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La música se escabullía por la puerta y un arpa llanera se escuchaba antes de salir a la calle. Armando Cárdenas, venezolano originario del estado Barinas, al occidente de Venezuela, se preparaba para vivir su sábado con alegría, en compañía de su familia y vecinos cercanos. 

En el llano venezolano, todos los fines de semana sonaba el choque de las cervezas y las risas. Después de una larga semana, juntarse para compartir recuerdos y, por qué no, hacer una parrilla a lo llanero, era tradición. 

Asar la carne, pollo, cerdo, con su buena porción de yuca frita y bollitos bañados en salsa, era la excusa perfecta para reunirse y hablar del país, de la familia, los amigos y de lo que sucedió en la semana. Esto era lo que Armando conocía, lo que lo unía con los suyos. Eso que tuvo que dejar cuando emigró en 2018 y llegó a Guayaquil, Ecuador.

Cuatro años después, este ambiente ha regresado. Han cambiado los husos horarios y la geografía. Y a pesar de que también ha variado el acento con el que se habla español, Armando repite lo que siempre conoció en “Un rincón de Venezuela”, su restaurante. 

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Está ubicado en la avenida Gabriel Roldós, en La Alborada. Allí recibe a venezolanos y ecuatorianos por igual, para repetir ese ambiente familiar que ahora ha cambiado de rostros, pero no de cariño. ¿La idea? Llevar un pedacito de Venezuela a Ecuador. 

parrilla

Los sábados huelen a parrilla, con sonrisas y cervezas para celebrar el día, con la mejor promoción de la zona. Fotografía de Alexa Vilema para GK.

El viaje de Armando

Armando Cárdenas emigró en 2018. Con el inicio del desabastecimiento de alimentos, los bajos sueldos para mantenerse y la crisis política en Venezuela, tomó la decisión de buscar un nuevo camino en Ecuador. Apenas con 20 años y muchos sueños por trazar, empezó a trabajar en un restaurante de Guayaquil. Con ese trabajo pudo arrendar un espacio para vivir y reunirse nuevamente con su esposa, que lo siguió a Ecuador.

Para ese año, el censo de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V) registra que habían unos 245.665 venezolanos en Ecuador. Para Armando, el que hubiera pocos venezolanos en el país fue una oportunidad de mostrar sus talentos en la cocina y ponerlos en práctica. 

“Cuando llegó mi esposa, ya no quería trabajar para nadie, quería montar un negocio y ella me dijo… ‘Yo sé hacer empanadas y arepas’, y yo sabía hacer los rellenos”, dice Armando. Ante eso y con la emoción de emprender algo nuevo, comenzaron viendo el presupuesto de los ingredientes de las empanadas, compraron una mesita pequeña, un tanque de gas, una vitrina y tres banquitos para atender a sus clientes.

Así pues, montaron su pequeño negocio a unos cuantos metros de la avenida Gabriel Roldós y José Andrés Mateus. “Nos ubicamos en esa esquina, y la gente nos puso un apodo… Nos llamaban Los niños de las arepas”. Con el tiempo, Armando se empezó a dar cuenta de que a los vecinos del lugar les gustaba mucho unos frijoles conocidos como menestra. Ante esto, como en Venezuela existe el frejol negro conocido como caraotas; comenzó a preparar sus comidas con este particular ingrediente para la población ecuatoriana, permitiendo crear una conexión al cambiar los frejoles ecuatorianos por los venezolanos, deleitando el paladar de la comunidad.

Además, los combos económicos que ofrecían hicieron que fueran más conocidos en la zona, hasta que un día empezó la fila para obtener sus empanadas y arepas durante las mañanas y en las noches. Para Armando y su esposa, el trabajo arduo recién estaba comenzando a dar sus frutos. 

Pero en 2018 llegaron las lluvias torrenciales a Guayaquil.

El sueño interrumpido por un tiempo

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“No contábamos con este problema, y tampoco teníamos dinero para comprar una estructura que sirviera de techo”, dice Armando. Con preocupación y sin poder hacer algo diferente, decidieron prescindir de la esquina y buscar un empleo mientras pasaba la época de lluvia en la ciudad.

El estudio Retos y oportunidades de la migración venezolana en Ecuador, del Banco Mundial, señala que entre 2013 y 2018 se perdieron en el Ecuador 66.000 empleos adecuados. Esta categoría incluye a quienes trabajan más de 40 horas por semana y reciben un ingreso laboral superior al salario mínimo, y también quienes trabajan menos de 40 horas semanales, no desean trabajar más horas, y reciben un ingreso igual o mayor al salario básico unificado.  Esta pérdida acrecentó el trabajo informal en la población ya que “los empleos ofrecían menos horas por semana y salarios más bajos, o una combinación de ambos”. Armando y su esposa debieron padecer esa situación.

Pasaron los meses y Armando consiguió un trabajo informal en un restaurante. En esos días hizo un mal movimiento que lastimó los ligamentos de su pierna derecha, así que por ese accidente le dieron unos días de reposo. Fue entonces cuando, almorzando en un puesto de comida cercano a la zona, conoció a una señora que deseaba alquilar su local; ahí funciona actualmente Un Rincón de Venezuela.

Esto volvió a encender la llama de emprender en su propio local de comida, y aunque no tenían para el arriendo completo, lograron negociar un precio inicial con la señora, que les permitió alquilar el espacio con dinero prestado. “Nosotros empezamos en el local sin ninguna mesa, los tres banquitos que teníamos era lo que había. El local estaba pelado”, recuerda Armando.

Los vecinos del lugar mostraron su emoción cuando los vieron instalados en el local y aunque aún no tenían mucho, las personas no dejaban de asistir. Se comían sus empanadas de pie y si no tenían de donde apoyar, lo hacían del suelo junto a amigos y cervezas para compartir.

Así comenzó este rincón lleno de sabor. 

Con esfuerzo, Armando junto a su esposa han conseguido cada una de sus metas y, a su vez, dar empleo a  20 de sus compatriotas, de distintas partes de Venezuela.

Hoy en día, la  cifra de venezolanos en Ecuador se ha duplicado. La Plataforma RV4 registra 551.000 venezolanos radicados en el país. Lo mismo sucede con la cifra de desempleo, que también va en aumento. Hoy asciende a un 3,7 % de acuerdo con Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), lo que representa que 4 de cada 100 personas no tienen un empleo en Ecuador.

Para Armando, dar empleo a otros venezolanos ha sido un motor para seguir expandiendo su negocio. Tanto así que varios compatriotas les han escrito pidiendo consejos para emprender y él les ha ofrecido pasar unos días en el restaurante para que puedan vivir la experiencia y puedan aplicarla en sus negocios. Estos consejos han servido de base para materializar los emprendimientos de otras personas.

La comida nos traslada a nuestros mejores momentos

comida venezolana en Guayaquil

Las empanadas salen a cada hora, los ecuatorianos y venezolanos aman las de pollo, carne, pabellón. Fotografía de Alexa Vilema para GK.

La comida nos conecta con nuestras memorias, nos acompaña a transitar cada momento de nuestra vida y nos hace sentir bien. Para Carlos Adrian, oriundo de Guayaquil, esto es así. 

La música y la experiencia ha hecho que Carlos vaya cada semana a Un Rincón de Venezuela, en donde se toma una cerveza, habla y se ríe con los meseros y, por supuesto, prueba una empanada. Religiosamente cada semana asiste a ver cómo van las cosas, porque siempre se ha sentido conectado con la esencia del negocio. 

Porque así como los ecuatorianos se han enamorado de sus platos, los venezolanos se han deleitado con los mismos. En especial aquellos que han pasado meses sin probar esa comida que los lleva de regreso a su tierra, porque ese olor a Venezuela los llena de nostalgia.

“Hemos tenido la oportunidad de presenciar a clientes que vienen y tienen meses o años sin probar una comida venezolana y de repente se les sale una lágrima. Cuando escuchan una música llanera o las gaitas en diciembre… Escuchar y sentirse como en casa, hace que a uno se le afloje el guarapo”, dice Armando.  Para él, esto lo ha impulsado a seguir recuperando a la Venezuela que recuerda, con la música de joropo bien alta, con conciertos en el local, con la promoción de parrillas con sabor a llano, para sentirse como en casa, a kilómetros de distancia.

Estar regularizado para consolidar el negocio

restaurante

Cada persona visita y deja su huella, de la experiencia que vivieron en el restaurante, de los recuerdos que crean y atesoran en el corazón. Fotografía de Alexa Vilema para GK.

Armando y su esposa no tuvieron guía. Aprendieron a emprender con los tropiezos en el camino. “Cuando nos llegó la primera inspección del Municipio, aún no habíamos sacado el permiso del local. Nos aterró que nos mandaran a cerrar; sin embargo, las autoridades de manera comprensiva nos explicaron los pasos para iniciar el proceso de legalizar el negocio”, dice.

Luego de esa inspección, hablaron con la dueña del local para realizar los pasos en conjunto. Ellos estaban regularizados, algo que les permitió obtener los permisos de manera más sencilla.

Al tiempo, sacaron el Régimen Impositivo Simplificado (RISE) y, luego, pudieron cambiarse al Registro Único de Contribuyente (RUC) para consolidar la empresa y cumplir con sus obligaciones tributarias en el país.

Emprender, tres claves para lograrlo

Para Armando, tres claves fueron determinantes para hacer de este restaurante una realidad, porque no fue fácil el camino. Él lo cuenta en primera persona: 

Empezar por la confianza. Si vas a montar un emprendimiento tienes que tener confianza en lo que vas a hacer. Aunque quizá no sepas muy bien lo que haces, las personas a tu alrededor verán lo que demuestras, y si proyectas seguridad en tu calidad de atención y preparación de los platos, conseguirás seguir adelante.

La humildad con todos. La humildad se debe tener con todas las personas: con las que trabajas, con los clientes y con quienes tengas convivencia. Esto te hará cada vez más agradecido. Nosotros siempre, cuando vemos a personas necesitadas, le damos empanadas y a los cantantes también los dejamos entrar para que canten. Hay algunos que han estado aquí y que han firmado disqueras, por ejemplo. 

También nos hemos caracterizado por enseñar cómo se hace, porque a veces nuestro equipo comete un error. Y ahí vemos una oportunidad de mejora, sin señalar nada porque no sabemos qué problema pueda estar viviendo esa persona.

La tercera es el sacrificio. El primer día que estuvimos en la esquina, nosotros hicimos 18 arepas, de las cuales solo vendimos 2 en todo el día ¿Qué hicimos? Almorzar arepa y cenar arepas, porque no podíamos perder ese dinero. Así te vaya mal hoy, no decaigas. Sé que a veces no tener dinero asusta, porque eso es lo que prevalece hoy en día y lo necesitas para poder avanzar. Pie de plomo ante todo. 

Esas tres claves, para nosotros, nos han hecho crecer, tanto como emprendimiento y también a nivel personal.

Conservar y enseñar las raíces de un país

cultura venezolana

Cada noche, en Un Rincón de Venezuela atienden con la mayor disposición, porque su parte favorita es hablar con los clientes y contarles de la cultura venezolana. Fotografía de Alexa Vilema para GK.

Los ecuatorianos se sorprenden, tanto por los platos del menú, como por el crecimiento del local. 

Cada visitante agarra un marcador y deja su huella en la pared, un mensaje de afecto, palabras en las que se refleja el sentimiento que les produjo el restaurante. Esa experiencia que se atesora en el corazón, para honrar las raíces y saborear lo diferente.

firmas y testimonios

Las firmas y testimonios de una cultura que cada día se expande y arropa a nuevos admiradores. Fotografía de Alexa Vilema para GK.

Para Karina Montoya, mesera del restaurante, su parte favorita es hablar con los clientes: “Me encanta explicarle cada uno de los platos, porque el 60 por ciento de las personas que vienen son ecuatorianos, entonces ahí nosotros explicamos qué es la parchita (fruta de maracuyá), el papelón con limón (bebida), las caraotas (frejoles negros)…”.

Porque desde que se fundó este restaurante, ese ha sido el norte: dejar a Venezuela en alto, ya sea desde su gastronomía y por la atención. Armando quiere expandir su negocio. Abrir una sucursal es el siguiente paso para seguir ofreciendo la oportunidad de llevar un rincón de Venezuela a venezolanos y ecuatorianos. Con su música, olores y sabores, para seguir conectando a dos países a través de la comida.

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Alexa Vielma Ojeda
Periodista venezolana egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha trabajado en proyectos de periodismo escrito y documental con enfoque en derechos humanos. Ganadora de una beca del Programa Periodismo y Migración de GK Escuela y la OIM Ecuador, para la producción de una historia narrativa sobre migración.
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