En la Asamblea Nacional nadie se hace cargo. Nuestros legisladores prefieren acusar a otras bancadas de sus votaciones que reconocerlas. Según ellos sus decisiones no son decisiones sino ¿reflejos, reacciones, automatismos? Parecen niños castigados. Esta vez, la pataleta duró todo el fin de semana, después de que el viernes 26 de noviembre, la coalición correísta Unión por la Esperanza (UNES) se abstuvo en la moción de Pachakutik para archivar el proyecto de Reforma Tributaria del gobierno y dio paso a que la propuesta sea aprobada por el Ministerio de la Ley. 

La decisión –porque fue una decisión– fue un notición para el gobierno pero generó el rechazo de las bases de UNES, de Leonidas Iza, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) y de otras bancadas como el social cristianismo y la Izquierda Democrática, que acusaron al correísmo de pactar con el presidente Guillermo Lasso. El infantilismo en la Asamblea Nacional ha caído a ser expresado en aquel canto infantil Yo no fui, fue Teté. La controversial ley tenía a la izquierda del país apuntando dedos casi entre sollozos, sin explicar del todo las condiciones del acuerdo. ¿Qué se negoció? ¿En qué condiciones? La incapacidad de las bancadas de comunicar sus decisiones o de asumir su responsabilidad solo demostró que, como tantas veces antes, la Asamblea no debate, ni disputa proyectos ideológicos. Como tantas veces antes, la Asamblea pacta por intereses y bajo la mesa. 

El Partido Social Cristiano fue de los primeros en acusar a Teté, pégale, pégale que ella fue. En un comunicado de “la 6 y aliados” describieron el proyecto del Presidente como un “paquetazo de impuestos”. Tras advertir que la ley perjudicaría a “todos los ecuatorianos”, atribuyeron la “responsabilidad exclusiva” al Gobierno Nacional y a UNES. 

“Ahora sí les queda claro entre quienes es el pacto?”, es el cierre del comunicado. “Obviamente, NO es con el Partido Social Crisitano”. Fue otra ocasión más del PSC para pelear y sacar pecho como gallitos o niños bravucones. En un post de Twitter, el asambleísta socialcristiano Esteban Torres citó un texto periodístico sobre los acuerdos que habrían permitido aprobar la ley. Llamó a su autor, el editorialista José Hernández, una “pequeña piltrafa nauseabunda” por sugerir que ciertas bancadas “extorsionan al gobierno”. Torres, por supuesto, no mencionó que en campaña, fue uno de los mayores defensores del programa de gobierno y que en mayo y junio, fue el presidente Lasso quien rompió las discusiones para formar un acuerdo con el PSC y UNES. No al revés. Es decir, el socialcristianismo tiene la memoria corta y la vocación pendenciera elevada: están dispuestos a pactar con todo el espectro político, con tal de que las cosas se hagan a su manera. En este patio de prekinder que es la Asamblea, el PSC es el bully que le quita el almuerzo a los demás niños. 

Para el correísmo y sus bases, el rechazo era inédito. Ni siquiera bastaron las explicaciones que en Twitter hacía Rafael Correa, su líder máximo. El expresidente —quien ha usado las redes para protegerse y atacar a sus detractores— tuvo que desactivar comentarios y citar al papa, como recurriendo a su mamá. Su ejército de trolls esta vez no pudo contener la avalancha de críticas. Antes de guarecerse, Correa hizo esfuerzos por responder a los mensajes que criticaban la abstención de UNES lavándose las manos y, obviamente, también acusando a Teté: atribuyó la responsabilidad a las otras bancadas de izquierda, Pachakutik y la Izquierda Democrática, por negarse a aprobar el informe de minoría que presentó el asambleísta de UNES Carlos Zambrano, que proponía un texto alternativo de la ley. “SIEMPRE hemos estado al lado de la gente, y lo que nos sobra es DIGNIDAD”, escribió el expresidente. Y señaló las que se especulan como las razones para el pacto: “Por ello los presos y perseguidos son NUESTROS”. 

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En otro mensaje, lo dejó más claro aún: “Pareciera ser que el Gobierno y la ley son nuestros, y que fuimos nosotros los que apoyamos a Lasso. El problema de siempre con cierta izquierda… P.D. ¿Cuántas veces has visitado a Jorge Glas? ¿Te has puesto en sus zapatos? ¡Qué fácil es decir ciertas cosas!”, le dijo Correa a quien ha sido uno de sus más fieles seguidores, el académico Enrique Santos, que había sugerido que “los revolucionarios” deben estar listos para ir a la cárcel. 

En sus publicaciones, el expresidente no mencionó, obviamente, que la moción de la que se abstuvo UNES fue de Pachakutik, a quienes antes el correísmo ha acusado de ser vendidos y, también de pactar con el gobierno. Y, al igual que Torres, parecía olvidar que tanto UNES como el PSC estuvieron al borde de formar un acuerdo con el gobierno en mayo. Aparte de mencionar los perseguidos, Correa no logró explicar por qué UNES se abstuvo de votar a favor del archivo de la propuesta de ley. Tanto él como algunos  asambleístas insistieron en que han sido “férrea oposición”  y que, de haber votado por archivar la ley, serían acusados de golpistas. Hasta ahí. Fausto Jarrín quiso calmar los ánimos al explicar que la Asamblea tiene todavía la facultad de derogar el proyecto si pasa por el Ministerio de la Ley. 

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Pero en general, la consigna era apuntar el dedo: “¿Acaso no es ID la que votó y sostiene a Lasso?¿Acaso no es la ley del Gobierno en el que participan? ¿Acaso no engañaron a la gente para que eligiera el neoliberalismo?”, escribió Correa en otro tuit, tras arremeter contra el nulo ideológico. 

Todo un jardín de infantes: en octubre de este año, el presidente Lasso había acusado al PSC, UNES y la dirigencia de la CONAIE de formar un triunvirato en su contra. Los llamó golpistas. Si encontraba oposición también acusaba a Teté. Ahora, en cambio, el socialcristianismo ataca a UNES  por pactar con el gobierno, Leonidas Iza exige que revelen las condiciones del pacto “Lasso-Correa” y el correísmo, en respuesta, acusa a Iza de “co-gobernar con Moreno”. 

Son todos unos niños. Les falta sacarse la lengua. 

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Los vaivenes de la Asamblea han marcado el quehacer legislativo desde el inicio de gobierno. Ha sido una serie de intrigas, tira y aflojes sin dirección ideológica clara. Las conversaciones entre Lasso, UNES y el Partido Social Cristiano, de hecho, inauguraron las operaciones políticas del gobierno. 

El problema, sin embargo, no es el pacto. El pacto es inherente a la política cuando se logra según ejes temáticos y mediante debate. El problema es que nadie quiere asumir o reconocer sus acuerdos como adultos. Estos no se han llevado a cabo, como debería ser el caso, sobre la mesa y según lineamientos ideológicos, si no a escondidas, por omisión o  interés partidario. 

La abstención de UNES sorprende a sus bases, pero no a la Historia. Esta Asamblea sólo está replicando las mismas prácticas de siempre: la del berrinche y la pataleta sin adultos que se hagan cargo. 

Iván Ulchur-Rota
(Ecuador, 1988). Escribe para medios de aquí y de allá sobre viajes, política, barrios y cultura popular. Mientras termina una maestría en Antropología Visual, también juega con publicidad, educación y rutinas humorísticas sobre sus medias chullas.