Cinco días después de que el cuerpo sin vida de María Belén Bernal fuera encontrado en una zona boscosa cercana a la Escuela Superior de Policía, el Presidente de la República hizo un cierre simbólico del edificio en el que habría ocurrido el femicidio.

En la institución en la que se forman policías y en la que se presume, María Belén Bernal fue asesinada, Lasso apareció detrás de un podio, con el escudo del Ecuador. A su derecha, su esposa, María de Lourdes Alcívar y junto a ella, Paola Flores, la Secretaria de Derechos Humanos —a quien la madre de María Belén Bernal desmintió públicamente luego de que ésta afirmara que “el Servicio de Protección Integral acompaña a la madre de María Belén”. Al otro lado, a la izquierda de Lasso, la Coronel Irany Ramírez, recién nombrada directora de la Escuela Superior de Policía.

“Cuando tengamos la certeza de haber obtenido las pruebas necesarias, este edificio será derrumbado y empezaremos a construir uno nuevo, que dé un nuevo concepto de la Escuela Policial y este concepto es inspirado en el respeto a la mujer en un ambiente seguro”, dijo Guillermo Lasso, en ese discurso, rodeado de una compañía distinta a la de costumbre: tres mujeres en vez de decenas de hombres en terno.

hubo un femicidio
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Guillermo Lasso anunció que derrocará el edificio de la Policía en el que hubo un femicidio. Imagen de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia de la República.

Su anuncio se siente apresurado, insuficiente y forzado, como se sintió el anuncio de poner mujeres al frente de la Escuela de Policía, tras el atroz crimen de María Belén Bernal en ese espacio. ¿De qué sirve el cambio de cabezas si no hay un cambio de visión, prácticas y fondos? Así mismo, de nada servirá que se derribe un edificio, por más indignante que sean los hechos alrededor de la muerte de Bernal. Con esa lógica ¿derribará el Presidente, entonces, los otros inmuebles en los que, en 2022, asesinaron violentamente a 206 mujeres? 

El absurdo se cuenta solo. Parece evidente que destruir un edificio no va a resolver ni reparar nada y que el simbolismo de hacerlo —o anunciarlo— se siente torpe. Torpe porque no viene acompañado de ninguna acción que garantice que lo ocurrido con María Belén Bernal no vuelva a suceder. 

Si al Presidente de la República le interesa precautelar la integridad de las mujeres, ¿qué hace rodeado de personajes como Diego Ordóñez, sancionado por sus expresiones misóginas cuando fue asambleísta? Un hombre que, durante la crisis por la desaparición de Bernal, se refirió al caso con indolencia: “Las activistas que defienden la violencia y quieren desestabilizar la institucionalidad de seguridad en el país ya encontraron aquí un motivo para crear un relato”, dijo en una entrevista en Ecuador TV cuando María Belén Bernal seguía desaparecida. 

El anuncio de derrumbar un cuartel no tiene coherencia cuando apenas se ha ejecutado el 5% de los fondos para este año que tienen, en conjunto, todas las instituciones del gobierno para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. O cuando la Secretaría de Derechos Humanos haya ejecutado apenas el 25% del presupuesto destinado para ese fin. 

Si el gobierno no es capaz de ejecutar el presupuesto que ya existe, de nada sirve que anuncie más presupuesto como lo hizo hoy, 27 de septiembre, el Presidente. ¿Qué tal si empiezan ejecutando el que ya tienen? Parece que el Presidente y su círculo cercano pretenden gobernar con golpes de imagen sin notar que de poco o nada sirven cuando las acciones dicen lo contrario, como el anuncio vacío de hoy.

En otro desatino comunicacional, la semana en que la ciudadanía sigue pidiendo respuestas por el femicidio de Bernal, el Presidente apareció en una imagen rodeado de siete funcionarios —todos hombres— como representantes de una nueva era en el Ministerio del Interior —el brazo político de la Policía. Al día siguiente, en un vano intento de contrarrestar esa imagen que tuvo críticas en redes sociales, Lasso apareció recreando otra imagen forzada. En las gradas del Palacio de Carondelet, rodeado de 31 mujeres, habló de lo que llamó “afianzar todo lo que se ha hecho en política pública para combatir la violencia de género”. De ellas, apenas 5 son funcionarias en rango de ministras; es decir, con la capacidad de tomar decisiones. Una, es su esposa. Las otras, dijo Lasso, son viceministras, subsecretarias y directoras.  

En la imagen aparecen como un accesorio, sin ningún protagonismo. Refuerza la idea de que en el imaginario del gobierno, el rol de las mujeres no pasa de ser decorativo. ¿O cómo nos explicamos que en el círculo cercano del Presidente, la mayoría sean hombres, incluso en el gabinete en el que, ofreció, habría paridad? De 29 ministros y secretarios de Estado, sólo 10 son mujeres. De 23 gobernadores, solo 6 son mujeres. De los 7 consejeros presidenciales, apenas 1 es mujer. Es decir, de 59 funcionarios de alto rango, designados por el Presidente de la República, solamente el 28% son mujeres. 

Si a eso sumamos que, cuando se esforzó inútilmente para estar rodeado de mujeres, no anunció nada concreto, el mensaje sigue siendo de un vacío que abruma. “Vamos a preparar un paquete de medidas para combatir la violencia contra las mujeres” dijo Lasso y agregó que en los próximos días firmará un decreto. 

hubo un femicidio

Guillermo Lasso hizo un anuncio en las escalinatas del Palacio de Carondelet, rodeado de mujeres. Fotografía del Ministerio de Educación.

Difícilmente una imagen sin trasfondo puede reparar la percepción generalizada de que el gobierno ha hecho poco o nada para combatir la violencia de género. Y no solo eso: ha reforzado estereotipos de género a través de María de Lourdes Alcívar

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No se puede olvidar que, en noviembre de 2021, cuando se conmemoraba el día de la lucha contra la violencia hacia las mujeres, Alcívar aprovechó la palestra que le da ser esposa del Presidente para, en diez minutos, expresarse con profundo desconocimiento y prejuicios sobre la realidad de las mujeres en el país que su esposo gobierna y que, para la fecha, registraba un femicidio cada 41 horas. “No, mujeres, no somos víctimas de nadie, solo de nosotras mismas, si nos dejamos. Si nosotras no nos hacemos respetar, nada va a cambiar”, dijo.

Tampoco se puede olvidar que, a pesar de haber ofrecido respetar la decisión de la Corte Constitucional de dar paso al aborto en caso de violación, Guillermo Lasso vetó la ley propuesta por la Asamblea al punto que la volvió sumamente restrictiva. Eso también es violencia en contra de las mujeres

Si se siguen dando respuestas simplistas a problemas profundos, el país seguirá siendo aquel en el que cada 28 horas, una mujer es asesinada por razones de género. Si se siguen anunciando reformas legales o presupuestos inflados, sin hacer respetar las leyes que ya existen o sin usar los fondos que ya están disponibles, la lucha contra la violencia hacia las mujeres no pasará de ser un discurso fatuo porque sin hechos, sobran las palabras.

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María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva y fue finalista en los premios Jorge Mantilla Ortega, en 2021, en categoría Opinión. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.
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