Las tortugas gigantes en Galápagos están consumiendo plástico, ropa e incluso vidrio. Un estudio que analizó 6.629 muestras fecales de esta especie en la isla Santa Cruz reveló que tienen preferencia por los plásticos verdes y blancos porque los confunden con hojas de su dieta natural, compuesta por hierbas, cactus, semillas y flores.

Aunque este dato es triste, no sorprende. Ya hemos visto la invasión del plástico en peces, ballenas, aves e, increíblemente, hasta en la leche materna.

Este hecho es un síntoma más de la crisis de basura que tiene el país y, en particular, uno de los lugares biológicamente más importantes del mundo: las Islas Galápagos.

Quienes hemos tenido la fortuna de conocerlas coincidimos en que son un tesoro, y como tal, merecen ser protegidas, no contaminadas.

Sin embargo, el manejo de residuos en el Archipiélago es deficiente. Por ejemplo, el sistema de gestión de residuos en la isla Isabela está obsoleto. Sus habitantes denuncian la desaparición del poco reciclaje que existía en años anteriores, mientras las autoridades no tienen una ruta clara y sostenible a largo plazo.

Abordar una crisis implica comprender sus causas. Pensemos en un dolor de cabeza recurrente: si sólo tomamos analgésicos y no consultamos a un médico, estamos combatiendo el síntoma, pero no la raíz de la dolencia, que podría ser fatal. Lo mismo pasa con los residuos y “las soluciones” actuales. Los residuos orgánicos, por ejemplo, emiten gas metano —80 veces más potente que el CO2— al descomponerse sin control. En cambio, si los gestionamos correctamente, pueden transformarse en fertilizante para nutrir la tierra y producir alimentos. 

Aceptar que el síntoma —el dolor de cabeza o el gas metano— tiene una causa de raíz es aplicar la economía circular, el sistema de producción que busca reducir el desperdicio, aprovechar al máximo los recursos y distribuir la riqueza equitativamente.

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Para entender cómo funciona la economía circular, imaginemos que llegamos a casa y la encontramos inundada. El instinto nos llevará a cerrar la llave que quedó abierta antes de empezar a sacar el agua regada. Es decir, a ir a la raíz del problema. Este enfoque es el que debería aplicarse a la crisis de basura en el archipiélago.

Debemos preguntarnos: ¿de dónde proviene esa basura?, ¿son los hogares los mayores productores?, ¿o es la industria turística?. Y las marcas, ¿cuáles son las más consumidas en las Islas?, ¿ofrecen alternativas de reúso o reciclaje de sus empaques?

Después de identificar la fuente del problema con preguntas como estas, es crucial entender “la naturaleza de la basura”. Primero, reconozcamos que no es lo mismo que los residuos —restos de alimentos, empaques, aceite usado, embalajes, entre otros— que pueden convertirse en materia prima para nuevos productos. La basura, en cambio, es un invento humano, un error de diseño que no es parte de la naturaleza. 

Si aceptamos que la basura es un error, debemos tratarla como tal. El primer paso para superarlo es reconocer que existe, y comprenderlo. Hemos naturalizado que para ser buenos ciudadanos, basta con juntar la basura, sacarla de la casa y esperar que alguien más se la lleve. Ahí es donde estamos equivocados. Y tanto nos desagradan nuestros desperdicios, su olor y su aspecto, que los ocultamos bajo toneladas de tierra, pero al acercarnos a ella, podríamos llevarnos sorpresas reveladoras.

Tomemos una bolsa de basura promedio de una casa, con 4 o 5 personas. Según la organización Quito cómo vamos, el 56% de esa bolsa está compuesta por residuos orgánicos, principalmente restos de alimentos vegetales y animales, altamente aprovechables para convertirse en fertilizantes agrícolas como compost o biol, e incluso alimento para animales.

El 26,8% de la misma bolsa son residuos inorgánicos reciclables como papel, vidrio, plásticos y metales. Con la tecnología existente, estos son valiosos recursos, no basura, y pueden transformarse en materia prima para nuevos productos.

Y apenas 16,62% de esa bolsa de “basura” corresponde a residuos no aprovechables, como desechos sanitarios o materiales que no se pueden reciclar por falta de tecnología en el país, destinados a un relleno sanitario.

Cambiar nuestra visión lineal —producir, consumir y descartar— por un enfoque circular no sólo resolverá la crisis de basura, sino que también generaría oportunidades económicas, ayudaría a la soberanía alimentaria y preservaría especies, como las tortugas gigantes de Galápagos. 

Según la Cepal, la industria del reciclaje podría crear 450 mil empleos para 2030 en América Latina. 

Asimismo, si aprovecháramos los restos de alimentos y los tratásemos correctamente a través del compostaje a gran escala, podríamos usar ese fertilizante orgánico para nutrir huertos urbanos. Y si llegase otra pandemia, por ejemplo, los isleños estarían más protegidos frente a una crisis de alimentos, pues dependerían menos de que su comida llegue desde el continente.    

Unas islas Galápagos verdaderamente sostenibles son posibles también con educación sobre residuos en las escuelas y colegios. Además, con campañas de sensibilización para que los adultos entendamos que la basura no desaparece cuando sale de casa, fiscalización hacia los comercios y la industria turística en las islas, incentivos para la aplicación de la economía circular en el desarrollo de nuevos productos y servicios, y con rellenos sanitarios eficientes que solo reciban lo que verdaderamente es basura porque lo otro ya ha sido aprovechado de otra manera.

Las soluciones ya existen. Ahora toca aplicar la conciencia, voluntad y decisión política. Tal vez, el anuncio de la joven galapagueña Sade Fritschi, designada como Ministra de Ambiente del próximo gobierno, sea el comienzo de un cambio de enfoque hacia la gestión de basura en Ecuador, donde se recicla menos del 5% de los residuos. 

Fristchi tiene un reto gigantesco. La buena noticia es que no hay que inventarse nada nuevo, sólo aplicar la economía circular imitando los ciclos de la naturaleza, donde todo tiene una función y nada se desperdicia. 

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Paula Merchán
Comunicadora socioambiental y periodista. Ha trabajado en televisión, prensa escrita y marketing digital. Máster en Periodismo de Viajes. Apasionada por los viajes y la vida a paso lento.
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