Cada vez que ocurre un incendio, una paralización o sismo que afecta a la refinería de Esmeraldas, Ecuador se pone en alerta. La Refinería es un complejo industrial ubicado en la costa norte del país y es el lugar principal donde el petróleo ecuatoriano se transforma en la gasolina, el diésel y el gas que usan los autos, los buses, los aviones y hasta las cocinas.
Cuando la refinería se detiene, el impacto se siente en el sistema económico del país.
Te explicamos los principales incidentes de la Refinería de Esmeraldas y su historia.
Los incendios en 2026
El 30 de enero de 2026, una gran columna de humo negro cubrió parte de la ciudad de Esmeraldas, a causa de un incendio dentro de la refinería de Esmeraldas. Fue el primer incidente de 2026.
La alerta empezó alrededor de las 11 de la mañana. En redes sociales circularon videos donde se ve cómo el humo se expande desde el sur de la ciudad, donde está ubicada la refinería. Tres horas después, Petroecuador, la empresa estatal encargada del petróleo ecuatoriano, informó que el incendio había sido controlado.
Según la empresa estatal, el evento ocurrió en la piscina de slop, un reservorio donde se almacenan temporalmente desechos líquidos del proceso de refinación, como mezclas de agua, lodo y restos de hidrocarburos (gasolina, diésel, nafta, etc.), que son sustancias inflamables.
La petrolera aseguró que las operaciones no se vieron afectadas y que no hubo riesgo para la población ni para las fuentes de agua. También dijo que una mínima cantidad de hidrocarburo llegó al río Teaone, que atraviesa la ciudad de Esmeraldas, sobre todo los barrios rurales de la parroquia Tachina, pero que el evento fue contenido.
Habitantes de la parroquia alertaron que el ambiente era denso y se les dificultaba respirar; en algunos casos, incluso mostraban sus autos, baldes de agua y plantas llenas de residuos de ceniza.
Las calles aledañas a la Refinería fueron cerradas, y su personal fue evacuado y el Ministerio de Educación suspendió clases en 34 centros educativos ubicados en el sur del cantón Esmeraldas.
El incendio no paralizó la producción de la Refinería.
Exactamente un mes después, se volvieron a encender las alertas: la noche del 1 de marzo, la Refinería de Esmeraldas volvió a tener parte de su estructura envuelta en llamas. El incidente, según los primeros reportes de Petroecuador, habría ocurrido en las bombas de una de las áreas de procesamiento de la refinería. Esa sección se encarga de tratar los residuos más pesados del petróleo —la parte más espesa del crudo— para volverlos más líquidos y permitir que sigan circulando por tuberías dentro del complejo.
En un comunicado, Petroecuador dijo que se controló el incidente y que no fue necesario que el Cuerpo de Bomberos interviniera. Dijo, además, que no hubo riesgo de propagación del fuego e hizo un llamado a mantener la calma.
Para Marcela Reinoso, ex gerente de Petroecuador, la refinería es clave porque “la refinación permite darle valor agregado a cada barril que sale del subsuelo, para que esa riqueza realmente se quede en el país”.
Una refinería con reiterados incidentes
Solo en 2025, la refinería enfrentó cuatro problemas:
- 13 de Marzo de 2025: un derrame en el Sistema de Oleoductos Ecuatoriano (SOTE), que traslada el crudo ecuatoriano hacia la refinería para convertirlo en combustibles y derivados, no permitió que se operara con normalidad. Petroecuador llegó a declarar emergencia y fuerza mayor para aplazar ventas y exportaciones mientras se reparaba SOTE.
- 29 de abril de 2025: Petroecuador declaró en emergencia las operaciones de la Refinería tras un sismo de magnitud 6,1 que afectó sus instalaciones y que ocurrió el 25 de ese mismo mes. Esta declaratoria de emergencia estuvo pensada para agilizar reparaciones, evaluaciones técnicas y recursos, sin los tiempos de los procesos administrativos habituales. Aunque la emergencia no implicó un cierre formal si bajó su capacidad de operación.
- 26 de Mayo de 2025: un incendio en un tanque de fuel oil provocó evacuaciones y otra paralización, que duró alrededor de dos meses. En julio se retomó la operación de manera progresiva; es decir, se reactivó por día.
- Entre 2024 y 2025: un mantenimiento programado para 65 días se extendió por varios meses debido a que al iniciarlo encontraron, por ejemplo, fallas en Bombas, válvulas, intercambiadores de calor y sistemas eléctricos.
Cada uno de estos eventos redujo y detuvo el refinamiento de combustibles en la principal refinería del país.
Con una capacidad cercana a los 110.000 barriles diarios, cualquier parada obliga al Estado a importar más gasolina, diésel o gas para cubrir la demanda interna. Esas compras suelen ser más caras que producirlas dentro del país.
¿Cómo funciona la refinería de Esmeraldas?
La Refinería Estatal Esmeraldas es la principal planta de refinación del Ecuador. Fue construida entre 1975 y 1977, en pleno auge petrolero, para procesar el crudo extraído de la Amazonía y transformarlo en combustibles para el consumo interno.
Entró en operación en 1977 con capacidad para procesar unos 55 mil barriles diarios. Con el crecimiento de la demanda, el complejo fue ampliado en las décadas siguientes hasta alcanzar una capacidad cercana a los 110 mil barriles por día. Desde entonces, se convirtió en el eje del sistema de combustibles del país.
El petróleo crudo, tal como sale del subsuelo, no sirve directamente para los autos o las cocinas. Es una mezcla espesa de distintos componentes. Lo que hace la refinería es calentar ese crudo a altas temperaturas y separarlo según su peso y sus propiedades químicas. De ese proceso salen los combustibles que se usan todos los días: gasolinas, diésel para el transporte pesado, gas doméstico, combustible para aviones, asfaltos y aceites industriales.
Cuando se habla de la capacidad de una refinería en “barriles diarios”, no se refiere a lo que produce, sino a la cantidad de petróleo que puede procesar cada día.
Una historia de ampliaciones, deterioro y rehabilitaciones
Desde que se construyó, en 1977, ha tenido remodelaciones, rehabilitaciones e interrupciones. Estos son algunos de los principales hitos:
- 1977: entra en operación como el principal centro de refinación del país.
- 1987 y 1997: se hacen ampliaciones que elevan su capacidad hasta cerca de 110.000 barriles diarios.
- 2007–2015: se realiza una rehabilitación integral que fue cuestionada por fallas y denuncias de corrupción. Según el Consejo de participación Ciudadana y Control Social transitorio, que investigó las denuncias, el presupuesto que se había otorgado al proyecto de rehabilitación era de 127.052 dólares, pero al cabo de 9 años el presupuesto aumentó a 1,7 millones de dólares, incrementando en más de mil por ciento el costo total.
- 2017 en adelante: paradas frecuentes, problemas operativos y emergencias.
- 2025: sismo, incendio y paralizaciones que afectaron su funcionamiento.
¿Qué pasaría si Ecuador no tuviera refinería?
Sin capacidad de refinación, Ecuador quedaría completamente expuesto a los fluctuantes precios internacionales de los combustibles, como ocurre en varios países de Centroamérica que no tienen petróleo ni refinerías, dice Marcela Reinoso.
En esos países, cuando la gasolina baja de precio, la economía interna se mueve: hay más turismo, más transporte y más consumo. Pero cuando el precio sube, la actividad económica se retrae. Esa volatilidad es el tipo de vulnerabilidad al que Ecuador se acercaría si abandona su capacidad de refinación.
Además, el país tendría que vender más crudo para, con esos ingresos, comprar combustibles procesados. En términos simples, explica Reinoso, podría llegar el momento en que Ecuador tenga que vender dos barriles de petróleo para comprar uno de diésel. Eso implicaría que, con el tiempo, el país se empobrecería porque gastaría cada vez más dinero en combustibles importados.
A esto, dice Reinoso, se suma otro problema: la demanda mundial de diésel ha crecido más rápido que la capacidad de refinación. Ese combustible mueve el transporte pesado, la construcción, la minería, la pesca y gran parte de las fábricas y agroindustrias del país. Si los precios internacionales suben y Ecuador depende totalmente de importaciones, el país quedaría expuesto a alzas de precios y a posibles problemas de abastecimiento.
El impacto social y ambiental de la refinería de Esmeraldas
Los efectos de la refinería no se miden solo en barriles, dólares o porcentajes de importación, también hay un costo social que suele quedar fuera del debate.
Los problemas técnicos que ha tenido el complejo han provocado derrames de crudo en ríos, contaminación del aire y afectaciones directas a comunidades enteras. Según Reinoso, cada incendio, derrame o paralización no sólo ha impactado las cuentas del Estado, sino también a las personas que viven alrededor de la refinería y al propio personal que trabaja allí.
Juana Francis Bone, afroesmeraldeña y activista, documenta lo que ocurre en su provincia. Para ella, la presencia de la refinería no se ha traducido en desarrollo. “Vivo en una ciudad precarizada, sin acceso a salud pública, sin acceso a trabajo digno. Vivo en una provincia donde la refinería no ha significado una vida digna”, dice.
Dice que lo que ocurre no es accidental: los incidentes se repiten y, aunque son conocidos, no se corrigen de fondo.
Recuerda derrames que han afectado territorios como Quinindé y Río Verde y advierte que, después de estos eventos, aumentan las enfermedades de piel y respiratorias sin que exista una atención prioritaria en los centros de salud. “Siempre tratan de que la refinería no pare, pero la gente sí se paraliza, la gente se desplaza”. Y mientras desde el gobierno dicen que “todo está controlado”, ella se pregunta cuál es la intervención real en la población que vive las consecuencias.
Sobre esos mismos testimonios, Reinoso advierte que “son ellos (quienes viven en Esmeraldas) los que enfrentan los riesgos directos, los impactos ambientales y las consecuencias en su salud y su economía. Si esos daños se repiten sin una respuesta integral, la población puede perder la confianza en la industria hidrocarburífera y en cualquier proyecto energético o extractivo”.
Eso no solo pondría en cuestión el futuro del petróleo, dice Reinoso, sino también de otras infraestructuras estratégicas, como las minas o las hidroeléctricas, es decir, obras clave que sostienen buena parte de la economía y del suministro de energía del país.
Para Reinoso, el Estado debería asumir que Esmeraldas no es una provincia “sacrificable”: allí desembocan los principales oleoductos —los tubos que transportan el crudo desde la Amazonía— y funciona la refinería más grande del país, donde ese petróleo se convierte en gasolina y diésel.
Por eso, señala que junto con los beneficios económicos y la llamada “seguridad energética” —es decir, la garantía de que el país tenga suficiente combustible y energía para que no se paralicen el transporte, la industria o la electricidad— también es clave atender los impactos sociales y ambientales.
Esto significa enfrentar problemas como contaminación, afectaciones a la salud o falta de servicios básicos, y lograr que la presencia de la refinería se traduzca en bienestar real para la población local: empleo digno, inversión pública y mejores condiciones de vida, no solo ingresos para el Estado.
Según la analista, a esa situación atípica se sumaron otros factores: el mantenimiento integral planificado para 2024 que no se ejecutó por problemas en el sistema de compras públicas y el despido de trabajadores especializados. La analista advierte que si no se corrigen los problemas estructurales del complejo, los costos podrían ser mayores en los próximos años.
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