Quienes, en septiembre de 2020, celebraban la unidad de la derecha política ecuatoriana y sumaban los apoyos de sus dos fuerzas más importantes (CREO y el PSC) anticipando una cómoda ventaja sobre el resto de candidatos, ahora se preguntan por qué la alianza no ha dado los resultados esperados. Las encuestas colocan a Guillermo Lasso en un permanente segundo lugar por debajo de Andrés Arauz, el candidato del correísmo: 22% versus 17%, según Informe Confidencial, 23% versus 20%, según Clima SocialCEDATOS es la excepción con 18% para Lasso y 11% para Arauz

Al respecto hay mucho que especular. Sin duda, Lasso es un mal candidato: sus intentos forzados de acercarse al pueblo se estrellan con su falta de carisma, sus lapsus en público le obligan a disculparse, sus credenciales de banquero le pesan, sus posturas conservadoras incomodan, entre otras razones.

Pero además de las limitaciones específicas del candidato como individuo, Lasso se enfrenta a tres barreras estructurales difíciles de vencer.

Primero, hasta ahora no ha podido captar la mayoría del voto en territorios determinantes. El voto fuerte por Guillermo Lasso no está en las provincias o cantones que contribuyen con la mayoría de votos. Al contrario, algunas de esas provincias y cantones siempre han sido, o se han convertido, en bastiones del correísmo. 

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El correísmo ganó las presidenciales de 2017 con un margen mucho más estrecho que en elecciones anteriores. Moreno recibió muchos menos votos que Correa en 2013, pero el retroceso no fue uniforme en todo el país. El correísmo perdió apoyo sustancialmente en toda la Sierra y la Amazonía, pero el apoyo que recibió en la Costa se mantuvo o aumentó considerablemente.

Porcentaje del voto por Alianza País en 2013.
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Porcentaje del voto por Alianza País en 2013.

El techo de cristal de Guillermo Lasso en las elecciones de 2021.

El techo de Guillermo Lasso en las elecciones de 2021.

El mejor rendimiento electoral de Moreno fue en Manabí (los electores manabitas votaron en primera vuelta 54% por Moreno y 18% por Lasso). Los votos también fueron mayoritarios y los márgenes amplios en Guayas (39% vs 21%) y Los Ríos (44% vs 20%). Manabí, Guayas y Los Ríos, junto a Pichincha y Azuay, conforman el grupo de cinco provincias que concentran el mayor número de electores. Combinadas, estas provincias representaron el 63% de los votos válidos registrados en 2017. 

¿Cuál es el panorama para Lasso en Azuay y Pichincha, dos importantes provincias de la Sierra?

Azuay ha sido un bastión del correísmo desde la primera campaña de Rafael Correa. En Cuenca, su ciudad más grande, a pesar de que el voto para Lasso aumentó significativamente entre 2013 y 2017 (15 puntos porcentuales), Moreno todavía obtuvo una ventaja considerable en primera vuelta (43% vs 33%). 

Diferencia del voto por Lasso entre 2013 y 2017.

Diferencia del voto por Lasso entre 2013 y 2017.

Pichincha, por otro lado, es la única provincia efectivamente competitiva para Lasso. En la primera vuelta de 2017, Moreno quedó primero con una diferencia de apenas 5 puntos porcentuales (37% vs 32%). En Quito, el cantón de mayor número de electores en el país, el voto para Lasso aumentó en 8 puntos porcentuales entre 2013 y 2017, y la ventaja de Moreno sobre Lasso fue precisamente 5 puntos (37% vs 32%). El mejor desempeño de Lasso en 2017 (y donde más aumentó su apoyo entre su primer y su segundo intento por la presidencia) fue precisamente en los territorios donde el correísmo retrocedió: la Sierra (especialmente centro y sur) y la Amazonía. Pero a pesar de tener estos territorios de su lado, Lasso simplemente no suma suficientes votos.

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Si Lasso por sí solo no ha podido conquistar el voto mayoritario en los territorios estratégicos, lo que la derecha esperaba es que la alianza con el PSC sea el vehículo que le permita hacerlo. Pero esa es la segunda barrera estructural, y es que, segundo, el PSC no es un gran aliado electoral.

Si bien la clase política interpreta la alianza CREO-PSC como la unión de los dos actores más importantes de la derecha, la forma como los electores perciben esta alianza es diferente. No es fácil estimar si un candidato de CREO es una opción aceptable para un elector socialcristiano, pero hay indicios para suponer que el PSC y CREO tienen electorados distintos y sus candidaturas no son intercambiables. Es decir, los votos del PSC no necesariamente van a CREO, y viceversa.

Comparación de votos entre Guillermo Lasso y Cynthia Viteri en las elecciones de 2017.

Comparación de votos entre Guillermo Lasso y Cynthia Viteri en las elecciones de 2017.

En las elecciones presidenciales de 2017, las parroquias donde a Lasso (CREO) le fue mejor fueron aquellas donde a Cynthia Viteri (PSC) le fue peor, y viceversa. Los datos agregados parecen sugerir que en la última contienda presidencial los candidatos fueron opciones mutuamente excluyentes. Por tanto, no se puede asumir necesariamente que los votos que habrían ido a Jaime Nebot ahora irán a Guillermo Lasso.

Independiente de esto, parte del cálculo de la derecha era que el PSC sea la pieza clave de Lasso para conquistar las localidades de las provincias de Guayas, Manabí y Los Ríos que son los actuales bastiones del correísmo. Después de todo, el PSC reafirmó su influencia local al ganar varias alcaldías en estas provincias en 2019. Esto sin duda es una posibilidad, pero la relación entre lo local y lo nacional en elecciones es compleja. Un ejemplo ayuda a ilustrar el embrollo.

La participación de Fuerza Compromiso Social (FCS) en las seccionales del 2019 fue un indicador de la vigencia del correísmo en varios cantones. La candidata a alcalde que tuvo la mejor participación de todas las contiendas en las que FCS participó fue Alexandra Arce, quien quedó segunda en Durán, alcanzando el 24% de los votos del cantón. Fue superada solamente por el candidato del socialcristianismo, Dalton Narváez, quien ganó la elección con 34% de los votos. Dos años antes, Durán votó abrumadoramente por Lenín Moreno: superó a Lasso con un amplio margen de 26 puntos (43% vs 17%). 

¿Puede entonces Lasso contar con Durán en su lista de territorios de influencia del PSC que le brindarán su apoyo por efecto de la alianza pactada? 

Muy difícilmente. En los últimos diez años, los electores que han elegido administraciones socialcristianas para sus alcaldías y han otorgado sus votos mayoritariamente al correísmo para la presidencia, han sido precisamente los de varios cantones de Guayas, Manabí y Los Ríos. El buen desempeño de Fuerza Compromiso Social en varias de estas localidades es una muestra adicional de la vigencia del correísmo en esos territorios.

Tercero, a diferencia de 2017, Lasso no puede capitalizar el voto inconforme con el gobierno.

Cuando Guillermo Lasso se postuló a la presidencia en 2017, representaba una auténtica alternativa a diez años de administración correísta, en un momento en que los votantes estaban muy inconformes con el estado de la economía ecuatoriana. Hay evidencia para creer que la evaluación de la economía que hacían muchos partidarios del presidente Correa era positiva, pero esta tendencia cambió en 2016.

correísmo y anticorreísmo

A partir de ese año, tanto correístas como sus contrarios empezaron a coincidir en la opinión de que “la situación estaba peor que antes”. La tendencia es similar para la valoración de la situación del país, de la situación económica familiar y de la situación personal. Esto representó una oportunidad para el candidato de CREO para aglutinar el voto de los anticorreístas de diferentes preferencias y de quienes habían votado antes por Correa, pero para 2017 estaban inconformes y preferían una opción distinta.

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Transcurridos más de tres años de gobierno de Lenín Moreno, Lasso no puede jugar la misma carta. La percepción, reiterada varias veces por varios de los candidatos actuales, es que Lasso ha cogobernado con Moreno, y que el actual gobierno ha sido funcional a la banca y a las élites empresariales. Lasso es percibido como corresponsable de la complicada situación actual. Yaku Pérez o Álvaro Noboa tienen ahora el aura de outsider del que Lasso carece y que no puede recuperar. Su apoyo podría aumentar, especialmente en Quito. Pero sus posibilidades son más inciertas en los demás territorios. Su potencial para crecer parece depender menos de sus propios méritos y más de la debilidad o desconfianza que Arauz genera en los electores de las zonas donde el correísmo es fuerte.