gobierno de Rafael Correa, es el primer testigo en el cuarto día de la audiencia. Cuando entra a la sala se acerca solemne a Jorge Glas, sentado entre los procesados y le extiende la mano para saludarlo, como si se tratara de una reunión de ministros más. Mera es extremadamente cuidadoso con lo que dice en su testimonio. Su postura, el tono de su voz, la agilidad de sus respuestas muestran su experiencia.

—Los abogados estamos formados para no tener iniciativa. Yo hacía lo que el Presidente me pedía.

Dice al iniciar su declaración. Continúa:

—El ingeniero Glas, que en esa época aún no era ingeniero, estaba furioso e indignado con la actitud de Odebrecht.

Se refiere a los daños en la Hidroeléctrica San Francisco, construida por la empresa brasileña, y que Odebrecht se negaba a reparar.

El abogado de Jorge Glas le pregunta si es que tras el regreso de Odebrecht, San Francisco se reparó bien o mal. Mera, sagaz, responde:

—Eso es un asunto técnico que no puedo responder, no sería responsable de mi parte.

A la salida los medios de comunicación le ponen los lentes y los micrófonos delante. Desde el podio instalado para declaraciones, dice que no sabía de las reuniones entre José Santos, el delator de Odebrecht, y Jorge Glas, que el Poliducto Pascuales Cuenca (por el que, según la Fiscalía, se repartieron 5 millones de dólares en sobornos) siempre fue considerado por Rafael Correa como una obra innecesaria y que ellos confiaban en Jorge Glas. Al ser preguntado sobre si esa confianza se mantenía, sonriendo, dice:

—Yo ya estoy retirado de la política.

 Y se marcha.

7

Ñaño’ dice una mujer de melena corta,  el tinte rubio desvanecido que muestra raíces y mechones oscuros, desde la tercera fila de la columna central de la sala de audiencias. Le habla a Carlos Villamarín, uno de los acusados. Su rostro se ha vuelto familiar: va todos los días a la audiencia, le lleva café y comida. Lo abraza. Este día, el cansancio le dibuja la cara: está ojerosa y pálida. Es 5 de diciembre, undécimo día del juicio y la víspera del feriado por las fiestas de fundación de Quito.

La mesa de los acusadores y las pruebas que presentó la Fiscalía. Fotografía de Maria Sol Borja para GK.

La audiencia sucede en el octavo piso pero no está lo suficientemente por encima de la calle como para no escuchar la música de las chivas festivas que pasan por la avenida Amazonas, donde está la Corte Nacional de Justicia. A la mujer que habla con Villamarín nada parece inmutarle.

Su hermano presidió la Comisión Técnica del proyecto Daule-Vinces en el que se entregaron 6 millones de dólares en coimas, según la Fiscalía. Este es el día en que Villamarín va dar su testimonio. Cuando pasa al centro de la sala, puesto que le corresponde a los que declaran, ella se persigna. Luego junta las palmas de sus manos y se las lleva a los labios, como quien está a punto de  rezar.

— Es la prueba más dura que estoy pasando en mis 53 años de vida, empieza Villamarín.

La hermana llora en silencio. La esposa de Villamarín la consuela, la mano sobre el hombro. La hermana saca un rosario y empieza sus plegarias.

—Quiero hacer una apología al amor.

Dice Villamarín y menciona un versículo de la Biblia.

— Soy casado una sola vez, no tengo relaciones extramaritales, tengo solo dos hijas, no he necesitado más recursos que los que mi trabajo honesto me da.

Dice con la voz débil. La hermana se levanta de su silla con un movimiento brusco, y en el estrecho pasillo por el que los asistentes caminan para ir sentarse a izquierda o derecha, se arrodilla, pone las manos en oración, y reza.

Nadie parece notarlo.

La audiencia continúa, como si la mujer arrodillada fuese una escena común. Su hermano, de espaldas a ella, no se entera de lo que sucede mientras declara.

8

Al final de la jornada del lunes 4 de diciembre, el juez Flores toma una decisión: prohíbe a todos los asistentes a la audiencia —incluidos periodistas— entrar a la sala con teléfonos celulares. Unas horas antes, a las cuatro y cuarenta y cuatro de la tarde, el expresidente Rafael Correa había tuiteado un audio —grabado el día en que él fue a la corte a visitar a Glas disfrutando de los pequeños poderes que aún conserva—  en el que se escucha un intercambio durante la audiencia entre Glas y el perito Luis Hurtado. Según lo que se escucha, el perito afirma que no se podía garantizar la originalidad de la información almacenada en el pendrive que el ex hombre de confianza de Ricardo Rivera había entregado a la Policía y que la Fiscalía estaba usando como prueba en contra de Glas.

Desde entonces, en la sala de prensa, en el corredor, en la puerta de ingreso a la audiencia y al interior de la sala, cuelgan carteles que recuerdan el destierro de los celulares. El detector de metales ya no está en el pasillo frente a los ascensores, sino a la entrada a la sala de audiencia.

9

Es el mediodía del martes 5 de diciembre de 2017 y la audiencia debe reinstalarse. Es el undécimo día de audiencia y han pasado los diez minutos que legalmente otorga el tribunal para que todas las partes —acusadores particulares, fiscales y procesados— se instalen. Pero faltan los cuatro representantes de la Procuraduría. Hay un barullo en la sala, propio de los minutos previos al inicio. Aníbal Quinde, el abogado defensor de Ricardo Rivera, se para y le pide al juez que declare el abandono de la Procuraduría  como acusador particular. El juez acepta: los abogados del Estado quedan fuera del proceso.

Cuando llegan ya es muy tarde. Por siete minutos, dirá después el Comunicado de la Procuraduría, el tribunal los dejó fuera. La explicación es que bajaron a traer una computadora que olvidaron en el auto. Sí, los cuatro bajaron juntos. Luego, la demora en el ascensor les habría retrasado. Magaly Ruiz, la abogada de la Procuraduría que ha intervenido durante el juicio, intenta explicarle al tribunal, pero no hay nada que hacer.

La decisión está tomada: en el juicio más importante de los últimos veinte años, la Silla de la Procuraduría ha quedado vacía.

10

Un perro pastor alemán es paseado por un policía por el octavo piso de la Corte Nacional de Justicia. Recorre olfateando rincones y esquinas para detectar explosivos. Es  el 14 de diciembre de 2017, último día del juicio a Jorge Glas y otras ocho por el delito de asociación ilícita. El tribunal anunciará su sentencia.

La seguridad se ha doblado. En la calle hay más policías, barreras para evitar que se enfrenten las manifestaciones a favor y en contra de quien fue el zar de los sectores estratégicos. Agentes uniformados se encargan de revisar minuciosamente a quienes ingresan al edificio. La pequeña sala de audiencia se ha unido a la que en estos días ha servido como sala de prensa improvisada, dejando un espacio de casi el doble para el público. Se ha autorizado, además, a los medios de comunicación a grabar el pronunciamiento de la corte.

Hay familiares y amigos de los procesados en el público.También hay simpatizantes de Jorge Glas. Cuando él entra a la sala, custodiado por la Policía, lo aplauden y lo vitorean. Una funcionaria de la Corte a la que le gusta mucho amenazar con desalojar a todo el mundo les ordena que guarden compostura —de lo contrario, los desalojará.

Llegan los jueces Edgar Flores, Sylvia Sánchez y Richard Villagómez. El público se pone de pie para que se instale la audiencia.

Flores empieza a leer el documento que contiene el futuro de los procesados. Su introducción habla sobre lo que significa la autoría, sobre el Código Penal anterior y el Código Integral Penal, vigente desde 2013 y sobre las penas. Eso hace prever lo que ocurrirá después: Jorge Glas, el vicepresidente reelecto hace ocho meses es declarado culpable como autor del delito de asociación ilícita.

Son sentenciados con la misma pena su tío Ricardo Rivera, el expresidente de Petroecuador Ramiro Carrillo, el exfuncionario de la Secretaría del Agua, Carlos Villamarín y Edgar Arias, accionista de Diacelec, proveedora de Odebrecht. A los tres primeros además, se les aplica agravantes pues el tribunal considera que el delito se cometió como medio para otros delitos como peculado, concusión, enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y delincuencia organizada. 

A los otros procesados —Gustavo Massuh, Kepler Verduga y José Terán— se les perdonó el 80% de la pena por el acuerdo de cooperación que suscribieron con la Fiscalía, Tendrán que pasar 14 meses en prisión. A Diego Cabrera, representante de una contratista de Petroecuador, se le declaró inocente y se ordenó su liberación inmediata. Además, todos los sentenciados deberán pagar una reparación de 33 millones de dólares al Estado ecuatoriano.

A medida que se anuncia la decisión de los jueces, los familiares de los procesados empiezan a llorar, hablar y hacer ruidos de desaprobación. Cuando el juez Flores da por terminada la audiencia un barullo inunda la sala. Algunos simpatizantes de Glas empiezan a gritar ‘Jueces vendidos’. Una mujer vestida con chompa negra y otra con un uniforme gris lloran y gritan:

—¡Qué injusticia, Glas es inocente!

Gritan también en contra del gobierno.

—¡Ese es el presidente que tenemos, pero nosotros te pusimos, nosotros te quitamos!

El Vicepresidente es sacado por una puerta contigua, alejada de los medios.

—¡Apelaré!

Glas sale escoltado por la seguridad de la Vicepresidencia, en un vehículo de la Vicepresidencia, como le corresponde a su cargo. Regresa a la Cárcel 4, en el norte de Quito.

Epílogo

Unas horas después, el presidente de la Asamblea Nacional anuncia que convocará al Consejo de Administración Legislativa para empezar los trámites del juicio político —antes bloqueado por la mayoría de Alianza País— para destituir a Jorge Glas, quien parece estar llegando al destino que la Historia le ha deparado.

Impaqto Quito

El obrero de la comunicación, a un paso de ser destituido por la Contraloría

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Carlos Ochoa, el hombre que suele dar lecciones de ética, el que sanciona periodistas y medios, la figura que aplica con discrecionalidad la Ley Orgánica de Comunicación, está cerca de ser destituido de su cargo como Superintendente de Comunicación. La Contraloría emitió un informe en el que dice que habría responsabilidad administrativa culposa de Ochoa por su gestión en el canal de televisión Gama TV, en el que fue Director de Noticias y presentador entre septiembre de 2009 y septiembre de 2013.

Gamavisión (que pasó a llamarse Gama TV luego de ser incautada pero volvió a llamarse Gamavisión en octubre de 2017) es uno de los medios incautados en 2008 a los hermanos Isaías, banqueros acusados de causar la peor crisis financiera de la historia del Ecuador, a finales del siglo pasado. Cuando el expresidente de la República, Rafael Correa, llevaba apenas un año en el poder, ordenó la incautación de casi 200 empresas de los Isaías bajo el argumento de que su venta serviría para recuperar el dinero que los banqueros adeudaban a los perjudicados de la banca y al Estado ecuatoriano por un salvataje que superaba los mil millones de dólares, según informe de 2012.

Las empresas incautadas no se convirtieron en empresas estatales, sino en empresas privadas administradas por el Estado —y por tanto, sujetas a la supervisión de la Contraloría. Ninguno de los medios incautados (entre ellos también diario El Telégrafo y TC Televisión) fue vendido. Quedaron en manos del gobierno correísta que los convirtió en órganos de propaganda.

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Casi diez años después, Ochoa —cabeza de la Superintendencia de la Información y Comunicación, la Supercom— es sancionado por esos manejos. Rafael Correa, enemistado con su sucesor y compañero de partido Lenín Moreno, dice que Ochoa es un nuevo perseguido por el actual gobierno del Ecuador.

Las objeciones de la Contraloría contra Ochoa son incrementos de sueldo, pagos y bonos no justificados. En Gama TV, Ochoa ganaba ocho mil dólares mensuales pero según el informe DAAC 0065-2017 recibió también bonos por más de 94 mil dólares. Entre julio de 2011 y agosto de 2013 (fecha en la que renunció para ser Superintendente de Comunicación), percibió, además, un bono de 3 mil 400 dólares. Durante un poco más de dos años, Carlos Ochoa ganó 11 mil 400 dólares al mes, una remuneración muy por encima del promedio en Ecuador, que según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC, es de 700 dólares por familia. Lo que una familia ecuatoriana promedio recibe en 16 meses, Ochoa lo recibía en un mes.

A cambio, defendía a Rafael Correa y sus decisiones. En un editorial habló de la “nobleza” del expresidente por ‘perdonar’ a los directivos de diario El Universo y a su editor de opinión Emilio Palacio condenados a pagar 40 millones de dólares en un juicio entablado por el entonces presidente Correa. Ochoa solía referirse a los medios privados como “medios mercantilistas”, invitaba a ministros y funcionarios correístas a exponer sus puntos de vista sin ninguna crítica mientras ridiculizaba y se mostraba agresivo con cualquier invitado crítico al gobierno. “Lo lógico es que en el gobierno de Jamil Mahuad los pobres eran por lo menos 7 millones, culpa de la banca de la cual usted formó parte”, le dijo a Guillermo Lasso, exbanquero y candidato en dos ocasiones a la presidencia de la República. “A todo le encuentran un pero, el MPD a todo le dice no. Ustedes son los culpables de la crisis de la salud.” le dijo a Luis Villacís del extinto Movimiento Popular Democrático —inicialmente aliados del gobierno y posteriormente parte de la oposición. A él también le dijo: “No me contesta todavía sobre lo de golpista, si están ustedes en esa marcha, tiene fines golpistas”.

La forma —y el fondo— de sus preguntas no eran periodísticas, sino propagandísticas. Ochoa empezó una entrevista al entonces candidato presidente Rafael Correa en febrero de 2014 preguntándole a qué le atribuía la estabilidad en su cargo de Presidente luego de años accidentados. Luego, le dio micrófono abierto a Correa, y se rió de sus ataques y bromas en contra de la oposición.

Esa obsecuencia con el poder fue premiada en 2013. En septiembre se despidió de Gama TV: “Tengo el honor de presidir la terna enviada por el señor Presidente de la República para la designación del primer Superintendente de Información y Comunicación” dijo, solemne. “En mis casi treinta años de experiencia en prensa, radio y televisión, me cabe el orgullo de haber sido un obrero de la comunicación”. Un obrero de 11 mil dólares mensuales.

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Carlos Ochoa hablaba en junio de 2017 en el programa ‘Ecuador no para’ sobre el número de medios sancionados en el país. Fotografía de Agencia Andes/Carlos Rodríguez bajo licencia CC BY-SA 2.0

Cuando el obrero se convirtió en capataz de las comunicaciones lanzó una cruzada incansable contra la prensa. En una entrevista mostró un cuadro en el que se veía que había sancionado a 3 de cada 10 medios del Ecuador. Fue él quien sancionó a El Universo con el 2% de su facturación por una caricatura de Bonil. Carlos Ochoa fungió, durante su época de Superintendente, de censor moral. Llegó un punto en que no tuvo empacho en decirle a los medios, a quienes anteriormente ya  les había dicho cómo titular, que luego no se quejaran si los sancionaba. “Espero que mañana no salga el titular: $ 633.000 ha cobrado la Superintendencia en los tres años de trabajo. Aspiro. Dicen que guerra avisada no mata gente, decía mi abuelita” dijo en 2016 cuando le informaba al país que en tres años de vigencia de la Ley de Comunicación había impuesto multas por ese monto. Para entonces, más de la mitad de las sanciones de la Supercom se habían iniciado de oficio —por decisión de la propia Superintendencia.

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La Contraloría no solo observó los  bonos que recibió Ochoa. También objetó la adquisición de un vehículo Chevrolet Captiva Sport 2010, comprado con fondos de GamaTV pero que, según el informe, Ochoa utilizaba personalmente. El auto habría sido adquirido en julio de 2010, a un precio de 20 mil 915 dólares, valor que “al 30 de abril de 2016 continúa por cobrar de acuerdo a los registros contables”. Según el organismo de control, habría un perjuicio al medio de casi 28 mil dólares (por los intereses y el capital no recuperado). Para el presentador Gino Molinari, GamaTV habría comprado también un carro: un Mazda CX-7 en el 2011. Según la Contraloría, habría un perjuicio a Gama TV (hoy Gamavisión otra vez) por casi 57 mil dólares.

Los bonos y el auto fueron razones suficientes para que la Contraloría resolviera la destitución de Ochoa. La medida surtiría los mismos efectos que la destitución de la Contraloría de Jorge Glas por la adjudicación del campo Singue. Ochoa deberá, además, pagar una multa de casi 8 mil dólares y tiene 30 días para presentar las pruebas que lo descarguen de esas acusaciones. Pero eso no es todo. También hay una predeterminación de responsabilidad civil culposa: la Contraloría considera que hay razones suficientes para glosar a Carlos Ochoa. Eso significa que, tendría que pagar una reparación por un monto de 115 mil dólares. Tendrá 60 días para defenderse de esa acusación.

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La primera respuesta de Carlos Ochoa se dio el mismo 11 de diciembre a través de un breve comunicado en el que decía que responderá con la documentación pertinente para desvanecer las observaciones de Contraloría. Dijo además que le llamaba la atención que se plantee su destitución como Director de Noticias de Gamavisión, cargo al que renunció hace más de cuatro años y para el cual nunca existió un nombramiento como funcionario público.

Al día siguiente, convocó a la prensa. En una intervención breve no desmintió ni los bonos recibidos ni la adquisición del vehículo. Dijo que Gamavisión es una empresa privada y que su contratación se hizo bajo ese marco, que los pagos extras que recibió fueron por su labor como presentador y entrevistador: “actividades totalmente diferentes a mi labor como director del noticiero”. Sobre el vehículo, dijo que era parte de sus beneficios laborales, algo que, según él, “se da en todos los canales y en todas las empresas”. Sobre su destitución reiteró que carecía de todo sustento jurídico: “No existe un nombramiento del Estado, mal se puede hablar de una destitución”. Al concluir, agradeció y se fue, sin aceptar ninguna pregunta de los reporteros.

Además de Ochoa, habría otras irregularidades de otros funcionarios. Hay dos exgerentes señalados en el informe: Enrique Arosemena —que también fue gerente del medio público Ecuador TV— y Rodrigo Proaño Navarrete. Las dos glosas en contra de Arosemena suman más de 197 mil dólares; las de Proaño más de 186 mil dólares, y hay casi 85 mil por una glosa conjunta. En total las glosas a por lo menos ocho exdirectivos de Gamavisión suman 664 mil 742 dólares por haber autorizado pagos excesivos y aumentos de sueldo sin justificación: a Ileana Vera, directora de Programación, se le autorizaron bonos por más de 59 mil dólares adicionales a su sueldo de 8 mil 600 dólares (que ya había sido incrementado en 22%;). Giomar Ponce, directora de Noticias, recibió bonos por más de 19 mil dólares adicionales a su sueldo de 7 mil dólares. Al asesor jurídico Alexander Moreno le entregaron más de 58 mil dólares en bonos además de su salario mensual de 4 mil 500 dólares.

La Contraloría sostiene que hubo también incrementos no justificados de los salarios de varios funcionarios: Lian Goldstein, director de Marketing, pasó de ganar 3 mil dólares a ganar 4 mil 825, Enrique de la Plata, gerente regional de Ventas pasó de ganar 2 mil dólares a 3 mil, Rodrigo Proaño Navarrete, gerente general pasó de recibir 8 mil dólares mensuales a 12 mil, y Alfredo Che Vera pasó de ganar 6 mil dólares al mes a 11 mil 120. En 30 días se conocerá la decisión final de la Contraloría sobre la destitución y el pago de la multa; y en 60, sobre las glosas que determinarán la suerte del autonombrado obrero de la comunicación y los otros exdirectivos y empleados involucrados.

¿Por qué renunció Eduardo Mangas?

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Eduardo Mangas renunció el lunes 11 de diciembre de 2017 a la Secretaría General de la Presidencia de la República. La decisión fue comunicada por la Secretaría Nacional de Comunicación, en el comunicado se informaba también que el Secretario General de Planificación Andrés Mideros asumirá temporalmente el cargo.

La renuncia de Mangas se da después de que el 29 de noviembre de 2017 se hiciera público un audio de 33 minutos en el que el ahora ex secretario de la Presidencia habla con un grupo de personas a los que les explica cómo se manejó la campaña presidencial de Lenín Moreno, las imposición como vicepresidente de Jorge Glas hecha por Rafael Correa a Lenín Moreno, la estrategia de diálogo que emprendieron en la segunda vuelta con la que alinearon a otros partidos políticos contra Jorge Glas, los orígenes de la ruptura con Correa, y la estrategia política del gobierno de Lenín Moreno.

Eduardo Mangas es, desde el inicio del gobierno de Lenín Moreno, el Secretario de la Presidencia. Su trayectoria política empieza en su país, Nicaragua. Uno de sus cargos más relevantes es el de viceministro de la Presidencia de Daniel Ortega. También fue jefe de gabinete del Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, Miguel d´Éscoto, en Nueva York. Según información del portal La República, allí conoció a la actual Canciller ecuatoriana, María Fernanda Espinosa, con quien está casado .

Mangas fue asesor de Lenín Moreno durante su estancia en Ginebra, donde el actual presidente ocupaba el cargo de Enviado Especial de las Naciones Unidas para las Discapacidades. Desde 2009 viajaba constantemente al Ecuador aunque ocupaba el cargo de Viceministro de la Presidencia de Ortega. Poco después, fue nombrado asesor del entonces Canciller, Ricardo Patiño y ya entre 2012 y 2013, fue asesor del vicepresidente Jorge Glas, ahora procesado por asociación ilícita dentro del caso Odebrecht.

En la campaña presidencial de Lenín Moreno, Mangas fue uno de sus hombres más cercanos, lo que le valió ser nombrado Secretario de la Presidencia y delegado de Lenín Moreno ante los directorios de Petroecuador y Petroamazonas.

Hidroeléctricas: una mirada a la inversión china en la Amazonía

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Ha pasado un año y  16 días desde que la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair (CCS) inició sus operaciones en Ecuador. Un proyecto financiado por la empresa estatal china Sinohydro que costó alrededor de 2245 millones de dólares y que es sin exagerar uno de los proyectos de infraestructura más grande en la historia de Ecuador.

La hidroeléctrica, que es manejada por la empresa estatal CELEC, posee una capacidad de 1500 MW y tiene proyectado producir un promedio de 8,734 GWh de electricidad al año – 30 % de la necesidad eléctrica del país, según el Ministerio de Electricidad y Recursos Renovables. El gobierno afirma que esto equivaldría a un ahorro de 600 millones de dólares en importaciones de petróleo, sin contar que el país aspira a convertirse en un exportador energético.

Coca Codo Sinclair es el más grande de una serie de proyectos de desarrollo ecuatorianos financiados y construidos por actores chinos en la última década. Actualmente, China es el principal financista de Ecuador y la inversión de este país, tanto la pública como la privada, ha generado un auge de infraestructura que se evidencia en las hidroeléctricas, minas, plataformas petrolíferas, carreteras, líneas energéticas, sistemas de telecomunicaciones y escuelas.

infraestructura hidroeléctrica Coca Codo Sinclair

Área de captación de agua de central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, instalación ubicada en la provincia de Napo. Foto: Jonathan Palma.

Si bien los proyectos chinos pueden encontrarse por todo el país, la mayoría se concentra en el Oriente. Para los expertos que han seguido de cerca el avance de estos proyectos y el ingreso al Ecuador de la inversión China, esta alianza encarna la idea de un desarrollo ecuatoriano contemporáneo bastante polémico. ¿Cuál es el futuro de la inversión China en la Amazonía de Ecuador?

Buen Vivir: ¿Un modelo de desarrollo sostenible?

Para entender en qué momento China se convirtió en el principal financista de Ecuador, es necesario remontarse al 2008. Ese año, después de la elección de Rafael Correa como presidente, el partido Alianza País, organización política con la que se presentó a los comicios, escribió una nueva constitución basada en la ideología indígena del Buen Vivir, que incluye conceptos como los derechos indígenas, la sustentabilidad y la soberanía estatal.

Correa elogió que se trasladarán los valores indígenas y ambientales a la idea de desarrollo, identidad y patria ecuatoriana, y proclamó el inicio de la ‘Revolución Ciudadana”.

Uno de los conceptos clave dentro de los planes de desarrollo correísta (llamados Planes Nacionales de Buen Vivir) consistió en la diversificación de la matriz productiva. A través de esta se buscaba reducir la dependencia de financistas occidentales, en particular bancos comerciales y de los Estados Unidos, y de una economía petrolera que además Correa consideraba equivalente a “sangrar” ingresos a manos de multinacionales extranjeras.

Rafael Correa

Rafael Correa fue presidente de Ecuador durante una década. Foto de la Agencia de Noticias ANDES / Flickr bajo licencia Creative Commons.

Los beneficios de la energía limpia eran publicitados como transformativos. Construir megaproyectos, según la gestión de Correa, traería trabajo y generaría ganancias que podrían financiar programas sociales enfocados en reducir la pobreza y mejorar los indicadores de educación y salud.

El gobierno de Correa promocionó los proyectos hidroeléctricos como fuentes de trabajo e industrialización, y el ministro de Energía y Minería, Alberto Acosta, alabó a Coca Codo Sinclair por el papel que jugaría en asegurar la “soberanía energética” de Ecuador. Cuatro años más tarde, en 2012, el gobierno lanzó un Plan de Electrificación detallando una serie de inversiones considerables en hidroeléctricas, incluyendo ocho proyectos nuevos en la Amazonía.

El fin del Buen Vivir

Lo cierto es que muchos observadores consideran que Alianza País adoptó la ideología del Buen Vivir para perseguir metas políticas. En realidad, como sostienen algunos analistas y ex funcionarios del gobierno ecuatoriano consultados, lo que realmente hizo Correa fue consolidar su poder e instalar un proceso de planificación industrial dirigido por élites, sobrepasando leyes constitucionales de participación comunitaria, es decir, sin aplicar adecuadamente mecanismos como los procesos de consulta previa que corresponden a proyectos de desarrollo de este tipo.

“Correa creó una nueva élite político-económica protegida por la ley a través de su nueva constitución,” comentó un ex-ejecutivo de Petroecuador. “Correa no trató de crear una estrategia desarrollista para cuatro, ocho ni doce años. Quería que el partido estuviera en el poder por cien”.

Investigadores de la Universidad de Ámsterdam han discutido cómo, a través del uso de la marca del Buen Vivir, el gobierno equiparó infraestructura y extractivismo con la patria. Es decir, Correa creó un ambiente en el que oponerse o combatir proyectos “estratégicos” para el desarrollo nacional significaba un rechazo al Estado.

Si bien durante los primeros años se vieron mejoras en salud, educación y alfabetización, la recesión después de la caída de los precios de las materias primas en 2013 reveló el estado de la economía: una gran dependencia petrolera y del financiamiento chino.

Propaganda gubernamental

En paraderos y obras viales, Coca Codo Sinclair promociona su imagen a las comunidades de la zona de influencia de la hidroeléctrica. En este rótulo se lee en una parte del mensaje: “Compartimos la responsabilidad del buen uso de los recursos naturales”. Foto: Jonathan Palma.

Un estudio realizado en 2015 por la Agencia Internacional para Energía Renovable declaró que a pesar de la retórica de los cambios a la matriz productiva, que incluía el objetivo de Ecuador de ser 60 % renovable para el 2017 y la exploración de energía de biomasa, geotérmica, solar y eólica, el porcentaje de petróleo comprometido para la generación y consumo energéticos en realidad aumentó entre 2000 y 2012.

La inversión China en Ecuador

Las propuestas de Correa fueron populares pero tuvieron consecuencias. Después de asumir la presidencia, declaró 320 mil millones de dólares de la deuda externa ecuatoriana como “ilegítima”, proclamando que había llegado la hora de que los “monstruos” occidentales dejaran de oprimir al país.

Los mercados y financistas internacionales no respondieron amablemente. Correa fue nombrado un paria y Ecuador se encontró con una falta de crédito de sus fuentes tradicionales.

Siguiendo la cancelación de la deuda, China se presentó como prestador de último minuto. Los dos países encontraron piso común en lo ideológico y económico, ya que China parecía proveer líneas de crédito aparentemente sin límites y Ecuador se presentaba como un destino rentable para empresas estatales y la sobrecapacidad industrial china.

Muchos atribuyen la relación bilateral a la enorme demanda energética china, aunque informes periodísticos denunciaron que las empresas estatales chinas estaban desviando petróleo ecuatoriano a los Estados Unidos. En lugar de usar petróleo ecuatoriano para estimular el motor económico chino, Petrochina, según se informó, lo vendió en mercados regionales por lucro.

Megaproyectos en la Amazonía

En la práctica, los esfuerzos de desarrollo económico de Ecuador están enfocados en la energía hidráulica y la “minería responsable” en el Oriente. Estos proyectos son mayormente financiados por una combinación de capitales chinos y ganancias petroleras.

El deseo actual ecuatoriano de construcción de infraestructura refleja el de China, que por mucho tiempo ha promocionado una política que iguala inversión en infraestructura con crecimiento económico.

El auge de infraestructura en la China de las últimas décadas, ha sido impresionante aunque costoso en términos ambientales, financieros y sociales. En 2016, investigadores de Oxford concluyeron que “inversiones infraestructurales mal manejadas son una explicación clave de problemas progresivos económicos y financieros en China(…) el modelo inversionista de infraestructura china no es uno para repetirse en otros países sino más bien uno que evitar”.

Río Coca

El río Coca directamente aguas abajo de la estación de derivación del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair. Foto: Max Nathanson.

En un sentido similar, muchos megaproyectos amazónicos hidroeléctricos han tenido consecuencias ambientales, sociales, y fiscales. Philip Fearnside, un experto en energía hidráulica, sostiene que “las represas tropicales son muchas veces retratadas como fuentes de energía ‘limpia’ y sin emisiones. Los cálculos(…)muestran que las emisiones de las hidroeléctricas sobrepasan los de generación eléctrica basada en combustibles fósiles”.

En un estudio sobre más de cien hidroeléctricas en la Amazonía publicado en Nature, un equipo internacional de 16 investigadores indicó que “los efectos ambientales negativos acumulados de las hidroeléctricas actuales y planeadas, si fueran construidas, provocarían disturbios hídricos y bióticos masivos que afectarían las llanuras de inundación amazónicas”. También puntualizaron que “(…)los impactos ambientales y sociales de las hidroeléctricas grandes son severos, disruptivos y característicamente irreversibles”.

Coca Codo Sinclair: los impactos ambientales

Para Carolina Viola Reyes, profesora en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, proyectos como CCS “(…)abren una serie de preguntas sobre sus impactos verdaderos: por un lado, sobre el desarrollo nacional y por otro, con respecto a los territorios y poblaciones ubicadas en el área de influencia de los proyectos”.

La autoridad local dijo que si bien hubo oposición a CCS durante el período de planificación, las comunidades alrededor del proyecto eran demasiado pequeñas para enfrentar el poder del gobierno correísta, que aprobó la evaluación de riesgo ambiental para el proyecto a través de su propio Ministerio del Ambiente. “Habría sido David versus Goliat” comentó.

Este millonario proyecto hidroeléctrico se ubica en una zona de alta actividad sísmica, al pie del volcán El Reventador, una zona no aconsejable para el desarrollo de proyectos, según lo señalaron un grupo de científicos en los años 70. De hecho, en 1998, una propuesta para construir en el sitio actual fue rechazada por no cumplir las regulaciones ambientales.

El Reventador

El volcán El Reventador arroja cenizas cerca del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair. Foto: Max Nathanson

La autoridad local también contó que terremotos en 1986, 2010 y 2012 causaron un daño significativo a las áreas alrededor de Coca Codo Sinclair, que albergan una población de casi 2000 personas.

El agua de la hidroeléctrica es desviada por un túnel subterráneo de 25 km para la generación de energía. Un empleado de CELEC mencionó que, por ahora, el viento sopla la ceniza del volcán Reventador en la dirección opuesta al embalse de CCS, preservando la calidad del agua ahí, que es posteriormente liberada en el Río Coca después de pasar por las turbinas.

Sin embargo, preocupaciones abundan sobre la vulnerabilidad del proyecto frente a las actividades sísmicas. “Si hubiera otro terremoto o una erupción significativa sería una catástrofe,” comentó otro empleado de CELEC.

Los impactos ambientales observados en el área afectada por la hidroeléctrica incluyen un aumento de sedimento y una disminución significativa de los flujos de agua, que ha amenazado los suministros de pescado y resultaría en una probable decadencia de las Cascadas de San Rafael, una de las atracciones turísticas más importantes del país. La sección del Río Coca situada debajo de la captación de CCS se ha secado casi en su totalidad.

Cascadas de San Rafael

Las Cataratas San Rafael, parte del río Coca, directamente aguas abajo de la estación de derivación del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair. Foto: Max Nathanson.

Además, un estudio realizado a la evaluación de riesgo ambiental preparada para el proyecto (por Sinohydro) enumeró una serie de efectos adversos como una probable deforestación, consecuencias negativas de la eliminación inadecuada de residuos que afectaría a los suministros de agua doméstica, cambios en escorrentía subterránea, oscilaciones en flujos de agua, niveles de sedimento y patrones de inundación, y amenazas a flora y fauna en el Parque Nacional Cayambe-Coca y la Reserva Natural Sumaco.

Altos funcionarios del estado contaron cómo el gobierno no aplicó normativas laborales durante la construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, a petición de los actores chinos involucrados con el proyecto. Esta situación rompió las relaciones con los trabajadores locales, pero también trajo como saldo la muerte de 13 de ellos durante la construcción.

En un recorrido por la casa de máquinas de la hidroeléctrica, ubicada en las profundidad de una montaña, pudimos confirmar que existen fugas de agua en las paredes alrededor de las turbinas, chorros pequeños que corrían a la vista de los técnicos que atendían en ese momento las estaciones eléctricas. Cuando se preguntó sobre la causa de las goteras, el guía de CELEC respondió:“¡Es una hidroeléctrica, hay agua por todos lados!”

hidroeléctricas en Ecuador

La estación de derivación del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair en el río Coca en Ecuador. Foto: Max Nathanson.

Dentro del perímetro de seguridad de la presa, pudimos ver también que varios campamentos y sitios de trabajo han sido abandonados dejando espacios deforestados. El líder de la comunidad que nos mostró los alrededores se quejó de la calidad de las carreteras construidas alrededor del proyecto, señaló que fueron terminadas contra el tiempo y sin preocuparse por el uso que se les daría luego de la construcción de la hidroeléctrica. Un sector del embalse se veía recortado, dejando ver el agua dulce color turquesa del río Coca mezclándose con el sedimento enlodado del embalse.

CELEC y el Ministerio del Ambiente de Ecuador declararon, en una comunicación, que todas las normativas relevantes fueron seguidas durante la planificación y construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. Pero Sinohydro se negó a atender nuestra solicitud de entrevista.

El Legado de Coca Codo Sinclair

El guía de CELEC mencionó los beneficios para las comunidades alrededor de la hidroeléctrica, enfatizando la construcción de 50 kilómetros de carreteras y el empleo de muchos ecuatorianos. La autoridad local de la comunidad Reventador dijo que las carreteras fueron muy apreciadas desde un punto de vista económico, y añadió que el gobierno local tomó la decisión de expandir el nuevo sistema de vías para permitir que finqueros cercanos pudiesen llevar sus mercancías al mercado.

Con respecto al empleo, la autoridad local dijo que durante los siete años de construcción hubo entre cinco y diez mil obreros en el área trabajando para CCS. La mitad eran chinos y la otra ecuatorianos, la mayoría de estos últimos eran ingenieros de Quito. Casi todo los trabajadores no eran del área y vivieron en campamentos especiales cerca de la hidroeléctrica.

hidroeléctricas en Ecuador

Dentro del centro de generación del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair. Foto: Max Nathanson.

La contribución de CELEC y Sinohydro a las comunidades cercanas fue una cancha de fútbol y una escuela primaria. Aunque lo que más recuerda la autoridad local es un edificio cerrado al lado de un campamento chino abandonado donde solía funcionar un burdel.

impacto ambiental de hidroeléctrica

Un habitante de Playas del Río Tigre muestra peces conocidos con el nombre de guaña. Los habitantes de esta comunidad denuncian la reducción de la población de peces. Foto: . Foto: Jonathan Palma.

Lenín Moreno: ¿un nuevo escenario para la inversión China?

Un oficial de CELEC contó que el gobierno actual de Lenín Moreno está explorando el gran potencial geotérmico del país con el apoyo de un préstamo japonés de 8 millones de dólares. Y luego siguió hablando emocionado de la nueva hidroeléctrica de 5000 MW (más de tres veces el tamaño de CCS) que pretende construir Sinohydro en el río Zamora, al sureste de Ecuador.

Aparte de la hidroeléctrica en Zamora, aún hay poco que señalar en términos de inversión en infraestructura desde que Lenín Moreno asumió la presidencia en mayo. La mayor parte de su esfuerzo se ha enfocado en marcar una distancia con la gestión de su antecesor. Los expertos que siguen la política económica de Ecuador creen que lo más probable es que las inversiones chinas no se canalicen ahora para el desarrollo de nuevos proyectos.

Lenín Moreno

Lenin Moreno en una imagen de archivo, antes de las elecciones. Foto de Agencia de Noticias Andes bajo licencia Creative Commons en Flickr.

Varios funcionarios del gobierno nos dijeron que la administración de Moreno está tratando de encontrar nuevas formas de diversificar sus fuentes de inversión, más allá de la China, lo que incluye explorar otros caminos para la renegociación de la deuda del país. Además, Moreno tiene que enfrentar el desafío de haber perdido liderazgo dentro de Alianza País, tras haber sido removido de su posición como líder del partido (ocupado por el ex canciller Ricardo Patiño). Algunos expertos incluso creen que Correa podría volver al poder de alguna forma muy pronto.

Es probable que la inversión china y el desarrollo de grandes infraestructuras sean limitados en un futuro cercano. También sigue siendo difícil saber si la estrecha relación del gobierno de Correa con los bancos chinos ahora se ve amenazada por el intento de Moreno de cambiar la trayectoria política del país. Lo que parece claro para los críticos es que la fijación que tuvo Correa con los proyectos de infraestructura construidos por China ayudó a situar a Ecuador hoy en un escenario de incertidumbre política, fiscal y ambiental.

*Este artículo fue originalmente publicado por Mongabay Latam

La pesca va a la Asamblea

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La Ley de Pesca y Acuacultura vigente en el Ecuador —aprobada en 1974—está a punto de ser reemplazada. La redacción de una nueva Ley de Pesca y Acuacultura era necesaria para consolidar los tres pilares sobre los que se debe fundamentar el manejo pesquero en el país; estos son, la sostenibilidad de los recursos pesqueros, la creación de un sistema de manejo que considere las necesidades económicas de quienes se dedican a las actividades pesqueras (y acuícolas) en Ecuador continental e insular, y la protección del medioambiente. Ya existe un borrador para la nueva Ley de Pesca y Acuacultura el cual será enviado a la Asamblea Nacional para su discusión. A pesar de que el borrador de dicha ley es bastante bueno, deberían considerarse algunas mejoras.

El concepto de “armador artesanal mayor” debe desaparecer.

Según la definición propuesta en el borrador de la nueva Ley de Pesca y Acuacultura, un armador (i.e. dueño de barco) artesanal mayor es aquel que posee más de 11 embarcaciones. Esa descripción se ajusta más a la de un armador industrial menor; pues el esfuerzo pesquero total de una flota compuesta por 11 o más embarcaciones es equivalente al de una o varias embarcaciones industriales. Es posible, incluso, que el número de embarcaciones artesanales, cuyo esfuerzo agregado (medido por captura total por viaje) sea equivalente al de un barco industrial, sea menor a 11 embarcaciones.

Eliminar de la propuesta de ley los incentivos al sector pesquero.

La evidencia empírica obtenida a lo largo del planeta  ha demostrado que los incentivos pesqueros — líneas de crédito especiales, subsidios u otras ayudas gubernamentales— son distorsionantes, y por lo tanto afectan la sostenibilidad de largo plazo de la actividad pesquera. Además, cualquier tipo de ayuda gubernamental debería ser temporal, contingente y sujeta a disponibilidad del presupuesto del Estado y no algo permanente, pues amenazaría la salud financiera del fisco.

Si políticamente no es posible eliminar estos incentivos de la nueva Ley de Pesca y Acuacultura —por la presión del sector artesanal— entonces se recomienda limitarlos a pesquerías que hayan sido catalogadas como sostenibles por organismos independientes, tales como el Marine Stewardship Council.

Establecer certificados de origen para toda la captura

La comercialización de todas las especies marinas capturadas en el Ecuador debería estar respaldada por certificados de origen y captura, sin importar si la captura proviene de actividad de pesca industrial o artesanal. Esto favorecería la edificación de un sistema de trazabilidad robusto, el cual permitiría proteger: la rentabilidad de la actividad pesquera, la salud biológica de las especies y el bienestar del consumidor.  En otras palabras, con un sistema óptimo de trazabilidad  se podría conocer con plena seguridad el trayecto completo de la pesca, desde el momento de su captura hasta que es adquirido por el consumidor final.

Manejo espacial y/o basado en derechos

Incluir explícitamente un marco jurídico que permita propiciar e impulsar, en un futuro cercano, dos temas: 1) medidas de manejo espacial (más allá de la creación de reservas marinas) y 2) sistemas de manejo basado en derechos de uso y captura, los cuales facilitarían la creación de instrumentos de mercado que permitan regular de una manera efectiva y eficiente la aplicación del esfuerzo en las pesquerías, a la vez que se incentiva a sus participantes a la conservación de largo plazo de las especies marinas. Esto último sería posible pues a través del establecimiento de derechos de propiedad, que permitan evitar la dilución de valor de las actividades de conservación derivada de una carrera por pescar.

Exigencia de permisos de pesca para naves nodrizas

Todas las embarcaciones nodrizas (i.e. embarcación principal y de mayor tamaño de una flota de la cual salen otras embarcaciones menores). que participen en actividades de pesca, con el objeto de ejercer dicha actividad deberían obtener un permiso de pesca. De igual manera a las nodrizas no se las debería considerar de manera simplista como medios de transporte de embarcaciones menores (ej. fibras y/o pangas), sino como sistemas agregadores de esfuerzo pesquero. Por esta razón toda actividad pesquera que se realice con el uso de nodrizas debería ser catalogada como actividad de pesca industrial.

Obligar el uso de dispositivos de posicionamiento satelital  para todas las embarcaciones

El uso de dispositivos de posicionamiento satelital debe ser obligatorio para todo tipo de embarcaciones incluso para las artesanales. Los Artículos 33 y 69 del borrador de la Ley de Pesca y Acuacultura son importantes y no deberían ser eliminados. Es necesario conocer el comportamiento de pesca de los barcos artesanales por el impacto que tiene el esfuerzo pesquero de dicha flota sobre la salud biológica de las especies.

La pesca de tiburones

La nueva Ley debe ser más clara sobre cómo se debería manejar esta especie amenazada y vulnerable. Para esto se proponen dos alternativas:

La primera es definir inequívocamente qué se considera como captura incidental (i.e. captura no intencionada de peces y especies marinas) en lo que respecta a tiburones y prohibir completamente la comercialización de los tiburones capturados (aunque provenga de “pesca incidental”). En otras palabras, que la captura de tiburones sean una fuente de costo y no de ingreso para los pescadores.

La segunda alternativa está propuesta en el borrador de la Ley que irá a la Asamblea. Esta propuesta, pese a que es poco clara, implica que la autoridad pesquera ecuatoriana pueda abrir una pesquería de tiburón bajo principios de ordenamiento y control como vedas, cuotas, zonas de pesca, tallas, temporadas, artes de pesca permitidos y embarcaciones o pescadores autorizados. Esta alternativa no es absurda y, aunque diametralmente diferente a la primera alternativa, pudiera solucionar el problema de la pesca de tiburones en Ecuador, transparentando la actividad pesquera de la flota artesanal sobre estas especies vulnerables. No obstante, abrir una pesquería de tiburón en Ecuador tiene un escollo: los tiburones aún son considerados como especies amenazadas y vulnerables. Si este problema no se resuelve, será difícil abrir cualquier pesquería de tiburón. Se mantendría la incertidumbre y las contradicciones que han generado el mal manejo actual de todas las especies de tiburón en Ecuador.

Es importante recalcar entonces que la Ley debería contemplar una de las dos alternativas anteriormente propuestas y no las dos (o peor, ninguna).

Crear un impuesto o una tasa para usuarios extranjeros

Todos los contratos de fletamento, arrendamiento o asociación entre personas naturales y/o jurídicas nacionales y extranjeras deben estar gravadas con un impuesto o tasa considerablemente alta. La razón para hacerlo es que estos acuerdos permiten a extranjeros explotar recursos marinos nacionales. De ahí que, por principio de soberanía, debería existir una forma de compensación por el usufructo foráneo de los recursos naturales marinos del Ecuador.

Garantizar la participación de distintas instituciones en temas de investigación pesquera

La participación de las universidades, centros académicos especializados (públicos y privados) y organizaciones no gubernamentales en el asesoramiento técnico para el correcto manejo de las pesquerías debería institucionalizarse. El Instituto Nacional de Pesca (INP) no debería ser la única institución que tenga la función de asesoría científica en temas pesqueros y acuícolas en nuestro país.

Este asesoramiento académico proveniente de distintas instituciones debería ser para todos los temas relacionados a la administración pesquera en Ecuador, pero por sobre todo para temas de derechos de uso, regulaciones y sostenibilidad de la pesca en aguas ecuatorianas.

Crear fondos concursables para la investigación pesquera

La ley debe crear un impuesto o tasa a la actividad pesquera industrial y artesanal para recaudar recursos financieros que permitan crear fondos concursables para temas de investigación pesquera. Estos fondos no deberían ser asignados de forma predeterminada a instituciones públicas, como el INP, sino que deberían ser otorgados a instituciones (públicas o privadas) que presenten proyectos de investigación relevantes e interesantes en temas de sostenibilidad biológica y económica de la actividad pesquera y acuícola en el país. Para este propósito se pudiera replicar la experiencia chilena en este tema con su Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura (FIPA).

Reserva Marina de Galápagos

En la ley se debe enfatizar claramente que el manejo pesquero en la Reserva Marina de Galápagos (RMG) se sujeta a un marco jurídico especial. Por ende, el alcance de la Ley de Pesca y Acuacultura debe terminar en el punto en el que comienza el marco jurídico especial de la RMG.

Registro de embarcaciones

Debe establecerse como meta en la Ley de Pesca y Acuacultura la creación de un registro de embarcaciones pesqueras que tenga como objetivo esencial limitar el acceso libre de nuevas embarcaciones y la sobre-capitalización de las embarcaciones existentes.

Zona de pesca exclusiva para las flotas artesanales hasta las 8 millas náuticas

Mantener como zona de pesca exclusiva de las flotas artesanales las 8 millas náuticas. En otras palabras, no reducir dicha extensión a 6 millas como inicialmente se lo tenía contemplado para evitar que el esfuerzo de las flotas industriales se acerquen cada vez más a la costa.

Si estas consideraciones son tomadas en cuenta, el país dará un paso adelante hacia tener una ley que favorezca la sostenibilidad de la actividad pesquera en Ecuador; entendido esto último como la protección de los recursos marinos que habitan en aguas ecuatorianas de un exceso de esfuerzo pesquero que desemboque en la sobreexplotación de dichos recursos.

El Bitcoin versus nosotros

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Bitcoin parece estarse comiendo al mundo. Hace ocho años existía como un informe de investigación escrito por una persona anónima y debatido por nerds. Luego pasó a ser una novedad del deep web, esa esquina del ciberespacio donde se venden y compran drogas y armas, se lava dinero, y se realizan otras actividades ilícitas. Antes descartado por la comunidad financiera, hoy Bitcoin aparece en las portadas de los diarios mundiales que reportan cómo el valor de la criptomoneda rompe barreras de precio día tras día. Algunos especulan que es una burbuja y avisan de un colapso inminente mientras otros especulan y se vuelven millonarios. Algunos lo comparan con un método de pagos, mientras otros insisten que es más parecido al oro. Nicolás Maduro anunció que Venezuela lanzará su propia criptomoneda. Los chinos la prohíben, mientras los estadounidenses crean nuevos instrumentos financieros para que sea más fácil comprar y vender. Cada día salen artículos (como este) escrito por ‘expertos’ que tratan de explicar de qué se trata Bitcoin, pero ¿cómo puede haber expertos en algo que nunca ha existido antes?

Para poder entender bien el fenómeno Bitcoin, hace falta primero separar la aplicación (Bitcoin) de su sistema operativo (Blockchain) (piensen en la diferencia entre Word y Mac OS). Blockchain en su esencia es una nueva forma de organizar bases de datos que, hasta ahora, parece incorruptible. La fortaleza del Blockchain es que el sistema paga a usuarios a través de un proceso que se llama ‘minería’ para tener copias de la base de datos y sus transacciones en miles y miles de computadoras a nivel mundial. La defensa del Blockchain, entonces, son las innumerables copias de la base de datos que existen en cualquier instante, y la trazabilidad de cualquier transacción.

Después de 8 años de existencia nadie ha logrado exponer vulnerabilidades en el sistema de Blockchain, y pronto veremos cómo ésta tecnología nos permite reemplazar cosas que consideramos básicas en la sociedad ecuatoriana: con el Blockchain, por ejemplo, podríamos eliminar la necesidad de tener notarías (¿para qué verificar firmas?) registros físicos de propiedad (¿por qué tener una biblioteca de contratos cuando todos son virtuales?) pasaportes (¿por qué un documento para verificar una identidad cuando basta tener un perfil virtual creado por un gobierno?), contratos físicos, o elecciones con boletas de papel: si mañana tenemos una elección con sistemas digitales, por ejemplo, todos nos preocuparíamos de la seguridad del sistema que guarda los datos. Con un sistema de votación basado en Blockchain tendríamos la transparencia y la seguridad para que todos votemos desde nuestros celulares sin la necesidad de tener un Consejo Electoral para certificar los resultados. Si hace 20 años nuestros papás no entendían y no percibían el impacto del internet, nuestra comprensión del Blockchain se le parece bastante. Es casi imperceptible, difícil de entender a nivel técnico, pero va a cambiar cómo vivimos.

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Bitcoin es el primer uso del Blockchain. Y es la primera de muchas criptomonedas que están llamando la atención por su crecimiento exponencial. Para entender el contexto, el número de Bitcoins en circulación equivale alrededor de 300 mil millones de dólares. El valor de Goldman Sachs, el emblemático banco de inversión estadounidense, llega 90 mil millones de dólares. En teoría Bitcoin fue diseñado para ser una moneda, como el dólar o el sucre, pero a diferencia de aquellas, su emisión no depende de un gobierno, sino de un algoritmo. El algoritmo emite Bitcoins de una forma controlada y predecible, realizando una suerte de lotería para las personas que dedican su poder computacional para almacenar copias de la base de datos y verificar transacciones.

Con el valor creciente del Bitcoin hay cada vez más personas que deciden participar en el proceso de minar Bitcoins, y en el proceso el sistema se vuelve más seguro. El valor de cualquier cosa que se vende depende de la oferta y la demanda, y una moneda no es excepción. Aunque la moneda puede subir y bajar de valor dependiendo de la demanda, con Bitcoin el usuario por lo menos no tiene que preocuparse de manipulación por parte de la oferta (como es el caso en Venezuela de hoy, por ejemplo), porque lleva la seguridad que nadie puede emitir Bitcoins falsos o acelerar el paso de emisión que dicta el algoritmo.

La promesa de Bitcoin como moneda es que puedes enviar dinero a cualquier lado del mundo sin pasar por el sistema financiero tradicional, y por eso su popularidad con personas que venden drogas o el mundo de negocios ilícitos: sus transacciones no aparecen en los estados de cuenta de bancos que operan bajo de vigilancia de gobiernos nacionales. No se requiere de bufetes de abogados panameños para escaparse del yugo gubernamental. Si en los noventa Pablo Escobar tenía que enviar avionetas con billetes de Miami a Medellín para evitar la detección de sus actividades, hoy podría enviar Bitcoins de una cuenta a otra. En 2010, respondiendo a presión del gobierno estadounidense, las empresas de tarjetas de crédito se rehusaron a tramitar donaciones para Wikileaks. Julian Assange hizo un pedido para que la gente done Bitcoin: ahora él dice que Wikileaks tuvo una ganancia de 50 mil por ciento sobre las donaciones iniciales. Y el sistema financiero no pudo hacer nada para prohibirlo.

Es falso suponer que Bitcoin es anónimo: de hecho, la historia de cada transacción está grabado en la base de datos. Lo que es anónimo son las billeteras: se puede tener una billetera cuya única identificación es una serie de caracteres, sin que nadie nunca sepa a quién pertenece. La billetera es también donde encontramos la vulnerabilidad del sistema: es cierto que nadie ha logrado hackear Bitcoin y emitir nuevos, pero la billetera tiene que existir en una bolsa (como la de valores o productos) que puede ser regulada por un gobierno o hackeada sin que haya un seguro para los depósitos. Ha habido varios hackeos de bolsas como el Mount Gox, en que se robaron millones de dólares en Bitcoin. Una alternativa a la bolsa es tener una billetera que exista como un programa en un celular o computadora, pero tenerla en el celular acerca problemas más cotidianos: que alguien lo robe o sencillamente se dañe, y se pierdan todas las Bitcoin que allí había, sin jamás poderlos volver a recuperar.

A pesar de su diseño original como moneda, muy poca gente usa Bitcoin para transacciones. Primero, la inestabilidad del valor hace que tenga poco sentido, porque lo que gastas hoy podría valer el doble mañana. Segundo, el diseño original de Bitcoin no contempló el volúmen de transacciones que ahora existe, entonces la infraestructura de Bitcoin es lenta: la promesa de transacciones instantáneas hasta ahora no se da. En teoría aquel defecto podría corregirse si el 51% de las computadoras que se dedican a la minería de Bitcoin aceptan las actualizaciones propuestas para acelerar la transacciones, pero hasta ahora no quieren ( falta espacio explicar los argumentos en favor y en contra). Como el código fuente de Bitcoin es abierto y disponible para todos, un grupo de usuarios de Bitcoin decidió resolver el problema creando una nueva versión del software con las correcciones necesarias que se llama Bitcoin Cash. Ellos pretenden que Bitcoin Cash logrará la meta original de ser una moneda virtual.

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Pero si Bitcoin no existe como moneda, ¿qué es?

Tal vez la analogía más cercana es como una suerte de oro digital, un commodity valioso por ser escaso. En teoría uno puede comprar y vender cosas con oro, pero poca gente lo hace. La gente compra oro para sostener o incrementar el valor de su dinero, y lo hacen muchas veces porque no confían en el manejo monetario de su gobierno. Venezolanos o argentinos, por ejemplo, han visto cómo la mala gestión económica ha desaparecido el valor de las monedas nacionales. Quien tema que su gobierno en algún punto podría congelar cuentas y convertir los depósitos en una nueva moneda, encuentra en tener Bitcoins una opción con sentido: toma un riesgo, pero para muchos el algoritmo de Bitcoin es más confiable que Nicolás Maduro o Cristina Fernández. La gente compra Bitcoin, entonces, para asegurar que su dinero tenga valor independiente de las actuaciones de su gobierno.

¿Pero cómo puede una moneda digital sostener su valor si no está respaldado por nada? Los proponentes de Bitcoin dirían que las monedas nacionales tampoco tienen respaldo. El dólar americano, el franco suizo, el euro, todos derivan su valor del número de monedas en circulación y la confianza de las personas que lo compran y venden asumiendo un valor estable. Si mañana la gente pierde fe en el euro, su valor también puede desaparecer. Los gobiernos intentan pero no pueden asegurar el valor de sus monedas: por más que el gobierno venezolano, por ejemplo, intenta controlar el tipo de cambio del bolívar fuerte, su valor en la calle depende de un señor que trabaja en una ferretería en Alabama.

Por eso es absurdamente irónico cuando Nicolás Maduro dice que Venezuela emitirá su propia criptomoneda como anunció la semana pasada. La depreciación de la moneda y inflación que ha devastado a Venezuela se debe a las políticas públicas del gobierno liderado por el mismo señor Maduro. Las criptomonedas ofrecen la oportunidad de liberarse de la mala gestión de los gobiernos al delegar la emisión de billetes a un algoritmo. En otras palabras, Nicolás Maduro no necesita un criptomoneda: necesita dejar de manejar el bolívar de una forma tan dañina.

Las criptomonedas tienen otros usos que recién estamos descubriendo. Si alguien tiene una empresa y quiere levantar capital podrías emitir una cantidad fija de su propia criptomoneda y venderla a un dólar por moneda. El emisor recibes capital a cambio de su moneda virtual y con el tiempo, si a la empresa le va bien, el valor de cada moneda sube y puede ser revendida. Funciona igual que una bolsa de acciones, sin nada de la regulación que limita y protege el sistema financiero tradicional.

Por eso es importante subrayar que Bitcoin —y cualquier otra criptomoneda— viven al estilo del viejo Oeste: a diferencia del sistema financiero cuya transparencia es regulada (aunque los ecuatorianos han aprendido por experiencia no confiar demasiado en esa regulación), no hay ninguna sobre Bitcoins y las otras criptomonedas. Quien invierta en estos nuevos instrumentos financieros debería tener la precaución de no invertir más de lo que no está dispuesto a perder. Por un lado Bitcoin está volviéndose parte de la corriente principal del sector financiero, haciéndose más asequible para grandes fondos de inversión. Esa apertura sube la demanda de Bitcoin y aumenta su valor. Por otro lado esa misma asequibilidad se puede volver un timo piramidal en que muchos actores se junten a un fenómeno cuya autoperpetuación desembocaría en una burbuja que podría explotar en cualquier instante, pero nadie sabe con certeza: lo más probable es que los expertos en Bitcoin todavía no hayan nacido, y por tanto todos estemos especulando como cuando los físicos adivinan qué pasa al interior de un agujero negro: una vez que estás lo suficiente cerca para poder observar ya es muy tarde para volver.

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La semana pasada fui al registro civil tres veces, hice alrededor de cinco transacciones, presenté varios documentos emitidos por el mismo gobierno, y gasté alrededor de diez horas de mi semana sólo para sacar una cédula y un pasaporte. Como tecnólogo, yo sé que este problema podría resolverse con Blockchain, y mi esperanza es que nuestro gobierno, cuyo trato con empresas como Cabify demuestra una tendencia anti-tecnología y anti-cambio podrían empezar a considerar la transformación de la entrega de servicios gubernamentales a través de tecnología como Blockchain.

De la misma forma que Napster tuvo que nacer y morir para que lleguemos al mundo de Spotify, y de la misma manera que la burbuja de las empresas dot-com tuvo que explotar para que luego tengamos empresas como Google y Facebook, estamos creando las condiciones para una nueva forma de organización de nuestra civilización. Estamos en un momento en que se viene una tecnología que revolucionará el planeta, y podemos ser líderes o seguidores. Ecuador tiende a esperar a ver qué pasa en el resto del mundo antes de adaptarse al mundo. El riesgo para el Ecuador no es la fragilidad de las criptomonedas: es nuestra propia resistencia al cambio.

La pesca va a la Asamblea

La Ley de Pesca y Acuacultura vigente en el Ecuador —aprobada en 1974—está a punto de ser reemplazada. La redacción de una nueva Ley de Pesca y Acuacultura era necesaria para consolidar los tres pilares sobre los que se debe fundamentar el manejo pesquero en el país; estos son, la sostenibilidad de los recursos pesqueros, la creación de un sistema de manejo que considere las necesidades económicas de quienes se dedican a las actividades pesqueras (y acuícolas) en Ecuador continental e insular, y la protección del medioambiente. Ya existe un borrador para la nueva Ley de Pesca y Acuacultura el cual será enviado a la Asamblea Nacional para su discusión. A pesar de que el borrador de dicha ley es bastante bueno, deberían considerarse algunas mejoras.

El concepto de “armador artesanal mayor” debe desaparecer.

Según la definición propuesta en el borrador de la nueva Ley de Pesca y Acuacultura, un armador (i.e. dueño de barco) artesanal mayor es aquel que posee más de 11 embarcaciones. Esa descripción se ajusta más a la de un armador industrial menor; pues el esfuerzo pesquero total de una flota compuesta por 11 o más embarcaciones es equivalente al de una o varias embarcaciones industriales. Es posible, incluso, que el número de embarcaciones artesanales, cuyo esfuerzo agregado (medido por captura total por viaje) sea equivalente al de un barco industrial, sea menor a 11 embarcaciones.

Eliminar de la propuesta de ley los incentivos al sector pesquero.

La evidencia empírica obtenida a lo largo del planeta  ha demostrado que los incentivos pesqueros — líneas de crédito especiales, subsidios u otras ayudas gubernamentales— son distorsionantes, y por lo tanto afectan la sostenibilidad de largo plazo de la actividad pesquera. Además, cualquier tipo de ayuda gubernamental debería ser temporal, contingente y sujeta a disponibilidad del presupuesto del Estado y no algo permanente, pues amenazaría la salud financiera del fisco.

Si políticamente no es posible eliminar estos incentivos de la nueva Ley de Pesca y Acuacultura —por la presión del sector artesanal— entonces se recomienda limitarlos a pesquerías que hayan sido catalogadas como sostenibles por organismos independientes, tales como el Marine Stewardship Council.

Establecer certificados de origen para toda la captura

La comercialización de todas las especies marinas capturadas en el Ecuador debería estar respaldada por certificados de origen y captura, sin importar si la captura proviene de actividad de pesca industrial o artesanal. Esto favorecería la edificación de un sistema de trazabilidad robusto, el cual permitiría proteger: la rentabilidad de la actividad pesquera, la salud biológica de las especies y el bienestar del consumidor.  En otras palabras, con un sistema óptimo de trazabilidad  se podría conocer con plena seguridad el trayecto completo de la pesca, desde el momento de su captura hasta que es adquirido por el consumidor final.

Manejo espacial y/o basado en derechos

Incluir explícitamente un marco jurídico que permita propiciar e impulsar, en un futuro cercano, dos temas: 1) medidas de manejo espacial (más allá de la creación de reservas marinas) y 2) sistemas de manejo basado en derechos de uso y captura, los cuales facilitarían la creación de instrumentos de mercado que permitan regular de una manera efectiva y eficiente la aplicación del esfuerzo en las pesquerías, a la vez que se incentiva a sus participantes a la conservación de largo plazo de las especies marinas. Esto último sería posible pues a través del establecimiento de derechos de propiedad, que permitan evitar la dilución de valor de las actividades de conservación derivada de una carrera por pescar.

Exigencia de permisos de pesca para naves nodrizas

Todas las embarcaciones nodrizas (i.e. embarcación principal y de mayor tamaño de una flota de la cual salen otras embarcaciones menores). que participen en actividades de pesca, con el objeto de ejercer dicha actividad deberían obtener un permiso de pesca. De igual manera a las nodrizas no se las debería considerar de manera simplista como medios de transporte de embarcaciones menores (ej. fibras y/o pangas), sino como sistemas agregadores de esfuerzo pesquero. Por esta razón toda actividad pesquera que se realice con el uso de nodrizas debería ser catalogada como actividad de pesca industrial.

Obligar el uso de dispositivos de posicionamiento satelital  para todas las embarcaciones

El uso de dispositivos de posicionamiento satelital debe ser obligatorio para todo tipo de embarcaciones incluso para las artesanales. Los Artículos 33 y 69 del borrador de la Ley de Pesca y Acuacultura son importantes y no deberían ser eliminados. Es necesario conocer el comportamiento de pesca de los barcos artesanales por el impacto que tiene el esfuerzo pesquero de dicha flota sobre la salud biológica de las especies.

La pesca de tiburones

La nueva Ley debe ser más clara sobre cómo se debería manejar esta especie amenazada y vulnerable. Para esto se proponen dos alternativas:

La primera es definir inequívocamente qué se considera como captura incidental (i.e. captura no intencionada de peces y especies marinas) en lo que respecta a tiburones y prohibir completamente la comercialización de los tiburones capturados (aunque provenga de “pesca incidental”). En otras palabras, que la captura de tiburones sean una fuente de costo y no de ingreso para los pescadores.

La segunda alternativa está propuesta en el borrador de la Ley que irá a la Asamblea. Esta propuesta, pese a que es poco clara, implica que la autoridad pesquera ecuatoriana pueda abrir una pesquería de tiburón bajo principios de ordenamiento y control como vedas, cuotas, zonas de pesca, tallas, temporadas, artes de pesca permitidos y embarcaciones o pescadores autorizados. Esta alternativa no es absurda y, aunque diametralmente diferente a la primera alternativa, pudiera solucionar el problema de la pesca de tiburones en Ecuador, transparentando la actividad pesquera de la flota artesanal sobre estas especies vulnerables. No obstante, abrir una pesquería de tiburón en Ecuador tiene un escollo: los tiburones aún son considerados como especies amenazadas y vulnerables. Si este problema no se resuelve, será difícil abrir cualquier pesquería de tiburón. Se mantendría la incertidumbre y las contradicciones que han generado el mal manejo actual de todas las especies de tiburón en Ecuador.

Es importante recalcar entonces que la Ley debería contemplar una de las dos alternativas anteriormente propuestas y no las dos (o peor, ninguna).

Crear un impuesto o una tasa para usuarios extranjeros

Todos los contratos de fletamento, arrendamiento o asociación entre personas naturales y/o jurídicas nacionales y extranjeras deben estar gravadas con un impuesto o tasa considerablemente alta. La razón para hacerlo es que estos acuerdos permiten a extranjeros explotar recursos marinos nacionales. De ahí que, por principio de soberanía, debería existir una forma de compensación por el usufructo foráneo de los recursos naturales marinos del Ecuador.

Garantizar la participación de distintas instituciones en temas de investigación pesquera

La participación de las universidades, centros académicos especializados (públicos y privados) y organizaciones no gubernamentales en el asesoramiento técnico para el correcto manejo de las pesquerías debería institucionalizarse. El Instituto Nacional de Pesca (INP) no debería ser la única institución que tenga la función de asesoría científica en temas pesqueros y acuícolas en nuestro país.

Este asesoramiento académico proveniente de distintas instituciones debería ser para todos los temas relacionados a la administración pesquera en Ecuador, pero por sobre todo para temas de derechos de uso, regulaciones y sostenibilidad de la pesca en aguas ecuatorianas.

Crear fondos concursables para la investigación pesquera

La ley debe crear un impuesto o tasa a la actividad pesquera industrial y artesanal para recaudar recursos financieros que permitan crear fondos concursables para temas de investigación pesquera. Estos fondos no deberían ser asignados de forma predeterminada a instituciones públicas, como el INP, sino que deberían ser otorgados a instituciones (públicas o privadas) que presenten proyectos de investigación relevantes e interesantes en temas de sostenibilidad biológica y económica de la actividad pesquera y acuícola en el país. Para este propósito se pudiera replicar la experiencia chilena en este tema con su Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura (FIPA).

Reserva Marina de Galápagos

En la ley se debe enfatizar claramente que el manejo pesquero en la Reserva Marina de Galápagos (RMG) se sujeta a un marco jurídico especial. Por ende, el alcance de la Ley de Pesca y Acuacultura debe terminar en el punto en el que comienza el marco jurídico especial de la RMG.

Registro de embarcaciones

Debe establecerse como meta en la Ley de Pesca y Acuacultura la creación de un registro de embarcaciones pesqueras que tenga como objetivo esencial limitar el acceso libre de nuevas embarcaciones y la sobre-capitalización de las embarcaciones existentes.

Zona de pesca exclusiva para las flotas artesanales hasta las 8 millas náuticas

Mantener como zona de pesca exclusiva de las flotas artesanales las 8 millas náuticas. En otras palabras, no reducir dicha extensión a 6 millas como inicialmente se lo tenía contemplado para evitar que el esfuerzo de las flotas industriales se acerquen cada vez más a la costa.

Si estas consideraciones son tomadas en cuenta, el país dará un paso adelante hacia tener una ley que favorezca la sostenibilidad de la actividad pesquera en Ecuador; entendido esto último como la protección de los recursos marinos que habitan en aguas ecuatorianas de un exceso de esfuerzo pesquero que desemboque en la sobreexplotación de dichos recursos.

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La amenaza a la reserva marina de Galápagos de la que nadie habla (y no, no es China)

El 13 de agosto de 2017 el barco Fu Yuang Leng 999 fue detenido en la reserva marina de Galápagos por transportar más de 6 mil 600 tiburones durante su viaje hacia Perú. El incidente recibió amplia cobertura mediática, y ofreció la oportunidad para que se dé inicio a una discusión rigurosa y profunda sobre la situación de las especies vulnerables en la reserva marina de Galápagos. Pero la oportunidad se perdió: en vez de debatir de manera científica los problemas de conservación de las especies marinas en la reserva, la discusión se politizó y hasta se contaminó con xenofobia. Tres meses después se ratificó la sentencia condenatoria para los tripulantes del barco chino pero el tema de la conservación de especies marinas vulnerables en la reserva marina de Galápagos quedó en el olvido. Es un problema tan grave que es necesario traerlo de nuevo a la discusión pública, pero esta vez para analizarlo seriamente, fundamentando la discusión en hechos y evidencia.

Es cierto que las flotas extranjeras que operan en zonas adyacentes a la zona económica exclusiva de Ecuador (un área aproximada de 1 millón 200 mil kilómetros cuadrados —más de 1500 veces el tamaño de Nueva York— incluidas las aguas de la reserva marina) son una amenaza para especies altamente migratorias en peligro de extinción como los tiburones. Sin embargo, no hay que pasar por alto el efecto que tiene sobre su conservación la actividad pesquera de la flota artesanal palangrera del Ecuador continental.

Esta flota está compuesta por más de 45 mil embarcaciones. Están autorizadas a desembarcar tiburones, siempre y cuando se los etiquete como ‘pesca incidental’. La definición de ‘pesca incidental’ está en el decreto ejecutivo 486 (firmado por el entonces presidente Rafael Correa en julio de 2007) y es sumamente arbitraria: quien decide la condición de incidentalidad de la captura son los mismos pescadores.

El resultado del decreto y su aplicación es que se capturen por lo menos 250 mil tiburones por año, según un estudio de 2015 realizado por el biólogo Jimmy Martínez y otros expertos. Esta cifra hace dudar que la pesca de tiburón hecha por la flota artesanal ecuatoriana sea incidental —por el contrario, más parece una pesca dirigida, el objetivo no declarado de dicha flota. Además, una porción sustancial de la captura de estos tiburones se obtiene en el borde de la reserva marina de Galápagos. Las embarcaciones artesanales ecuatorianas no están obligadas a llevar sistemas satelitales de rastreo, por lo que potencialmente podrían haber ingresado, desde el continente, sin ser detectadas a las aguas de la reserva marina para pescar.

A los efectos de la pesca de la flota artesanal continental ecuatoriana hay que sumarle los problemas causados por la flota artesanal galapagueña. Lo más preocupante es la aprobación en el 2016 de un nuevo programa piloto de pesca experimental con palangre dentro de la reserva marina. Este es el quinto experimento de este tipo desde 1997. Los cinco experimentos anteriores han dado exactamente el mismo resultado: inaceptables cifras de captura incidental de tiburones.

El arduo trabajo del Parque Nacional Galápagos para proteger a los tiburones también está amenazado casa adentro: desde el continente y en el mismo archipiélago. Afortunadamente, se está discutiendo una nueva Ley de Pesca en Ecuador. El borrador actual de esta ley es prometedor. Sin embargo, aún se requiere crear regulaciones claras para proteger a los tiburones en aguas ecuatorianas (tanto del continente como las del archipiélago). Una alternativa es definir inequívocamente qué se considera como captura incidental, prohibir completamente la comercialización de tiburones (aunque provenga de “pesca incidental”) y poner fin a los experimentos de pesca con palangre en la reserva marina de Galápagos.

Otra alternativa para la protección de los tiburones (en el continente y en Galápagos) es, aunque suene contradictorio, permitir su pesca. El artículo 27 del borrador de la Ley de Pesca es poco claro, pero si se lo lee detenidamente se puede concluir que la autoridad pesquera ecuatoriana planea abrir a una pesquería de tiburón bajo principios de ordenamiento y control tales como vedas, cuotas, zonas de pesca, tallas, temporadas, artes de pesca permitidos y embarcaciones y pescadores autorizados. Esto, aunque parezca absurdo, no lo es, y podría solucionar el problema de la pesca de tiburones en Ecuador: transparentaría la actividad pesquera de la flota artesanal en lo que respecta a estas especies vulnerables.

Abrir esta pesquería implicaría también un reconocimiento expreso de que la pesca de tiburón en Ecuador ha sido por muchos años una pesca dirigida. Y que lo único que le faltaba era manejarla como tal. Pero abrir una pesquería de tiburón en Ecuador tiene un escollo y es que los tiburones aún son considerados como especies amenazadas. Si esta contradicción no se resuelve, será difícil abrir cualquier pesquería de tiburón, y se mantendrá la incertidumbre y las ambigüedades que han generado el mal manejo de todas las especies de tiburón en Ecuador.

El problema de la pesca de especies vulnerables como los tiburones en la reserva marina de Galápagos (e incluso en aguas continentales ecuatorianas) no solo tiene origen foráneo sino también local. Para resolver el problema de la pesca insostenible de tiburones en Ecuador hay que, primero, analizar el tema técnicamente, y posteriormente diseñar medidas de manejo basadas en ciencia que satisfagan las dos condiciones esenciales que deben cumplir todas las regulaciones exitosas aplicadas a la explotación de recursos naturales renovables: que se preserve la salud biológica del recurso, y que además promueva el desarrollo económico de largo plazo de sus usuarios.

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Los privilegios de ser Rafael Correa

El viernes uno de diciembre, dos funcionarias de comunicación de la Corte Nacional de Justicia reían mientras emocionadas señalaban algo en la pantalla de sus teléfonos celulares.

— Me tomé esta foto.

Dijo una de ellas, hermana de una asambleísta de la facción correísta de Alianza País. La otra facción, la que Correa y sus leales combaten, está en el poder y la encabeza Lenín Moreno, actual presidente del Ecuador.

Unas horas antes, la mañana del viernes había amanecido un poco nublada, como cualquier otra mañana de diciembre en Quito, pero dentro de la Corte Nacional el clima era distinto. Rafael Correa, expresidente del Ecuador, llegó a la máxima instancia judicial del país para respaldar a su exvicepresidente Jorge Glas, enjuiciado junto a otras ocho personas —entre ellas su tío Ricardo Rivera— por la trama de corrupción del caso Odebrecht en Ecuador.

Correa llegó pocos minutos antes de las once de la mañana, durante el primer receso. Entró por la misma puerta por la que entran los jueces de la Corte. Vestido con terno oscuro y corbata verdeflex cruzó rápidamente, haciendo un gesto de saludo con la mano y moviendo la cabeza.

Lo esperaba de pie, junto al umbral, la asambleísta Marcela Aguiñaga, una de las primeras militantes de Alianza País en romper con Lenín Moreno. Junto a ella, firme como un soldado, otro fiel acólito correísta, Fernando Alvarado, exsecretario de Comunicación y de la Administración en el gobierno de Correa, hacía la guardia al arribo de su líder.

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Correa llega a la corte con la asambleísta Marcela Aguiñaga. Fotografía de María Sol Borja para GK

Al fondo de la sala, al lado derecho, está la pequeña puerta por la que los jueces, cuando hay una audiencia, llegan desde sus despachos, subiendo por un ascensor privado hasta el octavo piso. En el medio está el podio y a la izquierda del podio hay varias oficinas pequeñas. En ellas permanecen los testigos del juicio hasta que son llamados a declarar.

El ingreso para el público que asiste a la audiencia, para la prensa, los abogados y los acusados es por uno de los tres ascensores que se toman en la planta baja del edificio de la Corte. Cuando se abre la puerta del ascensor, quien sale se encuentra el dispositivo de seguridad que incluye un detector de metales. Bajo ese dintel pasa todo mortal que quiere entrar a la audiencia. Un policía se encarga de revisar las carteras e impedir que ingresen maletas. Ni siquiera los periodistas que llevan equipos o computadoras pueden ingresar con maletas. Se les pide que las dejen en unos casilleros habilitados para eso, unos pisos más abajo.

Así es el octavo piso de la Corte Nacional de Justicia donde es la sala de audiencia. Infografía de Paula de la Cruz

Las funcionarias de la Corte Nacional que luego se tomarían la foto, se movían, desde temprano, de un lado a otro, inquietas, curiosas, comedidas. Comentaban entre ellas, iban de la puerta de la audiencia al puesto del detector de metales, de allí a la sala de prensa. Se sentía que algo importante iba a suceder.

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Rafael Correa y Jorge Glas se abrazan en un receso de la audiencia en que Glas es juzgado por asociación ilícita. Fotografía de María Sol Borja para GK

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La audiencia se había instalado a las nueve de la mañana. Apenas una hora y media después, el Juez dispuso un receso de treinta minutos. Empezó un movimiento inusual al interior de la sala. Tan inusual, que entre el público que entraba y salía, estaba un hombre alto, atlético, rapado, enternado, parte de la seguridad personal de Miguel Jurado, el juez que llamó a juicio a Glas y los otros procesados. Desde que inició esta etapa del juicio es la primera vez que aparecía. Qué hacía ahí, en una audiencia donde su jefe no actuaba, tampoco se supo.  

Cerca de las once llegó Correa. Tras su paso, la puerta de vidrio se cerró y fotógrafos, camarógrafos y algunos periodistas se quedaron sin poder regresar a la sala de audiencias. Concentradas en el teléfono, las dos funcionarias emocionadas por las fotos, ignoraban al grupo de camarógrafos y fotógrafos que se agolpaban frente a la puerta de vidrio, intentando captar alguna imagen de quienes sí pudieron ingresar a la sala de audiencia. Llegó el excanciller Ricardo Patiño, y poco después, entre otras personas, Pablo Baca Mancheno, hermano del Fiscal y abogado de Doris Soliz —legisladora correísta de País— en un juicio que interpuso al extinto Diario Hoy en 2011. Luego, los jueces ingresaron a la audiencia: Edgar Flores, Silvya Sánchez y Richard Villagómez. La audiencia se reinstaló.

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La prensa intenta cubrir la visita de Rafael Correa a la Corte durante el caso Odebrecht. Fotografía de María Sol Borja para GK.

Apenas pasados unos veinte minutos de la reinstalación, dos periodistas logramos regresar a la sala de audiencias. El ambiente era tenso. Un hombre alto, corpulento, moreno, de cabello negro y crespo, que llegó junto a Correa, entraba y salía de la sala. Hablaba con Fernando Alvarado, con Homero Rendón (el exfuncionario del gobierno de Correa, de quien el portal 4Pelagatos hizo un extenso reporte). Iba tras de Correa, incluso cuando él salió hacia el baño en media audiencia.

El hombre entró de repente a la sala con un pequeño bolso negro, y se lo entregó a otro hombre, también ubicado cerca al expresidente. Nos sorprendió por la tajante prohibición que existía de entrar con bolsos y maletas. Pero las reglas que eran para todos parecieron no estar vigentes para Rafael Correa y su ahora reducido séquito.

Era como si el expresidente aún gozaba de los pequeños privilegios a los que se acostumbró mientras estuvo en el poder.

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La audiencia de juicio de Glas y los otros ocho acusados empezó el viernes 24 de noviembre de 2017. Llevaba ya 8 días y había perdido la espectacularidad del primero. Era casi ya una cuestión cotidiana: estábamos los mismos periodistas, cubriendo a las mismas personas, escuchando testimonios larguísimos e impugnaciones de documentos que se cuentan por miles de hojas. La custodia policial ha sido solo aquella necesaria para trasladar a los detenidos y para garantizar el orden dentro de la sala, pero en los exteriores de la Corte, en la calle, casi no ha habido. Todos los días las cuatro o cinco personas que se han manifiestado a favor de Glas no ameritan que haya  más seguridad.

Pero el uno de diciembre fue diferente. Había más seguridad, más barreras de protección para el ingreso al edificio. Unas treinta persona con camisetas verde país, cargaban banderas y afiches con imágenes de Rafael Correa. Gritaban consignas como “Libertad, libertad, libertad para Jorge Glas” o “Correa, amigo, el pueblo está contigo”.

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Simpatizantes de Jorge Glas, afuera de la Corte. Fotografía de María Sol Borja para GK

Dentro de la Corte, la presencia de varios miembros de su seguridad era la señal inequívoca de su presencia: uno alto, delgado, de nariz grande y pelo rapado, otro corpulento, de tez morena, barriga prominente, pelo crespo, y un tercero, más moreno, de pelo corto, liso.  

En la sala de audiencia no había ni un solo asiento libre. Por lo menos seis filas eran ocupadas por miembros de Alianza País. En la primera fila del centro, como todos los días, estaba sentado Heriberto Glas, el hermano del vicepresidente enjuiciado. A su izquierda,  Rafael Correa. En la fila contigua, Marcela Aguiñaga. Un poco más atrás, Fernando Alvarado. De pie, a la entrada el hombre alto y pelado, de la seguridad de Correa. Otros rostros eran nuevos y desconocidos para quienes llevamos más de una semana ahí. Hemos pasado tantas horas en esta sala que no debe tener más de 70 metros cuadrados que podemos identificar hasta a los parientes de los procesados menos prominentes: en los recesos se les acercan, les llevan café, los acompañan hasta el baño o conversan con el policía que los custodia.

En esta jornada atípica del proceso, con más policías, público y problemas para cubrir, era difícil concentrarse en lo que pasaba durante el juicio. Cuando la audiencia retomó un cauce más o menos normal, luego de la suspensión por media hora —que le permitió a Rafael Correa llegar y ser foco de los medios—, los abogados de los procesados se dedicaron a impugnar las pruebas de la Fiscalía.

Eduardo Franco Loor, defensor de Jorge Glas, empezó a hacer un largo alegato. El presidente del tribunal, Edgar Flores, lo detuvo y le dijo —como sucede casi a diario con Franco Loor— que estaba irrespetando el proceso.

— Ya le he llamado la atención varias veces. Por su profesionalismo yo no debería estar haciendo esto.

Lo dijo con el tono cansado de quien repite una instrucción demasiadas veces.

Franco Loor lo ignoró. El juez Flores lo interrumpió de nuevo:

— No es el momento de los alegatos, es el momento de la impugnación. Si usted sigue así voy a tener que suspender la audiencia.

— Yo voy a tener que desacatar lo que usted me dice, señor Juez.

Esa respuesta sorprendió al juez y al público. Parecía que la suspensión de la audiencia era lo que buscaba. La paciencia de Flores se acabó.

— Se suspende la audiencia.

§

La sala estalló en ruidos, y todo lo que sucedió después puede ser contado como en fast forward: era cerca del mediodía, la audiencia había durado apenas una hora desde su reinstalación. Los periodistas nos levantamos, Correa salió y se paró cerca del podio que se ha ubicado en la sala contigua para las declaraciones de abogados, acusadores y fiscal, el equipo de seguridad de Correa salió a empujones y empezó a dar órdenes, y los policías que en la Corte a diario amenazan con sacar de la sala a quien use el celular, a quien se duerma, a quien lleve maletas, a quien hable muy alto, en ese momento parecían estatuas: no se movieron, ni dijeron nada, no se inmutaron. Las funcionarias judiciales tampoco. Los que mandaban no eran ellos.

Uno de los hombres de su seguridad alzó la voz y empujó a uno de los periodistas que se acomadaba en medio de la maraña de prensa. Los periodistas le reclamaron, y una mujer menuda, vestida con un buzo negro y jeans, también del equipo de Correa, quiso poner orden en la Corte:

— Por favor, compañeros, orden, por favor.

Una funcionaria de la Corte Nacional, de pie en el centro del escenario, justo al lado del podio que ocuparía Correa, insistía casi a los gritos con una amenaza

— Si no, sale la prensa de aquí, si no, sale la prensa de aquí.

— Bueno, sáquenos si quiere pero no es posible que la Corte no haga nada y permitan que nos traten así.

— Estamos cumpliendo nuestro trabajo, no tienen por qué agredirnos.

A la entrada de la sala, de pie, el expresidente Correa esperaba de brazos cruzados, mientras su equipo decidía cómo, cuándo y a qué hora. A nadie en la Corte Nacional de Justicia parecía molestarle que una audiencia se acomode para que un ciudadano que asiste como cualquier otro, decida hablarle a la prensa. Hasta ese momento, nadie que no fuera abogado, testigo, fiscal o acusador se había parado en ese podio. Pero al mediodía del uno de diciembre, en la Corte se instaló un karaoke de a uno: había micrófono abierto, pero solo para Rafael Correa.

La canción que eligió es la misma que repite en estos días. “Estoy cumpliendo un deber de amigo, un deber de testigo de cómo Jorge Glas ha trabajado por su Patria con toda honradez, con toda entrega”, dijo con la voz un poco ronca y débil. “Es un deber evangélico”. Marcela Aguiñaga y Soledad Buendía, detrás de él. A su izquierda, Fernando Alvarado. A su derecha, junto a la funcionaria de la Corte que había amenazado con sacar a la prensa, estaba Ricardo Patiño. “Estoy dándole mi apoyo, mi abrazo, mi reconocimiento, mi admiración al ingeniero Jorge Glas Espinel, Vicepresidente Constitucional de la República del Ecuador” —dijo y alzó la voz para enfatizar el cargo de Glas— “injustamente detenido e injustamente acusado”.

Después, siguió la letra ya conocida del bolero de su retorno: que no hay pruebas en su contra, que no ha cometido ningún ilícito, que él aún confía en la Justicia.

— Se trata, tal vez, del primer preso político que tiene el país.

Habló durante unos ocho minutos. Pasó del juicio de su amigo Glas a juzgar a su examigo Lenín Moreno: dijo que la consulta popular que ha convocado es inconstitucional, que cuenta con el apoyo “de cierta prensa”, que los tiempos que vive el Ecuador son difíciles.

No aceptó preguntas y se fue, por la misma puerta por la que llegó. Detrás de él, habló Franco Loor, el abogado que con sus incidentes procesales permitió que Correa declarara ante la prensa. Después, en una esquina, lejos del podio, un par de periodistas entrevistaron al abogado de César Montúfar, acusador particular en el juicio.

Al regresar en la tarde, la Corte, su sala de audiencias y el juicio por asociación ilícita recobró su ritmo rutinario, su calma y familiaridad para los que hemos pasado ocho días ahí. Todo parecía de vuelta a la normalidad: solo los jueces entraron por la puerta de los jueces, ya nadie metió un bolso o una mochila a la sala, y ya no había nadie que no fuera un funcionario de la Corte dando órdenes y empujando periodistas en los pasillos. Era claro que Rafael Correa, el hombre que ha perdido el poder pero conserva aún sus pequeños privilegios, ya no estaba. Ya no volvería.

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Visitas en el estudio

|Placeres|

Retratar los talleres (o estudios de los artistas) es una vieja costumbre. Detrás de ella está la fascinación del proceso: cómo termina una obra convertida en una obra. “El estudio es donde esa magia extraña sucede, tanto en la imaginación del artista como para la del público. Es el lugar donde se conjuran nuevos conceptos, estilos o formas”, escribió George Phillip LeBourdais en su ensayo Una breve historia del estudio del artista. “Incluso algunas veces es visto como un lugar sagrado, un lugar donde los visitantes llegan en peregrinación al altar del arte. Y por el otro lado, como me dijo hace poco el artista Joe Fig, ‘también es un lugar donde se realizan tareas mundanas y suceden cosas muy poco glamurosas”. Esa mezcla entre los sagrado y lo mundanal, entre las ideas y la pintura derramada, entre un momento de iluminación y los olores penetrantes y tóxicos de resinas y materiales ha convertido al estudio de los artistas en un híbrido entre templo y fragua, entre capilla y herrería.

Esta es una serie fotográfica que explora los talleres de varios artistas ecuatorianos. Músicos, editores, ilustradores, artistas aparecen en la intimidad de sus estudios, fotografiados en sus tareas cotidianas. A veces creando, a veces pensando. Como decía Fig: entre lo sublime y lo mundano. En algunos casos, no aparece nadie en la fotografía: está solo el espacio, ocupado por la obra, como en reposo, como una cueva que espera que el animal retorne.

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Ache Vallejo junto a su colección de arte latinoamericano. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Tomás Carpio trabajando en el patio de su casa en las faldas del Ilaló. Fotografía de Édgar Dávila

 

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Rafaella Descalzi inspira su obra en las flores como elemento que le ha trascendido desde su niñez. Fotografía de Édgar Dávila

 

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Paula Arias pinta amapolas para su padre. Fotografía de Édgar Dávila

 

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Pablo Gamboa conversa en su estudio. Los troncos son de Jama, traídos luego del terremoto de 2016. Fotografía de Édgar Dávila

 

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Mushi Baca con su hija, en la sala de su casa. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Morena Cardona trabaja en la sala de su casa. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Mo Vásquez revisa bocetos. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Luna Lunares riega las plantas de su estudio. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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La Suerte dibujando en su estudio. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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La casa de Carlos Echeverría Kossak, cubierta por su obra. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Irving Ramó en su estudio. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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David Celi mira su obra desde la puerta de su taller, ubicado bajo de la Basílica del Voto Nacional. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Taller de Teo Monsalve. En el espacio cuelgan plantas medicinales usadas como arte para un video de la banda Bueyes de Madera. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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CarolinaCaroluna explora sobre los viajes al universo y los dibuja en la ventana de su estudio. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Gisella Iturralde y su obra. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Francisco Padilla entre sus murales realizados en intervenciones en vivo. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Felipe Escudero y su mascota Huma. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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María José Fábrega diseña joyas en su taller. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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El taller de Martina Samaniego, visto desde afuera. En el interior está la prensa en que realiza sus grabados. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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David Santillán mira por la ventana de su taller. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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David Ceballos junto a su obra. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Dario Caiza mira la montaña desde su taller. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Daniel Adum Gilbert camina por su estudio-casa. Fotografía de Édgar Dávila Soto

 

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Begoña Sala Urrutia en el sillón de su taller. Fotografía de Édgar Dávila Soto

UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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Gracias, Rafael

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Rafael, tuviste una semana difícil. Regresaste de Europa esperando una gran fiesta de bienvenida, y quienes te recibieron fueron unos pocos, entre los que estaban los devotos del circo de la familia Bucaram. No sólo se arruinó tu llegada: en ningún momento del viaje se vio el poder de convocatoria al que tanto te acostumbraste cuando eras Presidente. Luego las cortes no acutaron en tu favor, algo que debe ser difícil de creer después de diez años de adiestramiento. No te devolvieron el partido político y tampoco te ofrecieron medio legal para bloquear la consulta que evidentemente todo el mundo quiere menos tú, Gaby, y Ricardo. Los medios no les pararon bola, y cuando te recibieron, parecían haber perdido el miedo de hacerte las preguntas difíciles que antes contestarías con amenazas o multas. Te trataron como una persona periférica de la política ecuatoriana: hasta Iván Espinel, tu versión cachorra, recibió más atención. Tu entrevista con Fernando del Rincón en CNN fue una elección lamentable: para todos fue incomodo verte recurrir a un medio que anteriormente habías descartado. Es una pena que no habías pensado en el término “fake news” antes de que Donald lo usara.

Llegar a Esmeraldas tenía que ser la cereza del pastel que sería tu viaje exitoso: sentir el calor de la Costa sería refrescante antes de regresar al invierno de Europa. No obstante, el viaje fue casi trágico y lo sentimos. Ha sido tan triste como ver una accidente de tránsito en el que la única víctima que lo causó es el borracho que conducía: sirve como aviso para quienes pretendan manejar con tal imprudencia. Después de tanta mala suerte, me duele pero me urge mencionarte lo siguiente: en Bélgica el invierno recién empieza, y se supone que va a ser el peor en 20 años.

Antes de que te fueses, en julio, escribí un texto diciendo que el Ecuador no te debe nada, pero después de tu retorno quiero rectificar: sí, debemos agradecerte, porque creaste las condiciones para tu propia caída. Por más que hables de teorías de conspiración en tu contra (como la idea de que durante diez años Lenin Moreno era un agente secreto de la derecha que decepcionó a todos para luego instalar la contrarrevolución) el único que ha conspirado contra la leyenda de Rafael Vicente Correa Delgado fue Rafael Vicente Correa Delgado.

Te explico los agradecimientos que te debemos.

Primero, te agradecemos por llegar en avión privado. Si hubieses llegado como cualquier ciudadano en un avión comercial, capaz tendríamos la impresión de que hay una motivación pura detrás de tus acciones que no sea simplemente defender los privilegios de un pequeño grupo de personas que se acostumbraron a los encantos del poder. El simbolismo que tanto entendiste cuando fuiste candidato en 2006 te ha abandonado:  verte bajar de un avión que costó entre 20 mil y 30 mil dólares  por un sólo viaje envía el mensaje de que detrás de tu presencia hay fuerzas poderosas que tienen algo que ganar si regresas al poder. En lugar de crear una narrativa que contradijera que eres un hombre enloquecido por el poder, aterrizar en un jet privado te hizo caer directo en la trampa de tus adversarios.

Te agradecemos por instalar en nosotros la idea de que la consulta popular debe ser usada para tratar temas importantes en el Ecuador. La piedra angular de la Revolución Ciudadana eran las consultas populares: el poder del pueblo, decían, se expresa en ellas para definir temas trascendentales. Cuando en 2015 se cambió la Constitución escrita por tu mismo movimiento político sin consultar a la gente, muchos (más del 70% del país, según encuestas) nos sentimos engañados. Cuando tu sucesor, Lenín Moreno, planteó la nueva consulta lo hizo acordándose del espíritu de la constitución de Montecristi. En otras palabras, la leyenda de la Revolución Ciudadana no fue tracionada por Moreno: fue abandonada por ustedes, hasta que llegó Lenín con el oportunismo suficiente para dar legitimidad a sus actividades. Ustedes crearon una pregunta de consulta con el fin de limitar las aspiraciones presidenciales de Guillermo Lasso: Lenín Moreno les ganó con una estrategia tomada de su mismo libro de juego (que parecería olvidaste en algún cajón del escritorio presidencial). El último golpe de Moreno —la invocación del artículo 105 de la Ley de Garantías Constitucionales— para sobrepasar la corte constitucional en convocar la consulta, también fue un truco tuyo.

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Es trágico: todas las medidas usadas para prevenir tu regreso al poder te tienen como autor. Gracias por eso.

También te agradecemos por tu defensa firme de los miembros de tu gabinete ahora acusados de corrupción. Todo comenzó cuando nos trataste de convencer de que Alecksey Mosquera no había recibido un soborno de Odebrecht, sino que había trabajado como “consultor” y su único error fue no declarar su patrimonio para impuestos. Los malabares mentales y el autoengaño que se requieren para sostener ese argumento (cuando la corrupción de Odebrecht al nivel regional brotaba por todas partes) demostró que tu terquedad no conoce límites —algo útil de saber ahora, cuando vemos tu defensa de Jorge Glas, una persona implicada en casos de corrupción por los mismos ejecutivos de Odebrecht.

Si hubieses adoptado un discurso de “capaz hubo casos de corrupción en mi gobierno, y deberían ser investigados y tratados por las instancias apropiadas de la ley, caiga quien caiga”, tal vez estaríamos más divididos. Tu falta de oído para la indignación por la corrupción ayuda a ponerte en el lado de la historia que elegiste: el incorrecto. Hasta ahora no hay acusaciones serias que te impliquen directamente en algún acto de corrupción: sin embargo, te has vuelto el enemigo de las investigaciones, quejándote de que el sistema judicial que tú mismo estableciste está trabajando en tu contra.

¿Si te das cuenta del tamaño de tus contradicciones?

Durante tu década en el poder reemplazaste un sistema corrupto y disfuncional con un sistema corrupto e híperpresidencial. Ahora ese mismo híperpresidencialismo está siendo usado en tu contra. Ver a tus seguidores quejarse de las cortes sesgadas, de que los censuran en los medios, oírles decir que llevarán el caso de Jorge Glas hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que hay persecución política, que son la reserva moral del país —todo, todo eso huele a cinisimo y, como tú mismo dirías, doble moral.

Lenín Moreno no engaña a nadie: todos sabemos que está aprovechando de la falta de institucionalidad para promover una agenda cuyo fin principal es evitar tu regreso al poder. Nos queda ver si él puede resistir el encanto del poder absoluto para dejar una institucionalidad más completa de la que encontró al llegar al poder.

Ese es nuestro último agradecimiento: si no fuese por tus esfuerzos de concentrar el poder en la Presidencia, los ecuatorianos ahora no estarían exigiendo con tanta insistencia que la Justicia sea ciega, que los poderes tengan balance, que la corrupción se elimine de la política y que el límite de mandatos sea un componente emblemático de la democracia ecuatoriana. Has caída sobre la misma espada que tanto te sirvió para eliminar obstáculos durante una década. Contra tu propia voluntad, te has vuelto legionario romano y mártir a la vez: Gracias a ti, Rafael, ya no tenemos a Rafael.

Claves para entender la pugna por la convocatoria a consulta popular

|Contexto|

El presidente de la República se ha amparado en el artículo 105 de la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional para no esperar el dictamen de la Corte Constitucional sobre las preguntas que planteó el 2 de octubre. Según esa disposición legal, si i la Corte Constitucional no se ha pronunciado en veinte, “se entenderá que ha emitido dictamen favorable.”. La corte admitió a trámite los pedidos de referendo y consulta popular el 6 de octubre de 2017.

La mañana del 29 de noviembre, la secretaria jurídica de la Presidencia, Johanna Pesántez, fue al Consejo Nacional Electoral —organismo encargado de los procesos electorales en el Ecuador— y entregó la convocatoria de la consulta y el referendo. Eran dos decretos: el 229, para los temas que técnicamente deben decidirse por referendo constitucional, y el 230 para los que deben resolverse en consulta popular.

Según Pesántez, existen otros casos en los que se ha procedido de igual manera y citó el caso de la convocatoria a elecciones en el cantón La Concordia en 2011. En noviembre de 2011, Correa firmó el decreto ejecutivo 946 en el que utilizaba el mismo argumento del silencio de la Corte para convocar a la consulta en que los habitantes de dicho cantón decidirían si querían pertencer a la provincia de Esmeraldas o a la de Santo Domingo de los Tsáchilas.

En Twitter, Moreno dijo que lo hacía porque era “derecho del pueblo”.

 

Alianza País cambia de motores

|Profundidad|

Ver a Rafael Correa en un recorrido o una tarima es como observar la acción de una bujía en un motor de combustión. El expresidente fue el catalizador de la energía de la maquinaria que movilizó a Alianza País durante la década de su gobierno. Sin su chispa, ese motor no funciona de la misma forma. Como hemos sido testigos en el periodo pos-Correa, ninguno de los miembros del núcleo duro ultracorreísta tiene la capacidad que él tuvo para avivar a sus seguidores. El regreso de Correa y su gira para motivar a las bases de AP han sido un esfuerzo por repetir el ejercicio sistemático y semanal que dejaron su marca de omnipotencia: con Correa, sus huestes sentían que todo era posible. No obstante, en pocos meses, Lenín Moreno ha sentado las bases de una dinámica de poder muy distinta.Si Correa funciona a combustión, Moreno es como un motor eléctrico: la explosividad cambió hacia una moderación que, a su manera, está siendo efectiva. Como lo ha atestiguado Correa en estos días, la pugna entre ambos la está ganando quien, en la práctica, ejerce el poder.

En el siglo veintiuno, la transición del motor de combustión a los motores eléctricos será un hecho por un factor: sostenibilidad. El efecto de la emisión de gases y la polución está generando un cambio irreversible en la matriz de producción de vehículos. Gigantes automotrices como Volvo, que en 2019 empezará a producir solo autos eléctricos o híbridos, y las políticas de la Unión Europea, que en 2035 únicamente admitirá vehículos eléctricos, son algunos ejemplos de decisiones que apuntan a confrontar lo evidente: las emisiones de CO2 vehiculares son un factor que acelera el proceso de calentamiento global. Durante la década correísta pasó algo similar: la capacidad de diálogo se fue agotando y la verdad oficial se vendió como la única posible. Ecuador se convirtió en un país contaminado de polarización que, en un contexto de crisis económica, se estaba volviendo insostenible. Moreno leyó correctamente que la saturación frente a la política de imposición correísta había generado una polución que ameritaba medidas urgentes.

El clima de conversación más distendido que ha tratado de promover el Presidente contrasta con las emisiones tóxicas de las sabatinas y el control institucional y mediático promovidos por su predecesor. De hecho, hay lecturas totalmente dispares entre ‘carburantes’ y ‘eléctricos’: ahí donde los primeros ven traición a Correa y entreguismo a la partidocracia, los segundos ven un clima de apertura y diálogo que ayudará a reconstruir la mesa rota.

Buena parte de la ventaja con la que cuenta el motor eléctrico morenista tiene que ver con la mala publicidad que dejó la corrupción en la gestión correísta. La magnitud de esta especie de efecto Chevron, en su versión Odebrecht, junto con otros casos similares que se está destapando de a poco, muestran que la corrupción era mucho mayor que lo que el gobierno de manos limpias correísta cacareaba.

Lo más probable es que los casos que están en tribunales sean la punta de un iceberg cuyo tamaño nunca podremos dimensionar. En la capacidad de destapar (o cubrir) la corrupción en la denominada “década ganada”, se encuentra el articulador de poder con el que el régimen morenista ha ido sumando apoyos dentro de Alianza País y más allá de las fronteras partidistas. En ese sentido, el correísmo, con Correa como testigo presencial, observa que en la era de Moreno, la incidencia ‘carburante’ en el aparataje del estado ha tendido a reducirse, conforme la Contraloría, la Fiscalía y las Cortes empiezan a hacer su trabajo frente a tantos casos denunciados —pero nunca, hasta ahora, investigados con tanto detalle.

La venida de Rafael Correa al Ecuador ha sido sintomática de esta lucha de poder entre los dos motores de Alianza País. Conforme el expresidente se ha encaramado en la tarima o ha sido entrevistado, su verbo y su carisma se han desplegado en toda su capacidad, encendiendo a su base de apoyo duro. Correa es para el correísmo el equivalente al cabello de Sansón: la fuente de una fuerza extraordinaria. El problema es que como con Sansón, bastó adormecerlo —así lo dice él mismo respecto de cómo Lenín Moreno lo “traicionó”— para quitarle ese poder, al menos por ahora. Sí, es verdad que Correa es como un pez en el agua cuando entra en campaña —como la de ahora, contra Moreno y la consulta— y tiene una base de fieles, pero no cuenta ya con el aparataje estatal, ni con apoyo de los medios (públicos o privados). Para colmo, el viento parece soplar en contra, cuando Jorge Glas es enjuiciado mientras él se encuentra en el país. El Sansón correísta no solo fue adormecido. Ahora está invisibilizado y su fuerza parece no generar el miedo de antes.

Como parte de la estrategia de transición entre motores, Lenín Moreno no ha confrontado a Correa. Para ser funcional, el motor de combustión necesita que la explosión expansiva se escuche. Significa que ese motor está en funcionamiento, que el auto se mueve raudo. Fiel a su estilo eléctrico, Moreno no hace declaraciones sobre la denostación de Correa y el correísmo, que lo ha tratado de impostor y traidor. Pero le ha demostrado que no es necesario el aspaviento discursivo para ser efectivo. Muchos interpretaron la venida de Correa como un mensaje tanto a la Corte Constitucional como al Consejo Nacional Electoral y las Cortes, que tenían que resolver en paralelo la constitucionalidad del cuestionario de la consulta popular promovida por el presidente, la legalidad de la directiva de Alianza País y el juicio contra Glas. Lo más probable es que en las tres instancias, el correísmo sufra sendos reveses. Incluso es factible que ni siquiera haya legalidad para el cónclave de Alianza País en Esmeraldas, la supuesta razón por la que Correa se encuentra en de vuelta en el Ecuador..

Con la continuidad del proceso de consulta y de las preguntas de la misma, Moreno ha demostrado en estas semanas que los ruidos del motor correísta no significan que el auto de Alianza País se mueve en la dirección que Rafael Correa y los suyos quieren. De hecho, los éxitos del presidente, a pesar de tener a Correa haciéndole campaña en contra, los ha conseguido sin confrontar: los hechos han hablado más que todo el aspaviento del discurso correísta. Además de que seguramente estos hechos van a sumarle apoyos partidarios a Moreno en su disputa del poder con Correa, constituyen un mensaje aún más significativo para todo el país: la transición hacia un nuevo y silencioso motor, parece un proceso irreversible en Alianza País.

“Creer que los agresores tienen un trastorno es demasiado cómodo y superficial”

En el Ecuador,  cuatro de cada diez niñas son víctimas de violencia sexual y, según Fundación Desafío, 2000 niñas menores de 14 años se embarazan cada año en el país (una de las principales causas es el abuso sexual). En una comunidad indígena de Sucumbíos —en la Amazonía— las niñas entre 12 y 13 años ya tienen un compromiso formal —están casadas o unidas— y en la mayoría de casos estas uniones han sido arregladas por sus familias. En una comunidad indígena de Imbabura —en la Sierra— se arreglaban los matrimonios hasta hace dos generaciones atrás.

Desde hace veinte años, María Amelia Viteri es antropóloga y se ha dedicado a trabajar con mujeres y casos de violencia de género. En los últimos años ha enfocado su trabajo en las niñas. Junto a Plan Internacional —una organización que promueve los derechos de niños y trabaja en 51 países— elaboró un estudio sobre patrones de violencia contra las niñas en el Ecuador. Los resultados revelaron que la violencia las acompaña en todos sus momentos y espacios. Las niñas están doblemente vulneradas por su género y su edad, y María Amelia cree que si el Estado y la sociedad no empieza a fijarse en ellas, la violencia en contra de las mujeres aumentará.

En noviembre de 2017, Plan Internacional propuso que en la Ley Orgánica para la erradicación de la violencia de género contra las mujeres se incluya un capítulo exclusivo sobre las niñas. La organización lo escribió y presentó a diferentes grupos de asambleístas —incluido el presidente de la Asamblea, José Serrano— pero el documento no ha sido considerado hasta el momento.

¿Por qué crees que hubo esa resistencia de que las niñas tengan su capítulo exclusivo en la Ley?

Mi hipótesis es que hay un temor que si incorporas a las niñas en la ley, se pierde el foco de las mujeres. Desde lo político se puede pensar que si has forjado espacios de visibilización para las mujeres que han costado mucho, décadas, las niñas podrían quitar ese espacio. Suena ridículo. Es absurdo. No tiene una racionalidad, sin embargo, creo que es un argumento de quienes no quieren incorporar a las niñas en temas de género y mujeres. Es como que has creado tu área de acción, tus teorías, y te sientes amenazada, o piensas que la ciudadanía se van a confundir, y se va a perder algo. Hay una reticencia por parte de muchas estudiosas de género, de quienes hacen política pública, de las mismas feministas para poder hacer la conexión de que si no trabajas con estas niñas abusadas, cuando ellas se conviertan en mujeres, les va a ir peor. No se dan cuenta que una de las formas de disminuir y hasta erradicar la violencia es mirar a las niñas. Hay tanta reticencia que por ejemplo ahora en la Ley Orgánica para la erradicación de la violencia de género contra las mujeres que estamos revisando no vas a encontrar un artículo para las niñas.

Pero, ¿cuál es la explicación “formal” para que no estén incluidas?

Las que formularon la ley te van a decir “están incorporadas” porque cuando hablas de mujeres casi automáticamente estás hablando de las niñas. Pero quienes hemos trabajando con las niñas te vamos a decir que eso no es suficiente. Hay que poner un foco. Eso no existe, sino ¿cómo explicas que el estudio que hicimos entre la San Francisco y Plan Internacional sea el primero que se hace sobre niñas en el Ecuador sobre la violencia? Específicamente sobre niñas indígenas donde tienes otro eslabón.

¿Cuál eslabón?

El índice de suicidio de las niñas indígenas y campesinas es el más alto en el país. Sin duda alguna hay una relación entre abuso sexual, falta de oportunidades de todo tipo, impunidad absoluta, y el suicidio. ¿Quién te va a hacer esta relación dentro de la política pública? Prácticamente nadie. No hay nada. Esa relación se la viene haciendo desde la Academia desde hace años pero hay que estudiarlo más, hay que estudiar el suicidio y esas relaciones que tiene con el abuso. El presidente Lenín Moreno por primera vez, después de que lanzamos el libro del estudio de la niñas, hizo un manifiesto, dijo “hay cinco o cuatro de diez niñas son abusadas sexualmente”. Lanzó esa cruzada que no se había escuchado nunca en el discurso político.

¿Y en otros países?

Poco o nada. ¿Cuántos gobiernos en el continente ponen su enfoque y recursos en niñas de 0 a 6 años? La edad principal donde aprendes quién vas a ser. Tampoco de 6 a 12, de 12 a 18. Ningún gobierno va a poner recursos y enfoque en la niñez, la va a poner en las universidades, en los posgrados. No se está mirando a las causas estructurales que van a causar la desigualdad absoluta.

Pero por qué si ha habido avances en acceso a educación, por ejemplo, hay tanta desigualdad…

Hay una idea social de que las mujeres buscan su violación porque salen solas en lugar de estar en la casa encerradas, porque salen al espacio público. El espacio público sigue siendo entendido como un espacio de hombres a pesar de que tenemos Presidentas, CEOs, periodistas, Premio Nobel. Tenemos todo pero el imaginario no ha cambiado, se ha mantenido ahí. El imaginario cultural que todavía penaliza a las niñas y a las mujeres y las culpa por el abuso sexual que sufren.

¿Cómo se puede explicar esta desvalorización de las niñas y las mujeres?

Porque las masculinidades dominantes [esa idea machista de que el hombre está por encima de las mujeres en todos los aspectos de la vida] te van a decir que es permisivo tocarlas, porque si nuevamente en tu imaginario cultural la premisa es que los cuerpos de las niñas están disponibles porque valen menos que los masculinos, lo aceptas. La feminidad está entendida como menos importante jerárquicamente. Si atas lo femenino con estos niños que son perseguidos porque tienen cuerpos de niños pero según las pautas de la sociedad son femeninos [amanerados], te das cuenta que reciben violencia porque se los asocia con ese concepto. Si volvemos a cuarenta años atrás de teoría, vemos que las subjetividades de lo femenino están construidas antagónicamente a lo que es ser masculino. En la filosofía no existió lo femenino. Desde esa misma naturalización, ese tropo que pone a la feminidad como menor, como menos capaz. Y cuando menos capaz, digo menos humano, más objeto, más cercano al mundo natural. Esa dicotomía de naturaleza cultura es de la que hablaban tanto los feministas desde los 70. Que la mujer se ubica en la naturaleza, por su aparato reproductor, y los hombres se ubican en la cultura, por tanto el espacio público les pertenece. Esos tropos, no solamente no han dejado de funcionar sino para mí se han intensificado ahora.

¿Qué posible explicación hay para que se haya intensificado?

Hay demasiada atención en la legislación que es importante pero no ha ido de la mano con el cambio de imaginario cultural. La ley ayuda e impulsa cambios pero solita no te va a cambiar la institucionalidad de la familia, de los discursos religiosos, de los medios de comunicación o gubernamentales. El imaginario cultural se dejó intocado y se avanzó en acceso. Hoy hay más mujeres graduándose de la universidad que hombres pero esa desvalorización de las mujeres y de lo femenino en esos espacios no ha cambiado entonces la respuesta se acentúa, se vuelve más violenta.

¿Esto quiere decir que mientras más espacios ocupemos las mujeres, los hombres se sentirán más amenazados porque “invadimos” los lugares que “les pertenecen”?

Sin duda, porque no hemos trabajado con los hombres. Los estudios de masculinidad son relativamente recientes. Pero, ¿cuántas intervenciones has encontrado donde se trabaje con los agresores? Poquísimas. Hay algunos intentos acá en el país pero son mínimos. Hay una comisaría en la que propusimos trabajar con los agresores para entender  qué les motivó, e intentar sanar a esos hombres para que no vuelvan a reproducir.

Pero cómo explicas este aumento de la violencia…

Hay una autora que hizo un estudio de 20 años de literatura de género y de violencia de género porque se dijo “bueno lo que estamos analizando no está funcionando; por varias razones la violencia está aumentando”. Si le quitamos el porcentaje de que hay mayor acceso a las demandas, escribe esta autora, los casos de violencia siguen siendo más altos que hace un década, ¿qué hacemos? Y ella te muestra cómo esa lectura psicológica de creer que los hombres tienen un trastorno [por eso son violentos], es demasiado cómoda y superficial y no vamos a poder encarcelar a la mitad del mundo…porque esa es la incidencia. Y la autora propone que hay que volver a cómo el imaginario cultural se ha dejado intocado poniendo la legislación como la solución, como esa que nos iba a cambiar la manera de ver a las mujeres. Pero ese no es el papel de la legislación.

¿Cómo se puede cambiar esa idea de que las mujeres siguen siendo menos y tienen un lugar específico que les corresponde, y no más?

Te cuento el caso de España en una pastilla: tuvieron una dictadura mortal en la que las mujeres eran nadie. Cuando se acabó la dictadura en apenas 10 años tuvieron leyes a favor de las mujeres: acceso a la universidad y más derechos. De cero a tanto en solo 10 años, fue muy pronto. En lo cotidiano eso se manifestó con una ola brutal de asesinatos a las mujeres. Las estudiosas españolas identificaron cuáles eran la frecuencia de las muertes y descubrieron que eran las mujeres que decían “no voy a estar contigo”, “me voy a separar”, “me voy a divorciar”, “no me voy a aguantar que me controles, que me reclames por no hacer las cosas de la casa”. Esas mujeres eran las que eran asesinadas, ni siquiera golpeadas. Ahí las teóricas españolas dijeron “en estos diez años hemos trabajado con las mujeres de cajón legislación y demás pero nunca trabajamos con los hombres”. Y cuando empezaron a hacer grupos de hombres para ver qué estaba pasando, ellos decían “bueno a mí me educaron para tener una mujer que tenga hijos, pase en la casa, cocine, lave y planche. Eso a mí me dijeron que iba a tener y esa es mi mamá, mi hermana. Pero llegó ese momento de tener esposa y tengo esa otra cosa completamente”. Los hombres se sentían fauleados pensando a mí me dijeron que iba a recibir A y recibí B, y como no tenía ni una herramienta para pensar “bueno, esto a mí me conviene como hombre”, o algún nivel de reflexión, lo único que tenían a la mano era la violencia extrema.

Eso fue en España, y en Ecuador…

El caso de España es un caso ejemplar, un poco más cercano a nosotros, y sirve para pensar en que no puede haber una explicación únicamente psicológica sino también que la violencia a la mujer va de la mano de la construcción social que la desvaloriza.

¿Esta idea de que las mujeres y las niñas son menos está en todo el mundo?

Hay comunidades que no lo hacen, hay una que queda en la frontera entre Beijing-Tibet y otra en Filipinas. Tiene otra distribución, le llaman matriarcado pero es matrilineal. Allí las niñas heredan la fortuna, heredan el apellido, las habilidades, no hay la palabra padre porque los padres son tíos, no hay matrimonio monogámico, las mujeres son las que tienen el poder sobre las esferas y no hay conflicto. Esa es otra forma de pensar lo femenino. Hay otras formas de pensar…hay gente que cree que todo está perdido y así es el mundo, pero de ninguna manera, hay ejemplos concretos de que el mundo se puede pensar de otra manera, y eso ya te descuadra una lectura psicológica para explicar estas violencias.

Volviendo a las niñas, está claro que su género las vuelve más vulnerables que los niños. Pero ¿qué hay de la edad?

La otra variable a este problema es el adultocentrismo. Si tienes una sociedad centrada en los adultos es muy difícil que esa sociedad mire a sus niños. Hicimos un estudio para la Defensoría del Pueblo en el que nos pidieron que veamos si es que en diez años los ecuatorianos habían dejado de usar el castigo físico con sus niños en las familias. Lo hicimos en algunas provincias y el resultado fue que no solo no cambió, aumentó. Nosotros pensábamos que porque ahora hay más acceso a la información sobre cómo educar a los niños sin castigos, hay más derechos para los niños, hay otras formas de relacionarse que no son la violencia física, ni verbal, ni psicológica, debía haber disminuido. Pero no.

Si miras el caso de AAMPETRA te das cuenta que solo 4 familias, de 40, denunciaron. Las mismas familias están protegiendo al profesor y un sistema, no están abogando por sus niños, sus hijos. Si las familias no pueden cuidar a sus hijos y a sus hijas, ¿cómo ves que el resto de instituciones va a poder? La idea siempre es dejarlo a las instituciones, que gobierno actúe, la Academia, las investigadoras, los medios. Y se lavan las manos, cuando la afectación primaria —y eso está más que comprobado— es tu metro cuadrado, desde lo cotidiano puedes influir en el cotidiano.

¿Qué se puede hacer para vernos en diez años y no hablar de lo mismo? Qué se necesita para que un estudio como el de Plan Internacional sobre violencia contra las niñas no se quede en estudio…

Afectar tu metro cuadrado desde donde estés. Se necesita apoyo del gobierno, de los ministerios, del sistema educativo, de los medios. Llegar a sentidos comunes. ¿Por qué crees que la campaña Con mis hijos no te metas es tan exitosa? Porque va al sentido común, “a mi familia la voy a proteger”… no tiene ninguna racionalidad. Solo importa cómo apela a tu sentido común. Entonces cambiemos los sentidos comunes.

Algo que vimos en el estudio es que si dentro del hogar hay violencia de cualquier tipo y se calla, es una familia candidata al abuso sexual porque ya estás facilitando, habilitando la violencia.

Si agarramos el estudio (yo sé que es chiquito) pero si lo tomas como indicador que las familias ecuatorianas siguen usando el castigo físico porque creen que es una forma de educar, ese castigo físico está directamente relacionado con la naturalización de abuso sexual a niños y niñas. En el caso de la Condamine toda la investigación muestra que ese niño fue abusado por este profesor. Sin embargo, el colegio protege al profesor porque los niños son la última rueda del coche. Si el niño es la última rueda del coche, imagínate la niña. Es nadie. Qué le vas a oír.

Generalmente las mamás, como las niñas cuentan, pocas veces les consuelan. Les pegan encima, les dicen “tú has de haber hecho algo”, saben que pasó y están en las narices pero van a perder su apoyo económico, su capital social. es un estigma ser una mujer separada, divorciada.

¿No es también porque las madres han sido víctimas de abuso?

También, lo naturalizan porque lo han visto tanto. Psicológicamente te van a decir que así funciona. Si has naturalizado algo, en lugar de prevenirlo en tu hijo, se vuelve a repetir. Si no tienes ninguna herramienta que te diga “eso no es natural”.

¿Cuáles son esas herramientas que se necesitan?

Sigue siendo la educación, suena trillado, pero es así: una educación temprana. Mientras más temprano entras con herramientas educativas, mejor. Hay que mostrar que hay otro modelo para que la sociedad funcione que no es el patriarcado, donde el hombre es el más importante. Si te fijas, antes las académicas decíamos “las mujeres se quedan en relaciones de violencia estructural por dependencia económica” pero ya no, ya todos estos estudios no sirven porque ves mujeres que son independientes económicamente, incluso ganan más que sus parejas pero siguen teniendo dependencia emocional gigante. Esto porque les han enseñado que esa persona a su lado, por más exitosa e independiente que ella sea, debe estar por encima suyo.

|La vida de los otros|

Leila Guerriero, el tiempo, el ego y la edición

Leila Guerriero está parada frente a su mesa, tiene las manos juntas, en gesto oratorio, y balancea de un lado a otro su delgadísima figura. Los churros, siempre en una especie de caos perfecto, apenas se mueven, mientras cuenta que Rodolfo González Alcántara, el campeón de malambo que protagoniza su libro Una historia sencilla, era un hombre muy católico. “Antes de cada baile sacaba su pequeña Biblia azul, se paraba delante de ella, juntaba las manos así, y rezaba con este movimiento”. Leila Guerriero está cuatro escalones por encima de los reporteros y editores que la escuchan en silencio en un auditorio del Centro Cultural Benjamín Carrión de Quito, donde ha dado un taller de tres días. Mientras se mece de un lado a otro, recordando a González Alcántara, las campanas de una iglesia cercana repican. Son las once de la mañana del viernes 10 de noviembre de 2017, y no se sabe si era Leila Guerriero quien esperaba a las campanas para contar esa historia, o si las campanas esperaban que Leila Guerriero contara esa historia para repicar: su periodismo narrativo, celebrado como uno de los mejores de nuestra lengua, parece estar fundado en un conocimiento natural del tiempo y los ritmos. Cuando se habla con ella —o cuando se la escucha durante quince horas— queda claro que ese conocimiento viene de un orden y una distancia con el mundo que observa que no tienen nada de místico, sino más bien de un rigor y una disciplina tan obsesivos como terrenales.

Escribes, editas, das talleres, conferencias, viajas por el mundo. ¿Cómo divides tu tiempo para alcanzar a hacer todo lo que haces?

No hay mucho secreto en eso: si decidís hacer una enorme cantidad de cosas, y asumís la responsabilidad de hacerlas, tienes que hacerlas bien —yo, por lo menos. Tengo mucha capacidad de concentración y trabajo. Y como tengo muchos frentes abiertos, trato de ir cerrando cosas. Si me pongo a editar un libro no lo dejo por otra cosa, soy muy metódica, empiezo y termino, empiezo y termino.

Lo que viene más mechado con todo lo demás es el reporteo de las nota que, con los viajes, lo tengo que interrumpir. Pero todo tiene que ver con cuánto a uno le gusta lo que hace, y cuántas cosas está dispuesto a dejar de lado por hacer lo que te gusta. Qué sé yo: de pronto tengo que renunciar a un viaje de placer, o una vacación, o un fin de semana en vez de ir al cine me tengo que quedar escribiendo, digamos, pero no lo vivo como renuncia. Exprimo mucho el tiempo hasta lo último, digamos, a veces un poco sádicamente.

¿Tienes alguna forma especial de concentrarte?

No, no, la verdad que no.

Pero, por ejemplo, veo que no tienes redes sociales. No las tienes para…

Precisamente para no desconcentrarme. Pero también porque siento que no tengo tantas cosas para decir todo el tiempo. Y si las tuviera, no tendría sentido tener redes sociales porque yo ya digo mucho, y no necesito decir más de lo que ya digo. Realmente creo que hoy el grado de conexión que uno tiene con todo a través de la web, en general, sin tener redes sociales, ya es excesivo. Y a mí sí me produce un grado de desconcentración alto el hecho de estar pendiente de las páginas webs de los diarios, de las noticias que me llegan de no-sé-qué-cuánto, el mail —ya todo eso es demasiada desconcentración y no me gusta la idea de sumarle más. Pero método para concentrarme no tengo ninguno. Salvo que cuando me siento a escribir, me despejo diez días de la agenda, de ningún tipo de obligación de nada, ni ir al banco, ni presentar un libro, ni dar una charla, ni un viaje. Y me encierro y me encierro. Bueno, salgo a hacer alguna compra, de comida, digamos, y eso. Pero trato de no hablar por teléfono, pero no hago ‘om’ y me concentro.

Leila Guerriero

Leila Guerriero en su visita a Quito en noviembre de 2017. Fotografía de Marcelo Ayala/Paralelo Media para GK

Tus textos tienen un ritmo que parece natural, como si pudiesen leerse con un metrónomo, y tus lectores se han acostumbrado a reconocerte en ese ritmo, en esa voz, en ese estilo. Sin embargo, dijiste hace poco que has ido cambiando desde unas formas más barrocas hacia algo de una elegancia más bien minimalista, ¿qué es lo que une a todos tus textos?

Uno es la peor persona para hablar de su trabajo. Pero yo creo que lo que recorre mis textos, además de  cierta búsqueda de la elegancia en las formas, es una mirada en diagonal, de no mirar lo obvio, y un trabajo desde la prosa de ir contra lo previsible. Eso creo que es lo que recorre todos mis textos, incluso aquellos textos barrocos que ya no me gustan tanto. Hay una especie como de imprevisibilidad e insolencia, que se refleja naturalmente a través del uso de determinadas palabras. Hay, también, cierto dinamismo: a mí me gusta la prosa dinámica, con descripciones, con escenas, con diálogos. Algo que siempre estuvo en los textos míos, más allá de la minucia de decir los adjetivos y esto, es cierta cosa visual. Yo escribo como si filmara, como si estuviera grabando un documental. Pienso en imágenes.

¿Esas imágenes tienen, desde el inicio, un ritmo determinado, una música?

Depende. En ocasiones sí, porque es necesario: a veces tienes que aunar. Por ejemplo, estás contando una escena de mucho movimiento y necesitás que la forma del texto acompañe un movimiento vertiginoso. Entonces, intentás encontrar una forma narrativa para ello. Pero a veces estás haciendo lo mismo, contando una escena con un movimiento vertiginoso y decidís hacer todo lo contrario: imponerte el desafío de que se note el vértigo sin que la prosa sea vertiginosa. Depende de muchas cosas, sobre todo de lo que necesite el texto para llegar al mejor lugar posible.

¿En qué momento hallas esos tiempos, esos ritmos?

Escribir es encontrar la atmósfera, el clima, el ritmo, la música. Y lo descubro a medida que lo voy escribiendo. Es una cuestión como de intuición: darme cuenta si el texto está pasado de ritmo, si la música está muy alta, muy baja. Si tiene una atmósfera demasiado lúgubre cuando el clima no es ese el que quiero. Un amigo mío, Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano fabuloso, dice que escribe para averiguar qué es lo que quiere escribir. Y yo creo en eso, incluso en la no ficción. Uno escribe no sólo para averiguar qué es lo que quiere escribir, sino también cómo lo quiere escribir.

Responder a tu pregunta es un poco imposible, porque si bien tengo claro el principio del texto, después todo lo demás entra en un terreno de bruma. Pero tengo claro que si tengo entre manos una escritora de 87 años que es un animal literario, y no se sabe si ella es o no una leyenda que se inventa a sí misma, ya voy teniendo una idea de que ese principio no puede ser un principio jocoso.

Resolviste la escena del baile de Rodolfo González Alcántara en el campeonato de malambo después de salir a correr. En una columna dijiste que correr influía en tu escritura, ¿qué otros aspectos de la vida cotidiana influyen en tu trabajo?

Hay tres situaciones que son muy de escritura para mí: correr, ir al cine e ir en auto escuchando música, haciendo zapping radial en el estereo del auto. Si es en una ruta, aún mejor: la cabeza se me dispara hacia las imágenes que voy viendo, y la música mezclada, me van evocando una enorme cantidad de cosas. Ahí surgen muchas columnas de esas. Por ejemplo, la de Comulgar surgió corriendo. No todas surgen corriendo, pero muchas veces resuelvo situaciones de escritura de textos que estoy escribiendo o me vienen ideas para escribir columnas, o un principio o un final. Cuando me cuesta mucho encontrar un final, suelo salir a correr o hacer alguna de esas tres. Por supuesto, la frase te puede llegar en cualquier momento. Puedes estar cocinando un salmón al horno y escuchaste una palabra que alguien dijo en la televisión y ya está. A mí me pasa: estoy cenando con mi marido y él dice algo, o veo algo en la tele y digo ‘ay, ya está ya está, un momento, ya vengo’ y voy corriendo al estudio, tomo nota y vuelvo, y sigo cenando. Él ya está acostumbrado a eso.

¿Dirías que son momentos como de epifanías?

No sé si son epifanías, porque epifanías son más bien como el estado en que yo escribí las descripciones de los malambos de Rodolfo González Alcántara. Esos sí fueron momentos de mucha iluminación desde el punto de vista de la escritura. No se puede escribir todo el tiempo en ese estado: sé que esos momentos son pocos, y sé que voy a tener pocos de acá hasta cuando me muera. Pero esos momentos son casi… como si uno tiene la pared acá (se pone las manos por encima de los ojos) e hiciste así (levanta la cabeza por sobre su propia mano) y viste todo. Es como correr el velo.

Aparte de los bailes de Rodolfo González Alcántara, ¿cuál otro momento de epifanía tuviste?

Una columna que escribí que se llama Arbitraria, que también escribí corriendo. Salí casi enojada con la idea de que me estaban preguntando mucho qué consejo le doy a los periodistas y yo había dicho veinte millones de veces que no me gusta dar consejos y no me gusta dar consejos, y salí como ‘boah’, me puse los cosos, y salí a correr, y recuerdo perfecto que estaba corriendo y vi un rayo de sol cayendo sobre una hoja de un árbol y pasó algo. Llegué a mi casa, y sin quitarme la ropa de correr ni nada, escribí la columna de un tirón. Por supuesto, después la corregí y la corregí. Hay otra columna sobre Ute Lemper, una cantante alemana, que la tenía escrita en el momento en que la estaba viendo. Salí de su recital, y fue como… siento que esa columna fue como nada más sentarme a la computadora y decir: vení.

De estos momentos que usas para escribir ¿vas sola? ¿te hace falta la soledad para escribir?

No, en el auto por lo general voy con Diego, mi marido. Pero así vaya con alguien voy super metida para adentro. Pero no para todo el mundo es importante la soledad para escribir. Para mí lo es. Conozco gente que escribe en bares, que necesita del bullicio: Martín Kohan, Roberto Merino. Martín Caparrós escribe en cualquier lugar. Quizá sí la soledad de no estar con alguien con quien tengas un afecto —no sé, si estás con un amigo me imagino que no podés decirle ‘callate que me voy a poner a escribir’.

Dijiste que no se podía ser un buen periodista sin ser un gran lector. ¿Cuáles son tus lecturas recurrentes?

Son pocas. El diario de Cesare Pavese, la poesía de Lorrie Moore, de Louise Glück, de Sharon Olds, que es una poeta que conocí hace muy poco pero que no puedo dejar de leer desde que la encontré. Hay más, pero podría ser un poco largo y tedioso… Qué sé yo: algunas páginas de Fogwill. Cosas que me encienden a la hora de escribir, pero después, el mundo de la lectura para mí es como un mundo que se alimenta todo el tiempo: siempre hay más y más y más, y menos tiempo para todo.

¿Le dedicas un tiempo específico diario?

No. Es muy fragmentado. En el transporte público, antes de dormir, en los viajes leo mucho, en los hoteles, en los aviones, en las esperas de los aeropuertos. No soy una de esas personas que se sientan en un sillón y le dedican dos horas —ojalá pudiera, pero no, abandoné ese hábito, porque leo mucho. Cuando leo por trabajo, sí, me siento seis, siete horas en el estudio a leer. Pero cuando leo por placer soy una lectora andariega: me gusta mucho leer en el movimiento.

Hay una crónica tuya sobre Guayaquil…

Sí, sobre el alcalde Nebot.

Sí, y hablas del fresco que tiene en el techo

Sí, ¿aun existe eso?

Sí, eso no se va a ir nunca…

¡Ni él!

Quién sabe, pero bueno: un gigante, un equipo de antropología forense, un mago sin mano, una ciudad del Pacífico ecuatoriano, un país remoto, ¿cómo escoges tus personajes, tus temas?

Cuando uno elige un tema es porque quiere dar una visión, decir algo de uno mismo. Por ejemplo, el equipo argentino de antropología forense: a mí  todos los temas relacionados con la dictadura me resultan muy interesantes, el desafío de contarlos de una manera que no sea la misma. El gigante González me llamaba la atención porque siempre lo veía en el programa de Susana Giménez, esta gran diva argentina o qué sé yo, presentado como el pobre deportista. Y yo lo veía y pensaba ‘este tipo debe tener algo más que contar que la misma historia que va y cuenta siempre, que necesita plata y qué sé yo’. Fue un tipo que casi llegó a jugar en la NBA en una época en la que la Argentina no tenía jugadores en la NBA, no era como ahora. Entonces, lo que me mueve es quizá alguien que veo y veo y veo mucho, al contrario de lo que se piensa —que el periodismo es aquel periodismo que va y busca historias muy raras y qué sé yo—, y que a pesar de verlo tantas veces sigo sintiendo una curiosidad que no está saciada, hay algo que me llama la atención de alguien y digo nadie me está contando la historia de esto. Entonces voy yo y la cuento.

¿Es esa tu motivación?

A mí todo me da curiosidad. Tengo un enorme gusto por la escritura. Tengo una enorme curiosidad lo cual significa que quiero entender. La curiosidad detrás lo que lleva implícito es la necesidad de ver, de comprender, de saber por qué. Y aunado a eso, una pulsión de escritura muy marcada, muy brutal: es la conjunción perfecta. No digo que me salga perfecta —lo que quiero decir, nada, es cómo, al contar historias, la curiosidad se sacia… El periodismo es la excusa perfecta para meterte en lugares en los que no te podrías meter de otra manera.

Pero sabes que te sale bien…

No,  bueno, no sé, trato de que me salga lo mejor posible. Sí, no, yo soy una persona como decía ayer, muy segura de mí misma. No creo estar haciendo barbaridades, pero también tengo un sentido de cierta humildad, creo que bastante razonable y acendrado para medir el tamaño de a dónde llego. Y ojalá pueda llegar más lejos.

Justamente, hablaste del ego hace unos días, ¿no crees que vivimos en una época donde los periodistas estamos muy ególatras?

Pero todo el mundo. Es como la Era del Yo. Está todo el mundo mirándose: si no te sacas la selfie con el cantante, es como si no hubieras ido al recital. Yo y el cantante. Yo y la torre Eiffel. Yo y el arco del triunfo. Es como: ‘el arco del triunfo existe porque me tiene a mí al lado’. Me parece un poco gracioso: es el signo de la época. Todo el mundo está como muy egocéntrico y mirándose el ombligo.

Cuando dices ‘gracioso’, es ese el adjetivo o…

No, sí es, porque me parece un poco pueril. Lo veo pueril. Todas las épocas tienen algo que las marca. Yo repelo la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Tampoco hay que tomárselo como en broma, porque no me parece, solo que me parece que ese es el signo de la época, el de la época anterior habrá sido otro. A ver, digo, los ochentas y noventas tampoco fueron años maravillosos. Pero sí, el ego —no solo el de los periodistas, sino de todo el mundo— es algo que marca mucho este tiempo.

Leila Guerriero

Leila Guerriero, habla sobre el oficio, el ego y el tiempo. Fotografía de Marcelo Ayala/Paralelo Media para GK

Hablando de egos, recuerdo una columna tuya sobre los editores. El párrafo inicial decías algo sobre los egos y defectos de los periodistas, decías que los editores también, y hacías una lista, como de una tipología (el exagerado, el bipolar, el que no sabe lo que quiere, entre otros).

¡A todos nos han tocado todos!

Pero, a lo que voy, estas tipologías, ¿te pasaron, son reales?

¡Obvio! Sí, claro. A ver, digamos, no necesariamente cada uno de esos es uno solo. Tengo muchos años en el oficio, y no solo me tocaron a mí, sino que sé de la existencia de esos editores porque colegas me cuentan y me dicen ‘che, tal no sé qué’, pero sí, sí, claro. Son tipologías, digamos.

¿A ti quién te edita?

En general, entrego los textos y no hay mucha edición. O sea, yo me autoedito. Siempre hay algo, alguien que te dice ‘che, el personaje nació en 1972 y en 1974 tenía 18 años, ¿cómo puede ser?’, pero no recuerdo señalamientos tipo ‘el principio tiene que estar al final, el final al principio’.

¿No te ha desbaratado nunca un editor un texto (en el buen sentido)?

No, no. Una vez un editor de Granta, por ejemplo, quería publicar un fragmento de un texto mío. Entonces había que cortar el texto largo, y él quería cortar el arranque, y empezar por el tercer párrafo. Pero el texto empezaba con una frase muy llamativa, con una mala palabra y qué sé yo, y yo le decía que eso le cambiaba todo el sentido al texto, le di argumentos claro de por qué había que mantener esa parte, que podíamos cortar otras partes, pero que el principio ponía al lector en un lugar muy evocativo de cómo una mujer grande se enteró de niña de determinada cosa. Y desde ahí era un recorrido cronológico de cómo esa chica se iba haciendo mujer. Caer en la mitad del texto con una brutalidad tal, casi que arrasaba el estilo general del texto, que era precisamente mucho más evocativo y sereno. Y lo entendió bien. Nunca tuve un problema, ni tampoco me hicieron sugerencias radicales.

¿Y qué es un buen editor?

El buen editor, como decía en ese texto, es el que te quiere ver brillar, el que te ve desde abajo, desde la arena y te quiere ver hacer malabares imposibles en tu trapecio. Sabe que ese es tu momento, no el de él. Un editor es sobre todo una persona súper escindida, que sabe que ese es el momento del autor, no del periodista, y que nunca transforma nada en algo personal, que trabaja en pro de la salud del texto.

Y tú, ¿cómo eres como editora?

Tendrías que hablar con alguien a quien haya editado. Pero yo trato de ser muy respetuosa, porque entiendo que cuando alguien me manda un texto me lo manda como mejor le salió, porque si no no me lo mandaría. Eso cuenta antes que nada. Pero también soy exigente, hago muchas idas y vueltas, idas y vueltas, y en general llego a tener una relación de muchísima intimidad con los autores, porque es así: estás viendo lo más íntimo de los autores que es la obra desnuda, antes de que salga a ver al público. Y creo que lo distingue a un editor decente es la discreción. Y trato de ser así: yo no ando por ahí contando las cosas que hago, autor por autor. Puedo hablar en general, pero no voy contando a quién le dije que la coma tal estaba mal puesta, y qué sé yo. Y me parece que eso es algo que los autores aprecian, saber que hay un pacto de confianza. Decir ‘bueno, estamos los dos en ropa interior acá, y yo sé que no vas a salir a contar de qué color es mi ropa interior. Entonces confío en vos, confío también en que me vas a ayudar a que mi texto brille’. Cuando vos lográs esa confianza con un autor, lográs que el autor esté trabajando en pro de la salud del texto que es todo lo que querés en la vida. Y eso lo que querés, lograr la complicidad del autor para que el texto llegue al mejor lugar posible. La tarea de un editor es simplemente pedirle más al autor y decirle ‘brillá más, más, más.’

Haces mucho a tu ritmo, tu método, de una manera muy propia, pero ¿cuántas cosas te faltan por hacer?

¿En el periodismo? Todo. Siento que recién empieza. Terminar varios proyectos que tengo abiertos. Quiero seguir haciendo crónicas cada vez más difíciles.

¿Cómo mides ese grado de dificultad?

Por el desafío que implica. Por ejemplo, el acceso a una persona, o que sea un tema complicado porque es políticamente incorrecto, o porque abordarlo de una manera políticamente incorrecta te pueda exponer de una manera muy completa, o determinados círculos sociales que son de muy difícil acceso. También pienso en personas que han sido miradas tradicionalmente con mucho prejuicio, por el motivo que fuere. Me encantaría hacer un perfil de Rafael, el cantante español, ponele. A mí no me gusta la música que hace, pero es una especie de ícono de una época, de una manera de ser, de vivir y de cantar que ya no es, y me parece interesante. Miguel Bosé, qué sé yo, pienso en personajes de habla hispana que me resultan interesantes. Siento que tengo muchísimas cosas que hacer.

¿Y en la vida?

Eso que tiene que ver con el tiempo. Tener un manejo más relajado, y abrir espacios para cosas que no tengan solo que ver con el trabajo —lo que pasa es que mi trabajo me encanta.

¿Eres una workaholic?

No, trabajo mucho pero no lo siento. No creo que es una adicción. El adicto al trabajo está tapando con el trabajo alguna cosa que está muy mal en el fondo —y yo no tengo eso. En mi vida, no hay nada que esté muy mal. Hace veintiaños que me analizo y no creo estar engañada. El workaholic evita un vacío de algún tipo —creo, no me quiero meter a diagnosticar— con el exceso de trabajo. Yo tengo exceso de trabajo porque en un punto todo lo que me ofrecen me gusta y está bueno. Entonces decir que no me cuesta mucho —pero igual digo mucho que no.

Fotografía de Marcelo Ayala/Paralelo Media para GK.

|Placeres|

Tras cuatro años de silencio, comunidades denuncian impactos de la Hidroeléctrica Baba

El 27 de junio de 2013 fue inaugurada la Central Hidroeléctrica Baba por el presidente de aquel entonces Rafael Correa. El acto inaugural de esta obra por la que se cambió el curso del río Baba y se inundaron 1100 hectáreas de cultivos y bosque no fue más que un recordatorio para cientos de familias que, directa o indirectamente, vivían un cambio permanente en sus vidas.

Esta represa está situada en la provincia de Los Ríos, entre los cantones Buena Fe y Valencia, en el centro del Ecuador. Viajamos a esta zona para conocer el estado actual de las comunidades que se opusieron a la construcción del embalse, postura que le habría costado la vida a uno de sus líderes.

Una de esas familias afectadas por el megaproyecto es la de Bella Arroyo. Ella vive junto a varios de sus hijos y nietos en el recinto Peripa del Baba, un caserío que pertenece a la parroquia Patricia Pilar, de Buena Fe. Esta comunidad está situada a menos de cinco minutos del gran embalse. La mujer dijo que en el 2013, cuando empezó a funcionar la hidroeléctrica, los peces se “despidieron” del río.

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Doña Bella Arroyo junto, su esposo Germán y Daniela, una de sus hijas. Su casa está situada en el recinto Peripa del Baba, que pertenece a Patricia Pilar, una parroquia del recinto Buena Fe, de la provincia de Los Ríos. Foto: Jonathan Palma.

Cuatro años después del inicio de operaciones de la central, el panorama para Bella Arroyo y el resto de habitantes que decidieron quedarse en las cercanías del embalse es desolador.

“Antes, en el mes de junio, empezaban a subir los chagüingos, los bocachicos, subía esa especie de pez. Ahora ya nada. Ya no suben los peces porque ya cambió el agua. Y ya no avanzan para acá”, relató la mujer.

El Bocachico (Icthyoelephas humorales) es una de las más de 112 especies de peces de agua dulce que han sido identificadas en la costa del país. Esta especie es migratoria, explicó el doctor Windsor Aguirre, profesor de la Universidad DePaul, ubicada en Chicago-Estados Unidos.

El especialista en biología especificó que el Bocachico es la especie más representativa en esta región del Ecuador.

“Esta es una especie endémica del Ecuador y una de las más importantes para la pesquería en agua dulce en la región. Esta especie realiza migraciones a las partes altas de la cuenca del río Guayas para reproducirse al comenzar el invierno (…) El efecto de las represas sobre la fauna de ríos ha sido estudiado por décadas en otras regiones del mundo. Para especies migratorias (como el bocachico), la construcción de una represa puede impedir el proceso de la migración y llevar a que se extinga localmente esa especie”, indicó el científico a través de un correo electrónico.

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Uno de los sectores del embalse de la Central Hidroeléctrica Baba, que encausa el agua del río Baba, en la provincia de Los Ríos. Foto: Jonathan Palma.

Hay un segundo factor que estaría incidiendo en la escasez de peces en la zona de Peripa del Baba. Bella Arroyo contó que antes pescaban con atarraya, de forma artesanal, pero que hoy usan otras artes de pesca.

Ahora no se puede porque los “pocos peces” que hay en el embalse están en la profundidad. A esto, la mujer afrodescendiente sumó el hecho de que pescadores ajenos a la zona ingresan con libertad al desfogue del caudal ecológico que tiene el embalse y que capturan a las especies con artes de pesca de gran tamaño. La dirigente social argumentó que el acceso a este lugar se facilitó a los extraños luego de que se construyera una vía de primer orden como parte de la central energética, sobre todo, porque no hay control de quien ingresa.

Consultamos a la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), a cargo de las centrales hidroeléctricas, y al Instituto Nacional de Pesca (INP), responsable de realizar investigaciones científicas y tecnológicas de los recursos bioacuáticos del país, sobre el estado de las poblaciones de peces en la zona de influencia del embalse.

Celec contestó que, de acuerdo al monitoreo realizado por el  INP al embalse, en el año 2012, cuando ya se había cambiado el curso del río, se determinó “que no hay problemas en cuanto al desove de las especies”, pero que “la pesca exagerada y el uso de artes de pesca prohibidas, así como la desatención al periodo de veda, han provocado la disminución de ciertas especies de peces”. Entre los recursos usados para capturar los animales acuáticos están los explosivos. Esta institución aseguró que los procesos migratorios de los especímenes se mantienen de forma normal por el cauce ecológico.

En tanto que el INP contestó que “actualmente desconoce” el estado de las especies que están en el embalse de la Central Hidroeléctrica Baba y las condiciones para el desove de las mismas. No se especificaron medidas para restringir el paso de quienes no habitan en la zona.

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Un motorizado circula por la vía que se construyó en la parte alta de uno de los diques que conforman el embalse de más de mil hectáreas, de la Central Hidroeléctrica Baba. Foto: Jonathan Palma.

Don Germán Godoy, esposo de Bella Arroyo, recordó con nostalgia cómo eran sus madrugadas de faena bajo la luz de la luna en el cauce original del río Baba. Él salía casi a la medianoche con su esposa, como si se tratase de una cita, y se embarcaban en una canoa para pescar hasta que amaneciera. En su relato se extiende una larga lista de especies de peces que lograba capturar con su atarraya: bocachico, cachama blanca, ratón, guanchiche, bagre, lisa, entre otras.

La pesca de la madrugada era destinada a la comida del día de la familia y para la venta. Este ingreso ayudaba a Germán a sostener su hogar. Ahora tiene que hacer ‘malabares’ para ganarse la vida, lamentó. El hombre de tez negra y de sonrisa amplia sale a diario a buscar trabajo en fincas y haciendas cercanas, donde gana entre 5 y 20 dólares. Con ese dinero compra los alimentos que hacen falta para completar el desayuno, el almuerzo y la merienda. Esta familia aún se ayuda de pequeños cultivos de plátano, maíz, yuca y otros productos agrícolas.

El esfuerzo de toda una vida bajo el agua

Peripa del Baba, La Ceiba y Corriente Grande son tres de las más de 30 comunidades que se opusieron al Proyecto Multipropósito Baba (PMB), ahora denominado Central Hidroeléctrica Baba. En estos lugares predominan habitantes de raza negra. Sus ancestros llegaron a esta zona del Ecuador hace más de 100 años, desde Colombia y Esmeraldas (provincia del norte de Ecuador), y les heredaron estas tierras que eran ricas en árboles frutales y maderables, además de cultivos de cacao, café, maíz y arroz.

Esa riqueza ya no es tangible, solo está en el imaginario de quien escucha las historias de los adultos mayores de estas comunidades, quienes relatan con impotencia cómo de la noche a la mañana su esfuerzo quedó bajo el agua.

Don Néstor Angulo, de 67 años, es uno de los habitantes de Corriente Grande que se siente “estafado” por el gobierno que impulsó la construcción de la central hidroeléctrica. Durante su relato, este hombre de caminar lento, expresó con tono de nostalgia y furia todo lo vivido en estos últimos 10 años. A pesar de sus dolencias, que dijo son las cuentas que le ha cobrado el tiempo, soportó “burlas” y “engaños” de empleados de la constructora Odebrecht y del gobierno.

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El agua del río Baba que es conducida a través de un corredor de diques a la casa de máquinas de la central energética. Allí el líquido mueve las turbinas de estas instalaciones. Foto: Jonathan Palma.

Esto lo ha vivido en su periplo para cobrar la indemnización por la expropiación de 16 hectáreas de terreno que heredó de su padre. En un avalúo preliminar, de hace más de una década, una persona que trabajaba para la firma extranjera, dijo, le indicó que iba a recibir 4100 dólares por cada hectárea.

Él aseguró tener los papeles que certifican que es el dueño de esta extensión de terreno, que ahora está bajo el agua. A este valor, sostuvo, se le debe de sumar el costo de los cultivos que estaban en crecimiento. En su caso, detalló que tenía árboles frutales y maderables.

“Con gran sacrificio que yo dejé mi juventud en ese terreno. Yo comencé a trabajar a la edad de 13 años. Estoy enfermo y no me han pagado mi dinero, pero arriba hay un dios”, susurró el adulto mayor, quien tuvo siete hijos con su esposa.

Él quería pasar sus últimos años en su finca sin preocupación alguna, pero ha tenido que mudarse a la casa de un familiar en Quevedo, otro cantón de Los Ríos, para insistir en el trámite de la indemnización. En sus planes no estaba irse de su tierra, al igual que el resto de habitantes de la zona de influencia del embalse que partieron a Santo Domingo, Quito y otros sitios de la serranía en busca de mejores días.

La cifra de pobladores que salieron de este punto de la provincia de Los Ríos  no está definida, aunque la dirigente social Bella Arroyo dijo que en promedio unas 50 personas migraron por comunidad, es decir, 1500 habitantes aproximadamente.

Uno de los pobladores que migró luego de que la central energética iniciara sus operaciones fue uno de los primos de Don Néstor y de Bella, Evaristo Cruel, quien sufrió un cuadro de depresión porque la actividad pesquera dejó de ser el oficio rentable que por décadas lo ayudó a sustentar la vida de sus familiares.

“Un día se botó en medio del río y ahí se estaba dejando hundir. Unos niños lo vieron y avisaron. Él estaba bien deprimido y le dio derrame. Él quería matarse porque él vivía de la pesca. Para mi familia esta obra ha sido un golpe muy fuerte”, contó Bella Arroyo. Después de este episodio, Evaristo tomó la decisión de quitarse la vida en Quevedo, en el 2014. Sus parientes desconocen las razones por las que lo hizo.

Celec informó, a través de un correo electrónico, que se han cancelado todos los valores a quienes presentaron la documentación que acredita la propiedad de los terrenos expropiados. No obstante, enviamos una solicitud adicional de información para conocer más detalles del caso de Néstor Angulo. Hasta el cierre de este informe la petición no ha sido atendida.

Esta corporación pública destacó en la comunicación que la obra de gran envergadura trajo consigo beneficios para las comunidades. Entre ellos se mencionaron: “proyectos de electricidad, de educación para jóvenes y adultos, de formación de brigadas médicas, emprendimientos de apicultura y piscicultura, elaboración de abonos orgánicos, elaboración de huertos familiares, mejoramiento de entorno de comunidades, adecuación de escuelas, programa de manejo y clasificación de deshechos. Además de un plan de reasentamiento de 35 familias, que incluye casa de planta alta, 1 hectárea de terreno, 1100 plantas de cacao, kit agrícola y asesoramiento técnico”.

Resistencia a dejar su pedacito de tierra

La falta de trabajo, de áreas para cultivar y pescar, de agua limpia para el consumo —sostuvieron los pobladores— fueron factores suficientes para que cientos de habitantes partieran de esta zona. Sin embargo, decenas de comuneros se quedaron también en sus parcelas.

Freddy Solís, de 52 años, se ha adaptado a estas condiciones. Desde hace más de 30 años vive en Peripa del Baba y no se ha ido porque no tiene otro lugar para vivir junto con sus cinco hijos y dos nietos.

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Freddy Solís, habitante de Peripa del Baba, cuenta que la pesca era el principal medio para
conseguir alimento en esta zona. Foto: Jonathan Palma.

Conversamos cuando se dirigía a un pozo de agua que construyó Hidrolitoral, la segunda empresa que tuvo a cargo la edificación de la represa.

Solís indicó que este pozo no cumplió con las expectativas de los habitantes de este recinto, pues el líquido que se extrae es turbio, a diferencia, según dijo, del agua que recogían del río, antes de que se construyera el dique que restringe casi por completo el paso del afluente. Una pequeña vertiente natural de agua que proviene de un cerro es compartida por las familias del lugar.

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Don Germán, esposo de Bella, observa el fondo del pozo que construyó una de las empresas que estuvieron al frente de la obra energética. Habitantes de Peripa del Baba indican que solo ocupan el agua de este pozo para lavar la ropa porque es turbia y tiene mal sabor. Foto: Jonathan Palma.

En esta y otras comunidades también hay un problema de proliferación de mosquitos durante todo el año. Pobladores contaron que tienen que comprar productos químicos para repeler estos insectos y así evitar enfermedades como el dengue, zika y chikungunya.

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Los habitantes de Peripa del Baba ocupan el agua de una pequeña vertiente natural que proviene de un cerro. Antes, cuentan en el sector, se aprovisionaban del río Baba. Foto: Jonathan Palma.

Celec explicó que el agua del embalse está en constante movimiento “por lo que no es propicia para la proliferación de estos vectores”. Sin embargo, la entidad aseguró que se realizan “campañas de fumigación para el control de vectores”. Solicitamos al departamento de Comunicación de la Coordinación Zonal 5 del Ministerio de Salud las cifras sobre la incidencia de casos de enfermedades transmitidas por el mosquito, pero no hubo respuesta.

La piedra en el zapato del proyecto

Hace más de 12 años, un hombre avizoró los estragos que vivirían las comunidades asentadas en la zona de influencia de la Central Hidroeléctrica Baba.

Bella Arroyo, de estatura media y semblante serio, tiene 63 años y es hermana de Andrés Armenio Arroyo Segura, aquel hombre que proyectó las afectaciones de la central energética. Ella conversó con nosotros en la sala de su casa. Allí la rodeaban su esposo, tres de sus hijos y varios de sus nietos. Estaban concentrados en el relato de la matriarca. Ella hablaba pausado y con firmeza. El sonido de su voz se tornaba más fuerte cuando tenía que detallar la lucha social del líder comunitario.

Como si las conversaciones con su hermano menor hubiesen ocurrido días antes de la visita del equipo periodístico, ella recordaba con exactitud lo que hace más de 12 años le dijo don Andrés sobre los impactos que enfrentaría su pueblo.

“Él me dijo que estaba en pie de lucha (…). Me dijo: ‘La represa es perjuicio para las comunidades. Sabes ¿por qué?, porque (los habitantes de las comunidades) se quedarán sin tierra, sin trabajo’”, mencionó Bella.

Andrés Arroyo mantuvo unidas a 32 comunidades que le dijeron “No” a la central hidroeléctrica hasta que lo asesinaron.

El 19 de junio de 2015 es una fecha que marca un antes y un después para la ejecución de la represa. Ese día mataron al líder comunitario, quien era presidente de la Asociación de Trabajadores Agrícolas Afrodescendientes Segura. Además era parte de una coalición regional de dirigentes que se reunía periódicamente para delinear acciones dirigidas a influenciar al gobierno de turno sobre la edificación de la represa.

La construcción del Proyecto Multipropósito Baba (PMB) estaba prevista desde hace varias décadas, según lo trazado por la Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca del Río Guayas (CEDEGE). El 9 de octubre de 2004, el Gobierno de Lucio Gutiérrez le dio impulso a la iniciativa energética y la declaró como obra prioritaria. No obstante, recién a finales del 2006 el Ministerio del Ambiente (MAE) concedió la licencia ambiental para que la obra sea ejecutada. Luego se firmó el contrato para su construcción en el gobierno de Rafael Correa.

En la licitación, se escogió a un consorcio liderado por la empresa brasileña Odebrecht para ejecutar la ambiciosa obra, que terminó costando 542 millones de dólares. La propuesta inicial del proyecto, antes de que se adjudiquen los trabajos al conglomerado empresarial privado, contemplaba que se inundaran más de 3000 hectáreas.

Esto generó malestar en los habitantes de la zona de influencia del proyecto y de sectores sociales que avizoraban potenciales afectaciones a cultivos y propiedades en esta jurisdicción productiva del país, que se situó en el 2010 entre las cinco provincias “con mayor superficie de labor agrícola” a nivel nacional, según un informe del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap).

Por este motivo, CEDEGE se vio obligada a reducir el área a inundar (1100 hectáreas) y a señalar que se trataba de tierras que estaban en manos de pocas personas, por lo que el número de afectados sería mucho menor.

Alerta sobre el medio ambiente

La preocupación no solo se centró en los aspectos sociales y económicos, sino también en los ambientales.

Esto llevó a habitantes de la zona de influencia de la obra y a organizaciones no gubernamentales internacionales a presentar una acción de protección ante la Corte Constitucional (CC) para que se paralice la ejecución del proyecto.

El 15 de diciembre de 2008, la CC acogió parcialmente el recurso y ordenó la revisión del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y el Plan de Manejo Ambiental (PMA) por parte del Ministerio del Ambiente, alegando que no se podría tolerar la inacción del Estado frente a impactos ambientales que pueden agravarse por la ejecución del PMB (Proyecto Multipropósito Baba)”.

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En el área del desfogue del canal ecológico del embalse está prohibido pescar. Uno de los
habitantes mira al horizonte desde un claro en la maleza. Foto: Jonathan Palma.

En la resolución de la causa se detallaba también que con la ejecución del proyecto “se afectaría al ecosistema de la zona, con grave riesgo para las especies acuáticas y terrestres”. Además de “la posibilidad de que genere impactos severos a la biodiversidad”. Se remarcó que la “modificación del hábitat natural de especies propias es bastante grande, según conclusiones del propio EIAD (Estudio de Impacto Ambiental Definitivo)”.

El organismo resolvió que el Ministerio del Ambiente debía evaluar el EIA y el PMA de la obra. Además de ordenar  las acciones necesarias para proteger los derechos de los habitantes y del medio ambiente. En función de esto, según se detalló en el dictamen, los términos de la licencia ambiental de la obra tenían que ser reformulados por esta cartera de Estado.

No obstante, la obra continuó, pero ya en manos de la empresa OAS Ltda., también de Brasil, luego de que el presidente, de ese entonces, Rafael Correa, expulsara a Odebrecht por fallas en otra construcción hidroeléctrica.

Solicitamos una entrevista con el departamento de Comunicación del Ministerio del Ambiente para conocer los resultados de la evaluación que ordenó la CC, pero hasta la publicación de este artículo no hubo respuesta.

Un capítulo que aún no se ha cerrado

La familia de Andrés Armenio Arroyo Segura aún no puede cerrar el capítulo de la muerte del líder comunitario.

Su deceso pasó de ser investigado como un accidente a un caso de asesinato. El 19 de junio de 2015, Andrés fue hallado sin vida en un sector ribereño del recinto La Ceiba. Personas que lo vieron por última vez contaron que él estaba compartiendo un momento ameno por el Día del Padre en la casa de un amigo en este lugar de Buena Fe.

Al cadáver del dirigente social, que se había convertido en una piedra en el zapato de Odebrecht y del Gobierno, se le practicó una autopsia y se determinó que la causa de la muerte había sido un golpe, producto de una supuesta caída.

Su hermana, Bella Arroyo, relató que un año después del hecho surgió un testimonio clave para esclarecer la muerte del dirigente afrodescendiente. Un testimonio que hasta el día de hoy la deja perpleja.

A casi un año del deceso de Andrés, Ronald Arroyo, uno de sus sobrinos, le confesó a un pariente cercano que estuvo involucrado en el asesinato.

Un juez ordenó la exhumación de los restos de Andrés para que se le practicara un nuevo análisis. Con este estudio se determinó que el líder comunitario fue golpeado con un objeto contundente en el cráneo.

“De ahí vienen las investigaciones y cae preso Ronald (sobrino de Bella). A los otros dos procesados no se los pudo localizar, se escondieron. (Quienes cometieron el crimen) son el marido de mi hermana (Luis Arroyo Ramírez) y los dos hijos de mi hermana, mis sobrinos (Ronald y Darío). Se valieron de mi propia familia para matar a mi hermano”, lamentó la mujer de 63 años.

Arroyo dijo estar segura que detrás de la muerte de su hermano hay gente poderosa que estuvo involucrada con la empresa Odebrecht, que tuvo a su cargo, en un inicio, la construcción del Proyecto Multipropósito Baba. Cree que de ‘ese lado del río’ está el autor intelectual del crimen y se atreve a decirlo ahora que se ha destapado el escándalo de corrupción a nivel internacional.

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Bella Arroyo sostiene un reconocimiento, que recibió a nombre de su hermano, otorgado por
la organización Acción Ecológica. Foto: Jonathan Palma.

El asambleísta Christian Viteri, quien se apartó de la bancada oficialista, viajó a inicios de este año a Brasil para revisar documentación del proceso judicial abierto en esta nación en contra de la constructora.

Según se reseñó en una publicación de El Comercio, Viteri advirtió que Odebrecht entregó sobornos en Ecuador por lo menos en dos ocasiones, cuando la firma brasileña ganó el contrato para construir el Proyecto Multipropósito Baba y cuando regresó a trabajar al país en el 2010, tras ser expulsada por el Gobierno de Correa.

“Como él (Andrés Arroyo) era un opositor a la represa, ellos trataron de sacarlo de en medio. Y cuando lo terminaron sacando a mi hermano trajeron sus maquinarias (…). Hubo mucho dinero de por medio. A mí me ofrecieron 25 mil dólares para que el caso de mi hermano se quede en nada. Yo les dije que no, porque mi hermano no era un quintal de papa. Esta persona (que me ofreció el dinero) era un intermediario de Odebrecht. No le puedo decir quién era por miedo a que me puedan hacer algo. Mis familiares se dejaron llevar por el dinero para sacar a mi hermano de en medio. Porque fue por dinero que lo mataron a mi hermano”, sentenció la mujer, quien obtuvo información sobre el pago de 3 mil dólares que habrían recibido los procesados.

Tras cuatro años de silencio, habitantes de esta zona fértil del Ecuador le pidieron al gobierno que realice un censo socioeconómico para que se levante información sobre la realidad actual de los pobladores y se gestionen recursos para ejecutar proyectos de emprendimiento.

*Este artículo fue originalmente publicado por Mongabay Latam

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Más allá de los monstruos

|La vida de los otros|

En Hollywood hablan de un ‘momento Weinstein’, después de la caída en desgracia del poderoso productor de cine, acusado de abusos sexuales y violación: Hombres con mucho poder y mucha plata han tenido que responder por sus actos abusivos. Eso es insólito en una industria que ha protegido y celebrado a acusados de violación como Roman Polanski y Woody Allen. Es un giro significativo e histórico: se desnudan las dinámicas de poder corrosivas dentro de una industria de alcance mundial. Hombres como Kevin Spacey, Harvey Weinstein y Louis C.K. ya no son intocables, todopoderosos. Pero hay un riesgo del que debemos estar muy alerta: pensar que se trata de ‘otros’, de casos excepcionales, de monstruos solitarios,  en lugar de reconocer que vivimos en una cultura diseñada para que hombres con poder abusen de él sin temor a las consecuencias de sus actos.

La creación de un monstruo es demasiado fácil. Impide que hagamos el mea culpa necesario como sociedad y como hombres. Para la prensa esto también es una mina de oro. El ‘momento Weinstein’ está revelando trapos sucios a diario. Ya hasta es extraño hablar de escándalo, cuando parece tratarse más bien de un patrón y no de una anomalía. La dinámica es la misma: las compañías que los auspician expresan su sorpresa y decepción, y son seguidas por otras celebridades. Los comediantes Jon Stewart, Stephen Colbert y Pamela Adlon, por ejemplo, han sido fuertemente criticados por su cautela, defensa y silencio acerca de las acusaciones contra C.K., quien era su amigo personal.  En Ecuador sucedió algo parecido cuando Antonio Ricaurte, entonces concejal de Quito, publicó un video insultando a la concejal Carla Cevallos diciéndole ‘ofrecida’. El quiteño promedio respondía ofendido que “a las damas no se las toca ni con el pétalo de una rosa”, como si ese discurso no fuera la otra cara de la misma moneda machista y misógina. ¿Y detuvo algo nuestra condena masiva? No. Noticia fue, nada más. Muy pronto, el tema se volvió el periódico de ayer.

En Hollywood está pasando lo mismo. Están barriendo la basura debajo de la alfombra para no tener que hacerse cargo de quién lo ensució todo en un principio.  Desaparecer los trabajos de C.K. del catálogo de HBO, por ejemplo, es una medida punitiva que no cambiará la cultura que solapó sus acciones y descartó las voces de las víctimas por tanto tiempo. Al contrario, al quitárnoslo de la vista nos libra de analizar la relación entre las temáticas que obsesionaban al comediante, sus acciones, y el tipo de privilegios que lo protegieron. Además nos permite seguir, sin culpa, como si no fuera también nuestra cruz, como si no tuviéramos que hacernos cargo, como sociedad, de los hombres que criamos.

Esto es particularmente cierto con Louis C.K. por la profundidad y recurrencia con la que trató el tema de género en su acto y en sus guiones. C.K se destacó por su autoreflexión, y su capacidad de reconocer y sacar a la luz los aspectos más problemáticos y violentos de sí mismo. Ahora, entendiblemente, lo critican por ‘esconderse a plena luz’, de buscar engañar a un público haciéndose pasar por conciente, autoflagelante y reflexivo.

No creo que sea tan fácil. En un comunicado C.K. aceptó que las acusaciones eran verdaderas y dijo que estaba consciente del alcance de sus acciones y que ha intentado, a la vez, aprender y huir de ellas. “No me perdono por nada esto”, dijo. “Y debo reconciliarlo con quien soy. Que no es nada en comparación con lo que sé que ellas deben hacer”.

Desaparecer la comedia que surgió de ese conflictiva relación con su propia masculinidad sería un grave error. En su serie Louie, el alter-ego de Louis C.K. defiende la masturbación en una entrevista porque “es relajante y no hace daño a nadie”. Luego, desafiante, le dice a su interlocutora cristiana —quien se opone a la masturbación— que después de la entrevista pensará en ella al hacerlo. En otro episodio, Louie intenta forzar a su amiga Pamela a besarlo en una escena muy difícil de ver. “Eres tan estúpido que ni siquiera puedes violar bien”, le grita ella empujándolo y retorciéndose de sus brazos. La escena termina después de que él la besa mientras ella, arrinconada, cierra los ojos y aprieta los labios.

Lo fuerte de estas escenas es que muestran a un personaje querido, un padre de familia, abusando de su poder. No se trata del arquetipo sórdido del violador, sino de un hombre común y corriente. Las escenas incomodan, sin duda, pero suponen una confrontación con lo que Hannah Arendt llamó “la banalidad del mal”. Reconocer que hay estructuras de poder que privilegian cierto tipo de experiencias y descartan otras significa también reconocer nuestra propia participación en la construcción cotidiana de la violencia sexual.

El convertir a estas figuras  —y su trabajo— en inpronunciables será, a la larga, contraproducente. Va más allá del debate sobre si debemos separar al artista de su trabajo. La pregunta no es tanto ‘¿Podemos admirar el trabajo de Polanski y condenarlo a él?’, como ‘¿qué tipo de relación existe entre la visión de este artista y sus acciones?’.

El discurso del monstruo es paradójicamente autoindulgente. Eso no significa que la sociedad no demande y pida justicia para las víctimas. Pero si eso queda en el castigo mediatizado del escándalo, habremos desperdiciado una oportunidad para repensar, muy seriamente, sobre los hombres que somos —y que seremos.

Fotografía de Dan Nguyen bajo licencia CC BY-NC 2.0.

Fundación Pachamama nunca se fue

Fui director ejecutivo de Fundación Pachamama durante su infame proceso de disolución un 4 de diciembre de 2013. En esa época, en este mismo medio, desahogué parte de la frustración que sentí durante aquellos días en los que viví cómo se consumaba una injusticia, ante la impotente mirada de mis compañeros de trabajo. Cada sábado, el entonces presidente de la República, Rafael Correa —proyectado en pantallas gigantes y multiplicado por estruendosos altoparlantes pagados con el dinero de los contribuyentes— hacía y deshacía la política de Estado. En sus violentas alocuciones ordenó cerrar Pachamama, una organización no gubernamental que había servido por más de 16 años a las nacionalidades indígenas. La orden inexpugnable de Correa estaba basada en conjeturas y prejuicios ciegos.

El artículo que escribí en aquel entonces hacía uso del apotegma alquimista Solve e Coagula —disuelve y vencerás. Enfatizaba que la otra cara de la moneda de una disolución, es naturalmente la coagulación. Decía que la transformación, como fin último de toda aventura de alquimia, decanta en la reintegración de los elementos disueltos, donde se unen y se solidifican. Ese era el caso de las organizaciones de la sociedad civil atomizadas y silenciadas por un gobierno que trató de cooptar los espacios cívicos. Esas organizaciones son las que hoy recuperan sus voces y espacios arrebatados: a Pachamama se le devolvió su personería jurídica el viernes 17 de noviembre de 2017.

Se la restituyó la misma entidad que se la quitó, el Ministerio del Ambiente. En aquel instante, cuando firmábamos los documentos de notificación de la resolución ministerial, no podíamos ocultar nuestro júbilo por una victoria que tardó cuatro años en materializarse. Sabíamos también que era una victoria histórica de la sociedad civil organizada, el movimiento indígena y ambientalista del país, que hemos trabajado incansablemente por la protección de los Derechos Humanos y de la Naturaleza.

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Lo que le ocurrió a Fundación Pachamama en 2013 y a otras organizaciones creadas para la defensa de diferentes tipos de derechos —como Acción Ecológica, Fundamedios y la Unión Nacional de Educadores— al parecer no es una estrategia nacida del seno de la autodenominada ‘Revolución Ciudadana’. Es un pequeño síntoma de una tendencia global para restringir los espacios de la sociedad civil que va de la mano con el aparecimiento de gobiernos populistas en diversas latitudes. Estos regímenes, a través del uso sistemático de leyes restrictivas, obstaculizan la creación y el funcionamiento de organizaciones sociales, las cierran y a veces las criminalizan. Todo para impedirles que trabajen.

Tal vez piensan —tal vez pensaron— que sin una estructura legal determinada, quienes hacemos las organizaciones nos quedaríamos de brazos cruzados. Pero tras el cierre de Pachamama, emprendimos una cruzada por la defensa del derecho a la libertad de asociación y reunión pacífica que se nos había conculcado por la aplicación de un marco normativo arbitrario, el Decreto Ejecutivo 16. Intentar que una corte ecuatoriana nos oyera y reparase nuestro derecho constitucional lesionado era casi imposible. Veíamos al cabildeo internacional como la única salida para tratar de hacer escuchar nuestra voz que pedía una democracia realmente participativa.

De varios foros internacionales de derechos humanos a los que tuve el honor de asistir para denunciar nuestro caso salí desalentado: la tendencia era global. En lugares como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas presencié la indignación de cientos de defensores de derechos humanos provenientes de todo el mundo, quienes en sus discursos denunciaban un patrón preocupante: la erosión de los espacios de participación de la sociedad civil. Por ejemplo, una ley aprobada en Etiopía en 2009, prohíbe a todas las ONG nacionales que reciban más del 10% de su presupuesto del exterior y que participen en cualquier forma de actividad política. La Ley de Regulación de las Contribuciones Extranjera (FCRA) de la India otorga a las ONGs que reciben dinero del extranjero una “licencia” que dictamina que, en última instancia, no se pueden financiar actividades políticas con ese dinero, aplicándola a organizaciones como Greenpeace. En países como Rusia, Malasia e Israel, las ONGs que reciben dinero del exterior deben estar registradas como un “agente extranjero”, término que también se utiliza para grupos irregulares y subversivos.

Dicha contracción se genera por un denominador común de represión contra las organizaciones de la sociedad civil. Se da a través de diversas formas: limitaciones al acceso a financiamiento, obstáculos para su registro, campañas de desprestigio, uso del derecho penal para su desmovilización, clausuras unilaterales y arbitrarias, amenazas directas a los miembros de las organizaciones, uso de tácticas de guerra para disipar protestas, financiamiento e impulso por parte de los gobiernos a organizaciones paralelas como fuerzas de choque. Entre tantas otras.

Y claro, el problema subyacente a todo esto es que muchas de las organizaciones son incómodas a los regímenes que entran dentro del amplio espectro del autoritarismo —sean estos gobiernos de izquierda o de derecha, que utilizan el aparato estatal para desalentar la legítima labor de la sociedad civil.

La recuperación de los espacios cívicos es sumamente desgastante para las organizaciones. Sobre todo, para aquellas que trabajan a nivel local y que no manejan suntuosos presupuestos o no cuentan con niveles de experticia diversificados. Tienen que pasar de defender derechos a la autodefensa permanente.

Por eso Pachamama tuvo que cerrar proyectos de importantes para un desarrollo sostenible con enfoque de derechos en la Amazonía. Uno de ellos era la implementación de un proyecto de transporte fluvial a base de energía solar que beneficiaría a cientos de familias de la nacionalidad achuar, o proyectos de salud materno-infantil para mujeres amazónicas. También tuvimos que presentar acciones legales a nivel nacional, que fueron negadas, y nos obligaron a hacer eco de nuestras justas peticiones en foros internacionales de derechos humanos. Todo el proceso de defensa de Fundación Pachamama tuvo un costo en tiempo, recursos y energía que pudieron tener un mejor destino. Podríamos haberlos invertido en la construcción de una Amazonía libre de contaminación, con proyectos que incorporen la visión de las comunidades indígenas, modelos de desarrollo económico a nivel local y la capacitación de derechos fundamentales para la defensa integral de sus territorios ancestrales. Pero tuvimos que enfocarnos en la supervivencia.

A pesar de las trabas y dificultades, creamos Terra Mater, una asociación con la cual preservamos algunos de nuestros proyectos y que nos permitió tener un respaldo institucional para seguir fortaleciendo a las organizaciones indígenas de la Amazonía —y, obviamente, sostener la defensa de Fundación Pachamama. Tuvimos que ser resilientes y modificar algunas de nuestras estrategias para seguir cumpliendo con nuestros objetivos como organización. Fue sumamente oportuno porque los proyectos extractivos impulsados por el gobierno se extendían en los territorios ancestrales amazónicos. Nos adaptamos para sobrevivir, y poder continuar con el acompañamiento a las comunidades locales iniciada hace veinte años.

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Tras cuatro años de enfrentar los embates por recuperar nuestra organización, llegó un nuevo gobierno. Traía bajo el brazo una propuesta de diálogo nacional, donde se sumaron varios colectivos, incluyendo a las nacionalidades indígenas —con la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) a la cabeza— y una amplia gama de organizaciones de la sociedad civil. En ese contexto, nuestras voces fueron escuchadas.

El Ministerio de Ambiente accedió a revisar nuestro caso. En un ejercicio de justicia histórica y buena fe reconoció nuestros argumentos respecto de las irregularidades y errores del proceso administrativo que derivaron en la disolución de Pachamama, que era una clara violación al derecho a la libertad de asociación.

El caso de la fundación Pachamama es paradigmático. Ejemplifica los peligros de un marco normativo restrictivo para la sociedad civil. Por ello, urge que el Estado construya de manera participativa una ley que garantice la labor de las organizaciones de la sociedad civil y proteja el trabajo de defensores y defensoras de derechos humanos y de la naturaleza. Es cierto que el Decreto 193 —que reemplaza a los infames decretos 16 y 793 de la década pasada— es positivo en varios aspectos, pero todavía queda mucho por hacer, como delinear cómo la sociedad civil puede volver a ser un actor independiente dentro de la gestión de lo público, cómo se puede fortalecer un marco normativo construido participativamente para garantizar el derecho a organizarse.

Ahora empieza una nueva etapa para fundación Pachamama en la que seguirá haciendo lo que siempre ha hecho —incluso cuando estuvo ‘disuelta’: mantener su trabajo en el Centro Sur amazónico, en la protección de las Cuencas Sagradas de los ríos Napo y Marañón, fortaleciendo los procesos por la defensa de los derechos colectivos, territoriales y de la naturaleza.

El compromiso de Pachamama con las nacionalidades indígenas del Ecuador tiene más de veinte años y se mantiene vigente. Especialmente ahora, cuando las fronteras de explotación minera y petrolera se amplían a territorios en los que antes resultaban impensables como los del pueblo Shuar, Achuar, Sápara, Shiwiar, Kichwas que han expresado su rechazo rotundo a este tipo de actividades extractivas. Seguiremos construyendo, junto a las nacionalidades indígenas del país, un modelo de desarrollo libre de extractivismo, que respete los principios constitucionales de Plurinacionalidad, Buen Vivir y Derechos de la Naturaleza.

Hay mucho por hacer. Antes de seguir, saludo fraternalmente a todas las organizaciones aliadas, movimientos sociales y defensores de derechos humanos que nos han apoyado y que siguen construyendo un país diverso, donde a pesar de los obstáculos que interponen los poderes constituidos y fácticos, esas organizaciones siguen siendo fieles a sus principios y a los de la Constitución. Que el caso de Pachamama sea el recordatorio de uno de los hitos más bajos de la democracia.

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Así funcionaba el esquema de corrupción de Odebrecht

La Fiscalía General del Estado encontró en sus investigaciones del caso Odebrecht el mecanismo bajo el cual funcionaba la red de corrupción. Según ha dicho la Fiscalía a lo largo del proceso de asociación ilícita en el que está involucrado el vicepresidente Jorge Glas y otras 7 personas, había una “receta” para que los funcionarios públicos recibían coimas de la empresa brasileña a cambio de entregarles contratos.  Son cinco megaobras las que la Fiscalía ha nombrado: Poliducto Pascuales-Cuenca, Trasvase Daule-Vinces, Hidroeléctrica Manduriacu, Refinería del Pacífico (movimiento de tierras), Acueducto La Esperanza.

La información que la Fiscalía recabó en sus investigaciones ha sido considerada suficiente por el juez nacional Miguel Jurado para llamar a juicio Jorge Glas, su tío Ricardo Rivera, el excontralor Carlos Pólit, y otros 5 procesados.

Estos gráficos explican cómo, según la Fiscalía, funcionaba el esquema.

 

1. ¿Cómo funcionaban las coimas de Odebrecht en Ecuador?

Coimas de Odebrecht en Ecuador: Esquema de funcionamiento

Esquema de funcionamiento de las coimas de Odebrecht en Ecuador. Gráfico de Paula de la Cruz.

 

 

 

 


2. Odebrecht pagó casi 25 millones en coimas en 5 megaobras

Montos pactados por Odebrecht en coimas de obras emblemáticas.

Gráfico de Mario Ramos.

 

3. Acueducto La Esperanza: así habría sido el esquema de corrupción

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El esquema de corrupción en el acueducto La Esperanza. Gráfico de Mario Ramos

 

 

4. Refinería del Pacífico: así habría sido el esquema de corrupción

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El esquema de corrupción en el movimiento de tierras de la Refinería del Pacífico. Gráfico de Mario Ramos

5. Proyecto Pascuales-Cuenca: así habría sido el esquema de corrupción

Proceso irregular de adjudicación. Gráfico de Mario Ramos

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La tarantinesca venganza de Lenín Moreno

Para muchos, la política reciente en el Ecuador se parece demasiado a House of Cards pero en realidad es una versión tropiandina de Kill Bill. Piénsenlo: un exaliado que se daba por muerto (o al menos, ningún peligro para nuestro Bill, ahora en su ático belga) reaparece y, solitario, combate a un ejército de cómplices hasta llegar a su antiguo mentor, supuesto victimario y hoy enemigo mortal. Solo falta que al célebre silbido tarantinesco alguien le haga una versión de electrocumbia andina y la película tendrá titular: la película de la misión de Lenín ‘Kiddo’ Moreno lleva por nombre un metafórico Kill Correa. Pero, ¿cuántos volúmenes puede tener la saga sin convertirse en un bodrio?

Para quienes insistieron que la pelea entre el actual y el expresidente era un tongo mediático diseñado para dar legitimidad al gobierno de Lenín Moreno, las escenas de Kill Correa develan otra realidad. Las constantes revelaciones de casos de corrupción atentan contra la mitología de la época ganada: Bill no es quien la leyenda dice.La trama es un círculo que ha tenido al Ecuador al borde de la silla: Correa menosprecia la corrupción en su gobierno, mostrando las obras que rotula de legendarias. Desde Bélgica, tuitea en contra de su sucesor, pero el combate no lo hace él, sino el ejército de sus fieles por conveniencia.

Lejos de la ficción, la verdad es que la leyenda correísta tambalea. Si los casos de corrupción no son suficientes, la aparente indiferencia institucional hacia casos de abuso sexual de menores en el sistema educativo en el gobierno pasado golpean con fuerza a la narrativa de una década exitosísima. Con Jorge Glas —el sucesor que habría preferido— en la cárcel y la mayoría de sus asambleístas anunciando su apoyo por el actual mandatario, Rafael Correa ya no cuenta con una base de apoyo institucional para la defensa de su leyenda. Con la implicación del Grupo Eljuri en la red de corrupción dirigida por Odebrecht, la maquinaria política que era Alianza País parece haber perdido su piedra angular financiera.

Desesperados por tener una plataforma con que combatir electoralmente a su antiguo protégé, los militantes leales a Rafael Correa fallaron en su intento de tomar las riendas del control de Alianza País. Ahora están contra las cuerdas, sin partido con el financiamiento garantizado que por ley otorga el Consejo Nacional Electoral. Lenín se acerca, y ya no parece ir solo: sus índices de aceptación demuestran que la mayoría del país aprueba su cruzada —son los espectadores que están con Kiddo. Los que dan la pelea por Correa en Ecuador, se complican: Gabriela Rivadeneira está en medio de una disputa de legalidad con su propio partido, y un asesor cercano está acusado de corrupción. Virgilio Hernández difícilmente trata de explicar por qué la muerte política como castigo por casos de corrupción es desproporcional. Ante la incapacidad de sus subordinados de derrotar a Moreno, Correa volvería al Ecuador el 24 de noviembre.

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Es difícil si no imposible determinar si la venganza que motiva Lenin Moreno es producto de una querella personal con Rafael Correa, o si es un intento por salvar la institucionalidad del país —o los dos. Capaz Lenín Moreno está preocupado por las tendencias autoritarias de su examigo: en sus últimos años como presidente, Rafael Correa adoptó la actitud L’état c’est moi, al punto de que abandonó la promesa de una revolución ciudadana cuando hizo cambios constitucionales a través de la Asamblea, aunque el consenso de constitucionalistas era que que debía convocarse al pueblo para que se pronunciase —una condición indispensable que, paradójicamente introdujo la propia Alianza País en 2008. Es paradójico también porque Correa y su partido llamaron a una consulta popular con dedicatoria personal (y ganó): la prohibición de participar en política de quienes tengan activos en paraísos fiscales. Era difícil no pensar que Guillermo Lasso (el candidato de la derecha ecuatoriana, que aparece en Panama Papers y Paradise Papers como dueño de compañías offshore) no era el objetivo de esa consulta. ¿Cómo puede ahora Correa presentarse como víctima de una venganza personal de Moreno?

La venganza de Moreno, para Correa, radica también en la decisión de permitir que los organismos de control investiguen la corrupción de la década pasada. Según la asambleísta leal a Rafael Correa, Marcela Aguinaga, la Contraloría lleva a cabo una persecución política. Lo que falta reconocer la es que ella y los otros perseguidos como Jorge Glas le dejaron al Contralor evidencia suficiente para que el contralor Pablo Celi sólo tuviese que jalar un hilo para que el manto con que se cubrían se desintegrase.

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¿Cómo llegó Moreno a dar un giro de 180 grados en una historia que parecía resuelta desde el inicio? Existen dos interpretaciones. O siempre fue un infiltrado de la derecha, y esperó 10 años para cumplir con su agenda (lo cual daría más bien para una película de Francis Ford Coppola), o entendió que había tantos casos de corrupción que no tenía más opción que dejar que todo se destape (y volverse héroe) o tratar de esconder sin éxito (y luego ser cómplice) —lo que parece más propio de la historia tarantinesca que vemos.  

La escena final del volumen 1 de Lenín Moreno se filmará frente a las urnas: la consulta popular convocada por el presidente determinará cómo será la secuela. Pero, la venganza no es una estrategia política para el largo plazo. La venganza obliga a mantener la mirada hacia atrás, y el país precisa mirar hacia adelante.

El diálogo convocado por Moreno con distintos actores de la política, el sector privado, y la sociedad civil sirvió para establecer un nuevo tono en la democracia ecuatoriana. Es una ruptura con el gobierno anterior que vio toda intervención política como una pelea a la muerte entre buenos y malos. No obstante, el diálogo representa un medio, y no un fin, y aquel diálogo debe desembocar en acciones concretas: saber hacia dónde vamos con la estrategia de reactivación económica, hasta qué punto podemos endeudarnos en mercados internacionales para mantener un gasto público poco sostenible, o cuál será el papel del Estado con ingresos petroleros limitados. La tarantinesca venganza de Lenín Moreno fue la narrativa principal de su primer volumen, pero no será suficiente para escribir una saga completa. Es necesario entender hacia dónde vamos y cómo vamos a llegar: nos urge una historia de éxito bajo un modelo económico, político, y social distinto.

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