La reacción provocada por el anuncio de que el expresidente Rafael Correa sería candidato a la vicepresidencia, en binomio con Andrés Arauz, es muestra evidente de un público dividido entre “correísmo y  anticorreísmo”. Pero si bien la tan aceptada división entre las dos posturas aplica en buena medida a los representantes de la clase política, ¿qué sabemos de las preferencias de los ciudadanos que se definen como unos y otros? 

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Aunque en Ecuador las etiquetas e identidades políticas son cambiantes, el discurso de la polarización de la última década se ha referido a estos dos como si fueran grupos sociales bien definidos. Los correístas, dice intuitivamente este discurso, buscan mantener vigente el espíritu de la autoproclamada revolución ciudadana, mientras que los anticorreístas hacen lo posible por revertir la dirección marcada por el gobierno de Rafael Correa, y evitar el regreso de sus figuras al poder.

Cuando después de diez años de gobierno, Correa entregó la Presidencia del Ecuador a Lenín Moreno, se entendía que la polarización entre ambos bandos era uno de los mayores retos que Moreno tendría que enfrentar. Su promesa del “gobierno del diálogo” fue la respuesta. Cuatro años después, a inicios de una nueva campaña presidencial, la división entre correístas y anticorreístas se vuelve a activar como instrumento para definir posiciones.

Si la sociedad está efectivamente polarizada entre correístas y anticorreístas, tal como indica el discurso común, ¿cuánto, cómo y con respecto a qué están divididos estos grupos? Datos de opinión pública muestran que, en la sociedad, tal polarización no es enteramente clara.   

Usando datos del Barómetro de las Américas, la encuesta de opinión pública en América Latina dirigida por el Latin American Public Opinion Project, se pueden analizar las tendencias de opinión de los dos grupos entre 2008 y 2019. Se ha identificado a ambos grupos a partir de las variables disponibles en la encuesta. 

Para las cinco primeras rondas del Barómetro (entre 2008 y 2016), se define como correístas a quienes cumplen con las siguientes condiciones: votaron por Alianza País en las elecciones presidenciales realizadas anteriormente al año de la encuesta, expresaban simpatía con Alianza País, aprobaban la gestión del entonces Presidente y manifestaban la intención de votar por un candidato de Alianza País en las siguientes elecciones presidenciales. 


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Los anticorreístas fueron definidos en oposición a ese primer grupo. Los datos de la ronda 2019 fueron analizados de forma diferente porque esta ronda se recogió entre enero y marzo de ese año. Para ese entonces, Correa se había distanciado de Moreno. A fines de 2018, Correa anunciaba que los candidatos del correísmo participarían en las elecciones seccionales con el movimiento Fuerza Compromiso Social

Si bien es sensato asumir que los correístas votaron por Moreno en 2017, seguramente en 2019 ya no simpatizaban con Alianza País (que había quedado en manos de Moreno), ya no aprobaban la gestión del Presidente y ya no tenían intenciones de votar por un candidato de ese partido en las elecciones presidenciales de 2021. Aquí se puede ver los detalles metodológicos detrás de este análisis.

Los datos muestran que, en varios ámbitos, las opiniones de correístas y anticorreístas no son tan diferentes. En algunos casos, al contrario de polarizarse, sus opiniones se han vuelto parecidas.   

La tendencia en la percepción de la situación económica del país para unos y otros correspondía, efectivamente, con su simpatía con el gobierno, pero sólo hasta 2014. Es decir, los correístas tenían opiniones cada vez más positivas hasta este año, y los anticorreístas se mantenían con una evaluación negativa. 

Sin embargo, a partir de 2016, ambos grupos han expresado percepciones bastante peores sobre el estado de  la economía nacional comparada con el año anterior. En el 2019, coincidían en que la situación era considerablemente peor.

¿Cómo ven la situación económica del país?

Gráfico de Javier Rodríguez, adaptado para GK.

Las tendencias de ambos grupos en la percepción de la propia situación económica personal y del ingreso familiar son aún más parecidas. Entre 2008 y 2014, en términos generales, ambos grupos consideraban que su situación económica y su ingreso familiar eran iguales que antes (siendo los correístas ligeramente más positivos y sus rivales más negativos, pero ambos muy cercanos a la línea intermedia). 

A partir del 2016, las evaluaciones de los dos se volvieron más negativas. En 2019 coincidían en que su situación económica personal y su ingreso familiar eran decididamente peores que antes. Las opiniones al respecto no se han polarizado. Al contrario: se han vuelto similares.

correísmo y anticorreísmo

En 2019, correístas y anticorreístas coincidían en que su situación económica personal y su ingreso familiar eran decididamente peores que antes. Gráfico de Javier Rodríguez, adaptado para GK.

correísmo y anticorreísmo

Gráfico de Javier Rodríguez, adaptado para GK.

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Los datos muestran que tampoco parece haber existido polarización evidente en temas sociales o de derechos. La sociedad ecuatoriana, en su conjunto, se ha movido ligeramente en dirección progresista en estos ámbitos. Correístas y anticorreístas están ahora más inclinados a justificar el aborto en caso de que la salud de la madre esté en riesgo.

Sus posturas sobre el aborto

Ambos grupos, por igual, son ahora más favorables al matrimonio entre personas del mismo sexo si se los compara con la década anterior. Además, los dos expresan igual nivel de aprobación de la participación de personas homosexuales en cargos públicos durante todo el período.

Sus posturas sobre la posibilidad que personas homosexuales ocupen cargos públicos.

Los datos, aunque más limitados, tampoco muestran indicios importantes de polarización entre correístas y anticorreístas con respecto a temas ambientales o en sus preferencias por políticas de redistribución del ingreso. Ambos consideran al cambio climático como un problema serio y coinciden en que el Estado debe implementar políticas para reducir la desigualdad entre ricos y pobres ( aquí dejo los detalles sobre las tendencias de opinión en estos ámbitos).

En definitiva, los datos de opinión pública sugieren que las diferencias de opinión y percepción de estos dos grandes grupos son más pequeñas de lo que el discurso común haría suponer. ¿En qué ámbitos se diferencian los correístas de los anticorreístas entonces?  

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Como se esperaría, ninguno de los dos grupos es homogéneo en lo ideológico, pero su composición es distinta. La proporción de individuos que se autodefinen de izquierda es mayor en el grupo correísta. Quienes se ubican en el centro y a la derecha están mayormente en el anticorreísmo. La composición interna de ambos casi no ha variado en los últimos diez años.

¿Cómo se autodefinen ideologicamente los correístas y los anticorreístas?

La proporción de individuos que se autodefinen de izquierda es mayor en el grupo correísta. Gráfico de Javier Rodríguez, adaptado para GK.

¿Dónde se ubican, ideologicamente, quienes se consideran contrarios al correísmo?

¿Dónde se ubican, ideologicamente, quienes se consideran contrarios al correísmo? Gráfico de Javier Rodríguez, adaptado para GK.

Un análisis detallado muestra que el único ámbito donde se aprecian diferencias considerables entre ellos es en su nivel de confianza en las instituciones públicas. Aquí, para todas las instituciones, el patrón es el mismo: ambos mantenían más o menos el mismo nivel de confianza en 2008, luego, aumentaba paulatinamente a través de los años para los correístas y se mantenía en el mismo nivel o disminuía en los anticorreístas. En 2019, la brecha que iba creciendo volvió a cerrarse.

Este patrón se observa en la confianza en la Asamblea Nacional y en los partidos políticos. La confianza en ambas instituciones parte del mismo nivel en el 2008 y se polarizó entre 2008 y 2016. En 2019, cuando Correa ya no era presidente, la brecha en la confianza que iba aumentando, se volvió a cerrar. 

Confianza en la Asamblea Nacional de grupos afines y contrarios al correísmo.

Confianza en la Asamblea Nacional de grupos afines y contrarios al correísmo.

¿Hay diferencias en el grado de confianza en los partidos políticos entre un grupo y otro?

¿Hay diferencias en el grado de confianza en los partidos políticos entre un grupo y otro? Gráfico de Javier Rodríguez para GK.

Lo mismo se observa en la confianza en la Policía Nacional y en las Fuerzas Armadas. Era cada vez mayor entre los correístas hasta 2016, y en 2019 la brecha entre ambos vuelve a cerrarse.

Confianza en la Policía

confianza en las fuerzas armadas

El patrón es similar en la confianza en los tribunales de Justicia: el nivel se polariza entre 2008 y 2016, y la distancia entre ambos grupos desaparece en 2019.

Confianza en la justicia

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A pesar de que el discurso de la división es una herramienta poderosa en tiempos de campaña, los datos muestran escasa evidencia de polarización entre correístas y anticorreístas en varios ámbitos. 

Las diferencias más evidentes sólo aparecen en la confianza que ambos bandos expresan frente a las instituciones del Estado. Pero esto es casi redundante: parte de “ser correísta” es confiar en las instituciones del correísmo y parte de ser “anticorreísta” es desconfiar de la legitimidad de dichas instituciones. Las diferencias desaparecieron cuando Rafael Correa dejó el poder.

Estas tendencias pueden sugerir que las diferencias entre estos dos grupos no están enteramente basadas en sus percepciones de la economía, en sus opiniones sobre temas de derechos o en sus preferencias de política pública. 

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Por supuesto, esto es superficial. Sería mucho más informativo conocer las diferencias de ambos grupos sobre políticas específicas. Pero en la medida de lo que los datos disponibles permiten ver, queda la pregunta de si correístas y anticorreístas tienen orientaciones fundamentalmente diferentes, o si se distinguen sobre todo en sus preferencias por cierta estética y retórica.

Este artículo es una versión editada y resumida de un análisis más detallado, disponible en el blog del autor. Los detalles metodológicos detrás del análisis se encuentran disponibles aquí. El autor agradece por sus críticas y observaciones a Pablo Ospina, Simón Pachano, Paolo Moncagatta, Andrés Chiriboga y Daniel Bravo.