Un mar de lodo que baja por una de las calles de Quito mientras una mujer  reza a un Padre nuestro. Implora que termine pronto el aluvión en La Gasca. La escena ha quedado inmortalizada en uno de los videos que circula en redes sociales y que dimensiona el nivel del desastre natural que ocurrió el 31 de enero. Sin embargo, no es la primera vez que los quiteños que residen en el sector de La Gasca sufren las consecuencias de un gran aluvión.

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Ya sucedió hace 47 años: el 25 de febrero de 1975, un episodio de “brutal erosión” del cauce de la quebrada de Pambachupa —que hoy es la Avenida La Gasca— se precipitó por las fuertes lluvias y provocó un aluvión que llegó hasta el barrio de La Mariscal. Según el estudio Quebradas y Riesgos Naturales en Quito, periodos 1900-1988 se estima que 52.000 metros cúbicos de elementos sólidos —rocas, ramas, troncos— fueron arrastrados por el aluvión. Tal cantidad habría llenado alrededor de 35 piscinas olímpicas. Si se suma el agua que empujó el aluvión, el estudio estima que el total de la carga fue de 70.000 metros cúbicos. Según reportes de prensa de la época, murieron dos personas, hubo cinco heridos y un sinnúmero de afectaciones materiales en las casas del sector y autos destruídos. 

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Iván Vega, médico y ex residente de La Gasca, cuenta lo que vio ese 25 de febrero de hace casi cinco décadas. Vega tenía 12 años y vivía exactamente en la esquina de la Avenida La Gasca y la calle Javier Lizarazu. Estudiaba en el  Colegio San Gabriel —que quedaba a ocho minutos en auto desde su casa y treinta minutos a pie. 

Ese día, Vega llegó a su casa apenas diez minutos antes de que ocurriera el aluvión. Cree que su destino pudo haber sido otro. “Apenas llegué a mi casa subí al segundo piso para cambiarme de ropa, mientras lo hacía escuché un bramido o un alarido que venía de lejos pero que se acercaba  fuerte y me acerqué a ver por la ventana”, recuerda Vega. De repente vio cómo “bajaba un río de lodo por la calle y  arrastraba palos, ramas, piedras y lo que podía”, dice Vega. Recuerda que su casa estaba a la altura del primer piso, más o menos a un metro y medio del nivel de la calle. Su padre se apresuró en cerrar todas las puertas para que no entrara el lodo.

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Aunque el evento natural era impresionante, Vega recuerda que en ningún momento se fueron los servicios básicos como el agua o la electricidad. Como en esa época la televisión tenía menos relevancia, la mayoría de información “la escuchábamos por la radio en donde informaban que había habido un aluvión”. Mientras avanzaban las horas, las radios informaban que varios carros habían sido arrastrados. Incluso, recuerda Vega, un hombre aseguraba que el aluvión le había llevado en su auto entre la avenida América y la 10 de Agosto.

Vega recuerda que el equipo de emergencia de esa época trabajó toda la noche y toda la mañana del siguiente día para limpiar la zona de los escombros. “En horas de la tarde ya la zona estaba despejada de los escombros del aluvión y las calles estaban relativamente limpias”. “Los que vivíamos en esa zona al día siguiente del aluvión no pudimos salir a clases o a trabajar”. Unos vecinos chilenos, exiliados que huían de la dictadura de Pinochet, se quedaron atrapados en una tienda.

Vega recuerda que en aquella época los niños que vivían en esa zona y que habitualmente salían a jugar a la calle o en las quebradas aledañas —a las que llamaban “montes salineros”—  debían tener cuidado durante la época lluviosa. “Antes en ese sector habían quebradas de aproximadamente 20 metros de profundidad y unas cuevas que eran minas de arena”, dice Vega. 

Otros aluviones en Quito

El Condado, 1983

En enero de 1983, al extremo noroccidental de Quito, en el sector de El Condado hubo un aluvión en el que murieron tres personas y dejó decenas de damnificados. 

La Comuna, 1997

En 1997, en el barrio La Comuna, cerca de La Gasca, hubo otro aluvión. Según reportes de prensa de la época dos personas murieron.

El Recreo, 2008

En 2008, en el sector de El Recreo —al sur de Quito—, el fuerte invierno provocó que la quebrada La Clementina se desbordara. 

Se produjo un caudal de agua, lodo y escombros, que bajó por la calle Joaquín Gutiérrez.

Ciudadela Ibarra, 2012

En 2012, en la Ciudadela Ibarra, al sur de Quito hubo un aluvión de lodo, escombros, ramas y basura que bajó por las calles de este sector. 

Varias casas y calles resultaron afectadas. Según diario El Comercio, el lodo llegó hasta 80 centímetros de altura en algunas zonas.

El Pinar, 2019

Hace tres años, el 22 de marzo del 2019, un aluvión descendió  por la calle Manuel Valdivieso en el sector del Pinar Alto.

La corriente arrastró vehículos, que quedaron volcados dentro de predios y sobre la acera a la altura. 

Según el diario El Comercio el aluvión sucedió por la acumulación de palos y escombros, la tala indebida de árboles y el depósito ilegal de escombros. “La quebrada se taponó y el agua lodo corrió por la vía”. Sin embargo, el ex alcalde Mauricio Rodas, dijo que el aluvión se dio por  las fuertes lluvias y que fue un evento natural que no se podía prevenir.

Pomasqui, 2020

En septiembre de 2020, en Pomasqui, extremo norte de Quito, hubo un aluvión —cuando el mundo ya vivía en la pandemia del covid-19. 

Según el Cuerpo de Bomberos, el fenómeno natural se produjo por las fuertes lluvias. La quebrada Santa Teresita se desbordó y los pozos sépticos del sector  colapsaron. Se reportaron inundaciones en el barrio Landázuri de Calderón y en Llano Grande, en el norte. 

El aluvión cerró casi por completo la avenida Manuel Córdova Galarza, a la altura del Colegio Pomasqui. Además afectó las instalaciones de un centro comercial, casas y calles aledañas.

¿Por qué suceden estos fenómenos naturales en Quito?

Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales en Gestión Riesgos del Ecuador, explica que los desastres no son naturales sino una construcción social y es la consecuencia de construir sobre un sistema de quebradas. 

El experto dice que que estos eventos “pasaban mucho antes de que las personas se asentaran en estas zonas de peligro” y eso hace que Quito propensa a tener este tipo de eventos. “Cuando se amplía el crecimiento urbano o se crece la mancha urbana hacia la zona del volcán Pichincha se va haciendo una tala de  bosques y se deterioran los pisos ecosistémicos que tiene esa quebrada, lo que hace que se exacerben estos episodios”, dice Velasco. Además, dice que se rellenan quebradas, que son desfogues naturales del agua, para poder ser utilizadas en desarrollos inmobiliarios. 

Velasco recalca que la geografía de Quito es compleja porque tiene un sistema de quebradas. Se necesita que el crecimiento de la ciudad sea organizado. En el caso de La Gasca, ha ido creciendo no en edificación—se pueden construir edificios hasta 5 pisos— pero  se ha expandido hacia las faldas del volcán Pichincha y haya más deforestación en las zonas altas. 

Se debería regular el crecimiento urbano sobre esta quebrada y establecer el límite de crecimiento urbano, y cómo serían las viviendas que están en ese sector.  Según Velasco, esta es una forma de adaptación al cambio climático. Es preciso hacer planes de reforestación y recuperación de pisos sistémicos del Pichincha, dijo Carolina Zambrano, líder de justicia climática de la organización internacional Hivos. Además, se necesita un alcantarillado pluvial —que es más amplio— y establecer un sistema de alerta temprana porque, afirma Velasco,  eventos como el del 31 de enero de 2021 volverán a suceder

Liz Briceño Pazmiño
(Ecuador, 1989). Periodista. Ha cubierto temas de economía y consumo en la Unión Europea. Cubre temas de menores migrantes no acompañados y de desplazados en Ecuador.