¡Hola, terrícola! Primero que nada: ¡gracias por todas las respuestas a la hamaca anterior!

Procuraré no solo incluir los temas que he recibido, sino estar más en contacto con los lectores de la hamaca —que siempre sienten algo valioso que decirme. 

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Dicho eso, vamos a lo nuestro. Esta semana recordé que hace casi dos años, Susana Roa, reportera de GK (y en 26 días, nueva jefa de la redacción) incluyó en una edición de La Semana en Breve —el newsletter que cada viernes resume las noticias más importantes de, pues, la semana— la aparición de los xenobots. 

Los xenobots son los primeros robots vivientes. Los recordé esta semana porque resulta que ahora no solo están vivos sino que ya se pueden reproducir.  Sí, así como lees. 

Pero vamos por partes, primero: ¿qué són exactamente estas nuevas formas de vida?

Son una creación de un grupo de investigadores que reúne a científicos de las universidades de Vermont, Harvard y Tufts. Su aparición fue anunciada en 2020 y son, literalmente, robots vivos. Su principal habilidad entonces era que se podían curar a sí mismos utilizando células madre de ranas.

Precisamente de ahí viene su nombre. Xenobot honra a la rana africana Xenopus laevis, de la que sus desarrolladores (¿o les decimos papás y mamás?, ja) tomaron las células madre que los han vuelto posibles. En enero de 2020, Susana contaba que los  investigadores “rasparon células madre vivas de embriones de rana y las dejaron incubar”. Luego, las cortaron y remodelaron en “formas corporales” diseñadas por una supercomputadora.

En breve, lo que hicieron fue reutilizar las células vivas extraídas de embriones de la rana Xenopus laevis y las ensamblaron en formas de vida completamente nuevas. Estas formas se mueven sobre la superficie en formas no aleatorias, por lo que programarlas para que realicen tareas es factible. 

Es una forma de vida que nunca antes se había visto: “Estas son máquinas vivientes novedosas”, dijo en 2020 Joshua Bongard, experto en robótica de la Universidad de Vermont, quien codirigió la investigación. “No son ni un robot tradicional ni una especie animal conocida. Es una nueva clase de artefacto: un organismo vivo y programable”, explicó Bongard hace dos años. 

La bióloga evolutiva Eva Jablonka, de la Universidad de Tel Aviv, le dijo en marzo pasado al periodista Philip Ball en la siempre-citada-en-la-hamaca revista Quanta que los xenobots eran nada más y nada menos que un nuevo tipo de criatura. “Definida por lo que hace en lugar de a lo que pertenece en términos de desarrollo y evolución”, dijo Jablonka.

En ese momento, los xenobots causaron entusiasmo en la comunidad científica primero porque, pues, no todos los días se crea un robot viviente —de hecho, era la primera vez. 

Pero más allá de eso, lo realmente emocionante es el uso que le podríamos dar a los xenobots en el futuro. “Podemos imaginar muchas aplicaciones útiles de estos robots vivientes que otras máquinas no pueden hacerdijo en 2020 Michael Levin, director del Centro de Biología Regenerativa y del Desarrollo de la Universidad de Tufts. “Buscar compuestos desagradables o contaminación radiactiva, recolectar microplásticos en los océanos, viajar por las arterias para remover placa”, dijo Levin (la placa de ateroma es lo que tapa arterias). 

Era una gran noticia y no sé en qué andábamos pensando en enero de 2020 en esta hamaca que no hicimos una edición sobre estos robots. Pero bueno, es solo una muestra de que sobre el futuro hay muchísimo que hablar.

Y ahora: por qué importa que, dos años más tarde, los xenobots vuelvan a las noticias. Ya en marzo de 2021 los desarrollaron publicaron un estudio con los resultados de qué pasaría si a estos xenobots se los liberaba de estar en un embrión de rana o bajo los comandos de la progamación de los investigadores. O sea, en palabras simples: qué harían si los dejaran libres. “Si les damos la oportunidad de volver a imaginar la multicelularidad”, le dijo Michael Levin a Quanta: “¿Qué es lo que construirán?

Pues, en palabras de aquel video viral: muchas cosas. El estudio en que se muestran los resultados, publicados en la revista académica Scientific Robotics, describe “una nueva generación de xenobots, que tomaron forma por sí mismos, sin ayuda ni guía humana”, explica Ball en Quanta.  “Juntos, estos resultados presentan una plataforma que se puede utilizar para estudiar muchos aspectos del autoensamblaje, el comportamiento del enjambre y la bioingeniería sintética”, dice el estudio. 

No solo sus aplicaciones son sorprendentes sino que una vez más la ciencia aborda con data y evidencia verificable la pregunta favorita de los dogmático religiosos que intentan mantener un control férreo sobre las mentes ajenas: qué es la vida.Como dijo Eva Jablonka a Quanta, los hallazgos de marzo podrían dar luz sobre los mismísimos orígenes de la vida multicelular.

Los resultados significarían que las células individuales tienen “una especie de capacidad de toma de decisiones”, dice Ball en Quanta. Esta habilidad crearía “una paleta de posibles cuerpos que podrían construir, restringidos y guiados por el genoma pero no definidos por él”, explica Ball. Fantástico. 

Esto demostraría que no hay fuerzas superiores que guíen nada, ni pagos de karmas ancestrales, ni estrellitas dando vuelta en el firmamento que definan nuestra vida. En palabras de mi astrofísico favorito: “El universo es lo que es. En realidad, al universo no le importan tus sentimientos”. 

Pero volviendo a los buenos de los xenobots. Ahora, un estudio reciente del equipo que los desarrolló muestra que se replicaron a través del encuentro y combinación de bloques de construcción, generando autocopias: un proceso que no se había visto hasta ahora en organismos multicelulares. Si los xenobots se liberan de un organismo en desarrollo, pueden encontrar y combinarse en clústeres con otras células que se mueven como ellas lo hacen.

Ya se sabía que los xenobots se podían reproducir pero ocurría raramente y solo en un proceso llamado autorreplicación cinemática, que solo se observa en moléculas y no en seres más grandes. Pero había un obstáculo. “Resulta que estos xenobots se replicarán una vez, una generación, harán niños. Pero los niños son demasiado pequeños y débiles para tener nietos”, le dijo Bongard, de la Universidad de Vermont, a The Guardian. 

Usando inteligencia artificial, los investigadores encontraron que si los xenobots se ordenaban en forma de Pac-Man (sí, el del videojuego), la replicación continuaba por generaciones posteriores.

Las potenciales aplicaciones de los xenobots son muchísimas y esperanzadoras. Según Bongard, a largo plazo podrían incluso fabricarse a partir de nuestras propias células madre para regenerar nuestro cuerpo, eliminando la necesidad de las cirugías.

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José María León Cabrera
(Ecuador, 1982) Editor fundador de GK. Su trabajo aparece en el New York Times, Etiqueta Negra, Etiqueta Verde, SoHo Colombia y Ecuador, entre otros. Es productor ejecutivo y director de contenidos de La Foca.