En una burbuja caliente

Hay que despertarse un poco antes de las siete de la mañana. A esa hora empieza la clase de Kundalini yoga en un sala semicircular con un ventanal enorme por donde el paisaje se desborda. Se ve el imponente Lago San Pablo y un poco de la cara sur del volcán Imbabura. Parte de ese cuadro entra por la ventana, con un poco de sol que hace que las sombras sean muy oscuras y largas. La luz sobre el piso de madera da un tono cálido al espacio que contrasta con el verde de las montañas y el viento frío

|jueves 21 de enero de 2016 16:14|

Vogue Like a Painting

La foto es cuadrada y tiene cuatro mujeres que están sentadas con las piernas cruzadas sobre unas dunas de arena. Están de espalda y visten traje de baño y gorro de natación. Las separan medianos espacios que forman un zigzag entre ellas. La luz más fuerte de la imagen —que viene de la izquierda superior— crea sombras diagonales a la derecha de cada chica: son muy oscuras y contrastan con los colores cálidos de la vestimenta y el desierto. Enseguida, casi como una epifanía surgen tres palabras en mi mente, en este orden: surrealismo, relojes blandos, Dalí. Quiero gritar por

|lunes 26 de octubre de 2015 10:59|

En Segovia Hay festival

Estaba sentada en la última fila de la iglesia de San Nicolás, en Segovia, y junto a otras ochenta personas escuchaba al historiador español  Juan Álvarez Junco hablar sobre civismo con el periodista también español, Juan Cruz. A esa misma hora, a un kilómetro —en el aula magna de la IE University—, un escritor español y un filósofo inglés conversaban sobre ética y filosofía en la actualidad, mientras Rosewater —un filme sobre un periodista iraní-canadiense que es detenido e interrogado en Irán— se proyectaba en la Filmoteca de Segovia. Los tres eventos simultáneos fueron parte de ese increíble espacio que

|miércoles 7 de octubre de 2015 02:24|

Un grito al cielo

Desde Ekerbergparken, una de las colinas más altas de Oslo, se ve parte de la ciudad: casas y edificios modernos junto al mar, rieles del tren, veleros y puertos, pequeñas islas frondosas, y fiordos —golfos que se formaron entre los glaciares, hace miles de años—. El mirador es sencillo: hay un espacio amplio de cemento, dos bancas de madera, unos árboles de troncos flacos y un marco de acero  —de 91 x 74 centímetros—, sostenido sobre dos patas. Dentro de los bordes no hay nada, es como si el rectángulo vacío sirviera para enmarcar el paisaje de Oslo desde ahí

|miércoles 23 de septiembre de 2015 05:15|

Aprender sobre vino [y tomarlo] desde una bicicleta

Sentados en una mesa de madera de picnic, en el jardín de una casa de campo y bajo un árbol de duraznos que seguían verdes, tratábamos de aguantar uno de los días más calientes del verano austríaco. A las cinco de la tarde, los 35 grados y la falta de viento en el viñedo Man Hermenegild —al noreste de Austria— empezaban a sofocar. Para calmarnos, los dos guías nos sirvieron una copa de agua y otra de vino blanco, que llegó con una explicación: sabor frutal, sale de la máxima maduración de la uva, no es dulce pero tiene una

|martes 1 de septiembre de 2015 22:50|

Las texturas de Sintra

Al llegar a un lugar desconocido, nuestros sentidos se intensifican, y en Sintra, también se fusionan. La vista y el tacto se vuelven uno y sentimos que tocamos lo que observamos. La estructura de esta ciudad en Portugal, a treinta minutos al oeste de Lisboa, permite palparla con la mirada: es un pueblo con tres imponentes castillos de piedra rodeados de frondosos bosques. La primavera, como si respondiera a un orden natural, es la primera textura que aparece: robles, arces, pinos marítimos se unen en un bosque pesado. Todo verde. Hay árboles de troncos altos y rectos, que dan sombras

|miércoles 6 de mayo de 2015 13:27|

La silenciosa Olivenza

Los campos verdes están llenos de almendros y cerezos recién florecidos. El camino desde Madrid a Extremadura, una provincia al oeste de España, luce así, como sábanas de algodón rosa y blanco sobre la hierba. Mi destino es Olivenza, un pueblo silencioso y tan tranquilo que parece abandonado. Un sitio atractivo –de esos que da gusto mirar– que quizás no aparecería en el mapa si no fuera por los tres días de la Feria del Toro, que se celebra cada año del cinco al ocho de marzo. Llego a Olivenza antes que empiece el populoso evento –concurrido por ochenta mil turistas–,

|martes 24 de marzo de 2015 01:43|