Leonardo Laso, ubicuamente conocido como Pipo Laso, es un comunicador y estratega político quiteño de 68 años. Desde el 12 de junio de 2022, es parte del gobierno de Guillermo Lasso, aunque su designación oficial se hizo el 17 de ese mes, día en que fue publicado el decreto ejecutivo en el que se lo designa como nuevo Secretario de Comunicación de la Presidencia. 

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“Sí, he aceptado el reto que me propone el presidente de la República”, le dijo Laso a GK en un mensaje de WhatsApp, días antes de que se hiciera oficial la salida de Eduardo Bonilla, quien era el titular de la Secretaría General de Comunicación de la Presidencia (Segcom). 

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“Un tema: no voy a ser vocero sino facilitador de las vocerías que hará cada uno de los ministros”, explicó Laso. El mensaje es un giro de timón en la gestión comunicacional del gobierno, que bajo Bonilla parecía no tener un norte claro. Laso ahora busca establecer una línea de comunicación que atraviese toda la gestión del gobierno de Gullermo Lasso. 

Laso es un viejo conocedor de la política ecuatoriana —aunque su perfil como consultor y estratega ha sido mucho más bajo que otras figuras como Jaime Durán Barba.  

Tiene una carrera dilatada. Ha manejado varías campañas políticas desde la década de 1980, cuando fundó la firma Laso & Marsetti. En ella, se encargó de la candidatura de Jamil Mahuad a alcalde de Quito

La exitosa alcaldía de Mahuad, lo catapultó a la presidencia de la República. Ya a cargo de todo el país,  su gestión fue desastrosa: bajo su mando el país padeció la más grave crisis social y financiera del siglo XX. Millones tuvieron que emigrar, el país entró en catatonia económica, y el sistema financiero colapsó y pulverizó los ahorros de millones. Al final, cuando el polvo de la debacle se asentó, al país no le quedaba ni moneda propia: para salvar su economía sepultó al sucre y adoptó al dólar como moneda nacional

Pero antes de esa catástrofe, Mahuad era un artículo de fe. Prometía llevar la eficiencia de su administración municipal a la del gobierno nacional. Era, para muchos, un adalid contra la crisis institucional del Ecuador, agravada en el corrupto y rocambolesco gobierno de Abdalá Bucaram, un fenómeno tarimero que llegó al poder sin afeitarse el bigote hitleriano que lo distinguía.  

En esa campaña presidencial, Laso fue el productor de una de las piezas de márketing político que no solo definiría la elección, sino que se convertiría en un clásico regional. En la segunda vuelta de aquel año, Mahuad enfrentó al excéntrico multimillonario guayaquileño, Álvaro Noboa. El hijo de Luis Noboa Naranjo, el primer ecuatoriano en aparecer en la lista Forbes de multimillonarios globales, se presentaba como un outsider con experiencia administrativa y de gestión. 

Pero arrastraba el lastre de la familia Bucaram: había sido un alto funcionario del sistema de control financiero del Ecuador en el gobierno del líder del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), Abdalá Bucaram. “El abogado Abdalá Bucaram es mi buen amigo y deseo que vuelva al país”, dijo Noboa en una entrevista televisiva. 

Por esas épocas, se había estrenado Los locos Adams, una versión fílmica del clásico programa televisivo. Con el ritmo de la cortina musical de los Adams, Laso produjo Los Bucaram, qué familia. En el spot, se advertía que “los Bucaram y los del PRE, con Noboa volverán”. Recorría varios escándalos de corrupción del brevísimo régimen bucaramista, que duró apenas 6 meses: en febrero de 1997 fue inconstitucionalmente destituido por el Congreso Nacional —la actual Asamblea Nacional— que lo declaró mentalmente incapaz de gobernar —un destino de sorna para un hombre que había hecho su carrera apuntalado por su mote de “El loco que ama”.

Ese spot fue elegido en 2011 por la publicación especializada Campaign and Elections Español como el Mejor Spot de la Historia de Campañas Políticas. 

Laso trabajó también en la alcaldía de Paco Moncayo. En una entrevista con la revista Mundo Diners, dijo que su trabajo en esa administración se centró en concretar “la construcción de los centros comerciales del ahorro, como los llamaron luego, para que los vendedores de la calle entraran a esos centros y se pudiera liberar el Centro Histó­rico”, dijo. 

En años posteriores, Laso diseñó la campaña de la iniciativa Yasuní-ITT, que prometía dejar el petróleo del parque nacional Yasuní, en la Amazonía, bajo tierra. Fracasó en 2013, cuando el presidente de entonces, Rafael Correa, decidió extraer el petróleo —uno de los momentos de quiebre de su gobierno con organizaciones ambientalistas, otrora aliados suyos. 

Ese mismo año, Augusto Barrera, alcalde quiteño en la época de supremacía de Alianza País, la organización que fundó Rafael Correa, perdió la reelección. Con Barrera también trabajó Laso.  “Como Correa ejercía de súper alcalde, Barrera no llegó a tener un lide­razgo pleno”, dijo en la misma entrevista. 

Entre otros cargos de sus 30 años de carrera, Laso fue también asesor de comunicación de Gustavo Noboa, quien sucedió en el poder a Mahuad, derrocado tras la crisis de fin de siglo. También asesoró a Leopoldo López, político venezolano contradictor del gobierno de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Hizo la dirección estratégica de tres grandes proyectos en  Quito: la Implantación del sistema de trolebús, la recuperación del Centro Histórico,  y la puesta en marcha el inauguración nuevo aeropuerto Mariscal Sucre,

Laso nació en Quito, “en la Clínica Pasteur”, por su propio recuento. “Estudié la primaria en el Borja 2 y me gradué de bachiller en el colegio San Gabriel. Luego hice un tour de facultades: Ingeniería Civil, Psicología, Antropología, Economía y Música. No terminé ninguna carrera”, dijo en Mundo Diners. Un ex funcionario de varios gobiernos le dijo a GK, con la condición de que no se publique su nombre, que Laso “es muy bueno. Tiene bastante trayectoria en comunicación estratégica y publicad. Pero es de la vieja escuela”.

GK
(Ecuador, 2011) Periodismo que importa sobre lo que te importa.