“Recibí un mensaje anónimo de alguien que decía que, si no le entregaba mi trasero, iba a publicar fotos mías”, cuenta una adolescente ecuatoriana de 17 años, que tiene sus redes sociales configuradas como privadas. Ella pensaba que solo sus amigos podían ver sus fotografías hasta que recibió el mensaje de ese hombre que hasta ahora no sabe quién es y que le envió imágenes de ella que nadie más tenía. Su testimonio que, por protección es anónimo, es uno de los miles recogidos en ¿Libres para estar en línea?, un nuevo reporte mundial, que incluye a Ecuador, y demuestra cómo las niñas y adolescentes sufren acoso en las redes sociales. 

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Este hostigamiento virtual se suma a una larguísima —y triste— lista de ataques, vulneraciones y discriminaciones que sufren millones de niñas en todo el mundo, todos los días: matrimonio forzado, mutilación genital, abusos y violaciones sexuales, la imposibilidad de ir a la escuela porque su familia piensa que es mejor que laven la ropa en sus casas o en casas ajenas, uniones tempranas forzadas, estigma y discriminación cuando menstrúan.

La lista es extensa, y para que más personas en el mundo conozcan estas dolorosas situaciones a las que se enfrentan, en 2011 la ONU creó un día exclusivo para las niñas (sí, con A, no es un error). Nueve años después, aún hay muchos que se quejan de que haya esa “discriminación contra los niños” —de género masculino— por excluirlos de esa protección. Creen equivocadamente que fijar una especial atención en las niñas es equivalente a abandonar el cuidado a toda la niñez. 

En realidad lo que propone esta fecha es estar más alertas de que por ser mujeres —en un mundo y país machista donde hay asesinatos por razones de género— y menores —en un mundo y país adultocentrista donde las opiniones de los niños no son tomadas en cuenta— sufren una doble vulnerabilidad. Una vulnerabilidad que empeora si son indígenas o negras, o pobres, o tienen discapacidad. Es una realidad que duele pero que debería dejar de estar al margen de la sociedad, de los medios, de los discursos de los candidatos, y de las políticas públicas. 

Las niñas que suelen estar en peligro de ser maltratadas en sus casas, en sus escuelas, en sus barrios, en sus iglesias, también corren riesgo en los espacios virtuales. “Tengo miedo; siento miedo cada vez que voy a publicar algo. Creo que todas las niñas sentimos ese miedo”, dijo también la adolescente ecuatoriana de 17 años que recibió amenazas en una red social. Como ella, otras 14 mil niñas y adolescentes en 31 países fueron entrevistadas y encuestadas para el informe ¿Libres para estar en línea?, de Plan Internacional, la organización que trabaja a favor de los derechos de las niñas en Ecuador y otros 74 países. 

El estudio encontró que más de la mitad de las encuestadas han sufrido acoso y abusos en línea, y que una de cada cuatro niñas abusadas en línea se siente en peligro físico como resultado de la experiencia. 


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Como  está en un espacio virtual parecería que el acoso es más inofensivo.  No hay nada más equivocado. “Ningún lugar parece seguro y, para muchas, el acoso en línea causa tanto temor físico y emocional como el acoso en la calle. Ambos se entrelazan y son el resultado de la misoginia subyacente determinada a mantener a las niñas y las mujeres ‘en su lugar’”, dice una parte del estudio que consultó sobre el uso de Whatsapp, Instagram, Facebook, Snapchat, Youtube, Twitter, TikTok y WeChat. 

Las amenazas que reciben en todas estas redes causan que muchas prefieran no seguir navegando en Internet limitando su acceso a informarse, aprender y socializar con amigas, especialmente durante la pandemia del covid-19 cuando la presencia en línea se ha vuelto más importante que nunca.

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Según el mismo reporte, el 76% de las encuestadas consideran que quienes las acosaron eran hombres. El 23% de las niñas y las mujeres jóvenes informaron acosos en Instagram y el 14% en WhatsApp, pero en Facebook se sienten especialmente inseguras: el 39% de las niñas informaron que sufren acoso. 

Las formas más peligrosas de este acoso se dan cuando trascienden lo virtual y se convierten en una amenaza física. En el Ecuador, si un adulto contacta a un menor de edad a través de Internet y le miente sobre su edad e identidad para obtener algo a cambio —desde fotografías hasta información que puede comprometer la vida de la niña y su familia por un posible secuestro— está cometiendo un delito. Se llama grooming o engaño pederasta, en español. Tiene tres etapas: el contacto, la fidelización y la extorsión, y las redes sociales son el espacio más propenso para que esto suceda. 

La exposición de menores en redes sociales, un espacio donde también están los depredadores sexuales, ha llevado a organizaciones en defensa de los niños en el mundo a pedir incluso que se prohíba TikTok, como en el caso del Reino Unido, por la exposición de los más pequeños a esta red. 

Este comportamiento ilegal de los pedófilos en TikTok también está en otras redes como Facebook, Twitter e Instagram —sólo en 2019, las denuncias por pedofilia crecieron un 30% en esta red. El tema se vuelve aún más alarmante al recordar que más de la mitad del material de pedofilia en Internet está abierto, según un estudio de la IWF (Internet Watch Foundation). Los riesgos en el Internet son una amenaza constante para las niñas que lo único que buscan es navegar seguras, aprender y conectarse con quienes ellas elijan. 

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Los insultos y ataques que las adolescentes y niñas reciben empeoran cuando ellas comentan sobre temas de feminismo y género. En febrero dicté un taller sobre Libertad en línea —el derecho a navegar por la red sin ser señalada o acosada— a un grupo de niñas y adolescentes del Movimiento por Ser Niña, una organización conformada por niñas y adolescentes que buscan alertar sobre sus derechos. 

En uno de los ejercicios, una de ellas contó que a una amiga le habían dicho que era una estúpida e hipócrita luego de que posteó una opinión a favor de la despenalización del aborto. Otra dijo que a una conocida, su tío le había escrito en un comentario de Facebook, que mejor vaya a la cocina y no opine. Sí, estos comentarios que durante años fueron aceptados por la sociedad y que cada vez incomodan a más personas, también son recibidos por las mujeres del futuro.

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El resultado de estos tratos, según midió el estudio, fue la baja de autoestima o la pérdida de confianza, estrés emocional, sensación de inseguridad física, problemas con amigos o familia, problemas en la escuela, y dificultad para encontrar y mantener un trabajo. La relación es directa y perjudicial. Siempre es incómodo enterarse que hay otra (sí una más) manera en que las niñas y mujeres somos violentadas pero también identificar estas situaciones permite (o al menos debería permitir) buscar cómo resolverlas, combatirlas y, ojalá en un futuro no tan lejano erradicarlas para siempre. 

Quizás la consecuencia más invisible de este abuso, acoso, maltrato en línea es que más niñas se vean obligadas a quedarse calladas: 19% dijeron que como resultado de la violencia en línea, restringieron su uso de las redes o las abandonaron por completo. 

Si desde niñas son silenciadas, cuando crezcan, estas mujeres se sentirán mucho más inseguras de expresar sus opiniones. Si lo que de verdad buscamos es un país más igualitario en que las mujeres tengan los mismos espacios y derechos, es tiempo de voltear y ver a las niñas.