El lunes 24 de febrero de 2020 era feriado de carnaval. Adriana Camacho y su hijo Santiago estaban en su casa en La Pradera, un barrio al sur de Guayaquil donde vivían con Erick Ortega, la pareja de ella desde hacía un año. A las 11 de la mañana, el hombre salió de la casa para ir a trabajar al local de venta de ropa de Patricia Bermúdez, la madre de Adriana Camacho. A esa hora, Adriana Camacho, de 36 años, y Santiago, de 5, ya habían sido envenenados por Ortega, quien confesó el crimen luego de pocas horas.

Un día antes, Santiago jugaba como cualquier niño y Adriana Camacho se reía de sus ocurrencias como cualquier mamá en un parque de juegos mecánicos en Guayaquil. Adriana Camacho solía grabar videos y tomarle fotos a su hijo con el celular y los enviaba al grupo de Whatsapp de la familia Bermúdez. 

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Tenían planeado viajar a Orlando, Florida, en mayo de 2020 para que Santiago conozca Disney World. El  padre de Adriana vive en Estados Unidos, y esa era otra de las razones por las que le ilusionaba viajar. Santiago, de 5 años, jugaba, pintaba, comía mucho y le dedicaba canciones a su mamá. Le decía “esta canción no es para reírse, esta es una canción de amor”, cuenta su abuela Patricia Bermúdez. Todos esos planes quedarían para siempre desechos esa mañana de carnaval. 

Patricia Bermúdez dice que ese día, Erick Ortega se robó el dinero que había en la caja de su negocio. Luego se descubriría que al salir de la casa, también había tomado plata de su pareja y de la alcancía de Santiago. Llegó al centro comercial, tomó el dinero y se fue enseguida. Después, llamó por teléfono a su madre, confesó el crimen, le dijo que estaba arrepentido y huyó. 

Su madre y un hermano encontraron a Adriana Camacho y su hijo Santiago abrazados sobre la cama ya sin vida. Llamaron al ECU 9-1-1, sistema de atención de emergencias del Ecuador. También llamaron a Patricia Bermúdez. Los investigadores de la Fiscalía que llegaron a la escena del crimen, encontraron un vaso con un líquido que parecía té. Al lado del vaso, hallaron un frasco lleno de una sustancia que supuestamente era un medicamento para dormir.  

La autopsia de Adriana Camacho y su hijo concluyó que fue una “muerte indeterminada”. La abogada Karen Sánchez, defensora de la familia de Camacho, dice que pidieron que el informe forense dijera cuál fue el motivo de ambos decesos. El cuerpo de Adriana Camacho fue exhumado para determinar si había sido una muerte violenta. La aclaración del informe determinó que fue por asfixia, sofocación mecánica y disfunción multiorgánica. Sánchez, quien trabaja en el Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer de Guayaquil (Cepam), explica que ese hallazgo reveló que ambos murieron por una intoxicación que pudo haber sido por envenenamiento. 

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El martes 25, Ortega volvió a llamar a su madre. La Policía trianguló la ubicación de su celular y lo detuvo en Montañita, un popular balneario sobre el Pacífico. Fue llevado a Guayaquil donde, un día después, la Fiscalía le formuló cargos por el doble asesinato. Según la legislación ecuatoriana, cuando el autor de un crimen es descubierto hasta 24 horas después de cometerlo, se lo procesa como un delito flagrante. En estos casos, la instrucción fiscal dura 30 días. Pero apenas dos semanas y media después del crimen, el Ecuador entero entró a una estricta cuarentena para evitar la propagación del covid-19. 

En la audiencia de flagrancia, el juez José Ortega Cadena dictó prisión preventiva por un año para Erick Ortega. En el Ecuador, según el Código Orgánico Integral Penal, la prisión preventiva no puede exceder un año en los delitos sancionados con una pena privativa de libertad mayor a cinco años. Ese plazo vence el 25 de febrero de 2021. El proceso se reanudó el 1 de junio siguiente, cuando la cuarenta y las restricciones de movilidad se relajaron en algunas partes del Ecuador, y se cerró 14 días después.  

Luego de más de seis meses de la muerte de Adriana y Santiago, el 8 de septiembre de 2020 se realizó la audiencia preparatoria de juicio. El juez Patricio Vidal aceptó la acusación contra Ortega formulada por Mónica Rivera, la fiscal a cargo del caso en ese momento.

Después de casi un año, el juicio por el asesinato de Adriana Camacho y su hijo Santiago estaría cerca de llegar a sentencia. Mañana, jueves 18 de febrero de 2021, es el sexto intento para que se reinstale la audiencia de juzgamiento por el doble asesinato. 

Cinco veces se convocó la reinstalación de la audiencia y cinco veces fue cancelada. El juicio ha avanzado con paquidermia burocrática. Si ahora se logra reinstalar la diligencia judicial, un año después de las muertes por asfixia, sofocación mecánica y disfunción multiorgánica de Adriana y su hijo, su familia podría llevar una vida que no pase entre el dolor de la pérdida e incontables trámites judiciales.

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Aunque el asesino confeso es la pareja de Adriana Camacho, la Fiscalía no procesó el caso como un femicidio, sino como un doble asesinato. La abogada Sánchez dice que la Fiscalía tomó esa decisión porque investigar por separado el femicidio de Camacho y el asesinato de su hijo habría implicado llevar dos casos separados, lo que habría hecho que el avance del caso tome aún más tiempo. La instrucción fiscal por la muerte de Adriana Camacho habría pasado de la Fiscalía de Personas y Garantías a la Unidad Especializada en Violencia de Género, dice Sánchez. 

Otra de las razones de no investigarlo como un femicidio y un asesinato, dice Sánchez, es porque ocurrieron en el mismo lugar. “No había los elementos constitutivos para acusar al detenido por femicidio”, según el fiscal de turno Robert Acosta. En la mayoría de casos de violencia de género, las mujeres tienen miedo de denunciar a su agresor; en otros, de nada sirve la denuncia porque mueren con boletas de auxilio vigentes.

Pero el asesinato de Adriana Camacho es un femicidio. El Código Orgánico Integral Penal, que a veces parece letra muerta, dice que un femicidio es la muerte de una mujer por el hecho de serlo. Se castiga con prisión de 22 a 26 años. La pena por asesinato es la misma. Sin embargo, la abogada Sánchez dice que es importante que este caso sea reconocido como un femicidio porque el acusado se aprovechó de su relación de poder respecto de su pareja y, de cierta forma, de su hijo indefenso. Santiago es, también, una víctima de la violencia de género. 

Patricia Bermúdez, la madre de Adriana, dice que Erick Ortega tenía problemas de alcohol y drogas. “Él estaba incumpliendo las promesas que le había hecho (a Adriana) de recuperación, ahí es cuando decide hacer esta acción horrenda contra ella y su hijo”, dice. Desde febrero de 2020 a febrero de 2021 hubo 104 femicidios en el Ecuador. La Alianza para el Monitoreo y Mapeo de los Femicidios en Ecuador reportó que en 2020 cada tres días hubo un asesinato por razones de género en el país. 

Tras los femicidios hay familias deshechas: en 2020 hubo al menos 106 niños y niñas huérfanos que no recibirán protección del Estado hasta que el caso sea sentenciado. Como en el caso de Adriana, ese fallo puede tardar meses o años en llegar. Tras los femicidios hay madres, como Patricia Bermúdez, que pasan meses y años fuera de las fiscalías y juzgados pidiendo celeridad en los procesos. Hay familiares y amigos sosteniendo pancartas y haciendo ruido en las redes sociales para que las investigaciones no paren para que los sospechosos, si están detenidos, sean juzgados o para que los acusados prófugos sean encontrados y enfrenten su delito. 

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Todas las noches luego de cenar y de que Santiago ya se durmiera, Adriana Camacho comenzaba a trabajar. En el comedor de su casa colocaba papeles de distintas texturas y colores, encajes y escarchas. Tenía gomas y tijeras, una máquina para moldear, perlas y lentejuelas. Adriana Camacho —de grandes ojos verdes, alta como un árbol y el rostro poblado de lunares— tenía un emprendimiento de tarjetería y adornos para matrimonios, bautizos, quince años o el evento que le proponía su larga lista de clientes. Mientras recortaba las formas, pegaba las tarjetas o dibujaba, su madre —que vivía en una pequeña suite detrás el departamento de Adriana— la observaba sentada en una silla del comedor transformado en taller de manualidades. Hablaba de cómo había estado su día. 

“Adriana era súper risueña, era súper fácil reírse con ella o hacerla reír”, dice Sofía Bermúdez, su prima. Desde que Adriana Camacho y su hijo Santiago fueron asesinados, más que su prima y tía, Sofía Bermúdez se ha convertido en una monumento a la dignidad. Junto a su prima Gabriela Camacho, la hermana de Adriana, manejan perfiles en Twitter, Facebook y Youtube para informar cómo avanza la investigación. Pero no informan el femicidio de Adriana y su hijo como un hecho aislado, sino que casi todos los días publican fotos y extractos de las historias de otras mujeres y niñas víctimas de femicidios en el país. 

Sofía Bermúdez dice que les ha tocado hacer un triste trabajo de relaciones públicas. “Las redes sociales han sido una ventana para que el caso no quede olvidado”, dice. Colectivos de mujeres y otros usuarios comparten las fotos y las actualizaciones y eso, agrega, ayuda dando visibilidad mediática. “Pero sí es duro tener que exponer tu propio duelo, tus propios procesos para que el caso no caiga en la impunidad”, dice con la voz firme al otro lado del teléfono. 

Como Sofía Bermúdez, Rosa Ortega, la prima de Vanessa Landinez que fue asesinada en 2013, creó en ese año la plataforma Justicia para Vanessa. En el  reportaje Cinco años y aún no hay justicia para Vanessa, Ortega decía “que las acciones de lucha y activismo de las familias son importantes en el proceso de juzgamiento o desarrollo de un caso de femicidio porque permiten que la memoria y la existencia de las víctimas permanezcan visibles hasta por lo menos cerrar el caso”. En el caso de Adriana Camacho, su prima Sofía ha demostrado que es así.

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Seis veces la familia de Adriana Camacho ha asistido a la Unidad Judicial Penal 2 —junto al centro comercial Albán Borja— en Guayaquil. Cinco veces se ha reinstalado la audiencia de juicio, la sexta será mañana, 18 de febrero. La mayoría de las veces la audiencia no ha durado más de dos horas.

El 8 de diciembre, 10 meses después de la muerte de Adriana y Santiago, comenzó oficialmente el juicio. En esa ocasión se suspendió porque el abogado particular que defendía a Erick Ortega pidió por escrito que se difiera la audiencia para el 15 de diciembre. Fue convocada para ese día, a las 8 y 30 de la mañana. 

Esa vez la audiencia fue hasta las 11 de la mañana porque dos de los jueces del Tribunal de Garantías Penales de Guayaquil en el que se desarrolla el juicio tenían que asistir a otras audiencias. La diligencia fue convocada nuevamente para el 12 de enero de 2021. 

Ese día a esa audiencia asistió Javier Baquerizo, un abogado asignado por la Defensoría Pública para  defender a Erick Ortega. El abogado privado que había estado cuatro días antes abandonó la defensa. La audiencia reinstaló por tercera vez el 21 de enero de 2021, pero se suspendió a pedido del nuevo abogado porque tenía otra audiencia aparentemente más urgente en la que, según Michelle Portalupi —la Defensora Pública Regional del Litoral— la prisión preventiva del acusado iba a caducar.

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 La cuarta reinstalación, realizada el 1 de febrero de 2021, comenzó 30 minutos tarde y duró dos horas pero también se suspendió. El 8 de febrero fue la quinta reinstalación del caso en la que ambas partes terminaron de presentar todas las pruebas. La etapa de juzgamiento se cerró. 

Mañana, 18 de febrero, será la sexta reinstalación. “Desde el principio, el miedo más grande es que el acusado salga libre, que no le den sentencia, es un temor constante”, dice Sofía Bermúdez. La prima de Adriana Camacho dice que seguirán publicando información en las redes sociales, seguirán afuera del tribunal para asegurarse de tener al menos justicia porque “no hay nada que pueda traerlos de vuelta”.