El penúltimo fin de semana de enero de 2022, asambleístas de la Izquierda Democrática se reunieron con Xavier Hervas, el ex candidato presidencial del partido. Unos, en persona; otros por Zoom. Iban a discutir las posturas de los legisladores —y del partido— en la votación del proyecto de ley de interrupción del embarazo en casos de violación que debe ser aprobado por la Asamblea Nacional. Al final de la reunión, el bloque de la ID no encontró un consenso y algunos de sus asambleístas podrían votar contra la postura institucional: votar a favor del informe de mayoría de la ley que fija un plazo más amplio de semanas para terminar esos embarazos. Es la más reciente evidencia de la fractura que vive la ID. 

Según Verónica Carrillo, asambleísta alterna y Secretaria Nacional de Juventudes de la ID, hubo un asambleísta que quiso justificar su oposición a la despenalización del aborto. “Antes las mujeres tenían hijos a los 14 años, a los 15 ya eran jefas de hogar”, dijo el asambleísta —cuyo nombre Carrillo omite. En la misma reunión, cuenta Carrillo, hubo tres legisladores que abiertamente dijeron que votarían por el informe de minoría, si es que se llega a debatir: Dalton Bacigalupo, Marcos Molina y Rodrigo Fajardo. 

Este informe, presentado por Ricardo Vanegas, de Pachakutik, con la firma de Sofía Espín de UNES y de Bacigalupo, pretende poner un plazo de hasta las 6 semanas de embarazo para interrumpirlo cuando la víctima de violación es mayor a 18 años y hasta 12 semanas de gestación para menores de 18, mujeres de la ruralidad y mujeres con discapacidad. El informe de mayoría, cuya ponente es Johanna Moreira, de la ID, plantea un plazo máximo de entre 20 y 22 semanas.

En una entrevista telefónica, Bacigalupo confirmó su postura. Dijo que siempre fue contrario a los plazos tan amplios y que por eso se “obligó” a firmar un informe de minoría, “lo de los plazos indefinidos o siete meses, es extremo”, dijo. Fajardo sí cambió de opinión. Dice que al inicio apoyó el informe de minoría porque “estaba a favor de la objeción de conciencia, la temporalidad y las denuncias en la fiscalía”, pero que el bloque decidió apoyar, finalmente, el proyecto de ley presentado por Moreira. Por eso, dice, él también lo apoyará. “Siempre he sido orgánico”, me dice. Molina no me contestó hasta el cierre de este texto.

“Si los propios asambleístas quieren votar en contra de los principios que, se supone, son de nuestra organización, ¿cuál es el sentido?”, se pregunta Johanna Moreira. El jefe de bloque, Marlon Cadena, dice que previo al segundo debate han tenido reuniones para consolidar un voto orgánico en favor del informe de mayoría: dice que de los quince asambleístas de la bancada, trece ya se han comprometido. 

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Johanna Moreira dijo en una entrevista en GK que sería “lamentable” tener que bajar los plazos porque eso no permite que la ley sea reparadora. Sin embargo, en su propia bancada hay quienes exigen la reducción de esos plazos. “Yo estoy de acuerdo en los plazos establecidos, pero si con eso no contamos los votos, ¿de qué nos sirve? Vamos a echar al traste toda una lucha”, dice Wilma Andrade, dirigente histórica de la organización y legisladora. 

Moreira cree, además, que hay un intento explícito de la ID de utilizar la discusión del aborto para generar fricciones al interior. “Muchos empezamos a pensar que no estamos en el partido correcto o que, estando en el partido correcto, no tenemos los líderes que deberían dar una luz a estos temas”, dice. Carrillo concuerda. “Lo que pretenden algunos asambleístas es lavarse las manos y querer utilizar los plazos del aborto como una excusa para estar más cercana al pedido de los viejos militantes”, dice. 

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En 2021, Xavier Hervas logró un sorprendente cuarto lugar en las presidenciales ecuatorianas. Lo hizo apelando a los jóvenes: usó Tik Tok como su plataforma de comunicación y abanderó causas importantes para muchos ecuatorianos menores de 30. 

Pero de esos vientos de juventud parece no quedar mucho: cinco militantes jóvenes con los que conversé —todos menores de cuarenta años— dicen que sobran las disputas de vanidades, al punto que ellos sienten que han sido tácitamente expulsados del partido y confirman que hay una pugna entre los viejos y nuevos socialdemócratas. 

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“Hay una agenda generacional. Temas como el feminismo, el ambientalismo, el animalismo no son relevantes para la vieja militancia, para los jóvenes son su motivo para estar en el partido”, dice uno de ellos. “Se minimizan las ideas de los jóvenes, no hay una intención de escucharnos”, dice Verónica Carrillo. Wilma Andrade no cree que sea un problema generacional ni ideológico. Insiste en que la organización es de izquierda y progresista. “Yo soy la que he dado todos los espacios a los jóvenes”, alega, en primera persona. Pero algunos de esos jóvenes, como Diego Almeida y Alejandro Jaramillo, van quedando relegados.

El 19 de enero pasado, Alejandro Jaramillo, entonces coordinador de la bancada de la ID en la Asamblea desde su posesión en mayo de 2021, renunció a la jefatura del bloque. Dijo que no estaba de acuerdo con algunas decisiones internas del partido  —entre ellas la salida de Diego Almeida como su secretario ejecutivo (cargo que asumió en abril de 2021). 

Cuatro días antes del anuncio de Jaramillo, Almeida había hecho pública su renuncia. En una carta, dejaba entrever pugnas de control, rivalidades entre sus líderes y la imposibilidad de un relevo generacional. “Me da la impresión que una parte del Partido está podrida, es putrefacta, genera repulsión su fetidez y la gente así lo percibe”, escribió Almeida. En su carta, además, señaló a Andrade y a Hervas. 

“En la campaña presidencial, Hervas y Andrade no tenían buena relación”, dice una persona de la ID que participó en la campaña y que pidió la reserva de su identidad. “Una vez, Xavier le hizo bajar a Wilma de una camioneta en la que él iba a hacer un recorrido”, cuenta. Algo similar habría ocurrido días después, en un un mítin en Quito: Hervas se habría bajado de una tarima antes de que Andrade subiera, dice otra militante que asegura vio el desaire. “Él no la toleraba y no quería salir en nada al lado de ella”, dice. Hervas lo niega. “Es una compañera y una dama a la cual yo respeto”, dice. Prefiere concentrarse en un discurso políticamente correcto del deber ser del partido. Que están construyendo muchos liderazgos a su interior, que lo están fortaleciendo y que, sobre todo, están en permanente autocrítica para evitar que se pierda la institucionalidad o que ganen los egos.

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Sin embargo, varios militantes insisten en que las palabras de Hervas son retórica vacía. Por lo menos cuatro fuentes cercanas a la organización y a la campaña de 2020-2021, coinciden en que dentro de la ID ha habido alta tensión en el partido. 

Uno de los momentos más álgidos, dicen, fue el conflicto interno que provocó la entrega de caramelos en un evento de campaña. Los paquetes de las golosinas tenían una calcomanía que promocionaba las candidaturas de Hervas y Andrade. Pero una persona compartió un video en redes sociales que mostraba que debajo de la pegatina proselitista, se leía: “Amor y cariño desde China para los niños de Ecuador”.  Muchos interpretaron que los caramelos entregados como si fuesen de la Izquierda Democrática eran en realidad una donación china. 

“No tenía conocimiento del tema. Lamento lo ocurrido”, se disculpó Hervas en un video de Tik Tok, como respuesta a los señalamientos que le llovieron en redes sociales. Al interior del partido, el candidato habría culpado a Andrade. “La tensión entre ambos era tal que en un momento Xavier Hervas decía que si no la sacaban del partido, él se iba a ir”, dice un militante que prefiere no hacer público su nombre. “Siempre hay dificultades y roces en campaña”, dice Andrade riéndose. Agrega, más seria, que mucho de lo que se dice son “niñerías y chismes”.

Sin embargo, según tres miembros del partido, por el incidente de los caramelos Hervas habría pedido a un militante cercano a él que presentara una queja en el Comité de Ética de la ID contra Andrade. En efecto, se presentó y dicen las tres personas, Hervas presionó para que se sancionara a Andrade. Sin embargo la queja no prosperó. 

En las últimas dos convocatorias del Comité de Ética del partido, este enero de 2022 —en las que el tema estaba en el orden del día— no hubo quórum y, de paso, el denunciante desistió de la queja. “Esa queja fue retirada porque no tenía ninguna validez”, dice Andrade.

Hervas evade el tema. “La política no puede ser el escenario de los egos y las vanidades de las personas, de la confrontación para buscar notoriedad”, dice y añade que no va a “entrar en una confrontación de lo que dice uno o dice otro”.  La discusión de la postura del partido y su bloque legislativo frente al aborto parece un episodio más dentro de un partido que se quiebra como se quiebran los glaciares: en dos grandes partes que se separan en el corriente.

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Ahora, el debate de la ley para la interrupción de los embarazos producto de violación reaviva las disputas internas de la ID. Moreira ha insistido en la necesidad de que los plazos sean lo más amplios posibles para garantizar que las mujeres violadas que así lo decidan, puedan acceder a un aborto. 

Andrade discrepa: para ella se trata de sacrificar los plazos, si es necesario, a cambio de obtener los votos. “Hubo un mal manejo en la comisión de Justicia en la comunicación del informe. En el momento en el que se dijo que se puede llegar a los siete meses para practicarse un aborto, liquidaron el proyecto. Ellos son los responsables de echar abajo el proyecto”, afirma Andrade. La comisión a la que se refiere está presidida por su coideario Alejandro Jaramillo y en ella está Moreira.

Andrade deja entrever que el problema en esta discusión es más de un manejo político equivocado que de presiones de miembros del partido. Pero una persona cercana a la bancada asegura que ha atestiguado llamadas a sus asambleístas, sobre todo de Xavier Hervas, para que no se vote por el informe de mayoría que contiene los plazos más amplios. “Yo no ando llamando a que voten en favor o en contra de uno u otro informe, lo que sí hago es generar reflexión”, dice Hervas. Dos personas cercanas al bloque de la ID, lo contradicen. “Sí hace presión. Manda a sus asesores a llamar y hay una presión incluso tácita porque se vienen las seccionales y las candidaturas dependen también de los apoyos que él pueda dar”, me dijo una de las fuentes que pidió reserva.

Una parte de la militancia está decepcionada. No solo porque no ha habido el famoso relevo generacional —argumento con el que Rodrigo Borja, fundador del partido, se retiró de la vida política—, sino porque los temas que les interesan a los más jóvenes quedan también excluidos. 

Al menos una decena de militantes jóvenes que llevan entre cinco y siete años en la organización, dicen que han pensado desafiliarse. “He visto prácticas que no van acorde con lo que creía era el partido”, dice uno de ellos. Su descontento —que ni Wilma Andrade ni Xavier Hervas parecen notar— ha puesto en jaque incluso la supervivencia del bloque. 

Los asambleístas Moreira y Jaramillo no han descartado separarse de la bancada de la ID. Incluso del partido. La alterna Verónica Carrillo sopesa las mismas decisiones. Si dos legisladores se separan, serían únicamente 13 asambleístas y, por lo tanto, la bancada se extinguiría: para que exista, debe tener mínimo 14 legisladores. según la Ley Orgánica de la Función Legislativa.

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El 29 de septiembre de 2021, la Izquierda Democrática difundió un comunicado en el que se comprometía a trabajar por la despenalización del aborto en casos de violación. “Nosotros decimos Sí a una ley reparadora”, decía el histórico partido socialdemócrata. 

Hoy, sin embargo, los quiebres internos demuestran que el compromiso pende de un hilo. “Yo jamás podría estar con esa tesis del feminismo al que, algún día, llamé histérico”, dice en una entrevista telefónica Dalto Bacigalupo, uno de los asambleístas que votará contrario al compromiso de su bancada. 

Moreira considera que esos apelativos no deberían ser admitidos dentro de un partido que se autodenomina feminista. Andrade no lo ve tan grave. “Yo sufrí lo mismo pero yo lo asumí con mucha madurez”, dice. Pero está claro que dentro de la ID hay una nueva generación que no está dispuesta a someterse a esas dinámicas. Ni tampoco a una organización política que no practique lo que predica. Si los problemas internos del partido se han ventilado en medios de comunicación quiere decir que, por lo menos, los canales internos no han funcionado para dirimir las diferencias sanas y comunes en cualquier organización política. 

El malestar de una parte de la militancia —mayoritariamente joven—, en lugar de ser cuestionado y silenciado, podría servir como fundamento para que la Izquierda Democrática practique esa autocrítica que tanto pregonan algunos de sus líderes. 

María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva y fue finalista en los premios Jorge Mantilla Ortega, en 2021, en categoría Opinión. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.