José Peralta tiene 64 años y, en un cuaderno pequeño, toma notas con atención. Cuando el maestro de ceremonia hace una pausa, José —mediano y de voz gruesa— interviene con la seguridad que le dan las capacitaciones que ha tenido y los certificados de su finca que está a punto de recibir. “Vamos a vender nuestro cacao a un mejor precio”, dice el pequeño productor, frente a sus compañeros. Hoy, una calurosa mañana de febrero de 2026, José recibirá cuatro documentos que le permitirán ser más competitivo: un perfil de productor, un polígono georreferenciado, un mapa de análisis de deforestación y una ficha técnica de producción.


José Peralta y otros 40 productores agrícolas en la ceremonia de graduación, organizada por ProducerPlus, la Consultora Agrícola y Ambiental (Ceragric) y la Asociación de Producción Agropecuaria Cargo (Asoprocargo). Fotografía de Diego Lucero.
Estos papeles le permitirán cumplir varios requisitos del Reglamento de deforestación de la Unión Europea que, en otras palabras, harán que les paguen más por su producto. Logró tener estos documentos gracias a la fundación ProducerPlus, que recolectó y organizó información de su finca y su familia: cuánto cultiva, cuánto gana, cómo controla las plagas, cuándo son las mejores épocas de producción, entre otros datos.
José Peralta y otros 40 pequeños productores de cacao están en una ceremonia de graduación, organizada por ProducerPlus, la Consultora Agrícola y Ambiental (Ceragric) y la Asociación de Producción Agropecuaria Cargo (Asoprocargo). Es un evento simbólico en el que los agricultores —vestidos con togas y birretes— recibirán los certificados legales, y así terminarán un proceso de capacitaciones técnicas para estar más cerca del mercado europeo.
Para exportar productos a la Unión Europea, desde junio de 2026, será indispensable para los pequeños productores que demuestren que su cultivo no está vinculado a la deforestación luego del año 2020. Lo deben hacer a través de un mapa de análisis de deforestación que cuantifica y visualiza la pérdida de cobertura forestal en un área y periodo determinados.

Ingeniero agrónomo de la Consultora Agrícola y Ambiental (Ceragric) presenta la ficha técnica del productor en la ceremonia de graduación de productores del recinto Roberto Astudillo. Fotografía de Diego Lucero.
Una plantación se considera en riesgo cuando colinda con bosque nativo, áreas protegidas o fronteras agrícolas activas. La normativa europea no admitirá excepciones y, si la finca está dentro del rango de riesgo, deberá justificarlo. Cómo hacer este proceso es parte de los entrenamientos agrícolas que reciben los pequeños productores que hoy serán reconocidos.
En el patio de concreto, bajo carpas azules, Martha Cárdenas recibe su toga y birrete. La acompañan sus dos hijos de seis y ocho años, a quienes los vecinos llaman “los terremotos”. Para evitar distracciones, uno se sienta dos asientos más allá de su mamá y el otro, dos filas más atrás. Sus piernas no dejan de moverse, pero permanecen atentos. Marthita, como la conocen en su recinto, dice que entendió entre registros técnicos y capacitaciones que cada documento es una herramienta para que su cacao compita en condiciones verificables y su familia esté mejor.

Martha Cárdenas es productora cacaotera y lideresa comunitaria. Tras el acompañamiento técnico de ProducerPlus recibe la documentación legal de su finca. Fotografía de Diego Lucero.
Pablo Noboa, director de la Fundación ProducerPlus, cuenta que la mayoría de agricultores al inicio dudan del proceso, que incluye un censo. Pero luego de visitas técnicas recurrentes comprenden que dar información demográfica, económica y social sobre ellos, su familia y su finca a una fundación como ProducerPlus es una herramienta estratégica.
Entre vecinos, y de boca a boca, más personas de Milagro, uno de los cantones donde trabaja ProducerPlus, abrieron las puertas de sus fincas al programa. No fue sencillo levantar información demográfica por la inseguridad de esta zona; se requirió tiempo y construir confianza. En los dos años que duró el programa, lo lograron.
Los técnicos de la fundación acompañaron a más de 40 fincas familiares que cultivan cacao en esta zona de la provincia costera del Guayas.

Martha Cárdenas coloca la toga a su compañera agricultora Elena Barahona. Fotografía por Diego Lucero.
“Esta documentación legal me permitirá vender mi cacao internacionalmente”, dice José Peralta ahora con los papeles en la mano. Para productores como él, acceder a estos registros antes era un reto o demasiado costoso.
El programa de ProducerPlus no resuelve toda la trazabilidad que exige la Unión Europea, pero atiende lo más urgente: la emisión de documentos y el acompañamiento técnico. Así pueden competir en un mercado cada vez más exigente que considera la trazabilidad, el riesgo reputacional de grandes marcas en juego, el financiamiento e inversión sostenible, la competencia global y la volatilidad de precios.

Árbol de cacao CCN-51 —Colección Castro Naranjal 51— en la finca de 5 hectáreas de la familia Carchi González. Fotografía de Diego Lucero.
“No hay nada como que ustedes sepan para qué sirve cada documento”, le dice Pablo Noboa a los productores en la ceremonia. Noboa explica que cada finca de producción agrícola familiar enfrenta desafíos distintos. El programa se ajusta a sus necesidades combinando formación técnica en educación productiva, gestión ambiental, salud y fortalecimiento comunitario. Pero todos, al final, reciben los mismos documentos que los habilitan a vender un producto certificado.
En ProducerPlus no cabe la improvisación. Desde sus inicios, en 2023, el impacto y capacidad operativa se han garantizado con el respaldo de la certificación ISO 9001. Esta norma internacional ayuda a las empresas a organizar sus procesos y asegurar que los servicios dados sean de calidad, cumplan con los requisitos del cliente y mejoren continuamente.
Sobre la mesa de la ceremonia no hay diplomas decorativos, sino los documentos que lograron gestionar en el programa y les dan mayor acceso al mercado europeo.
Mientras el evento continúa, cada productor se toma fotografías con sus familiares. Se siente la cercanía y orgullo que tienen el uno del otro. Sonríen porque saben que lo que han aprendido les seguirá sirviendo para tener un mejor futuro.
Como los que se certifican hoy, otras 1000 familias de 12 cantones de la provincia del Guayas culminaron el proceso. No es un piloto aislado, es una metodología aplicada por ProducerPlus con 11.200 cacaoteros en las provincias del Guayas, Los Ríos, Manabí, Cañar, Santa Elena y Bolívar.
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Antes de que finalice la ceremonia, Beneditto Javier Carchi sostiene una barra de chocolate en la mano, envuelta y sellada. Carchi trabaja en silencio: produce cacao, templa chocolate y hoy su finca tiene coordenadas satelitales. Espera que la situación de seguridad de Ecuador mejore para relanzar su marca; quiere exportar con nombre propio en homenaje en vida a su padre, “Don Francisco”, segunda generación cacaotera.

Beneditto Javier Carchi productor cacaotero y emprendedor sostiene una barra de chocolate en la mano, envuelta y sellada. Fotografía de Diego Lucero.
Como José Peralta, Martha Cárdenas y Javier Carchi González la mayoría de productores de cacao en Ecuador cultivan pocas hectáreas y dependen de la agricultura familiar. Son ellos —cerca del 85% de los productores de cacao en Ecuador— quienes enfrentan mayores obstáculos para exportar, sobre todo desde las nuevas exigencias de la Unión Europea. Gracias a ProducerPlus, hoy, cualquier comprador puede llegar a parroquias como Roberto Astudillo, en Milagro y pedir los documentos, y el productor los tendrá y estará listo para vender.
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