Millones de personas vieron a Will Smith abofetear al comediante Chris Rock, gritarle que no mencione el nombre de su esposa y ganar el Oscar a mejor actor principal —el primero de su carrera— en poco más de 30 minutos. Dos semanas después, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas —encargada de la entrega de los premios Oscar— decidió que Will Smith no podrá asistir a ceremonias de entrega de los premios Oscar por 10 años. La decisión me sorprendió —y a muchos otros— porque viene de una Academia experta en ignorar otros tipos de violencia. 

El 8 de abril, la Academia dijo que tomó la decisión por el “comportamiento dañino” que Smith tuvo la noche del 27 de marzo, en la ceremonia número 94 de los Oscar, cuando abofeteó a Rock por decir un chiste sobre la alopecia de Jada Pinkett Smith, su esposa. Smith, quien renunció a la Academia días antes de la sanción, dijo que respetaba y aceptaba la decisión de la organización. 

No digo que la violencia física debe permitirse, me parece acertado que la Academia castigue el comportamiento de Smith. Tampoco digo que el chiste de Chris Rock estuvo bien. Hizo un comentario sobre una condición médica sobre la que Jada Pinkett Smith ha admitido —en múltiples ocasiones— que le ha causado mucho dolor. Este texto no es para reflexionar sobre los límites del humor, eso lo hizo muy bien Iván Ulchur en esta columna y les recomiendo que la lean si eso es lo que están buscando. 

Este texto, en cambio, es para reflexionar sobre una Academia a la que parece que solo le importa la violencia si sucede sobre su escenario y es imposible de ignorar. Pues la organización ha entregado múltiples premios y nominaciones a personas acusadas de violencia sexual.

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Smith es una de las poquísimas personas a las que se les prohibió asistir a las ceremonias de los Oscar o que la Academia ha castigado. Se une a la lista conformada por el actor Carmine Caridi, el productor Harvey Weinstein, el actor Bill Cosby, el director Roman Polanski y el cinematógrafo Adam Kimmel. Carmin Caridi fue el primer miembro en ser expulsado en 2004 por permitir que se filtren en internet películas que solo eran para miembros. 

Los otros cuatro —Weinstein, Cosby, Polanski y Kimmel— fueron expulsados por acusaciones de violencia sexual, pero su castigo es reciente. Weinstein —productor de 84 películas que ganaron el Oscar— fue expulsado de la Academia en 2017, poco después de que se hicieran públicas decenas de acusaciones de abuso sexual en su contra. En 2020, Winstein fue sentenciado a 23 años de prisión.

flecha celesteOTROS CONTENIDOS SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO

En 2017, la Academia dijo que las acciones de Weinstein eran “repugnantes, aborrecibles y antitéticas a los altos estándares de la Academia y la comunidad creativa que representa”. Eso inspiró a que se cree un nuevo código de conducta que establece que “no hay lugar en la Academia para personas que abusen de su estatus, poder o influencia de una manera que viole los estándares reconocidos de decencia”. Bajo ese código de conducta, se expulsó a Bill Cosby y a Roman Polanski en 2018 y a Adam Kimmel en 2021. 

Pero esas acciones pasaron décadas después de que comenzaron algunas de las acusaciones. En 1977, el director Roman Polanski fue acusado de violar a una menor de 13 años y huyó a Francia (muchas acusaciones se han sumado desde entonces). Fue sentenciado a 50 años de cárcel y desde 1978 Polanski es considerado un fugitivo de la justicia estadounidense, pero aún así recibió tres de sus cinco nominaciones al Oscar después de que huyó a Francia. En 2002, Polanski ganó el Oscar a mejor director por la película El Pianista. Sin embargo, no pudo ir a recoger el premio porque habría sido arrestado si pisaba suelo estadounidense.  

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En otros casos, la Academia ha ignorado por completo las acusaciones en contra de miembros, nominados y hasta ganadores de los premios Oscar. En 2017, Casey Affleck ganó el Oscar a mejor actor principal por su participación en la película Manchester by the sea —papel por el que Affleck ganó un Golden Globe y un BAFTA— pese a las múltiples acusaciones de acoso sexual que había en su contra desde 2010.  

Cuando Affleck recibió el premio en 2017, muchos miembros de la Academia criticaron el galardón. Incluyendo a la actriz Brie Larson, quien le entregó el premio a Affleck sin aplaudir y con una expresión seria. Poco después de la ceremonia, cuando a Larson —quien ha apoyado abiertamente el movimiento #MeeToo por los derechos de las sobrevivientes de violencia sexual— le preguntaron por su expresión al entregar el premio a Affleck, dijo “creo que cualquier cosa que hiciera sobre ese escenario habla por sí sola”. 

La Academia nunca se refirió públicamente a las acusaciones contra Affleck, ni siquiera después de que se puso en pie el nuevo código de conducta. Tampoco lo hizo contra Woody Allen, a quien en 1992 su hija adoptiva lo acusó de abuso sexual cuando ella tenía 7 años. En 2012, veinte años después de las acusaciones, Allen fue nominado a un Oscar por mejor director. La Academia no ha anunciado que Casey Affleck o Woody Allen hayan sido removidos como miembros o que se les ha prohibido asistir a la ceremonia. La lista de casos similares es larga y dolorosa. 

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Después de la bofetada de Smith a Rock, se recordó otro caso en el que la violencia física casi pasa sobre el escenario y en el que la Academia no respondió. En 1973, Sacheen Littlefeather, una mujer indígena estadounidense, recibió el premio Oscar que Marlon Brando —quien también fue acusado de violación— rechazó. Littlefeather dio un discurso en defensa de los derechos de las comunidades indígenas de América del Norte. Mientras ella hablaba en medio de aplausos y abucheos, el actor John Wayne —que se auto declaraba como supremacista blanco— tuvo que ser restringido tras bastidores por los guardias de seguridad para que no se suba al escenario a agredir a Littlefeather. 

La pasividad de la Academia en el incidente de 1973 no se compara con la que tuvo en 2022. En las primeras horas después de la bofetada, se decía que la Academia estaba considerando retirarle el Oscar a Smith. Una decisión bastante drástica que solo se ha tomado una vez. Se dio en 1969, cuando le retiraron el premio a mejor documental a Young Americans porque fue estrenada en 1967 y no era elegible para la ceremonia de 1969. Weinstein y Polanski todavía tienen sus estatuillas, pese a que fueron sentenciados por los delitos que cometieron.  

Cuando anunciaron la prohibición de que Will Smith asista a los Oscar por 10 años, el presidente de los gobernadores de la Academia, David Rubin, y su directora ejecutiva, Dawn Hudson, dijeron en una carta abierta que el comportamiento de Smith era “inaceptable” y pidieron disculpas por no manejar la situación de forma adecuada en la transmisión. 

Esas disculpas deberían extenderse a Sacheen Littlefeather y a las víctimas de muchos otros casos en los que por décadas se ha ignorado el “comportamiento dañino” e “inaceptable” de actores, productores, directores y muchas otras personas. 

Los ejemplos en los que no se han manejado las situaciones de forma adecuada son muchos. Lo que se vive en Hollywood y en los Oscar es solo una pequeña muestra de cómo se ignora la violencia contra mujeres cada día. Mientras se sigan sumando más ejemplos a esa lista y solo se condenen ciertos casos ante la mirada del público, la igualdad se mantendrá como lo ha sido por décadas: inalcanzable. 

Susana Roa Chejín
(Ecuador, 1997) Periodista lojana y jefa de la redacción de GK. Cubre economía, sexualidad y derechos. Le interesan los temas de empleo, educación financiera y salud sexual y reproductiva.