En noviembre de 2026, Quito, como el resto de cantones en el país, elegirá a un nuevo alcalde. Aunque el Metro ha sido un alivio para el cuestionado transporte público y su aprobación es alta en la ciudadanía, hay otros problemas que no han sido resueltos y que frenan el crecimiento de la capital ecuatoriana.
El Informe de calidad de vida en Quito 2025, hecho por la iniciativa Quito Cómo Vamos, analiza puntos clave, como pobreza, seguridad, movilidad, ambiente, gestión pública y bienestar para medir cómo viven los quiteños. El estudio muestra avances en, por ejemplo, el transporte, pero también retrocesos y nuevos desafíos para la ciudad.
Quito Cómo Vamos es una iniciativa ciudadana impulsada por organizaciones de la sociedad civil, la academia, medios de comunicación y el sector privado, que monitorea y evalúa la calidad de vida en la capital. En esta entrevista, Daniela Chacón, coordinadora de este proyecto, habla sobre los datos y qué dicen sobre el estado actual de Quito.
¿Qué le hace falta a Quito para que pueda avanzar como una capital?
Desde lo político-administrativo sí es importante que la ciudad pueda retomar mayor estabilidad y mayor gobernabilidad. Estamos en una crisis política desde el 2014 aproximadamente, y la ciudad no ha podido todavía recuperarse.
En la administración de Augusto Barrera, sujeta al modelo de ciudad de la Revolución Ciudadana, germina esa crisis política de identidad que luego se ve reflejada en las sucesivas elecciones, y luego las destituciones y demás.
Nota de la editora: cuando habla de destituciones, se refiere a la remoción de Jorge Yunda en 2021 por incumplimiento de funciones, y a la designación de Santiago Guarderas.
¿Qué significa el modelo de ciudad de la Revolución Ciudadana?
Cuando la Revolución Ciudadana llegó al país, lo hizo con una propuesta política para el país, y eso no necesariamente significaba que esa propuesta era para las ciudades. En ese sentido, la discusión política sobre qué era lo que tenía que pasar en las ciudades se sujetó siempre a ese modelo y a esa visión de país, y no a un diálogo ciudadano donde, partiendo de esa propuesta y esa visión, se podían identificar cuáles eran las cosas específicas para Quito.
Recordemos, además, que la entrada de la RC a Quito generó un cambio completo en el modelo de gobernanza, donde se eliminaron todas las fundaciones. No digo que sea algo bueno o malo per se, pero ¿era realmente necesario eliminar todas las fundaciones?
¿Cuál es la situación del Municipio actualmente?
Es un municipio que no ha cambiado, a pesar de que la ciudad ha cambiado. Hay una necesidad de una modernización del aparato institucional, de las administraciones zonales.
El aparato institucional municipal es como una suerte de amalgama de un modelo que fue creado en los 80 y 90, y luego hubo cambios en la época de Barrera, donde se pasó a un modelo complemento público y no a un modelo que tenía alguna relación con el sector privado.
¿Es realmente el Municipio el que tiene que estar haciendo todas las cosas que hace hoy? o ¿hay algunos temas que no los tiene que hacer el Municipio, y que los puede operar a través del sector privado con regulación?
¿Qué pasa con las administraciones zonales? ¿Por qué necesitan una modernización?
Una de las cosas más importantes es que la ciudad ha crecido mucho, y las administraciones zonales tal como están planteadas —que son espacios de descentralización en teoría, espacios de gobernanza local más cercana al territorio— fueron creadas en la época de Paco Moncayo, cuando la ciudad tenía 2 millones de habitantes o menos.
Ahora hablamos de una ciudad que tiene cerca de 3 millones, que ha crecido sustancialmente, que tiene unas dinámicas ya de ciudad metropolitana distintas a las que tenía hace 20 años. Esas administraciones zonales han dejado de funcionar realmente como un espacio de descentralización del gobierno de Quito.
Las administraciones zonales han dejado de cumplir un rol de gobernanza en el territorio y se han convertido en tramitadoras de aquellas decisiones que deben tomarse en el centro [en el Municipio] y no en los territorios, y es necesario que se cambie el modelo de administraciones zonales, que se reduzca el tamaño que tienen en territorio.
¿Qué pasa con las rivalidades políticas Daniel Noboa y Pabel Muñoz, y cómo impacta en la economía de la ciudad?
Es parte de la crisis política: no se trabaja con el gobierno nacional desde hace varias administraciones. No existe una colaboración. Ni siquiera creo que se hablan entre alcaldes y presidentes de turno para sentarse y decir: ‘Bueno, a ver, ¿qué es lo que desde el gobierno nacional necesitamos para Quito?’ Porque el tema del desarrollo económico no es algo que Quito lo puede llevar solo.
Quito puede hacer cosas, mejorar en trámites, mejorar en promoción de cadenas productivas, es decir, hay herramientas, sin lugar a dudas, y hay que apostarle a eso con más fuerza. Pero generar empleo de calidad y sostenible es algo que se hace con política económica y el municipio no es competente en materia de política económica.
Y ahí creo que es importante un mayor diálogo entre la empresa privada y el municipio. Te voy a dar un ejemplo de las cifras: más del 90% de los establecimientos económicos registrados en la ciudad son micro y pequeñas empresas. El 8% correspondiente a las medianas y grandes empresas son las que generan más del 40% del empleo en la ciudad.
Entonces, estas pequeñas y microempresas no están generando empleo. Lo que están generando es supervivencia para la familia que tiene el emprendimiento, pero no necesariamente están creciendo para emplear a más gente. Creo que ahí hay un tema importante de este diálogo más efectivo de sector privado, gobierno nacional y municipio.
La pobreza por ingresos en Quito subió de 11,6% a 13,1% entre 2023 y 2024. ¿Qué implica este aumento?
Las cifras de pobreza y de empleo tuvieron un impacto profundo en la pandemia y el proceso de recuperación que la ciudad ha tenido ha sido lento y desigual. El 2024 iba a ser un año de recuperación económica, estaba avanzando en los primeros meses, y después vino la crisis eléctrica. Eso tuvo un impacto en las cifras económicas de empleo y de pobreza.
El ingreso familiar promedio en Quito fue de 859 dólares en 2025, 27 dólares por encima de la canasta básica, ¿es posible vivir con ese ingreso?
El hecho de que el ingreso familiar promedio esté por encima de la canasta básica, así sea en lo mínimo, refleja que la vida en Quito es posible para una familia promedio de cuatro personas. Pero obviamente esto no tiene en consideración los shocks económicos.
¿Qué son los shocks económicos?
Se dan cuando, de repente, hay algún problema que la familia tiene que responder a una emergencia o una crisis. Por ejemplo, si hubo un problema de salud o hubo que comprar un generador eléctrico. El ingreso familiar promedio bajo ningún concepto permite una respuesta a situaciones económicas más difíciles.
¿Qué más nos dicen las cifras de los ingresos en Quito sobre la desigualdad?
Las cifras muestran una mayor pobreza de las mujeres, un mayor desempleo de las mujeres, una mayor participación en el mercado informal laboral por parte de las mujeres. También hay una diferencia en el ingreso promedio, la brecha en el ingreso promedio.
Y lo mismo con los jóvenes.
¿Cuál es la situación de los jóvenes en Quito?
El grupo más vulnerable, que es de 15 a 24 años aproximadamente, tiene las tasas más altas de pobreza y tiene las tasas más altas de desempleo, y hay un factor adicional: para los jóvenes no necesariamente la educación superior es una salida de la pobreza. El 80% de la educación superior es autofinanciada.
¿Por qué las mujeres tienen tasas de pobreza más altas que los hombres en casi todos los indicadores?
El principal motivo por el cual existe desigualdad en el caso de las mujeres es por la prevalencia del trabajo doméstico no remunerado.
Muchas mujeres, como tienen a su cargo los cuidados, ya sea de los dependientes del hogar, niños o, por ejemplo, adultos mayores o personas con discapacidad, usualmente tienen la necesidad de acceder a trabajos muchísimo más flexibles que un trabajo formal y por ende acceden más a empleos informales que tienen un menor ingreso, que tienen menor estabilidad, que no permiten acceder a prestaciones como el seguro social.
También hay muchas mujeres en edad económicamente activa que no accedieron a ningún tipo de educación superior. Entraron al mercado laboral ya en desventaja frente a los hombres que sí accedieron. Entonces, en el grupo etario de 45 a 64 años, que está en plena edad económicamente activa, por ejemplo, hay una alta representación de trabajo informal, donde hay alta representación también de trabajo doméstico.
En Quito, alrededor del 9% del empleo a mujeres en Quito es trabajo doméstico. Casi una de cada 10 mujeres en Quito trabaja en trabajo doméstico y obviamente el trabajo doméstico es precario. Entonces, eso hace que las mujeres estén en una situación de mayor de mayor vulnerabilidad.
Hay otro dato de su informe que llama la atención: el 85% de los quiteños aprueba hacer justicia por mano propia. ¿Qué revela esto sobre la percepción de seguridad?
Esta es una cifra que desde que nosotros empezamos a hacer la encuesta en el 2020, siempre ha sido alta. Entonces, obviamente a partir de la crisis de seguridad, la cifra ha subido sobre el 80%, un año estuvimos casi en 90%. Y cuando se ve la desagregación por administración zonal, en algunas sube del 90%. Pero siempre ha sido alta.
Más que el problema de ahorita con la seguridad, es un problema de la desconfianza institucional que ha tenido Quito. Es un problema sistémico, que se agrava, obviamente, con una crisis de seguridad como la que estamos viendo ahora, pero la cifra alta no es el reflejo de la crisis de seguridad, es el reflejo de una desconfianza institucional permanente.
Lo que busca esta pregunta es medir la confianza institucional, es decir, qué tanto la gente cree que el sistema justicia y el sistema policial pueden responder a un evento criminal. Aunque la justicia no es una competencia municipal, sí es una medida de la calidad de vida. En una ciudad donde no hay confianza en la justicia, obviamente hay esta tendencia a creer que uno puede resolver los problemas directamente de criminalidad en vez de dejarlos en manos de autoridades competentes.
Al menos el 92% de los encuestados están contentos con el Metro de Quito ¿Cómo debemos interpretar ese dato? ¿Es una señal de que el Metro está transformando la movilidad de la ciudad o de que los usuarios perciben una diferencia importante frente a otros sistemas de transporte público?
Una de las cosas que muestran los datos ahorita es que los principales usuarios del Metro son usuarios del sistema de transporte municipal. Entonces, se confirma la teoría de que el Metro le compite al trole, o le compite al sistema municipal.
Y esto es principalmente porque todavía está en proceso de integración, es decir, que la Ecovía, el Trole y otros funcionen conectados entre sí. Entonces, como el sistema no está integrado, si no vives cerca del Metro, es bien difícil que lo utilices porque no te sirve.
En la medida en que el sistema se integre tanto al transporte municipal como al transporte de las cooperativas, vamos a ver incrementar esa cifra. Ya no va a ser un tema solo de usuarios del mismo transporte municipal, sino muchísimo más amplio. Quién sabe si podamos empezar a ver algo de usuarios privados; eso es más difícil porque la gente que tiene carro difícilmente se pasa al transporte público, así tenga aire acondicionado y alfombra roja.
¿Hace falta seguir mejorando el sistema de transporte municipal?
Definitivamente, tú ves que el porcentaje de satisfacción del uso del transporte público está alrededor del 50% en el municipal y el de las cooperativas.
Entonces, evidentemente la gente está muchísimo más contenta con el Metro, sin lugar a dudas, hay una diferencia entre el servicio del Metro y el servicio de buses. El objetivo tiene que ser que los buses tengan el mismo nivel de calidad que el Metro.
Sobre el mismo informe, ¿qué nos dicen los datos sobre la calidad ambiental de Quito?
Las cifras de la contaminación en Quito son bien claras y para entenderlas se deben comparar con las del parque vehicular. En Quito hay más de 600 mil vehículos particulares y 3 mil buses. El diésel tiene mayores niveles de contaminación y por eso los buses a diésel tienen un impacto súper importante en la contaminación y es prioritario atender esa situación, pero también estamos hablando de un parque vehicular contaminante.
De hecho, la principal fuente de contaminación del aire en Quito son las emisiones de los vehículos. Ahí la ciudad tiene un reto súper importante.
Creo que eso es algo que la ciudad tiene que discutir; no puede ser que no exista una consecuencia económica para quienes están utilizando vehículo y están contaminando y están congestionando. Sería súper interesante que en esta campaña se escuche a los candidatos cuál es la propuesta para los temas de contaminación.
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