La Colón, como se conoce a la avenida Colón de Quito, es frontera, conexión y memoria.

¿Por qué regresar a la Colón?

En la gran avenida quiteña que corre de este a oeste se condensan fronteras, saltos arquitectónicos y recuerdos felices.

Hace unas semanas regresé a vivir con mi papá. Una noche, tomando café, le pregunté “¿por qué regresaste a la Colón?”. La Colón es la avenida Cristóbal Colón, que corre aproximadamente 2.2 kilómetros de este a oeste en Quito, y en algún punto de inicios del siglo XX fue una frontera de la ciudad. A mediados de ese mismo siglo, cuando se bajó a tierra el plan de ordenamiento urbano del arquitecto Guillermo Jones Odriozola, la avenida se convirtió en uno de los más útiles y fluidos puntos de contacto entre el oriente y occidente quiteños. Desde entonces, es esencial para la movilidad de esta ciudad.

El edificio Artigas, obra del gran arquitecto Milton Barragán
Brutalismo puro
av. Colón, temprano en la mañana
Pocas son las casas bajas en esta avenida, pero no menos llamativas
Colón Camal, una de ls rutas que circula en esta gran avenida quiteña

Mi abuela Martha y mi papá vivieron en la Colón. Los fines de semana los visitábamos. Daniela, mi hermana, recuerda a mi abuela abriendo la puerta de su departamento de la Colón y, entre una nube de humo de cigarrillo, ver la silueta de mi abuela que minutos después le estamparía una montaña de besos. Daniela, como buena guagua, se los restregaba del cachete. “¿Por qué te limpias los besos de tu abuela, guambra?”, le decía mi abuela. Hay puertas, calles y edificios que son también artefactos afectivos. La Colón lo es: permite ver el momento en que Quito dejó de caber en su casco colonial y empezó a expandirse hacia el norte. Surgió con el crecimiento de La Mariscal, promovida como “ciudad jardín”. “La Colón fue un poco la primera especie de límite de la ciudad”, explica el urbanista John Dunn. La Colón es: papas, helados, torres, plaza —todo material e inmaterial cabe en la Colón. Hasta los recuerdos familiares.

Un teseracto arquitectónico
El Pichincha decora
AV. COLON 16 De 19 Scaled

Mi tío Papindo, Arturo y —no estoy segura— mi tío Pocho, pasaron temporadas enteras en casa de mi abuela Martita. La Colón es punto de encuentro: cálida y citadina. En los tempranos 1900 por allí pasaba una línea del tranvía que conectaba el barrio de moda, la Mariscal, con el muy distinto centro histórico. Un siglo más tarde, la Colón hace redondelas en la Plaza Artigas y desemboca en las faldas del Pichincha, en el Seminario Mayor. La cruzan autos, buses, peatones y hasta bicicletas. Con la llegada de la modernidad a Quito, la ciudad se elevó. La avenida fue un laboratorio arquitectónico donde coincidieron arquitectos como Diego Ponce (que diseñó las icónicas Torres de Almagro), Milton Barragán (que nos regaló el edificio Artigas) y Ovidio Wappenstein (que ideó el edificio Paco), que empezaron a experimentar con hormigón visto, vidrio y ladrillo en edificios que buscaban expresar una nueva modernidad urbana.

AV. COLON 10 De 19 Scaled

Todos los primos nos encontrábamos en ese departamento con mi abuela, y jugábamos, comíamos y hacíamos todas las cosas que los nietos tienen permiso de hacer en la casa de su abuela. Más que una calle, la Colón es una pieza de infraestructura que permitió que Quito creciera sin romperse. Una línea que fue borde físico y bisagra urbanística. “Tomen en cuenta que durante muchísimo tiempo el antiguo edificio del Banco La Previsora, en el centro histórico, fue el edificio más alto de la ciudad”, dice el urbanista Dunn. Tenía ocho pisos. La llegada de las grandes torres de la Mariscal que señoreaban la avenida Colón debe haberse sentido como la llegada de una flotilla extraterrestre con la que los niños siempre fantasean. La Colón no solo importa para mi papá, importa para la ciudad.

AV. COLON 17 De 19 Scaled
Grandes arquitectos del siglo XX dejaron su marca en la avenida Cristóbal Colón
Hija del plan de Guillermo Jones Odriozola, conecta la ceja de los valles con el Pichincha
Detalle del edificio Salazar
Formas que desafiaban la premodernidad

Mi abuelita vivió en la Colón hasta los 76  años y mi papá se quedó en ese departamento. Muchos años después, decidió salir del barrio porque asesinaron a uno de sus vecinos. Un “crimen pasional” dijo la Policía, una escena digna de una película de Tarantino. Nos fuimos a vivir apartados de la ciudad. “Tuvo un momento de fulgor”, dice John Dunn. Aún así, la avenida sigue viva, llena de gente que la recorre de este a oeste, presumiendo sus fachadas, sosteniendo pequeñas tiendas en los portales de sus majestuosos edificios donde uno puede entrar, comprar un agua y esperar que se ponga al clima sentado en unas sillas que tienen cara de haber sido hechas en 1970. 

En los bajos de las icónicas Torres de Almagro, una mujer espera
Formas e intersticios
El cielo de Quito
Los grandes edificios

¿Por qué regresar a la Colón? ¿Por qué esta avenida de edificios grandes y robustos que une el Pichincha con la cornisa a los valles, es tan importante no sólo para mi papá, o para mí, sino para Quito? A pesar de todos los cambios que ha vivido, la avenida continúa siendo esencial para la ciudad. “Quizás lo que le hace falta a la ciudad serían más avenidas Colón”, dice John Dunn. Quizá lo que hace falta es que más gente regrese a la Colón, aunque la pregunta de por qué quede abierta, y sea vivir la Colón lo que la vaya contestando. O mejor le preguntamos a mi papá, cuando lo volvamos a encontrar cruzando la calle, mientras hacemos un ensayo, en la Colón.  

El Quintalazo, color potente en una esquina
AV. COLON 18 De 19 Scaled
La avenida corre de este a oeste en Quito
Nicole Moscoso Vergara Jose Maria Leon Cabrera
Nicole Moscoso Vergara y José María León Cabrera
Nicole es la directora audiovisual de GK, y José María, el CEO y director creativo de GK. Juntos desarrollan el proyecto de ensayos fotográficos de GK.

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