Juan Secaira va para los 53 años y se desplaza en una silla de ruedas. El poeta y artista visual quiteño padece una enfermedad. Una de la que se ha hablado mucho en estas semanas porque va de la mano de la lucha de Paola Roldán para que se legalice la eutanasia en Ecuador. Sí, Juan Secaira tiene esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA. 

Secaira incluso fue mencionado por Paola Roldán durante la audiencia del pasado 20 de noviembre de 2023 ante el juez de la Corte Constitucional, Enrique Herrería, como una de las personas que vive con esta condición

La ELA está ahí y condiciona la movilidad de Juan Secaira. Alguien debe ayudarlo siempre para ir de un punto A a un punto B. Por eso, una de sus hijas, Cristel, estuvo con él durante esta conversación, en un café en la avenida Amazonas, en Quito. Pero él no es su enfermedad. Ni esta lo determina. Lo dice varias veces, de diversas formas.

“En realidad yo considero que la ELA es brillante: hace su trabajo de una forma increíble. Su trabajo es destruirme, sin odio, sin nada, y lo hace muy bien, casi poéticamente”, dice el artista, que lleva una bandana azul sobre su cabeza y una camiseta de los Rolling Stones. Cuando habla, lo hace con una pausa que siempre ha estado en él y cuando ríe —que lo hace seguido al charlar— lo hace con todas las ganas. 

Juan Secaira ha pedido una cerveza y se la van a traer en pocos minutos. Hasta hace poco era diestro. Pero su mano derecha ya no funciona como debe y ha aprendido a usar la izquierda para escribir y pintar. Porque aparte de la poesía, también es artista y vende los cuadros que hace sobre cartulina, con formas abstractas y una cromática que explota en colores.

“Ella [la enfermedad] es muy fiel a sí misma, así que yo aprendí a ser fiel a mí mismo. Yo no puedo luchar contra esta enfermedad tan horrible, pues voy a hacer lo mío”. Es lo que dice que aprendió, luego de renegar por mucho tiempo. Las manifestaciones de la enfermedad empezaron en 2010 y entre varios diagnósticos, recién en 2021 pudieron confirmar la ELA. Tanto en 2022 como en 2023 hubo más exámenes que sirvieron para no tener dudas.

Hoy, cuando llega el dolor, se pone a escribir poesía, se dedica a pintar sus cuadros. Es como si el arte fuera un manifiesto de existencia o de resistencia: “para que el dolor diga ‘este man no se para, sigue’”, lanza como sentencia. 

Y si bien esta conversación —así como este texto que es el resultado de ese encuentro— no es sobre su enfermedad, sí es sobre la forma en que la ELA ha determinado su aproximación al arte, y sobre dos de sus más recientes trabajos literarios. Con el libro Eclipsa los arribos, Secaira ganó la edición 2023 del Premio Poesía Paralelo Cero, y con su poema largo Sin resolución ganó la primera edición del premio Gustavo Garzón. Ambos premios se entregan en Ecuador.

En Eclipsa los arribos Secaira habla de manera directa de la enfermedad. En sus anteriores libros de poesía —siete, en total— puede ser que exista algo de la ELA, pero es aquí cuando más que aceptación hay enfrentamiento. Se vive con ELA y hay belleza más allá de la enfermedad, porque no lo vence, lo ha convertido en algo más.

Juan Secaira ha hecho un libro que es duro y en el que, según el jurado del Paralelo Cero, “lo bello (…) es que hace la poesía un báculo”.

Eclipsa los abismos.

Juan Secaira escribe una dedicatoria en un ejemplar de Eclipsa los arribos es el más reciente de sus libros de poesía. Fotografía de Nicole Carrera para GK.

 La poesía enfocada

Siempre ha existido una claridad en la poesía de Juan Secaira. Su obra es la obra de lo que está a su alrededor y de lo que se puede convertir en belleza: sus hijos juegan en sus poemas, son salvavidas, su madre le teme a los conejos. Secaira habla de lo común, de la vida diaria, de lo suyo y de lo que se vuelve en común para sus lectores.

En Eclipsa los arribos sigue con esta propuesta poética: contar lo suyo.

Pero lo hace de una manera en particular. Porque lo que en poemarios anteriores solo se leía como una condición más, aquí la ELA aparece como un hecho consumado. El cuerpo ya es terreno de la enfermedad. 

Secaira había escrito en otros poemarios sobre los inicios de la enfermedad —que empezó a sentirse en 2010— y habló de ella en función de sus relaciones cercanas, como las familiares y con amigos. Pero para este libro se dio cuenta de algo. “Yo no me estaba viendo de frente, estaba jugando. Así que decidí verme aquí de frente y me hice miércoles”.

Eclipsa los arribos es el poemario de la ELA. Pero dice que no escribirá más sobre esto. 

Secaira ha volcado su vivencia en este grupo de poemas que, escritos en su teléfono, en aplicaciones, en momentos de dolor, a veces cuando no podía dormir por el malestar, terminan por abrir su experiencia y convertir ese dolor en resistencia. “Hay un lenguaje, una propuesta, no es que escribí lo que me salió y ya”, dice el poeta. 

Tiene razón. Este es el poemario para contener una enfermedad. Para darle la dimensión justa, no más.

En el poema Cifras en papel cuadriculado, Secaira escribe:

“Soy uno de los miles de pacientes en el mundo que viven con este problema. / No es problema. / Hay metáforas. / No las digo en voz en cuello. / Los otros también se cansan. / Mis hijas llegan del colegio extenuadas. Madrugar es algo horrible. / Mi hijo cuida de mí en las mañanas, antes de ir a la universidad. Está becado”. 

Muchos podrían decir que esta es una obra en la que gana la vida. La vida a pesar de todo lo que pesa. Al inicio, esta perspectiva le resultó extraña a Secaira, porque incluso el jurado del Paralelo Cero —integrado por los poetas Miyer Pineda, de Colombia; Hugo Francisco Rivella, de Argentina, y Denise Vargas, de Honduras— también partió de esa idea: “Desde el primer poema se propone el despojo para dejarnos solos antes lo fundamental, vivir”.

Para el poeta es claro que al final cada lector o lectora tendrá su propia interpretación: “Eso es lo bonito, la lectura de cada uno. Esa paradoja, eso es la poesía. Pensé hacer una cosa y la gente la recibió de otra forma”, dice. 

La ELA llegará hasta aquí, hasta este libro.

Juan Secaira es lector. Un lector de todo lo que pueda y eso también determina su aproximación al tema. “Hay libros que hablan de enfermedades, pero te meten todo un peso que dices ‘leo un capítulo y ahí queda’. Me enferma más”, dice. Luego habla con emoción de La escafandra y la mariposa, de Jean-Dominique Bauby, el libro en el que el periodista francés cuenta su vida antes y después de un accidente cerebrovascular que lo convirtió en víctima del “síndrome de cautiverio”, por el que solo podía mover el ojo izquierdo y con ese único movimiento pudo hacer este libro. “Es poesía total”, dice con emoción.

Juan Secaira conversa

Juan Secaira habla sobre su poesía. Fotografía de Nicole Carrera para GK.

Todavía no ha podido hacer el lanzamiento de Eclipsa los arribos —tres palabras que no sólo titulan su libro sino que antes de llamarlo así estaban ya tatuadas en su brazo izquierdo. El poeta espera a que el estado de excepción termine en Ecuador para coordinar un lanzamiento en el que pueda vender los ejemplares. Pero eso no significa que los poemas del libro no han tenido vida en diversas lecturas públicas en las que ha participado.

“Son poemas que son fuertes para leer en público”, dice. Porque la belleza y el malestar golpean a la vez.

Sin resolución y el final de cara al futuro

Con su poema largo Sin resolución, Secaira ganó el primer premio de poesía del concurso Gustavo Garzón, organizado por la revista Matapalo, de Quito. Que el concurso lleve el nombre de Garzón tiene un sentido poderoso para Secaira. Garzón es el único escritor ecuatoriano que ha desaparecido, en circunstancias que no han podido aclararse. La última vez que lo vieron fue el 10 de noviembre de 1990, durante el gobierno de Rodrigo Borja. Es una desaparición por la que el Estado ecuatoriano ha debido pedir disculpas

Fue duro hacer ese poema largo, que todavía debe publicarse en una próxima edición de la revista Matapalo. Para el autor, ser el primero en ganarlo es valioso. “¿Y dan plata?, es lo primero que me preguntaron, pero cuestioné que no supieran quién es Garzón, que es lo importante aquí”, dice Juan Secaira. 

Le costó hacer este texto: “Me usé como metáfora, de todo lo que había desaparecido de mí, de mi cuerpo, de mi esencia. No puse eso en el poema, pero era el camino a seguir para escribirlo”.

Más allá de esto, Juan Secaira sigue escribiendo y ha encontrado un nuevo empuje para seguir publicando. Durante los últimos cuatro años no había publicado nada, pero con estos premios hay una necesidad adicional de seguir haciéndolo. Nunca dejó de escribir —ni de hacer los cuadros que hace entre lo abstracto y los trazos ingenuos y coloridos—, pero no había sentido en sacar esos versos.

Hoy la historia es otra.

Tiene listo un libro de cuentos —“son de fútbol, nada de la enfermedad”, se apresura a decir— y una certeza sobre lo que va a pasar cuando su condición no dé para más: no quiere que se publique obra inédita póstuma. 

Ha borrado toda la literatura que ha escrito y que no ha publicado hasta ahora porque su decisión es firme: “No quiero que salgan después de que me vaya”, dice.

libro de Juan Secaira.

Ejemplar de Eclipsa los arribos, Fotografía de Nicole Carrera para GK.

Sabe que va a llegar el momento en que el carácter degenerativo suponga algo peor. Habla de Paola Roldán —quien está postrada en una cama y depende de un respirador para vivir— y de su lucha por la legalización de la eutanasia que define como humana, con un fundamento contundente: está luchando por ella y otros. Y quizás en este momento no recurriría a ella, pero “capaz que de aquí a unos tres años sí lo hago, capaz que estoy en una cama en serio, sin poder venir a esta cafetería”, dice, mientras bebe un sorbo de cerveza.

Juan Secaira observa el mundo desde una silla de ruedas; lo entiende y lo envuelve en sus reflexiones y en los versos que crea. Secaira dice que es necesario meter la poesía y el arte en la vida diaria. No solo habla de ser artista, sino de mantener esa perspectiva en el día a día. “No puedo venir a hablar de todo esto, de poesía y de arte, y luego ir a casa a caerle a golpes a mis tres hijos. No va por ahí”, dice. Para el artista, generar belleza es un asunto no solo estético, es también un tema que pasa por lo ético.

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Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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