Un día después de que se cumplieran los 40 años del lanzamiento del disco Clics Modernos, el 6 de noviembre de 2023, en Nueva York se inauguró la esquina de Charly García. Está en Manhattan, en pleno Greenwich Village, cerca de Tribeca, Chinatown y el Soho. Justo en la esquina de Walker Street y Cortlandt Alley, donde en 1983, Uberto Sagramoso le tomó la foto a García que sería la portada del disco con el que miró al futuro.

Clics Modernos es un diamante. Un disco que un Charly García de 30 y más años se aventuró a crear y que lo catapultó a toda América Latina. 

Porque hizo algo imposible: conectar con un espíritu adulto y juvenil al mismo tiempo que no dejó de hablar de las ideas que tenía en su cabeza. En Clics Modernos hay un Charly García que se juega el todo por el todo y que sale victorioso; un músico que iba a romper lo que se conocía como pop y que al hacerlo lo condujo a otro espacio. Clics Modernos es el disco que hizo que la polirritmia sea parte del sonido que aparecía en la radio.

Sí, canciones con varios ritmos sonando al mismo tiempo.

Es más, el disco empieza, sin endulzar nada, con un beat en 4/4 —el que da inicio a Nos siguen pegando abajo (Pecado Mortal)—, que luego se cruza con una guitarra que toca un riff en 7/4. Esa mezcolanza rinde sus frutos. No se escucha mal. Es una sorpresa que nos obliga a prestar atención.

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Y eso es una especie de manifiesto. El disco que lo vino a cambiar todo comienza con esta puesta en escena. Una rareza sonora que cuando García empieza a cantar —“Él es menor / ella es normal / y lo que están haciendo es un pecado mortal”— ya nos ha agarrado del cuello y maravillado. Charly García estaba a años luz de todos los demás.

Si la década de los 70 fue la de Luis Alberto Spinetta, los 80 fueron de Charly. Porque él entendió de qué estaba hecha la banda sonora de ese momento y supo alimentarse de elementos distintos que flotaban en el ambiente.

El disco hecho en Nueva York dejó que la ciudad y que sus agobios se filtraran en él, que el eclecticismo fuera el motor, que un sentido de unidad latinoamericana pesara, que el pasado inmediato argentino —dictadura— no dejara de rugir. 

Lo que suena es lo que es

García había trabajado nuevas canciones en Buenos Aires, sentía que estaba listo para volver al estudio, luego del éxito de su primer disco solista, el Yendo de la cama al living —que vino junto a la banda sonora de Pubis Angelical, también hecha por él. Aproximadamente en junio de 1983 viajó a Estados Unidos. Primero a Nueva York a comprar instrumentos y luego a Los Ángeles, donde vivía su amigo Pedro Aznar, con quien compartió la gran banda Serú Girán.

Charly quedó maravillado con las posibilidades que se le abrían en el camino. Estados Unidos, específicamente Nueva York, le ofrecía algo que sabía que podía funcionar con él. 

Lo tenía claro: “En síntesis, vine a empezar de nuevo. Además, quería aislarme de lo que en Buenos Aires me estaba asfixiando. Porque los músicos que tienen algún suceso, como me pasó a mí, tienen dos opciones: o seguir a toda máquina, o cortarla y tratar de cambiar. Yo decidí cambiar, estar en un lugar donde nadie me conoce, donde puedo tocar gratis en una plaza si se me canta. Tengo un inmenso escenario a mi entera disposición, y todas las horas del día y de la noche. El escenario se llama Nueva York”, le dijo García a la revista La Semana, en agosto de 1983.

El resultado de ese ambiente, de poder grabar en el Electric Lady, el famoso estudio de grabación creado por Jimi Hendrix, es este disco, un monumento de baile, de new wave y profundidad. Uno que pudo hacer porque le redujeron el precio de la hora de grabación de 250 dólares a 75; uno que le permitió codearse con artistas como Laurie Anderson 

Había dinero, tanto Charly como su amigo Pirín —Carlos Geniso, que era un promotor de espectáculos en Estados Unidos— pagaron de contado un buen anticipo y los trataron como a reyes en el estudio. Como ingeniero y productor seleccionaron a Joe Blaney —quien luego trabajaría con Charly por al menos seis discos más— quien venía de hacer el álbum Combat Rock de The Clash.

Grabaron rápido. Charly llamó a su compañero de Serú Girán, al bajista Pedro Aznar para que se encargara del bajo en algunas canciones. Quiso llevar a Willy Iturri para que toque la batería, pero no hubo forma de hacerlo. Los bateristas que probó en Nueva York no daban con lo que él buscaba. Entonces, en medio de la desesperanza, la claridad: Charly había conseguido la caja de ritmos Roland TR-808 Rhythm Composer —que permitía crear beats electrónicos— y a falta de baterista, empezaron a usarla. 

Les gustó el sonido, decidieron que usar esa batería programable era lo mejor para lo que buscaban y sí que tuvieron razón.

Como guitarrista contrató a Larry Carlton —que años después, hablando con una periodista argentina, a duras penas se acordaba de haber grabado ese disco en Nueva York— quien compuso varias líneas de solo, que Charly fue acomodando indistintamente para la parte del medio de Los dinosaurios, como si fueran los lamentos de las personas que han desaparecido.

Para Charly hubo algo muy casero en el disco, como si existiera una necesidad de mantenerlo simple y sencillo. Alguna vez lo definió en una entrevista con Sergio Marchi, para la biografía No digas más. “En el fondo, Clics modernos es como un demo pero hecho en Electric Lady Studios y con Joe Blaney. Pero es bastante mínimo. Un teclado y qué sé yo. El concepto de la música era así. Nada de solos. Mínimo. Tenía unas máximas en esa época: minimalismo, polirritmia, neoclasicismo, discreción y donde se pueda una pátina de ambigüedad”.

Quizás sea que no podían pasarse del presupuesto, que debían grabarlo rápido, que debía demostrar lo que era capaz de hacer con la tecnología de entonces.

Todo sea por las canciones

Casi la totalidad de las nueve canciones que compuso Charly para este disco que dura 33 minutos vinieron creadas desde Argentina. Pero Nueva York hizo lo suyo. No soy un extraño —que junto a Plateado sobre plateado (huellas en el mar) son los temas que mantienen cierta estética tanguera— nació como respuesta a lo que la ciudad le ofrecía, a esa interpelación ante lo nuevo, ante lo que se permitió observar. 

La voz de la canción ve a dos hombres tomarse de la mano, los ve bailar y hay un shock inicial. Pero esto se desdibuja, con el paso del tiempo y de la canción: la voz que canta la melodía y la letra se vuelve parte de ese núcleo, ya no hay shock, hay comprensión, naturalidad. Acepta ser parte de ese espacio y el tema cambia de rumbo: “Desprejuiciados son los que vendrán / Y los que están, ya no me importan más / Los carceleros de la humanidad no me atraparán dos veces con la misma red”.

Dos cero uno (Transas) —la canción de la que el grupo ecuatoriano Tranzas sacó su nombre, ellos solo le pusieron la “z” en lugar de la “s”— es un tema corto y directo, en el que el ritmo se va para todos los lados y en el que Charly se burla de sí mismo y de la gente que asume que se ha vendido al establishment por recibir el patrocinio de empresas para sus conciertos grandes. Sí, transar para volverse famoso. 

El personaje de la canción podría ser Charly, como cualquier otro artista. Él lo canta en tercera persona, se desdobla y el sentido es más paródico.

En Clics Modernos hay espacio hasta para la salsa, con guiños a la Fania All Star. Bancate ese defecto es quizás la canción más graciosa del conjunto, una crítica a cierta banalidad de la época, ese divertimento acerca de lo menos importante justo cuando sucede lo más terrible. “Y yo te digo, ey… bancate ese defecto / no es culpa tuya si la nariz no hace juego en tu cara”, canta Charly justo en un momento en el que la dictadura militar está a punto de caer. 

Es decir, la vida no es tan cómoda como se cree.

“Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal / Desconfío de tu cara de informado y de tu instinto de supervivencia”, canta al inicio de esta canción y con eso lo dice todo.

No me dejan salir —esa canción que muchos conocen como “Estoy verde”— hizo lo que debía hacer, sobre todo gracias a un video musical que parecía sacado de una película de Fellini. Con Charly cantando en medio de una extraña fiesta, con personajes raros a su alrededor, todos grabados con un lente que los hace ver más curiosos. 

El video que muchos vimos de niños, con el que empezamos a saber que existía un argentino llamado Charly García. 

La canción en Latinoamérica que tiene el primer sample que se haya usado. Uno en el que suena un grito de James Brown, que se repite a cada compás.  No se puede ser más new wave que esta canción.

Y en Clics Modernos descansa una de las mejores canciones que pudo componer Charly García. Si bien él ha dicho que no había pensado en la dictadura, ni en los desaparecidos, el sentido está ahí, todo el mundo lo ha podido leer de esa manera. Es inevitable que la canción sea eso.

Los dinosaurios es una canción que se sostiene con García tocando el piano y cantando en un tono suave, casi en falsete, que en las estrofas se decanta por una letanía de personas que pueden desaparecer. Desde los amigos del barrio, la gente que se ama, los que salen en los diarios, los que cantan en la radio, los que están en el aire y en la calle. Poesía y lamento al mismo tiempo. Horror con belleza.

En la parte central, el puente de la canción, García ofrece más pistas sobre lo terrible: “No estoy tranquilo, mi amor, hoy es sábado a la noche, un amigo está en cana (cárcel) / Oh mi amor, desaparece el mundo”. Una pequeña agonía que va creciendo, porque la canción aumenta, dobla la apuesta.

“Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”, canta como resolución, como despedida.

En el solo de guitarra, Larry Carlton le da voz al lamento, que tranquilamente podría ser el sonido de dinosaurios. Esos seres verdes y gigantes que van a desaparecer —¿militares en el poder?

Al final, regresa la letanía, pero Charly la canta tres veces, en armonía. Eso la convierte en otra cosa, consigue que se te ponga la piel de gallina. Es la venganza desde el arte, de esas voces que se quedaron calladas y que ahora forman parte de la canción.

En el cierre, el último acorde cambia la clave del tema y ofrece una tensión justo cuando dice que los dinosaurios van a desaparecer. La tensión de lo justo, de que esto no se ha acabado, de que la maldad va a continuar y que se la debe derrotar de alguna manera.

Los dinosaurios es mágica.

Tanto que la leyenda dice que cuando Charly García la estaba grabando en el estudio A de Electric Lady, el grupo de amigos argentinos que estaba ahí, en la sesión, en el cuarto de control, no pudieron parar de llorar. El arte, a veces, es la única manera de resistir la realidad.

Clics Modernos es un disco que se puede escuchar de corrido y que te exige, una vez que se acabe, volver a poner play. Es una especie de compromiso, de descifrar lo que sucede ahí, en ese álbum que hizo de Charly García el rey de los 80, pero, sobre todo, el artista imprescindible luego de toda la crueldad de las dictaduras de los años 70.

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Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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