El discurso de triunfo del presidente electo del Ecuador, Guillermo Lasso, confirmó que los guiones de campaña no alcanzan. En los 20 minutos que duró su intervención, el excandidato por CREO confirmó los temores de miles de mujeres y de la población LGBTI. 

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En la segunda vuelta, Lasso intentó acercarse más a estos dos grupos históricamente distantes a él —un hombre autoproclamado provida, contrario a cualquier forma de aborto, y miembro del Opus Dei, una prelatura de la Iglesia Católica conocida por su ultraconservadurismo. Su aproximación se plasmó en el desarrollo de planes específicos de acción: uno para las mujeres y otro para la población LGBTI. También dio un giro radical al decir por primera vez públicamente que rechaza “la legislación que condena a la cárcel a las mujeres que aborten en caso de violación” (no sin antes reafirmar que mantiene la convicción de defender la vida desde la concepción). 

Pero esas acciones y palabras de campaña parecieron deshacerse ayer, cuando lo primero que hizo luego de que la multitud que celebraba su victoria en el Centro de Convenciones de Guayaquil hiciera silencio, fue agradecer a dios. “Gracias a Dios por todas las bendiciones que ha regado sobre el pueblo ecuatoriano”, dijo poniendo nuevamente en el centro de su retórica a su creencia religiosa (que antes ya ha interferido con sus posturas políticas). 

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Recordamos cómo, en 2019, negó haber dado libertad de conciencia a su bloque legislativo para votar sobre el aborto por violación y reiteró su rechazo frente a cualquier forma de aborto. O como cuando, en 2020, pidió al presidente Lenín Moreno que vetara el proyecto del Código Orgánico de Salud porque decía que un artículo ignoraba “el derecho a la vida del niño por nacer”. “Es evidente que la normativa aprobada en la Asamblea abre paso para la impunidad del crimen del aborto, que puede ser provocado y llevado a condición de violencia obstétrica mediante fármacos que, ilegalmente, son ofrecidos en redes sociales”, escribió Lasso en una carta por la que nunca, hasta hoy, se ha disculpado. Un Presidente es, por sobre todas las cosas, un servidor público: puede ejercer su libertad de práctica religiosa pero esta no puede intervenir en su manera de gobernar y hacer política pública. Guillermo Lasso enfrentará el 24 de  mayo por primera vez el desafío de separar su yo personal de su yo servidor público. Es aún difícil creer que estará a la altura en materia de derechos sexuales y reproductivos y los de la población LGBTI.


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La otra alerta de su discurso de ayer fue cuando presentó a cada uno de sus hijos y sus nueras, en ese orden. Cuando le tocó presentar a su hija y su esposo, lo hizo igual: “mi yerno y mi hija”, poniendo al hombre primero. Ese detalle, que podría parecer insignificante, se opacó cuando nombró a su hija menor. Ella, que estaba entre la multitud detrás de sus papás en la tarima, caminó hacia al frente y cuando estaba junto al presidente electo, él dijo “la menor de todos”, le agarró su mano y la alzaron en conjunto, y siguió “¡y soltera!”. Entre la multitud se escucharon risas y “ehhh”. La mirada incómoda de su hija decía tanto como el discurso de su padre.

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¿Cuál fue la intención del presidente electo de presentar a su hija y revelar a todo el país su estado civil? Puede que haya sido torpeza pero para el futuro presidente del Ecuador debe ser una señal de alerta: las mujeres no somos objetos que estamos disponibles para el resto, y es hora de que empiece a medir el peso que tienen sus palabras —que ya fueron plasmadas en memes e imágenes machistas que ven como una broma que él haya mencionado que su hija es soltera. 

Esa parte de su intervención la remató diciendo que “la familia es el valor fundamental de la sociedad”. Es inevitable preguntarse ¿cuál familia? porque desde su religión solo se concibe la tradicional: papá, mamá e hijos.

Los minutos de su discurso pasaban y como si hubiera sido intencionado, el arco narrativo solo escalaba. Llegó a su clímax cuando dijo que quería dirigirse a las adolescentes embarazadas. “Aquellas niñas que han tenido niños y que cuidan niños. María de Lourdes y yo seremos sus padres, las protegeremos, las vamos a cuidar”, dijo Guillermo Lasso, ignorando que lo que necesitan esas niñas y adolescentes es que les garanticen sus derechos, no paternalismos condescendientes. 

Las niñas y adolescentes no necesitan que Guillermo y María de Lourdes las cuiden. Necesitan que el presidente de la República impulse las reformas y ejecutar los programas que, primero, saquen al Ecuador del vergonzoso tercer lugar en mayor cantidad de embarazos adolescentes de América Latina. 

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Las que ya son madres, necesitan un Presidente que les garantice, a través de políticas públicas, que su vida no se pierda en los vericuetos de una maternidad a destiempo, en una época de su vida que deberían estar dedicadas a estudiar y crecer. Necesitan un presidente que plantee claras estrategias de educación sexual, acceso a la salud y a un aborto seguro para no tener que parir un hijo producto de una violación —porque sí, según el Código Integral Penal una relación sexual con una menor de 14 años es considerada una violación. 

Esas niñas tienen derecho de vivir en un entorno seguro, de tener un lugar dónde ir si es que el abuso ocurre dentro de casa, de acceder a apoyo psicológico para sobrellevar la violencia que han sufrido al ser violadas y luego convertirse en madres y ver su plan de vida destruido. Eso necesitan, no dos caritativos padres putativos.

Para ese punto del discurso, quedaba claro que los planes dirigidos a niñas y mujeres, y los videos de campaña, y las cartas de compromiso fueron intentos de entender a las mujeres, pero que no alcanzan si es que la persona que supuestamente debe cumplir todas esas promesas, no entiende, de verdad, de qué se tratan.

Tampoco parece entender los compromisos que hizo con la población LGBTI a quienes luego de decirles que cumplirá con “protegerlos para evitar que sean discriminados, estigmatizados, señalados” dijo “por su manera de ver la vida”, como si la identidad y orientación sexual fuesen una forma de “ver la vida” o una elección. 

Su comentario lleno de ignorancia debería hacerlo reflexionar sobre cuánto le falta por conocer a los grupos minoritarios tan lejanos y distintos a él, antes de proponer cosas que no va a poder cumplir.

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El discurso dejó más preocupación que esperanza, pero dejó también la voluntad de fiscalizar aún más las políticas del próximo gobierno que se relacionen con los derechos de las mujeres, de la población LGBTI y de otros grupos que todavía no tienen los mismos derechos que todos los ecuatorianos. Que este discurso sirva como recordatorio para todos que vivimos en un Estado laico y que las posturas religiosas no deberán intervenir en el nuevo gobierno.