Desde que se realizó el primer Mundial de Fútbol en Uruguay, en 1930, el mundo ha tenido dos trofeos para sus ganadores. El segundo —el que todo el mundo conoce, ese en el que se ve un planeta en forma de balón sostenido por las espaldas de dos humanos como Atlas— se puede ver el 1 de noviembre de 2022 en Quito.

Última Actualización: 5 noviembre, 2022
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Sí, está en Ecuador. 

Por eso los fanáticos podrán verla, desde las 9 de la mañana, en el Quorum del Paseo San Francisco, en Cumbayá. Incluso se podrán tomar una foto con ella —si es que canjearon sus pases con anterioridad, con etiquetas de Coca-Cola.

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A días de que inicie el Mundial de Fútbol Catar 2022, es un buen momento para recordar la extraña historia del trofeo

Dos trofeos, uno de ellos robado dos veces y del que no se conoce su paradero y el otro, el actual, que solo tiene espacio para tres ganadores más. Es decir, luego del Mundial de 2030 habrá que hacer algo para aumentar la base y que así entren los nombres de nuevos ganadores o cambiar de trofeo. Lo que decidan los ejecutivos de la Federación Internacional de Fútbol Asociados (FIFA).

La primera Copa del Mundial: el trofeo Jules Rimet

Jules Rimet fue el hombre de fútbol francés que presionó y presionó para que en 1928 la FIFA aprobara que dos años después se realizaría el primer Mundial de Fútbol, en Uruguay. Sí, Rimet le regaló al mundo el Mundial. 

Obviamente, hubo algo más: se necesitaba un trofeo. El escultor francés Abel Lafleur creó la estatuilla de 35 centímetros de alto, con un peso de 3,8 kilos. Su precio estimado entonces era de 50 mil francos. 

¿La referencia? Niké, la diosa griega de la victoria. La primera copa fue literalmente una copa sostenida por una mujer alada. El nombre que le dieron tampoco fue tan creativo: Diosa de la victoria. Pero en 1946 le cambiaron el nombre por el de Jules Rimet. Un tributo merecido.

Cinco países levantaron esta Copa:

  • Alemania Federal (1954)
  • Inglaterra (1966)
  • Uruguay (1930 y 1950)
  • Italia (1934 y 1938)
  • Brasil (1958, 1962 y 1970)

Brasil, al ser el primer país en ganar por tercera vez el Mundial, pudo quedarse, de manera definitiva, con la copa Jules Rimet. Eso decía la norma. 

Pero la norma no estaba preparada para algo: el robo del trofeo.

¿Cómo robar una Copa del Mundo?

Trofeo Jules Rimet

En 1983, el trofeo Jules Rimet fue robado en Brasil. Desde ahí no se ha vuelto a ver el original. Fotografía tomada de la cuenta de Twitter @CarlosMaslaton

Fue sencillo. Cuando Brasil ganó el Mundial de 1970 en México, la FIFA le entregó el trofeo. Era brasileño, no se lo podrían quitar. Pero se lo quitaron. 

El 19 de diciembre de 1983, los ladrones hicieron un espacio en sus agendas y simplemente se llevaron el trofeo Jules Rimet de la vitrina “blindada” en la que descansaba, dentro del edificio de la Confederación Brasileña de Fútbol.

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¿Cómo lo hicieron? Simple observación. El empleado bancario Sergio Pereyra Alves estuvo en el lugar —en Río de Janeiro— y se percató que la Copa estaba en una vitrina pegada a la pared con madera y cinta.

Sí, madera y cinta. 

Quizás pensaban que alguien pudiera interesarse en robar un objeto con un gran valor sentimental. Pereyra estableció contacto con el argentino Juan Carlos Hernández, un joyero que se especializaba en reducir joyas robadas —fundirlas y crear otras— y con él a bordo, solo necesitaban a quienes pudieran dar el golpe. 

Pereyra los encontró con la rapidez de un contragolpe. Eran tipos experimentados en esto de los robos y se llamaban José Luiz Vieira da Silva, conocido como Bigode, y Francisco José Rocha, alias Barbudo.

Todo tomó 20 minutos. Bueno, más tiempo. Ese 19 de diciembre, Bigode y Barbudo entraron a la sede como si fueran un par de visitantes y se escondieron en el baño. Esperaron unas horas a que anocheciera y cerraran todo —y sí, nadie revisó el baño porque solo en las películas de Misión Imposible hacen esas cosas—. Salieron, sometieron al guardia del lugar y en 20 minutos desarmaron la vitrina, sacaron el trofeo, lo guardaron en la bolsa que llevaban y listo. Adiós, Jules Rimet.

Hasta hoy, no se lo ha encontrado.

Existe una versión oficial que dice que esa misma noche le llevaron el trofeo a Hernández, quien lo desarmó y fundió el oro en lingotes. La venta de estos lingotes fue por 15.500 dólares.

Todos fueron detenidos casi de inmediato. Para dar con el joyero se demoraron un año. En 1984, Hernández fue condenado por el delito del que nunca se declaró culpable. Eso sí, en los interrogatorios sonreía cuando le recordaban la afrenta que significaba para Brasil que un argentino hubiera desarmado el trofeo para convertirlo en lingotes de oro.

La versión oficial ha sido discutida varias veces. Se ha llegado a decir que el robo fue bajo pedido de un coleccionista europeo y que por ahora navega el mar de las subastas de arte ilegales. 

Y sí, desde ese momento las medidas de seguridad de la Copa del Mundo son dignas de Misión Imposible.

Pero antes, en 1966, este trofeo fue robado semanas antes de que comenzara el Mundial en Inglaterra. Por suerte fue recuperado a tiempo. 

El robo de 1966 de la Copa del Mundo

Esto, más que ser sencillo, es absurdo. El trofeo llegó en enero de 1966 a Londres y en marzo, 4 meses antes de iniciar la Copa, alguien se la robó del lugar en el que la exponían, en el Central Hall Westminster. Ese espacio estaba vigilado todo el tiempo, excepto esa vez cuando, el 19 de marzo, el guardia decidió ir por un café. Regresó y el trofeo ya no estaba.

Todo se revolucionó en Inglaterra. No la encontraban. 

Ni 100 agentes de la policía y de Scotland Yard daban con el paradero. Casi dos semanas sin tener resultado, las cabezas de las autoridades sudaban frío. Hasta que una mañana llegó el héroe de esta historia: Pickles, un perro.

El 27 de marzo, David Corbett sacó a pasear a su perro en Beulla Hill, Norwood, al sur de Londres. Pickles se volvió loco con algo que olfateó detrás de un árbol. “Puso la atención en un paquete medio enterrado, cubierto de periódicos, detrás de un árbol. Saqué los periódicos que lo envolvían y vi a una mujer sujetando un plato sobre su cabeza, y una placa con las palabras Alemania, Uruguay, Brasil”, contó Corbett a los medios de entonces.

Corbett recibió las 6 mil libras esterlinas de recompensa y una compañía de alimentos le dio a Pickles una dotación anual de comida. Además, ambos conocieron a la Reina Isabel II, por el acto heróico de devolver la paz a Inglaterra, que en ese Mundial sería la selección campeona.

La segunda Copa del Mundo

Con la lección aprendida del robo inglés, esta segunda Copa del Mundo vino con sus particularidades: solo se la lleva a otros países bajo estrictos controles de seguridad. Y solo la sostienen los equipos ganadores y los presidentes de los países que visita. Y al ganador se le entrega una réplica en oro. 

El trofeo original permanece en los cuarteles de la FIFA, en Suiza, hasta que inicie la gira para el siguiente Mundial.

Este trofeo, que se empezó a usar desde el Mundial de 1974, fue diseñado por Silvio Gazzaniga y creado por la compañía Bertoni en Milán, Italia, en 1973. Está hecho en oro sobre una base de malaquita. Tiene un peso total de 6.175 gramos, de los que 4.927 son de oro. Su altura es de 36,8 centímetros.

Hasta el momento son seis las selecciones que han levantado este trofeo:

  • Alemania (1974, 1990 y 2014)
  • Argentina (1978 y 1986)
  • Brasil (1994, 2002)
  • Francia (1998, 2018)
  • Italia (2006)
  • España (2010)
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Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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