Lo que ya sabemos: con 32-33%, Andrés Arauz es el evidente triunfador de la contienda. Pero lejos de ganar en una sola vuelta, obtuvo siete puntos menos que Lenín Moreno en la primera vuelta de 2017 (39.4% de los votos válidos). A su vez, Moreno, candidato ungido en 2017 por Rafael Correa, obtuvo en su elección 18 puntos menos que el récord establecido por el propio Correa en 2013, cuando venció en una sola vuelta con el abrumador, histórico y siempre reiterado 57%.

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Lo que especulamos, pero aún no sabemos con certeza: lo de Arauz se debe a un conjunto de causas que, con mayor o menor importancia, explican el resultado. Seguramente cometió errores en campaña, quizás no debió hacer ciertas declaraciones en público como aquella sobre el aborto, por ejemplo; su estilo confrontativo genera resistencia entre algunos electores, sus promesas de volver al pasado no fueron eficaces y, más bien, generaban preocupación en algunos, y así, varias razones más. Por cierto, estoy hablando de Rafael Correa. Andrés Arauz seguramente también tuvo algo que ver.

El caso es que el correísmo, por las razones que sean, no ganó en primera vuelta y, más bien, retrocedió. Yo, por ejemplo, sostengo que independientemente de sus virtudes o defectos como individuo (a mí no me cae mal como individuo), Arauz se enfrentaba a circunstancias estructurales que hacían muy difícil una victoria en primera vuelta: la inercia del retroceso del correísmo que arrastraba desde antes, el límite inherente de promesa de volver al pasado. 

Lo que quisiéramos saber: ¿por qué retrocede el correísmo? Después de todo, ámelo u ódielo, es, ahora, la fuerza gravitacional en lo político, y un fenómeno fascinante —aunque quizás peligroso— en lo social. La respuesta a eso es difícil. Por ahora enfoquémonos en dónde retrocede el correísmo. 

¿Cómo fue el voto de Andrés Arauz en 2021 versus el de Rafael Correa en 2013?

¿Cómo fue el voto de Andrés Arauz en 2021 versus el de Rafael Correa en 2013?

Con tres excepciones, Arauz obtiene menos apoyo que Moreno en todas las provincias. Las excepciones son Los Ríos, Esmeraldas y Guayas. En las tres, el correísmo capta por encima del 40% de los votos válidos, y en las tres obtiene 2-4% por encima de la votación de Moreno en 2017. En todas las demás, saca menor porcentaje que Moreno en 2017.

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En promedio, Arauz tiene 11.2% menos que el rendimiento electoral de Moreno, en 2017, en todas las provincias. En la que más cae, Azuay, ajusta 21%, 23 puntos menos que Moreno hace cuatro años. En la que menos retrocede, Manabí, todavía consigue un impresionante 52%, 2 puntos menos que Moreno en la primera vuelta de 2017.

En medida de lo que los datos disponibles al momento permiten ver, las razones son obvias. En Azuay (caída vertiginosa) Yaku Pérez obtiene más de 42%, Xavier Hervas alcanza 15%, y Guillermo Lasso logra un 14% (la mitad del 32% alcanzado en 2017 en esa provincia). Obviamente las preguntas importantes son los porqués de los números de Yaku, Hervas y Lasso. Tenemos buenas intuiciones pero una discusión seria al respecto, es larga. Por ahora, volvamos a los números.

En Manabí la cosa no estuvo tan peleada ni de cerca. Arauz se lleva la mitad de los votos válidos (52%), Hervas consigue un respetable 12.6%, Yaku apenas pega un 6%, y Lasso pierde un poco más de tres puntos (14.7% este año, comparado con 18% del 2017). Igualmente, los porqués de estos números son la conversación más interesante. Lo de Arauz ya sabíamos porque Manabí es su territorio fuerte. Lo de Lasso confirma el peso del voto anticorreísta en esa provincia, pero ¿de dónde surgen —literalmente, de qué cantones y restando a qué candidatos—los votos de Yaku Pérez y Xavier Hervas? Nuevamente, hacen falta los datos más finos a nivel cantonal y parroquial —cuando estén disponibles podremos analizarlos— para especular más informadamente.


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El resto de las provincias son puntos intermedios entre estos extremos de Azuay y Manabí. Para referirnos a las otras provincias con más electores, Los Ríos es casi una copia de la distribución de Manabí, pero con la particularidad de que el resultado para Yaku y Hervas es a la inversa: Arauz obtiene casi 47%, Lasso 15%, Yaku 12%, y Hervas 9%.

Finalmente, Pichincha tiene la particularidad de que todos sus cantones son pequeños, y Quito es uno de los dos cantones de mayor número de electores en el país. Por esta razón, los datos de Pichincha normalmente se pueden interpolar para Quito (a diferencia de, por ejemplo, Guayas o Manabí: ambas tienen muchos más cantones y ahí hay más variación entre cantones).

En Pichincha, Arauz retrocede 15 puntos con respecto a Moreno en 2017 (22.5% vs 37.3%), Lasso retrocede seis con respecto a 2017 (26% vs 32%), y los grandes ganadores son Yaku Pérez (casi 17%) y Xavier Hervas (23%). Otra vez, los porqués de los números deben ser el centro de la atención. 

A primera vista, el voto de Yaku es el voto de la izquierda en búsqueda de una alternativa (el epicentro del paro de octubre de 2019 fue Quito); y Hervas acaba de demostrar que Quito y sus ciclovías son efectivamente amigables a los… ¿scooters? (Sigo siendo escéptico con respecto al argumento del “voto joven”, pero espero pronto poder verlo con datos y ponerlo por escrito).

No todos estos retrocesos pesan lo mismo. Como hemos dicho, la geografía electoral del Ecuador es desigual en el peso de las provincias, y unas provincias son más determinantes que otras porque aportan más votos al agregado total.

¿Cómo fue la votación de Andrés Arauz en 2021 versus la de Lenín Moreno en 2017?

¿Cómo fue la votación de Andrés Arauz en 2021 versus la de Lenín Moreno en 2017?

Un retroceso en Azuay, por ejemplo, no sólo es importante por el valor absoluto del porcentaje, sino también porque Azuay es una de las cinco provincias de las que salen más del 60% de los votos. Por esa lógica, un retroceso en Pichincha es un gran punto en contra. Mantener Manabí fue clave, y ascender en Guayas es un gran punto a favor del correísmo (en la figura, el diámetro de los círculos representa el número de votos válidos, y la distancia con respecto a la diagonal muestra la magnitud del ascenso o retroceso).

Finalmente, lo que quizás nos preguntamos. ¿Desde cuándo empezó el retroceso del correísmo? La idea instalada es que fue en 2017, cuando era previsible e inevitable que Moreno sacaría menor votación que el histórico 57% de Correa en 2013. La imagen de la victoria en una sola vuelta en 2013 —sobretodo la imagen en alta definición que tanto pegaba en esa época y algunos hoy extrañan— quedó grabada, y el 2013 se convirtió en el punto de inflexión en la mitología correísta. Pero no es así. En 2013 hubo fisuras.

En 103 cantones del país (la mitad) Correa recibió un porcentaje de votación en el 2013 menor al que recibió en el 2009 (esto no ocurrió en ninguna parte si comparamos 2006 y 2009). Para explicar el argumento, tomemos un caso extremo: el bastión correísta hasta 2013, Cuenca.

Cuenca siempre apoyó a Correa por encima de la media nacional (34% en 2006, 63% en 2009, y 62% en 2013), pero entre 2009 y 2013 el apoyo en términos relativos disminuyó del 63% al 62%. Casi nada. ¿Qué significa un punto porcentual de diferencia? Tanto en el 2009 como en el 2013 hubo 8 candidatos presidenciales (es decir, los votos válidos se distribuyeron entre 8 opciones diferentes). En Cuenca, como en todo el Ecuador, hubo más electores en el 2013 que en el 2009 (en general la población del Ecuador crece y nuevos electores se incorporan más rápido de lo que los adultos mayores mueren o dejan de votar). Consecuentemente, hubo también más personas que votaron por Correa en el 2013 –la cantidad absoluta de votos naturalmente aumentó. Pero en términos relativos, Correa no logró alcanzar la marca establecida en el 2009 (63%). 

En el caso de Cuenca, un punto porcentual menos sobre el total de votos válidos significa que, a pesar de que en términos absolutos hubo más personas que votaron por Correa en el 2013 comparado con el 2009, todavía hizo falta alrededor de 2,900 votos más para que Correa alcance el nivel que alcanzó en las presidenciales anteriores. Otra forma de verlo es: en Cuenca en el 2013 hubo un “déficit” de 2,900 votantes que no votaron por AP y prefirieron una opción diferente.

Lo interesante es lo siguiente. En Azuay, además de Cuenca, esta disminución relativa entre 2009 y 2013 ocurrió en 7 cantones más (Azuay tiene 15 cantones). Los cantones fueron: Girón, donde la disminución fue de 8 puntos porcentuales; Santa Isabel, 16; Pucará, 13; Camilo Ponce Enríquez, 3 puntos;  Oña, 13; San Fernando, 15 y Nabón, 12. Puesto así, el retroceso en medio de esta “victoria absoluta” de 2013 fue considerable. 

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Para adelantarnos al final de la historia, Alianza País perdió la prefectura del Azuay un año más tarde, en 2014, y ganó la alcaldía de apenas dos de los cantones mencionados (Girón y Pucará). Eso ocurrió en Azuay. Pero otra vez, el retroceso ocurrió en 103 de los 221 cantones.  

Cantones donde el porcentaje alcanzado por Rafael Correa en 2009 fue mayor al alcanzado por Correa en 2013.

Cantones donde el porcentaje alcanzado por Rafael Correa en 2009 fue mayor al alcanzado por Correa en 2013.

Cantones en donde el porcentaje de voto alcanzado por Rafael Correa fue menor en 2009 que en 2013.

Cantones en donde el porcentaje de voto alcanzado por Rafael Correa fue menor en 2009 que en 2013.

Todavía hay mucho que hablar porque con datos más finos a nivel cantonal podremos especular e interpretar más informadamente. Por ahora, el retroceso del correísmo es considerable, y son estos análisis sobre dónde y cuánto, lo que decidirá la naturaleza de la campaña hasta la segunda vuelta. Así decidirán las campañas dónde hay que invertir en función de dónde están los votos por disputar. Eso aplica a todas las campañas.