Cuando el Ecuador entró en aislamiento, su economía entró en cuidados intensivos. El sábado 25 de abril de 2020 se cumplieron 40 días de la emergencia sanitaria por el covid-19. En ese tiempo, el país pasó de tener 58 casos confirmados a más de 23 mil, y a tener una de las tasas de mortalidad por esta enfermedad más alta de la región. El panorama sanitario, social y económico local no es el mismo que a principios de marzo, cuando se hablaba de supuestos escenarios económicos para un país que ya estaba en crisis. Hoy, la situación es aún peor —mucho peor— de lo que ya era. Es probable que al Ecuador le tome años recuperarse. 

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Cuarenta días es un periodo históricamente importante. Los cristianos se preparan 40 días días para su fiesta de resurrección, otros creen que en la antigüedad los astrónomos usaban un ciclo de 40 días para reconocer casi perfectamente cada año solar. Desde la peste negra ha representado el número de días que las personas expuestas a enfermedades contagiosas deben permanecer aisladas del resto. Seis siglos más tarde, ha sido una medida esencial para contener el contagio de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus.

Con más de 3 millones de personas contagiadas a nivel mundial y solo 15 países que todavía no han reportado casos, el covid-19 congeló las dinámicas económicas internas y externas de buena parte del planeta.  Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la  pandemia  —y  las  medidas  para  frenarla—  han  tenido  un  doble  efecto:  cayó la  demanda y se  redujo  la  producción  de varios sectores Esto implica poner en riesgo al sistema financiero, que más empresas que quiebren y, por ende, que haya menos empleo.  

El golpe económico será tan masivo y global como el sanitario. Se espera que el comercio mundial caiga entre 13% y 32% en 2020. “Habrá un incremento paulatino en las exportaciones ecuatorianas”, dice el economista Pablo Lucio Paredes. Explica que es probable que los mercados internacionales se vayan recuperando poco a poco, cuando los países pasen el pico del brote. 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que este año la economía mundial se podría contraer en un 1% —en vez de crecer un 2.5%, como estaba previsto. Otros creen que puede ser peor. Fitch Ratings, empresa de análisis de mercado, dice que la contracción sería del 3.9% solo en 2020 y JP Morgan, empresa de servicios financieros, predice un 12%. Lo ONU hizo sus predicciones advirtiendo que puede contraerse aún más si las restricciones de las actividades económicas se extienden sin tener las respuestas fiscales adecuadas.

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El Ecuador será uno de los países más afectados. Su cadena de producción de exportaciones sigue activa, pero por el contexto global, hay menos demanda de nuestros productos, explica Pedro Romero, experto en desarrollo económico. Las ganancias de las exportaciones de camarón son un 6% menores en marzo de 2020 que en el mismo mes del año anterior. El 20 de abril, el barril de petróleo, otro de nuestros productos estrella, llegó a sus precios más bajos de la historia. Que esto haya sucedido implica, según el presidente Lenín Moreno, que el país “enfrenta el momento más crítico de su historia”. 

La gravedad se profundiza porque el Ecuador arrastraba ya varios problemas, especialmente desde que a finales de 2014 el precio de petróleo comenzó a bajar sostenidamente. El Ministro de Finanzas, Richard Martínez, dijo el 12 de abril que la economía ecuatoriana tenía cinco graves restricciones: no tiene espacio fiscal, ahorros públicos, ni reservas internacionales suficientes, no hay acceso a los mercados internacionales y no puede expandir el crédito si no recibe dólares externos.

Ecuador no estaba —y sigue sin estar— preparado para dar una respuesta adecuada. “No tenemos capacidad fiscal para reaccionar en estos momentos” dice Pedro Romero. El ministro Martínez ya lo admitió. Dijo que el limitado espacio para gasto fiscal es una de las cinco grandes restricciones que tiene el país para enfrentar la crisis. Eso nos lleva, según Romero, a los escenarios actuales en los que el gobierno planea ayudar, pero primero pide pagar impuestos o “contribuciones humanitarias” que saldrán de los bolsillos de personas y empresas. 

Para capear la crisis, el gobierno propuso la Ley Orgánica de Apoyo Humanitario que incluye la creación de una cuenta de asistencia humanitaria que se alimentaría de aportes de varias fuentes, entre ellas, las ‘contribuciones humanitarias’ diseñadas para dar asistencia humanitaria e “impulsar a la economía durante esta emergencia sanitaria”. La economista Mónica Rojas, experta en desarrollo económico y comercio internacional, dice que las políticas de redistribución son correctas, pero el momento en el que se están haciendo, no. “Lo que necesitas ahora es que las empresas empiecen a producir, pero no van a producir si no hay demanda y las personas no van a demandar si no hay recursos” dice. Ecuador, según Rojas, está proponiendo “un sistema de impuestos, aunque los llames solidarios o no”.

Todo ciclo económico tiene periodos de crecimiento y de recesión. El Banco Mundial recomienda establecer políticas contracíclicas para controlar las recesiones o sostener el crecimiento. Eso quiere decir que durante los periodos de abundancia se apliquen políticas más restrictivas para ahorrar y prepararse para la recesión. Durante su abundancia, Ecuador no lo hizo, pero “hablar del pasado no tiene mucho sentido, porque no lo hicimos y ahora no lo tenemos”, dice la economista Rojas. 

Durante periodos críticos los críticos — como el que estamos viviendo—, en cambio, se recomienda que apliquen políticas para estimular la economía: reducir tributos, promover la creación de empleo o subir los salarios. Rojas explica que lo más importante es entregar recursos a los consumidores para que puedan demandar y así las empresas puedan producir. “El problema es que para poder financiar esa expansión los países o sacan de sus ahorros, o se endeudan o emiten moneda. Cosas que no podemos hacer”, dice la economista. 

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¿Por qué? Porque crear capacidad de gasto en las familias, las empresas y el mismo Estado durante una crisis en un país sin ahorros (otro de los cinco problemas mencionados por Martínez) es complejo. “El gobierno está proponiendo aumentar contribuciones a las familias que con ese dinero pueden gastar y consumir, y a las empresas que necesitan producir, invertir y generar empleo” dice Rojas. El Estado no tendrá de dónde gastar, las empresas están reduciendo salarios y recortando personal, y las familias se están quedando sin empleo, con menos ingresos y con pocos ahorro. Según Rojas, nos seguimos alejando de las políticas contracíclicas que reducirían el impacto de la crisis en el país. 

En los primeros cuarenta días de la emergencia sanitaria, el gobierno también presentó a la Asamblea el proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento de las Finanzas Públicas que propone la compra de un seguro petrolero. De haberlo tenido antes, estaríamos protegidos contra la caída del precio del barril que probablemente durará todo mayo. Aunque los dos proyectos son de “carácter económico urgente” y deben ser tratados en 30 días desde su calificación, estamos muchos años tarde para propuestas como estas. “Fue irresponsable no hacerlo antes, pero no podemos dar la vuelta atrás”, dice la economista Mónica Rojas. 

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La dificultad para enfrentar las consecuencias económicas de la pandemia es un problema regional. Según el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina y el Caribe tiene una situación fiscal mucho más débil para responder a esta crisis que a la recesión del 2008 y 2009. En ningún país de la región “se podrán dar aumentos  de  gasto  cercanos  a  los  que  se  están  dando  en  los  países  más  ricos  del  mundo”, dice el informe.

Durante la crisis de la década pasada, la región pudo responder a la crisis internacional con un incremento del gasto fiscal promedio de 3% del Producto Interno Bruto (PIB) porque los niveles de deuda de esa época eran menores a los actuales. En esos 12 años, la deuda pública promedio de la región subió del 40% del PIB al 62%. La ecuatoriana pasó del 24% del PIB a un 49%. El BID dice que con los niveles de deuda actuales, la capacidad de respuesta de América Latina a esta nueva crisis sería la mitad de la que tuvo en 2008: 1.5% del PIB. 

También se ha comparado la actual crisis ecuatoriana con la de 1999. El ministro Richard Martínez dijo que hay diferencias positivas y negativas entre los dos escenarios. Por un lado, ahora “tenemos un sistema financiero muy sólido”, dijo Martínez. El economista Pedro Romero explica es un sistema “sano” sin problemas graves de liquidez, inflación o devaluación de la moneda.

Por otro lado, el covid-19 ha creado un escenario macroeconómico global en el que “no solo está parado el Ecuador, está parado el mundo”, dijo Martínez. Un síntoma positivo, según el economista Romero, es que estamos recibiendo ayuda internacional. Romero dice que “sería peor si otros países y organismos no estarían en capacidad de dar esos créditos”. 

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El covid-19 provocó una crisis que el mundo no había enfrentado antes. El BID dice que será  necesario actualizar la respuesta tomando en cuenta la evolución de cada realidad. Lo que el país necesitaba el 12 de marzo no es lo mismo que necesita 40 días después, ni será lo que Ecuador necesitará en los próximos 40. Por eso, el BID dice que para sobrevivir a la crisis económica del covid-19 “es indispensable ser pragmático, flexible, y ajustarse  a  una  realidad  cambiante”, pero aclara que — para solucionar  la  crisis  actual —  no  hay  una  receta  perfecta.