Es como si no se pudiera escapar del embrujo de Baby Reindeer. Sea tu amigo, amiga, tu crítico de confianza, tu tía y hasta el propio Stephen King, alguien te la va a recomendar como la gran maravilla que es. No hay nadie que, vistos sus siete episodios, no sienta que se está enfrentando a un trabajo audiovisual como pocos.

Eso tiene mucho sentido.

La miniserie creada, escrita y protagonizada por el comediante británico Richard Gadd se centra en el acoso del que es víctima su personaje, Donny Dunn, por parte de una mujer, Martha Scott, interpretada de forma descarnada por Jessica Gunning. Pero no es una serie sencilla: en medio camino entre drama, comedia y thriller, Baby Reindeer hace algo distinto. 

Si bien tiene una resolución en un nivel básico —el acoso es un delito según la legislación de muchísimos países— no propone cerrar nada. 

Lo que en el terreno dramático se conoce como “final abierto”, adquiere otro matiz aquí. No es que las cosas se queden sin cierre. En realidad, la vida es una constante herida abierta y lo que Gadd ha conceptualizado en su serie, basada en una obra de teatro que él mismo escribió y actuó y que fue un éxito en Reino Unido, es esa posibilidad. Baby Reindeer deja las dudas expuestas. Donny no es precisamente alguien que tenga todas las respuestas sobre lo que le sucede. 

Tampoco Richard Gadd las tiene. Baby Reindeer está basada en acontecimientos que le pasaron a él, pero como toda obra dramática, han sido filtrados por la ficción. Sin embargo,  la gente no ha perdido el tiempo y se dedicó a buscar a la verdadera Martha y, aparentemente,  la han encontrado en redes sociales. La supuesta mujer acosadora, que sirvió de base para uno de los personajes más complejos, despreciables y dolorosos de los últimos años, fue víctima de acoso.

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El lunes 22 de abril de 2024, Gadd publicó una historia en su cuenta de Instagram en la que le pidió a los fans de la serie que dejen las especulaciones de lado, porque eso  iba a terminar afectando a gente que no tiene nada que ver con los hechos de su vida real. “Por favor, no especulen sobre quién podría ser cualquiera de las personas de la vida real. Ese no es el objetivo de nuestro programa. Con mucho amor, Richard”, escribió.

En 2019, en entrevista con The Independent, Gadd habló sobre el acoso que sufrió. Hizo referencia a la mujer que le envió más de 41.000 correos electrónicos, 350 horas de mensajes de voz, 744 tuits, 46 mensajes de Facebook, 106 páginas de cartas, pastillas para dormir, un gorro de lana, un par de calzoncillos bóxer nuevos y un reno de peluche. Gadd dijo que la misma mujer aparecía en la puerta de su casa y en sus shows de stand-up.

Quienes han visto la serie reconocen la familiaridad de estas acciones.

Pero, ¿esto es suficiente para que exista un frenesí por una serie como esta? No. Si los fanáticos se han vuelto una especie de ejército tóxico a la caza de una mujer por Internet se debe a que algo ha tocado y removido Baby Reindeer. Pero, ¿qué?

Contar el dolor con perfección

Baby Reindeer es sobre personajes que viven con un dolor profundo en sus vidas y cómo lidian con eso. Algunos lo hacen de una manera sana, otros de una forma brutal, capaz de arrollar lo que encuentren a su camino. 

El Donny Dunn que hace Richard Gadd es un ser imperfecto, que trata de hacer lo correcto, que en el fondo es bueno, pero falla. Es víctima, sí; pero el malestar que carga, su búsqueda por una identidad definida, termina por arrastrar todo lo que se encuentra en su camino.

Incluso a gente que él realmente ama.

Esta producción de Netflix avanza de a poco. Plantea en sus primeros dos episodios la puesta en escena y los primeros contactos entre Donny y Martha, además de mostrar a un protagonista indagando su identidad sexual.

Pero el abuso y el trauma acaban con la aparente placidez en su vida.

En su intento por exponer lo que el abuso, el acoso y las crisis producen en una persona que no ha podido elaborar lo que le pasa luego de hechos traumáticos —como el abuso sexual del que Donny es víctima, retratado de manera cruenta en el episodio cuatro—, Gadd ha abierto dos puertas. Una para la catarsis y otra para la empatía.

Conceptos y mecanismos que, incluso desde la época de los clásicos griegos, han sido importantes para relacionarnos con el arte y las obras artísticas.

Para Aristóteles, la catarsis era esa posibilidad de que se produzca un tipo de purificación mental y espiritual del espectador ante una obra de teatro —las tragedias griegas, por ejemplo—. Si estiramos esa idea, Baby Reindeer permite que podamos, a través de la identificación con Donny y Martha —sí, porque incluso nos podemos identificar con personajes terribles— que aquello que tenemos guardado pueda encontrar una manera de flotar a la superficie. 

La ficción tiene la capacidad de hacernos sentir menos solos en nuestro dolor.

Todos y todas tenemos un dolor que guardamos. Baby Reindeer es un empujón para reconocer esas cosas que le pueden pasar a cualquiera. No es difícil esa identificación. La serie aterriza a la perfección las acciones, las reacciones y la forma en que los personajes se enfrentan a las decisiones que ellos mismos toman. Se trata de una serie que quiere interpelar y para hacerlo nos acerca a sus personajes.

Es ahí que entra la segunda idea: la empatía. Tanto los guiones de Richard Gadd, como la dirección de las realizadoras Weronika Tofilska y Josephine Bornebusch, apuestan en ponernos de lleno en el dolor de Donny y, en cierta medida, en el dolor de Martha —filtrado a través de la mirada de Donny—. Insisto: Donny no es perfecto, pero es una persona buena que trata de hacer cosas buenas, a pesar del dolor que lo está destrozando.

Si nos ponemos en los zapatos de los personajes no es porque nos identificamos totalmente con ellos, pero sí con la búsqueda de sentirse bien y de encontrar felicidad. En el fondo, Baby Reindeer impacta porque quienes pueblan ese terreno de dolor y abuso quieren estar bien.

La maestría de cerrar una historia

Se trata de trascender la trampa del spoiler cuando se debe hablar de una serie como esta. Sin decir mucho de lo que pasa, la calidad de Baby Reindeer se mide en la forma en que le da la vuelta a las ideas y sensaciones de Donny. 

¿Qué quiere decir esto? Que hay una transformación interna del protagonista la que, sin llegar a ser una solución, podría ser el punto de partida de algo más.

No en vano, Richard Gadd ha dicho en entrevistas que la última escena de la serie es su favorita.

Lo que inicia como un gesto de amabilidad por parte de Donny, al darle un té a una contrariada Martha que llega al bar en el que él trabaja en un momento bajo para ella, significa la puerta de acceso a una cadena de problemas y, al mismo tiempo, a la necesidad de enfrentarse al trauma. 

Esto sucede en un momento en el que Donny se está cuestionando muchas cosas que hace, piensa y siente, pero es incapaz de nombrar lo que sucede con él. Es como si el contacto con Martha le diera el empujón necesario para ponerle su cara a lo que lo está destruyendo.

Donny es un comediante que tiene una rutina particular de stand-up —en la que usa utilería y lee chistes de un cuaderno— y está empezando una relación con una mujer trans. Guarda para sí un montón de cosas, como el hecho de que fue sexualmente abusado por un guionista importante de la industria a la que él quiere pertenecer.

Conforme avanza la serie, lo que comienza como la fijación obsesiva de una mujer sobre un tipo que se mostró amable con ella, se convierte en una historia horrorosa, violenta, impredecible. 

Todo cambia en el final. Es en el último episodio en el que, más allá de lo que se pueda considerar como una consecuencia lógica a lo que se estaba viendo, sucede algo importante que muy pocas series pueden hacer: darle la vuelta a la narración y dirigir la ira hacia otra dirección, así como regalar compasión hacia un personaje que solo ha causado dolor en los capítulos anteriores.

Al desbaratar todo su aparato narrativo, todas las emociones que se han ido construyendo hasta ese momento desaparecen obligatoriamente en medio del desconcierto. Nos preguntamos por qué Donny está haciendo lo que hace, cuál es su objetivo, su necesidad. 

Richard Gadd da en el clavo al llevarnos por ese recorrido. Donny es una víctima y descubre lo que ser víctima le ha hecho y estamos obligados a ver ese descubrimiento. Y sucede en un momento en que no da tregua a ningún espectador.

Baby Reindeer golpea de una manera que pocas veces pasa en una serie. Hay dudas, preguntas y esa necesidad sobrehumana de hablar sobre esta producción con la persona que tienes a un lado. 

Porque hay un golpe que hemos recibido. Y queremos entender qué nos ha pasado. 

Eduardo Varas 100x100
Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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