Un atroz intento de femicidio quedó registrado en la memoria de los ecuatorianos. El 15 de abril, a las 10 de la mañana, un hombre apuñaló a su pareja por un ataque de celos y luego amenazó con intentar quitarse la vida en el parque de La Carolina. Ella suplicaba por ayuda, pero el hombre no dejaba que nadie se acerque a ella. Tiempo después, un turista alejó al agresor y lo detuvo hasta que llegó la Policía y ella sobrevivió. Este caso de violencia contra la mujer no es aislado en Ecuador y las cifras lo confirman. 

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Hasta marzo de 2022, hubo 9.681 denuncias por maltrato físico, sexual y psicológico en contra la mujer o un miembro de la familia (los hijos), según la Fiscalía General del Estado. En 2021 hubo un total de 35.429 denuncias. 

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Las denuncias no reflejan la realidad completa que viven las mujeres ecuatorianas porque muchas de ellas no cuentan a las autoridades que han sido maltratadas por sus parejas. Un dato más exacto, pero que no deja de ser un subregistro, son las cifras del ECU 9-1-1. Hasta marzo de 2022, esta institución recibió  21.658 llamadas de auxilio por violencia intrafamiliar. En todo 2021, hubo 117.416 llamadas. 

¿Cuál es el tipo de violencia de más se denuncia?

Según los datos de la Fiscalía, la violencia que más se denuncia en el país es la psicológica. En el primer trimestre de 2022 hubo 8.135 denuncias por este tipo de violencia y más de 17 mil llamadas de auxilio por esa misma causa. En 2021, hubo 30.631 denuncias por violencia psicológica a nivel nacional. Mientras que el año pasado el ECU 9-1-1 recibió 94.705 llamadas de auxilio por ese motivo.

La violencia física también es denunciada, pero a una menor escala. Hasta marzo de 2022 hay 1.472 denuncias por violencia física y 4.137 llamadas de auxilio. En 2021, la Fiscalía recibió 4.521 denuncias por maltratos físicos contra las mujeres o un miembro del núcleo familiar y hubo 22.519 llamadas de auxilio

La violencia que menos se denuncia en el Ecuador es la sexual. Incluso, en provincias como Carchi, Esmeraldas, Galápagos, Pastaza y Tungurahua no hubo denuncias en 2021 y 2022 pero esto no significa que no hayan sucedido casos en esas provincias. Según la organización Surkuna, encargada de de velar por los derechos de mujeres y niñas, las mujeres que sufren de violencia sexual son las que más  obstáculos encuentran para acceder al sistema judicial y presentar denuncias contra sus agresores

En el primer trimestre de 2022, hay 74 denuncias por violencia sexual en la Fiscalía y los datos del ECU 9-1-1 reflejan 47 llamadas de auxilio en ese mismo periodo. El año pasado, la Fiscalía recibió 230 denuncias por violencia sexual y el número de emergencia tuvo 192 llamadas de auxilio

Tipos de violencia masculina

Esteban Laso, psicoterapeuta y psicólogo social, explica que cuando se habla de la violencia de género se tiene que contextualizar dentro de la salud mental de los varones en función de cómo un hombre construyó su identidad, es decir cómo sus “padres y la sociedad le enseñaron a ser hombre” y las repercusiones que tiene en su trato a las mujeres. 

En psicología se conocen tres tipos de violencia masculina.

La violencia impulsiva impredecible

El primer tipo de violencia es la impulsiva impredecible —que puede tener otros nombres y que antes se la conocía como crimen pasional, un término que ha caído en desuso y ha sido reemplazado, en la mayoría de los casos, por la palabra femicidio, porque se asume que el hombre ha cometido el delito de forma consciente.

Se da cuando el “varón se da cuenta de que su mujer le es infiel o el solo hecho de imaginarse la posibilidad de perder a su pareja y de ser traicionado desencadena una respuesta violenta inmediata en alguien que nunca antes había tenido antecedentes de violencia” dice Laso.

Este tipo de violencia es particularmente compleja de prevenir porque la ejercen personas que normalmente no dan señales importantes de violencia contra su pareja. “El problema de este tipo de violencia es que es sumamente intensa y cuando ocurre, generalmente, deja consecuencias graves”, dice Lasso. En ese escenario, podría llevar hasta con un femicidio u otro delito grave.

La violencia tipo cobra

El segundo tipo de violencia que ejercen los hombres es la coercitiva, también conocida como ‘terrorismo íntimo’ o ‘cobras’, en alusión a la temida serpiente.  Su es violencia fría y calculada.  “Este tipo de maltratadores, en muchas ocasiones tienen trastornos psicológicos”, dice Laso.

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“Aquí la violencia normalmente no ocurre en un contexto de activación emocional intensa. Por lo que cuando el hombre se enoja no grita a su pareja, sino que la regresa a ver y con frialdad le dice que si vuelve a hacer determinada cosa ya sabe lo que va a pasar”, dice Laso. Por ende, muchas veces no se dan actos de violencia física porque basta con la amenaza —que es considerada violencia psicológica— para intimidar. 

La violencia tipo pitbull

El tercer tipo de violencia es la violencia impulsiva. Según Laso, en psicología también se los puede denominar como agresores o perpetradores tipo pitbull. En esta categoría es donde se encuentran la mayoría de casos de hombres maltratadores.

“Esta es la violencia que emerge en el contexto de una intensa activación emocional del varón, es decir, cuando el hombre se enoja, explota y agrede a su pareja porque no conoce otra forma de actuar”, explica el psicoterapeuta. 

Laso dice que en este tipo el mecanismo está muy identificado porque la violencia va creciendo desde el inicio de la relación. “No empieza con toda su intensidad al inicio, sino que va creciendo y la mujer se va adaptando a ella”, afirma. 

“Conforme avanza la relación la mujer se adapta y trata de evitar problemas o de calmar a su pareja, lo cual nunca resuelve el problema, sino que lo mantiene”, cuenta Esteban Laso. El psicoterapeuta enfatiza que es importante entender que los hombres que ejercen violencia impulsiva —tipo pitbull— “no quieren ser violentos, su intención no es violentar, sino defenderse de lo que ellos consideran como una agresión, una amenaza o una falta de respeto”.

El psicoterapeuta Laso explica que en estos casos el hombre tiene “tan naturalizando la violencia que no son conscientes de que la están ejerciendo y de que su reacción no es legítima, no es adecuada y no es justificable, pero no quieren hacer daño”. 

Uno de los problemas de quienes ejercen la violencia tipo pitbull es que no solo no pueden comunicarse con sus parejas, sino que lo peor de todo es que no saben comunicarse con ellos mismos e identificar sus sentimientos. “Aunque parezca irreal”, dice. Laso explica que estos hombres no pueden decodificar sus emociones porque nunca les enseñaron a hacerlo. 

En algunos casos, los agresores tipo pitbull son adictos al trabajo, al deporte, consumen alcohol, comen demasiado. “No están bien emocionalmente, están sufriendo y no se dan cuenta”, dice Laso.

Para conocer más sobre cómo se pueden rehabilitar hombres maltratadores, lee este reportaje de GK.

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Liz Briceño Pazmiño
(Ecuador, 1989). Periodista. Ha cubierto temas de economía y consumo en la Unión Europea. Cubre temas de menores migrantes no acompañados y de desplazados en Ecuador.