Dentro de la carpa están ocho profesores con chompas y envueltos en cobijas.  Desde afuera, se alcanza a leer un letrero que dice, en letras rojas y negras, 17 días de huelga de hambre. Son las 7:33 de la mañana de hoy, 28 de julio de 2021 y la mañana es una paradoja: el intenso cielo quiteño se extiende casi infinito y unas pocas nubes lo motean, incapaces de evitar que la luz solar lo bañe todo —aún así, el frío hace que el sol parezca un mero adorno. “Esta es una lucha por la comunidad educativa, por la calidad de la educación, también por una valoración al maestro”, dice Elvis Moreira, con su voz pausada y cansada, sentado en una silla entre la puerta de la carpa y una cinta amarilla y negra de peligro. Moreira es el expresidente de la Unión Nacional de Educadores (UNE) núcleo de Pichincha, y es uno de los huelguistas que pernoctó fuera de la Asamblea Nacional, a la entrada del centro de Quito.

Hoy son ocho los profesores en la huelga de hambre que comenzó el 12 de julio de 2021. Moreira, viste una camisa que hace juego con sus profundos ojos celestes. Aunque tiene ojeras, su peinado recién hecho lo hace ver animado. Junto a él, cinco hombres y dos mujeres están dentro de la carpa grande, blanca y profunda como las que se ponen para fiestas en los patios, que fue levantada al pie de la sede del Legislativo. El viento sopla pero el sol comienza a tomarse el cielo quiteño y lo último que sucede aquí es una fiesta. 

Hace poco más de dos semanas, más de 50 profesores en todo el país comenzaron una huelga de hambre indefinida: exigen que la Corte Constitucional declare constitucional la reforma a la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) que la Asamblea Nacional aprobó el 9 de marzo pasado y, el entonces presidente del Ecuador Lenín Moreno, envió al Registro Oficial el 10 de abril.  Pero la Corte Constitucional tiene que resolver dos causas de inconstitucionalidad que admitió el 20 de mayo y que suspenden provisionalmente la vigencia de la ley. 

Los profesores quieren que se respeten las reformas de la ley que incluye, entre otras cosas, el aumento de su salario básico a mil dólares —hoy es de alrededor de 800 dólares (y corresponde a la categoría G, la inicial en el magisterio nacional). 

La huelga de hambre, sostienen, es un pacto gremial por defender sus derechos. La misma medida mantienen profesores en las ciudades costeñas de Guayaquil, Esmeraldas, Santo Domingo y Portoviejo, en las andinas de Cuenca, Ibarra, Ambato, Riobamba. También se dan en las provincias amazónicas de Pastaza y Sucumbíos. 

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Una huelga de hambre es más que ayunar. Es, sobre todo, una forma de decir algo a través del autoflagelo: es como decir que se está dispuesto a jugarse la vida por algo. El 21 de julio, en Cuenca, los profesores huelguistas se sacaron sangre con ayuda de enfermeras y dejaron caer gotas de sangre sobre una sábana blanca. 

Cinco días después se encadenaron por 30 minutos. “Nosotros estamos radicalizando estas medidas con la huelga de hambre, con la toma de las carreteras”, dice Klever Hidalgo, un profesor alto y de cabello canoso y actual presidente de la UNE núcleo de Pichincha, quien acompaña a los huelguistas en la capital ecuatoriana. Hoy, mientras los ocho maestros protestaban bajo el proverbial sol quiteño, a más de 380 kilómetros en la vía Daule, en Guayas, profesores y familiares cerraron la carretera para presionar a la Corte Constitucional a fallar que la ley es constitucional.

En Quito, a las 8:20 de la mañana de hoy, el sol se revela más intenso y baña los rostros de quienes estamos ahí, del otro lado de la cinta de peligro. Allá, cruzando esa frontera entre la protesta y el mundo exterior, están quienes en estos 17 días han capeado sol, lluvia y sobre todo el frío inclemente en la noche. No todos lo han soportado. 

: huelga de hambre de los profesores

Profesores en la huelga de hambre en Quito. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

Ayer, la profesora Diana Carrera tuvo que salir de la carpa porque comenzó a vomitar sangre. Los huelguistas, entre los que también hay estudiantes de educación, están débiles, dice Luisa Toapanta, una doctora que todos los días atiende  a los profesores, que pasan la mayoría del día recostados. Algunos están recibiendo hidratación intravenosa. 

Desde que comenzaron la huelga, solo han tomado agua tibia o fría, agua con miel o panela, una solución de electrolitos contra la deshidratación llamada Pedialyte y energizantes. Toapanta dice que los profesores tienen dolores de estómago, de los músculos, de cabeza. El profesor Elvis Moreira dice que en estos 17 días ha perdido 16 libras. Toapanta explica que mientras estén hidratados se podrán mantener relativamente bien. “Pero en algún punto ya se va a ver la falta de nutrientes que se obtienen en el consumo de alimentos”, dice. Además de todos los dolores físicos, que los profesores también tienen signos de decaimiento en su salud mental como ira, ansiedad, desesperación. 

§

En Quito, la huelga comenzó con 12 personas. Además de la maestra que ayer se descompuso y tuvo que irse, se han retirado cuatro más: una profesora se unió a la huelga de hambre en Ibarra, en la provincia de Imbabura, una estudiante de 15 años decidió acompañar a sus maestros pero tuvo que salir por problemas cardíacos, otra profesora se retiró por problemas de su salud, y otro maestro se retiró por problemas gastrointestinales. Aun así la huelga continúa. 

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Cuando llegaron afuera de la Asamblea Nacional, el 12 de julio, los profesores levantaron, como quien arma una trinchera, dos carpas blancas. En una colocaron colchones inflables, cobijas y almohadas, y en la otra una camilla y un par de sillas plásticas blancas para que la doctora Toapanta y otros enfermeros o médicos los atiendan. Dentro de la carpa, afuera y a los lados hay carteles con leyendas: 

“Prohibido el ingreso de alimentos”

“S.O.S Maestros desvinculados en plena pandemia”

“Apoyamos a la UNE” 

“UNE Pichincha”. 

A las 9 en punto de la mañana se levanta una tela de la carpa donde duermen, que los protege del frío en las noches — en esta época, que es supuestamente verano, las temperaturas pueden bajar hasta 7 grados. La cinta amarilla evita el contacto de los huelguistas con sus familiares, amigos, estudiantes, y organizaciones sociales —como la Asociación de Vendedores Autónomos— que los visitan para darles ánimo. 

huelga de hambre de los profesores

Amigos y familiares llegan a dar ánimos a los huelguistas. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

La gente llega, saluda a los huelguistas y se sientan, en silencio, frente a las carpas en sillas rojas plásticas, como muestra de apoyo. El silencio se interrumpe por un altoparlante por el que suena música protesta:

“Qué vida más diferente

la mía y la suya, Señor Presidente. 

Mientras yo vivo en un rancho

que se cae de pobre, siempre trabajando

usted es un terrateniente 

que vive en Palacio rodeado de sirvientes”,  suena la canción del cantante y poeta uruguayo Quintín Cabrera. 

 A esta hora de la mañana, los ocho profesores están recostados en los colchones que están en el suelo. La falta de alimento ha hecho que necesiten ayuda para caminar hacia la carpa de atención médica o para ir a los baños móviles que instaló la Alcaldía de Quito junto a las carpas. Las carpas están amuralladas por rejas grises, de más de un metro de altura, que tienen el logo de la Asamblea Nacional. La gente que sale y entra del  monumental edificio legislativo mira con curiosidad las carpas, pero no se detiene. Sigue. Se va. 

Con las reformas que los huelguistas exigen que entren en vigencia, el Estado debe destinar el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación —la ley actual dice que debe ser el 5%. Otra de las reformas es más específica y menciona que las academias policiales y militares volverán a regirse por estas instituciones (ahora las maneja el Ministerio de Educación) y serán fiscomisionales —una parte con el presupuesto general del Estado y otra con el cobro de matrícula o pensiones. 

Estas y otras reformas como el refuerzo al bachillerato en artes, cultura y patrimonio, están en suspenso hasta que la Corte resuelva las dos causas. La primera fue presentada por el abogado Luiz Javier Bustos y la segunda por Álvaro Maurizio Galarza Rodríguez —procurador judicial de María Zulima Espinosa Bowen, directora general del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. Las dos demandas de inconstitucionalidad —que piden que se suspenda provisionalmente la vigencia de la LOEI— fueron agrupadas en una sola causa.

Una demanda dice que la ley vulnera los derechos reconocidos en 20 artículos de la Constitución; la otra,  que la ley es inconstitucional por motivos de forma y de fondo. “Esta ley no ha sido construida en pocas semanas, sino en los últimos 4 años, no es improvisada”, dice Klever Hidalgo. No está claro qué pasará con los huelguistas si la ley es declarada inconstitucional. 

huelga de hambre de los profesores

Los huelguistas salieron a tomar el sol por un momento. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

Cerca de las 10 de la mañana, luego de una entrevista en vivo, Elvis Moreira vuelve a su colchón que está en el centro de la carpa, el contorno de sus ojos está rojo, su piel blanca se atomata por la exposición al sol. Moreira, profesor de Ciencias Sociales de un colegio en la parroquia de Calderón al norte de la ciudad, da unos sorbos de agua y saluda a quienes llegan a apoyarlos. 

En su decimoséptimo día en las afueras de la Asamblea, dice que la huelga en la que están no solo es por mejores condiciones para los maestros. Con la huelga, dice, defienden la “educación inclusiva, libre de abuso sexual”, sostiene. “Nuestro propósito es salir de la huelga de hambre con una victoria y con el brazo alzado”, dice el profesor que necesita ayuda para caminar.