Un soleado día de septiembre del 2021 acompañé a un grupo de guardaparques en un operativo de control alrededor de la isla Santa Cruz, la segunda más grande del archipiélago de Galápagos.  Navegamos durante 9 horas en un mar agitado y monocromático, haciendo revisiones de permisos de pesca especial dentro de la reserva marina galapagueña, donde rigen severas normas que prohíben la pesca industrial y regulan la artesanal,  y haciendo control de especies capturadas por los barcos artesanales. 


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En Galápagos está prohibido pescar especies protegidas, como la tortuga marina o el tiburón. Tampoco se pueden capturar especies en veda, como el pepino de mar o la langosta, en su temporada de reproducción. Pero controlar y monitorear lo que pasa en las aguas de la reserva marina de Galápagos es muy costoso. 

Para el periodo entre 2021 y 2025 se necesitan 27,8 millones de dólares para implementar el sistema de control marino, según el plan elaborado por la Organización Internacional no gubernamental WildAid y el Parque Nacional Galápagos (PNG), que es el encargado de proteger la reserva (es decir, el mar y la tierra del célebre archipiélago). El presupuesto por parte del Estado en estos próximos cinco años para la implementación de los sistemas de control marino es de 13,4 millones.

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León Dormido, Galápagos

Formación rocosa “León dormido” en medio del mar en el noreste de Puerto Baquerizo Moreno, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Fauna de Galápagos

Izquierda Fauna endémica de las Islas Galápagos. Derecha mapa de Galápagos de 1684. Derecha Bahía de Sullivan en la Isla Santiago. Fotografía de David Diaz para GK.

Bahía de la playa de los “Alemanes

Bahía de la playa de los “Alemanes” Isla Santa Cruz, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Para cubrir esta brecha presupuestaria el PNG tiene que recurrir a la autogestión. Genera ingresos con la tasa de entrada de turistas a las islas y a través de fondos de inversión y fideicomisos internacionales. Para ello el PNG ha identificado dos posibles fuentes de financiamiento para sostener el sistema de protección marina, el primero un proyecto de inversión por el Estado ecuatoriano a corto plazo —de 2021 al 2025— y la creación de un fondo fideicomiso, a largo plazo, entre 2026 y 2040.

Es un trabajo arduo y bienintencionado, pero ninguna de las vías existentes logra cubrir el total de dinero que se necesita para cuidar las áreas protegidas, marinas y terrestres, de Galápagos. “Año a año tenemos un presupuesto que bordea los 5 a 6 millones de dólares, y lo óptimo es alrededor de 9 millones. Existe un déficit de 3 millones que no llegan a nuestras cuentas”, dice Danny Rueda, director del Parque.

Barcos en Puerto Ayora

Barcos encallados en Puerto Ayora de la Isla de Santa Cruz. Fotografía de David Diaz para GK.

Guardacostas en Galápagos

Izquierda: Canal de Itabaca, cruce que une a las islas Baltra y Santa Cruz — Derecha: el capitán de la nave oceánica “Guadalupe River” monitorea Puerto Ayora. Fotografía de David Diaz para GK.

operativo de control en la Reserva Marina Galápagos

Durante un operativo de control en la Reserva Marina Galápagos, los guardaparques recargan combustible de una lancha Ranger para seguir con el cronograma de control alrededor de la Isla Santa Cruz. Fotografía de David Diaz para GK.

esqueletos animales en Galápagos

Campamento ilegal de faena de chivo al noreste de la isla Santa Cruz, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

flecha celesteOTROS CONTENIDOS SIMILARES

Saber cómo se financia el cuidado de la actual reserva es importante porque el Gobierno está planeado financiar una nueva. Hace pocas semanas creó la nueva reserva marina “Hermandad” en Galápagos. 

El mecanismo para solventar económicamente la protección de estos 60 mil kilómetros cuadrados, sin embargo, todavía no está definido. Cuando anunció la creación de la reserva, el presidente Guillermo Lasso dijo que lo haría con canje de deuda. Pero dos meses después, en la firma del decreto, no se descartó que existan otros mecanismos. Todavía no existe un plan de manejo y la reserva tampoco, técnicamente. En un decreto del 14 de enero de 2022, el presidente Lasso le ordenó al Ministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (Maate), Gustavo Manrique, que en 60 días —y con base a un informe técnico— declare la nueva reserva. Ese plazo se cumplirá el 14 de marzo. 

Un mes después (o sea el 14 de abril), según la orden presidencial, el Maate deberá presentar el plan de manejo de la nueva reserva. Pablo Guerrero, director de conservación de paisajes marinos de WWF Ecuador, dice que generar un plan de manejo en 30 días es muy ambicioso si lo que se busca es elaborar un plan participativo. “Quien esté a cargo de elaborar el plan de manejo deberá convocar a todos los actores, pesquero artesanales, industriales, organizaciones de conservación, autoridades etc.”, dice Guerrero. Él cree que los galapagueños necesitan participar de la creación del plan porque sino, “luego no asume responsabilidades. Todos deben contribuir en la elaboración del plan de manejo para que asegure la gobernanza de la nueva área protegida”, dice Guerrero.

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Viendo el amplio mar que me rodea y el esfuerzo y dedicación de los tripulantes de la pequeña nave en que vamos, me queda claro que Galápagos necesita de un plan, de conciencia local y, tan importante como lo anterior, de recursos suficientes para su protección.

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Hicimos una parada al noreste de la isla Santa Cruz. Bajamos de la embarcación costera y nos dirigimos hacia un campamento ilegal de faena de chivo, un animal que en Galápagos está en la lista de especies invasoras —al igual que los gatos, cerdos y ratas. 

Mientras caminábamos por rocas volcánicas puntiagudas, Gabri Grosabel, responsable de control marino del PNG, me dijo que lo más difícil de ser un guardaparque es alejarse de su familia por largos períodos y entrar en conflictos con la población cuando ha tenido que sancionar algún conocido. “Toca poner primero la institución por los familiares o vecinos, el tema de la ley y el reglamento para poder mantener el ecosistema”, dice Grosabel. Es parte de la preservación en las islas: desde su creación en 1998, la Reserva Marina de Galápagos ha enfrentado desafíos complejos y constantes en gestión y conservación. 

Entre las amenazas que enfrenta la reserva está el ingreso ilegal de embarcaciones a la reserva. En el 2017 ingresaron sin autorización 28 barcos, en el 2019 se redujo a ocho, en 2020 a tres y hasta septiembre del 2021 fueron seis. También hay que controlar a los pescadores artesanales del archipiélago —que son 1144 pescadores en 336 fibras, pangas y botes activos. 

Además, hay que monitorear a la flota ecuatoriana continental de pesca, especialmente atunera y de palangre, actualmente la más grande de todo el Pacifico Oriental, y a las 294 embarcaciones internacionales de pesca que suelen asentarse al pie de la reserva —281 son chinas. 

También se debe supervigilar a las más de 170 cruceros,  tours, pesca vivencial, embarcaciones extranjeras  y otras embarcaciones de turismo que circulan en la reserva cada año. Finalmente, hay que vigilar a las naves de carga y petroleras que llegan cada semana a los principales puertos galapagueños: Puerto Ayora, Puerto Baquerizo Moreno y Puerto Villamil. Proteger su inmensa área marina, de 40 millas náuticas —la mitad del territorio terrestre de Ecuador—, requiere un trabajo conjunto y organizado. 

Este complejo trabajo requiere de todas las direcciones del Parque Nacional Galápagos y la cooperación de la Armada, la Fuerza Aérea, la Policía Nacional —civil y la unidad de medio ambiente—, la Dirección General de Aviación, el Aeropuerto Ecológico de Galápagos, el Ministerio de Justica y la Fiscalía General del Estado. Todo esto solo en el sector público ecuatoriano. 

Hay también una vertiente de la sociedad civil. A esta lista de instituciones estatales se suman organizaciones no gubernamentales: el Parque Nacional Galápagos tiene 77 convenios, de los cuales 67 son nacionales y 10 internacionales. 

El PNG tiene apoyo de agencias internacionales de cooperación de países como Estados Unidos, Alemania, España, Italia, Japón y varias organizaciones como WWF, Conservación Internacional, WildAid, Galápagos Conservancy, Island Conservation, Sea Shepherd entre otras. Es, como se ve, un complicado esfuerzo de planificación, coordinación y ejecución.

Pablo Cueva

Pablo Cueva guardaparque marino, indica las áreas donde puedan existir actividades ilegales. Santa Cruz, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

 guardacostas de la Armada del Ecuador

Izquierda: guardacostas de la Armada del Ecuador en una lancha “fibra” de transporte – Derecha: lancha Sea Ranger 3 del Parque Nacional Galápagos durante operativo de control en la Isla Santa Cruz. Fotografía de David Diaz para GK.

Armada Nacional del Ecuador

Miembro de la Armada Nacional del Ecuador. Puerto Ayora, San Cristobal, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

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Viajábamos en una nave Sea Ranger 3. Íbamos Gabriel Grosabel, Guillermo Tomalá (capitán), Pablo Cueva, técnico en control marino, y un miembro de la Armada Nacional —que decidió mantenerse anónimo. El marino iba porque ninguna ley le otorga al guardaparque pleno poder, como sí se lo da a un oficial de la marina o policía.

La asignación presupuestaria del Estado al Parque Nacional Galápagos (PNG) es mayor a los otros once Parques Nacionales que tiene Ecuador. Agusto Landa, presidente de la Asociación de Guardaparques del Ecuador, dice que se podría decir que es “el consentido” de los parques nacionales. 

La Ley Orgánica de Régimen Especial de la Provincia de Galápagos, publicada en 2015, determina que el 45% de los ingresos del tributo por turismo a las áreas protegidas vaya al Parque Nacional Galápagos. El 2019 fue un buen año: por la entrada de visitantes, el PNG recibió 8 millones de dólares. Sin embargo, en 2020 en consecuencia de la pandemia del covid-19, la cifra ha disminuido en un 73% llegando a una recaudación de poco más de 1,8 millones de dólares. 

El director Rueda dice que en 2020 y 2021 el 85% de los visitantes fueron nacionales, en 2019 fue 33%. La recaudación del tributo para el Parque varía dependiendo del tipo de visitante. Por un turista nacional se recaudan 6 dólares y por la de un visitante extranjero, 100. La crisis sanitaria del mundo también influye en los recursos de la Reserva Marina Galápagos.

Ahí es donde intervienen los fondos y las donaciones de agencias internacionales. Al ser una institución del Estado, el Parque Nacional no puede recibir dinero en efectivo directamente de estas organizaciones, el apoyo es a través de bienes materiales: equipos tecnológico, radares,  comunicación satelital,  embarcaciones costeras —lanchas, fibras, botes—, capacitaciones al personal  del Parque con cursos especializados y asesoramiento en la elaboraciones de planes y estudios.

El Parque Nacional Galápagos  conjuntamente con WildAid se encuentran diseñando un fondo para suplir las brechas del Estado en el control de la Reserva Marina Galápagos. “Pero el fondo no va a reemplazar el presupuesto del Estado, presumimos que en el tiempo vamos a recuperar la economía de Galápagos y volvamos a recuperar la recaudación para la isla”, explica una funcionaria de una ONG que prefirió no ser identificada.  Siempre va a haber déficit, asegura “siempre el presupuesto va a ser insuficiente, siempre hay amenazas. La debilidad que se está teniendo en los últimos años es la asignación de presupuestos por el tema de la pandemia, por la baja de los ingresos de turismo internacionales eso afectó a la operatividad del parque.” 

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El personal del Parque Nacional Galápagos no es suficiente para cubrir el total de la superficie que se debe controlar. Entre guardaparques, personal administrativo, financiero, técnico y jurídico son 314 funcionarios de los cuales 214 son guardaparques. Se necesita contratar 23 personas para especialistas técnicos como piloto para la avioneta, ingeniero naval, supervisor de control y guardaparques responsables de control marino y logística. 

Además se necesitan al menos dos abogados y un asistente para los procesos administrativos penales, dice el estudio de sistema de protección marina del PNG. “Un número ideal sería entre 380 y 390 funcionarios para potenciar todas las actividades en las islas”, dice el director Danny Rueda. La presencia de los guardaparques en el mar, los puertos y el territorio de Galápagos sirve también como un factor disuasivo. 

Actualmente el número de guardaparques responsables del proceso de control de usos (Cusos) del Parque Nacional es de 84 funcionarios, el área de control marino tiene 46 control insular 34 y ocho funcionarios realizan actividades técnicas y de apoyo administrativo. 

presupuesto Reserva Marina Galápagos

Las capacitaciones y cursos especializados para los guardaparques responsables de control de usos con énfasis en las áreas de control marino se realizan a través de convenios interinstitucionales, intercambios con homólogos de otros países impartidas por agencias internacionales como WildAid, World Wild Fund (WWF) y Conservación Internacional, como el curso especializado en vigilancia marina operación de centro de control, detección, interceptación, cadena de custodia y abordaje en 2017 y en 2018 el intercambio de experiencia entre Guardaparques marinos del Parque Nacional Machalilla y La Reserva Puntilla de Santa Elena.

Naves Galápagos

Izquierda Base flotante Tiburón Martillo — Derecha Nave oceánica Sierra Negra. Fotografía de David Diaz para GK.

WildAid y el PNG vienen trabajando en un plan llamado Sistema de Protección Marina para la Reserva Marina de Galápagos. En ese proceso, han identificado las prioridades urgentes a las que va y debe ir el presupuesto. 

La mayor parte del presupuesto que recibe el Parque está destinado al mantenimiento de su flota marina: son 2,5 millones al año. Conservar las naves oceánicas es una tarea difícil debido a la exposición constante a la salinidad del mar.

Mantenimiento naves oceánicas

Algunas embarcaciones de la flota oceánica han superado su vida útil. La Dirección General de la Marina Mercante y del Litoral sugiere un límite de 30 años para embarcaciones de acero, aluminio y fibra de vidrio. La nave oceánica Guadalupe River tiene 37 años. La Molme, 36. 

Estas dos naves fueron donadas al Parque Nacional de segundo uso teniendo una edad previa de 15 y 28 años antes de entrar a su flota. Según el Plan de Renovación de la Flota Marítima del  Parque Nacional Galápagos, hecho en 2018, el costo de mantenimiento y operación de la flota, sin personal, entre 2009 y 2016 fue de 7 millones de dólares. De este valor, casi el 82% fue gastado solo en la flota oceánica. Es decir cada año se necesitan entre 350 a 500 mil dólares solo para el mantenimiento de una nave oceánica. Para las tres es casi un millón y medio de dólares.

Presupuesto Galápagos

Los hallazgos muestran hasta el último estudio de Sistema de Protección Marina para la Reserva Marina de Galápagos en 2018,  que los gastos de mantenimiento y operación de la embarcación Guadalupe River, hacen que sea la embarcación menos eficiente. Su costo de mantenimiento supera el millón de dólares, en comparación con las millas que recorre.

Operativo de control en Galápagos

Operativo de control en Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Guardaparques Galápagos

Izquierda Los guardarques del Parque Nacional Galápagos se preparan para salir a un operativo de control – Derecha, dos miembros de la Armada Nacional encargados también de la vigilancia de la Reserva Marina. Fotografía de David Diaz para GK.

Operativo de control de carga

Operativo de control de carga a los barcos pesqueros artesanales dentro de la Reserva Marina, realizado por los Guardaparques y Armada Nacional. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Mientras navegamos hacia el norte de la isla Santa Cruz, en el operativo de control encontramos varias embarcaciones de pesca artesanal, en su mayoría fibras y pangas. 

Al acercarnos a una para inspeccionarla, el pescador nos dijo que tenía un buzo en el agua  —las especies marinas que pescan los buzos son el pepino de mar, langostas y otros crustáceos— a lo que los guardaparques respondieron asentando sus cabezas afirmativamente, y nos empezamos a alejar sin que ellos preguntaran nada más. 

Pablo Cueva me contó que cuando existe un pescador buzo en el agua y solo hay una persona en la embarcación, no realizan la inspección, pues puede ser peligroso para el buzo porque depende de la persona que está en el bote para su suministro de oxígeno y descompresión al momento de que el buzo salga a superficie. Un descuido en la presión del buzo puede desencadenar en una embolia.  

Esas aguas son también recorridas y patrulladas por naves oceánicas. Su función es permanecer en un punto estratégico para detectar, por medio de sistemas satelitales a un blanco, y enviar una embarcación costera —fibra, lancha, interceptora— en lugar  de hacer patrullajes de varios días. Eso no descarta la necesidad de hacer patrullajes de rutina, pero sí reducirlos. El costo de un día de operativo de control de una nave oceánica está entre 2.500 a 2.700 dólares. Un operativo puede llegar a durar hasta 30 días, que es  la autonomía máxima de la nave Sierra Negra. 

La Base Flotante Tiburón Martillo no está operativa desde 2014, pero todavía le quedan 20 años de vida útil. Esta base cumple la función de presencia disuasiva en las islas Darwin y Wolf 

—declaradas por el Estado como Santuario Marino en 2016. Sin embargo, actualmente se encuentra en Puerto Ayora. Para volver a estar operativa requiere una inversión de 520 mil dólares en dique —una estructura de hormigón para detener el agua. Además, se estima un costo de 180 mil dólares por año para gastos de operación y mantenimiento. En 2019 el Parque invirtió 516 mil dólares para repotenciar la Base Flotante Tiburón Martillo que aún sigue estando fuera de operación y permanece anclada en Puerto Ayora. 

Según el Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida en el Mar, se debe realizar un dique seco —una construcción en un puerto para limpiar o reparar el casco de los barcos— cada dos años para mantener su estructura en buen estado. Las embarcaciones oceánicas del PNG  han realizado sus mantenimientos de dique seco en periodos de cuatro a cinco años con una inversión hasta 2016 de 3 millones de dólares —el 59% del total del presupuesto de las embarcaciones oceánicas. 

“La decisión de ir dando de baja a ciertas embarcaciones y renovando la flota es lo que se tendría que estar tomando, no es inflar la flota, es que la flota que ya está es el número de naves que puede manejar el Parque. Reemplazar una nave oceánica por una nueva es costoso; cerca de 10 millones de dólares”, dice una funcionaria de una ONG que prefirió no ser identificada. El plan de renovación espera que el PNG pueda reemplazar entre una y dos naves oceánicas en un lapso de 10 años. 

Las embarcaciones de la flota costera —Sea Rangers— se encuentran operativas, aunque tienen una vida útil de hasta 15 años. Las naves Sea Rangers 7, 8, 2 , 11 y 12  han completado su periodo con más de 15 años cada una. Además, su forma poco aerodinámica dificulta que avancen veloces cuando el mar está picado, lo que demanda mayor esfuerzo de sus motores y mayor consumo de combustible. Otro problema constante es la reparación de los cascos que están hechos de fibra de vidrio que necesitan mantenimiento constante. 

La flota costera debe ser modernizada en los próximos años. La Dirección del Parque Nacional Galápagos va a recibir en abril de 2022 un nuevo modelo de embarcación: la Interceptora. Es una embarcación rápida de intercepción, donada por la organización internacional WildAid. Fue construida específicamente para operar dentro de la Reserva Marina Galápagos. Tiene un casco de aleación de aluminio soldada, 11,6 metros de eslora, motores F/B300 HP de 4 tiempos y tecnología a bordo cómo equipo de navegación y radares. La donación también incluye dos años de mantenimiento. 

El PNG ha buscado estrategias para optimizar costos. “Es necesario usar drones militares con soporte satelital y visión nocturna, para disminuir los costos de la flota oceánica en los controles marítimos, que puedan patrullar los límites de la reserva y enviar la información en tiempo real a los centros de control para que se pueda dar paso a un operativo en territorio”, dice Walter Bustos, ex director del Parque Nacional Galápagos. Es decir, se necesita fortalecer el control aéreo, por ello el Plan de Renovación de la Flota Marítima también aconseja la adquisición de una segunda aeronave para reforzar los operativos de control. 

La primera es una aeronave llamada Sea Wolf  donada al Parque Nacional en 2004 por Usaid —la agencia de cooperación estadounidense. Actualmente la aeronave tiene 18 años operando, aunque se estima que su vida útil es de 20 años —es necesario explorar opciones de su reemplazo a mediano plazo. Aunque se encuentra totalmente operativa la avioneta no tiene piloto. “El piloto que necesitamos tiene que estar 3 meses en Estados Unidos para conseguir la licencia y habilitación en ese tipo de aeronave, no es tan fácil conseguir el piloto, lamentablemente el piloto que teníamos asignado renunció”, dice Danny Rueda.

Miembros de la Armada del Ecuador

Miembros de la Armada del Ecuador abordo de la nave oceánica, listos para salir a los operativos de control de la Reserva Marina. Puerto Baquerizo Moreno de la isla San Cristobal, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Sistema de monitoreo satelital AIS

Sistema de monitoreo satelital AIS del centro de control de la Base Naval del Ecuador, San Cristobal, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

lancha interceptora de rápido alcance.

Miembros de la Armada Nacional del Ecuador a bordo de una lancha interceptora de rápido alcance. Fotografía de David Diaz para GK.

Jennifer López, Alférez de fragata de la Armada del Ecuador

Jennifer López, Alférez de fragata de la Armada del Ecuador. Puerto Ayora, San Cristobal. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

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Mientras seguíamos en el operativo de control rumbo al norte por las costas de la isla Santa Cruz, nos encontramos con 6 embarcaciones de pesca artesanal, todas contaban con los permisos de pesca y la carga que llevaban estaba dentro de los límites reglamentarios. No hubo ningún acto ilegal.  

Quizá porque la mayoría de pescadores artesanales que vimos se encontraban cerca de las costas, a simple vista; además todos tenían encendido sus sistemas de rastreo satelital. El problema, me dijo uno de los guardaparques, es que los delitos ambientales ocurren con embarcaciones que no encienden sus ubicaciones satelitales y se dirigen mar adentro. Es difícil rastrearlos visualmente en la gran inmensidad del mar. Por eso la tecnología es el principal aliado en el control de la reserva marina.  

Pero también es necesario trabajar en tierra. Además de las embarcaciones, el parque tiene cinco vehículos terrestres para control y tres centros de monitoreo en Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela equipados con un Sistema de Identificación Automático (AIS) que trabaja en  Muy Alta Frecuencia (VHF) para el monitoreo de embarcaciones menores a 20TRB —Tonelada de Registro Bruto— y un sistema satelital de Monitoreo de Buques (VMS) para embarcaciones mayores a 20TRB. Cada uno tiene una cámara portuaria y un radar. Además, un software THEMIS, que permite integrar la información de los sistemas AIS y VMS. Los estudios del Parque recomiendan adquirir nuevos servidores para  el buen funcionamiento del software. Estos sistemas monitorean electrónicamente la mayoría de la flota pesquera artesanal que opera dentro de la reserva,  siempre y cuando estas embarcaciones mantengan sus dispositivos de rastreo encendidos. 

El sistema de comunicación VHF del Parque consiste en una red formada por varias repetidoras de señal. Actualmente funcionan cuatro de las siete —las de Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Floreana. Las estaciones de Pinta y Wolf están fuera de servicio desde que colapsaron por cuestiones naturales. La repetidora de la estación Tiburón Martillo fue retirada cuando se movió la base flotante de la isla Wolf a Santa Cruz.

Islote Daphne Mayor en Galápagos.

Islote Daphne Mayor, Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Pablo Cueva

Izquierda: el guardaparque marino Pablo Cueva con un teléfono satelital, se usa durante los operativos para comunicarse durante una emergencia. Derecha: Guillermo Tomalá Cápitan de la nave Sea Ranger 3 del Parque Nacional Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Guardacostas en Galápagos

Gabri Grosabel guardaparque marino durante el operativo de control en la Isla Santa Cruz. Fotografía de David Diaz para GK.

Según el estudio de de Sistema de Protección Marina del PNG, el sistema tiene cobertura de comunicación del 100% en al área del Parque y del 40% en la Reserva Marina. Tiene 100 radios portátiles VHF, 20 radio móviles ubicados en carros, casetas y embarcaciones. Además, posee un sistema de comunicación satelital INMARSAT con 10 teléfonos portátiles asignados para el control marino en las embarcaciones oceánicas. Este sistema se utiliza en los sectores donde no se cuenta con cobertura móvil.

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Al llegar al norte de la isla Santa Cruz nos detuvimos y desembarcamos junto a Gabri Grosabel y Pablo Cueva en una pequeña playa, un mar turquesa y arena dorada. Es una zona de la isla  no residencial, donde se puede ir solo con un guía naturalista o con un permiso de estudios científicos. 

Las islas son hermosas y salvajes,  hostiles y peligrosas. Varias personas que han decidido ir a explorar solas se han extraviado, y algunos han muerto, contó Pablo Cueva, mientras atravesábamos la playa e íbamos a lo alto de una pequeña colina. 

Este amplio archipiélago, con su gigantesca reserva marina y sus remotas zonas terrestres, precisa de reformas a las políticas públicas. “Si no hay repercusiones, los infractores regresarán al día siguiente. La falta de sanciones socavará el respeto de la comunidad por las regulaciones y afectará negativamente la moral del equipo de control”, dice el estudio Sistema de Protección Marinas del PNG.

Por ese motivo, el Parque impulsa una reforma del Código Orgánico Integral Penal (COIP), con las cuales se endurezcan las penas por usar artes de pesca prohibidos, alterar dispositivos de rastreo y maltratar de especies en la Ley Orgánica de Régimen Especial de la Provincia de Galápagos. El parque también pide reformas en esa ley. “Para nosotros es un esfuerzo enorme el que se hace, desde los guardaparques hasta el jurídico, administrativo, terminando en una sanción que no corresponde a la magnitud del delito”, dice Danny Rueda. 

Pez dorado

Pez dorado, capturado dentro de la Reserva Marina con el arte de pesca lineal. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Arte de pesca denominado empate oceánico y lineal

Pescadores artesanales dentro de la Reserva Marina, pescan utilizando el arte de pesca denominado empate oceánico y lineal. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Walter Borbor

Walter Borbor pecador artesanal, lleva pescando en las aguas de la Reserva Marina alrededor de 20 años. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Pescadores artesanales

Izquierda: pescadores artesanales. Derecha: Anzuelos utilizados en el arte de pesca denominado “empate oceánico” para peces de profundidad como el pez brujo. Fotografías de David Diaz para GK.

Pescador en Galápagos

Pez capturado con el arte de pesca “lineal” utilizado para peces de superficie como el pez dorado. Fotografía de David Diaz para GK.

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Al volver de la caminata de inspección, el capitán Tomalá me dijo que uno de los dos motores Yamaha F200 sufrió un daño y debíamos retornar a Puerto Ayora. Seguir el operativo de control con un solo motor era imposible. 

Navegar en los mares agitados de la reserva requiere embarcaciones con motores potentes y mantenimiento constante. Mientras esperábamos los últimos ajustes al motor en funcionamiento que el capitán realizaba, me dijo que ya son 20 años los que trabaja como guardaparque en el PNG. “Fue mi sueño desde chico”, me dijo Guillermo Tomalá, “apoyar la conservación de Galápagos. A veces hay que enfrentarse con gente de la población con las que vives el día a día y convives en esta isla pequeña”, me contó. 

Según los informes del Parque Nacional Galápagos, en el 2019 se realizaron con la Armada del Ecuador, 553 operativos de control de embarcaciones que operan en la reserva. Se inspeccionaron 3.583 embarcaciones de turismo y 445 de pesca. Como resultado, hubo 20 retenciones por el uso de artes de pesca no permitidos como el palangre. Además, se identificaron 9 embarcaciones que entraron ilegalmente a la Reserva. 

En 2020 se incrementó  a 850 el número de operativos, hubo 656 inspecciones a embarcaciones de pesca y 12 retenciones de pesca no permitida. El número de embarcaciones que entraron ilegalmente en la Reserva fueron ocho naves extranjeras y tres barcos de pesca. 

Todavía no se realiza el informe de rendición de cuentas del año 2021, así que no se tiene una cifra exacta. En una entrevista en septiembre de ese año, Danny Rueda aseguró “según el sistema satelital van seis.” Para que estos números sigan en descenso Eliécer Cruz, director del Parque Nacional Galápagos entre 1996 y 2003, asegura que se debe obligar a que todas las embarcaciones tengan un sistema de monitoreo satelital, incluyendo las fibras. Los sistemas satelitales de ubicación han ayudado significativamente al monitoreo y control de la Reserva Marina.

Mar adentro en la Reserva Marina Galápagos

Mar adentro en la Reserva Marina Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

Flora y fauna endémica de Galápagos

Flora y fauna endémica de Galápagos. Fotografías de David Diaz para GK.

Atardecer en Galápagos

Playa de la Isla San Cristóbal, al fondo se observa la formación rocosa de “león dormido”. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

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El viaje de regreso, con un mar agitado, el cielo nublado de amenazas y un solo motor, iba a durar más. Pronto, la lluvia cayó. Pablo Cueva me contó en el trayecto cómo llegó desde el continente a vivir y trabajar en las islas. La conversación era difícil de escuchar: el ruido estridente de doscientos caballos de fuerza sobre nuestros oídos,  el viento que chocaba violentamente contra nosotros, y las olas que nos mecían en un vaivén que, lejos de arrullar, nos mantuvo en continuos sobresaltos. 

El viaje duró cerca de cuatro horas. Para un humano que no está acostumbrado al mar puede parecer una eternidad. El mar se extendía hasta el infinito y su inmensidad nos hacía sentir como un simple barco de papel a voluntad de los dioses. Pensé por un momento en Ulises y su odisea. Cuán magnífico, inspirador, encantador y aterrador puede ser el mar.

Es una inmensidad tan abrumadora como puede ser cuidar Galápagos con un constante déficit presupuestario. Los desafíos que aún falta por superar en el control y vigilancia del Parque Nacional Galápagos, desde la flota de embarcaciones, la falta de personal y regulación de la política pública, hace que la pregunta sea inminente: ¿estamos listos para la nueva reserva marina? 

Arribamos a Puerto Ayora y desembarcamos en el muelle del Parque Nacional Galápagos. Me despedí de Guillerno, Gabri, Pablo, el miembro de la Armada y el personal del Parque Nacional que me llevó a conocer un fragmento de lo que significa cuidar nuestros recursos marinos. Ciertamente, la actual reserva y Hermandad necesitarán del trabajo conjunto de todos los sectores, organizaciones privadas y gubernamentales para que sean exitosas. 

Galápagos

Barco pesquero artesanal anclado en el Puerto Ayora, Isla Santa Cruz. Galápagos. Fotografía de David Diaz para GK.

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David Díaz Arcos
Comunicador audiovisual, trabaja en temas de Edu-Comunicación, Derechos Humanos y Territorio. Colaborador para: Bloomberg News, Deutsche Presse Agentur y GK. Ha publicado en National Geographic, Washington Post, BBC News, El País, Amnesty Press entre otros.