Las nubes como una masita perfecta de algodón se menean ligeras en el cielo mientras 47 adolescentes entonan el Himno Nacional, que no se cantaba aquí, en el patio del colegio Eduardo Salazar Gómez, en la parroquia de Pifo, enclavada en el nororiente de Quito, desde hace más de 14 meses. Hoy, lunes 7 de junio de 2021, esos 47 estudiantes repueblan —voluntaria y progresivamente— sus aulas y laboratorios. 

Pero antes de ir hacia ellos, tienen que cumplir con la formalidad de repetir las estrofas del himno del Ecuador que se cantan tradicionalmente (la segunda y el coro). Tras los últimos acordes, se escucha a un profesor decir la que será, quizá, la orden más recurrente en las escuelas y colegios del Ecuador que retomen las clases presenciales: “Cuidado con sacarse las mascarillas”. Con ese rezago de disciplina marcial que aún abunda —quién sabe por qué— en los colegios del país, los adolescentes hacen el “giro a la dere” que ordena el profesor y avanzan siguiendo las flechas del piso. “Manteniendo la distancia”, grita el profesor por el micrófono. El canto de un jilguero retumba en medio del silencio de los estudiantes que caminan hacia las cuatro aulas que se abrieron para recibirlos. 

primer día de clases presenciales

Estudiantes cantando el Himno Nacional. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

En este colegio, sus estudiantes irán a las aulas los lunes, miércoles y viernes para recibir clases prácticas. Los martes y jueves seguirán frente a las pantallas de celulares, tabletas o computadoras recibiendo Matemáticas, Geografía, Historia o Literatura. “Hoy madrugué a las 5 y 30 para venir, anoche preparé el uniforme, me sentía nerviosa pero feliz en el fondo porque sabía que, aunque sea de lejos, vería a mis amigos y a mis licenciados”, dice Sarahí Mora, de segundo curso de bachillerato de la especialidad técnico agropecuario.

Como ella, estudiantes de otras mil unidades educativas fiscales y particulares que tienen aprobado un plan piloto de regreso a clases semipresenciales, voluntarias y paulatinas, pueden volver a las aulas, según el Ministerio de Educación. El regreso fue, para la mayoría, un alivio. Según Joaquín González-Alemán, representante en Ecuador del Fondo de la ONU para la Infancia en Ecuador (Unicef), el 15% de los estudiantes del país no se conectan a las clases virtuales. En Ecuador, hasta 2019, el 56,1% de los hogares tenía acceso a internet. Pero el retorno también preocupa a ciertos expertos. Daniel Simancas, investigador de la Universidad UTE, dijo en una entrevista en GK, que esta decisión del gobierno pudo ser apresurada si no se revisaron datos científicos. Un estudio hecho en Reino Unido demuestra que el regreso a clases es seguro. El estudio dice que en las semanas posteriores a la reapertura total de las escuelas, los brotes de covid-19 relacionados con el entorno escolar y los casos de covid-19 en personas de edad escolar se han mantenido bajos. 

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El primer día de clases en el colegio Eduardo Salazar Gómez de Pifo es un desfile de mascarillas para evitar el covid-19, de saludos en la puerta principal con termómetro y alcohol. Los estudiantes de entre 15 a 17 años sonríen tras las mascarillas, mientras se mantienen firmes y separados. “Me siento muy contenta por volver a las aulas, por reencontrarme con los estudiantes”, dice Alba Velasco, profesora de segundo de bachillerato de la especialidad técnico agropecuario, donde estudian la crianza de animales de consumo o el cuidado de viveros. 

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Y aunque muchos han venido por años a este colegio, después de 14 meses de no verlo, los estudiantes recorren sus aulas como quien recupera la memoria: la mirada registra algo conocido, aunque la mente no alcance a procesar exactamente qué es. Así son todos los reencuentros.

primer día de clases presenciales

Profesora tomando la temperatura a un estudiante. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

El de hoy fue hijo de una separación. El 12 de marzo de 2021, Monserrat Creamer, entonces ministra de Educación, anunció que las clases se suspendían por unos días por la declaratoria de estado de emergencia por la pandemia del covid-19. “Es una medida de extrema seguridad y que se escala en la campaña de prevención” dijo Creamer sobre la suspensión de clases hace 14 meses. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Los meses avanzaron hasta hacerse casi un año y medio de cierre obligatorio, en que las escuelas se convirtieron en cementerios de pizarrones y pupitres. 

Hace un año exactamente, en junio de 2020, el Ministerio de Educación anunció que tenía un plan piloto de retorno progresivo a las aulas para las escuelas del campo. El plan no se materializó y los estudiantes siguieron recibiendo clases en sus casas —a pesar de que el acceso a internet cae a un dramático 24% y solo dos de cada diez hogares tiene una computadora o tablet para conectarse. Dos meses después, el Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COE)  aprobó tres planes piloto a colegios particulares para que retomen las clases presenciales. 

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En octubre, más de 20 escuelas públicas rurales y particulares volvieron a las clases presenciales dentro del plan piloto. En diciembre, 204 escuelas recibieron la autorización del COE Nacional para volver progresivamente a sus aulas el 18 de enero de 2021, pero la declaración de un nuevo estado de excepción por la pandemia el 21 de diciembre de 2020, hizo que se suspendan los planes piloto y los estudiantes sigan en sus casas. El retorno parecía la carta que esperaba aquel coronel que no tenía quién le escriba: parecía que llegaría, pero nunca arribaba.

Hasta que llegó. El retorno que sí se cumplió fue anunciado por la nueva Ministra de Educación, María Brown, el 2 de junio de 2021. En ese momento, Unicef y otras organizaciones celebraron la medida —era mucha la evidencia que decía que los niños precisaban volver a las aulas. En una encuesta de Unicef, 6 de cada 10 estudiantes dijeron que sentían que aprendían menos. El mismo informe dijo que 90 mil niños abandonaron las escuelas —el 2% de todo el sistema escolar. A 23 mil, el Estado les perdió todo rastro. Los adolescentes decían estar ansiosos, un sentimiento que compartían con la gran mayoría de sus profesores. 

primer día de clases presenciales

Profesora enseñando a los estudiantes. Fotografía de Mayuri Castro para GK.

En la primera clase presencial en uno de los cuatro salones habilitados, diez estudiantes de segundo de bachillerato, escuchaban a su profesora Alba Velasco hablar sobre cómo criar pollos. “¿Cuántas aves pueden criar si tienen un espacio de dos metros?”, les preguntó. Una estudiante alzó la mano y respondió mientras otros hablaban entre sí mostrándose los apuntes sobre esa clase, en un cuaderno. La profesora se acercó a los estudiantes, miró las anotaciones y les pidió a otros que respondan. Después de 14 meses seguramente por primera vez no tuvo que decir “prendan sus cámaras”.

Hoy podría ser un día histórico del que participaron los 47 estudiantes del Colegio Eduardo Salazar Gómez —al igual que los que fueron en otros colegios en todo el país —el Ministerio aún no confirma cuántos de los más de mil autorizados para iniciar clases, lo hicieron. Si el plan de regreso a clases funciona, más estudiantes podrían querer volver a sus pupitres. Si no lo hacen, el país podría enfrentar un futuro complicado: el 63% de los niños de diez años en el Ecuador no entiende lo que lee. La pandemia podría haber hecho crecer esa cifra en diez puntos, dice el Banco Mundial —la media regional es del 52%. Si los niños no retoman su educación como era antes del covid-19, puede que no esté lejos el día en que quienes entonen el Himno Nacional en los patios del colegio Eduardo Salazar Gómez —o de cualquier otro en el Ecuador— ni siquiera entiendan qué es lo que están cantando.