¡Hola, terrícola! Hay gente que recurre al horóscopo, el I Ching, la cartomancia y la astrología para hacer predicciones para el trabajo, para encontrar pareja, sobre su salud. Nunca obtienen respuestas claras, solo extrañas lecturas conjeturales que terminan siendo lo que esperaban que sea. Pero ahora hay una luz de esperanza —al menos, si quieren predecir si su hijo fertilizado in vitro va a tener cáncer

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Sí: hay compañías que permiten a los padres escoger los embriones con menos posibilidades de que desarrollen la enfermedad. Lo leí en un reportaje de Wired escrito por la periodista Rachel Pells del 5 de julio de 2022 y dije, de inmediato, esto es una buena pregunta para los lectores de Mi hamaca en Marte.

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¿Escoger embriones es ir demasiado lejos o, como cuestiona el reportaje de Wired, convertirse en jugar a ser Dios?

Primero: una digresión. La expresión “jugar a ser dios” no tiene sentido. A cada paso que la humanidad ha dado en su evolución y desarrollo tecnológico podría aplicarse esa expresión —y si una metáfora sirve para demasiadas situaciones, pierde sentido

¿Volar? Quizá sea jugar a ser dios. ¿Elevar edificios de cientos de metros de altitud? Quizá sea jugar a ser dios. ¿Vacunarse? Quizá sea jugar a ser dios. ¿Prender y apagar un foco? Quizá sea jugar a ser dios. ¿Alfabetizarse? Quizá sea jugar a ser dios.

Toda la vida contemporánea podría ser “jugar a ser dios”. En realidad, el único que está dejando de jugar a ser dios es, cada día más, pues, ese “dios”. Ahora se conforma —o no sé si se conforma, pero no le queda otra— que reinar en los dominios del Vacío. De todas formas, parece buen consuelo para alguien que (como toda deidad) no existe. 

El reportaje de Wired tiene otras lecturas mucho más interesantes que la incursión humana en lo supuestamente divino. 

La nota cuenta la historia de Aurea Yenmai Smigrodzki, una bebé de 18 meses, “curiosa como cualquier otro niño pequeño”, dice el texto. Pero ella es distinta a cualquier otra persona. Ella es la primera bebé PGT-P del mundo. Esto quiere decir que “estadísticamente tiene menos probabilidades que el resto de nosotros de desarrollar una enfermedad o trastorno genético a lo largo de su vida”, explica la nota. 

PGT-P significa, por sus siglas en inglés, Prueba Genética Preimplantacional para Trastornos Poligénicos. Se hace previo a la implantación del embrión. Es decir, existe ya el óvulo fecundado y los padres tienen acceso a este examen que les dice cuál está en mejores condiciones. Les permite “seleccionar activamente cuál de sus propios embriones tomar, en función de la fuerza de sus genes”, dice el reportaje de Wired. 

Los padres de Aurea recibieron los perfiles genéticos de cinco posibles embriones. El que escogieron, “fue el candidato más fuerte, porque su embrión tenía la menor cantidad de mutaciones genéticas reconocibles que podrían causar enfermedades”, dice Pells en su texto. 

Ese embrión es hoy la niña a la que le gusta “la mantequilla de maní, la playa y los teléfonos móviles, o cualquier juguete que parezca teléfono”. Sus padres le dijeron a Wired que la elección fue una obviedad, pues todo el mundo haría algo bueno por sus hijos. “Por eso la gente toma vitaminas prenatales”, le dijo uno de ellos. Quizá tomar vitaminas sea también jugar a ser dios. 

Pero esa idea de hacer algo bueno por los hijos desata preguntas y cuestionamientos que son relevantes para el futuro.

De inmediato recordé al macrohistoriador y filósofo israelí Yuval Noah Harari. En su libro 21 lecciones para el siglo XXI, Harari aborda la idea de humanos genéticamente modificados. No lo hace desde el moralismo de ser dios, sino desde los efectos prácticos de estas prácticas. 

Una de las cosas que más me llamó la atención, es que Harari dice que si las enfermedades pueden ser corregidas antes de que aparezcan, o curadas en estadios muy iniciales, nos sentiremos casi inmortales

Lejos de tener más confianza en nosotros mismos, cree Harari, podríamos volvernos insoportablemente paranoicos. Sí, no me va matar el cáncer pero qué tal si voy a jugar fútbol con mis amigos y me estrello contra el poste del arco y me muero. Mejor no jugar al fútbol. Mejor no subirse al bus. Mejor no salir a la calle. Mejor no conocer a alguien en una fiesta porque podría ser un psicópata. Mejor no salir de nuestra casa. 

Otra cuestión esencial que se pregunta Harari es si todos estos mecanismos de modificación genética serán una fuente de desigualdad global. Son bastante caros. Los exámenes PGT (del cual el PGT-P es parte) pueden hacerse al mismo tiempo que la fertilización in vitro. Este procedimiento cuesta en Estados Unidos,  según la Clínica de Fertilidad Pacific, de Los Ángeles, Estados Unidos, entre 10 y 30 mil dólares

Por supuesto, en otras partes son mucho más baratos. En el Reino Unido, cada ciclo cuesta 5 mil libras esterlinas. El Servicio Nacional de Salud (NHS) británico ofrece el servicio para mujeres que cumplan ciertos requisitos. En Ecuador, un hospital público la incluyó por un precio tan bajo como 300 dólares (por supuesto, una cifra aún impagable para muchos ecuatorianos). En servicios privados, el precio sube por encima de los 1.600 dólares y se puede acercar a los 10 mil.

Esos son todos procesos de fertilización in vitro. Los exámenes PGT (aún no encuentro específicamente el de PGT-P) pueden costar entre 3 mil y 10 mil dólares en Estados Unidos. Los paquetes completos, superan los 20 mil dólares. Es razonable suponer que por ese rango irán, también, los PGT-P. 

Está claro que no todo el mundo tiene el dinero para pagar estos servicios. Si bien la tecnología tiende a bajar de precio a medida que se populariza, ¿podríamos estar en riesgo de gente más sana por elección y gente más enferma por no tener oportunidades

A la hora de seleccionar una pareja, el futuro padre de nuestros hijos, o un empleado para nuestra empresa, ¿valdrá privilegiar a los que hayan sido genéticamente seleccionados por ser mejores? Quizá debamos debatir si eso es una nueva forma de discriminación en función de la genética.

Es problemático porque los animales siempre hemos aplicado una forma de selección de parejas y compañeros que está fundamentada en señales biológicas que combinamos con características culturales. Pero tal vez saber que otra persona fue siempre el embrión más apto y preferirlo sea ir demasiado lejos. 

Por ejemplo, según Genomic Prediction de Lifeview, el proveedor del PGT-P de los papás de Aurea, los niños nacidos a través de su servicio tienen un 46 % menos de riesgo de ataque cardíaco, un 42 % menos de diabetes tipo 2, un 15 % menos de cáncer de mama y un 34 % menos de esquizofrenia. ¿Se podrá poner eso en el CV que enviarán a un puesto de trabajo o en su perfil de Tinder?  

Además, quién dice que esto va a parar en los defectos genéticos. Lifeview dice que no hacen cambios genéticos cosméticos. Pero supongo que pronto habrá alguien que no vea una barrera ahí. Generar gente más sana e inteligente, ¿será también una fuente de desigualdad? 

Debemos preguntarnos los que vivimos en América Latina qué vamos a hacer para abordar estos desafíos. Ojalá empecemos a ver hacia adelante y dejemos de romantizar gente y políticos que viven agitando soluciones de hace 100 años. La demagogia, el populismo y la reacción violenta no nos van a llevar a mejores días. 

José María León Cabrera
(Ecuador, 1982) Editor fundador de GK. Su trabajo aparece en el New York Times, Etiqueta Negra, Etiqueta Verde, SoHo Colombia y Ecuador, entre otros. Es productor ejecutivo y director de contenidos de La Foca.

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