Leonidas Iza fue electo presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) la noche del domingo 27 de junio —de inmediato, su designación hizo ruido. Desde octubre de 2019, Iza se ha convertido en una figura polémica, tan temida como idolatrada. Su derrotero político invoca miedos de otros tiempos: en su libro Estallido defiende, por ejemplo, un “comunismo indoamericano” que reemplace la democracia electoral actual o “el sistema de partidos”. Para la política nacional, Iza es una figura radioactiva. Pero más allá de quién sea él, los procesos del Movimiento Indígena—diversos y complejos— y la estructura de la Conaie, difícilmente cederán a una radicalización inmediata. No es el escenario para hacerlo. Iza estará forzado a exigir menos y ceder más. 

Con 821 votos, el triunfo de Iza no fue una sorpresa. Su protagonismo en el paro nacional de 2019 lo ubicó como una de la voces más radicales y, a la vez, más elocuentes de la movilización: su discurso era apasionado y pedagógico, con analogías que se volvieron parte de la conversación nacional como las del “tractorcito” para explicar el efecto en las comunidades indígenas del decreto 883 para eliminar el subsidio a los combustibles

Iza es joven (tiene 39 años), inteligente y decidido. Aunque es abiertamente crítico a la política electoral “burguesa”, se mueve con fluidez en sus vericuetos. Es, de hecho, un profesional. Y gana a su estilo: en estas elecciones participó a pesar de que en su sexto congreso, en 2017, alrededor de 1.500 delegados, de 15 nacionalidades y 18 pueblos de la Conaie se habían comprometido con elegir a una mujer para la presidencia

Pero para Iza —y su agenda— no era una opción perder estas elecciones. Después de octubre de 2019 y tras la presidencia de Jaime Vargas (también de línea radical), era su momento. Iza también había sonado como posible candidato de Pachakutik para las elecciones presidenciales y, tras la elección de Yaku Pérez, fue muy crítico con el proceso (validado por el Código de la Democracia) por el cual se eligió a Pérez

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Llamó a Pérez “políticamente inmaduro” y acusó a Pachakutik de antidemocrático y tanto él como Vargas declinaron su precandidatura en protesta al procedimiento del partido. Golpe de efecto: Iza desde entonces ha movido sus fichas y ha crecido internamente en la Confederación, que es la otra gran organización indígena del país: los 821 votos que obtuvo en el séptimo congreso nacional de la Conaie, fueron casi tres veces más que los que obtuvo la segunda candidata María Vicenta Andrade: 287 votos. Un triunfo así de un hombre, cuando era supuestamente el turno de una mujer, no ocurre así nomás. Requiere de cabildeo, campaña y negociación. 

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Su militancia comunista tampoco es nueva: muchos de los liderazgos históricos dentro del movimiento indígena se han amparado en postulados comunistas. Fue el caso de Tránsito Amaguaña, por ejemplo, que perteneció también al Partido Comunista. El partido comunista ecuatoriano de inicios del siglo XX buscó su militancia entre los indígenas. Lo mismo hizo el movimiento evangélico que llegó desde Estados Unidos unas décadas después: ese es el germen de las fuertes raíces socialistas y cristianas —un cóctel improbable a primera vista— de su organización. 

Pero el movimiento indígena actual es mucho más diverso: es un paraguas que ha guarecido militancias políticas muy variadas y que ha sabido, por sobre todo, destilar sus diferencias internamente, sin ventilarlas afuera. Como me explicó Manari Ushigua, dirigente sápara y exvicepresidente de la Conaie: “El movimiento indígena tiene un proyecto y visión política que se logró cuando se reconoció el Estado plurinacional”. “Su agenda es transformar al Estado reconociendo que los pueblos —no solo indígenas— tengan su espacio de gobernanza en cada territorio”, explica Ushigua. Así, internamente, abarca tendencias que con frecuencia chocan. Cuando ocurre, sin embargo, se lava todo en casa. 

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Desde los noventa, el éxito e influencia política del movimiento ha recaído mucho en su capacidad de caminar como bloque y frente unido y mantener las miles de diferencias entre sus miembros como debates internos. Según Ushigua, más allá de sus estrellas de turno, “las bases del movimiento indígena son firmes. No cualquiera las puede romper. Tienen territorio. Nadie puede romper eso”, dice. Por eso, según el exdirigente, las divisiones se han resuelto rápido y como organización, sin la necesidad de mesianismos ni radicalismos. 

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Los contradictores de Iza dentro del Movimiento han sido cuidadosos. No son pocos, como evidencia la línea que ha tomado Pachakutik —el brazo político del movimiento— en la Asamblea. En los hechos, son otra cara: fueron finalmente quienes conformaron el acuerdo legislativo para elegir a Guadalupe Llori como presidenta de la Asamblea Nacional y formar un armisticio —volátil, sin duda— entre la Izquierda Democrática, Pachakutik y el partido de gobierno, CREO. Aunque con un discurso de izquierda progresista, en la práctica Pachakutik ha virado al centro. En su discurso de posesión, Llori habló de unidad y  reconciliación, al son también de lo que diría luego Guillermo Lasso. Entonces fueron gestos que anunciaron una apertura a dialogar —algo que Iza ve con escepticismo. 

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La protesta es el terreno político de Iza. Tras el triunfo de Guillermo Lasso, llamó al presidente “de corte fascista” y anunció que “harán de las calles y territorios su campo de resistencia». Él parte de la premisa de que este gobierno “neoliberal” (como insistentemente lo llama) no tiene la capacidad ni la autoridad para hablar de encuentro y que debe ser combatido. Iza es diestro exigiendo. Tras confirmada su elección, anunció de inmediato los pedidos al gobierno del presidente Lasso: “De manera inmediata solicitamos, exigimos, demandamos al Gobierno Nacional que derogue los tres decretos (1158, 1183 y 1054) que permiten el incremento del precio de los combustibles”, establecidos por Lenín Moreno para fijar precios de la gasolina, lo que es inevitable asociar con las protestas de octubre de 2019.  

Pero nada está dicho: falta ver cómo se decanta lo que pasó en el congreso de la Conaie y el tipo de relación que forjará con Pachakutik, que recibirá una agenda legislativa. No será fácil y, más allá de las proclividades del nuevo presidente de la Confederación, no le queda otra que negociar y conceder. Iza también ha dicho que busca “recuperar la unidad orgánica e indisoluble entre Conaie y Pachakutik”, aludiendo claramente al viraje político del partido. Aunque quiera e insista, tendrá que convencer a sus asambleístas y a las dirigencias del partido que el “encuentro” del que hacen parte junto a la Izquierda Democrática y CREO no es beneficioso para el país. Su discurso, animoso en las calles, de hace dos años, difícilmente cala en el tablero político de hoy.