Entre risas, Felipe Briones —alto, delgado y risueño— cuenta que cuando visitó la plantación de cacao de un amigo, lo recibieron con un vaso de chicha casera. La botella en la que había sido envasada la bebida tenía una etiqueta roja con un símbolo de calavera y dos huesos que formaban una equis. “Aunque vimos la advertencia, nos tomamos, porque nos daba vergüenza no recibir el gesto”, dice Briones. Su anécdota, aunque la toma con humor, es un ejemplo del mal manejo de los envases de agroquímicos y plaguicidas que solían tener los productores de las parroquias Roberto Astudillo, en Milagro, y Seis de Julio, en Naranjal, ambas en la provincia del Guayas.

Como la historia de Briones hay muchas y distintas pero todas incluyen el uso incorrecto de los envases de agroquímicos: los reutilizaban desde para remojar y fermentar alimentos hasta para recolectar agua de lluvia. El programa técnico de ProducerPlus —una fundación que acompaña, verifica y gestiona procesos agrícolas— detectó que las malas prácticas con agroquímicos más comunes son la quema y el entierro de los recipientes, botar los envases al río, no usar guantes o mascarilla para aplicar agroquímicos, y el uso de plaguicidas que hoy están prohibidos, pero que antes eran de uso libre.
Botellas plásticas de gaseosas, energizantes, desinfectantes, alcohol y otros están apiladas a la entrada de parcelas de cacao de Milagro y Naranjal. “En el campo nada se desperdicia”, dice el pequeño productor Máximo Carchi, para explicar por qué apilan las botellas plásticas, que luego son recicladas. Carchi dice que con las capacitaciones de ProducerPlus como en manejo de agroquímicos, manejo de desechos, manejo integrado de plagas y control de malezas, hoy aplican los protocolos para no poner en riesgo su salud.

Las pepas de cacao se colocan en un balde que sí es apto para contener el fruto. Fotografía de Diego Lucero para GK.
“Con el triple lavado y perforado hemos logrado que la comunidad ya no reutilice los envases de agroquímicos”, dice Briones, productor y dueño de una finca de cacao de una hectárea. Resalta que con la gestión de ProducerPlus incluso han logrado devolver los envases a las empresas de agroquímicos. La ley obliga a las empresas a recogerlos y no siempre lo hacen.
Este programa funciona en seis provincias —Guayas, Los Ríos, Manabí, Cañar, Santa Elena y Bolívar— donde más de 11 mil productores producen cacao con enfoque sostenible y trazable, cada vez más reconocido en mercados diferenciados.
En conjunto, ellos sostienen una producción que supera las 33 mil toneladas métricas al año. Individualmente productores como Briones generan en promedio cerca de 3 toneladas anuales, en fincas que rinden alrededor de 0,85 toneladas por hectárea. Pero este volúmen de producción no se sostiene solo, depende directamente de la salud de quienes trabajan la tierra. Sin prácticas seguras en el manejo de agroquímicos, no solo se pone en riesgo la vida del productor, sino también los estándares medioambientales, la continuidad y calidad del cultivo exigidos por el mercado actual.
Por eso, ProducerPlus impulsa acciones centradas en el ser humano que van más allá de lo productivo. La organización reconoce que no puede haber cacao trazable y responsable, sin condiciones de vida dignas, e interviene en cuatro pilares en las zonas agrícolas del país: salud, educación, medio ambiente y comunidad.

Con la motoguadaña, los productores de cacao redujeron el riesgo que los agroquímicos implicaban en su salud. Fotografía de Diego Lucero para GK.
Así, el productor no solo mejora su producción a través del Plan de Desarrollo de finca, sino que protege su salud, fortalece su comunidad y asegura la sostenibilidad del sistema en su conjunto.
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Las hileras de cacao parecen pentagramas. No es coincidencia, es cálculo. La geometría aplicada a la agronomía hace que cada hectárea rinda más. Los cacaoteros llaman a la técnica “cuatro vientos”. Es un diseño que permite la circulación del aire y complementada con técnicas de amarres forman senderos perfectos que permiten controlar la maleza y recorrer las plantaciones.
Beatriz Carchi —tercera generación cacaotera y guía turística certificada— recorre su parcela de cacao y cuenta que antes cosechaba cada quince o veinte días y no regresaba a la finca hasta la siguiente jornada de cosecha. Ahora ProducerPlus le ha recordado que el cultivo exige presencia constante: recorre su parcela a diario y se anticipa a las plagas. “Es como la casa”, dice. “Hay que ir todos los días a barrerla, cuidarla.”
Hoy, en la comunidad Seis de Julio y Roberto Astudillo, cortan la maleza entre las hileras con una motoguadaña comprada con el 10% de descuento, como parte de los beneficios de ser un productor de ProducerPlus. Esta máquina tiene un motor y se abrocha como un arnés en la espalda de los agricultores; para reducir el impacto físico, tiene un manubrio y es operada para cortar la maleza con un hilo naylon.
Desde hace tres años ya no usan glifosato, un agroquímico que elimina la maleza para que no robe nutrientes al cultivo principal. Cuando lo aplicaban, lo hacían sin el equipo de protección personal como trajes impermeables, guantes de nitrilo, mascarillas, lentes y botas.
Este cambio, de los agroquímicos a la motoguadaña, no es menor: reduce la exposición directa a un herbicida cuyo riesgo, según la International Agency for Research on Cancer, ha sido catalogado como “probablemente carcinogénico” en contextos de exposición en actividades agrícolas, especialmente cuando no se utilizan equipos de protección.

La motoguadaña reemplazó el uso de agroquímicos en las fincas de Guayas que ProducerPlus acompaña con su programa de apoyo a los productores. Fotografía de Diego Lucero para GK.
Años antes de dejar los agroquímicos, Beatriz Carchi intentó formar una familia. Los exámenes médicos le dieron una respuesta inesperada: no podía quedar embarazada. Nunca fumigó directamente, pero durante años trabajó en fincas donde los pesticidas eran parte de la rutina —cosechando cacao, sembrando maíz, caminando entre cultivos de plátano recién tratados. No fue la única. Sus cuatro hermanos tampoco pudieron tener hijos.
Esa experiencia marcó un quiebre: migraron hacia una producción más orgánica, no solo por su salud, sino también para ofrecer a los consumidores un producto más seguro. Así, el uso de la motoguadaña marcó un giro en el manejo de la finca: hoy intervienen de forma más responsable, controlada y con visitas constantes.
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Recorrer la finca con Beatriz Carchi es una experiencia sensorial completa. Mientras da pequeños saltos sobre un hormiguero entre los senderos de la plantación dice “el suelo en la finca está vivo” y pide que miremos la diversidad del suelo. De la tierra salen hormigas de hasta cinco centímetros, otras avanzan entre la hojarasca cargando pétalos que duplican su tamaño. Ella nota que han vuelto varios insectos.
Antes, el uso de glifosato no hacía distinciones: arrasaba con la maleza, pero también con insectos, anfibios y pequeños reptiles afectando la biodiversidad del suelo y en algunos casos comprometiendo la calidad del agua que atraviesa la finca, por canales o sistemas de riego.
Freddy Magdama, consultor de ProducerPlus, explica que la fundación se distancia de las certificaciones tradicionales para la producción de cacao: no se queda en la trazabilidad del fruto, sino que pone el foco en que la finca funcione y la vida del productor sea sostenible.

Los productores saben que las hormigas y otros insectos son parte de su finca que está viva. Fotografía de Diego Lucero para GK.
En la práctica, eso se traduce en cambios concretos: capacitaciones continuas en manejo de plagas y uso responsable de insumos, talleres para aprender a observar la finca como un sistema vivo –desde las especies que aparecen hasta cómo responde el suelo– para ajustar decisiones sobre la marcha. También implica tejer redes: trabajar con ingenieros agrónomos, tomadores de decisión y asociaciones agrícolas que permitan sostener esos cambios en el tiempo.
Para brindar diferentes beneficios al pequeño productor agrícola el programa de ProducerPlus creó una tarjeta de membresía llamada P+. Con ella, los pequeños productores reciben beneficios como descuentos en insumos, acceso a convenios con empresas de riego, fertilizantes, ferreterías y hasta acceso a créditos con requisitos mínimos. Un productor con lotes grandes consigue fácilmente descuentos por volúmen, pero los pequeños productores, no. Con la tarjeta han mejorado su poder de negociación.

El cacao que se produce en las fincas que ProducerPlus acompaña cumple los estándares sociales y ambientales que les permiten a los productores negociar mejor. Fotografía de Diego Lucero para GK.
También incluye beneficios con cadenas de farmacias como Fybeca y Sana Sana donde las familias agricultoras obtienen descuentos en productos de salud, belleza, cuidado personal, infantil, nutrición y hogar.
ProducerPlus entiende que la sostenibilidad no empieza en la finca, sino en productores como Beatriz Carchi, Felipe Briones y su familia. Por eso, con los recursos y alianzas, impulsan jornadas de salud dirigidas a productores y sus familias, las desarrollan en centros de acopio de cacao. Lo hacen sobre todo en territorios donde el acceso a servicios médicos suele ser limitado y donde la salud impacta directamente en la continuidad del trabajo agrícola.
Para lograrlo, ProducerPlus tiene una herramienta llamada Perfil de Productor, un formulario claro, colorido y fácil de leer. Sin visitar la finca, este documento devela condiciones de vida, no solo datos productivos. Registra desde distancias a centros de salud y acceso a servicios, hasta prácticas agrícolas y uso de protección en el trabajo. En él se incluyen también datos que otras certificaciones suelen pasar por alto: productores sin hijos registrados, centros de salud a varios kilómetros y con limitaciones, y una constante preocupante: la ausencia de equipos de protección al aplicar agroquímicos.

Dejar de haber usado agroquímicos en la finca permite preservar la fauna, como las ranas, hormigas y otros insectos. Fotografía de Diego Lucero para GK.
Más que cifras, estos perfiles permiten entender en qué condiciones se produce el cacao y qué riesgos acompañan ese trabajo día a día.
Según Pablo Noboa, presidente de la fundación de ProducerPlus, el corazón del programa parte de una idea clara: “el productor está en el centro del sistema; cuando la familia está bien, el cacao también”. Desde ahí, buscan fortalecer el tejido social y la sostenibilidad del sistema en su conjunto, promoviendo una cultura ambiental vinculada a lo social, mediante programas de formación orientados a la erradicación del trabajo infantil, el respeto de los derechos humanos y el fortalecimiento de la asociatividad y el trabajo colectivo.
Estas prácticas no solo responden a necesidades locales, sino también a las exigencias del mercado europeo, que requiere que los productos cumplan la legislación del país de origen, incluidas las condiciones laborales y los derechos básicos en la producción.
La plantación de Teresa Mendoza, de 56 años, tiene tres hectáreas y está en la parroquia Seis de Julio, en Naranjal. Según Noboa, es de las pocas mujeres que utilizan una herramienta tan pesada como la motoguadaña para quitar la maleza de la finca o “rozar”, como ella dice. “Yo misma vengo a tumbar y a rozar. Cuando se me pasa mucho busco a dos o tres, pagándoles su jornal”.
En ese gesto –el de cambiar el agroquímico por el esfuerzo propio– se condensa lo que el programa de ProducerPlus sostiene: una forma distinta de trabajar la tierra, donde la productividad no se construye a costa del cuerpo. Porque al final, más allá de los datos o las certificaciones, lo que está en juego no es solo el cacao, sino la vida que lo produce.
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