Ángel Benigno Angamarca tiene 60 años y su cabeza cubierta por un sombrero de paño. Es duro como la piedra de páramo. Desde hace una hora que espera nuestra llegada. “Es preferible estar antes a no llegar nunca”, dice y saluda parcamente. Nos observa con atención, seguro piensa que como citadinos somos lentos y tendremos soroche en el páramo de la cordillera de Fierro Urco, a donde hemos llegado y de donde él es oriundo. 

Don Ángel dice que estaremos en la laguna de Surihuiña luego de seis horas de caminata. Arrancamos el recorrido en Gualel, un pueblito de aproximadamente 2 mil habitantes, parroquia rural del cantón Loja. Para llegar allí, recorrimos más de 90 kilómetros desde la ciudad de Loja, en los que se puede parar a tomar un café y un tamal.

Gualel está rodeado de cerros, quebradas y ríos. Tiene casas con paredes de barro anchas, que las llaman tapias, y tejas. Su iglesia es roja, con las mismas bases de tapias. Muchas de las casas tienen una huerta y una especie de jardín florido y diverso en el patio delantero. El viento helado sopla en la cara a pesar de los primeros rayos de sol. 

Desde Gualel hasta la laguna Surihuiña nos esperan poco más de 10 kilómetros de caminata. Don Ángel mira mis zapatos de correr y me advierte que “el páramo es húmedo y se va a mojar”. Su sobrino Andrés me presta unas botas de caucho. 

iglesia de Gualel

La iglesia de Gualel, en Loja, es parte del paisaje en el camino a Fierro Urco. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Tan pronto se desciende al río Ramada, en los primeros quince minutos de caminata, comienza el ascenso. El sendero es bien marcado y ancho, lleno de lodo y piedras. Cuando se pasa la primera laguna, Yanacocha, y se llega un lugar conocido como la Casa de brujos, se ve la impresionante cordillera Fierro Urco, la cuenca hidrográfica que abastece de agua a la ciudad de Loja, y el río que cruza Gualel. 

La cordillera Fierro Urco está al sur del Ecuador, entre las provincias de Loja y El Oro. Tiene un páramo que ocupa nueve parroquias: Chantaco, Chuquiribamba, Taquil, Gualel, El Cisne, Tenta, Ambocas, Salatí y Morales. En alrededor de 27 mil hectáreas de esta zona, el gobierno nacional ha autorizado siete concesiones mineras para extraer oro, plata y cobre. Por ahora, todos los proyectos mineros están en etapa de exploración. 

A lo lejos del imponente paisaje se ve la punta de la montaña, también llamada Fierro Urco. Don Ángel señala donde está la laguna: “Estamos poco menos que a medio camino, pero vamos a buen ritmo”, nos alienta.

Ángel Angamarca

Ángel Angamarca fue nuestro guía durante el recorrido por Fierro Urco. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

El páramo me parece diferente a los del norte del Ecuador. Estoy acostumbrado a los pajonales altos, la chuquiragua —esa flor de vivos colores naranjas y con pequeñas hojas que pinchan, que es mi favorita— y de vez en cuando frailejones. Acá el pajonal es más pequeño, no hay chuquiraguas ni tampoco frailejones. 

En cambio, hay muchas flores, de diferentes colores, y están dispersas por todos lados. Hay muchísimos insectos; distingo los saltamontes, que me recuerdan mi infancia, y pienso que en Quito ya no los he vuelto a ver. Verónica Iñiguez, que también nos acompaña en la caminata, gestora ambiental formada en Europa, docente de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), me explica que sí hay diferencia entre nuestros páramos.

“Fierro Urco está a menos altura [que los páramos del norte] debido a una depresión de la cordillera real de los Andes que al llegar al sur pierde altura hasta casi desaparecer”, explica. Esta depresión, me dice la especialista mientras avanzamos en el sendero, permite el cruce de los vientos alisios de la Amazonía y los vientos provenientes del Pacífico que permiten el desarrollo de una vegetación diferente de aquella que se encuentra presente al centro y norte del país.” 

Esta diferencia entre los dos ecosistemas que merecen igual protección, opina Íñiguez, no ha sido comprendida por el gobierno nacional, que ha concesionado indiscriminadamente esta zona para la explotación  minera, como si no fuera páramo el de Fierro Urco. 

flores de páramo

Durante el camino me detuve a fotografías las flores de páramo. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Amo el páramo. Respiro su aire frío, fresco y limpio. La cuenca del río y las montañas hacen que el río suene como una caja de resonancia. Se escuchan y se ven diferentes tipos de pájaros. A cada paso, también siento los latidos de mi corazón y el rozar de mis pies por los pajonales. 

¿Quién construyó este camino tan bien marcado en el páramo y que se siente milenario? “Posiblemente los incas o los Paltas”, me responde Don Ángel. 

camino del Inca

El sendero donde caminos es conocido como el camino del Inca. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

En algunas partes se camina por la arista de la montaña. Por Google maps nos percatamos que estamos caminando justo por la línea fronteriza que divide a las provincias de El Oro y Loja. 

Desde las alturas también es posible entender por qué a Fierro Urco le llaman la “estrella hídrica”. Desde esta cordillera nacen cuatro cuencas hidrográficas que abastecen a los sistemas públicos y comunitarios de agua para consumo humano y riego, de varias provincias: El Oro (con la cuenca del río Jubones) y Loja (con las cuencas del río Puyango-Tumbes, del río Santiago y Catamayo-Chira). “No hay producción ni exportación de bananas sin el Jubones”, dice Verónica Iñiguez para explicarme por qué esta cordillera es tan importante. 

Fierro Urco es agua. Donde hay agua, hay vida. Y las provincias del sur parecen entenderlo. Loja, que obtiene agua de Fierro Urco, tiene por virgen a la Virgen de El Cisne, también conocida como la “Virgen del Agua”. Más de 300 mil personas dependen del agua que nace en estos páramos. 

Después de tres horas y 49 minutos y de haber recorrido casi 10 kilómetros, llegamos dos horas antes de lo previsto por Don Ángel. La laguna es hermosa: tiene agua cristalina, piedras redondas, y se ven algunas monedas que, según nuestro guía, son las pagas que han hecho los chamanes por las ceremonias que se hacen acá. Me doy un baño de agua helada y contemplo el paisaje. 

laguna Surihuiña

La laguna Surihuiña es una de las paradas durante la caminata que permite ver la belleza del paisaje y la importancia del agua. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Siento el privilegio de estar aquí y al mismo tiempo suspiro y no puedo no pensar en la minería que acecha este espacio.

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En la entrada de Gualel hay un cartel que, si se mira con detenimiento, anuncia lo que podría pasarle a la Cordillera de Fierro Urco y a los habitantes de esta parroquia. En letras grandes dice “Procesador de lácteos”, y en letra chiquita, como todo lo importante que busca no ser leído en voz alta, están los auspiciantes “Cornerstone. Cañabrava Mining S.A”, “NEWCREST Mining Limited. Ecuador”. 

empresas mineras

Empresas mineras apoyan proyectos en la zona, como uno de lácteos. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

En el pueblo de Gualel se siente ya la presencia de la minería: una cancha de fibra sintética, algunas casas de cemento y techos de teja importada, los cartelitos que hacen notar el apoyo de las empresas mineras a varias actividades del pueblo, como a la procesadora de lácteos. También está lo que me contaron algunos pobladores: el miedo de los defensores del agua, como Ángel Angamarca, a dejar un carro en la vía pública por posibles ataques (días más tarde, tres camionetas fueron quemadas y se les atribuyó a las personas que están favor de la actividad minera).

Mi visita a este lugar recóndito no es casual. Hace pocos meses la Corte Provincial de Loja negó una acción de protección a favor del páramo como sujeto de derechos y en contra de la política minera del gobierno nacional. En esa audiencia intervine cinco minutos alegando la importancia de las sentencias de la Corte Constitucional para proteger ecosistemas frágiles como los páramos, implorando la declaración de sujetos de derechos a la naturaleza en este Cordillera, la aplicación de un precedente que revirtió concesiones mineras en un bosque (caso los Cedros), y pidiendo que los jueces y juezas den más valor al páramo y al agua, que a la minería. 

Antes de visitarlo, Fierro Urco me sonaba tan raro y lejano, como me suele pasar cuando leo en un papel un informe que detalla la inmensa diversidad del lugar (mi cabeza necesita ver, escuchar y palpar la vegetación y la fauna). Como soy un simple abogado, necesitaba ser testigo y hacerme una representación propia de esos informes. También quería escuchar a algunos de los “defensores del agua”, los principales opositores de la minería. Al gobierno y a las empresas mineras ya las había escuchado en el juicio. 

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El paisaje alucinante de la cordillera de Fierro Urco parecía suficiente para que el viaje valiera la pena. Pero escuchar a sus habitantes hizo que el viaje se completara. Decidí caminar pegadito a Don Ángel e ir a su ritmo que él llama “pata brava”. 

Don Ángel nació en Gualel. Su padre, como todos sus ancestros, fue agricultor. Él, desde que recuerda, acompañó a su padre al campo. Aprendió a trabajar la tierra, limpiarla, sembrar, llevar el agua a sus terrenos, regarla, cuidarla y alimentarse de sus frutos. A finales de los años 80, cuando tenía 21 años, después de volver de la conscripción militar, que él llama“coshquería”, le ofrecieron quedarse en el ejército y ser soldado. Dudó. Al mismo tiempo, cuando estaba entre el trabajo de campo y la vida militar, le ofrecieron un trabajo en las minas de Portovelo, en la provincia de El Oro. 

páramo de Fierro Urco

En el páramo de Fierro Urco están entregadas siete concesiones mineras. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

“Yo no había escuchado nunca de la minería. No sabía nada. Solo me dijeron que se ganaba buen billete”, me cuenta Ángel Angamarca. Se casó. Soñaba con tener su tierra propia y construirse una casita en Gualel. La plata le sonó fácil y rápida. Optó por trabajar en la minería. 

Trabajó más de treinta años en minería. Comenzó en Portovelo, un pequeño cantón minero ubicado en la provincia de El Oro, considerado el primer centro minero del Ecuador. De esos 30, dice que solo ocho estuvo afiliado al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. En las minas, trabajaba tres semanas y descansaba una. Hizo de todo: desde meterse en los túneles y poner dinamita para ablandar la piedra, hasta encargarse de la contratación de la gente. 

Dio sus mejores años de vida a la minería. Cuando cumplió 45, a pesar de que dice que tenía fuerzas para seguir trabajando, le dijeron que no lo podían volver a contratar. Lo liquidaron. Dice que como liquidación recibió 300 dólares. “Uno da la juventud y deja de ver a la familia y por todo ese esfuerzo y sacrificio le dan a uno solo 300 dólares”, se queja Angamarca.

Después de ver tanto oro que sacaban de la tierra, pensó que alguien se enriquecía, y que él y todos los campesinos que eventualmente han trabajado en la minería seguían pobres. Desde ahí dejó de creer que las empresas dan el desarrollo a los pueblos. “Es pura mentira. Mienten para ser ricos. La gente y los pueblos no les importa nada”, me dice, mirándome a los ojos, después de parar a medio camino.

Hoy Ángel Angamarca vive del campo. Con su dedo señala donde tiene sus sembríos de melloco, y me cuenta cómo consigue el agua para regar su campo y el de los vecinos.

“Todo esto que usted ve, por donde estamos caminando, todito —señala la tierra que pisamos, los pajonales y el horizonte con su mano— está concesionado por el Estado a empresas minerales internacionales”, dice el hombre que trabajó tres décadas en minería. Y agrega que conoce el oficio “por dentro”. 

– Sé lo que se nos viene. Por eso estamos luchando y nos consideramos “defensores del agua”, me dice.
– Pero el gobierno y el Estado dicen que usarán tecnología de punta y harán minería responsable. ¿Por qué no les cree?, le replico.
– Vea, por más que tengan nueva tecnología, siempre van a tener que meter maquinaria en el suelo. Si no logramos impedirlo, algún día pasará por este mismo camino —construido por ellos no para nosotros y para nuestro progreso como dicen— su gigantesca maquinaria. 

Ángel empieza a detallar las máquinas que se usarían para hacer minería. Primero, dice, será una que le llaman “cabeza de bestia”, que tiene un taladro que va profundo. “Es del porte de un carro. Funciona como una gallina gigante que cava el suelo, que pica y pica la tierra”, dice. Solo eso, que no se puede dejar de hacer, saca polvillo de las piedras y los gases de adentro (posiblemente nitrógeno, monóxido de carbono, gases nitrosos, anhídrido sulfuroso, gas sulfhídrico).

Fierro Urco

Del páramo de Fierro Urco sale el agua que alimenta a la ciudad de Loja. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

 

“Yo mismo al respirar eso me he desmayado. Conozco a mucha gente que se ha enfermado y hasta le ha dado cáncer. Luego de la exploración viene la extracción”, dice Ángel. 

El comunero me explica que para sacar minerales se necesita muchísima agua. “Esa agua, por más que prometan limpiarla, nunca quedará igual. Es agua que entra dentro, se mezcla con minerales que no nos imaginamos que existen. El agua sale y está envenenada. Aunque le dejen clarita, tiene minerales que hacen daño a animales y humanos. No vale ya”.

Para sacar el oro, continúa, se necesita mercurio y eso, asegura, es veneno puro. 

“Si se llevan la tierra para hacer oro en otro lado, que es lo que pasa en el proyecto Fruta del Norte y que llaman minería a cielo abierto, es peor. Ya no verá esto que miran sus ojos, sino que todo será polvo, piedra sobre piedra, y huecos. Dejarán todo feo. No quiero ni pensar. Hay que resistir a tiempo”.

– Oiga, Don Angel, ¿por qué si usted está tan claro y sabe del peligro de la minería, hay gente del pueblo que la apoya?, le pregunto para entender más la división en el pueblo.
– Le diría que quienes hemos trabajado en la minería, que somos muchos en el pueblo, sabemos lo que se viene si dejamos que entren las empresas mineras. Pero también hay personas que les creen, no porque les parezca cierto lo que dicen sino por necesidad, me responde.

Para explicarme, me dice que Gualel y los pueblos aledaños están abandonados por el Estado. Que tienen necesidades que, de pronto, una empresa minera viene supuestamente a suplir: construyen una cancha de fútbol y los jóvenes se contentan. Apoyan con proyectos productivos, por ejemplo lácteos, regalan plantas, dan regalos por Navidad, financian fiestas, donan comida. Don Ángel dice que también dan trabajo, por ejemplo quienes construyen una carretera reciben un salario y también almuerzo. 

Las ganancias también son mucho mayores: Ángel dice que en un mes de trabajar en minería se puede ganar lo que se gana en un año con la agricultura. “El dinero de la minería es de golpe, el de la agricultura, por goteo”. 

Don Ángel cree que las personas tardan en darse cuenta que más importante es vivir de la tierra que de la minería. Dice que la tierra no da lo suficiente para reunir dinero pero sí da comida que permite vivir sin dinero. “La tierra te alimenta toda la vida, la minería te alimenta solo hasta que saquen todos los minerales o hasta que se vayan las empresas”. 

Mientras Don Ángel me cuenta sobre la minería y la agricultura, pienso que lo que dice que le ha ocurrido a él y a su pueblo Gualel, calza también para el Ecuador que apuesta tercamente a la minería. Como jurista, pienso en el derecho constitucional llamado “soberanía alimentaria”, que significa que el Estado debe promover que la gente pueda conseguir su propio alimento sin depender de empresas privadas ni del Estado. 

Quizás sin saberlo, Don Ángel me daba la lección de que esa soberanía no se logra con la minería sino con el trabajo de la tierra. 

planta medicinal

Andrés, el sobrino de Don Ángel, sostiene una planta medicinal que su tío le indica cómo hacerla crecer mejor. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Las primeras concesiones mineras en la zona se otorgaron en el 2002, a la empresa Guayacan Gold, y las últimas en el año 2017, a la empresa Cañabrava Mining. Actualmente hay 7 concesiones. La presencia minera se comenzó a sentir en el 2018, cuando hubo sobrevuelos de helicópteros en la zona. En 2019 entraron oficialmente las empresas al pueblo y comenzaron lo que ellos llaman proyectos de desarrollo. 

Para insistir sobre por qué cree que la minería en Fierro Urco es una mala idea, Don Ángel me da ejemplos en los que no ha solucionado la pobreza de la gente. “Mire usted cómo está Portovelo. Han sacado minerales y el pueblo ha hecho minería por cientos de años. ¿Dónde está el progreso y el desarrollo? Quienes han trabajado en la minería toda la vida están hoy pobres, enfermos y amargados”. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, hasta 2010, el 73% de las personas que habitan Portovelo son pobres. 

La minería, según Don Ángel Angamarca, no sólo es pobreza y contaminación. También vienen otros problemas que la gente se olvida tras las promesas y los regalos baratos que hacen las compañías mineras. “Cuando hay plata fácil y rápida en los pueblos, viene gente de afuera. Te quitan los pocos trabajos que hay y también la plata. No se imagina. Hay gente que ni siquiera viene a trabajar en la minería sino a asaltar a la gente. Cuando hay días de pagos, al rato les roban”.

Mientras conversa y camina sin parar, las horas me pasaban volando. Mi cabeza está entre la vida de un minero-campesino, su historia, y el paisaje. 

Se sabe que la minería en el mundo, en la región y en Ecuador rompe el tejido social. Ángel dice que en el caso de Fierro Urco los ha dividido. Reconoce que antes no era todo paz, que había peleas y resentimientos pero que la minera trae divisiones. A quienes se oponen, dice, los llaman “asaltantes, garroteros, terroristas, atrasa pueblos”. 

Para la empresa, quienes quieren defender el agua, son el problema. “Nosotros estamos peleando contra un poder económico. No tenemos recursos. La pelea es dura”. 

Don Ángel y otros “defensores del agua” tocaron la puerta de la Defensoría del Pueblo. En esa época la Defensora era Gina Benavidez, quien ejerció esa función en el año 2019, apoyó la idea de plantear una acción de protección a favor del páramo y de quienes habitan la zona. Desde Loja, el abogado Pablo Piedra asumió la defensa legal como Director Provincial de la Defensoría del Pueblo, pero el cargo no le duró mucho. Cambiaron de Defensor y también muchos directores en las provincias. Pero Piedra, desde una defensa privada, no abandonó a los “defensores del agua” en Fierro Urco y presentó la acción de protección en enero de 2022.

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El 20 de enero de 2022, los “defensores del agua” de Gualel presentaron una demanda de acción de protección a favor de la Cordillera de Fierro Urco y en contra de la autorización del Estado por concesionar, sin consulta previa e irrespetando el principio de precaución. 

En primera instancia, el 25 de marzo de 2022, la jueza de la Unidad Judicial Civil de Loja rechazó la demanda. Alegó que no se vulneró el derecho a la consulta ambiental de la comunidad, porque se cumplió lo dispuesto en la ley de gestión ambiental, aprobada antes de la Constitución de 2008.

Sobre los derechos de la naturaleza que se reclamaban en la acción de protección, la jueza también dijo que los estándares que los accionantes pedían no eran aplicables porque no era posible aplicar el principio de precaución (es decir, había que demostrar que hubo un daño para considerar una violación a derechos), que a los habitantes de Gualel no les correspondía presentar una acción a favor de Fierro Urco porque no habitaban el páramo, y que no se había probado la importancia biológica de Fierro Urco. 

vegetación del páramo

La vegetación del páramo de Fierro Urco es distinta a la de los páramos del norte del país. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Los defensores del agua apelaron y el 21 de diciembre de 2022, pero la Corte Provincial rechazó el recurso. 

En la audiencia, la desigualdad entre quienes defienden la actividad minera y quienes defienden el agua fue evidente. A los accionantes se les otorgó 20 minutos para argumentar su recurso, al Estado y a las empresas mineras más de 2 horas en total. Además, a las empresas mineras se les permitió presentarse a través de sus empleados, con otros abogados, para defender su posición mediante amicus curiae (intervenciones a favor de los argumentos de la minera en el caso). Al Presidente de la República, a pesar que estaba representado por sus Ministerios de Ambiente, de Minas y de la Procuraduría General del Estado, se le permitió comparecer, como tercero interesado, a través de su equipo jurídico de la Presidencia. 

Los argumentos para rechazar el recurso fueron esencialmente los mismos de primera instancia: no hubo vulneración de derechos porque los permisos y las concesiones cumplieron con la ley y los precedentes de la Corte Constitucional no eran aplicables. Entre otras razones porque la Corte Constitucional no había resuelto sobre páramos (solo sobre bosques). Como si los páramos no fuesen ecosistemas frágiles y necesarios para garantizar un ambiente sano. 

páramo de Fierro Urco

Don Ángel, de chompa roja, nos guió en medio del páramo de Fierro Urco. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

La Corte Provincial no sólo rechazó la demanda sino que calificó la actuación del abogado Pablo Piedra como abuso del derecho. Remitió el expediente al Consejo de la Judicatura para que sancione disciplinariamente al abogado; el Consejo, a finales de febrero de 2023, no encontró mérito en el supuesto abuso del derecho y archivó la causa.

La acción de protección presentada a favor de Fierro Urco se encuentra en la Corte Constitucional. Los defensores del agua de Gualel presentaron una acción extraordinaria de protección, y la sentencia a favor del Estado, conforme a la ley, también ha sido remitida a la Corte Constitucional para una eventual selección. 

Mientras tanto Gualel sigue dividida. El 40% de la población, como se desprende de las últimas elecciones, se pronunció a favor de la lista de la Junta Parroquial que defendió expresamente la posición a favor del agua y la vida, y en contra de la minería.

La madrugada del 23 de febrero de 2023, se concretó la tan temida entrada de las empresas mineras con la presencia de un fuerte contingente policial. Durante los primeros días de la fuerza pública en el territorio, hubo enfrentamientos de la policía con las personas defensoras del agua, que intentaron impedir el paso de las empresas mineras, y hasta se llegaron a quemar tres camionetas. 

Hoy en Gualel hay dos policías que patrullan en la zona (por los incidentes el gobierno retiró al contingente policial), mientras las actividades mineras de exploración y las típicas actividades de los campesinos de la zona continúan. La clara ruptura del tejido social presagia futuros brotes de violencia en la zona. 

La cordillera de Fierro Urco y el pueblito Gualel siguen siendo lugares ensoñadores. En el pueblo, las casas de tapia y teja, y en las laderas de las montañas se ven los cultivos de las hierbas de la horchata necesarias para preparar esta bebida tradicional de la provincia de Loja, que buscan declararla como patrimonio cultural inmaterial de Loja. La investigadora Verónica Iñiguez dice que Gualel tiene todo para que se lo declare como patrimonio. 

Fierro Urco, Gualel, la laguna de Surihuiña son lejanos para quienes habitamos en Loja o cualquier ciudad del país.  La mayoría de personas que habitan en las provincias de Loja y El Oro ni siquiera saben que su agua viene de esta Cordillera. Al caminar pude ver su belleza, diversidad y fragilidad, y también los primeros impactos perniciosos de la actividad minera: la amenaza, la división en el pueblo y el despliegue de poder en un juicio.

Poco antes de terminar la caminata, de vuelta a Gualel, Don Ángel corta un ramillete de flores. “Qué va a hacer con eso Don Ángel”, le pregunto. “Es para poner en una imagen de la Virgen del Agua, por gratitud y para que nos siga protegiendo”, me dice. 

ramillete de flores

Ángel Angamarca lleva un ramillete de flores para la Virgen del Agua, para pedirle que los siga protegiendo. Fotografía de Ramiro Ávila Santamaría para GK.

Ojalá tengamos esa actitud de respeto y gratitud con la naturaleza como la tiene Don Ángel, que nos da tanto y sin la cual no sobreviviríamos ni un segundo como especie.

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Ramiro Ávila Santamaría
(Ecuador) Constitucionalista andino, fat free, enriquecido con calcio y minerales, 100% natural.
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