Estimado Xavier: 

No me conoces y, francamente, yo tampoco te conocía antes de estos tiempos electorales. Es más, la primera vez que escuché tu nombre fue cuando me enteré que la Izquierda Democrática te ponía de candidato a la presidencia acompañado de María Sara Jijón. En mi defensa, no estoy muy familiarizado con el sector agroindustrial, de donde te lanzas a la política, luego de 25 años en el sector privado y tampoco has estado en el ojo público, para bien… o para mal. En otras palabras, tu candidatura se me presenta como una gran interrogante.   

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Uso tu nombre de pila y te tuteo porque eso es lo que pides a los periodistas cuando te entrevistan. Esa familiaridad con la que te presentas ante la gente, te hace ver como alguien afable, cercano a la gente, lejano a los políticos tradicionales. Sin embargo, hace 14 años también votamos por alguien que se presentaba como un outsider, lejano a los partidos políticos y con una amplia sonrisa… pero el resultado no fue del todo feliz. ¿Qué podemos esperar ahora? 

Como bien sabes, el Ecuador que heredará quien gane la presidencia en 2021 vive una de las profundas crisis económicas y sociales de su historia. La pandemia desnudó la incapacidad del Gobierno para afrontar una catástrofe sanitaria y empeoró las condiciones de pobreza, que en 2019 afectaba al 25% de la población. A eso, se suma el eterno mal de la corrupción, que se repite, gobierno tras gobierno, dejando un halo  de impunidad; y un país dividido en el que la polarización nos puede llevar fácilmente a la violencia. Una muestra de eso fue lo que vimos en octubre de 2019. A eso se suman las consecuencias de una pandemia mundial, cuyo coletazo también golpea la ya endeble situación sanitaria y económica del país.

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Atender tantas necesidades urgentes necesitará no solo de experiencia empresarial y buenas intenciones, sino experiencia en el sórdido mundo de la política que implica negociaciones, concesiones y alianzas. Por eso me preocupa la casi nula experiencia política que tienes y los efectos que eso puede tener en un eventual gobierno bajo tu dirección.

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Aquí entra en el juego la Izquierda Democrática, el partido que auspicia tu candidatura. El aparecimiento del correísmo, en 2006, como una fuerza electoral importante, dejó a la izquierda dividida y a ciertos sectores afines al progresismo, pero distantes de los postulados de Rafael Correa, sin representación. Hay un grupo de electores, entre los que me cuento, que no quiere dar su voto a la derecha que Guillermo Lasso representa —esa derecha que se reúne con Esteban Torres, representante del conservadurismo más rancio— pero tampoco quiere que Correa retorne a la escena política. Esperamos entonces alternativas que llenen ese vacío pero en los últimos años, la ID ha fallado en convertirse en esa opción de recambio para la centro-izquierda. 


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El partido naranja que te apoya pasó de ocupar Carondelet con Rodrigo Borja en los noventas a una ausencia de liderazgo que los llevó a obtener apenas 6.71% de los votos en las elecciones presidenciales de 2017, cuando su candidato, Paco Moncayo, quedó en cuarto lugar. En las elecciones seccionales posteriores, tampoco les fue tan bien: dos prefecturas y seis alcaldías, algunas con alianzas. Por ejemplo, en Muisne se aliaron con el Partido Social Cristiano. Un champú ideológico que no habla muy bien de la salud de un movimiento que dice pertenecer a la izquierda. Me pregunto si tú, Xavier, podrás revivir esa organización política de la que dices, hay añoranza cuando haces recorridos por el país. Pero si un general condecorado con una respetada trayectoria y una buena gestión como alcalde de Quito no pudo, en tu lugar, no estaría muy optimista con las posibilidades de llegar a segunda vuelta.

Las encuestas tampoco sirven para animarte. Según una publicación de Cedatos, entre los binomios aprobados por el CNE, solo Guillermo Lasso, Andrés Arauz y Yaku Pérez mantienen chances reales de llegar a la presidencia. Luego de ellos está un pelotón de candidatos que apenas llegan al 1% o menos, entre los que estás tú. Si estas elecciones fueran una fiesta, no estarías entre los más populares de la noche. 

¿Qué te motivó a emprender una carrera que seguramente vas a perder? No lo tomes como algo personal, yo también quiero nuevos cuadros y renovación, pero ¿no era mejor tener un poco de paciencia y labrarse un nombre antes en el espacio público? Aunque ser candidato a presidente puede servir como un extraño trampolín al radar de la población, no veo con buenos ojos a esos candidatos que reciben dinero público para su promoción en épocas de pandemia y con el sistema de salud colapsado.

He leído tu propuesta de gobierno. Es detallada, marca objetivos a largo plazo (un proyecto de país hasta el año 2030) y hace énfasis en que las soluciones concretas que plantean con la ID nos sacará del hueco en el que estamos. También ha sido interesante leer las cartas abiertas que tú has presentado a los funcionarios públicos y a los trabajadores de la cultura pero la experiencia nos enseña que las promesas de políticos en época de campaña valen tanto como las promesas de borrachos en la barra del bar. Lo que hacemos en cada elección es una apuesta y todavía siento que no te conozco lo suficiente para apostar por ti. 

Tengo otros cuestionamientos importantes: ¿de dónde va a salir el dinero para apoyar a los millones de desempleados que seguramente aplicarán a tu proyecto de Fondo de Arranque Productivo que promocionas en tus redes? ¿Qué tan efectivo podrás ser tú luchando contra la corrupción en un país donde el sistema judicial no funciona? ¿Cómo lograrás acuerdos con sindicatos y grupos excluidos que han sido ignorados en más de cuarenta años de democracia? ¿Cómo pasarás de las palabras bonitas a arreglar una nación que no aguanta más las cosas como están? 

Hay un último detalle —no menor— que llama mi atención, no menos importante que los anteriores. Al poner tu cédula en el Consejo de la Judicatura, aparece un juicio por alimentos. En una entrevista con Sol Borja de GK respondes que después de dos divorcios, son juicios en los que se define cuánto se debe pagar para manutención. Me preocupa que no hayas podido establecer una pensión para tu hija sin una demanda de por medio y me preocupa que alguien que quiere ocupar el cargo con más poder del país, no haya podido llegar a un acuerdo sin pasar por un proceso legal. En el poder, cuando no se manejan adecuadamente discrepancias o hay incumplimientos, las consecuencias son caóticas.     

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Xavier, eres un empresario exitoso. Incluso vas más allá cuando en una entrevista con Jimmy Jairala te autodefines como “un agricultor, un industrial, un comerciante, un transportista”. Me pregunto si eso será suficiente para domar este caballo desbocado al que llamamos país.