Parece que no queda nada de la J.K. Rowling de 2014. El 16 de noviembre de ese año tuiteó lo que muchos de sus lectores esperaban: Harry Potter era un espacio seguro para la comunidad LGBTI.

Diez años después, Rowling está empecinada en quemar su legado, por su lucha casi enfermiza contra los derechos de las mujeres trans.

Desde 2019 es la vocera más importante y ruidosa de un grupo de personas que asegura que las mujeres trans son un peligro para la seguridad de las mujeres cisgénero en espacios destinados exclusivamente para mujeres. En tan solo cinco años su opinión cambió radicalmente. 

Lo que fue un tuit hermoso, en el que compartió un meme que dice “Si Harry Potter nos enseñó algo es que nadie debería vivir en el clóset” con los colores del arcoiris en clara referencia a la población LGBTI, hoy es solo polvo. J.K. Rowling quiere luchar en el lado que le niega derechos a un grupo de personas, dándole espacio a estudios falsos, datos no confirmados y criterios prejuiciosos.

Hoy, ella se burla de las mujeres trans y se refiere a ellas como hombres, no pierde la oportunidad de criticar a las mujeres trans exitosas, y dice que nadie la va a callar.

Siendo optimista, quizás en algún momento es posible que ella, genuinamente, haya querido que se dé una discusión seria sobre lo que significan las identidades de género. Pero ahora no hay otra manera de verla más que como una TERF, acrónimo en inglés que, traducido al español, sería Feminista Radical Trans-Excluyente.

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¿En qué momento se torció todo? 

En junio de 2019 le puso like a un tuit que decía que las mujeres trans eran hombres disfrazados. Su vocera de prensa la justificó diciendo que fue un error al maniobrar su teléfono.

Pero el punto de arranque más evidente fue, nuevamente, un tuit del 19 de diciembre de 2019. En él, Rowling defendió a la experta en temas fiscales Maya Forstater, que trabajaba en la organización no gubernamental Centro para el Desarrollo Global, cuya misión es luchar por el fin de la pobreza y desigualdad. 

En marzo de 2019 a Forstater no le renovaron su contrato laboral por una serie de tuits que publicó, y decían cosas como “los hombres no pueden transformarse en mujeres”. Hizo las publicaciones mientras en el Reino Unido se discutía la simplificación de la Ley de Reconocimiento de Género —que se había aprobado en 2004— porque había quienes la consideraban demasiado burocrática e intrusiva. 

Forstater demandó a sus exempleadores, pero el tribunal falló en su contra por considerar que su posición era “incompatible con la dignidad humana y los derechos fundamentales de los demás”. 

El tuit de apoyo de J.K. Rowling decía: “Vístete como quieras. / Llámate como quieras. / Acuéstate con cualquier adulto que te acepte. / Vive tu mejor vida en paz y seguridad. 

¿Pero obligar a las mujeres a dejar su trabajo por afirmar que el sexo es real?”. En esa pregunta de cierre se condensa la perspectiva de la escritora inglesa: cuando dice que “el sexo es real” se refiere al sexo físico y después de eso, no hay nada más.

Es decir, para ella la identidad sexual está ligada a los genitales con los que cada persona nace y nada más, dejando un lado el contexto social, cultura, entre otros.

Esta publicación no dejó dudas: para la autora de la saga de Harry Potter, las mujeres trans no son mujeres.

Desde ese momento su imagen comenzó a caer.

¿Cómo le afecta esto al legado de J.K. Rowling?

En términos generales, a J.K. Rowling no le va mal económicamente. En los últimos años se produjo un juego de video, se filmó una nueva —y última— película de la saga Fantastic Beasts, que sucede en el mismo universo de Harry Potter. Y hasta se anunció una nueva serie de televisión, basada en los 7 libros de Harry Potter —que ya está en producción.

Es decir, esa maquinaria que ella inició, sobre la historia del niño mago que debe crecer en medio del peligro y el amor de sus amigos más queridos, sigue moviéndose. Si bien las críticas hacia ella han aumentado con los años, la intensidad de sus proyectos no ha bajado.

Incluso, cuando no son del todo exitosos, como fue Fantastic Beasts: The Secrets of Dumbledore, la última película de esta saga, con guión escrito por la propia Rowling. Estrenada en 2022, con un presupuesto de 200 millones de dólares, la película sólo recaudó 400 millones. En términos de grandes producciones es un fracaso. 

Pese a esto, a J.K. Rowling no le va mal cuando se habla de dinero. De 2023 a 2024, de acuerdo a la lista de las personas más ricas de Reino Unido de The Sunday Times, su fortuna creció, de 1100 millones de dólares a 1200 millones de dólares.

Se podría deducir, sin problema, que hasta este momento, su legado no se ha visto afectado. Pero eso no significa que no pueda pasar en el futuro, porque ella sigue apostando por sus puntos de vista contra derechos de las personas trans, sin importarle las consecuencias.

Durante la pandemia, Rowling intensificó su rechazo a esta población. Y no solo a través de Twitter. El 10 de junio de 2020 publicó en su página web un ensayo de cerca de cuatro mil palabras en el que explica sus razones para “hablar sobre cuestiones de sexo y género”. 

En el texto, la autora de Harry Potter presenta criterios y afirmaciones sin mucha base científica —como decir que está preocupada por el activismo trans por “​​la enorme explosión de mujeres jóvenes que desean hacer la transición y también sobre el creciente número de las que parecen estar destransicionándose”. Esto último, un dato que ha sido desmentido por ser científicamente no comprobable con reportes de la ONG GLAAD —enfocada en monitorear comentarios en contra de la comunidad LGBTI en medios. 

Rowling también escribió que la disforia de género desaparece con la edad y que el movimiento para aceptar a las mujeres trans como mujeres estaría “ofreciendo cobertura a los depredadores” capaces de perpetuar “la violencia machista y las agresiones sexuales”. La autora de Harry Potter utilizó una retórica falaz que usan las personas transfóbicas: las mujeres trans van a violar a mujeres cis. Algo que no tiene base científica.

Cuando publicó el ensayo, se sumaron más voces en su contra, esta vez más cercanas a la escritora e igual o más conocidas que ella. El 8 de junio de 2020, Daniel Radcliffe, el actor que saltó al estrellato por interpretar a Harry Potter en las películas, escribió un post que apareció en el sitio web de Project Trevor. Fue contundente: “Las mujeres trans son mujeres”.

“Cualquier declaración en sentido contrario borra la identidad y la dignidad de las personas transgénero y va en contra de todos los consejos dados por asociaciones profesionales de la salud que tienen mucha más experiencia en este tema que Jo o yo”, escribió el actor. Quien dijo que estaba apenado por las personas que sienten que su experiencia con los libros se ha visto afectada por la posición de Rowling.

Juzz Pincay Pazmiño, defensora de derechos humanos y escritora, es fanática de todo el universo de Harry Potter desde los 9 años, cuando vio en el cine el primer filme de la saga. Ha leído los libros, tiene un tatuaje de Harry y una pasión que ella entiende muy bien por qué se ha dado: “Íbamos creciendo juntos. Yo crecí con Harry Potter, todo mi colegio fue Harry Potter, toda mi etapa del colegio fue de Harry Potter”.

Esa pasión no se ha reducido. En realidad ella considera que puede separar la obra de la autora y sus ideas. “Declaraciones como las que hace [J.K. Rowling] están todo el tiempo y ella solo es una más. Lo preocupante es que por la voz que tiene, por la audiencia que tiene y por el poder económico que tiene, impactan más”, dice Pincay. 

Pero aún así, el amor por Harry Potter no la enceguece. Pincay tiene muy claro quién es J.K. Rowling: “Es una mujer transfóbica y hay que decirlo con todas sus letras. Me da muchísima pena porque va un poco en contra de todo este mundo que ella creó, con niños descubriéndose todo el tiempo”.

Daniel Radcliffe —quien en una entrevista para The Atlantic a fines de abril de 2024, aseguró que no tienen contacto con Rowling desde que publicó su artículo—  no fue el único actor ligado a la saga que rechazó sus declaraciones. En junio de 2020, Emma Watson, quien interpretó a Hermione en las películas, tuiteó que “Las personas trans son quienes dicen ser y merecen vivir sus vidas sin que se les cuestione constantemente o se les diga que no son quienes dicen ser”, en clara alusión a la postura de Rowling. 

Algo parecido hizo Bonnie Wright, quien interpretó a Ginny Weasley en los filmes —personaje que termina siendo pareja de Harry Potter—, a través de su cuenta de Twitter: “Si Harry Potter fue una fuente de amor y pertenencia para ti, ese amor es infinito y está ahí para tomarlo sin juzgarlo ni cuestionarlo. Las mujeres trans son mujeres”.

Hasta Eddie Redmayne, el protagonista central de la saga Fantastic Beasts y nominado dos veces a los Oscar como mejor actor por otras películas, la criticó. Le dijo a la revista Variety que “las mujeres trans son mujeres, los hombres trans son hombres y las identidades no binarias son válidas”.

Ya para julio de 2020, dos de los sitios web más importantes para fanáticos de Harry Potter decidieron romper toda relación con J.K. Rowling. The Leaky Cauldron y MuggleNet publicaron un comunicado conjunto en el que aseguraron que por las declaraciones de la autora de ese universo se negarían a promocionar cualquier cosa de ella y que solo hablarían de Harry Potter y las historias de ese universo, sin nombrarla, sin poner imágenes de ella y sin linkear a sus páginas oficiales.

De ahí en adelante, la escritora británica ha sabido sortear las críticas —y hasta las amenazas. Ha sido acusada de transfobia en una de sus novelas fuera del universo de Harry Potter, en la que hay un asesino hombre que se viste de mujer para atacar a sus víctimas. Tampoco participó en el especial por los 20 años de la primera película de Harry Potter, y hasta la asociación de Quidditch —el deporte de magos que ella creó en sus novelas— que se formó en la vida real como consecuencia del fanatismo, decidió en julio de 2022 cambiar el nombre del deporte a Quadball.

¿Qué tiene para decir ella?

En febrero de 2023, en una entrevista, Rowling dijo que con sus opiniones nunca quiso hacer sentir mal a nadie, pero que aún así “no le incomodó que se la bajara del pedestal en el que se la tenía”. Incluso dijo que el reclamo de fanáticos alrededor de haber destruido su legado la tenía sin cuidado y que esos ex fans no podían estar más equivocados.

“No camino por mi casa pensando en mi legado (…) ¡Qué manera más pomposa de vivir tu vida sería eso de ir pensando en tu legado! Me da igual, estaré muerta. Me interesa el ahora, me interesan los vivos”, dijo.

Y tal como lo dejó en claro, J.K. Rowling no se ha detenido. Sigue hablando en contra de mujeres trans, identifica a varias personas trans con los pronombres cambiados y ha llegado a decir que antes preferiría ir a la cárcel que pronunciar los pronombres con el que algunas personas se identifican. El pasado 13 de mayo de 2024, Lucy Clark, entrenadora del equipo de fútbol Sutton y primera mujer trans en ese puesto, fue víctima de Rowling, quien le dijo “bloke” en su cuenta de X. Algo así como decirle “flaco” o “tipo” a una mujer trans.

Ese comentario recibió unos 400 mil me gusta, la gran mayoría de cuentas ligadas a posiciones de extrema derecha. 

Rowling también desgasta a quienes podrían verse como sus aliados porque su cruzada es monotemática y termina agotando a muchos. Entre esos agotados estaría el propio Elon Musk —billonario y dueño de SpaceX y X, antes Twitter—, que el pasado 4 de mayo le comentó un tuit anti trans diciéndole: “Aunque estoy totalmente de acuerdo con sus puntos de vista sobre sexo/género, ¿puedo sugerirle que también publique contenido interesante y positivo sobre otros asuntos?”.

Y bueno, parece que le hizo caso porque ha publicado sobre otras cosas. Pero eso no significa que J.K. Rowling deje de mostrarse como una transfóbica. 

Eduardo Varas 1 150x150
Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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