Varias centenas de ecuatorianos viven en Ucrania —las cifras oficiales han sido confusas; el viernes pasado el canciller Juan Carlos Holguín dijo que eran alrededor de 750; hoy, una funcionaria de Cancillería, Pamela Cevallos, dijo que eran 1500. 

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De ellos, varios han hecho una vida en ese país europeo y no consideran volver a Ecuador. Muchos, cuyas edades van entre los 18 y 25 años, llegaron con el objetivo de tener un título universitario y previo a la invasión rusa, habían decidido que se establecerían en Ucrania. 

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Hemos recopilado dos testimonios de ecuatorianos que cuentan las razones por las que se resisten a abandonar Ucrania.

Alisson Izquierdo

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Alisson Izquierdo es una joven ecuatoriana que vive y estudia en la ciudad ucraniana de Lviv hace tres años. GK logró hablar brevemente con ella porque en medio del intercambio de mensajes,  sonó una alarma  que anuncia que puede haber peligro y deben ir a un lugar seguro para protegerse.

“De momento, yo no planeo salir de Ucrania. En la ciudad que yo me encuentro todo está tranquilo”, dice Alisson. Reconoce que está asustada y que comparte ese sentimiento con sus dos hermanos y un primo. Todos viven en Lviv. Para tomar decisiones sobre lo que harán,  estos jóvenes  se informan a través de las noticias oficiales como la alcaldía de la ciudad. “En Lviv todo está muy tranquilo, no han habido ataques”, dice Alisson e insiste que “no hay razón” para irse.

Otro de los motivos por los que se resisten a abandonar la ciudad son sus mascotas: tres  gatos y un perro. “No sería conveniente que los animalitos pasen frío mientras esperamos en una frontera para salir”, dice Alisson. Una de las recomendaciones de la Cancillería ecuatoriana es justamente viajar sin mascotas porque éstas no están autorizadas a cruzar las fronteras. 

Alisson cuenta que sus padres, en Ecuador, están de acuerdo con que ellos tomen la decisión que consideren mejor. “Les hemos sabido explicar lo que sucede en este país», dice. Por ahora, han optado por “evitar los tumultos que hay en las fronteras”, pero reconoce que, sobre todo,  espera no tener que dejar su vida en Ucrania pero dice que en caso de que necesite hacerlo, tiene sus documentos ecuatorianos en orden. 

De momento se ocupa organizando refugios para ecuatorianos que están en la ciudad de Lvis y ayudándoles a compatriotas a regresar a Ecuador.

David Lliguin

David tiene 28 años y es médico. En los últimos meses había aplicado para hacer un posgrado en neurología y se preparaba para dar exámenes para ingresar a esa especialidad. Vive en la ciudad ucraniana de Lviv desde hace 9 años, cuando llegó para estudiar medicina. Dice que viajó hasta este país de Europa Oriental porque estudiar ahí era menos caro que hacerlo en Ecuador. Al final, dice, le gustó mucho la ciudad, se quedó e hizo su vida. Después de la experiencia que David tuvo en Ucrania, sus hermanos menores, un chico de 24  y una joven de 26, también fueron a estudiar junto a él.

Desde que comenzó la invasión Rusa, David decidió que no se iría porque “las cosas en Lviv aún están bien relativamente”, dice. Y a pesar de esa calma, se siente el ambiente de tensión: no hay buses o trenes, es difícil transportarse dentro de la ciudad o hacia otras ciudades, la gente prioriza los recursos para sus habitantes, y el clima, aunque se acerca el final del invierno, aún es muy frío. 

David también reconoce que en Lviv es muy difícil sacar dinero de un cajero porque muchos ya no tienen dinero: la gente se asustó y sacó lo que tenía en sus cuentas bancarias, dice. El “paso de bienes entre ciudades es complicado por lo que algunos alimentos llegan con dificultad o no llegan”, cuenta pero asegura que a pesar de eso, las tiendas siguen abasteciendo. Aún existen servicios básicos como electricidad, internet, calefacción, y en las tiendas puedes pagar con tarjetas de crédito o débito, dice.

Para David y sus hermanos, de momento, no es una opción irse de Ucrania porque ya han echado raíces en ese país. Reconoce que han intentado prepararse en caso de que el conflicto también llegue a Lviv, aunque dice que aún no está claro lo que va a suceder en los próximos días. “Estamos en medio del conflicto y al día las alarmas suenan una o dos veces, cada vez que pasa una aeronave por el cielo nosotros tenemos que salir a un refugio, pero no ha habido bombardeos”, dice David.

Al igual que Alisson intenta estar bien informado. “Dicen que Rusia no quiere tomarse las ciudades y no creo que vayan hacer daño a la población en general pero el caos social que va a quedar de esto será muy grande”, opina el joven. Otra de las razones para no abandonar la zona de conflicto es su mascota a la que no quiere abandonar.

David cuenta a GK que en Lviv hay 12 ecuatorianos más que como él aún no quieren dejar este país ubicado en Europa Oriental.

¿Qué está pasando en Ucrania?

Antes de las cinco de la mañana del 24 de febrero de 2022 —en Ecuador aún eran las diez de la noche— el presidente ruso, Vladimir Putin, cruzó el rubicón de la guerra: anunció el inicio de una “operación militar especial” en Ucrania. 

La invasión rusa entró a Ucrania por múltiples puntos —incluso desde Belorrusia, denunció Volodymir Velenski, presidente ucraniano. En días pasados, Rusia había entrado y reconocido como repúblicas independientes a dos regiones separatistas prorrusas, Donetsk y Luhansk.

Esta madrugada, la escalada bélica rusa creció y atacó varias ciudades ucranianas, incluyendo la capital Kyiv. El New York Times confirmó las primeras imágenes de la entrada de los militares rusos a territorio ucraniano, una imagen que ha evocado previos tensos momentos de la historia contemporánea

 

Liz Briceño Pazmiño
(Ecuador, 1989). Periodista. Ha cubierto temas de economía y consumo en la Unión Europea. Cubre temas de menores migrantes no acompañados y de desplazados en Ecuador.