Una victoria de Andrés Arauz en primera vuelta parece muy difícil. Al contrario, varios obstáculos le mantienen aparentemente estancado. Está en primer lugar, pero no crece lo suficiente. ¿A qué se debe ese estancamiento?

Primero, Arauz propone regresar a un pasado al que incluso algunos correístas no quieren volver. La propuesta del binomio Arauz-Rabascall consiste, en resumen, en recuperar el rumbo del gobierno de Rafael Correa que Lenín Moreno abandonó. El problema de una campaña centrada en ese mensaje es que, al final de la administración de Correa, hasta los correístas estaban inconformes con el estado de la economía.

Un reciente informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), citando a un informe de la Secretaría Nacional de Planificación (SENPLADES) de 2017, resalta que, efectivamente, varios indicadores socioeconómicos mejoraron considerablemente en la administración de Correa. La discusión de cuánto de eso fue efecto de las políticas de la autoproclamada Revolución Ciudadana o de factores externos que favorecieron a toda la región, sin importar quién estuviera al mando, queda para otro día. El punto ahora es que varios indicadores vieron una muy notable mejora en el período mencionado.  

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Pero la evaluación que las personas hacen sobre la economía está lejos de ser una valoración objetiva. Desde 2008, los correístas tenían opiniones más favorables sobre la economía que los anticorreístas. Sin embargo, la tendencia cambió en 2016. 

A partir de ese año, los correístas también consideraban que la situación estaba peor que antes y su valoración empezaba a coincidir con la de sus adversarios.

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Lo mismo se observa en la percepción de correístas y anticorreístas sobre la economía personal y sobre la situación económica de su familia.

Arauz puede ganar

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Es decir, a pesar de la mejoría real en varios indicadores durante el período de Correa, al final de su administración la percepción ciudadana era que las cosas estaban peor que antes. Arauz está en el dilema de abanderar la promesa de volver al pasado, pero parte de sus potenciales electores estaban inconformes con ese pasado —o, al menos, con el último tramo de ese pasado.

En segundo lugar, el apoyo hacia el correísmo ha disminuido considerablemente en varios territorios determinantes. Así como, hasta ahora, Lasso no ha podido conquistar el voto mayoritario de los cantones de cuatro de las cinco provincias que contribuyen con más votos, el apoyo por el correísmo está considerablemente mermado en sus bastiones electorales.

Arauz puede ganar

En las últimas elecciones presidenciales, el candidato del correísmo, Lenín Moreno, recibió apoyo considerable en las provincias de Azuay, Los Ríos y, especialmente, Manabí. Pero al mismo tiempo, su apoyo disminuyó en varios lugares importantes, particularmente en Guayas y Pichincha. Las cinco provincias mencionadas representan más del 60% de los votos; Guayas y Pichincha son las que tienen más electores y son aquellas donde más retrocedió el correísmo en 2017.

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Con eso en mente, ¿hay razones para pensar que el apoyo por el correísmo disminuyó todavía más, en los últimos tres años, en todos estos territorios? Probablemente sí. ¿Hay razones para pensar que los votos le van a alcanzar para vencer en primera vuelta? Probablemente no. Esto conecta con el tercer obstáculo: Arauz es el candidato del correísmo, pero no es Correa

Andrés Arauz es, en sus palabras, un “perfecto desconocido”, y a pesar del esfuerzo de su campaña por capitalizar eso mismo, Andrés Arauz es un perfecto desconocido muy distinto a Rafael Correa. Un estudio reciente del CELAG dice que el binomio Arauz-Rabascall es poco conocido y que la intención del voto por éste se debe “a la buena imagen que la gente tiene de Rafael Correa”. ¿Hay alguna evidencia del rendimiento que puede tener un candidato ungido por Correa que no sea él mismo? Es probable que sí.  

La experiencia dice que no se debe comparar elecciones locales con elecciones presidenciales: los resultados de unas no siempre corresponden con las otras, los temas de interés local son distintos del debate nacional, en las elecciones locales influye la alquimia de las alianzas, etc. Pero la participación de Fuerza Compromiso Social en las seccionales de 2019 presenta un caso sui generis.

En las elecciones seccionales de 2019, Fuerza Compromiso Social (FCS) fue el vehículo del correísmo. La señal fue explícita y el auspicio a algunos de los candidatos por parte de Correa no dejó lugar a dudas. FCS no pactó ninguna alianza con ninguna otra fuerza política en ninguno de los territorios en los que participó. ¿Cómo se desempeñaron los candidatos correístas en las elecciones seccionales?  


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Fuerza Compromiso Social presentó candidatos a alcaldes en 50 cantones y no alcanzó ninguna victoria. Su mejor desempeño fue en Durán, Guayas (segundo lugar con 24%), Sigsig, Azuay (tercer lugar con 21%), Pedernales, Manabí (segundo lugar con 20%), Cotacahi, Imbabura (tercer lugar con 19%), y Quito, Pichincha (segundo lugar con 18%). Los candidatos del resto de cantones alcanzaron porcentajes menores (en promedio, los candidatos de FCS obtuvieron 9% de los votos de los cantones donde participaron).

Las dos notables victorias fueron las prefecturas de Manabí y Pichincha. En los cantones de Manabí, en promedio, Leonardo Orlando obtuvo el 26% de los votos válidos y se convirtió en el prefecto de la provincia. Confirmando lo que mostraron los resultados de 2017: el bastión más importante del correísmo es ahora Manabí. En los cantones de Pichincha, en promedio, Paola Pabón obtuvo el 17% de los votos y se convirtió en la prefecta de la provincia (en Quito obtuvo el 23%). Ni Orlando ni Pabón eran perfectos desconocidos antes de ser candidatos.

En suma, los resultados más recientes alcanzados por los candidatos auspiciados por Correa muestran que el voto fuerte del correísmo está en Manabí y algunos territorios específicos en Azuay, Guayas y Los Ríos. Además, el llamado “voto duro” está alrededor del 20-25%, pero es absolutamente razonable pensar que sea menor a eso debido a las debilidades del candidato o al natural desgaste del correísmo

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Algunas de las encuestas más recientes corroboran el argumento planteado en este artículo. La más reciente de Clima Social dice que Arauz tiene 23% de intención del voto, igual a la medición de noviembre, y apenas superior a la medición de octubre. Así mismo, las cifras recién publicadas por Perfiles de Opinión muestran a Arauz en primer lugar con 26%. Por último, la encuesta del CELAG presentada en vivo coloca a Arauz en primer lugar con el 28% (lo cual es alto, pero absolutamente posible)  y estaría dentro del margen de lo consistente con mi argumento. CEDATOS es la excepción colocando a Arauz en segundo lugar con 13% en su última medición de noviembre. 

Más allá de sus virtudes y defectos como individuo, con estos obstáculos en el camino es difícil creer que Andrés Arauz va rumbo a ganar en primera vuelta. Con el período de campaña oficialmente en marcha, ciertamente podría crecer, pero, por ahora, la distancia al umbral para convertirse en Presidente el 7 de febrero es todavía muy amplia.